Evolución de la doctrina militar en la Segunda Guerra Mundial: La Campaña del Oeste. El Ejército francés en 1940 (2)

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Una característica que tuvo un impacto mucho mayor en el conflicto de lo que podría suponerse antes de la guerra era la escasa autonomía de los carros franceses, especialmente del B-1 bis. Concebidos para proteger a la Infantería a pie mientras cruzaba los diez o quince kilómetros de profundidad de la posición defensiva enemiga, su autonomía se reducía a dos horas de marcha campo a través, periodo tras el cual requerían repostaje.

Los medios para repostar a disposición de los Batallones de Carros franceses eran limitados (unos pocos camiones cisterna de 2.500 litros – en muchos batallones, solo uno -, que debían desplazarse hasta la posición de todos los carros uno tras otro, repostando por gravedad), lo que hacía que el reabastecimiento de un Batallón durase varias horas. Nuevamente, a principios de 1940, para la guerra esencialmente estática que se preveía, no parecía un problema relevante.

Como se ha citado anteriormente, a finales de los años 30, el Ejército francés comenzó a organizar sus DCRs, compuestas de una Media Brigada de carros pesados, con dos Batallones de Carros (B-1 bis), a 34 carros por Batallón, otra Media Brigada de carros ligeros (en general, H-39, procedentes de los GBC de los Ejércitos), con 45 carros cada uno de sus dos Batallones, un Batallón de Infantería Motorizada, tres Grupos de Artillería con obuses de 105 mm, dotados de tractores semioruga, una Batería Antiaérea y otra contracarro, dos Batallones de Zapadores, transmisiones y apoyo logístico.

Sin embargo, las DCRs nunca recibieron su dotación de Artillería al completo (se tuvieron que arreglar con un solo Grupo, reforzado hasta contar con 24 piezas de 105 mm), ni recibieron medios antiaéreos de ningún tipo. Las dos primeras se completaron, con las deficiencias citadas, en enero de 1940 y la tercera en marzo de ese año. La idea de estas DCRs era la de cerrar alguna posible penetración alemana en el frente fortificado francés (de ahí su denominación “de reserva”). Como se ha comentado, la reducida autonomía de los carros franceses (especialmente la del pesado B-1 bis), hacía que estas DCRs necesitasen frecuentes repostajes, lo que las hacía más lentas en su operación de lo necesario para el papel que se esperaba de ellas. Pese a las apariencias, debido a la necesidad de parar con frecuencia a repostar, las DCRs eran mucho menos móviles que sus equivalentes alemanas. Una cuarta DCR estaba en curso de organización al inicio de la ofensiva de 1940.

A diferencia de los GBCs, las DCRs estaban concebidas para operar de forma autónoma con respecto a las Divisiones de Infantería que constituían el grueso de las Grandes Unidades Ejército. Sin embargo, en mayo de 1940, su instrucción era muy precaria, no tenían una doctrina clara de empleo y, como se ha comentado, sus carros no estaban diseñados para ese papel, sino para el acompañamiento de la Infantería. La composición de sus elementos de maniobra (cuatro Batallones de Carros por uno solo de Infantería) era muy desequilibrada, muy en línea con las ideas británicas de preponderancia del carro de combate, y solo las hacía aptas (con limitaciones) para la función para la que fueron diseñadas: en efecto, en un contraataque en terreno propio no se esperaba que el enemigo hubiera tenido tiempo de organizar ninguna posición tan fuerte como para que el solitario Batallón de Infantería Motorizado de la División no pudiese superarla, teniendo en cuenta la abundancia de carros que lo apoyarían.

Sin embargo, si se pretendiese un uso ofensivo de estas Divisiones, su carencia de Infantería las haría incapaces de superar una resistencia medianamente organizada, si estuviera dotada de armas contracarro. Tampoco disponían de un elemento de reconocimiento, lo que dificultaba aún más su empleo ofensivo (carecían de información sobre lo que ocurría en su inmediata vanguardia). Se consideraba que incluir una unidad de reconocimiento sería superfluo, dado que se esperaba operar en terreno propio (y por ello, conocido) y contra un enemigo localizado por las fuerzas que mantenían el frente y muy poco organizado, lo que descartaba en gran medida ninguna sorpresa.

A diferencia del uso intensivo de la radio que hacía la Wehrmacht, el Ejército francés seguía confiando en los tendidos telefónicos. Los escasos equipos de radio disponibles se reservaban para los Cuarteles General de nivel alto (en general, de División y superiores), y, cuando se decidió la organización de las DCRs, para los carros de estas unidades. Sin embargo, la disponibilidad de equipos radio era muy escasa, por lo que ni siquiera todos los vehículos de estas DCRs disponían de radios (de los ocho Batallones de Carros Ligeros asignados a las cuatro DCRs, solo uno disponía de radios en todos sus carros, encuadrado en la última de las Divisiones organizadas, todavía no operativa en mayo de 1940), y los equipos eran principalmente ER 52 y 53, que empleaban el código Morse y claves cifradas.

El uso de señales Morse y de claves las hacía muy poco útiles para las comunicaciones inmediatas entre carros, imprescindibles para coordinar la maniobra en situación de combate. Por otra parte, la carga de baterías para las radios en los carros era un problema importante (se cargaban con los vehículos en marcha, lo que agudizaba la problemática de los repostajes), por lo que en muchas ocasiones (especialmente tras detenciones largas), se encontraban frecuentemente inoperativas durante periodos prolongados.

La Caballería francesa se organizaba sobre dos tipos de unidades: por un lado, las citadas DLMs, y por otro en Divisiones Ligeras de Caballería (DLCs), de las que había cinco en mayo de 1940. Además, cada División de Infantería tenía su propio elemento de Caballería con funciones de ocupar anticipadamente el sector de frente asignado a la División.

Las DLCs eran una reconversión apresurada de las Divisiones de Caballería francesas “modèle 1932”, que eran esencialmente unidades a lomo. En mayo de 1940, las DLCs mantenían una Brigada de Caballería con dos Regimientos a dos Grupos de Escuadrones, a lomo, y una Brigada Ligera Mecanizada (Brigade Légère Mécanique), con un Regimiento de Autoametralladoras con un Grupo con Panhard-Schneider-Kégresse P-16, semiorugas, y Citroën-Kegresse P-28 y Laffly 50 AM, y otro Grupo con carros Hotchkiss H-35. El otro Regimiento de las BLCs era de Infantería motorizada (Dragons Portés), con un Grupo dotado con semiorugas Citroën-Kegresse P-19 y otro con camiones. Las BLM incluían además un pequeño Escuadrón contracarro, con 12 cañones de 25 mm.

Cañón contracarro francés de 25 mm. En 1940, era efectivo contra la práctica totalidad de los blindados alemanes. No obstante, la doctrina francesa tendía a distribuirlos uniformemente por el frente, en lugar de concentrarlos en las principales avenidas de carros enemigos, lo que limitó su eficacia.

La Artillería de la División se reducía a dos Grupos con doce piezas cada uno, con obuses de 105 mm, con tractores (camiones o semiorugas). Estaba previsto incluir una Batería Antiaérea con cañones ligeros de 25 mm., pero solo dos de las DLCs llegaron a recibirlas. Además de ello, se incluyó en cada División una Compañía de Defensa Contracarro con los excelentes cañones de 47 mm.

Las DLCs tenían una potencia de fuego muy escasa, especialmente en el aspecto de la defensa contracarro, aspecto más acusado en la Brigada de Caballería a lomo, y, combinaban elementos de movilidades muy distintas, defectos que explican en gran medida su pobre actuación en mayo de 1940.

A diferencia de la alemana, la Caballería francesa se concebía como el elemento que debía contener la maniobra enemiga para permitir la constitución de un frente estabilizado. Su papel como elemento de reconocimiento era muy secundario y su misión era la desplegar lo antes posible en la línea elegida para constituir ese frente, y mantenerlo hasta la llegada de las unidades de Infantería. En consecuencia, las misiones “tradicionales” de la Caballería (reconocimiento, seguridad, explotación del éxito) quedaron postergadas en su organización y también en su espíritu. Las unidades de Caballería no se sentían mucho más responsables de obtener información o de cubrir al grueso de sus tropas que los Batallones de Infantería que las seguirían en su despliegue. En consecuencia, una de las misiones típicas de la Caballería – la de proporcionar seguridad, patrullando las zonas menos guarnecidas – rara vez se ejecutaba y se había perdido mucha práctica en ella. En realidad, la Caballería francesa precedía los despliegues avanzados de su Infantería, pero, si no había previsto un despliegue de Infantería para cubrir un frente que todavía no se había constituido, la Caballería francesa tampoco desplegaba en esa zona (y por ello, no obtenía información en esas zonas “abandonadas”). Por otro lado, su escasa potencia de fuego hacía difícil que las DLCs – la mitad de la Caballería francesa - pudiesen enfrentarse con mínimas posibilidades a unidades acorazadas.

