Seguridad Internacional y derechos humanos: una reflexión a partir de los aportes del cosmopolitismo crítico y el liberalismo ofensivo

MARÍA EUGENIA CARDINALE

Universidad Nacional de Entre Ríos y Universidad Nacional de Rosario, Argentina

 

Title: International Security and Human Rights: an Examination through Critical Cosmopolitarianism and Offensive Liberalism Approaches

Resumen: Este artículo se propone reflexionar, considerando los principales debates de las Relaciones Internacionales, acerca de dos propuestas teóricas actuales sobre la seguridad internacional: el cosmopolitismo crítico y el liberalismo ofensivo. Ambas perspectivas dan centralidad a la vinculación de aquella con los derechos humanos para pensar los abordajes y prácticas de seguridad.

La seguridad internacional ha cobrado un lugar centra en los debates disciplinares en el presente siglo y ha dado lugar a una serie de propuestas que buscan innovar las formas y contenidos de la misma. Entre las proposiciones más recientes resaltan el cosmopolitismo en sus vertientes más críticas y una particular versión del liberalismo que se define como ofensivo o intervencionista, suele asociarse a las políticas seguritarias de Estados Unidos. Especialmente este último enfoque no ha tenido suficiente atención en la literatura hispanoamericana. Por ello, el objetivo es describir, comparar y poner en cuestión estas propuestas a modo de sustento de análisis para la vinculación seguridad internacional-derechos humanos.

Palabras clave: Seguridad Internacional, Cosmopolitismo, Liberalismo, Derechos Humanos, Debates en Relaciones Internacional.

Abstract: This paper will examine two theoretical perspectives about International Security, through the theoretical framework of IR (International Relations) Debates. The focus will be on “thin cosmopolitarianism” and offensive liberalism. Both approaches emphases the linkage between international security and human rights as the core of ideas and practices in the field.

International Security has a central role in IR contemporary debates and within them has emerged proposals that pursue the aim of presenting innovative forms and contents for security. Among those approaches experts highlights critical views of cosmopolitarianism and a specific form of liberalism called offensive or interventionist, usually associated with USA security policies. Particularly, this last perspective has not received enough attention in Spanish IR literature. Therefore, the aim of this paper is to review, to compare and to call into question both perspectives, considering that as a basis for analyze international security-human rights relationship.

Key words: International Security, Cosmopolitarianism, Liberalism, Human Rights, International Relations Debates.

Recibido: 26 de agosto de 2016

Aceptado: 3 de febrero de 2017

Para citar este artículo/To cite this article: María Eugenia Cardinale, “Seguridad Internacional y derechos humanos: una reflexión a partir de los aportes del cosmopolitismo crítico y el liberalismo ofensivo”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 3, No. 1 (2017), pp. 127-148. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.5.7

 

Introducción

Desde la posguerra fría en adelante la seguridad internacional ha entrado en un profundo debate en las Relaciones Internacionales (RRII). En el presente siglo ha logrado constituirse en un subcampo disciplinar propio, de acuerdo a Buzan y Hansen (2009), especialmente luego de los cambios producidos en su definición a partir de los atentados de 2001 y la denominada “guerra preventiva al terrorismo”[1] de Estados Unidos.

Las discusiones acerca de la seguridad internacional han sido planteadas contra el mainstream racionalista, objetivista y materialista de los estudios en seguridad prevalecientes en EE.UU. (Buzan y Hansen, 2009. Booth, 2007. Krause y Williams, 2002. Burchill [et. al.], 2005). O en todo caso, centrados en Occidente.

En este escenario, se modificaron las nociones clásicas acerca de la Defensa, la seguridad nacional e internacional, superponiéndose entre sí, borrando las especificidades de acción y objetivos de cada una. Se ampliaron los componentes inherentes a la seguridad, pasando de elementos propios de los campos del desarrollo y la protección de derechos a formar parte de una mirada “seguritizada”[2] de la realidad.

Lo cierto es que se produjo una profundización y ampliación de los estudios sobre seguridad, que Buzan y Hansen (2009) definen como “critical and widenningperspectives” opuestos a los estudios estratégicos propio del realismo.

Orozco (2006), por su parte, define dos grandes enfoques: el primero, parte de una visión restringida de la seguridad cuyo objeto referente es el Estado y su integridad, se centra en cuestiones militares y económicas. El segundo enfoque, que denomina como expansivo, incorpora otras problemáticas no tradicionales y sus objetos referentes varían de la persona humana a los grupos sociales o comunidades hasta la comunidad internacional.

Diego Cardona Cardona (2004) establece tres tipos de expansión en torno al entendimiento sobre la seguridad: vertical, entre lo internacional-global pasando por lo societal y humano; horizontal, en la ampliación de los temas que trascienden lo estratégico-militar; del signo de la seguridad, no solo como negativa (frente a las amenazas) sino en términos positivos como las acciones para lograr sustentabilidad de las estructuras seguritarias.

Los enfoques desde la Seguridad Humana (SH) en adelante serán ampliatorios y extensivos en las tres dimensiones tenidas en cuenta por Cardona (2004), porque el objeto referente ya no será el Estado, ni como sujeto a proteger ni como sujeto principal de amenaza externa. Diferentes referentes de seguridad, nuevas y amplias amenazas transnacionales son las claves. En palabras de Abad Quintanal (2015): “Así, a la preocupación por la supervivencia se sumaría en muchos casos otra serie de cuestiones relativas a las condiciones de vida.”

Prevalecerán en los debates de seguridad del siglo XXI los enfoques alternativos y especialmente los denominados críticos por la bibliografía (Buzan y Hansen, 2009. Booth, 2007) que aquí identificamos como cosmopolitismo crítico. La otra vertiente de estudios que tendrá fuerte presencia en el debate es el liberalismo ofensivo y se asocia a las políticas seguritarias de la principal potencia global, Estados Unidos. La diferencia entre ambos se centrará principalmente en su rechazo o apoyo a la “guerra contra el terrorismo”, el rol del Estado hegemónico y las intervenciones militares en combate de las “nuevas amenazas”, respectivamente.

El presente estudio se orienta a contraponer ambas propuestas, el cosmopolitismo crítico y el liberalismo ofensivo, señalando similitudes y diferencias. Especialmente se tiene en cuenta la centralidad que ambas perspectivas otorgan a los derechos humanos para pensar la seguridad internacional pero con claras divergencias a la hora de definir cómo debería administrarse la gobernanza para la seguridad global.

Nos proponemos problematizar la relación seguridad internacional-derechos humanos a partir de estos enfoques, poniendo en cuestión algunas de sus afirmaciones. Para ello se ordenan metodológicamente los abordajes considerando las siguientes variables de caracterización de la seguridad internacional: objeto referente; amenazas o peligros; fundamentos y valor del objeto a proteger; medios específicos de acción; responsables de la seguridad.

Se estructura el artículo en dos títulos. En el primero, se tratan los dos principales campos rivales del debate en seguridad internacional. El segundo cuenta con dos subtítulos: en primer lugar, se describe y analiza el cosmopolitismo crítico; el siguiente subtítulo se ocupa del liberalismo ofensivo. Por último, se presentan reflexiones finales.

 

Vertientes ampliadas/expansivas de la seguridad internacional

Tradicionalmente, desde la paz de Westfalia en 1648, las relaciones internacionales estuvieron signadas por el rol del Estado-nación como actor único en el plano internacional, bajo los principios de soberanía territorial y la igualdad de derechos de los Estados. En términos de defensa cada Estado tendrá la facultad de autodefensa y la capacidad de utilizar los medios que crea necesarios para defender sus intereses nacionales (represalias o guerra). Se relaciona con los postulados de la teoría realista y supone ante todo la seguridad nacional, la defensa de la integridad territorial e institucional del Estado en un sistema anárquico. Tanto la amenaza como la seguridad son medidas objetivamente, en términos materiales.

Para precisar los diferentes modelos, que van a poner en cuestión esta mirada tradicional, es necesario tener en cuenta algunas especificidades teóricas en torno a los debates y propuestas. Las vertientes liberales concentradas en los Estudios para la Paz durante el siglo XX, van a sufrir un quiebre. Los autores interdependentistas (Keohane y Nye) de la década del setenta que proponían superar la visión realista entrarán en una profunda discusión con los realistas. Este Tercer debate sufrirá una reconversión de sus principales contendientes que terminarán por aunarse como el mainstream racionalista. Los neorrealistas (Waltz, Walt) y los neoliberales o institucionalistas liberales compartirán el mismo encuadre epistemológico y una base común para definir el sistema internacional, pero enfatizarán soluciones diferentes.

Para la cuestión de la seguridad internacional entonces, mientras que el neorrealismo mantendrá los parámetros tradicionales sobre seguridad nacional y estudios estratégicos, los neoliberales harán hincapié en la cooperación y los regímenes internacionales pero ambos mantendrán la centralidad del Estado como objeto referente, con sus matices. Estas teorías y enfoques constituirán uno de los soportes del Cuarto debate, el otro será definido como “reflectivistas” incluyendo un conjunto amplio de miradas y corrientes de abordaje teórico.

Por otra parte, en la fragmentación que sufrirá el liberalismo, aparecerán enfoques cosmopolitas sustentados en la propuesta de derecho cosmopolita kantiano. Estas corrientes harán un corrimiento del objeto de seguridad desde el Estado hacia el individuo o hacia la comunidad global. Su pensamiento busca retomar/ampliar el idealismo clásico en RRII y tiene fuertes componentes normativos. Dentro de éstos surgirán propuestas que se definen como wilsonianismo[3] de línea dura (Booth, 2007) o liberalismo ofensivo (Gilmore, 2014).

Se complejiza la caracterización teórica al tener en cuenta otros enfoques plegados a concepciones cosmopolitas de la seguridad que se autodefinen como críticos. Aquí las vertientes teóricas se abren, sus bases serán Kant pero también Marx, la Escuela de Frankfurt, el estructuralismo francés, el postestructuralismo, el feminismo. Comparten con los liberales la importancia de un nuevo objeto referente de la seguridad, la persona humana o la humanidad en su conjunto. Lo definiremos como cosmopolitismo crítico.

El cosmopolitismo, en general, da una importancia central a los derechos humanos, y en especial en relación a la seguridad, pero esta segunda vertiente tendrá como fin último el logro de la emancipación con un sustento en la solidaridad.[4]

Un punto intermedio entre las posturas racionalistas y “reflectivistas” (todos los demás mencionados) lo constituye el constructivismo con sus matices.[5] Lo importante de su aporte es que el objeto de la seguridad debería estar centrado en las colectividades y grupos ya que las identidades de los mismos transmiten una forma de vinculación internacional específica mediante el Estado.

A diferencia de Buzan (2009) entendemos aquí que los estudios críticos o alternativos  constituyen la mirada prevalente en seguridad a nivel global, se define la misma -en tanto consenso generalizado entre los especialistas, las organizaciones internacionales y gobiernos-  por las siguientes características:

1. La condición interméstica de la seguridad: la tradicional división entre seguridad pública y defensa ha sido debilitada reconociendo el carácter transnacional de las amenazas, ya no focalizadas en la agresión externa de otro Estado. Existe, por tanto, una superposición de cuestiones de seguridad y defensa que diluye las diferencias y las medidas a tomar en cada caso.

2. La multidimensionalidad:ya no incluye con exclusividad cuestiones estratégico-militares y territoriales sino que incorpora lo ambiental, lo económico, lo social, lo institucional, la salud como factores esenciales.

3. Las nuevas amenazas como foco de atención para la seguridad internacional:éstas son no tradicionales, transnacionales y asimétricas dado que hacen uso de la violencia pero con modos diferentes a los estatales o son vectores/causa de ella. Entre las mismas se identifican: el terrorismo, el crimen organizado y el narcotráfico, riesgos ambientales, proliferación de armas de destrucción masiva, las migraciones, la exclusión social, entre otros. Estas amenazas mantienen entre sí una relación de interdependencia, están entrelazadas (Cardinale, 2013).

Será la propuesta del PNUD[6] en su informe de 1994 acerca de la Seguridad Humana (SH) la que abra las posibilidades de ampliación de la conceptualización y la práctica de la misma incorporando el nexo con los derechos humanos. Brevemente, esta iniciativa será definida comprendiendo que es una preocupación por la vida y la dignidad humana, no por las armas, toma en cuenta las denominadas nuevas amenazas globales cuyo carácter no estatal y transnacional cambia la visión tradicional acerca de las mismas.

La SH debe concentrarse en cuatro características: Es universal: atañe a la gente de todo el mundo, tanto en países ricos como en países pobres. Hay amenazas comunes como el desempleo, los estupefacientes, el delito, la contaminación y las violaciones de los derechos humanos. Es interdependiente: cuando la seguridad de una población está amenazada en cualquier parte del mundo, esto afectará al resto por la misma interdependencia de un mundo global. La forma de operar sobre la seguridad humana es la prevención de las amenazas: es mucho más fácil que actuar una vez que ya se presentó el fenómeno de riesgo (el hambre, la enfermedad, la contaminación, el tráfico de estupefacientes, el terrorismo o la desintegración social). La seguridad humana está centrada en las personas: trasciende a los Estados como implicados exclusivos (PNUD- IDH, 1994: 25-26).

Por otra parte, la SH tiene varios componentes, lo que implica el reconocimiento de la multidimensionalidad en su abordaje. Hay que tener en cuenta las siguientes dimensiones: económica, medioambiental, sanitaria, política, comunitaria, personal, alimentaria.

Dos libertades definen la SH: libertad frente al miedo y libertad frente a la necesidad. Por ello apuesta por la prevención, la protección de las personas, la cooperación multilateral y la creación de instituciones internacionales que den respuestas no violentas a problemas diversos y complejos. Especialmente porque considera que la soberanía está debilitada frente a las nuevas amenazas.

Lo cierto es que a partir de la SH se consolidarán las tendencias ampliatorias de la seguridad, las nuevas amenazas a considerar y la interdependencia entre la seguridad mundial y los derechos humanos. Esta categoría será retomada, cada vez con mayor peso, no solo por académicos sino también por instancias gubernamentales para fundamentar nuevos abordajes en seguridad.

No pueden analizarse debidamente el cosmopolitismo crítico o el liberalismo ofensivo sin considerar primeramente las propuestas de la SH, cuya comprensión de la complejidad internacional y los peligros o riesgos asociados a ella son claves. A partir de aquí nos centraremos en las propuestas específicas que aborda este artículo.

Seguridad multidimensional y ampliada: dos opciones divergentes, cosmopolitismo y liberalismo ofensivo

Siguiendo a Buzan y Hansen (2009: 188) se puede considerar que Postguerra fría, aquellos enfoques expansivos de la seguridad, a pesar de sus diferencias internas, buscaron una profundización en el objeto referente que fuera más allá del Estado, extendiendo el concepto para incluir otros sectores además del militar, dando el mismo énfasis a las amenazas domésticas y transfronterizas y permitiendo transformar la lógica conflictiva de la seguridad propia del realismo.

Los estudios críticos de seguridad comparten con la SH la idea de centrar en la persona cualquier referente posible para la misma y la búsqueda de un orden mundial más pacífico y más justo (Buzan y Hansen, 2009).

El cosmopolitismo crítico y el liberalismo ofensivo mantienen la aceptación compartida de una necesaria ampliación de los entendimientos sobre la seguridad y existen coincidencias que aparecen en las dos propuestas teóricas, por ejemplo en relación a las amenazas a considerar, sin embargo, la divergencia medular se centra en el rol del Estado hegemónico: mientras que el cosmopolitismo apunta a una multilateralización de la seguridad y una mayor participación de actores no gubernamentales, el liberalismo ofensivo comprende que solo un Estado poderoso es capaz de garantizar el derecho internacional y los principios universales.

 

La propuesta cosmopolita de Booth y la seguridad mundial

De acuerdo a Gilmore (2014) el cosmopolitismo crítico que aparece como dialógico para Linklater, realista en Beck y pragmático en Booth, pretende una reconciliación entre lo universal y lo particular proponiendo diálogos transculturales. El cosmopolitismo se encuentra así asociado a prácticas y procesos que abrazan diferentes tipos de modernidad, se sustenta en un ethos empático que se logra mediante experiencias de interacción culturales.

Para el cosmopolitismo crítico, en específico para la seguridad internacional tomaremos a Booth (2007). De acuerdo al autor, las confrontaciones interpretativas entre el mainstream y las posturas críticas creció luego del 2001 y la “guerra preventiva al terrorismo” de EE.UU.

Definirá a estas posturas críticas de manera amplia y entenderá que están en tensión y no son homogéneas. Dicha tensión se da entre elneomarxismo, la Escuela de Frankfurt y el posestructuralismo en RRII. Lo que los une a todos, además de una sensibilidad postmarxista, es la democracia. Otro elemento central de influencia es, para el autor inglés, Kant. De hecho, la posibilidad de unas relaciones internacionales sustentadas en principios cosmopolitas deviene de las propuestas de este pensador.

Desde la perspectiva de Booth (2007), los estudios críticos proponen un enfoque del mundo sustentado en las ideas inacabadas de la Ilustración, los puntos centrales que marcan su opción filosófica serían: privilegio de la razón (y de sujetos auto-constituidos); los principios de libertad, reciprocidad, tolerancia; universalismo, secularismo, reflexión crítica y disenso; una política que privilegia la equidad, la democracia, la emancipación, la transparencia, el republicanismo, la justicia social, la ley y las libertades civiles.

Serán precisamente estos elementos que toma el cosmopolitismo crítico como valores esenciales el foco de las críticas postcoloniales y estructuralistas. Justamente, el bagaje filosófico de la Ilustración sirvió de sustento ideológico para muchas de las acciones coloniales occidentales en el resto del mundo,al considerar las mismas como una acción positiva que permitía llevar el “progreso”.

Con esta base de la Ilustración, los estudios críticos introdujeron siete ejes de análisis: 1. Comunidad (inclusión y exclusión, ciudadanía cosmopolita); 2. Ética (comunidades dialógicas); 3. Democracia (global); 4. Globalización; 5. Fuerza (a partir de las intervenciones humanitarias suscitaron el debate para su definición como solidaridad entre la sociedad de Estados o como imperialismo liberal); 6. Economía (hay que terminar con la falsa separación entre política y economía y economía y ética); 7.  Medio Ambiente (como asunto global común). (Booth, 2007: 56)

Booth (2007) define su enfoque crítico global como: universalista; inclusivo, abraza a todas las culturas e ideas; normativo, las ideas políticas dependen de un racionamiento ético a través del diálogo; equitativo; emancipatorio, porque su objetivo último es promover la libertad; progresista, pretende unir teoría y práctica; crítico, se para por fuera del statu quo buscando identificar la opresión y luego desarrollar las herramientas para el cambio.

Lo paradójico es que este conjunto de ideas se presentan como universales y comunes a la humanidad cuando las interpretaciones situadas acerca de la libertad, la democracia, la comunidad y la propia globalización son diversas entrando muchas veces en contradicción entre sí. En ese sentido, se comprende aquí que desde el cosmopolitismo crítico es posible una cooperación dialógica siempre y cuando se acepten condiciones sine qua non predeterminadas por el pensamiento occidental de la Ilustración, no siempre se habilita a poner en cuestión determinados parámetros propios por parte de las otras culturas e ideas en ese diálogo.[7]

¿Cómo se traducen estos elementos considerados en relación a la seguridad desde una perspectiva crítica?

En relación a la guerra al terrorismo Booth afirma críticamente:

El número de muertes de la Guerra contra el Terror (o cualquiera sea la etiqueta elegida para la lucha contra el terrorismo internacional orquestada por el Estado más poderoso del planeta) han aumentado inexorablemente desde el 9/11, con un creciente número de víctimas por las acciones terroristas […] y un número desconocido de asesinatos como resultado de las campañas sucias que la respuesta antiterrorista ha legitimado (Booth, 2007: 15. Traducido propio).

En primer lugar, dirá el autor es necesario abandonar los marcos de referencia tradicionales de los estudios en seguridad derivados de la combinación entre: foco anglo-estadounidense; estadocéntrico, militarizado, masculinizado, ‘top-down’, metodológicamente positivista y filosóficamente realista […]” (Booth, 2007: 28. Traducido propio).

Todas las miradas ampliatorias y expansivas de la seguridad se oponen al realismo, es contra el mainstream racionalista y más profundamente contra la centralidad del Estado y lo estratégico militar como enmarcan sus enfoques. De hecho, algunos autores como Tulchin (2006) y Booth(2007) definirán la guerra al terrorismo como exacerbación de principios realistas, lo cual es cuestionado aquí dado que la mayoría de los autores realistas se opusieron a la política exterior de Bush por sus tendencias a la supremacía y sus opciones valorativas entre bien y mal.[8]

Booth (2007: 100) interpreta que hay elementos esenciales a la seguridad que no están en tensión y frente a los cuales todo el mundo coincide: “The standard dictionary definition states that security ‘means the absence of threats”. Esto a su vez conlleva implícito lo siguiente: la existencia de un objeto referente (algo o alguien está siendo amenazado), peligros efectivos o inminentes y el deseo de escapar de las posibilidades de daño.

No es, entonces, la definición o aceptación básica de lo que constituye la seguridad lo cuestionado o problemático sino las decisiones y formas que efectivamente se seleccionan para accionar en la política mundial. El autor inglés entenderá la inseguridad como una vida vivida con miedo, esto abarca amenazas directas relacionadas con la violencia y también amenazas indirectas. Estas últimas se relacionan con las condiciones de vida, son amenazas que provienen de opresiones estructurales como la pobreza; lo importante es que mientras más riesgo produzcan estas situaciones estructurales más condicionada/determinada será la vida de las personas.

En ese marco, es necesario distinguir entre seguridad y supervivencia para diferenciar el pensamiento crítico del realista. Frente a la violencia armada, la supervivencia se convierte en prioritaria porque se está amenazando la posibilidad de existencia misma (de un Estado, un individuo, un grupo). Pero la seguridad va más allá de esto, se asocia a una vida tolerablemente buena, a la condición donde pueden perseguirse sin peligro ni riesgo los deseos y ambiciones políticos, sociales o de cualquier otra índole. “In this sense security is equivalent to survival-plus (the plus being some freedom from life-determining threats, and therefore space to make choices)” (Booth, 2007: 102).

La seguridad entonces refiere a vivir con autodeterminación, sin condicionantes sobre las posibilidades de elección. La seguridad se logra con emancipación de acuerdo a Booth (2007): “Security allowschoice”. Los poderosos (individuos, regímenes o Estados) manipulan la inseguridad para poder mantener a los débiles tal como están. “La supervivencia es estar vivo, la seguridad es vivir” (Booth, 2007).

No habrá emancipación mientras existan formas de opresión, es decir, cuando la gente se encuentre privada de alimentos, conocimiento o libertad. Según Booth (2007: 114) la seguridad mundial será possible cuando:

[…] emancipatory politics made progress in eradicating structural and contingent oppressions. Through this process, people would explore what humanity might become, in terms of peaceful and positive relations, increasingly free of life-determining insecurity: the self-realization of people(s) would evolve not against others, but with them.

Coincidimos ampliamente con esta definición de una vida buena posible y sustentada en la autodeterminación, también en la necesidad de diferenciar seguridad y supervivencia. La autodeterminación es fundamental para analizar la problemática en regiones periféricas, también lo es la justicia social y la eliminación de condicionantes estructurales que determinan opresiones socio-económicas. Sin embargo, nos alejamos de algunos supuestos filosóficos planteados por la Ilustración porque remiten peligrosamente a definiciones de las potencias occidentales que históricamente han condicionado/limitado, paradójicamente, la autonomía de los pueblos del Sur.

El tercer elemento involucrado en el logro de la seguridad mundial es la idea de comunidad, el autor afirma que no es con la lógica de lo internacional en tanto relaciones entre entidades políticas separadas por fronteras y con diversos intereses como se logrará. De allí la necesidad de pensar en términos mundiales, de toda la humanidad como un nosotros, debemos abordar la seguridad desde la búsqueda de un “nosotros-global.”

 La propuesta de comunidad, tal como es analizada por el cosmopolitismo, a nivel global significa concepciones no orgánicas y translocales también para la seguridad mundial (Booth, 2007: 137). Las comunidades de valor comparten estándares y principios donde además se pretende alcanzar un sentido compartido de “vida buena.” Es un tipo de comunidad sustentada en ideas y una ética compartida cuyo objetivo es la solidaridad alrededor de un ideal, no se asocia con espacios geográficos.

It looks to the building of world security on a platform of growing world community, organized through a pattern of global governance made up of a network of emancipatory communities, including cosmopolitan states. All these institutional nodal points will be bound by commitments to promoting equality, humanizing power, and embedding human rights without presuming particular collective institutional forms; nonetheless, all will seek to fulfill ‘democratic, political promise’ (Booth, 2007: 148).

En ese marco, la seguridad mundial debe ser definida como recíproca rompiendo con los estándares nacionalistas y estadocéntricos de la ortodoxia en los estudios de seguridad. Esta “visión ortodoxa” ha promovido la idea de la seguridad definida contraotros mientras que la propuesta crítica de Booth busca definir la seguridad mundial como un valor instrumental, promoviendo un entendimiento sobre la misma recíprocamente como parte de la creación de una humanidad más inclusiva.

Para este análisis interesa especialmente la noción de reciprocidad para pensar la temática, ya que solo cuando puede ser alcanzada en términos iguales y equitativos para todos los miembros (sean individuos, grupos sociales o Estados) la seguridad puede volverse un hecho. Sin embargo, no se considera viable la creación de un “nosotros global” porque en el marco internacional la característica histórica, y aún actual, es la desigualdad y la jerarquía. Antes de pensar en “la humanidad” los pueblos de la periferia deberían lograr el respeto de su autonomía, autodeterminación -política, económica y cultural- para recién luego proyectar posibilidades cosmopolitas. La construcción de una unidad global requiere primero la existencia de equidad, una modificación profunda del sistema; recién así podrían potenciarse los ámbitos de integración dialógica y de gobernanza común.

Volviendo a la seguridad mundial se afirma que es una propuesta expansiva cuyo objeto referente es el individuo y la humanidad, la seguridad de unos promueve y garantiza la de todos.

Entre las amenazas que Booth (2007) menciona se subdividen en términos estratégicos: la potencial nueva guerra fría entre EEUU y China, la proliferación de armas nucleares, la dispersión de nuevos grupos terroristas hacia nuevos territorios y comunidades, la proliferación de Estados fallidos que derive en conflictos étnicos, genocidios y migraciones masivas, entre otros. En relación a las amenazas que presenta la globalización: la erosión de culturas y economías, la propagación de pandemias, el crecimiento de la radicalización y el terrorismo, abusos a los DDHH, contaminación ambiental y colapsos económicos en interacción con conflictos étnicos u otras inseguridades.

Frente a las últimas, es necesario cambiar los parámetros en que está siendo dirigida la globalización promoviendo el comercio justo, la cancelación de deudas externas, la erradicación de la pobreza y la equidad, el respeto mutuo entre diversas culturas y grupos y el reconocimiento mutuo. La necesidad de cambiar la relación entre el ser humano y la naturaleza es fundamental. Por todo ello, es imperativo crear redes de gobernanza global distintas a las planteadas por los más poderosos. Coincidimos con estas proposiciones de Booth, pero se pone en duda la posibilidad real de que los actores “poderosos” acepten parámetros de gobernanza global diferentes a los promovidos hasta ahora dado que con ello podrían verse perjudicados sus intereses.

En relación a la variable herramientas para la seguridad, para el autor de la escuela de Aberysthwyth, el primer objetivo se refiere a la violencia política. No hay que pretender la eliminación del uso de la fuerza, dado que en situaciones de legítima defensa es necesaria, pero se debe lograr la mayor marginalización y deslegitimación posible de la violencia como instrumento de política exterior.

La guerra preventiva solo enfatizó el uso de la violencia y además, lo hizo en forma ilegal, innecesaria y no inteligentemente (Booth, 2007: 431). Por ello, la construcción de confianza es fundamental para la seguridad mundial.

Con respecto a los Estados poderosos, en especial EE.UU; el autor dirá que es preciso respetar la democracia y la ley internacional, terminar con el excepcionalismo y el doble estándar, aun cuando eso implique no obtener lo que se desea.  Otro componente central es el respeto por los derechos humanos, la guerra no puede habilitar abusos que soslayen la condición de humanidad de los prisioneros, los enemigos o las poblaciones civiles en nombre de “daños colaterales” del conflicto (Booth, 2007: 437).

Por último, y esto es un elemento de diferencia fundamental con el liberalismo ofensivo, Booth alegará la necesidad de un cambio en la globalización. Es necesario “humanizarla” para poder pensar en términos de equidad económica, cultural y social; por lo tanto, entiende que la lógica neoliberal que subyace detrás de la misma ha generado grandes desigualdades, concentración de la riqueza y pobreza. La cuestión de la justicia social aparece como un componente esencial de un “nosotros-global” que garantice la seguridad mundial.

           

El liberalismo ofensivo o wilsonianismo de línea dura

Kant es la fuente filosófica primaria tanto para el cosmopolitismo crítico como para el liberalismo internacionalista clásico o idealismo en Relaciones Internacionales, revitalizado en los debates contemporáneos a través de la seguridad humana y aportes cosmopolitas. Algunos puntos del pensamiento kantiano serán también retomados por un liberalismo más intervencionista y militarista.

Autores como Booth (2007); Gilmore (2014); Miller (2010); Pacheco (2011); Barkawi (2010); Chandler (2008); Saso Muñoz (2009) reconocen un internacionalismo ofensivo con base en el pensamiento liberal.

Siguiendo a Danilo Zolo (2007) la discusión principal en RRII se mueve entre dos perspectivas del mundo: una particularista que prioriza los Estados como sujetos de derecho y responsabilidad internacional tomando como eje el respeto a la soberanía y la no intervención; una universalista que, comprendemos aquí, está detrás -y como trasfondo- de todas las posturas ampliatorias de la seguridad desde la seguridad humanaa la seguridad mundial o global (defendida tanto por el cosmopolitismo como por el liberalismo ofensivo). Estas últimas, según Zolo, alientan un régimen humanitario global regido por un “derecho cosmopolita” donde los sujetos serían los individuos y ya no los Estados, o no solamente los Estados; habilitando en nombre de ese derecho una serie de intervenciones en defensa de la humanidad o los derechos humanos.

Para el liberalismo ofensivo, a diferencia del resto de los enfoques, solo un Estado con primacía puede sostener ese derecho internacional común bajo el rol de decisor supremo, primando entonces un sostenimiento de la jerarquización de las relaciones internacionales.

Por su parte, el cosmopolitismo en sus dos vertientes defiende el principio reciente de “responsabilidad de proteger”[9] (ver Ikenberry, 2006. Bellamy, 2009) o alguna forma de intervención humanitaria, de igual manera lo hará el liberalismo ofensivo pero con un componente distintivo frente a los anteriores: la necesidad de defender la democracia y los derechos humanos puede conllevar la urgencia de la acción y, por lo tanto, puede hacerse unilateralmente sin esperar legitimidad de las instituciones internacionales.

Miller (2010) dirá que el liberalismo en RRII, en general, coincide en sus objetivos universales para el orden mundial, sin embargo, el autor distingue entre dos vertientes de esta corriente: ofensivo y defensivo.

Es central la tesis de la paz democrática[10], de allí se deriva una cuestión fundamental para el liberalismo ofensivo que es la búsqueda de la difusión internacional de democracias liberales por todos los medios, aún mediante el uso de la fuerza. Se debe, de acuerdo al liberalismo ofensivo, imponer la democracia.

El justificativo se encuentra en el liberalismo que, en general, considera que las intenciones de los Estados son la clave, el carácter doméstico del Estado y su ideología dominante dará forma al comportamiento del actor en la arena internacional. Por ello, como las democracias liberales no libran guerras entre sí, la paz y la seguridad internacional se alcanzarán a medida que las mismas se esparzan a nivel global (Miller, 2010: 570). El otro eje central, tal como lo planteó Kant con respecto al comercio, es el libre mercado que al generar interdependencia entre las economías nacionales hace más difícil la intención de ir a la guerra dados los beneficios materiales del intercambio, desincentivando cualquier agresión militar, punto claramente cuestionado por el cosmopolitismo crítico tal como se desarrolló. El liberalismo asume también que tiene aplicabilidad universal trascendiendo cualquier división nacional o cultural.

En concreto el liberalismo ofensivo:

[…] doubt the effectiveness of international institutions in the absence of strong US hegemonic leadership. Powerful constraints on the hegemon make international institutions and collective action unproductive. Due to the problematic effectiveness of multilateralism, the hegemon must, on occasions, also take unilateral actions. In their eyes, US leadership is the key to decisive and effective international actions for providing common goods such as peace and security, among others – through unilateral means if necessary (Miller, 2010: 572).

Para Miller, dos son las fuentes teóricas principales del liberalismo ofensivo (también liberalismo intervencionista) Paine y Wilson. Más que Kant, será Thomas Paine y su propuesta de “liberalismo revolucionario” cuyo objetivo es la imposición de la democracia y la paz global mediante el uso de la fuerza, quien ha promovido las bases para el pensamiento bajo análisis. Wilson ha representado las dos vertientes de liberalismo (defensivo y ofensivo) y de acuerdo al autor ha sembrado tanto un internacionalismo liberal como un liberalismo intervencionista; para estas últimas acciones se pueden tomar las intervenciones en América Central y el Caribe como ejemplos esclarecedores (Miller, 2010: 574).

De acuerdo a Booth (2007) el wilsonianismo puede ser entendido como una tradición que se identifica con la idea de aplicabilidad universal de los valores de EE.UU. sobre todo, democracia y estado de derecho; esto incluye el promover los mismos de manera mayor o menormente pacífica. El wilsonianismo no es un pensamiento esencialmente orientado a la democracia o el internacionalismo sino al excepcionalismonorteamericano. La versión imperialista (o de línea dura) del wilsonianismo es entendida como una mixtura compleja entre “ambición ideológica y maximización del poder” (Booth, 2007: 291).

En cuanto a los medios específicos de acción: “[…] el liberalismo ofensivo también cree que afectar las intenciones básicas y el régimen interno del adversario, en dirección a una liberalización, constituye la manera más efectiva y la solución fundamental para el problema de la seguridad y la paz” (Miller, 2010: 577. Traducido propio). Esto requiere -y se sustenta en- el uso del poder duro o militar. Implica acciones a desarrollarse, generalmente, en países más débiles que incluya un cambio de régimen político y también económico, garantizando el libre mercado.

Frente a otras potencias aceptan el principio realista del balance de poder mientras que para los Estados periféricos es posible utilizar una serie de mecanismos de presión para imponer el libre mercado e inducir cambios de gobierno (Miller, 2010).

Los representantes más acabados de esta modalidad de liberalismo son los suscriptores de la carta de apoyo a la guerra preventiva contra el terrorismo entre ellos destacan Walzer, Huntington y Fukuyama[11] (ver sitio American Values). Remarcamos la definición de los valores norteamericanos en su declaración: existen verdades morales universales que los “Padres Fundadores” han denominado derechos naturales; libertad de conciencia y libertad de religión como base de la dignidad humana y precondición necesaria para cualquier otra libertad. Más aún, asocian explícitamente los “valores americanos” como universales (A letterfromAmerica, 2002, Institutefor American Values).

En relación a la guerra al terrorismo y la política exterior de EE.UU. específicamente, el liberalismo ofensivo va a defender la hegemonía norteamericana y justificar la necesidad de la misma: “Cabe esperar apoyo sustancial a la hegemonía de EEUU. tanto por parte de otras democracias como de las personas amantes de la libertad que habitan en no-democracias, esperanzados en la ayuda de EE.UU -incluyendo las medidas coercitivas- para que libere sus países de las tiranías.” (Miller, 2010: 578. Traducido  propio). Aún más, afirman el excepcionalismo norteamericano dado que entienden que EE.UU. no necesita legitimar sus acciones en organizaciones multilaterales como Naciones Unidas especialmente frente a Estados no-democráticos.

Cuando los autores de la “carta desde América” se preguntan si la guerra es justa aceptan que en el caso específico de EE.UU. frente al terrorismo lo es, porque están luchando contra “el mal”:

[…] moral reflection also teach us that there are times when the first and most important reply to evil is to stop it. There are times when waging war is not only morally permitted, but morally necessary, as a response to calamitous acts of violence, hatred, and injustice. Thisisone of those times (LetterformAmerica, 2002: 6).

De hecho, Walzer ha recuperado en la discusión sobre la guerra la cuestión de lo justo o injusto de la misma propia del cristianismo medieval. Frente a la crítica que estos pensadores hacen de la utilización de Dios y la fe por parte de los terroristas de origen presuntamente islámico para justificar la violencia, paradójicamente, utilizan un argumento cristiano pre-moderno para fundamentar sus propias guerras. Clarificador es que la carta cita a San Agustín para justificar el análisis en términos de “guerra justa”.

La carta finaliza diciendo: “Los asesinos organizados con alcance global ahora nos amenazan a todos nosotros. En nombre de la moralidad humana universal, y completamente conscientes de las restricciones y requerimientos de la guerra justa, respaldamos la decisión de nuestro gobierno y nuestra sociedad de utilizar la fuerza contra ellos” (LetterfromAmerica. 2002: 9. Traducido propio).

De acuerdo a Pacheco, siguiendo a Cooper (2011) y Väisse (2011), el pensamiento neoconservador norteamericano que está detrás de la Gran Estrategia estadounidense (como se llamó a la Estrategia de Seguridad Nacional propuesta en 2002) puede entenderse como “wilsonianismo con botas”, empezará a consolidarse en los noventa, promoviendo la consecución de la hegemonía global norteamericana mediante una indiscutida preponderancia militar envuelta en una conveniente retórica sobre la defensa de la democracia y los DDHH (Pacheco, 2011: 112).

La retórica de los valores y los derechos implica una vuelta de la ética a las consideraciones de política internacional y las necesarias tareas para la seguridad internacional, que se ha instalado en todo análisis de seguridad. En este sentido, el liberalismo ofensivo comparte posturas con todas las formas del cosmopolitismo.

Con respecto a las amenazas, no habrá grandes divergencias pero el mayor énfasis para el liberalismo ofensivo estará en el terrorismo, los Estados canallas/peligrosos y sus “tiranos,” el crecimiento del poder de China, la proliferación de armas de destrucción masiva y los Estados fallidos, más cercano en el tiempo ingresarán los ciberataques.

Lo cierto es que el liberalismo ofensivo (y su defensa de la guerra al terrorismo) puso en una situación complicada al cosmopolitismo crítico toda vez que los defensores del mismo terminaron por compartir, en el plano discursivo, las mismas ideas: emancipación, promoción de la democracia y los DDHH (Gilmore, 2014: 694).

Por otra parte también comenzaron a compartir, desde una interpretación particular en este artículo, una misma retórica sobre la seguridad global, la importancia fundamental del individuo/la humanidad como objeto referente y la multidimensionalidad de su composición. El cosmopolitismo, la SH y la recuperación del idealismo contemporáneo terminaron siendo funcionales a la retórica utilizada para justificar las intervenciones en Irak, Afganistán y Libia:

Cosmopolitanism, offensive liberalism and the War on Terror project are not a ‘joint enterprise’. However, emancipation, transborder moral solidarity and the protection of human rights, all significant concerns for cosmopolitans, have been invoked repeatedly as justification for high-impact military interventions and programmes of therapeutic governance […] (Gilmore, 2014: 695).

No constituyen una perspectiva única o común, por el contrario, el cosmopolitismo crítico se presenta a sí mismo en oposición tanto del realismo como del liberalismo ofensivo, sin embargo, a decir de Gilmore(2014) y en coincidencia con él, entendemos que los pensadores cosmopolitas deben comprender que esta coincidencia de objetivos y amenazas de seguridad entre ambos perjudica sus aportes propios que pretenden ser críticos y emancipadores.

Por otra parte, los neoconservadores y el liberalismo ofensivo comparten una visión binaria de la realidad internacional dividida entre aquellos que defienden los valores democráticos o principios liberales y el “autoritarismo” que se despliega en varios territorios del mundo. Existe una claridad moral sobre determinados valores universales que permite una división del mundo entre quienes aceptan y aportan a los mismos y un Otro amenazante que se opone a dichos principios liberales “universales” y, por lo tanto, se constituye en peligro. La complejidad y la incertidumbre se reducen a dicotomías simplificadas entre el bien y el mal (Gilmore, 2014).

Lo que distingue al liberalismo ofensivo son las herramientas elegidas para promover estos valores y enfrentarse con sus antagonistas: uso de la fuerza unilateral, inducción forzada de cambios de regímenes para eliminar el autoritarismo y la necesidad de garantizar la hegemonía norteamericana como medios eficaces para el logro de una paz global duradera (Gilmore, 2014).

Coincidimos con Barkawi en que todos estos abordajes tienen como protagonista invariablemente a los países occidentales. Sustentar el cosmopolitismo, los estudios críticos o la SH en la emancipación como valor propio de la Ilustración –perteneciente al pensamiento europeo moderno- implica poner a Occidente como el agente promotor de la misma. “[…] whether in the form of Western-dominated international institutions, a Western-led global civil society, or in the ‘ethical foreign policies’ of leading Western powers” (Barkawi, 2006: 350).

Subyace detrás de esta mirada multidimensional y expansiva de la seguridad una lógica postwesfaliana para las relaciones Norte-Sur, es en el pilar jerárquico del sistema donde se considera que la soberanía está debilitada y amerita la intervención en territorios que pongan en peligro la vida humana. La imposición de la democracia, el cambio de régimen económico o cualquier otra intervención no es en el plano anárquico donde los más poderosos compiten entre sí, allí aún rige la lógica clásica del equilibrio de poder, es en la vinculación asimétrica entre los fuertes y los débiles donde la seguridad internacional cambia su eje y empuja a pensar en las “necesidades” de todos los seres humanos.

La SH, por su parte, ha sido retomada fuertemente post-2001 en los discursos gubernamentales como fuente de legitimidad de sus acciones. De acuerdo a Chandler, la misma fue incorporada al mainstrean político internacional; alegando la importancia de determinados valores, teniendo como foco las necesidades humanas de cada individuo desde una lógica desterritorializada, proponiendo aquellos elementos priorizados por la SH tales como interdependencia creciente de los fenómenos mundiales y los riesgos, las mutuas vulnerabilidades y las nuevas amenazas comunes que requieren acciones colaborativas y cooperativas (Chandler. 2008: 427).

Chandler refiere a la sugerencia de Franceschet (2006) acerca de la naturaleza intervencionista de la misma:

 […] ‘siendo cooptada por fuerzas que favorecen el atrincheramiento de un orden legal global inequitativo y no universal’, donde Estados liberales autoseleccionados pueden ‘imponer, a través de la fuerza, sus sentencias morales unilaterales hacia Estados más débiles’ […] la preocupación por la extensión de la seguridad humana parece menos dispuesta a desafiar las existentes jerarquías de poder que a institucionalizarlas (Chandler, 2008: 432. Traducido propio).

Partimos de esta afirmación de Chandler para interpretar que la SH permitió entonces institucionalizar jerarquías de poder internacional aun cuando su presentación original alegaba un desafío a las mismas. El autor también enfatiza que la SH permitió localizar las nuevas amenazas en la periferia. Si se toma el marco de los dos focos centrales de la SH: la libertad frente al miedo y la libertad frente a las necesidades claramente el mismo concierne a los Estados fallidos[12] y, en general, aquellos donde no se alcanzan las condiciones necesarias para la misma, entendida a partir de “sus nexos inseparables con la reducción de la pobreza, la construcción de capacidades estatales, los derechos humanos y la buena gobernabilidad” (Chandler, 2008: 435).

Los valores universales de la democracia y los derechos humanos de primera generación tal como los entiende el liberalismo así como los componentes de la SH y la seguridad global cosmopolita han sido utilizados, apropiados como herramientas de fundamentación para la teoría y la praxis del liberalismo ofensivo.

Los teóricos del mainstream comenzaron a dar cuenta de su preocupación por la pérdida de la reputación de EE.UU. en el mundo una vez desplegada la guerra preventiva contra el terrorismo (ver Nye, 2005). De acuerdo a Booth (2007), que retomará a varios autores, la declinación de la hegemonía de EE.UU. en el mundo comenzó mucho antes de W. Bush y se reforzó durante su gobierno, entre otras cosas, por el abuso de poder de EE.UU. asociados a los centros de detención revelados al mundo a través de Guantánamo y Abu Ghraib.

Lo cierto es que los “tanques de pensamiento” que estarán detrás de las propuestas de Obama en su campaña se harán eco de estas críticas, comenzarán a proponer acciones que tomen en cuenta el “poder blando” para recuperar la credibilidad de EE.UU. en el mundo y con ello su capacidad de influencia.

El “Center for American Progress” elaborará en 2008 un documento proponiendo una nueva estrategia y elegirán el concepto de seguridad sostenible para su definición. De acuerdo a Smith, coordinador del libro In Search of Sustainable Security, durante su visita a África pudo comprobar de primera mano el “desencanto” del mundo con su país, citando a una abogada entrevistada (de quien no da el nombre) toma la siguiente afirmación: “America solía ser el campeón para todos nosotros, y ahora es el campeón solo para sí mismo” (Smith, 2008: 1).

De allí, Smith deduce que el mundo ha perdido su fe en “America” dada la mala imagen de la seguridad nacional practicada durante el siglo XXI porque no se comprendió, en esos años, que la seguridad de EE.UU. no solo dependía de su poder militar o su influencia económica sino también de la capacidad para empujar a otras naciones que siguieran su liderazgo.

The next president will have the opportunity to craft a modern national security strategy that can equip the United States to lead a majority of capable, democratic states in pursuit of a global common good—a strat­egy that can guide a secure America that is the world’s “champion for all of us” (Smith, 2008: 2).

La propuesta es entonces la seguridad sostenible, pensada para un contexto global y la humanidad común, es una combinación entre tres enfoques: “Seguridad Nacional, o la seguridad para los Estados Unidos; Seguridad Humana, o el bienestar y la seguridad de la gente; Seguridad Colectiva, o los intereses compartidos del mundo entero” (Ibíd. Traducido propio).

La seguridad entendida de este modo permitirá moldear en forma continua la capacidad estadounidense de prevenir o defenderse de amenazas en tiempo real; de reducir la profunda inseguridad de la personas alrededor del mundo y de gestionar las amenazas de largo plazo que ponen en peligro la seguridad colectiva y global.

Cuáles son los desafíos globales, de acuerdo a este informe, que el gobierno de Bush ignoró: cambio climático, inseguridad energética, creciente escasez de recursos naturales, la proliferación de organizaciones ilegales que movilizan personas, armas y dinero. En términos de seguridad nacional los imperativos que el informe reconocía en ese momento eran: crisis en aumento en Irak, la implosión de la estabilidad en Afganistán, un Pakistán frágil, un Irán envalentonado, genocidio masivo en Sudán, creciente inseguridad de los suministros de petróleo, Corea del Norte y sus armas nucleares, y un conflicto crecientemente peligroso entre Israel y Palestina (Smith, 2008: 3).

The pursuit of sustainable security requires more than a reliance on our conventional power to deflect threats to the United States, but also that we maintain the moral authority to lead a global effort to overcome threats to our common security. With its global scope, sustainable security demands that we focus not only on the security of nation states, but also of people, on human security. An emerging concept borne of multidisciplinary analyses of international affairs, economics, development, and conflict, human security targets the fun­damental freedoms—from want and from fear—that define human dignity (Smith. 2008: 4. El resaltado es propio).

En esta propuesta se vuelve más evidente la incorporación por parte de la potencia hegemónica de las visiones cosmopolitas y de la seguridad humana. Tal como plantean Chandler (2008) y Gilmore (2014), las visiones más críticas, holísticas y orientadas a la persona humana en seguridad serán absorbidas por las gestiones gubernamentales de los Estados más poderosos como fundamento de su accionar. Se hizo hincapié en la proposición de seguridad sostenible porque este pensamiento está en la base de la política exterior de la administración Obama e implica una profundización del liberalismo ofensivo.

Brevemente, se señalan las propuestas de la actual administración demócrata que ha buscado alejarse del unilateralismo propio de la era Bush. Obama, en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010, para desvincularse de la focalización militar de la guerra al terrorismo y la mera fuerza dejará en claro que la seguridad nacional también depende de la diplomacia, del gran capital, de los expertos para fortalecer la gobernabilidad y sostener la dignidad humana, la inteligencia y la aplicación de la ley

Acciones colectivas, respeto por las normas internacionales, reforzamiento de los valores norteamericanos (democracia, DDHH y estado de derecho) aparecen como los elementos claves de esta nueva estrategia para desprenderse de las críticas al anterior gobierno. Un elemento central que se reconoce en el documento es el rechazo de la tortura, (NSS, 2010: 3) práctica que el ejecutivo habilitó para el trato a criminales terroristas en los centros de detención como Guantánamo.

La seguridad sostenible proponía como herramientas para su garantía las tres “D”: diplomacia, defensa  y desarrollo. La Estrategia de 2010 retoma exactamente estos puntos y menciona como herramientas de acción: Defensa, Diplomacia y Desarrollo, Economía, Seguridad pública (Homeland Security, desarrollada con nuevas atribuciones de vigilancia y militarización de la policía por W. Bush), Inteligencia, Comunicación estratégica, Promoción del Sector Privado y las iniciativas de la ciudadanía (en organizaciones de la sociedad civil, en proyectos creativos, etc.). (NSS, 2010: 16)

La denominada Doctrina Obama incluye el concepto de “guerra limitada” para diferenciarse de la “guerra preventiva”, global, anticipatoria e indefinida en el tiempo; en el intento por volver más pragmática la política exterior. La guerra limitada, entonces, se sustenta en una fundamentación moral de la intervención, principalmente humanitaria, pero también en la multilateralidad de las acciones, la proporcionalidad del uso de la fuerza y la legitimidad obtenida en las instituciones internacionales y en la opinión pública. La causa debe ser “justa” y estará orientada también por los intereses prioritarios de EE.UU. (Ibíd.)

Los aportes de la SH o la seguridad mundial coinciden con los discursos y justificaciones estadounidenses a la hora de accionar por la fuerza, aun cuando hayan surgido críticas a la forma (unilateralismo, excepcionalismo) en principio se aceptan mayoritariamente en la academia, en Naciones Unidas y el resto de los Estados: las categorizaciones de amenazas dadas por EE.UU, el desdibujamiento de las fronteras y con ello de las diferencias entre defensa y seguridad pública (o entre acciones internas y externas de seguridad) y la incorporación creciente de nuevas dimensiones a temas seguritarios.

Puede claramente alegarse que es la potencia hegemónica la que se ha apropiado en discursos oficiales de perspectivas que intentaron presentarse como alternativas al poder y el uso de la violencia. Sea cual sea la dirección que ha tomado esta coincidencia (top-down o bottom-up), está claro que éstas son las ideas predominantes en el orden mundial actual. Ideas que son presentadas, desde el liberalismo ofensivo en su particularidad, como universales al hablar de seguridad global, bienes comunes, etc. donde Estados Unidos se posiciona como el actor central para el logro de estos objetivos “de toda la humanidad”.

La coincidencia retórica entre cosmopolitismo y liberalismo ofensivo se diluye a la hora de poner en práctica las propuestas de seguridad. La segunda de estas vertientes tiene su foco teórico y práctico en Estados Unidos y busca principalmente garantizar el rol excepcional y de potencia única de ese Estado a nivel internacional.

 

Reflexiones finales

La creciente presencia de amenazas y peligros transnacionales, con capacidad de acción no tradicional en cualquier territorio del planeta, ha empujado a una profundización y expansión de los aspectos de la seguridad. El terrorismo, en primer lugar, pero también el narcotráfico o el crimen organizado constituyen los grandes riesgos al que deben hacer frente los Estados y los grupos humanos, especialmente por su capacidad de uso de la violencia y la amenaza que comportan para la vida humana a nivel global.

En ese marco, las propuestas contemporáneas acerca de la seguridad internacional han incorporado los derechos humanos como elementos fundamentales para su análisis y puesta en práctica. Sin embargo, es posible evidenciar contradicciones intrínsecas a esta vinculación que consideraremos a partir de las dos propuestas analizadas en este estudio.

Dos modalidades de acción han conllevado las perspectivas cosmopolitas y del liberalismo ofensivo: por un lado, una creciente intervención militar en territorios de países periféricos considerados fallidos, peligrosos o amenazantes a la seguridad global, ya sea de manera unilateral como Irak en 2003 o multilateral como Libia (2009) o Siria más recientemente.

Por otra parte, una creciente seguritización de las sociedades occidentales en nombre de las nuevas amenazas, la excepcionalidad de la aplicación de instancias de control, vigilancia y recorte de derechos se fundamenta en los niveles de riesgo y necesidad para garantir la seguridad, en ese marco encontramos vigilancia de las comunicaciones de los propios ciudadanos; criminalización de las personas migrantes o refugiadas; el tratamiento como “combatiente ilegal” (Cuadro, 2013) dado a los sospechosos de terrorismo internacional, donde se quiebran las garantías del debido proceso judicial propio del estado de derecho cuyo emblema lo constituye Guantánamo.

No es posible una gobernanza global multilateral como propone el cosmopolitismo crítico si no se modifican primero las relaciones de poder transnacional. La tendencia ha sido al recorte del estado de derecho y al soslayamiento del derecho internacional, especialmente en aquellos Estados débiles intervenidos donde se ha ignorado el derecho a la autodeterminación de los pueblos. En la aplicación concreta, no hay diálogo transcultural ni consulta a los ciudadanos de esos territorios acerca de la legitimidad de las intervenciones, aun cuando esas injerencias hayan sido acordadas en el marco de organizaciones internacionales como Naciones Unidas o desplegadas multilateralmente. Suelen intervenir las principales potencias y generalmente mediante el uso de la fuerza, mientras esta sea la praxis habitual pensar un nosotros global es cuanto menos dificultoso.

Por otra parte, las propuestas del liberalismo ofensivo acerca de la potencialidad para la seguridad y la paz global, que garantiza un Estado hegemónico en el sistema internacional, ha resultado una falacia si se analiza desde la perspectiva de los pueblos bajo violencia cruzada, el caso emblemático en este sentido es Siria. La crisis de refugiados en Europa está evidenciando claramente que los pueblos huyen de la violencia extrema, sea quien sea el responsable de la misma.

Una verdadera gobernanza en seguridad internacional no podrá desplegarse hasta que no se reconozca el derecho a la autodeterminación de las personas y los pueblos, hasta que no se legitime por parte de las sociedades periféricas las intervenciones posibles, que además podrían ser no-militares si de lo que se trata es de pensar multidimensionalmente los riesgos.

Existe una profunda desigualdad en las seguridades internacionales que las opciones ampliatorias y expansivas para las mismas no han hecho más que profundizar. Hoy la vida está en riesgo en múltiples escenarios no solo por los actores detrás de las nuevas amenazas sino también por quienes aducen enfrentarlas. 

 

Nota sobre la autora:

María Eugenia Cardinale es Doctora en Ciencias Sociales y Profesora en la Universidad Nacional de Entre Ríos (Argentina)

 

Referencias:

Abad Quintala, Gracia. (2015). “El concepto de seguridad: su transformación”, Journal of International Relations,Nº 4. Pp. 41-51.

Adler, Emanuel. (1997), “Seizing the Middle Ground: Constructivism in World Politics”,European Journal of International Relations, Vol. 3, September. Pp. 319-363. 11/09/2014: www.ejtsagepub.com

Barkawi, Tarak yLaffey, Mary. (2006), “The postcolonial moment in security studies” Review of International Studies, Nº 32, Pp. 329–352.

Barkawi,Tarak. (2010), “Empire and Order in International Relations and Security Studies”, en Denemark, Robert (ed.), The International Studies Encyclopedia, Blackwell Publishing, The International Studies Encylopedia, Vol. III, Chichester: Wiley- Blackwell. Pp. 1360-1379.

Barrios, Miguel Ángel (director). (2009), Diccionario latinoamericano de seguridad y geopolítica. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Bellamy, Alex. (2009), Guerras Justas: de Cicerón a Irak, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Booth, Ken. (2007), Theory of World Security, UK: Cambridge University Press.

Burchill, Scott [et. al.] (2005), Theories of International Relations, EstadosUnidos: Pallgrave McMillan.

Buzan, Barry y Hansen, Lene. (2009), The evolution of International Security Studies, UK: Cambridge University Press.

Buzan, Barry, Waever, Ole y Wilde de,Jaap. (1998), Security: A New Framework for Analysis, UK: Lynne Rienner Publishers.

Cardinale, María Eugenia. (2013), “Pensamiento complejo en relaciones internacionales: la cuestión de la seguridad”, Del Prudente Saber…y el máximo posible de sabor, año XIII, Nº 8, Universidad Nacional de Entre Ríos, Pp. 249-271.

Cardona Cardona, Diego. (2004), “Hasta dónde llega la seguridad: una lectura crítica de Krause y Williams”, Desafíos, Vol. 11, semestre II. 27/05/2014:http://revistas.urosario.edu.co/index.php/desafios/article/view/662

Chandler, David. (2008), “Review Essay: Human Security: The Dog That Didn't Bark”, Security Dialogue, Vol. 39, Nº 4. Pp. 427-438. 15/09/2014: http://sdi.sagepub.com

Cuadro, Mariela. (2013), “La guerra global contra el terror y el universalismo liberal: reflexiones mediante Carl Schmitt”, Relaciones Internacionales, N.º 22, Universidad Autónoma de Madrid, Febrero-mayo. Pp. 109-125. 20/01/2015:www.relacionesinternacionales.info

García, David. (2012), “La doctrina Obama, la teoría de la ‘guerra limitada’ y la nueva política exterior de EE.UU: ¿hacia una política neo-nixoniana?”,UNISCI Discussion Papers, Nº 28, Universidad Complutense de Madrid. Pp. 145-153. 26/09/2014: www.redalyc.org

Gilmore, Jonathan. (2014), “Protecting the Other: Considering the process and practice of cosmopolitanism”, European Journal of International Relations, Vol. 20, Nº 3, February. Pp.694-719. 20/10/2014 ejt.sagepub.com

Ikenberry, John y Slaughter, Anne-Marie. (2006), Forging a World of Liberty Under Law: US National Security in the 21st Century, Princeton: Princeton Project on National Security, University Of Princeton.

