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Perspectiva global de la libertad electoral 2019

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Trabajos académicos

Ya se encuentra disponible la segunda edición del Índice Mundial de Libertad Electoral (IMLE), correspondiente a 2019 [1], que por segundo año consecutivo he tenido la oportunidad de dirigir por encargo de la Fundación para el Avance de la Libertad, con sede en Madrid, con la colaboración de la Universidad Autónoma de Chile y el partenariado de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México) y la Human Rights Foundation, con sede en Nueva York.

El estudio ha identificado cincuenta y cinco indicadores básicos para elaborar los cuatro grandes subíndices que componen el principal: índice de desarrollo político, índice de libertad de sufragio activo, índice de libertad de sufragio pasivo e índice de empoderamiento del elector.

Con una puntuación de 71,11 sobre 100, España mejora seis puestos (del 56º al 50º) en esta segunda edición, alcanzando así la categoría de “alta libertad electoral” frente a la de “aceptable libertad electoral” obtenida en 2018. En general, la mayoría de los países europeos obtiene una nota superior a la española, con las notables excepciones de Alemania (que queda en el puesto 57º) y Bélgica (77º). El factor que lastra la puntuación española continúa siendo su pobre desempeño en el apartado de sufragio pasivo (las barreras de acceso a la actividad político-electoral), donde cae hasta el puesto 101º del mundo, mientras logra un excelente ranking en sufragio activo (puesto 24º).

En Europa los peores resultados los obtienen Armenia (129º), Rusia (140º) -ambas con libertad electoral “insuficiente”-, Turquía (152º) y Bielorrusia (160º), estas dos últimas en la franja de “baja libertad electoral”.

Destaca la ganadora del IMLE 2019, Irlanda, que repite como primer país del mundo en el ranking y supera los ochenta puntos, alcanzando así la franja superior de la clasificación, la de “altísima” libertad electoral. Sólo un país más, Suiza, obtiene esa etiqueta al quedar segunda y superar también los ochenta puntos. El tercer puesto es para Finlandia, seguida de Islandia y Dinamarca. Merece destacarse el décimo puesto mundial de Portugal.

En América Latina y el Caribe sólo suspenden Honduras, Belize, Haití y algunos microestados insulares, además de Venezuela (128º), que sufre una fuerte caída de veintiséis puestos desde la edición anterior, relacionada entre otros motivos con la promulgación de un parlamento “constituyente” alternativo al electo; y Cuba (186º), que se mantiene en la última franja del índice, la de “bajísima libertad electoral”, equivalente en la práctica a la ausencia total de derechos políticos activos y pasivos.

Destacan, por el contrario, la República Dominicana, que queda en el 11º puesto de este ranking mundial junto a Chile (14º), Colombia (16º) o Uruguay (18º), todos ellos con “muy alta libertad electoral”. Estados Unidos (puesto 54º) debe conformarse con una nota de libertad electoral “alta”.

Por continentes, África y Asia presentan, en general, los peores resultados del estudio. Algunas excepciones son Sudáfrica (63º) o Japón (53º). India alcanza un puesto encomiable (25º) debido sobre todo al excelente ordenamiento, al menos formal, de su sistema de sufragio activo, apartado que este gigante asiático encabeza por segunda vez. Los peores niveles de libertad electoral se dan en los regímenes donde los procesos electorales ni siquiera cumplen unas mínimas exigencias de credibilidad. Así, junto a la ya mencionada Cuba, cierran el IMLE 2019 países como Corea del Norte (190º), China (192º), Tailandia (196º), Arabia Saudí (197º) y, en último lugar, el Sultanato de Brunei (198º).

Descargar el documento íntegro del IMLE 2019 en pdf

José Antonio Peña es Profesor Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de dicha Universidad.