Las Fortalezas Ibéricas en la Península Arábiga (1507-1650)

LORENA M. CARRASCO Y CIFUENTES

Universidad Francisco Marroquín, Guatemala

Title: The Iberian Forts in the Arabian Peninsula (1507-1650)

Resumen: Durante unos 150 años la península ibérica controló las rutas comerciales por mar hacia la India. El legado dejado por sus hombres en tierras árabes prácticamente ha desaparecido. Sin embargo, en esta zona se encuentra hoy todavía su rastro, que permanece, mínimamente, en algunas fortalezas y restos arqueológicos. Huella de unos hombres que dominaron el mar y los lugares de aprovisionamiento, de comercio, y de recogida de impuestos exigidos que debían entregarse al rey portugués o español.

Este trabajo trata sobre estos fuertes, aquellos que fueron levantados en las costas de Omán y de los Emiratos Árabes Unidos.

Palabras clave: Control, Comercio, Asia, Arabia, Península Ibérica

Abstract: During roughly 150 years, the powers of the Iberian Peninsula controlled sea trade routes to India. The legacy of these men in Arab lands has virtually disappeared. However, in this area there is still a trace that remains in some fortresses and archaeological sites. A mark of men who dominated the sea and the places of supply, trade, and collection of taxes required to be surrendered to the king of Portugal and/or Spain

This work is about the fortresses built off the coast of Oman and the United Arab Emirates.

Keywords: Control, Trade, Asia, Arabia, Iberian Peninsula

Recibido: 1 de junio de 2017

Aceptado: 19 de julio de 2017

Para citar este artículoLorena M. Carrasco y Cifuentes, “Las Fortalezas Ibéricas en la Península Arábiga (1507-1650)”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 3, No. 2, (2017), pp. 189-223. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.6.11

 

Introducción

Podríamos decir que el imperio portugués comenzó en el siglo XV y en cierta medida se extendió llegando hasta 1960, no sin muchos cambios a lo largo de los siglos. El dominio comercial y naval en la zona del golfo pérsico (o golfo de arabia, según gustos) comenzó en 1507 y hasta 1650, España y/o Portugal dominaron la puerta que abría paso a la India.

En este tiempo, los enemigos naturales de los hispano-lusos, buscaron la manera de unirse para terminar con su hegemonía comercial sobre la zona; al mismo tiempo, las relaciones diplomáticas de nuestros exploradores con Persia, país completamente distinto en cultura y fe, crecieron por la necesidad de posicionarse frente a las aspiraciones turcas.

Todo debía desarrollarse en un complicado entramado estratégico de alianzas, ayudas, fuerzas y juegos de poder, no solo para asegurar las rutas a la india sino para frenar el empuje musulmán, y no en todas las situaciones se supo o se pudo actuar de modo que los resultados fueran los mejores. Como es sabido, tras duros años de difícil dominio del mar, los enemigos -e incluso los antiguos aliados persas-, se unieron para terminar con la presencia hispano-lusa dando paso a nuevas potencias europeas hacia la India.

 

Breve revisión histórica

Cuando en la península ya no se pudo alcanzar más territorio conquistado, después de la toma de Granada en 1492, la expansión natural continuó cruzando el mar hacia América en búsqueda de nuevas vías comerciales. Sin embargo, la zona oriental del mundo hacía ya siglos que disfrutaba de una gran actividad comercial y en este siglo XV, Venecianos y Genoveses mantenían lugares estratégicos de intercambio: Alepo, Damasco y Alejandría (Nyrop et al. 1977: 21). Esta actividad entre Oriente y Occidente se vio afectada por la caída de Constantinopla en 1453. Venecianos y Genoveses se limitaron desde entonces al Mar Rojo, pero los portugueses se acercaban a las costas del océano Índico finalizando ya el siglo[1]. Navegando alrededor de África (no se inauguró el Canal de Suez hasta 1869, lo que implicaba unos 7.000 kilómetros extra de viaje por mar, con los peligros inherentes, mención especial del Cabo de Buena Esperanza, también conocido como Cabo de las Tormentas).

Francisco de Almeida consiguió la hegemonía portuguesa en el Océano Índico como primer virrey de la India, consolidando el control de la ruta marítima de las especias en 1509[2] (Rogers, 1995: 299-333). Mientras tanto, Alfonso de Alburquerque[3] había salido hacia la India con intención de tomar Sócotra por el camino, de modo que le permitiera comerciar en el Mar Rojo. Efectivamente, Sócotra fue tomada en 1507 levantándose en ella una fortaleza; sin embargo, resultó estar demasiado alejada del Golfo como para favorecer el paso de los barcos y el transporte de mercancías (Diffie and Winius, 1977: 235).

Alburquerque dejó así Sócotra para dirigirse con 6 navíos y 500 hombres hacia el Estrecho de Ormuz. Este era el centro de mayor importancia en el comercio del Golfo desde el siglo XIII y continuó manteniendo su influencia hasta 1600, importando cerámica de China y exportando minerales (Hawker, 2008: 13). Para llegar a este punto, en 1507 Alburquerque navegó bordeando la costa este de la Península Arábiga, llegando así en primer lugar a Calayate (Qalhat), encontrando una ciudad medio arruinada que lo recibió sin mostrar hostilidad pudiendo allí aprovisionarse[4] . Era, sin embargo, esta ciudad un importante lugar de exportación de caballos y dátiles hacia la India, descrito por sus habitantes como “la puerta de Ormuz”. Alburquerque y sus hombres fueron bien recibidos y desde allí continuaron su camino, pero la bienvenida no fue tan agradable en los siguientes lugares donde llegaron: Coriate (Quryat) y Mascate. Allí fueron atacados con lo que respondieron con una fuerte determinación cortando, al parecer, las orejas y nariz a los prisioneros que tomaron (Stephens, 2000: 54). Dejando Mascate, siguieron su camino por la costa tomando también Soar (Sohar), y reconstruyendo la fortaleza que allí encontraron: "a fortress of square shape, with six towers round it, having also over the gate two very large towers" (Simarski, 1991), tomando también Corfaçao (Khor Fakkan) y alcanzando Ormuz el 10 de octubre de 1507 (Barros, 1778: 107).

Figura 1. Lugares tomados por Alburquerque 1507-1508. Google Earth

 

La apertura de esta vía comercial dio lugar al comienzo de relaciones entre los reinos de la península y Oriente, aunque ya a principios del siglo anterior había habido contactos entre ambos continentes[5] y se habían establecido alianzas entre España y Persia, frente al enemigo común otomano (Cutillas, 2004). Cuando Alburquerque llegó a Ormuz, el jeque Saif Al Dyn, pagaba tributo al Sah de Persia Ismail I; sin embargo, cuando este envió a exigir dicho pago, se encontró que no lo recibiría puesto que sería pagado a Alburquerque, comenzando así las relaciones entre Portugal y el Sah (Barros, 1778: 122). La fortaleza de Ormuz (el fuerte de Nuestra Señora de la Victoria) comenzó a levantarse el 24 de octubre siendo la primera de una red de fortalezas a lo largo de la costa este del Golfo.

A pesar de los buenos comienzos en este fuerte, las deserciones de sus capitanes (que querían partir a la India) y las malas condiciones en Ormuz obligaron a Alburquerque a abandonar la fortaleza en abril de 1508 (Stephens, 2000: 58). Volvió a la India como Gobernador en 1509.

Al año siguiente, Alburquerque regresó a Ormuz y en abril se ocupó de nuevo la fortaleza a la que se renombró “Nuestra Señora de la Concepción” estableciendo la soberanía sobre el lugar (Ross, 1929: 12; Barros, 1778: 474).

Figura 2: Resende, Pedro Barreto de, Bocarro, António (1635), Livro do Estado da Índia Oriental, Londres: British Library.

Figura 3: Texeira Albernaz, João (1648), Plantas das Cidades e fortalezas da conquista da India oriental, The European Library.

Los puertos más importantes en ese momento eran: Calayate (Qalhat), Mascate, Soar (Sohar), Corfaçao (Khor Fakkan), Daba (Doba o Diba), Laços y Iulfar (Julfar) (Barros, 1778: 478)[6]. Todos bajo jurisdicción del rey de Ormuz; de modo que todos pasaron a tributar al rey de Portugal, aunque el de Ormuz mantuvo su poder regional.

Tras la toma de Ormuz, los contactos entre Persia y Portugal se incrementaron con el envío de presentes y regalos, y tras la derrota persa a manos de los otomanos en la batalla de Chaldiran en 1514, Alburquerque y el Sah Ismail firmaron un tratado que otorgaba poderes a los portugueses sobre Ormuz (Cutillas, 2004).

A pesar de controlar este y otros lugares costeros, los portugueses no buscaron ampliar sus territorios hacia el interior sino mantener su dominio comercial en la zona a través de su presencia naval (Teles e Cunha, 2009: 208). Este dominio; sin embargo, se debilitó cuando en la segunda mitad del siglo la amenaza otomana se hizo mayor. El número de soldados y marinos hubo de aumentar gradualmente pues las fuerzas safávida (persa) y omaní (los árabes que habitaban la región), unidas a la presencia inglesa y holandesa, complicaron la situación.

Los portugueses se vieron frecuentemente amenazados por las tribus árabes y tuvieron que hacer frente a numerosas revueltas en esos años: Ormuz en 1521, Soar en 1523, Mascate y Khalhat en 1526.

Entre 1550 y 1560 se intensificó la lucha con los otomanos por la supremacía en el Golfo. En 1581 Mascate fue atacada y destruida por los turcos (Miles, 1919: 178). Mientras, desde 1580 el rey Felipe II de España lo sería también de Portugal, uniéndose ambas coronas hasta 1640, cuando bajo el reinado de Felipe IV volvieron a separarse.

La subida al poder del persa Sah Abbas I en 1587, coincidió oportunamente con la aparición de los británicos en la región que, en plena guerra anglo-española (1585-1604), vieron en el acercamiento al persa una gran oportunidad. Las relaciones entre el Sah Abbas y España, el mayor oponente al turco en Europa, se mantuvieron, y también con otros países europeos estudiando la posibilidad de colaborar frente el enemigo otomano (Ross, 2004; De Silva y Figueroa, 1905). El Sah ofreció la posibilidad de comerciar con Persia y también de predicar el cristianismo manteniendo la colaboración y ayuda frente a los otomanos. Sin embargo, la situación de los portugueses se hizo más complicada, las relaciones con el Sah se enturbiaron cuando para considerar el abandono de la ciudad de Ormuz por parte de los españoles, se le exigió romper con la colaboración de la Compañía de las Indias Orientales inglesa (Bomati y Nahavandi, 1998: 131). El Sah no fue capaz de cumplir con aquella condición y, sin embargo, Inglaterra a pesar de su poco interés hacia el turco, sí comenzó a interesarse en el comercio persa a través de la Compañía de las Indias Orientales y supo acercarse de manera efectiva al Sah reorganizando su ejercito en 1598 con una artillería moderna (Hamzbayova). Ya entre 1608 y 1615 fueron continuamente hostigados en Ormuz (Nyrop, 1977: 22).

Una vez dueño el persa de Bahrein (Bahrain), del reino de Lara (Lar) y la tierra firme del Comorán, sabiendo también que se había comenzado a construir una fortaleza en la ensenada de Guadel (Gwadar), a mitad de camino entre el Sinde y Ormuz, era facil adivinar que las intenciones de Abbas eran las de arrebatarle el comercio a dicha plaza (Gil, 2005).  Y finalmente, las amistades entre el Sah y los ingleses no beneficiaron a España: una unión entre los persas, los holandeses, los ingleses y la nueva fuerza omaní liderada por Nassar Bin Marshad, de la dinastía Yaruba, consiguió terminar con el poder hispano-luso en la península en una campaña que se intensificó a partir de 1625 (Hawker, 2008: 13). Aunque ya en 1622, 3000 persas y 4 barcos ingleses habían atacado Ormuz, y el 3 de mayo se había perdido la plaza enviándose toda la población portuguesa (2000 personas) a Mascate, que se convertiría en el nuevo núcleo portugués. Bajo el mando del Imán Nassar bin Marshad Al-Yarubi, las fuerzas omaníes tomaron Sohar en 1643, y en 1648 cayeron el resto de fuertes (Miles, 1919: 218) salvo Mascate y Matará que lo harían en 1650 (Salman, 2004: 245).

 

Fortalezas

La situación para la Corona no era halagüeña en el siglo XVI, los turcos amenazaban constantemente (Mascate sufrió ataques y saqueos en 1552 y 1581) y las revueltas de las tribus árabes del interior se presentaban como inminentes en las zonas bajo poder portugués[8]. La guerra con Holanda e Inglaterra abría nuevos frentes y ya a primeros del siglo XVII, las relaciones con el Sah, que en principio eran cordiales y favorables a la unión frente el turco, se debilitaban: en 1602 el Sah echaba a los portugueses de Barheim, y Ormuz sufría continuos hostigamientos; además, la base se abastecía de agua desde Comorao, en la costa Persa, donde había un fuerte, pero los persas tomaron dicho fuerte alrededor de 1614 o 1615, por lo que Ormuz se quedaba sin agua. Tras la unión de España y Portugal, los forcejeos entre España y el Consejo de Portugal tampoco favorecían la situación: desde él se trataba de dilatar la visita del embajador a Persia en correspondencia por la que el Sah había hecho llegar a Felipe III[9] (Silva y Figueroa, 1905: 360-361); y por si fuera poco, los intentos de los ingleses de eliminar a la potencia y aumentar su poder sobre el comercio de la seda, se convertían en peligro real.

Por fin el Sah aceptaba la visita del embajador español y este se hacía a la mar el 19 de marzo de 1617 desde Goa. García de Silva y Figueroa se entrevistaría con el Sah para descubrir que sus intereses ya eran otros. El persa no le atendía como cabía esperar pues ponía de manera evidente al Chaus, el enviado turco, por delante en sus demandas; y todo esto, ante la presencia de otros europeos en la corte del Sah que observaban el desplante al rey de España[10]. El Sah se mostraba abiertamente decepcionado ante el español y se quejaba de la poca acción contra el turco, demostrando un alejamiento claro de las antiguas intenciones de amistad.

Parece entonces que fueron los ingleses más hábiles a la hora buscar aliados y finalmente el Sah tomó partido por otras potencias europeas. El 8 de mayo de 1621 Ruy Freyre comenzó a construir el fuerte de Queixome[11] (Queshm) para tener control sobre el agua del lugar (pozos y manantiales) lo que fue entendido como un acto hostil por el Sah, aunque sería más bien la excusa perfecta. Con Inglaterra de su lado, en febrero de 1622 los persas atacaron y tomaron Ormuz comenzando así el declive del dominio ibérico en las rutas comerciales de la India. Tras la caída de Ormuz, 25 años más se mantuvo la presencia hispano-lusa en Arabia. Durante este tiempo de difícil control portugués/español, se construyeron o utilizaron varias fortalezas a lo largo de la costa para defender el comercio hacia la India.

Analizando los hechos históricos vemos que la ocupación portuguesa no fue fácil en la zona del Golfo y que lejos de un control sin contratiempos, este periodo fue un continuo sobresalto para las tropas. Con la llegada de Alburqueque en 1507 los territorios ocupados fueron: Ormuz, Corfaçao, Soar, Mascate (fuertes de Al Jalali y Al Mirani), Quryat y Qalhat. Un siglo después, y tras el impulso británico-persa, las posiciones portuguesas tuvieron que fortalecerse y fue entre 1620 y 1629, bajo las órdenes del capitán Ruy Freire, cuando se tomaron nuevas posiciones costeras reforzando aquellas que fueron recuperadas de manos árabes. Sabemos así, de la existencia de fuertes en distintos lugares a lo largo de la costa de la península, en lo que hoy es el Sultanato de Omán y los Emiratos Árabes Unidos: Corfaçao, Soar, Doba Mada, Quelba, Sibo, Borca, Matará, Coriate y Libidia[12].

Figura 4. Fortalezas y puertos de control portugués en la costa de la Península Arábiga. Blanco: actuales Emiratos Árabes; rojo: actual Omán; * aún quedan vestigios. Google Earth.

Para conocer estas fortalezas contamos con dos fuentes fundamentales: O Lyvro de Plantaforma das fortalezas do India, escrito por Manuel Godinho de Eredia en 1620 y el Lyvro das plantas de todas as fortalezas, citades e provoaçoes do Estado da India Oriental, escrito en 1635 por Antonio Bocarro, con ilustraciones de Pedro Barreto de Resende. Además, existe otra obra también del siglo XVII y autor desconocido con interesantes ilustraciones: Lyvro das plantas das fortalezas, citades e provoaçoes do Estado da India Oriental  com as descriçoes do maritimo dos Reinos e Provincias onde estão situadas e oultros portos principais daquelas partes (Silveira, 1991). Gracias a estas obras conocemos no solo la existencia de esas fortalezas sino cómo eran y sus características e igualmente nos aportan interesantes datos sobre los poblados, las gentes que habitaban la costa arábiga y las relaciones con los fuertes, lo que nos permite hacernos una idea de las circunstancias en las que allí se vivía.

Conocer la existencia de estas fortalezas, su posición, sus guarniciones, lo que las rodeaba, los peligros a los que se enfrentaban, los lugares que protegían, etc., permite intuir cuál debía ser el plan que había para la zona. Una línea de fortalezas costeras que debían proteger el comercio de los peligros provenientes del interior y no solo del mar para seguir dominándolo. Esa era la idea clave.

Tras la caída de Ormuz en 1622, Mascate pasó a ser el punto más importante, debía proteger la llegada de barcos y asegurar su abastecimiento y su salida. Ruy Freyre debió recuperar Coriate, Corfaçao y Soar que habían caído de nuevo en manos árabes, ante la urgencia de proteger Mascate. Además, de tirar y reconstruir Doba, tomar Quelba, Sibo y Borka y construir las fortalezas de Matará, Libidia y Madá. Estos fuertes cercanos debían garantizar el comercio desde la nueva base de Mascate, bien por ser tierras fértiles que garantizaban el avituallamiento, bien por poseer el agua necesaria o bien, para desde ellos, socorrerla si era atacada.

Los fuertes fueron tomados o construidos con un propósito claro, más aún cuando mayor era el peligro y las antiguas “amistades” se habían perdido. La situación hemos visto que se precipitó desde la guerra con Inglaterra.

Si vemos en el mapa de la figura 4, el primer lugar que encontramos en el sur es Quryat (Coriate), uno de los puertos que permitía la llegada de los barcos a Goa, sería por ello y, por estar cerca de Mascate, que se convertiría en una plaza importante a partir de 1623. Esta tierra la describen ambos autores de nuestras fuentes (Bocarro y Godinho) como fresca o fresquísima, con muchos palmerales que proveían a Mascate de muchos frutos, verdura y mantenimiento, luego Coriate era sin duda un lugar primordial y básico para las tropas.

Según el Libro da Plantaforma, esta fortaleza de Coriate con unos 70 metros de ancho y 40 metros de largo[13], era del rey de Ormuz pero le fue entregada a Ruy Freyre. Los muros eran de adobe de algo más de 8 metros de alto y unos 5 y medio de grosor y con una capacidad para 80 soldados lascarins[14]. A un tiro de falconete de ella, y en unos palmerales, había otra fortaleza triangular que servía para defenderse de los ataques que sufrieran por parte de los habitantes de las poblaciones cercanas, que según nos cuenta el autor eran de unos 300 moradores cada una. Había un paso en las sierras entre Coriate y Mascate llamado Cidabo donde se mantenía una trinchera con artillería guarnecida por Mascate. Los gruesos muros y la presencia de artillería nos ofrecen una idea de la hostilidad que existía y la necesidad de continua defensa y protección.

Figura 5: Godinho

Figura 6: Bocarro

Figura 7: Silveira

Figura 8: Lorena Carrasco

 

Ya en Mascate, Peter Vine identifica tres fuertes como los únicos fuertes portugueses que aún se mantienen en Oman: Al Mirani y Al Jalali, y el fuerte de Muttrah (o Matará para los portugueses) en el área del mismo nombre dentro de la ciudad (Vine, 1995: 76). Aunque es probable que las muchas reconstrucciones que han sufrido no hayan dejado apenas vestigios de sus orígenes, tal vez quizá, las plantas y la localización.

Figura 9: Godinho

Figura 10: Bocarro

Figura 11: Silveira

Los fuertes de Al Mirani y Al Jalali situados uno frente a otro en la costa, se adaptan al terreno rocoso y difícil que les confiere una planta irregular que sube y baja. El documento consultado del Lyvro da Plantaforma  (Godinho, 1620), nos dice que la fortaleza –Al Mirani- fue fundada por orden del gobernador Manuel de Souza en 1588, con artillería para su defensa, casa de la misericordia, con hospital con vicario eclesiástico y casa de la orden de San Agustín. Lo que coincidiría posiblemente con el final de las obras de mejora descritas por D’Errico quien, dice también, que a principios del siglo XVII una muralla de barro fue añadida a la ciudad para cerrarla en su parte posterior y guardarla de las montañas próximas (D’Errico, 1998: 141-143). Además, nos habla Godinho del puerto, de su capacidad para 12 galeones y 20 o 30 galeotas juntas y del comercio de caballos y tamaras. Además de esta fortaleza, explica cómo además, por la abundancia de moros, había otra plaza fortificada con “gente” y artillería, refiriéndose al fuerte de Al Jalali. Está claro que el principal peligro provenía del interior y no del mar.

Bocarro también da detalle de cómo estaba amurallada la población, de los baluartes y los lascarins que se encontraban en uno u otro lugar, de los caminos que iban entre sierras donde se situaban parapetos con espingardas y artillería, de las torres vigías donde siempre había lascarins o, de las cisternas para recoger agua suficiente para mantener a las gentes incluso en caso de perder Mascate. Nos explica también las armas con las que contaba la fortaleza y el resto de fortificaciones de alrededor, la artillería con sus reparaciones y aparejos, calibre, falcones, arcabuces y mosquetones. Así como el detalle de las municiones- también lanzas y picas- que se encontraban en el almacén y las pagas (en larins[15]) y los hombres destinados en las fortificaciones. También nos habla del baluarte llamado de San Antonio, nada más entrar a la bahía a mano derecha, y junto a él otro alojamiento hallándose en ambos seis piezas de artillería “vigiando pera dentro dabahía”, también de una playa llamada Mocalá donde se encontraban las embarcaciones cubiertas por este baluarte y sobre la que se levantaba una enorme sierra donde había algunas defensas de poca fuerza, indicando que de ser la plaza tomada por los árabes no habría lugar seguro en Mascate ni en ninguna de las fortificaciones. De las 20 o 25 piezas de artillería situadas en una explanada detrás de Mocalá y de las que poco más arriba apuntaban a la sierra y de las que se debieron meter en lo que había sido la casa de los dos capitanes.

Además, Bocarro habla en este texto de las tropas enviadas desde Goa, también pertrechos y todo lo necesario hasta haber 400 soldados en Mascate contando 80 de la armada (cada navío contaba de ordinario con 40 marineros). En la fortaleza de Mascate asistían, además de estos soldados, 300 lascarins moros, “muy fieles a su majestad” a los que se pagaba al mes 8 larins, y entre los que había 12 capitanes más o menos, dos de los cuales cobraban el doble. Este número de lascarins podía ser menos según las necesidades pues estaban para asistir la fortaleza, los estrechos, los fuertes alrededor de Mascate y para algún caso de guerra en tierra, porque en el mar eran menos valientes. Parece clara que la función de estos fuertes de Mascate: proteger el puerto y la ciudad con soldados y artillería, no solo de los ataques que venían por mar (fuerzas turcas, persas o inglesas) sino también los que venían del interior (fuerzas omaníes) que eran los peligros más inminentes.

Figura 12: Al Mirani. Lorena Carrasco

 

Figura 13: Al Mirani. Lorena Carrasco

Figura 14: Al Mirani. Lorena Carrasco

Figura 15: Al Jalali. Lorena Carrasco

En una bahía a media legua al noroeste de Mascate está Matará (Muttrah), localizado en lo alto de una rocosa y estrecha colina mirando al mar, donde según el documento que consultamos del Lyvro da Plantaforma…, Ruy Freire mando construir un fuerte para alojamiento de las fuerzas que venían de la sierra y no podían llegar por falta de caminos (Godinho, 1620). Según Enrico d’Errico, sobre un fuerte de origen omaní situado en un saliente rocoso de la costa de Mascate, a finales del siglo XVI se le añadieron dos torres y fue a principios del siglo XVII ampliado y reforzado con un muro (D’Errico, 1998: 141-143).

Figura 16: Godinho

Figura 17: Bocarro

Figura 18: Silveira

Su función era albergar a las tropas que llegaban a Mascate y se detenían allí por falta de caminos. Alojaba a 1 capitán portugués y a 30 lascarins.

Actualmente, el fuerte consiste en 3 torres circulares, dos más pequeñas y una de gran tamaño. Está cerrado al público y no parece que se esté utilizando para uso concreto. Desde el centro de la ciudad, podemos ver el fuerte de Muttrah de este modo:

Figura 19: Matará. Lorena Carrasco

 

Subiendo por la costa alcanzamos Al Sib, una pequeña localidad pesquera a unos 28 kilómetros al noroeste de Mascate y a pocos kilómetros más, la localidad de Barkah. En ambos lugares se levantaban dos fuertes pequeños y triangulares, Sibo y Borca, hechos de adobe, con capacidad para 8 soldados portugueses, 30 lascarins y 1 capitán cada uno de ellos que fueron tomados por Ruy Freyre siendo muy necesaria para la defensa de la zona, evitando que fueran abrigo de vagabundos y ladrones de mar y de tierra y pudiendo “dar cuidado a Mascate”, pues en el texto se dice que sin estos dos fuertes de Sibo y Borca no podrían respirar (Godinho, 1620). El puerto de Borca era muy frecuentado por los habitantes de las principales ciudades de Arabia.

Figura 20: Bocarro

 

Figura 21: Silveira

Figura 22: Bocarro

 

Figura 23: Borca en la actualidad. Lorena Carrasco

Figura 24: Borca. Lorena Carrasco

Figura 25: Borca. Lorena Carrasco

Siguiendo hacía el noroeste y siempre por la costa encontramos Soar (Sohar). Esta es una gran ciudad que fue una vez capital del sultanato, y es comprensible pues en tiempos fue la más rica y populosa ciudad de Omán, cuna, según dicen, de Simbad el Marino (Simarski, 1991: 8-17). La fortaleza de Soar demuestra las dificultades y hostilidades a las que las tropas se habían visto expuestas a lo largo del tiempo: cuando Alfonso de Alburquerque dejó Mascate en su camino hacia Ormuz, tomó pacíficamente la fortaleza que encontró en Soar; sin embargo, tras la rebelión de 1523 tuvo que ser ocupada de nuevo por Luis de Mendes. Casi un siglo después, en 1616, Soar volvió a rebelarse y de nuevo fue recuperada y muerto su reyezuelo. Y en 1623 Ruy Freyre recuperó de nuevo la ciudad que había caído en manos de los persas en 1622 tras la pérdida de Ormuz.

Como la del resto de fortalezas surgidas en los años 20 su función sería abastecer y proteger a Mascate. Situada cerca del mar en una ensenada, hecha de muros de adobe cocido de entre unos 2 y 3 metros de grosor, con unos 83 metros de largo y capacidad para una guarnición o presidio de 30 a 40 soldados portugueses y 150 lascarins, también contaba con pozos de agua en el interior (Godinho, 1620).  Formaba un cuadrado perfecto con cuatro baluartes en los “cantos” cuadrados también y del tamaño de una casa; en el interior contaba con algunos pozos de agua, dos baluartes y un almacén. Además, según explica Bocarro, en el exterior tenía una barbacana cuadrada con sus baluartes, que respondía a la misma grandeza de la fortaleza. Se edificó también una iglesia con capacidad para cincuenta o sesenta personas asistida por un fraile agustino y un par de almacenes para tamara y arroz para los lascarins. Nos habla también de los dos baluartes que están en la misma playa en dos cortinas del muro que permitía el desembarco y el socorro llegado del mar. Además, tenía seis piezas de artillería esta fortaleza, continua Bocarro, repartidas por los baluartes, casi todas pequeñas.

Figura 26: Godinho

Figura 27: Bocarro

Figura 28: Silveira

En la actualidad, mantiene sus enormes dimensiones y el muro exterior sigue la misma forma, aunque se han perdido los baluartes de la playa. Lamentablemente, se encuentra en estado de reparación y no es posible ahora visitar su interior.

Figura 29: Sohar. Lorena Carrasco

Figura 30: Sohar. Lorena Carrasco

Figura 31: Sohar. Lorena Carrasco

Figura 32: Sohar. Lorena Carrasco

En Kalba, a la que los portugueses llamaban Quelba, se halla otra fortaleza. Situada según los textos a 9 leguas de Soar en unos palmerales, tomada en 1624 por Gaspar Leite por orden de Ruy Freire (Godiho, 1620); sin embargo, anteriormente ya había estado en manos de los portugueses (Balbi, 1590) y fue una de esas plazas que hubo que recuperar.

Desde Sohar y hacia Kalba, el territorio es llano y arenoso y la fortaleza se encuentra en un llano a nivel del mar, entre este y las montañas, y desde donde la visión de ambas zonas es perfecta.

Según los datos de Bocarro presentaba una planta de forma cuadrangular con cerca de 35 metros de lado, baluartes en los vértices (dos hexagonales, uno cuadrangular y uno pentagonal). Otro baluarte pentagonal defendía la casa del capitán dominada por una torre.

Figura 33: Bocarro

La población era defendida por el lado de tierra por una muralla, reforzada por dos baluartes en los extremos. La defensa era complementada por un baluarte menor, defendiendo la playa, el cual puede verse en las ilustraciones. El presidio de esta fortaleza era de 30 lascarins y 1 capitán al que se pagaba lo mismo que en Mascate. En esta fortaleza no tenían artillería, al igual que en Corfaçao, solo espingardas.

Cuando los portugueses abandonaron la región en 1650, los árabes construyeron otro fuerte sobre los restos del anterior. Desde 1996 está abierto al publico, es de dos niveles, está situado en una plataforma con una torre circular en la esquina este y una torre cuadrada en el medio.

Los muros están hechos de piedra, yeso y capas de adobe. Está construido con estilo defensivo con agujeros circulares y verticales para disparar llamados 'mezaghil' y una escalera de dos pisos llamada morubbaa, además las almenas a distintas alturas. 
Figura 34: Kalba. Lorena Carrasco

Figura 35: Kalba. Lorena Carrasco

Continuando hacia el norte, estarían Libidia y Madá, estas fueron dos fortalezas que procuraron la defensa de los ataques que venían del interior. Libidia fue construida en 1623 cerca de la playa, en un lugar llamado Al-Bidiyya o Al Bidyah, era una fortaleza cuadrada con un muro bajo de dos brazas y media de altura, con un gran perímetro y seis baluartes, en una población de 200 vecinos y una guarnición de 20 soldados. Fue tomada por Mateo de Siebra en agosto de 1623 (Godinho, 1620).

Figura 36: Bocarro

En 1999 un grupo de arqueólogos australianos y locales realizaron unas excavaciones en Al-Bidiyya[16], y desenterraron los restos de la fortaleza que junto a los datos del Carbono 14 sugieren que era la fortaleza de la guarnición portuguesa mencionada en las fuentes. Hoy en día, la zona de excavación se encuentra en abandono detrás de unos edificios junto a la carretera principal que atraviesa la localidad costera del mismo nombre.

Figura 37: Al Bidiyya. Lorena Carrasco

Figura 38: Al Bidiyya. Lorena Carrasco

Figura 39: Al Bidiyya. Lorena Carrasco

Libidia fue una de las fortificaciones que se levantaron a partir de 1623, tras la caída de Ormuz, para reforzar la posición portuguesa. Es también un buen ejemplo de las fortalezas de playa que eran hostigadas por los árabes. En la ilustración de Bocarro puede verse a los árabes montados en dromedarios rodeándola, lo que es un claro indicativo de la necesidad de defensa de los ataques procedentes del interior.

Debido a esta necesidad, en mayo de 1624 fue contruida por Mateo de Siebra (por orden del Ruy Freire) la fortaleza de Madá, hacia el interior, en una zona llamada Madha o Wadi Madha, que actualmente pertenece al Sultanato de Omán y que forma un enclave en medio del territorio de los Emiratos Árabes.

Se hallaba, según la obra de Bocarro, a doce leguas mar adentro, a un tiro de espingarda desde la sierra y en una ribera fresca con muchos palmares de mucho fruto. La población era de unos 300 vecinos y muchos de ellos de armas que ayudaban a defender la fortaleza. Construida para defenderse de los ataques de los árabes, tenía capacidad para 1 capitán lascarin y 10 soldados, o para 30 lascarins según los distintos autores; probablemente, el peligro hizo que aumentara la necesidad de un mayor número de hombres entre el momento en que Godinho y Bocarro realizaron sus obras.

Hoy día, el territorio de Madha está prácticamente vacío y no se han encontrado restos de la fortaleza.

Figura 40: Godinho

Figura 41: Bocarro

En Khor Fakkan, localidad situada entre Madha y Al Bidiyya, perteneciente al emirato árabe de Sharjah, se hallan los restos del fuerte de Corfaçao. Este fuerte, triangular con 3 baluartes también en triángulo, fue contruido por Gaspar Leite en 1620 para proveer de agua a Mascate[17], agua que apuntan las fuentes, era la mejor de Arabia. El fuerte tenía también un baluarte en el centro, y capacidad para 1 capitán lascarín y 30 soldados, o 13 lascarins, dependiendo de si los datos provienen de Godhino o Bocarro.

Figura 42: Bocarro

Este fuerte se encuentra hoy en proceso de excavación por un equipo de la Universidad de Sharjah.

Figura 43: Khor Fakkan. Lorena Carrasco

Figura 44: Khor Fakkan. Lorena Carrasco

Figura 45: Khor Fakkan. Lorena Carrasco

A dos leguas al noroeste de la fortaleza de Libidia, en un lugar llamado Dibba ya en la península de Musandam, en Omán, se encontraba el fuerte de Doba. En 1624 un reyezuelo llamado Casmir se levantó contra las fuerzas españolas dando socorro del rey de Ormuz, lo que obligó a Ruy Freyre a tomar estos lugares, así Gaspar de Pereira destruyó las fortificaciones originales y construyó las nuevas con presidio para 1 capitán lascarín y 300 soldados, con las que evitar el socorro al enemigo por tierra y por mar y además poder recoger el fruto que daban dichas tierras.

Doba se hallaba junto a la playa, en una tierra de unas seis o siete leguas de palmerales y haciendas. Tenía forma cuadrangular, con cuatro baluartes redondos en sus esquinas y uno en el centro con pozo de agua. Era de unos 13 metros de largo y unos 7 de altura, con muros de unos 2 metros y medio de piedra y cal. Rodeándolo había construido otro muro en cuadro, hecho de adobe con cinco torres, una de ellas en la puerta que servía de cuerpo de guardia, el muro era de unos cinco metros de altura con sus parapetos y dentro del mismo se encontraban las casas para los soldados. Dentro del fuerte, estaba la casa para el capitán, había también una iglesia y un almacén con dos baluartes para munición y mantenimientos, en los que había colocadas nueve piezas de artillería. (Bocarro, 1635). 

Cerca del fuerte se encontraba una población de más de 1000 vecinos, pocos de ellos de armas, rodeada estaba también esta población con un muro y sus baluartes. Al otro lado, había otra población de 200 habitantes llamada Dubo, también rodeada de un muro con un fuerte grande y redondo y varios baluartes.  Y en el otro extremo del palmeral, a tres cuartos de legua de Dubo, se hallaba Mocumby, población de 300 vecinos la mayoría marineros, también rodeada por un muro con cuatro baluartes, que se sustentaba gracias a los palmerales y a la pesca.

Figura 46: Godinho

Figura 47: Bocarro

Al parecer, el fuerte fue destruido en 1648 cuando los árabes sitiaron Mascate[18]. En la actualidad, nada tienen que ver con el fuerte portugués del que hablan las fuentes.

Figura 48: Google Maps

Conclusiones

Los portugueses al llegar a la península arábiga, aprovecharon y utilizaron antiguos fuertes que hallaron en la zona y los adaptaron a sus necesidades; además, también construyeron otros de nueva planta empleando sus conocimientos de arquitectura militar, adaptándolos a la geografía y al clima.

En total hemos podido encontrar que fueron 12 las fortalezas construidas desde cero o adaptadas y utilizadas por los portugueses. De estas 12, solo 8 permanecen de pie hoy en día: Coriate, Mascate (Al Jalali y Al Mirani), Matará, Borca, Soar, Quelba y Doba; y de otras 2: Libidia y Corfaçao, de guarnición no muy numerosa (20 y 30 soldados respectivamente, más el capitán lascarín), se han hallado restos. De las 10 se han podido obtener fotografías actuales que nos permiten ver su estado y compararlo con el que tuvieron en el siglo XVII, según las ilustraciones que aparecen en las obras donde se detallaron sus plantas.

Así pues, existen también 2 fuertes de los que ni siquiera se conoce su ubicación exacta: Sibo y Madá, aunque sí conocemos cómo fueron en su día gracias a las ilustraciones de las obras que manejamos. Sibo era un fuerte ya existente antes de la llegada de los portugueses, sin embargo, los árabes después de su marcha, no demostraron estar interesados en mantenerlo. Posiblemente por hallarse cerca de Borca, que contaba con un importante puerto. Madá, siendo una fortaleza construida de nuevas, no fue usada después de la marcha de los portugueses, o al menos eso parece, pues no se han hallado restos de ella.

Sabemos qué tamaño tenían estas fortalezas y la guarnición que podían albergar, esta variaba de unas a otras y también dependiendo del peligro, que cada vez se hacía mayor, debiendo incrementarse considerablemente el número de soldados portugueses y lascarins en la primera mitad del siglo XVII.

Teniendo esto en cuenta, las fortalezas más importantes y de mayor tamaño fueron, sin duda, las dos de Mascate, con 300 soldados lascarins moros y 12 capitanes, y la de Doba, con 300 soldados y 1 capitán lascarín respectivamente.  Después, la fortaleza de Soar contaba con 150 lascarins y 30 o 40 soldados portugueses, según la necesidad. Esto sitúa las más grandes fortalezas en tres lugares oportunos a lo largo de la costa este de la península, separados por distancia relativamente similar, donde se levantaban otros fuertes menores para su protección.

De este modo, observando la distribución de fuerzas vemos que la mayor concentración se encontraban cerca de Mascate: Sibo con 80 soldados portugueses y 30 lascarins; Borca con 8 soldados (se entiende que portugueses) y 30 lascarins más 1 capitán; y además, contaba algo más lejos con Coriate, que tenía de guarnición, cubriendo el sureste, 80 soldados y 1 capitán.

También alrededor de Doba, la fortaleza del norte con más guarnición, se levantaron fuertes para darle soporte y ayuda: Corfaçao con 30 soldados y 15 lascarins más un capitán lascarín; Madá con 10 soldados más un capitán lascarín; Libidia con 20 soldados y un capitán lascarín y, finalmente, Quelba con 30 soldados cubriendo la zona más alejada y un capitán lascarín.

Soar se hallaba, sin embargo, más aislada en la zona central de la costa y con una concentración de fuerzas menor, contando con el apoyo de las pequeñas fortalezas ya mencionadas, tanto del norte más próximas a Doba, como del sur, más cercanas a Mascate, en caso de requerir ayuda.

Enrico D’Errico explica que los fuertes de Mascate, una vez abandonados por los portugueses, fueron transformados por los omaníes convirtiéndolos en “fortalezas puramente omaníes”. Y parece que fue a partir del mandato de los Al Yaruba (1624), cuando las características arquitectónicas omaníes comenzaron a establecerse, modificando o haciendo desaparecer las antiguas fortalezas.

Visto este resumen se pueden extraer diversas conclusiones a nivel táctico y a nivel estratégico y diplomático:

  • Existía un interés estratégico, pues observamos un grupo de fortalezas con un objetivo concreto, cercanas al imperio persa y posicionadas a lo largo de la costa este mirando a la India. Esta línea estratégica se fortaleció, sobre todo tras la caída de Ormuz, pues debía proteger Mascate y asegurar el control que la Corona tenía sobre el mar frente a los turcos otomanos y frente a las nuevas potencias europeas que trataban de despuntar. Había que proteger el comercio hacia la India y asegurar el dominio del mar, permitiendo la parada en los puertos para la recogida de víveres y agua, y para cubrir las diferentes necesidades lógicas que surgían hasta el momento de partir de nuevo hacia Goa o hacia la península ibérica. Estos fuertes debían garantizar que los barcos llegados de Europa pudieran salir hacia la India y volver después, para lo cual debían mantener el control de la zona costera y ser capaces de proteger los puertos y lugares de comercio y la recogida de impuestos exigidos, tanto a los barcos de otras naciones que llegaban a puerto, como a los nativos que debían lealtad al rey portugués o español.
  • Pero existía también una función táctica que resultaba vital: protegerse de los ataques del interior. A pesar de ser estos fuertes costeros, lo que haría suponer que debían defender las costas del peligro que se acercara por mar, el peligro al que ellos se enfrentaban provenía del interior, de las tribus y jefes árabes. Esto es algo lógico si pensamos que la corona hispano-lusa nunca dominó el interior, tampoco despertaba ese dominio ningún interés pues las tierras árabes poco podía ofrecer; sin embargo, los puertos eran necesarios para garantizar el control costero, y por tanto, el comercio.
  • Este punto nos ayuda a comprender, quizá en parte, las diferencias en la construcción de estos fuertes y los que, en la misma época, se construían en otras costas. Los peligros a los que se enfrentaban y de los que debían defenderse eran distintos, aunque unas y otras fortalezas fueran costeras.
  • Se habla del declive de las fuerzas portuguesas o españolas a partir de la pérdida de Ormuz, pero lejos de ser una fuerza decadente, los portugueses no solo recuperaron los fuertes que se habían perdido sino que construyeron otros nuevos y superaron las revueltas. Un solo enemigo no bastaba para desalojar a los portugueses, fue necesaria una unión de omaníes, ingleses y persas.

Dentro de este panorama político, las relaciones de la Corona hispano-lusa y Persia fueron fundamentales y se puede concluir también que el mantenimiento de una buena diplomacia entre el Sah y el rey español garantizaría el alejamiento de los otomanos y la supremacía sobre el comercio en el Golfo; sin embargo, los españoles y portugueses no presentaban un frente común (al contrario, muchas veces los unos iban contra los otros) y los ingleses fueron capaces de habilitar un aliado al que hacen cambiar de bando. Así vemos que los intereses persas, los juegos diplomáticos de las distintas naciones y la falta de unidad entre los portugueses y españoles terminaron por arruinar las posiciones españolas.

 

Nota sobre la autora:

Lorena M. Carrasco y Cifuentes es Consultora de la  Universidad Francisco Marroquín, Guatemala

 

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[1] Vasco de Gama llegó a la India en 1498.

[2] Batalla de Diu en 1509, con la victoria portuguesa comandada por Francisco de Almeida sobre las flotas otomanas, las del sultán mameluco de El Cairo, las del sultán de Gujarat y las de Venecia y Ragusa, el poder otomano sobre la India cayó dando lugar a la rápida conquista de los puertos y ciudades importantes por parte de Portugal.

[3] Hidalgo, militar, almirante y conquistador portugués, (1453-1515). Fue segundo virrey de la India portuguesa expandiendo y consolidando las posiciones de Oriente.

[4]Actualmente, es una ciudad en ruinas, según Maria de Fátima Rombouts de Barros en http://www.hpip.org/def/en/Contents/Navigation/GeographicToponymicNavigation/Place?a=390

[5] Para frenar la amenaza del avance turco, Enrique III de Castilla envió en 1403 una embajada al turco-mongol Tamerlán. La embajada fue comandada por Ruy González de Clavijo y Alfonso Páez de Santamaría http://www.cervantesvirtual.com/obra/vida-y-hazanas-del-gran-tamorlan-con-la-descripcion-de-las-tierras-de-su-imperio-y-senorio--0/

[6] Véase también el documento “Rendimento de la cidade de Oromuz e seus reinos” en el Archivo Torre do Tombo, Lisboa. http://digitarq.arquivos.pt/viewer?id=4609722

[8] Por ejemplo, el rey de Larack (isla cerca de Ormuz) sitió Ormuz aunque los portugueses terminaron con el sitio tomando a su vez dicha fortaleza de Larack.

[9] “…se admirava mucho de que su Magestad permitiese esto, pues era tan contra su rreputaçión y tanhien de los mesmos por- tugueses, gastando muchas palabras sobre el caso; mas aunque lo que el rey de Persia dezia era tan cierto y lo es, que podria nazer de lo contrario muy grandes inconvenientes, no solo aborrecen la vnion con la monarchia de España, pero por ningún caso quieren nombrarse ni ser tenidos por españoles” (Comentarios, vol. II, pp. 360-361).

[11] El 11 de febrero de 1622 Queixome fue forzado a rendirse y unirse a las fuerzas anglo-persas. También en 1622 los árabes unidos a los persas tomaron el puerto de Julfar en la costa oeste.

[12] Existe otro fuerte en la costa de Musandam en Omán, en la localidad de Khasab o Casappo para los portugueses. Sin embargo, aunque popularmente se dice que es de origen portugués, no hemos hallado en las fuentes indicación que confirmara tal dato.

[13] Si calculamos la equivalencia teniendo en cuenta el paso español, 1 paso igual 1,4 metros.

[14] Término usado en la ahora Sri Lanka para denominar a los soldados indígenas que luchaban para la fuerza portuguesa durante la era portuguesa (1505-1658) y que continuó sirviendo como ejército colonial hasta 1930.

[15] Moneda creada por los persas a primeros del siglo XVI, durante el reinado de Ismail I. Consistía en un trozo alargado de plata doblado por la mitad hasta unir sus extremos, a modo de horquilla, su peso estaba fijado en 5,15 gr.

[16] ZIOLKOWSKI, Michele: “Excavations at al-Bidiyya: new light on the Portuguese presence in the Emirates”, en Tribulus, vol. 9.2, Abu Dhabi, Emirates Natural History Group, 1999, pp. 19-21.

[17] Perdido Comorao y perdido Queixome, Corfaçao quedó como el único lugar desde donde podían abastecerse de agua, con lo que la importancia de este fuerte debió crecer sustancialmente a partir de febrero de 1622. Actualmente, existe comercialización de agua del mismo lugar cuyo nombre de marca es Masafi; aunque hay otras marcas conocidas que utilizan su antigüedad como reclamo comercial, esta sería, sin duda, la más antigua documentada.

 

 
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