Representación política e identidad local en Ceuta (1975-2023)

ALICIA FERNÁNDEZ

Universidad de París 8 Vincennes-Saint-Denis, Francia

Title: Political Representation and Local Identity in Ceuta (1975-2023)

Resumen: Este artículo propone un análisis de la arena política ceutí en perspectiva comparada prestando una atención particular a los clivajes políticos existentes, a las prácticas y preferencias políticas actuales y a los referentes que intervienen en la construcción identitaria de los ceutíes.

Palabras clave: Ceuta; Identidad local; Representación política; Elecciones municipales; Clivajes comunitarios.

Abstract: This article proposes a comparative analysis of the Ceuta political arena, as well as a study of the existing political cleavages, the referents involved in the construction of Ceuta’s identity, and their current political practices and preferences.

Keywords: Ceuta; Local identity; Political representation; Municipal elections; Community cleavages.

Para citar este artículo/To cite this article: Alicia Fernández, <<Representación política e identidad local en Ceuta (1975-2023)>>, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 11, No. 1, (2025), pp. 33-61. DOI: http://dx.doi.org.10.18847/1.21.4

Introducción

Este artículo se centra en el estudio de la estructuración de la arena política en Ceuta desde 1977 hasta la actualidad, una ciudad fronteriza y expuesta a una fuerte presión tanto migratoria como diplomática. Un tema que será abordado desde tres ángulos de ataque: la politización de la identidad, las demandas nacionalistas y la aparición de partidos locales y/o comunitarios. Se intentará analizar cómo la identidad nacional y la pertenencia soberana han condicionado la vida política local y cómo, a pesar de la aparición de organizaciones partidistas locales, el “sucursalismo político” y la supremacía de la derecha, sobre todo de la derecha conservadora del Partido Popular (PP), siguen alimentando el nacionalismo de Estado. Por “sucursalismo político” nos referimos a la dependencia de las élites y los partidos políticos locales de las orientaciones nacionales de los partidos dominantes. Finalmente, el análisis de las campañas municipales y los resultados de las mismas nos permitirá resaltar el nacimiento de partidos locales y/o comunitarios y la aparición de nuevos clivajes políticos. Del mismo modo, intentaremos estudiar brevemente y a través de datos estadísticos, la identidad cultural y nacional y las preferencias políticas actuales de los ceutíes. Desde un punto de vista político, el mayor interés de este estudio de caso sobre Ceuta debe ubicarse en la encrucijada de dos debates: el impacto de las estructuras de oportunidad política en la movilización de candidatos pertenecientes a la comunidad musulmana y el alcance del nacionalismo español.

La arena política local a prueba de una soberanía y una ciudadanía contestadas

La «españolidad» y el estatuto autonómico en tela de juicio

Desde el regreso de la democracia a España a partir de 1975, el posicionamiento de los partidos políticos, particularmente de izquierda, sobre el mantenimiento de la soberanía española sobre este enclave ha evolucionado. Durante los años 1960 y 1970, el Partido Comunista Español (PCE), en la clandestinidad, exigió en numerosas ocasiones la restitución de Ceuta a Marruecos según el principio del llamado “deber histórico”. Sin embargo, una cierta ambigüedad ha caracterizado la posición de la izquierda española (PSOE y PCE) con respecto a Ceuta y Melilla. Por ejemplo, durante el Congreso de de Suresnes (1974) y todavía marcado por postulados anticoloniales, el PSOE se mostró partidario de una posible cesión, mientras que, en 1981, durante el tratado de la OTAN, exigió el reconocimiento de su “españolidad”. Observamos la misma ambivalencia en algunas de las intervenciones del PCE: si en su Manifiesto de 1975 como en las declaraciones de Santiago Carrillo tras la entrevista de Hassan II en la televisión española e incluso en el documento elaborado para su 12º Congreso (1987), este partido siempre proclamó la retrocesión de Ceuta y también de Melilla a Marruecos (Rivas, 1987), su periódico Mundo Obrero matizó a menudo esta toma de posición (Carabaza y De Santos, 1992: 287). Las declaraciones del ministro socialista de Justicia en septiembre de 1987, sobre la imposibilidad de transformar las ciudades de Ceuta y Melilla en “comunidades autónomas”, llevaron en particular al PCE a proponer su cesión a Marruecos, provocando su autodisolución en Ceuta (Rontomé, 2012: 161). Sin embargo, en 1993 y tras la federación de ciertos partidos de izquierda entorno a la coalición Izquierda Unida, dicho partido operó un cambio radical en su posicionamiento: si persisten sus reivindicaciones soberanistas sobre Gibraltar, deja atrás sus reclamaciones históricas de descolonización de Ceuta y Melilla y focaliza sus demandas en la constitución de ambas ciudades en comunidades autónomas.

Por otro lado, otras organizaciones de extrema izquierda como Herri Batasuna (HB) o el Movimiento Comunista (MC) también se opusieron a lo que consideraban una “opresión racista, colonial y de clases” (Carabaza y De Santos, 1992: 290). Y, dentro de la derecha española, también se alzaron algunas voces, aunque minoritarias, para exigir la restitución de estos enclaves a Marruecos. Fue el caso de Manuel Fraga, expresidente de Alianza Popular y exministro franquista, que afirmó en 1976 la obligación de repensar su soberanía, lo que suscitó una fuerte oposición en Melilla y el boicot de su partido durante las elecciones municipales de 1977 en Ceuta (El País, 1976).

Desde las primeras elecciones democráticas en junio de 1977 y sobre todo desde la aprobación de la Constitución en 1981 empezó con más firmeza la necesidad de lograr la integración de Ceuta en el nuevo marco legislativo y determinar así qué lugar acodarla en el seno del estado español. Sin embargo, el acceso a la autonomía resultó ser un proceso mucho más difícil para estas dos ciudades españoles que para el resto de las regiones y también mucho más largo. Catorce años pasaron entre el 28 de septiembre de 1981, fecha de la toma de decisión mayoritaria por parte del Ayuntamiento de Ceuta para constituirse en Comunidad Autónoma y el 14 de marzo 1995, fecha de publicación en el BOE de las Leyes orgánicas 1/1995 y 2/1995 instituyendo los estatutos de autonomía de Ceuta y Melilla. Partiendo del principio que los textos son una concreción jurídica de la imagen de un territorio, diferentes modalidades fueron evocadas para estas dos ciudades, entre ellas su perpetuación como Corporación Local con Régimen especial de Carta, su exclusión del mapa de las comunidades autónomas y posteriormente, una posible adscripción a la comunidad autónoma de Andalucía. Aunque, muy rápidamente, esta última opción fue excluida debido a la no aceptación de los parlamentarios de Ceuta y de Melilla en la asamblea de negociación preautonómica andaluza celebrada en Torremolinos.

La lucha por la autonomía se inició en Ceuta que solicitó a las Cortes su constitución como Comunidad Autónoma.El 13 de octubre de 1981 Melilla tomó la misma iniciativa. Desde entonces y como hemos evocado, se han considerado varios proyectos normativos y las opiniones al respecto han sido numerosas y dispares. Detrás de este embrollo autónomo estaba la cuestión (crucial) de si era apropiado conceder a estas ciudades enclavadas en Marruecos una autonomía más amplia, legándoles la competencia legislativa. Sin embargo, esta larga agonía autonómica de las ciudades de Ceuta y Melilla no se puede entender si tener en cuenta otros factores explicativos, tres principalmente: una situación particular desde un punto de vista político, geográfico y económico que sin duda ha hecho la tarea más difícil, la rivalidad entre los dos principales partidos políticos nacionales mayoritarios (PSOE y PP/AP), y la diplomacia secreta hispano-marroquí acerca de la cuestión ceutí y melillense sin pasar por alto las presiones marroquíes para mantener el statu quo sobre estos dos enclaves (Zurlo, 2005: 71).

En febrero de 1985, un anteproyecto del gobierno socialista concedía a estos enclaves españoles una autonomía “limitada”, desprovista de poder legislativo, lo que reforzó aún más sus diferencias con respecto al resto de regiones españolas. Una manifestación multitudinaria de oposición al proyecto fue convocada en Ceuta (Aznar, 1986). En 1991 aún persistía la nebulosa sobre el estatuto de ambas ciudades, de modo que en Ceuta se creó una Plataforma ciudadana formada por todos los partidos locales, a excepción del PSOE, por sindicatos y organizaciones sociales (excepto asociaciones musulmanas), con el fin de presionar al gobierno de Madrid (García, 1992a). Este mismo año, la Plataforma convocó una huelga general que fue reprobada por la comunidad musulmana y por el PSOE (García, 1992b).

Al mismo tiempo, los representantes de la comunidad musulmana y de la plataforma del Colectivo musulmán sobre todo el portavoz de Melilla, Mohamed Ahmed Moh, criticaban el ninguneo del colectivo musulmán de ambas ciudades en el proyecto de estatuto propuesto.  El olvido deplorado por los portavoces del colectivo musulmán fue menospreciado por ciertas personalidades políticas, entre ellas, el alcalde de Melilla, quien les invisibilizó acusándoles de “no ser representativos” y de clientelismo político al “estar alentados por el PSOE” (Sánchez-Melllado, 1991). Lo que pedían estos líderes musulmanes era la participación del colectivo musulmán en la elaboración de dicho borrador del Estatuto, pero también su consideración como pueblo y como cultura. Al respecto diremos que la exclusión del dariya y del tamazigh ou cherja, lenguas habladas por los musulmanes de Ceuta y Melilla del borrador autonómico mostraba la no consideración de estos habitantes de ambas ciudades pese a una existencia secular y con ella, la exclusión de su ciudadanía.

El embrollo autonómico se prolongó, pero el tema pasó a un segundo plano de la agenda política hasta el año 1993 cuando el Ministro de Administraciones Públicas, Jerónimo Saavedra, volvió a plantear la necesidad de diseñar un modelo autónomo adaptado a la realidad geográfica y social de estas ciudades (Planet Contreras, 1998: 121). En noviembre de 1994, un proyecto consensuado por los dos partidos mayoritarios fue sometido a las Cortes y aprobado el 22 de febrero de 1995 sin ningún voto en contra. En Ceuta, el acercamiento de posturas y el consenso político alcanzado entre el PP y el PSOE para la aprobación del texto fue ampliamente cuestionado hasta tal punto que no pudo celebrarse le Pleno municipal que había sido fijado para su aprobación. Tres partidos locales (Ceuta unida, Partido socialista del Pueblo de Ceuta e Izquierda unida Ceuta) crearon en 1994 una gran coalición de oposición (Movimiento ciudadano por Ceuta) a la que se unieron organizaciones sindicales y empresariales, así como asociaciones culturales y de vecinos unidas bajo el mismo objetivo: la reivindicación de la Autonomía plena. La huelga general convocada el 6 de octubre de 1994 por diferentes sindicatos (UGT, CCOO, CSIF y USO) mostraba el descontento social ante dicho anteproyecto de ley y las demandas de igualdad autonómica que emanaban de los ceutíes y melillenses (El País, 1994).

A pesar de esta oposición de fuerzas políticas y sociales, el 13 de marzo de 1995 se aprobó un estatuto de autonomía restringido para Ceuta y Melilla que pasaron a ser “Ciudades Autónomas”. Sin embargo, treinta años después de su aprobación, este progreso autonómico resulta ser insuficiente para sus poblaciones y la cuestión de proponer un estatuto autonómico adaptado a la realidad y singularidad de ambas ciudades vuelve a estar de actualidad. A día de hoy, el partido político local Ceuta Ya! como ya lo hizo años antes Caballas, insiste en la necesidad de obtener para Ceuta una autonomía plena y convertirla así en Comunidad Autónoma.

El reto de la ciudadanía y de la integración política de los musulmanes

En 1985, en vísperas de la adhesión de España a lo que hoy se conoce como Unión europea, el país decide llevar a cabo una serie de ajustes legislativos para mejor responder a las expectativas y exigencias comunitarias. La situación de los musulmanes de Ceuta y Melilla era, cierto es, poco conocida en la Península aunque no totalmente ignorada. Citaremos al respecto un artículo publicado en El País en el que se habla de la existencia en Ceuta de 12.567 personas que solo poseían como documento la tarjeta de estadística, es decir, un documento sin valor legal que no daba derecho a casi nada. La desconfianza con respecto al colectivo musulmán de Ceuta y sobre todo el cuestionamiento identitario nacionalista de estos habitantes de origen marroquí caracterizan las alusiones de los dirigentes políticos locales con respecto a los musulmanes ceutíes, matizadas incluso de cierto espíritu revanchista. Podemos leer al respecto como el delegado del Gobierno de entonces planteaba conjeturas, sin contención, sobre la amenaza de una marroquización de la ciudad debido a la presencia de dicho colectivo e incluso se atreve a evocar datos estadísticos infundados: “De cada 10 marroquíes residentes, ocho anhelan que esto sea Marruecos” (Yárnoz, 1991). Propósitos que desvelan la desconsideración social y sobre todo la desconfianza existente al menos por parte de las autoridades locales hacia los musulmanes ceutíes. Un año antes, este mismo periódico publicaba un artículo en el que el diputado socialista Pablo Castellano denunciaba la discriminación de los musulmanes ceutíes y su explotación laboral: “No se les paga el salario mínimo y se le mantiene al margen de la Seguridad Social” (El País, 1984) y en el artículo “Racismo español” se hace referencia a una situación de “auténtico apartheid racial y religioso” (El País, 1985).

Es en este contexto de desconfianza, de desconsideración social y explotación laboral hacia los musulmanes ceutíes que fue promulgada la Ley orgánica del 1 de julio de 1985 sobre los derechos y libertades de los extranjeros en España más conocida como Ley de extranjería. Una ley cuya aprobación pasó casi desapercibida en la Península pero que suscitó una resistencia cívica única por parte de la comunidad musulmana de Ceuta y Melilla. En 1986, en el contexto de la aprobación de dicha Ley por el gobierno español, la situación de los marroquíes nacidos en Ceuta y Melilla creó controversias y una polémica social y política sin precedentes ya que muchos de estos habitantes sólo disponían de un documento llamado “tarjeta estadística”, más conocido como “chapa del perro”, desprovista de todo valor legal (Fernández García, 2016; Planet Contreras, 1998: 34). Contrariamente a la ausencia de “referentes” musulmanes existentes en la Península (Peña-Ramos & Medina, 2011), en Ceuta, el activismo de este colectivo en favor de su reconocimiento público en suelo español estuvo estructurado por tres asociaciones que, contrariamente a Melilla, no consiguieron federar sus fuerzas: Comunidad musulmana de Ceuta, Asociación musulmana de Ceuta y el Colectivo musulmán de Ceuta.

Al finalizar el proceso de naturalización (1986-1990), 6.342 habitantes de origen marroquí obtuvieron la nacionalidad española (Planet Contreras, 1998: 35-37).  Bajo el lema “Cada español, un voto”, los partidos políticos hicieron evolucionar sus discursos para adaptarse a esta nueva realidad social y captar así los votos de estos nuevos españoles. La diversidad en las listas de los partidos apareció como una nueva “figura impuesta” (Geisser & Soum, 2008) de la vida política local, ahora motivada por la idea de que la diversidad de los candidatos, aunque tímida, atraería a votantes pertenecientes a las minorías comunitarias. La naturalización de habitantes de origen marroquí se convirtió también en una ventana de oportunidad política que les permitió constituirse como un grupo de interés real (Molins López-Rodó, 1997). El impacto de esta estructura de oportunidad política en la movilización de los ceutíes de origen marroquí se materializó con la creación de “partidos comunitarios”.  Estas formaciones locales dirigidas por musulmanes fueron diseñadas como un vector capaz de trasladar los conflictos intercomunitarios a nivel institucional y como un trampolín hacia el reconocimiento del grupo musulmán minoritario (Ragaru & Capelle-Pogăcean, 2008).

El nacimiento de estos “partidos comunitarios” en Ceuta data de las elecciones municipales de 1979, en un momento en el que la mayoría de los residentes de origen marroquí se encontraban en situación irregular. Formaciones como el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) o el Partido Humanista (PH), se declararon promarroquíes y musulmanes. A principio de los 90 y tras las nacionalizaciones, dos otros “partidos comunitarios” fueron creados con el objetivo de canalizar el voto del colectivo musulmán: Iniciativa por Ceuta (1991-1993) y el Partido Democrático y Social (1995-2019). Una “etnificación de la política” (Horowitz, 1985) a menudo percibida en la arena política ceutí como una amenaza a la convivencia y un ataque a la estabilidad del juego político. El temor a una institucionalización de los clivajes comunitarias se cristalizó durante las elecciones municipales de 2003, cuando los partidos comunitarios dejaron de lado el referente religioso, abandonaron cualquier posicionamiento promarroquí y anclaron sus discursos en las necesidades del electorado de origen marroquí. En este contexto surgió la Unión Democrática Ceutí (UDCE, 2002-2011) un partido local liderado por Mohamed Alí e integrado mayoritariamente por candidatos musulmanes. La rivalidad entre los diferentes líderes musulmanes los ha llevado en algunas ocasiones a una instrumentalización comunitaria de la religión con fines políticos.  Recordemos a este respecto las acusaciones de Laarbi Maateis, representante de la Unión de comunidades islámicas de Ceuta (UCIDCE), hacia Mohamed Alí (líder de UDCE y posteriormente de Caballas), por sus tentativas de politización del colectivo musulmán ceutí y su manipulación del mismo con fines electoralistas (El Faro de Ceuta, 2013). El Islam ha impregnado así la vida política local al constituirse como un “factor de cohesión” (Nahavandi, 2001) para los españoles de origen marroquí.

Las elecciones municipales y los desafíos del localismo: 1979-2023

En esta parte se presentará las evoluciones políticas acontecidas durante las diferentes elecciones municipales que serán estudiadas en seis períodos principalmente. El primero comenzó con las elecciones municipales de 1979 marcadas por el avance en Ceuta de la coalición de votantes independientes (INDEP). El segundo periodo incluyó dos elecciones municipales (1983 y 1987) y se caracterizó por la hegemonía del PSOE y la aparición de partidos nacionalistas. El tercer período abarca las elecciones municipales de 1991 y de 1995 y se caracterizó por el peso del bipartidismo y el fortalecimiento del clivaje entre partidos estatales y locales debido a los avances electoralistas de estos últimos. Un cuarto período se abrió con las elecciones de 1999 caracterizadas por impacto del populismo del Grupo Liberal Independiente (GIL). El quinto periodo lo hemos construido con las campañas y resultados de las elecciones de 2003, 2007, 2011 y 2015 marcadas por el fortalecimiento de la supremacía del PP, la consolidación del “voto comunitario” y de la diversidad de la oferta política “comunitaria”. Finalmente, las elecciones de 2019 y 2023 constituyen el último periodo singularizado por la fuerte irrupción de la extrema derecha y los altibajos de las formaciones locales y/o comunitarias.

Las municipales de 1979: la difícil elección entre el centro y los independentistas

Después de treinta y ocho años de dictadura, las elecciones municipales de abril de 1979 ilustraron, a nivel nacional, la victoria del partido centrista (UCD) de Adolfo Suárez. En Ceuta, aunque este partido no fue mayoritario ya que obtuvo el 30,3% de los votos, se convirtió en pionero del “sucursalismo” político expresado con su lema: “A un gobierno de UCD le corresponde un ayuntamiento UCD”. El PSOE, relegado a la tercera posición, insistió en el derecho a la autonomía y el apego local con lemas sentimentales: “Ceuta nos duele a los ceutíes”. La novedad en Ceuta fue el resultado electoral del agrupamiento independista (INDEP), partido que con el 45,9% de los votos fragilizó la nacionalización de la vida política local estructurada alrededor de los partidos estáticos (Martín Cruz, 2003). Si en el resto de España estas candidaturas fueron mayoritariamente la segunda fuerza política más votada, en Ceuta su resultado la colocó a la cabeza mientras que, en Melilla, el INDEP propuso una política de cuotas basada en el peso demográfico de cada comunidad; todo ello en un contexto local en el que la amenaza marroquí dominaba el debate político. Así, la propuesta de los independentistas melillenses fue calificada por la prensa marroquí como un “intento fascista de crear en Melilla una especie de OEA española”, y en Ceuta, las tensiones generaron protestas contra la “marrocanización” de la ciudad (Fernández García, 2018). El entendimiento entre Marruecos y España se había hecho cada vez más difícil y si la percepción de un vecino hostil se consolidó el 27 de noviembre de 1978 con el ataque marroquí al pesquero español Cruz del Mar (Del Pino D., 1983: 163), los atentados a la bomba revindicados por el llamado Frente de Liberación sebti sembraron el pánico e hicieron creer que Ceuta tenía los días contados. 

Estas primeras elecciones fueron también reveladoras de los primeros clivajes políticos que tomaron la forma de una defensa de la identidad nacional y una lucha por la autoctonía imponiéndose así una concepción “constituida y exclusivista” de la ciudadanía (Bayart & Geschiere, 2001). En medio de este nuevo centro de interés político, hay que volver a la posición del PCE que, tras el fracaso de sus tesis a favor de la restitución de las ciudades a Marruecos durante las elecciones de 1977, modificó su discurso y afirmó su respeto al texto constitucional del 78 que convertía a estas ciudades en territorios españoles de pleno derecho.

Tabla 1.  Resultados de las elecciones municipales en Ceuta, 1979-2023 (%)

197919831987199119951999200320072011201520192023
INDEP45,97,37
UCD30,3
CDS98,25,06
PSOE18,542,431,911,9413,257,538,768,7111,8814,2725,7521,24
AP-PP24,122,223,0931,1628,3363,0265,6166,1746,4831,3134,74
PDL8
GIL38,62
Vox1,2422,520,87
Ciudadanos6,114,57
Podemos1,5**0,57
PNC 6,73,4         
CEU21,69,9414,663,94
PSPC12,28,218,114,454,234,54
PFC37,4320,31,9
PDSC5,0910,145,193,672,381,850,98
UDCE10,8216,51*
Caballas- Ceuta Ya!14,5413,496,2610,16
MDyC         11,35711,36
CD4,7
PTE0,4
PCE-IU2,21,794,010,971,6
INCE0,95
LV1,660,951,881,78
PH0,93
PST0,8
CEM3,9
CP1,43
PC0,311,08
UPCE1,73
PIL2,78
FE0,390,46
FC2,1
UPyD2,71,14
PLC0,7
PUM+J0,12
LB           0,36

* UDCE-IU CEU

**Podemos-IU-Equo

Fuente: elaboración propia.

La hegemonía del PSOE (1983-1987)

Las elecciones municipales de mayo de 1983 dieron la victoria al PSOE, que con un 42,4% consolidó su influencia en Ceuta hasta las elecciones municipales de 1991. Otra gran novedad de estas elecciones fue el contenido de los programas y el surgimiento de un partido nacionalista (PNC) cuyos discursos encontraron un tímido eco electoral (6,7%). El apego local y la defensa de la soberanía se convirtieron en el punto en común de todas estas formaciones para quienes “no hay Nación sin territorio” (Lacoste, 1997). Esta primera legislatura socialista también estuvo marcada por repetidas amenazas por parte de Marruecos y por un activismo terrorista de baja intensidad contra símbolos de la dominación política y económica española sobre la ciudad. No obstante, la vía diplomática pareció haberse adoptado a partir de 1984: así, durante una conferencia internacional, el delegado del partido comunista marroquí Progrès et socialisme exigió la restitución de ambas ciudades en el marco de un intercambio con Gibraltar (Fernández Elorriaga, 1984).

