Resumen
China y Rusia se encuentran abocados a entenderse frente a un Occidente hostil, que no reconoce el peso de ambos en las instituciones internacionales y se niega a tratarles de igual a igual. Ambos sostienen que el mundo ha entrado en un proceso de transición con el hegemonismo estadounidense en declive y por razones distintas, tanto históricas como por la misma idiosincrasia de sus líderes, están dispuestos a estrechar fuerzas para acelerar ese declive y poner en marcha un nuevo orden internacional que pretenden sea más justo, inclusive y sostenible. Los dos países están convencidos de que frente a la inestabilidad actual tienen que mantenerse unidos y atraer hacia sus intereses al Sur Global. Sin embargo, la creciente dependencia rusa de China revela las aristas de esta unión táctica y no ayuda a construir la confianza y la amistad sin límites que declaran a los cuatro vientos tanto Xi Jinping como Vladímir Putin.