Resumen
Los documentos oficiales chinos suelen tratar a India con un cierto desdén, como un escenario secundario. No obstante, más allá de las ocasionales tensiones a lo largo de la Línea de Control Real (LAC) que separa ambos países, los intereses de ambas potencias se entrelazan de forma creciente en los últimos años. El Indo-Pacífico o, más concretamente, el Océano Índico y sus accesos, ha ganado relevancia en las políticas de Nueva Delhi y de Beijing. Iniciativas como la Franja y la Ruta (BRI), el llamado Collar de Perlas, o la construcción de determinadas grandes infraestructuras ponen a prueba los límites de uno y otro en el control de los tráficos y tránsitos comerciales y estratégicos en el continente. Curiosamente, a pesar de compartir una larga frontera terrestre, ambos países parecen destinados a trasladar buena parte de sus disputas a ese ámbito marítimo.
El artículo pone el foco en la relación transhimalaya y en el punto de vista desde ambos lados de la cordillera. Se trata de un panorama complejo en el que la política de multialineamiento india añade numerosos matices a las relaciones entre dos países que, frecuentemente, se han empeñado en vivir de espaldas al otro. La autonomía estratégica que impulsa Modi se ve muy condicionada por alianzas minilaterales -especialmente el QUAD - que les vinculan a intereses de contención de China.