A pesar de las amenazas marroquíes y de la polémica social suscitada por la ley de extranjería de 1985 y por el proceso de naturalización de los habitantes de origen marroquí, las elecciones municipales de junio de 1987 se celebraron bajo una aparente tranquilidad. El PSOE fue el partido que obtuvo más votos en Ceuta, aunque perdió terreno respecto a las anteriores elecciones municipales. La desintegración del INDEP propició la multiplicación de la oferta política local con tres partidos locales de los seis presentes: le Partidos socialista del pueblo de Ceuta (PSPC), el Partido Nacionalista (PNC), que se centró en “defender la españolidad” como lo mostraron algunos de sus eslóganes de campaña (“Vota nacionalista, porque ¡Ceuta es lo nuestro!”) aunque los resultados obtenidos muestran el escaso éxito de sus reivindicaciones (3,7%) o el partido Ceuta Unida (CEU) cuyo lema de campaña (“Vota hombres de Ceuta para Ceuta”) insistía en la necesidad de reforzar el localismo (García,1985; Planet Contreras, 1998: 160).Formaciones locales que obtuvieron un resultado considerable (el 37,2% de los votos) reflejando con ello la falta de confianza de una parte del electorado ceutí en los partidos estatales. La formación local que recuperó buena parte del voto socialista fue CEU que consiguió el 21,6% de los votos. El clientelismo de este partido caracterizó algunas de sus reuniones de campaña que a menudo terminaban con la oferta de sartenes al electorado femenino (Rontomé, 2012: 142).

Durante estas elecciones municipales de 1987, la defensa de la soberanía nacional de la ciudad continúo protagonizando el debate político en un contexto local fuertemente marcado por las tensiones sociales entre las dos principales comunidades debido a la publicación de la ley de extranjería y su rechazo por parte del colectivo musulmán de la ciudad. Si en Melilla, el PSOE hizo de la defensa de esta “españolidad” el pilar de su campaña, como lo demuestran sus declaraciones: “El PSOE de Melilla defenderá siempre la hispanidad de Melilla y su territorio” (Melilla Hoy, 1987). En Ceuta, ciertos partidos locales animaron la campaña electoral con argumentos más localistas. Este fue el caso del líder de la PNC, Francisco Alcántara, quien elogió el sentimiento localista en la ciudad e instó al “caballismo” (gentilicio) de los vecinos. También criticó al gobierno central por congelar la cuestión de la autonomía y criticó la pobreza de ciertos barrios. Este partido dio origen a un intento de nacionalismo local que comparte algunos rasgos con el “nacionalismo regional” (Giblin, 2005), en la medida en que se basa en la convicción de formar una comunidad con valores intrínsecos sirviéndole de base identitaria y parte del principio de que sólo una formación local pondrá fin a la situación de injusticia.

Partidos que se presentaron como los “verdaderos defensores de sus intereses e integridad nacional” (Giblin, 2012) al tiempo que se oponían a los partidos estatales acusándolos ​​de abandonar Ceuta y ponerla en manos del enemigo marroquí. Si este nacionalismo de Estado se expresó en la aparición de formaciones políticas locales conservadoras, también sedujo a la derecha conservadora del PP. Recordemos al respecto las declaraciones de José María Aznar sobre la necesidad de renacionalización del pueblo español (Petithomme & Fernández García, 2012: 43-44). Diremos entonces que el débil apoyo dado por el electorado ceutí a los partidos nacionalistas locales se puede explicar en parte por la irrupción de los discursos nacionalistas y su trivialización dentro del PP.

Finalmente diremos que el ayuntamiento que resultó de estas municipales de 1987 estuvo desprovisto de representante de la minoría musulmana ya que por un lado los partidos políticos no incluyeron a miembros de esta comunidad en sus listas, y por el otro, las diversas asociaciones musulmanas decidieron no presentarse a los comicios.

Las municipales de 1991-1995 y los desafíos del bipartidismo asimétrico

Las elecciones municipales de mayo de 1991 se caracterizaron en Ceuta por la alternancia política. Si el PSOE ganó en el resto de España (38,3%), en Ceuta la victoria fue para un nuevo partido local: Progreso y Futuro (PFC) que obtuvo el 37,43% de los votos. Su líder, Francisco Fraiz Armada, disidente del PSOE, creó esta formación con otros disidentes socialistas y candidatos independientes. La necesidad de avanzar y la cuestión autonómica fueron centrales en los programas de la mayoría de los partidos. Si el argumento de los partidos estatales y/o nacionales giraba en torno a la notoriedad, eficacia y desarrollo tal y como lo reflejan algunos eslóganes de campaña (“La eficiencia, nuestro compromiso” del PP o “Decisión de progreso” del PSOE), para los partidos localistas era de nuevo el localismo. Como lo muestra el eslogan del PSPC “Nadie puede hacer más por Ceuta”, dichos partidos locales compartían la necesidad del arraigo y la convicción de que solo una candidatura local garantizaría la soberanía de Ceuta y velaría por su bienestar.

Diremos también que estos partidos localistas conservadores surgen en oposición a los partidos estatales, revindican la autonomía completa para Ceuta, es decir, la capacidad legislativa y tienen como caballo de guerra la defensa de su españolidad generando con ello cierta desconfianza y cierto recelo hacia la población musulmana de la ciudad (Zurlo, 2005: 162). Los musulmanes de Ceuta intentaron sin éxito unificar sus votos dispersos entre el PST (partido representado exclusivamente por musulmanes y defendiendo como tesis principal la retrocesión de Ceuta a Marruecos) e Iniciativa por Ceuta, con el objetivo de tener representación política comunitaria y visibilizaron su desconfianza hacia el resto de formaciones políticas (Vallecillo,1990).

Ceuta celebró las elecciones autonómicas de mayo 1995 con la presencia de tres partidos comunitarios (PDSC, CEM y PC), tres partidos nacionales (PSOE, PP e IU) y tres locales: el PFC, el CEU y el PSPC además de un nuevo partido, Ceuta Primero (CP). Su fundador, Salvador Jaramillo Rodríguez, hizo campaña sobre la necesidad de un rearme identitario, acuñó precozmente teorías conspirativas como la del “gran remplazo” y el populismo caracterizó sus promesas de campaña: “Nuestro partido no va a dar vivienda a nadie que no sea ceutí porque nos están invadiendo” (Rontomé, 2012: 158). Diatribas que enturbiaron el debate político y que avivaron los discursos del CEU y del PSPC, que consideraron a los dos grandes partidos nacionales (PSOE y PP) “traidores que negocian con Hassan II” y denunciaron el abandono de la ciudad por parte del Estado. Comentarios que muestran cómo el rechazo a la alteridad, sobre todo al vecino marroquí, y las teorías conspirativas han nutrido el discurso de construcción nacional de este territorio.

En cuanto a los partidos estatales: el muy débil resultado de IU (1,79%) provocó la disolución del partido, que luego se reconstituyó con miembros del colectivo musulmán. Para gobernar, el PP formó una coalición con tres partidos (PFC, CEU y PSOE) que resultó poco estable. Un gobierno que hizo frente al creciente fenómeno de la inmigración ilegal. La violencia policial ejercida contra los inmigrantes generó un escándalo mediático que hizo que Ceuta apareciera en los medios de comunicación españoles como un territorio impregnado de herencia colonial y habitado por una sociedad arcaica (Ordaz,1995a; Ordaz, 1995b), considerada una de las zonas más peligrosas de España o incluso como «la pequeña Sicilia» española (Irujo,1999a). Representaciones mediáticas un tanto deformadas de su realidad social que sin embargo fueron retomadas por ciertos partidos que propusieron impermeabilizar su frontera.

Estos discursos de impermealización llevados a cabo por las formaciones locales y nacionales convivieron con las inquietudes y exigencias de ciertos líderes “comunitarios” de crear un frente común tras la polémica sobre la invisibilidad electoral del colectivo musulmán. En efecto, algunos representantes musulmanes denunciaron la privación de derecho al voto de buena parte de los musulmanes ceutíes afirmando que la Delegación del gobierno en la ciudad había impedido voluntariamente que más de 6.000 musulmanes figurasen en el censo electoral (Lizarralde, 1995). La necesidad de una representación política comunitaria fue reivindicada por la Coalición de electores musulmanes (CEM), cuyo líder Mohamed Ali Ahmed carecía de un programa definido, pero tenía una clara finalidad: lograr que en la Asamblea ceutí haya un representante musulmán y que se reconociera públicamente la lengua árabe y la cultura islámica (Rontomé, 2012: 159). A esta coalición se sumaron el partido Iniciativa por Ceuta y el Partido socialista de los trabajadores quedando fuera el PC (0,31%) y el PDSC. Este último partido estaba encabezado por Musafa Mizzian que con el 5,09% de los votos consiguió ser el primer concejal de religión musulmana en el Ayuntamiento de Ceuta.

La presencia de estas formaciones encabezadas por musulmanes muestra el peso político que poco a poco va teniendo el colectivo musulmán y ponen de realce la “lógica de los votos minoritarios” (Ragaru & Capelle-Pogăcean, 2011). Por otro lado, a la luz de los frágiles resultados obtenidos por los partidos liderados por musulmanes y dejando de lado las divergencias entre ellos, podemos afirmar las dificultades de dichos partidos a movilizar un electorado estigmatizado por sus orígenes y el fracaso de la estrategia de hacer de la pertenencia cultural y étnica un resorte político.

Las elecciones municipales de 1999: la victoria del populismo

Con un electorado de apenas 54.609 votantes, la arena política ceutí conoció una multiplicación del número de partidos. Nueve partidos participaron en las elecciones de 1999, incluidos cinco partidos locales (PSPC, PFC, CEU, PDSC y PC) y tres partidos nacionales (PSOE, PP e IU, cuya lista estaba formada exclusivamente por candidatos musulmanes a excepción de su cabeza de lista) así como un nuevo partido (GIL) de arraigo regionalista, populista e incluso de extrema derecha. Con el 38,6% de los votos, el GIL fue la fuerza política más votada en todos los distritos, a excepción del distrito 6, en el que reside una gran mayoría de población musulmana y el voto al PDSC de Mustafa Mizzian fue mayoritario (10,1%). Aprovechando el descrédito de los partidos tradicionales por ser considerados como demasiados pasivos ante los flujos migratorios, ante los menores marroquíes y las mafias, el GIL propuso un modelo de sociedad más autoritario sintetizado en el lema «Mano dura» (Abad,1999). Este partido activó la relación conflictual existente entre los habitantes (el pueblo) y las autoridades y/o los partidos estáticos y se presentó como el liberador de una “ciudad víctima” de la injerencia marroquí, de los inmigrantes y la población no española y como el garante de su seguridad. Comentarios xenófobos y populistas que ya circulaban en los discursos de la extrema derecha europea (Klandermans, Linden & Mayer, 2005).

Preocupado por el futuro de la convivencia, Mustafa Mizzian (PDSC) advirtió del peligro de que un partido “racista y xenófobo” rompiera el buen entendimiento entre cristianos y musulmanes (Rontomé, 2014). Asimismo, IU propuso medidas contra la discriminación y a favor del reconocimiento del dariya (lengua hablada por habitantes de origen marroquí), convertida en lengua cooficial del partido desde junio de 1998. El resto de los partidos estatales (PP y PSOE), así como el PSPC, también hicieron frente común al avance electoral del GIL lo que les llevó a participar a una especie de puja populista (Goytisolo, 1999). Algunos medios de comunicación locales y nacionales difundieron teorías conspirativas, alertando por ejemplo sobre unas supuestas reuniones secretas entre Mohamed Ali líder del Partido ceutí (1,08%) y miembros de la administración marroquí. Medios que también presentaron la mezquita del barrio de Benzú, con una fuerte presencia de población musulmana, como lugar de encuentro entre los militantes de este partido y narcotraficantes (Irujo, 1999b; El País, 1999).

Las municipales del periodo 2003-2015: la hegemonía del PP y la consolidación del voto comunitario

Las elecciones municipales de 2003 confirmaron una constante en la arena política ceutí: la volatilidad electoral de sus votantes y la vitalidad de la oferta política local han fragmentado el sistema de partidos y han dado lugar a asambleas fraccionadas (Castellá Andreu, 2004). En Ceuta, de los diez partidos presentes, seis eran locales: el PSPC, el PIL (Partido Independiente y Liberal), creado tras la desintegración del GIL, y la UPCE (Unión del Pueblo de Ceuta). Dentro del tablero político “comunitario”, es decir, liderado por ceutíes de origen marroquí y confesión musulmana, tenemos la formación de Mustafá Mizzian (PDSC), el partido Federación ceutí (FC) de Abdeselam Aldehakim así como un nuevo partido Unión Demócrata de Ceuta (UDCE) liderado por Mohamed Ali Lemague. Este último partido surge con la voluntad de desvincularse de todo arraigo religioso y/o comunitario, de superar el comunitarismo en política declarándose por ello “aconfesional” y dejar patente el nacionalismo español de los musulmanes ceutíes reivindicando su pertenencia nacional. Diré al respecto que, durante mis numerosas entrevistas con ceutíes de origen marroquí, la afirmación “reivindicar la españolidad” se ha convertido en un leitmotiv ya que la desconfianza e incluso el racismo ordinario a menudo prevalecen sobre ellos (Fernández García, 2017: 315).

Estas elecciones también estuvieron marcadas por un enfrentamiento diplomático con Marruecos tras el intento de “ocupación” de la isla española de Perejil (García de Frutos, 2011). La firmeza del PP de José María Aznar en la defensa de la soberanía española de todos los territorios situados en el norte de África se convirtió en una prueba de patriotismo en el imaginario colectivo de estos enclaves españoles en África y dio origen al “efecto Perejil” que explica, en cierto modo, la hegemonía de la que aún disfruta el PP en Ceuta.

Los resultados de estas elecciones nos permiten ver como asistimos en Ceuta al fin del bipartidismo tradicional (PP/PSOE) y al surgimiento de dos nuevos clivajes: uno territorial (local/nacional) y otro comunitario (minoría/mayoría), debido al origen predominantemente marroquí de los votantes de ciertas formaciones locales (UDCE, PDSC o FC) y peninsular de los partidos nacionales. La multiplicación de partidos que había caracterizado las anteriores elecciones municipales desapareció en 2007. En Ceuta, tres partidos nacionales (PP, PSOE y Los Verdes) se opusieron a una formación local (PSPC) y dos “comunitarias” (el PDSC de Mustafá Mizzian y la UDCE de Mohamed Ali). El PP quedó primero (65,61%) consolidando su hegemonía y el anclaje conservador de la ciudad, mientras que el PSOE dejó de ser el partido de oposición (8,7%), lugar que volvió a ocupar la formación “comunitaria” UDCE (16,51%).

La campaña electoral estuvo marcada por los desafíos del voto musulmán y se llevó a cabo en un clima de cierta sospecha. Citaremos al respecto la tentativa llevada a cabo por cuatros líderes políticos musulmanes (Mustafa Mizziam del Partido Demócrata y Social de Ceuta; Abdeslam Hakim, de la Federación Ceutí; Mohamed Ahmed Ali, de la Unión de Musulmanes de Ceuta y Juan Carlos Llodra, del Partido Ceutí) de crear una coalición conjunta (Bejarano, 2007). La iniciativa no era una novedad, pero desveló las relaciones de poder existentes entre ambas comunidades y el recelo crónico hacia este colectivo y activó la tesis complotista de una posible restitución a Marruecos si los musulmanes gobernaran la ciudad (Fernández García, 2017: 170). Resulta interesante destacar el posicionamiento del líder Mohamed Ali (UDCE) desvelando sus dudas acerca de una posible comunitarización de la arena política, pero denunciando el ninguneo de los musulmanes ceutíes por parte de los partidos estáticos.

Las elecciones municipales de 2011 se celebraron en el contexto de la crisis multiforme que golpeó a España en 2008 y que se tradujo electoralmente en el declive socialista remplazado por una importante marea conservadora tanto en ayuntamientos como en los Gobiernos autonómicos. En Ceuta, la hegemonía del PP (66,1%) fue tanto más fuerte cuanto que la oposición, muy minoritaria, estaba dividida entre el PSOE (11,8%) y Coalición Caballas, el nuevo partido de Mohamed Ali (14,54%), que dio un paso más en su compromiso por superar las divisiones comunitarias presentando su nueva formación como “la expresión política de la multiculturalidad” y haciendo de la lucha por “la igualdad de todos los habitantes de Ceuta” su fundamento[1]. La apuesta calificada de “dinámica e histórica” por el propio líder tuvo éxito ya que se convirtió en el principal partido de oposición (J.M.G, 2011). El nacimiento de este nuevo partido suscitó severas críticas por parte de los dos otros líderes musulmanes: Abderrafer Mohamed, número uno del PDSC y Tarek Mizzian, su secretario general, no dudaron en hablar de manipulación del electorado musulmán y de traición por parte de la dirección de esta nueva formación política (J.M.G., 2011).El colofón político estuvo protagonizado por la candidatura de una formación de extrema derecha (FE-La Falange) cuya representación fue insignificante (0,46% de los votos) pero cuyo discurso se alimentó de las tensiones sociales producidas por la convivencia y reivindicó la nostalgia del franquista. Mientras a nivel político la multiculturalidad y la convivencia se creaban un espacio y lograban representación, a nivel social la realidad era menos esperanzadora sobre todo para los musulmanes. Abandono, paro, pobreza y delincuencia eran los términos con los que se identificaban los vecinos de ciertos barrios ceutíes, como los del barrio del Príncipe (Fernández García, 2018).

Finalmente, las elecciones municipales de 2015 tuvieron lugar en un clima político fuertemente judicializado y minado por los casos de corrupción (Testa, 2023a; El Mundo, 2014). El descontento con respecto a las élites, así como su incapacidad para frenar los efectos de la recesión, tuvo repercusiones en el electorado ceutí ya que se reforzó la volatilidad electoral y la pluralidad de la oferta política en Ceuta: once partidos presentaron candidatura. Asimismo, la magnitud de la pobreza y el desempleo y particularmente entre los habitantes de origen marroquí, ha acentuado las prácticas clientelistas en este enclave español. Así, las relaciones entre las élites políticas y los musulmanes ceutíes a menudo han tomado la forma de un intercambio de favores: los recursos públicos como la financiación local (para fundaciones o asociaciones) o los puestos públicos (a través de los planes de empleo) a cambio de votos (Fernández García, 2017: 214-216; Sánchez, 2015).

A pesar de haber perdido un 19,6% de los votos, el PP salió nuevamente victorioso de estas elecciones (46,48%) mientras que los partidos liderados por candidatos musulmanes y/o de origen marroquí encarnaron una vez más la oposición al PP. Es el caso de Coalición Caballas (13,49% de los votos) y de una nueva formación, Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC), liderada por Fátima Hamed (11,35%). En Ceuta, estas elecciones también se caracterizaron por la multiplicidad de la oferta política “comunitaria”: MDyC, Coalición Caballas y el PDSC. El surgimiento de estos partidos y su éxito reflejan, por un lado, la integración política de los españoles de origen marroquí de la ciudad y, por otro, la elección preferencial de buena parte de estos votantes por candidatos de la minoría religiosa.

Durante la campaña, los discursos de los líderes políticos de la oposición denunciaron la existencia de una ciudad dividida (El Faro de Ceuta, 12/5/15), devorada por las desigualdades y “desestructurada socialmente” (Ceutaldía.com, 2015), poniendo así en entredicho el discurso de convivencia intercultural “ejemplar” forjado por las élites del PP local. Sin embargo, si la hegemonía de este partido se ha construido sobre la defensa de la integridad nacional, su líder, Juan Jesús Vivas, ha personalizado el poder local representando así la necesidad de los habitantes de ver la autoridad simbolizada en una personalidad política (Mabileau, 1960). Además, el triunfo de la “egopolítica” (Le Bart, 2013) de este barón del PP, así como el liderazgo de candidatos pertenecientes a la minoría musulmana, muestran cómo el espacio político ceutí se ha convertido en un lugar de choque entre personalidades.

Este período ha estado también marcado por la presión migratoria en la ciudad y por un contexto de desconfianza y rechazo ante dicho fenómeno. La presencia de inmigrantes que han cruzado la frontera de forma irregular es a menudo motivo de descontento social lo que ha llevado a algunos vecinos a denunciar un clima de inseguridad galopante en la ciudad. Aunque es imposible precisar qué cuota de delincuencia y criminalidad se atribuye a la población extranjera residente en Ceuta, esta transformación de la percepción de la inmigración en una amenaza está al origen de la creación de la plataforma ciudadana “Ceuta insegura”. Creada en las redes sociales, dicha plataforma ha convocado dos manifestaciones donde se podían leer carteles como “Más policías, menos inmigrantes”, testimoniando así un proceso de instrumentalización de la inmigración y de criminalización de los migrantes en el que a menudo se obvia la impunidad de las políticas y prácticas migratorias que proliferan de manera unilateral (Moreno y Sempere, 2017; La Vanguardia,2017).

Las últimas elecciones municipales de 2019 y 2023: el auge de la extrema derecha y los altibajos electorales de las fuerzas políticas locales

En España, las elecciones municipales de 2019 estuvieron caracterizadas por el final del ciclo municipalista en la casi mayoría de los llamados ayuntamientos del cambio, la renovación de las listas socialistas y una nacionalización fuerte de dichos comicios. En Ceuta, los conservadores del PP obtuvieron nuevamente, aunque sin mayoría absoluta, la victoria electoral (31,1%) y la extrema derecha de Vox se posicionó como tercera fuerza política local con el 22,3% de los votos (Alba, 2019).  El PSOE (25,5%) consiguió duplicar sus resultados imponiéndose como la principal fuerza política de la oposición relegando así a un segundo lugar a los partidos locales dirigidos por miembros de la comunidad musulmana: el MCyD de Fátima Hamed con el 6,9% de los votos y Caballas, liderado por Mohamed Alí con un 6,2%. Así, mientras el partidismo izquierda-derecha se debatía de nuevo el liderazgo de la ciudad, las fuerzas políticas locales perdían escaños. Caballas perdió tres de los cuatro disputados con los que contaba en la Asamblea de la ciudad y el MDyC también vio su representación parlamentaria disminuir al perder uno de los tres diputados que obtuvo en las municipales de 2015.

La vuelta a la agenda política del bipartidismo nos muestra cómo mientras que, en 2015, Podemos canalizaba electoralmente la cólera y el hastío de buena parte de la juventud española indignada, los resultados de las municipales de 2019 desvelan cómo la extrema derecha de Vox parece ahora representar la radicalidad, aunque ya no se trate de una radicalidad progresista sino más bien reaccionaria. Evocaremos al respecto los mensajes de odio de Santiago Abascal contra la inmigración y las minorías, su deseo de acabar con la construcción de mezquitas y otros lugares de culto, su voluntad de privar a los extranjeros del acceso a la sanidad, su obstinación por recuperar Gibraltar y su empeño en construir un muro aún más alto en las ciudades de Ceuta y Melilla o de cerrar sus fronteras para “defender a España” ante una “invasión desde fuera” (Carvajal, 2018). En un mitin de campaña en Ceuta, Abascal hizo de la preferencia nacional uno de los ejes principales de la propaganda de Vox, así como el marcador ideológico de su programa político (González, 2019).

En los mensajes a menudo apocalípticos sobre el fenómeno migratorio sostenidos por derecha y la extrema derecha española y difundidos por ciertos medios de comunicación, encontramos una instrumentalización de la inmigración bajo un fondo de odio y desinformación: se asocia la inmigración con la criminalización y la delincuencia, así como el islam con el terrorismo (Gómez-Fraguela et al., 2009; Wagman, 2002: 22-30). Para Vox y sobre todo para su imaginario radicalmente identitario, la migración es también una lacra que hay que combatir porque constituye una amenaza a la identidad nacional. Recordemos al respecto sus advertencias: “si Ceuta se llena de marroquíes no habrá nadie que defienda su españolidad”[2]. Ceuta se convierte en el caladero de la demagogia electoral de Vox y sus discursos tienen cada vez más espacio mediático, ganan adeptos y contaminan los discursos de otros partidos políticos. Citaremos el reportaje fotográfico publicado por el diario conservador La Razón con el retrato de migrantes supuestamente acusados ​​de haber cometido delitos (La Razón, 2002).Insistiremos también en cómo el discurso del PP, habitualmente más moderado sobre la cuestión de la migración, se ha radicalizado tomando prestadas a la extrema derecha estrategias comunicacionales que catalogan la inmigración con un argumentario populista: crisis, invasión y amenaza. Pablo Casado, exdirigente del PP proclamaba la “defensa de las fronteras” (Junquera, 2018) y Alberto Nuñez Feijoo, el actual líder del PP, se alinea cada vez más a los postulados antimigratorios de la extrema derecha e incluso ha hecho de la inmigración une idée-force de sus discursos políticos[3].