La Artillería francesa disponía de 10.700 piezas. A diferencia de la situación de 1914, los franceses contaban con un importante número de obuses pesados: más de 2.000 obuses de 155 mm (de cuatro modelos diferentes), 372 obuses de 105 mm (dos modelos diferentes), 4.500 cañones Schneider de 75/28 y 700 cañones contracarro de 47 mm (junto con 7.000 cañones contracarro de 25 mm, operados por las pequeñas unidades de Infantería y Caballería). Además de estas piezas, la línea Maginot contaba con 1.400 piezas de diversos calibres en montajes fijos. Aproximadamente la mitad de la Artillería francesa era todavía hipomóvil. Su doctrina y procedimientos eran esencialmente los de 1918, y tenía merecida fama por su eficacia.

Otro aspecto interesante del enfoque francés del combate era su política de rotar frecuentemente las unidades desplegadas en los diferentes sectores defensivos. Las unidades en línea alternaban periodos de cubrir las fortificaciones con otros dedicados a construir o mejorar otras, o con permisos para que las tropas colaborasen en tareas agrícolas. Terminado el periodo de trabajos de fortificación o los permisos, eran redesplegadas en las líneas, pero no retornaban al sector que ocupaban previamente, sino que guarnecían las fortificaciones que dejaba libre la unidad que las sustituía en los trabajos de fortificación.

Esta política hacía que los soldados franceses apenas tuvieran tiempo de familiarizarse con su sector defensivo, pues solo lo ocupaban durante pocos días o alguna semana, antes de volver a realizar trabajos de fortificación, para ocupar después un sector defensivo nuevo. Además de ello, en la mayoría de los casos las rotaciones se producían a nivel Compañía (la mínima unidad que, en la doctrina francesa, podía ejecutar acciones independientes), lo que hacía que los Batallones siempre tuviesen alguna de sus Compañías realizando trabajos de fortificación, y alguna de sus posiciones defensivas ocupadas por Compañías pertenecientes a diferentes Batallones. Con el tiempo y los sucesivos relevos, esto provocaba una mezcolanza de Compañías que hacía casi imposible el mando de los Batallones. Como consecuencia, periódicamente se veían forzados a reorganizar su despliegue, para recuperar en lo posible la coherencia de las estructuras jerárquicas.

El Ejército francés también tenía la política de reemplazar individualmente las bajas: cuando un soldado dejaba una unidad por cualquier motivo, un recluta lo reemplazaba lo antes posible. Esta práctica garantizaba que las unidades siempre tuviesen suficiente personal, pero rompía la cohesión interna: las unidades francesas amalgamaban soldados veteranos con reclutas recién llegados, desconocidos para sus nuevos camaradas, que desconfiaban de ellos, lo que dificultaba la correcta ejecución incluso de las acciones más básicas de combate de pequeña unidad. Los alemanes y los británicos, por su parte, preferían mantener en el frente sus Batallones mientras conservasen una cierta potencia de combate, sin reponer sus bajas. Cuando el número de éstas comprometía la eficacia de la unidad, la retiraban del frente, cubrían todas las bajas que se habían producido en el periodo y efectuaban un programa de readiestramiento, enfocado a la integración de los nuevos reclutas, con vistas a reconstituir la cohesión de la unidad.

Caza francés Dewoitine-520. Este avión era el único caza francés capaz de medirse con los Messerschmitt Bf-109 alemanes, pero en mayo de 1940 los franceses solo disponían de 75 de ellos.

La Aviación francesa también se encontraba en una situación compleja. Mientras que su creación como entidad independiente se había basado en las teorías del “Poder Aéreo Estratégico”, el pacifismo imperante de la sociedad francesa impedía aplicar el enfoque eminentemente ofensivo imprescindible para ejecutar ese tipo de doctrina. Por otro lado, el Ejército francés no valoraba en mucho el concurso de la Aviación en el combate terrestre: su potente Artillería colmaba sus necesidades de fuegos y su idea de combatir en frentes estáticos hacía poco necesarias acciones aéreas como el reconocimiento (con la excepción de la observación del tiro de Artillería) o la interdicción. Básicamente, se necesitaban cazas para proteger a las fuerzas terrestres propias, pero, para los franceses, las fuerzas terrestres atrincheradas se consideraban poco vulnerables ante la acción aérea enemiga, por lo que tampoco había una excesiva presión sobre l’Armée de l’Air para proporcionar ese apoyo… Así, la función de l’Armée de l’Air parecía reducida a proteger a las ciudades e industrias francesas de los bombardeos alemanes (no olvidemos que Alemania había bombardeado ciudades polacas pocos meses antes). Esta función tenía la ventaja añadida de que los cazas eran notoriamente más económicos que los caros bombarderos polimotores, pero implicaba la dispersión de los cazas franceses por todo el territorio nacional.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.