Institutefor American Values. (2002), What We Are Fighting For: A Letter from America. 01/12/2014: http://www.americanvalues.org/search/item.php?id=858

Kavalsky, Emilian. (2007), “The fifth debate and the emergence of complex international relations theory: notes on the application of complexity theory to the study of international life”, Cambridge Review of International Affairs, Vol. 20, Nº 3, September. Pp. 435-454.

Krause, Kaith y Williams, Michael (ed.) (2002), Critical Security Studies, U.K: UCL Press.

Larocca, Valeria. (2012), “Defensa y política exterior” en Derghougassian, Khatchik, La defensa en el Siglo XXI,Buenos Aires: Capital Intelectual.

Marquina Barrio, Antonio y Selim, Mohamad. (2003), “Security Concept, Institutions and Strategies for Co-operation Partnership and Conflict Prevention in the Mediterranean”, UNISCI Discussion Paper, Nº 2, Universidad Complutense de Madrid.05/01/2017: revistas.ucm.es

Miller, Benjamin. (2010), “Democracy Promotion: Offensive Liberalism versus the Rest (of IR Theory)”. Millennium: Journal of International Studies, Vol.38, No.3, Pp. 561–591. 20/10/2014: http://mil.sagepub.com

Naciones Unidas. (1994), Informe sobre Desarrollo Humano, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.05/09/2013: www.undp.org

Nye, Joseph. (2005), “La cultura vence a los misiles”, Diario Clarín, 10 de noviembre, Buenos Aires.

Orozco, Gabriel. (2006), Problemas y Desafíos de la Seguridad en la Globalización, Universidad Autónoma de Madrid. 14/08/2014: Centro Argentino de Estudios Internacionales: caei.com.ar

Pacheco, José Carlos. (2011), “Historia, ideas y poder americano: la visión neoconservadora”, Revista Española de Ciencia Política, Nº 27, Octubre. Pp. 107-124. 22/11/2014:www.ucm.es

Peñas, Francisco. (1997), “Liberalismo y Relaciones Internacionales: la tesis de la paz democrática y sus críticos”, Isegoría, Nº 16. Pp. 119-140. 27/09/2014: researchgate.net

Pérez Lárez, Rosa María. (2011), “Una aproximación crítica al estado actual de la teoría de las relaciones internacionales”, Mundo Nuevo, Año III, Vol. 2, Nº 7, Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela, Octubre-noviembre-diciembre. Pp. 232-252. 22/06/2014: http://www10.iadb.org/intal/intalcdi/PE/2012/10634.pdf

Sazo Muñoz, Diego. (2009), “Provocando el desequilibrio de poder: Crítica a la política exterior de George W. Bush desde la Realpolitik”, Revista Enfoques, Vol. II, Nº 10. Pp. 293-311.18/09/2014: www.redalyc.org

Smith, Gale. (2008), In search of Sustainable Security, Center for American Progress.22/07/2014: www.americanprogress.org

Tokatlián, Juan Gabriel. (2009), “La construcción de un ‘Estado fallido’ en la política mundial: el caso de las relaciones entre Estados Unidos y Colombia” en HIRST, Mónica (comp.), Crisis del Estado e intervencionismo internacional,Buenos Aires:Edhasa. Pp. 207-248.

WhiteHouse. (2002), National Security Strategy of the United State,Marzo. 19/10/2007: www.georgewbush-whitehouse.archives.gov/nsc/nss/2002

-(2010), National Security Strategy of the United State.Mayo. 01/12/2014: www.whitehouse.gov/sites/default/files

Zolo, Danilo.  (2007), La justicia de los vencedores: de Nuremberg a Bagdad,Buenos Aires:Edhasa.


[1] No solo suponía acciones a nivel global para enfrentar el terrorismo de forma unilateral, esto es, sin contar con la legitimidad del Consejo de Seguridad o la comunidad internacional, sino que además esas acciones debían desarrollarse aún antes de que se presente fehacientemente la amenaza, de allí la consideración de las mismas como preventivas. Algo que está expresamente prohibido por la Carta constitutiva de Naciones Unidas. (Ver Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU 2002)

[2] Este es un término que aparece en los estudios académicos sobre seguridad de la mano de Buzan y Waever. “To securitized (meaning the issued is presented as an existential threat, requiring emergency measures and justifying actions outside the normal bounds of political procedure)” (Buzan, Waever y Wild, 1998: 24). Securitización o Seguritización es un neologismo empleado en los estudios de seguridad para hablar de medidas de emergencia ante un asunto visualizado como amenaza existencial (Barrios, 2009: 326).

[3] Woodrow Wilson fue presidente norteamericano (1913-1921), un Idealista/liberal para sus relaciones externas, promovió la creación de Sociedad de Naciones y la Seguridad Colectiva. Es uno de los referentes centrales de este enfoque.

[4] Para algunos autores los debates propuestos por el cosmopolitismo frente al mainstream racionalista serían constitutivos de un Quinto Debate en Relaciones Internacionales (Kavalsky, 2009. Pérez Lárez, 2011).

[5] Se considera que el constructivismo no constituye una corriente opuesta al mainstream racionalista sino más bien un puente, un punto intermedio entre éstos y los enfoques “reflectivistas”. Autores como Buzan y Hansen (2009) diferencian dentro del constructivismo dos vertientes una tradicional y una crítica. Las divisiones entre constructivistas implicaron una serie de clasificaciones posibles (ver Adler, 1997).

[6] Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

[7] Marquina Barrio y Selim (2003) en un texto sobre los acuerdos de seguridad en el Mediterráneo, señalan en detalle estas diferentes percepciones entre el Norte y el Sur o entre Estados centrales y periféricos, poniendo en evidencia la imposibilidad de llegar a entendimientos base sobre los principales riesgos. Un punto controversial determinante es la percepción del Norte acerca de los Estados fallidos o canallas.

[8] En octubre de 2003, los principales teóricos referentes del realismo (clásico y neo) así como un conjunto de instituciones académicas, presentaron un documento en rechazo de políticas imperialistas y la intervención en Irak. El documento denominado “ThePerils of  Empire” ha sido firmado por reconocidos internacionalistas como Waltz, Jervis, Mearsheimer, Van Evera, Walt. Esto ha dado lugar a una coalición cuyo sitio oficial puede consultarse en: http://www.realisticforeignpolicy.org Para ver las diferencias entre éstos y el realismo ofensivo ver Saso Muñoz (2009).

[9] Se define como obligación principal inherente a la soberanía del Estado, si este no estuviera en condiciones, no pudiera o no quisiera otorgar protección a sus ciudadanos, el principio de no intervención cede ante la responsabilidad de la comunidad internacional de proteger. “La soberanía ya no significa únicamente protección de los Estados frente a injerencias extranjeras, sino que constituye una carga de responsabilidad que obliga a los Estados a responder del bienestar de su población” (Sitio Naciones Unidas/preventivegenocide).

[10] Considera quelos Estados liberales son pacíficos entre sí y belicosos frente a quienes no lo son (Peñas, 1997: 121). De allí la hipótesis que la extensión de democracias en el mundo terminará haciendo del mismo un lugar pacífico y, por tanto, defiende diversas formas de intervención ante crisis humanitarias o violaciones masivas a los derechos civiles y políticos.

[11] La carta es firmada por 59 reconocidos académicos y pensadores.

[12] “En la posguerra fría, comenzó a percibirse, en especial en la comunidad de seguridad en Washington, que una de las amenazas más preocupantes surgía de los Estados Débiles. La proliferación de lucrativos negocios ilícitos […]; la erosión de facto de la soberanía territorial ante actores violentos fuertemente dotados (terroristas, mafias, etc.); la fractura de sociedades cada vez más paupérrimas; […] fueron transformándose en fenómenos que podían culminar en verdaderas implosiones domésticas y producir millones de víctimas a lo largo y ancho de las naciones periféricas” (Tokatlián. 2009: 213).Y más adelante el autor aclara que: “La noción de Estado Débil en el ámbito de la seguridad fue desarrollada entre otros por Barry Buzán” (Ibíd. 237).

 

Español

          Licencia de Creative Commons

Revista de Estudios en Seguridad Internacional is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://www.seguridadinternacional.es/revista/.