En la arena política ceutí, los partidos han hecho un cordón sanitario a la extrema derecha. Así, el pacto alcanzado en junio de 2019 en Madrid entre el PP y Vox para gobernar juntos en algunos ayuntamientos fue rechazado por el presidente de Ceuta para quien los discursos de la extrema derecha española son incompatibles con el clima de convivencia y con la “singularidad social y cultural” existente Ceuta (Del Pino,2023). El sucursalismo político del PP ceutí conoció así su primera excepción. El bloqueo a los discursos de odio y exclusión de la extrema derecha no solo es político en Ceuta sino también social como lo mostró la masiva manifestación celebrada el 28 de febrero de 2020. Los manifestantes también hicieron públicas protestas contra las desigualdades sociales, la falta de expectativas profesionales sobre todo para el colectivo musulmán y cuestionaron el mito de la convivencia ejemplar.

Fue en este contexto que se celebraron las elecciones municipales de 2023 marcadas una vez más por la victoria del PP, que mantiene los 9 escaños obtenidos en 2019, y por la lógica de los vasos comunicantes en materia electoral en beneficio de los partidos locales. Vemos al respecto como el escaño perdido por el PSOE y el otro perdido por Vox fueron recuperados por los partidos locales: MDyC (3 asientos) y Ceuta Ya! (2). Este último partido liderado Mohamed Mustafá nace tras la disolución de la formación Caballas y la dimisión de Mohamed Ali de su puesto de diputado en la Asamblea de Ceuta. Dicha formación se define como un partido “de izquierdas, autonomista y feminista”, su órgano de dirección está compuesto por miembros de Caballas y por otras personas provenientes “de colectivos sociales y de la no militantica activa”[4] y en sus objetivos y finalidades podemos apreciar la huella del 15 M y el legado de Podemos. Ceuta Ya! pretende dar una salida política a demandas sociales politizadas tales y como las demandas de igualdad social. Destacaremos su voluntad de crear un “observatorio de equidad educativa”, o de luchar contra la pobreza y la exclusión para hacer posible “otro modelo de ciudad” como lo exponen sus “Ocho enmiendas” a los Presupuestos de 2024 (Jiménez, 2024).

El PSOE también se ha mostrado sensible a la cuestión de la igualdad en la ciudad presentando por ello una lista en la que la mitad de los integrantes pertenecen a la comunidad musulmana y apostó por un “cambio real” en una ciudad dividida espacial y socioeconómicamente entre un centro habitando por funcionarios y habitantes “cristiano-occidentales” y una periferia “árabo-musulmana” en la que el paro, la pobreza y el fracaso escolar hacen estragos (Testa, 2023b). El estado de la convivencia fue un tema central de estas últimas municipales, una convivencia que ha pasado de considerarse ejemplar a estar amenazada y ya no solo a causa de las desigualdades socioeconómica de los ceutíes o de la segregación espacial sino también debido a la proliferación de los discursos de odio de la extrema derecha. En Ceuta, los dirigentes locales de Vox acusan a los españoles musulmanes de ser “españoles de DNI” y defienden la necesidad de “rehispanizar la ciudad” (Testa, 2023b).

Identidad cultural y nacional y preferencias políticas actuales[5]

En esta parte se tratará de interesarnos a la identidad cultural de la población de la ciudad y para ello se ha tenido en cuenta el reciente estudio realizado en 2023 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre identidades culturales, nacionales y europeas[6]. Aunque la muestra es bastante pequeña (30 sujetos), los resultados nos parecen bastantes relevantes del sentimiento identitario de la población local. En dicha encuesta, vemos como los sujetos encuestados se identifican mayoritariamente con su país (51,7%), con su profesión (39,4%) y, por último, con su religión (8,9%). La pertenencia y el arraigo nacional se convierten en un resorte identitario determinante mientras que la religión aparece como una identidad social importante, pero sin encabezar la lista. Los encuestados se identifican preferentemente con su género y su orientación sexual y menos con su generación, su religión o la clase social de pertenencia. Por grupos de edad, los menores de 40 años se identifican más bien poco, con su generación y con su religión. En cambio, los mayores de 60 años se identifican mayoritariamente con el lugar donde viven, con su país y con su ideología política.

Gráfico 1. Grado de Identificación con distintos ámbitos

Fuente: elaboración propia (Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024). CIS: Identidades culturales, nacionales y europeas. 2023

Cuando se les pregunta a los ceutíes sobre su identificación con distintos ámbitos geográficos a partir de una escala de 0 a 10, la media de identificación más alta es con España (8,9), la ciudad donde vive (7,9), con Europa (7,8) y con la humanidad en su conjunto (6,8). Las medias de identificación más altas con España son: de mujeres (9) y de adultos entre 40 y 60 años (9,8). Vemos por lo tanto que tanto el sentimiento nacional así como el arraigo local es fuerte entre los encuestados.

Tabla 2. Media de 0 a 10 ¿En qué medida se encuentra identificado…

 Media TotalHombreMujer<40 años40-60 años>60 años
Con el pueblo o ciudad donde vive7,98,27,77,78,08
Con España8,98,69,08,69,88
Con Europa7,86,28,77,28,48
Con la humanidad en su conjunto6,87,06,78,26,55

Fuente: elaboración a partir de la Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024 CIS. Estudio 3.409, Identidades culturales, nacionales y europeas. 2023

En este estudio del CIS también se les pregunta a los encuestados sobre la importancia que dan a distintas cuestiones para ser considerado verdaderamente un ceutí. Los encuestados dan mucha/bastante importancia al hecho de haber vivido en Ceuta (91,1%), ser de nacionalidad española (58,2%) o haber nacido en Ceuta (51,8%). Por el contrario, dan poca o ninguna importancia a ser descendiente de varias generaciones de personas nacidas en Ceuta (91,1%) o hablar el idioma o con el acento del lugar (72,7%). El lugar de residencia se convierte así en un factor estructurante de la identidad y legitimador de la autoctonía. En Ceuta, la legitimidad del suelo parece convertirse entonces en un verdadero instrumento de exclusión que se apoya sobre el principio de la “anterioridad histórica” (Bayart & Gerschiere, 2001: 126-128),vehiculada a menudo con la expresión: “yo estaba aquí antes” (Fernández García, 2017: 317).

Gráfico 2. ¿Qué importancia diría usted que tiene cada una de las siguientes cuestiones para considerar que alguien es un/a auténtico/a ceutí?

Fuente: elaboración a partir de la Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024. CIS. Estudio 3.409. Identidades culturales, nacionales y europeas. 2023

El sentimiento de orgullo de los ceutíes por el hecho de ser español/a es notablemente más alto que en el resto del país. El 100% de los encuestados en la ciudad, se sienten bastante o muy orgullosos de ser españoles/as, mientras que la media del país se sitúa en torno al 80%. El nacionalismo español se convierte así en un sentimiento unificador para los ceutíes y que, como la historia nos ha mostrado, a menudo se ha reforzado incentivando para ello la rivalidad con Marruecos.

Gráfico 3. ¿Hasta qué punto diría que se siente orgulloso/a de ser español/a y ceutí?

Fuente: elaboración propia (Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024). CIS. Estudio 3.409. Identidades culturales, nacionales y europeas. 2023

Cuando se ha preguntado a los ceutíes por su ideología política y que se sitúen en una escala de 1 a 10; donde 1 representa extrema izquierda y 10 extrema derecha, la media obtenida es de 6,5, lo que indicaría cierta afinidad con planteamientos del centro-derecha. Los resultados de la encuesta a la muestra señalan que casi tres de cada cuatro sujetos encuestados (72%), se clasificaría como conservador, demócrata cristiano o liberal. Solo el 28% de los encuestados en la ciudad se definen como socialistas o demócratas. Notamos pues como los valores conservadores siguen siendo mayoritarios e incluso ganan terreno sobre todo entre los jóvenes ceutíes (Sardá, 2023).

Gráfico 4. ¿Cómo se definiría en política?

Fuente: elaboración a partir de la Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024. CIS. Estudio 3.409. Identidades culturales, nacionales y europeas. 2023

A los encuestados en la muestra en este estudio del CIS, se les ha preguntado por su cercanía a distintos partidos políticos que concurren a las elecciones. Los ceutíes encuestados señalan mayoritariamente entre sus preferencias, los partidos políticos de centro-derecha como el PP o VOX. El 55,3% de los encuestados se encuentra ideológicamente más cercano al PP y Vox, mientras que solo el 20% lo hace con el PSOE. Estamos frente a un electorado ceutí muy conservador y cada vez más atraído por el voto de extrema derecha.

Gráfico 5. ¿Qué partido considera más cercano a sus propias ideas?

Fuente: elaboración a partir de la Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024.  CIS. Estudio 3.409.

Los resultados electorales obtenidos por los principales partidos políticos que concurrían en Ceuta a las elecciones generales de julio de 2023 presentaban también cierta polaridad entre el bloque de partidos de derecha e izquierda. Según la prensa local en la ciudad, dos de cada tres votantes eligieron a un partido de derechas (PP+VOX) en las pasadas elecciones generales y solo uno de cada tres, a partidos de izquierdas (PSOE+SUMAR).

Tabla 3. Resultados electorales por partido y bloques de derecha e izquierda. Elecciones Generales 2023

 Nº Total VotosNº votos PPNº votos PSOENº votos SUMARNº votos VOXNº votos Bloque Derechas (PP+VOX)Nº votos Bloque Izquierdas (PSOE+SUMAR)% bloque Derechas% bloque Izquierdas
Distrito 177534319135421418666185156879,8%20,2%
Distrito 241611764125613910022766139566,5%33,5%
Distrito 370343101157917121835284175075,1%24,9%
Distrito 470002349276316117274076292458,2%41,8%
Distrito 531779111516736771588158950,0%50,0%
Distrito 63615449282554287736287920,4%79,6%
Total3274012893112938127742206351210563,0%37,0%

Fuente: elaboración realizada a partir de la Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024.  Diario digital Ceutaldia “Resultados Elecciones Generales 2023”.

Los resultados electorales por distritos censales muestran como los partidos de derechas ganan mayoritariamente en los distritos 1, 2 y 3, distritos céntricos en los que encontramos las rentas más altas, mientras que en el distrito 4 hay un empate al 50%. Los partidos de izquierda ganan solo en el distrito 6, el más pobre de la ciudad, con una amplia mayoría de casi el 80%.

Mapa 1. Resultados electorales en las generales de 2023 por bloques Izquierda/Derecha

Imagen 1

Fuente: elaboración a partir de la Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024; Diario Ceutaldia “Resultados Elecciones Generales 2023”.

Descendiendo en el nivel de análisis y solo teniendo en cuenta los dos partidos más votados por los electores (PP y PSOE), podemos observar que el PP ganó en 33 de las 56 secciones censales de la ciudad, las más céntricas. El PSOE en cambio ganó en un total de 33 secciones censales, especialmente en los barrios de la periferia. Este clivaje ideológico es también espacial entre un este (o centro) conservador y un oeste (o periferia) más progresistas y revela igualmente la brecha socioeconómica existente entre los residentes de ambos espacios.

Mapa 2. % de voto obtenido por PP y PSOE por sección censal en las generales de 2023

Imagen 2

Fuente: elaboración a partir de la Encuesta Estudio sobre la convivencia, 2024; Diario Ceutaldia “Resultados Elecciones Generales 2023”.

Conclusiones

Así pues, ¿cómo se ha estructurado el espacio político de Ceuta y cómo podemos caracterizar la identidad política de sus habitantes? Con la vuelta a la democracia, la vida política local ha estado marcada por su anclaje en el marco autonómico español, por las presiones marroquíes y por las vacilaciones e incluso la desafección de ciertos partidos nacionales respecto a su futuro y pertenencia. El estudio de la estructuración de su arena política puede caracterizarse en términos de inestabilidad, bipartidismo y sucursalismo político, superados desde las elecciones de 2003 por el liderazgo del PP y la personalización del poder encarnada por su alcalde Juan Vivas, así como por la consolidación del voto “comunitario” y la pluralidad de su oferta política.                    

El abandono relativo por parte del Estado y por consiguiente por los partidos estáticos del que se sienten víctimas los ceutíes ha llevado a la formación de partidos locales que nacen con el convencimiento de que son los únicos capaces de luchar por su defensa e integridad. A pesar de sus discursos localistas (arraigo y autoctonía) y de un aumento progresivo de su apoyo electoral, solo llegaron al poder en 1999 cuando el GIL, un partido regionalista y populista, gobernó Ceuta entre 1999 y 2001. También es necesario subrayar la debilidad de los partidos nacionalistas, pro-marroquíes algunos (Partido Socialista Obrero o Partido Humanista) y pro-españoles otros (PNC o CP), que promovieron el repliegue identitario pero cuyo apoyo electoral nunca superó el 6% de los votos. En Ceuta, la defensa de la soberanía española y del nacionalismo español siempre han estado asegurados por la derecha conservadora del PP.

Además, la aparición de estas formaciones locales da testimonio de la consolidación del clivaje territorial entre los partidos estatales y los locales. Sin embargo, una nueva división parece haber surgido con el nacimiento de partidos “comunitarios”, que se han convertido en auténticos partidos de oposición. Este fue el caso de la UDCE de Mohamed Ali durante las elecciones municipales de 2003 y 2007 y más recientemente de Caballas, MCyD y Ceuta Ya!. Si al principio los partidos liderados por candidatos musulmanes vehiculaban reivindicaciones culturales o soberanas, ahora rechazan cualquier etiqueta comunitaria o étnica, aunque siguen siendo mayoritarios en los distritos habitados por electores de origen marroquí.

Hace algunos años y en particular a iniciativa del partido Coalición Caballas, se ha iniciado una nueva reestructuración del discurso de estos partidos para acabar con el modelo de “dos ciudades”, una cristiana y de origen peninsular y otra musulmana y de origen marroquí, así como con la división entre minoría y mayoría, buscando hacer del multiculturalismo una nueva identidad política. Esta superación comunitaria, así como una apertura hacia causas más sociales (igualdad, transparencia, feminismo, democracia participativa, derechos sociales) constituyen también las nuevas batallas políticas de los partidos locales ceutíes dirigidos por líderes musulmanes.

Sobre la autora:

Alicia Fernández es Profesora Titular de Lengua y Civilización Española Contemporánea de la universidad francesa Paris 8-Vincennes-Saint Denis. Asimismo, es directora de la colección Sociétés hispaniques de la editorial L’Harmattan y miembro del laboratorio de investigación LER (Laboratoire d’etudes romanes, EA 4385).

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[1] Entrevista con Mohamed Ali, Ceuta, 3/10/2014.

[2] Noticia publicada el 15 de septiembre 2024 en la página web de Vox (voxespana.es).

[3] El término ha sido tomado de la obra del filósofo francés Alfred Fouillée.

[4] Página web: https://www.ceutaya.es/

[5] Los datos aquí presentados han sido obtenidos tras la realización de la encuesta “Estudio sobre la convivencia” elaborada por la autora de esta contribución y realizada por los sociólogos Estrella Merino y Jose Miguel Cantón. La encuesta forma parte del proyecto “Violence politique et mémoire des musulmans et juifs à Ceuta” financiado por la universidad de Paris 8, la MSH Paris Nord y el programa Hispanex del Ministerio de Cultura y deportes, año 2023.

[6] CIS, nº informe 3409, 2023.