El 17 de octubre se anunciaba la liberación de Raqqa de las fuerzas del Daesh. Esta victoria sobre la organización terrorista viene a reforzar las dos victorias anteriores, que fueron capitales de facto del “Califato”: Sirte y Mosul.
La primera capital del “Califato” que fue liberada del Daesh fue Sirte (Libia), en diciembre de 2016. Tras varios meses de enfrentamiento las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) con el apoyo de las milicias de Misrata, formaron la Operación Bunyan Al-Marsus, avanzando sobre Sirte y expulsando al Daesh de la ciudad (se puede consultar: Victoria pírrica en Sirte, La caída de Sirte y la verdadera naturaleza del Daesh y La batalla de Sirte: ¿Una defensa híbrida del Daesh?). Aunque la victoria contra el Daesh en Sirte se produjo en un calma tensa entre las relaciones tribales y gobiernos enfrentados, los meses posteriores a la liberación han aumentado la tensión y las fracturas. El resultado ha sido una victoria contra el Daesh que no ha sido definitiva, puesto que el Daesh ha retomado la actividad yihadista en Libia, sobre todo al sur de Sirte y alrededores desde julio.

Fuente: IHS Conflict Monitor para ANP News.
La segunda capital de facto del Daesh en ser liberada fue Mosul (Irak) a comienzos de julio, tras una dura lucha que duró meses. Siendo Mosul una ciudad simbólica, años atrás Abu Bakr Al-Baghdadi establecía el Califato desde la mezquita de Al-Nuri. Antes de su completa liberación se produjeron otras victorias: Fallujah y Ramadi (26 de junio). Pese a la anunciada victoria, días más tarde, las fuerzas iraquíes todavía seguían combatiendo los últimos elementos del Daesh en una ciudad totalmente derruida. A pesar de la liberación de Mosul, la batalla contra el Daesh en Irak no cesó. Pocas semanas después se producía la batalla en Tal-Afar, un paso fundamental en la ofensiva contra la organización terrorista. La batalla de Tal-Afar duraría cerca de un mes, a finales de agosto, las fuerzas iraquíes conseguían hacerse con el total control de la ciudad.
La tercera capital de facto del “Califato” del Daesh fue Raqqa (Siria), que tras varios años de dominio del Daesh, cerca de tres años, fue liberada el 17 de octubre de 2017. La campaña de las fuerzas democráticas sirias (SDF, en inglés), una fuerza compuesta por kurdos y árabes, se hizo con el control de la ciudad de Raqqa y alcanza más del 80% del territorio controlado por el Daesh en Siria. Cabe señalarse la influencia de Estados Unidos apoyando al SDF y a su grupo más cercano, el PYD (Partido Democrático de la Unión), en la lucha contra el Daesh en Siria. Asimismo, las fuerzas rusas y del régimen de Bashar al-Assad siguen luchando para recuperar Deir Ezzor, otro bastión del Daesh en Siria y estratégico por su conexión con la frontera iraquí.

Fuente: IHS Markit para AFP
Con el hundimiento del Daesh en sus tres bastiones principales surgen una serie de dudas que se pueden convertir en amenazas, siempre que no sean correctamente gestionadas. A continuación se señalan algunas de posible evoluciones:
· El Daesh nació y se propagó a ambientes de una gran fractura y fragilidad estatal. Tras la caída de los bastiones, si las fracturas (cleavages) anteriores son explotadas correctamente por la organización. En Libia se daba el caso del enfrentamiento tribal y los gobiernos enfrentados; en Irak el cleavage religioso (chiíes-sunníes) y étnico (kurdos); y en Siria (los rebeldes y la cuestión kurda). En cuanto a los cambios en el gobierno y dominio del territorio, se tendría que tener un especial cuidado para que no ocurra un cambio de una forma de opresión por otra. La idea anterior se ve reflejada en mayor o menor medida en la expansión kurda en Siria que ha terminado por expulsar de los territorios que controla a la población árabe. Otro cuestión peliaguda es el referéndum kurdo en Irak y la declaración de independencia de Kirkuk.
· La reconstrucción post-conflicto, el regreso de la población desplazada y refugiados, y el enjuiciamiento a los criminales de guerra y terroristas.
· La organización terrorista se transforma hacia el “cibercalifato” y el viraje hacia las actividades criminales de la organización, donde la financiación es fundamental, sobre todo en Europa. Así como también experimenta una transformación hacia la clandestinidad: de una insurgencia con bastiones a un grupo terrorista.
· Otros escenarios para seguir la actividad del Daesh, además del Magreb y Oriente Próximo: Somalia (reciente atentado del 14 de octubre), Asia menor, el sudeste asiático y el Cáucaso.
· Los cambios en la estrategia y táctica de la organización, de la concentración y control del territorio a la dispersión y alta movilidad. El ejemplo más claro es del Daesh en Libia donde ha formado pequeños grupos clandestinos en forma de células. Asimismo no se puede descartar el interés del Daesh de conducir ataques en Occidente que sean muy mediáticos y espectaculares.
· El silencioso avance de Al-Qaeda (AQ) a nivel mundial, capaz de fagocitar a los desencantados terroristas del Daesh vencidos militarmente. Sobre todo con el auge del liderazgo de Hamza Bin Laden en AQ, uno de los hijos de Osama Bin Laden.
· El retorno de los “Foreign Fighters” a sus correspondientes países de origen, sobre todo a Europa.
· La desradicalización y los procesos de educación en valores de los jóvenes y niños que se encontraron bajo el dominio del Daesh.
· La política exterior de los gobiernos que intervienen en los conflictos: sirio, libio e iraquí, teniendo en cuenta que el terrorismo puede pasar a ser una prioridad de segundo orden en esos países, frente a las dinámicas propias de un conflicto interno internacionalizado. En algunos casos se habla que tras la victoria en Raqqa la política destadounidense podría aumentar su presencia en Siria, pasando por un acuerdo con Rusia.

Fuente: elaboración propia.
Por último, los gobiernos tienen que responder a los desafíos post-Califato con una estrategia clara y un enfoque integral en la lucha contra el terrorismo que incluya diferentes iniciativas: compartir inteligencia, políticas de desradicalización, prevención, y sobre todo ganar la lucha de narrativas.
Bernardo Rodríguez es politólogo por la Univeridad de Granada, Máster de Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional, coordinador del Observatorio sobre la actividad yihadista en el Magreb y Sahel Occidental y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI).