La polarización política de la sociedad afgana y su fracaso democrático (1973-2001)

FRANCISCO BERENGUER LÓPEZ

Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, España

 

Title: The Political Polarization of Afghan Society and its Democratic Failure (1973-2001)

Resumen: El artículo analiza la compleja situación política afgana que la comunidad internacional se encontró cuando se produjo la caída del régimen talibán en diciembre de 2001 y cómo se llegó a ella. Se describe cómo se desarrolló el islamismo afgano durante la década de los ochenta en sus varias interpretaciones para llegar hasta el surgimiento del movimiento talibán, y de las propias contradicciones que esta ideología representa para llegar a constituirse en un elemento de integración nacional. Se argumenta que precisamente ha sido la falta de comprensión de la sociología política afgana por parte de muchos países que han formado parte del esfuerzo internacional por reconstruir el Estado, lo que ha determinado la animadversión a inmiscuirse en proyectos concretos de regeneración e integración de una élite fragmentada tras más de veinte años de guerra. 

Palabras clave: Afganistán, sociología política, identificación político-étnica, nueva jerarquía étnica, fractura de las élites, conflicto étnico-religioso.

Abstract: The article analyzes the complex Afghan political situation that the international community found when the fall of the Taliban happened in December 2001 and how it was reached. It describes how the Afghan Islamism developed during the eighties in its various interpretations to reach the emergence of the Taliban movement, and the contradictions that this ideology represents to come to constitute an element of national integration. It is argued that precisely has been the lack of understanding of the Afghan political sociology by many countries that have formed part of the international effort to rebuild the Afghan state, which has determined the animadversion to meddle in specific regeneration projects and integration of a fragmented elite after more than twenty years of war.

Keywords: Afghanistan, political sociology, political-ethnic identification, new ethnic hierarchy, elite fracture, ethnic-religious conflict.

Recibido: 26 de agosto de 2016

Aceptado: 3 de febrero de 2017

Para citar este artículo/To cite this article: Francisco Berenguer López, “La polarización política de la sociedad afgana y su fracaso democrático (1973-2001)”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 3, No. 1 (2017), pp. 81-101. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.5.5

 

Introducción

El profesor Morris Janowitz defendía que la sociología política tiene por objeto, en un sentido amplio, el estudio de la base social del poder en la estructura institucional de la sociedad, y en un sentido estricto, el análisis del liderazgo y los partidos políticos desde el punto de vista de su organización (1966:1).

Una de los principales problemas detectados, durante el análisis de los esfuerzos realizados por la comunidad internacional en la reconstrucción de Afganistán, ha sido la falta de comprensión de la complicada sociología política afgana. Esto ha provocado que muchos de los países participantes en la tarea de reconstrucción del fallido Estado afgano hayan optado por una clara actuación en el campo de la cooperación y desarrollo de infraestructuras, junto a la necesaria acción militar que lo permitiese en su área de responsabilidad, pero sin llegar a implicarse en el sector de la gobernanza ante lo que a primera vista parecía una tarea imposible.

Es el objeto de este documento aproximarnos a la sociología política que la comunidad internacional se encontró en Afganistán cuando en diciembre de 2001, y bajo los auspicios de Naciones Unidas, una serie de países, entre ellos España, decidieron implicarse en la reconstrucción de un Estado fallido y completamente destruido, física y socialmente, tras casi un cuarto de siglo guerras ininterrumpidas. La paradoja ha sido que, tras quince años de intervención internacional, los problemas primigenios que fueron origen de los sucesivos conflictos continúan presentes porque no se han abordado. Sólo en estos dos últimos años, la comunidad internacional se ha concienciado que el conflicto afgano es esencialmente social y político y que sólo por esta vía se alcanzara una solución de mínimos aceptable para la mayoría de las partes.

 

La polarización política de la sociedad y el fracaso democrático

Durante los años sesenta y setenta, el sistema educativo afgano sobresaturó el mercado de trabajo de titulados que no querían volver a su medio rural de procedencia ya que lo veían como un submundo atrasado, además de que esta vuelta representaba, a título personal, su propio fracaso social. Este reducido grupo de jóvenes educados en la universidad de Kabul[1] constituyeron el verdadero núcleo de reformistas que serían los protagonistas de los siguientes treinta años de la historia afgana, reformistas que se polarizarían en los dos extremos del espectro político: aquellos que se habían formado en la facultad de estudios islámicos y que constituyeron la punta de lanza de los islamistas[2], finalmente formando el partido denominado Jamiat-i Islami; y los procomunistas que formarían el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA).

Los islamistas, encabezados por Burhanuddin Rabbani[3], profesor de la facultad de derecho islámico de la universidad de Kabul, fundaron el partido Jamiat-i Islami (Sociedad Islámica) en 1973 y se oponían al comunismo, además de a la cultura occidental y sus valores, era un partido islamista moderado y tradicionalista[4]. Después del golpe de estado de 1973, Jamiat-i Islami acabaría por escindirse por las diferencias existentes entre sus dos corrientes internas más importantes: la liderada por los profesores, encabezada por Rabbani; y la liderada por los propios estudiantes, mucho más radicales y cuyo cabeza visible sería Gulbuddin Hekmatyar[5], dando lugar al partido denominado Hezb-i Islami (Partido Islámico).

El PDPA constituido en 1965, bajo el liderazgo de Muhammad Taraki[6] y Babrak Karmal[7], acabaría poco más tarde dividiéndose en dos facciones: el partido Khalq(Masas), mayoritariamente pastún ghilzaiy rural, con una gran cantidad de oficiales militares preparados en la URSS pero apartados de los puestos de responsabilidad por su procedencia étnica —ya que la élite militar estaba formada esencialmente por miembros de la familia real y su círculo cercano, todos ellos pertenecientes a la confederación Durrani—; por contraposición al elitista partido Parcham (Bandera), formado principalmente por universitarios kabulíes y de composición étnica mucho más variada que ocupaban puestos en la universidad y administración del estado (Taraki, 2015; Karmal, 2015). Las dos facciones del PDPA, aunque igualmente de ideología marxista, visionaban el cambio de poder de dos maneras diferentes: el Khalq a través de una revuelta popular que de manera inmediata derrocara a las élites existentes e implantara el nuevo régimen; el Parcham a través de cooperar con las élites y mediante una lenta evolución hasta transformar la base social y las propias élites (Gomà, 2011: 173) —muchos de sus miembros tenían lazos de sangre o relaciones personales directas con la oligarquía real, cuando no formaban parte de ésta—.

El camino para evolucionar desde un régimen monárquico autoritario hacia otro parlamentario se antojaba cada vez más difícil, debido a la oposición de islamistas y comunistas, y una larga lista de factores que se podrían resumir en que la sociedad afgana todavía no estaba preparada para mantener un sistema democrático. Si las elecciones de 1964 se habían llevado a cabo con un amplio margen de libertad que permitió una importante participación de partidos políticos y la elección de varios parlamentarios procomunistas, en 1969 la libertad de partidos había sido muy restringida, lo que impidió la representación multipartidista popular y permitió que los sectores más conservadores y con mayor poder económico se hicieran con la mayoría parlamentaria, al no existir una ley que limitase los gastos de la campaña electoral (Gomà, 2011:167-168) y la costumbre afgana de compra de votos (Shalizi, 2013:1). Esta situación de represión en Kabul, empeorada por la grave sequía de los años 1972-1973, acabaría provocando un descontento popular y en las fuerzas armadas que Mohammad Daud Khan[8] aprovecharía para derrocar a su primo el rey Zahir Shah.

 

La llegada de la República y la vuelta al autoritarismo

El golpe de estado de 1973 puso fin a la primera y única experiencia seudodemocrática de la historia afgana hasta el establecimiento del régimen decidido en los acuerdos de Bonn (2001) y las primeras elecciones presidenciales en 2004 y posteriormente las legislativas de 2005. La república impuso un modelo autoritario donde se recortaron las libertades individuales.

Daud se apoyó en los partidos de izquierdas y en los jóvenes oficiales reformistas militares, en su mayoría preparados por mentores soviéticos que no veían reforma posible sino era dentro de la ideología comunista. Para todos ellos la monarquía representaba una oligarquía conservadora que tenía como fin último la conservación de su propio estatus social e ingentes privilegios económicos —no debemos olvidar que toda la industria estatal, creada durante los años 1950 a 1970, era de propiedad compartida estado-oligarquía y dirigida por los componentes de estas familias que ostentaban el poder, administrándola y gestionándola como si de un patrimonio familiar se tratara—. Contó con el apoyo mayoritario del Parcham, pero Daud rápidamente se olvidó de las promesas y apartó a aquellos compañeros de viaje que no consideró suficientemente leales. Finalmente en 1975, prohibió el Parcham y expulsó o encarceló a los islamistas de Jamiat-i Islami, lo que provocaría insurrecciones en el valle del Panjshir que fueron rápidamente aplacadas por el ejército. Daud prohibió los partidos políticos y creóel partido único, el Partido Nacional Revolucionario, única opción política existente tras la nueva constitución aprobada en febrero de 1977 (Dorronsoro, 2005:80-81).

Si la URSS recibió como buena noticia el golpe de estado y el establecimiento de la república, pronto se daría cuenta que Daud no estaba dispuesto a dejarse controlar por los comunistas del PDPA. A partir de 1975 el deterioro de relaciones con la URSS fue evidente y los asesores soviéticos presentes en el país fueron invitados a dejarlo. Esto originó que, a partir de 1977, las dos facciones del PDPA, impulsadas por la URSS, se unieran para hacer frente común contra él. En esta unión de intereses, resultó beneficiado el Khalq que, con más miembros en la estructura del partido y en las fuerzas armadas, se hizo con los puestos de poder (Gomà, 2011:180-181).

A principios de 1978, la situación política en Kabul era insostenible, con constantes manifestaciones promovidas por el PDPA. Finalmente, ante la decisión de Daud de arrestar a los líderes del ejército —porque se oponían a su nueva política de aislamiento de la URSS—, los dirigentes del PDPA comenzaron a preparar un golpe de estado que estuvo previsto para julio de ese año, sin embargo un acontecimiento inesperado aceleró su desencadenamiento: el asesinato en Kabul de un líder e ideólogo del Parcham, Mir Akbar Khyber[9] (Maley, 2002:25-26). De manera que diez días más tarde se produciría el golpe de estado, conocido como la revolución de Saur —Inqilab-e Saur[10], en dari—, llevada a cabo por oficiales de nivel ejecutivo —no hubo oficiales generales implicados (Dorronsoro, 2005:86; Gomà, 2011:181) — pertenecientes al autodenominado Frente Unido de Comunistas Afganos (Johnson, 2011:207), compuesto por khalqis y parchamis desencantados con la política de Daud[11] (Jalalzai, 1999:60). Finalmente, Daud, que ofreció resistencia en el palacio presidencial, fue asesinado junto a su familia y la guardia presidencial.

Con este nuevo golpe de estado se consumaba un cambio real en la élite gobernante, de manera que tras más de 230 años de dinastía Durrani —con los tres clanes sucesivos gobernantes: Sadozai, Mohammadzai y Musahiban, todos pertenecientes a la tribu Abdali—, el poder pasaba a la confederación Ghilzai[12] —los líderes de la facción del PDPA que se hizo con el poder, los khalqis Hafizullah Amin y Mohammad Taraki, eran ambos pastunes ghilzai—.

 

Las rivalidades internas del Partido Democrático Popular Afgano

Tras el cruento golpe de estado llevado a cabo por el ejército, éste no retuvo el poder, sino que lo entregó al PDPA —en el que el nivel de envolvimiento de la Unión Soviética queda fuera de toda duda si conocemos de las recompensas que se otorgaron a asesores militares soviéticos destinados en esos momentos en Afganistán (Maley, 2002:25-27). El poder se lo repartieron entre Taraki, líder del Khalq, designado presidente y primer ministro, y Karmal, líder del Parcham y que asumió el cargo de viceprimer ministro. Una vez que el PDPA controló los resortes del poder, decidió comenzar con una verdadera revolución que afectaría a las tradiciones más profundas de la sociedad afgana y que sería impuesta por la fuerza (Johnson, 2011:207). La situación de descontento subsiguiente, motivada por la manera autoritaria de gobernar propició el enfrentamiento con las tribus y el desarrollo de la insurgencia islamista que en aquellos momentos ya se había organizado en su exilio paquistaní, donde había encontrado refugio tras la persecución a la que fue sometida por el gobierno de Daud.

La primera revuelta fue espontánea y resultó ser en Nooristan (1978), para seguirle la de Herat (marzo de 1979) donde la guarnición militar afgana se puso de parte de los rebeldes y los asesores soviéticos y sus familias fueron exterminados. La represión subsiguiente que se llevó a cabo en Herat provocó más de cinco mil muertos, aunque algunas fuentes multiplican por cinco esta cifra (Gomà, 2011:187; Johnson, 2011:208). A partir de este momento, se instauró un régimen de terror en el que la disensión política suponía la tortura y la muerte, para el autor y sus familias. Se estima que la violencia gubernamental desatada entre 1978-1979 provocó de entre cincuenta a cien mil muertos (Roy, 1985:126). En aquellos meses, el levantamiento contra el gobierno era generalizado y el nivel de enfrentamiento interno entre Khalq y Parcham había llegado al paroxismo con asesinatos de oponentes o su encarcelamiento[13]. Por parte del Khalq se procedió a la purga de los miembros del Parchamen el gobierno, lo que propició el intento de golpe de estado por sus líderes en el ejército, en septiembre de ese año (Dorronsoro, 2005:89). El Kremlin queriendo solucionar la situación propició arrestar al primer ministro Amin y unir en el poder a Taraki y Karmal —en el exilio en la URSS— pero Amin conoció del complot y consiguió darle la vuelta, arrestando a Taraki que más tarde sería asesinado, y asumiendo el cargo de presidente. La llegada de Amin a la jefatura del Estado no hizo sino empeorar la situación por sus políticas extremas de exterminio de oponentes políticos.

Finalmente, la propia URSS tomó la decisión de derrocar a Amin y ocupar Afganistán (Maley, 2002:33), según quedó afirmado en el informe elaborado por el propio Comité Central del Partido Comunista en el que se reconoce que la invasión se produjo para apoyar la denominada rebelión popular contra el presidente Amin (Cooley, 2001: 279). El golpe de estado y asesinato de Amin fue llevado a cabo por tropas soviéticas dirigidas por el KGB (27 diciembre 1979), y de manera inmediata colocaron en su lugar a Karmal que tendría como misión unificar las facciones del PDPA y transformar el ejército y la sociedad.

 

La resistencia ante la ocupación soviética

El liderazgo político

En Peshawar, se encontraba la dirección política de los grupos que integraban la resistencia, mayoritariamente islamista, quedando relegados a un segundo plano los tradicionalistas y los fundamentalistas, liderados por mulás y ulemas, que no disponían de las estructuras de apoyo de las que dispusieron los primeros.

La escisión producida en Pakistán dentro del seno de los islamistas dio lugar al grupo liderado por Rabbanique pretendía una evolución integrando a los movimientos más tradicionalistas liderados por los notables de las zonas rurales, junto a una base mucho más multiétnica (el 25% de sus simpatizantes eran pastunes); y el grupo liderado por Hekmatyar que defendía como forma de acción la revolución llevada con una estructura centralizada y disciplinada (Barfield, 2012:236-240) y que de alguna manera recogían a todos aquellos qawms[14] que habían quedado desplazados fuera del grupo mayor de la zona o etnia a la que pertenecían. Durante la contienda apareció una nueva escisión, en este caso de Hezb-i Islami, conocido como Hezb-i Islami Khalis —por su líder, el ulema Yunus Khalis[15]— con muy importantes lazos ideológicos con el partido Jamiat-i Ulema-i Islami pakistaní (Rashid, 2002:88-89). Otro grupo que merece ser citado entre los fundamentalistas rigoristas es el partido Ittihad-e Islami (Unión Islámica) liderado por Abdul Rasul Sayyaf y que se distinguió porque fue el que contó con mayor apoyo de Arabia Saudita y mayor número de voluntarios árabes[16]. Entre los tradicionalistas, merecen ser destacados los dos que estaban formados alrededor de prestigiosas familias afganas que lideraban sus respectivas órdenes sufíes y defendían el restablecimiento de las tradicionales instituciones monárquicas afganas: Mahaz-i Milli-i Islami-i Afghanistan (Frente Nacional Islámico de Afganistán), liderado por el ulema Sayyed Ahmad Gailani, defendía el establecimiento de un sistema parlamentario con la monarquía como jefatura del estado; y Jabha-i Nejat-i Milli (Frente de Salvación Nacional), liderado por Sebghatullah Mojaddidi, con ideología bastante similar al anterior (Maley, 2002:63-64; Cooley, 2001:64-65). De entre los partidos islamistas, citamos en último lugar al partido Harakat-i Inqilab-i Islami (Revolución Islámica) liderado por el ulema Muhammad Nabi Muhammadi, fundamentalista moderado que se coaligó con Jamiat-i Islami durante el tiempo que Rabbani estuvo en el poder.

 

Tabla 1: Partidos políticos suníes conocidos como los Siete de Peshawar


Fuente: elaboración propia

En 1980, los siete partidos suníes se organizaron como la Alianza de los Muyahidines de Afganistán, bajo la presión de Pakistán, alianza que ni fue duradera ni daría sus frutos en el campo de batalla por la falta de unidad ideológica. Esta desunión se tradujo en traición en el caso de Hekmatyar que, apoyado y favorecido por el Servicio de Inteligencia Pakistaní, llegó incluso a atacar al resto de guerrillas muyahidines.

Los movimientos chiíes[17] por su lado se organizaron en 1979, tras la shura realizada en Bamyan como consecuencia de los dramáticos acontecimientos políticos que estaban ocurriendo en Irán. Es en este momento cuando se constituyó la Shura-i Inqilab-i Ali Behesti (Consejo Revolucionario de la Unión Islámica), y que declaró independiente del régimen comunista de Kabul a la región de Hazarajat. Contaron con un apoyo tamizado por parte del Irán jomeinista que limitó su ayuda a la económica, además de que ésta siempre estuvo subordinada al seguimiento estricto de las directrices dadas desde Teherán (Gomà, 2011:218-219). Junto a ello, debemos citar la existencia del Mujahidin-i Khalq (Muyahidines del Pueblo), partido político islamista chií duodecimano, de carácter secular y de izquierdas, que se había opuesto al régimen del sah Reza Pahlavi y posteriormente perseguido por el régimen del ayatolá Jomeini. Todo ello favoreció que finalmente la resistencia chií estableciera su cuartel general en Quetta, capital del Baluchistán pakistaní, donde contaba con una muy importante comunidad chií desde los inicios del siglo XX y donde además la ayuda internacional fluía con abundancia.

Citamos en este apartado a los maoístas de Sholah-i Javed (Cooley, 2001:73), que actuaban principalmente como una guerrilla urbana, aunque este grupo de izquierdas que nació a finales de los sesenta quedaría seriamente dañado con la muerte de Mao Zedong, en 1976, y la nueva política desarrollada por Pekín (Gomà, 2011:220).

 

Los tipos de guerrillas y sus comandantes

La guerra de resistencia afgana contra el invasor soviético fue una guerra de guerrillas donde aparecieron dos tipos de mando y organización de las unidades: las formadas por unidades subordinadas a un líder que normalmente se había formado en la universidad de Kabul y en la que sus guerrilleros estaban unidos por el ideal de guerra santa, de composición multiétnica aunque con predominancia de una de ellas; junto a éstas, las guerrillas rurales que agrupaban a individuos de un determinado valle o tribu y donde sus lazos de unión eran sobre todo de tipo tribal o, al menos, clánico. Junto a estos dos tipos que definen los ideales aparecieron infinidad de partidas con una mezcla de características de ambas y lideradas por comandantes que se convirtieron en auténticos señores de la guerra. En este tipo de liderazgo, tuvieron un papel fundamental los comandantes mulás que reunían en su persona un fuerte liderazgo moral sobre su comunidad de origen, así como los lazos de qawm con ella.

Los comandantes se debían más a sus filas que a sus jefes políticos, con los que la línea de mando era tenue, de manera que aquéllos se convirtieron en los verdaderos protagonistas de la resistencia. El cordón umbilical con las cabeceras de sus respectivos partidos se mantenía en tanto recibían dinero y equipo. A contrario sensu, en estos años se produjo una peligrosa tendencia hacia el profesionalismo entre los comandantes muyahidín, de manera que lo que comenzó como una yihad contra el invasor extranjero, acabó convirtiéndose para muchos en una forma de vida. De entre ellos destacaría sin lugar a dudas la figura de Ahmad Massoud, comandante guerrillero que alcanzó el mayor prestigio y único del que se puede afirmar que consiguió organizar unidades disciplinadas y adiestradas para el combate en campo abierto contra las unidades soviéticas que nunca fueron capaces de ocupar su santuario en el valle del Panjshir[18].

Por último, significar que mucha de la violencia ocurrida durante la guerra de resistencia contra los comunistas se debió a los propios comandantes muyahidín que con frecuencia se enfrentaban entre ellos por rivalidades territoriales y luchas de poder local (Johnson, 2011:230).

 

La retirada soviética y la caída del régimen comunista

En 1988, tras el anuncio de la fecha oficial para completar su retirada por parte de las tropas soviéticas, se hizo necesario con urgencia otro intento de coordinación entre los islamistas. Se estableció un gobierno en el exilio en Peshawar (junio de 1988) pero la sobrerrepresentación de pastunes fue demasiado evidente —de un gobierno de quince ministerios, les correspondieron once—, además de que no había representación de partido chií alguno. Este gobierno provisional fue reconocido por Pakistán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (Talmon, 1998: 314), pero nunca llegaría a ser efectivo.

Una vez concluido el repliegue de las tropas soviéticas (15 de febrero de 1989), quedó un país con un gobierno ilegitimo que necesitaba del apoyo exterior para no verse colapsado, desafiado por un gobierno formado en el exilio que era incapaz de mantenerse unido o al menos disimular sus grandes fricciones internas, y con una estructura de comandantes de guerrilla que reclamaban su legítimo derecho a compartir el poder. Con este escenario y sin un mecanismo acordado internacionalmente para que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y los Estados Unidos (EE.UU.), junto a los actores estatales regionales, hubieran impulsado un gobierno de unidad, el resultado se hizo evidente: la continuación de la guerra civil entre todos y contra todos, con un nuevo juego de alianzas que duraban escasos meses y donde la traición y el cambio de bando por interés se convirtió en rutina. Los EE.UU. perdieron el interés en seguir apoyando la guerrilla muyahidín[19] (Billard, 2010:39) y lo que parece haber sido más importante, Pakistán perdió la capacidad de control sobre la mayor parte de los comandantes guerrilleros a los que financiaba, desde el momento que éstos habían aprendido a autofinanciarse gracias fundamentalmente al cultivo y tráfico ilegal del opio, junto a la adecuada explotación de los canales internacionales de tráfico de armas con los que habían establecido los necesarios contactos durante la guerra contra las tropas soviéticas. Una guerra civil que había sido fundamentalmente ideológica, se convertiría en una guerra por el botín del poder.

Hekmatyar no había conseguido el poder que pretendía en el gobierno acordado en Peshawar por lo que se unió a Najibullah[20], posiblemente pensando que, cuando éste cayese, el turno sería para él. Pero estos cálculos se mostraron erróneos, principalmente por el éxito que las milicias uzbecas tuvieron en el campo de batalla[21], al hacerse con el control de las principales ciudades del norte, núcleos urbanos que arrebataron a los muyahidines tayikos (Johnson, 2011:250).

Pero, una vez más, el verdadero cáncer que carcomía la estabilidad del gobierno era las rivalidades internas del propio PDPA. Finalmente en 1990, los khalqis, encabezados por el propio ministro de defensa general Tanai, lanzaron un nuevo intento de golpe de estado con el apoyo de Hezb-i Islami Hekmatyar (Rashid, 2002:198), en lo que era un puro matrimonio de conveniencia, de manera que este último le proporcionaba la necesaria legitimidad islamista a un partido marxista. Resultó ser un fracaso y sus líderes acabaron uniéndose a las filas de Hekmatyar (Rubin, 1995:253).

Una nueva shura en Peshawarfue convocada en septiembre de 1991, cuando parecía que la caída de Najibullah estaba próxima. Los acuerdos de Peshawar se firmaron el 24 de abril de 1992, entre todos los partidos políticos que habían formado el frente de resistencia contra el gobierno de Najibullah, excepto Hekmatyar que renunció a estar presente en la reunión ya que en ese momento estaba intentando hacerse con el poder por la fuerza en Kabul, apoyado por el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas Pakistaníes (ISI, por sus siglas en inglés). Finalmente, el 28 de abril de ese año, el nuevo gobierno de unidad nacional ocupó el poder con Mojaddidi como presidente y Rabbani como primer ministro. Dos meses más tarde, según el acuerdo alcanzado, Rabbani ocuparía la presidencia. Continuaría en la presidencia hasta diciembre de ese año, donde con motivo de la celebración de una nueva loyajirga[22] saldría elegido por un nuevo periodo de dos años.

En ese mismo mes, Najibullah fue obligado a renunciar y se refugió en el complejo de las Naciones Unidas en Kabul, donde fue protegido durante los próximos cuatro años hasta la entrada de los talibán en la ciudad.

 

El fracaso de la política de reconciliación nacional

Existen teorías que culpan a la desmedida ambición de los comandantes del norte como la responsable de la guerra civil que se produciría sin solución de continuidad, al no permitir el acceso al poder de notables figuras pastunes que hasta ese momento siempre habían participado en su reparto (Kakar, 1995:193). La verdad es bien distinta, la actuación de Massoud para el desalojo de Hekmatyar de Kabul en la última semana de abril de 1992, fue cumpliendo la orden recibida de Mojaddidi, recién elegido presidente por todos los partidos políticos, excepto Hezb-i Islami, y tras la declaración de este último de que jamás aceptaría un gobierno en el que participase Massoud (Maley, 2002:192-193). 

En marzo de 1993, se alcanzó un nuevo acuerdo bajo la presión de Pakistán y Arabia Saudita, conocido como el de Islamabad. Lo rubricaron Rabbani y Hekmatyar, y en él se establecía que éste ocuparía el cargo de primer ministro[23] y Rabbani seguiría siendo presidente hasta septiembre de 1994. Jamiat-i Islami era el único de los partidos importantes que no tenía un sponsor internacional —Junbish-i Milli contaba con el apoyo de Uzbekistán y de Rusia, Hezb-i Islami Hekmatyar contaba con Pakistán, el sponsor de Ittihad al-Islami de Sayyaf era Arabia Saudita, y Wahdat contaba con Irán— por lo que aislado, Rabbani no fue capaz de encontrar apoyos entre los pastunes moderados y aceptó el peor de sus enemigos como compañero de viaje sin pensar en las consecuencias que esto le acarrearía, o quizás consciente de ellas pero con un deseo de mantenerse en el poder que le llevaría a cometer este error y que al final le costaría su caída. En diciembre de ese mismo año, se convocó una nueva loyajirga en la que se confirmó a Rabbani como presidente hasta final de 1996. La asamblea fue boicoteada por Hekmatyar y Abdul Ali Mazari[24] que no participaron en ella.

Mapa 1: División provincial de Afganistán en 1992

Fuente: http://www.lib.utexas.edu/maps/middle_east_and_asia/afghanistan_pol_93.jpg

En las regiones, el comandante muyahidín Ismail Khan —perteneciente a Jamiat pero enfrentado a su líder Rabbani por la negativo a entregar al gobierno la suculenta tasación de impuestos que recogía en la región de Herat gracias a los pasos transfronterizos con Irán y sobre todo con Turkmenistán— controlaba Badguis, Herat y Farah. Por su lado, Mazar-i Sharif junto a las provincias de Jawzjan, Faryad, Balkh y Sar-i Pul, se habían entregado a Dostum sin pegar un tiro. La zona noreste de Takhar y Badakshan estaba en manos de Massoud, y la provincia de Kunduz era el punto fuerte de Hekmatyar en el norte. En Hazarat, el partido predominante único era Wahdat bajo su líder Mazari. En el sur y el este la situación estaba mucho más dividida porque las tribus pastunes, a falta de un líder tras la caída de Najibullah —un ghilzaide la tribu Ahmadzai—, se encontraban divididos: por un lado, estaban los tradicionalistas de Mahaz-i Milli (Gailani) y Jabha-i Nejat (Mojaddidi); los islamistas radicales de Hezb-i Islami (Hekmatyar); los fundamentalistas de Harakat-i Inqilab (Nabi) y Hezb-i Islami (Khalis), además del fundamentalista Ittihad de Sayyaf. No obstante, si tuviéramos que definir el auténtico aniquilador de cualquiera de las coaliciones que se intentaron, nos decantamos sin lugar a dudas, por los islamistas radicales de Hekmatyar — apoyados por Pakistán y Arabia Saudita— que hicieron frente común, en un momento dado, con las milicias comunistas uzbekas, por las desmedidas ambiciones de poder de ambos.

Quizás la razón principal para la caída final del gobierno de Rabbani fue su incapacidad para asociarse con pastunes tradicionalistas que hubieran facilitado el control del sur, así como su error de cálculo de basar su gobierno en una alianza con Hekmatyar con el que nunca pudo entenderse porque éste tenía una visión revolucionaria de alcanzar el poder para imponer una versión estricta del islamismo político y social. Esta asociación lo único que le produjo fue el aislamiento del resto de partidos. Finalmente, el aislamiento interno y sobretodo externo de Jamiat-í Islami le llevó al colapso el 27 de septiembre de 1996 ante los talibán, dando entrada a una nueva era en la historia afgana.

Pakistán nunca estuvo de acuerdo con las facciones que habían alcanzado el poder[25] y decidió apoyar a un nuevo grupo que había surgido en las cercanías de Kandahar un año antes, y que representaba una nueva versión islámica de la sociedad, más radical que las anteriores. No es hasta comienzos de 1996 que Irán y Rusia se dieron cuenta de la amenaza que suponía el poder creciente que estaban tomando los talibán con el apoyo pakistaní, y decidieron apoyar a Jamiat con su figura preeminente que, en esos momentos y sin lugar a dudas, era Massoud. El problema fue que los EE.UU. se mostraron partidarios de la presencia talibán en Kabul y decidieron apoyarlos a costa de Jamiat y Junbish, siguiendo los análisis y asesoramientos que su enviada especial en Pakistán Robin Raphel hacía (Coll, 2004:300).

 

La fractura de las élites y el nuevo reagrupamiento político de las facciones comunistas e islamistas

Siguiendo a Dorronsoro podríamos afirmar que lo que a primera vista puede parecer una guerra civil sin causas lógicas más allá de la venganza, etnicismo y anarquía, resulta ser una guerra estrictamente política, cuando se la mira con detalle, con acontecimientos predecibles (1995:37).

Tras la caída del régimen comunista se produjo la búsqueda de nuevas asociaciones con los líderes de la resistencia por parte de los que habían sido los colaboradores de Najibullah, en busca de su mejor ganancia personal de futuro. Los dos polos más importantes que se ofrecían estuvieron definidos por el criterio tribal y la ideología política, por este orden. Esta prioridad facilitaría la integración de antiguos khalqisy parchamis en los diferentes tipos de movimientos islamistas que sobrevivieron al régimen: los primeros se identificaron con Hekmatyar porque en su mayoría pertenecían a la confederación ghilzai y eran los provenientes de las capas sociales más desfavorecidas, mientras que Massoud representaba a aquellos islamistas procedentes de una clase media urbana y rural, a los que se habían unido los parchamis (Roy, 1994:113).

Sin embargo, el panorama político afgano había cambiado radicalmente con la guerra, el islamismo político había enraizado en la sociedad pero dividido en facciones irreconciliables que provenían del origen de la guerra civil contra el régimen comunista, de manera que lo que había sido una guerra basada en el islam contra el soviet, ahora se transformaba en una guerra entre diferentes interpretaciones islamistas, donde la moderada era liderada principalmente por los tayikos, y la fundamentalista era representada por los pastunes, mayoritariamente ghilzai, junto a otras tribus del sur. Por último, un elemento altamente distorsionador, las milicias comunistas uzbecas (Johnson, 2011:251).

Quizás la primera razón para el fracaso de cualquier intento de acuerdo, de todos aquellos que se produjeron a partir de abril de 1992, fue la división y enfrentamiento de las élites. Como consecuencia de la caída del régimen comunista de Najibullah, la nueva élite del Estado se encontraba completamente fracturada: en primer lugar, las antiguas élites previas al régimen comunista habían desaparecido, exiliadas en países de Europa y los EE.UU. o asesinadas; entre las nuevas élites aparecidas durante las década de los ochenta, encontraremos los comunistas formados en el PDPA —khalqis y parchamis, con las diferentes características descritas para cada uno—; los islamistas moderados representados fundamentalmente por los tayikos; los islamistas radicales representados por Hekmatyar y los pastunes que unificó a su alrededor; los suníes tradicionalistas pastunes que combatieron a los soviéticos y a los comunistas porque representaban un modelo de Estado en contra de los preceptos de la sharía, pero que no eran de ideología islamista —en este grupo estaban integrados los pocos pastunes monárquicos que hicieron la guerra de liberación frente a los soviéticos—; y por último, los islamistas pastunes con influencia deobandi que sólo contaron con sponsor a partir de la llegada al poder de Benazir Bhutto[26] en 1993.

Sumadas a esta fractura de las élites, encontramos tres razones más para esta manipulación del poder político nacional: la mutua desconfianza y las fricciones existentes entre ellas; que la legitimidad de las partes representadas fuera cuestionada desde el momento en que no estuvieron representados los comandantes muyahidines de primer nivel porque no disponían de partido político que participase en los varios acuerdos llevados a cabo en Pakistán —Dostum, IsmailKhan y varias shuras de comandantes presentes en el resto del país—; por último y quizás la esencial fue el colapso de las instituciones del Estado, en particular el ejército que quedó completamente fragmentado y politizado.

Si la etnia no había constituido un factor de enfrentamiento en los estragos por conseguir el poder político hasta la llegada de los soviéticos, pues todas aceptaban que el poder debía seguir en manos pastunes por ser la etnia mayoritaria y los que habían sido los artífices de la creación del estado afgano, la situación cambió radicalmente tras la guerra de resistencia soviética pues se produjo una concienciación política de las tribus norteñas y de las tierras altas centrales sobre la importancia de sus acciones y logros para la existencia de un Afganistán independiente. En particular nos referimos a los tayikos y los hazaras que, tras su aportación esencial para la expulsión de los soviéticos y posterior caída del régimen comunista, exigieron su participación activa en el poder del estado, a igualdad de condiciones con los pastunes. Fue por lo tanto una quiebra de la jerarquía étnica preexistente, jerarquía que tácitamente había sido asumida por el resto hasta ese momento[27].

 

El movimiento talibán y la confirmación del conflicto étnico

El surgimiento del movimiento

La guerra civil entre facciones islamistas fue especialmente violenta en Kabul, cobrándose un gran número de vidas y destruyendo las infraestructuras de la ciudad, cosa que no había ocurrido en tiempos del régimen comunista[28]. Por el contrario, ante la incapacidad del gobierno por ejercer sus funciones ya que se encontraba sumergido en los combates por mantener el poder en Kabul, se produjo un vacío en las zonas rurales que fue cubierto por los comandantes muyahidines de segunda línea que no lucharon por el control del Estado y sí lo hicieron por el control de su valle, donde ejercían el poder de manera autoritaria y violenta sobre vidas y haciendas de sus habitantes.

La situación de anarquía resultante fue más evidente en aquellas zonas donde el control del territorio por estos nuevos señores de la guerra era más débil, en las zonas fronterizas y de solape donde los enfrentamientos entre aquellos eran más intensos. Esto ocurriría en la provincia de Kandahar y en especial en su capital, donde los líderes de los partidos pastunes tradicionalistas[29] se enfrentaron al islamismo radical que representaba Hekmatyar, en una guerra de aniquilación que provocó el caos absoluto. En esta zona, la yihad contra los soviéticos y el régimen comunista subsecuente estuvo caracterizada por su carácter tribal, el poder se ejercía por barrios, con lo que el nivel de anarquía resultante en la ciudad fue realmente alarmante (Rashid, 2002:18-19).

En este contexto, es necesario colocar la frustración vivida por cientos de afganos educados en madrazas paquistaníes que habían pasado la última década como refugiados en Pakistán, y habían vuelto a un Afganistán anárquico donde la violencia era la norma. Autores como Barfield (2012:255) hablan de una transferencia natural de jóvenes combatientes que se habían formado en las madrazas paquistaníes, desde una guerra contra el invasor infiel comunista hacia una guerra contra muyahidines por el caos y desorden reinante. La verdad parece ser más compleja, pues todos sus líderes eran expertos combatientes y en su mayoría mulás, residentes en Afganistán, que decidieron retomar las armas ante la situación de caos, con el apoyo ideológico y material de la élite política paquistaní y de su brazo ejecutor, el ISI.

 

El islam deobandi del movimiento Talibán y su relación con la estructura política pakistaní

Los talibán son un movimiento radical suní transfronterizo que tuvo su origen en las madrazas localizadas entre las provincias de Ghazni y Kandahar, donde se comenzó a impartir sus enseñanzas durante el reinado de Zahir Shah. En ningún caso lo podemos identificar con un partido político en el que se tenga definido la situación final deseada para el Estado y la sociedad, y sí como un movimiento religioso militar, donde para ser un buen combatiente es necesario ser un buen creyente y donde el papel de la mujer en la sociedad queda recluido a la más íntima de las esferas familiares ya que se la considera una distracción a la vida de servicio (Rashid, 2002:88-89).

Sus orígenes ideológicos en Afganistán los identificamos con los partidos Harakat-i Inqilab-i Islami de Nabi Muhammadi y, sobre todo, con Hezb-i Islami de Yunus Khalis, partidos que se consolidaron durante la década de los ochenta en la guerra contra los soviéticos, a pesar de no contar con el apoyo decidido del ISI y los EE.UU., ya que sus respectivos líderes estaban ligados a la madraza Haqqania y por lo tanto simpatizaban con el partido político pakistaní Jamiat-i Ulema-i Islami (JUI) —Partido Islámico de Ulemas—, partido político marginado por el entonces régimen en el poder, del general Ziaul-Haq[30], en beneficio del partido Jamaat-i Islami Pakistan (JIP) —Asociación Islámica de Pakistán—, partido ligado al islamismo de los Hermanos Musulmanes. No fue extraño que sus líderes, la mayoría de ellos formados y ligados a Haqqania, y con experiencia de combate contra los soviéticos, formaran al principio de la década de los noventa, un nuevo movimiento regenerador autodenominado Jamiat-i Taliban (Partido Talibán). Y que este partido, ahora sí contase con el apoyo de todo el aparato pakistaní, precisamente coincidiendo con la llegada al poder de Benazir Bhutto mediante una coalición formada por el Partito Popular Pakistaní (PPP), controlado por la familia Bhutto, y Jamiat-i Ulema Pakistan[31] (Cooley, 2001:83-87).

La ideología religiosa talibán es una mezcla de salafismo deobandi con el código tribal pastún, el conocido como pashtunwali, a lo que se añade que en el caso de fricción entre sharía y pashtunwali tiene preferencia este último en contra de lo que sería de esperar de un buen musulmán. El movimiento es hostil a la tradición sufí afgana[32], así como a la veneración de santos y morabitos que tienen gran ascendencia entre la población, con lugares de culto muy venerados, como consecuencia de la influencia Barelvi. Por último, se opone al chiismo por considerarlo una herejía (Roy & Zahab, 2004: 19).

Mapa 2: Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA) y la actual provincia de Khyber-Pakhtunkhwa (KPK), anteriormente denominada Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP, por sus siglas en inglés)

Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3ANWFP_and_FATA.jpg

Su popular aceptación inicial estuvo basada más en su parte de tradiciones pastunes que en la propia sharía, pero fue precisamente este modelo social que querían implantar, ajeno a las tribus no pastunes, lo que le haría perder apoyo popular —los talibán no supieron entender que Afganistán es una nación formado por varios pueblos, cada una de ellos con su propia cultura, lengua e incluso territorio donde está implantado—.Por otro lado, su falta de conocimiento de la sharía fue testimoniada por los ulemas egipcios de la universidad de Al-Azar que se trasladaron a Kandahar en 2001, para tratar de convencer al mulá Omar de que no llevase a cabola destrucción de los Budas, y que confirmaron que debido a las circunstancias y el incompleto conocimiento de la jurisprudencia no son capaces de formular normas soportadas por evidencias teológicas (Barfield, 2012:262).

A pesar de que algunos autores argumentan que en sus inicios no era un movimiento antioccidental porque gozaban de determinadas simpatías por altos cargos de la administración estadounidense, es un movimiento eminente militar que por principio niega la cultura política occidental y la sociedad laica (Roy & Zahab, 2004: 12-13) y que reclutó sus bases de combatientes de las madrazas afganas y sobre todo pakistaníes, una vez que las primeras agotaron su capacidad de proveerlos (Maley, 2002: 216-218).

Un partido nacionalista y oficialmente opuesto a la distinción tribal y étnica, acabó convirtiéndose en un partido étnico por la imposición jerárquica que la etnia pastún acabaría ejerciendo sobre el resto. El consecuente rechazado se agravó con la posición de predominio que ejerció la tribu Durrani sobre los Ghilzai, así como con las tribus norteñas, por la distribución de cargos de responsabilidad —la shura suprema de Kandahar sólo tenía representantes durranis provocando los lógicos celos y envidias con el resto de tribus (Rashid, 2002: 98)—. El nivel de desconfianza de la shura suprema con los gobernadores era de tal envergadura que normalmente estos puestos eran rotatorios, en muchos casos por no más de varios meses. A ello se le sumó la exclusividad fundamentalista religiosa por la que comunistas khalqis y tradicionalistas pastunes acabarían desterrados o eliminados físicamente sino evolucionaban hacia la ideología oficial[33] (Dorronsoro, 2005: 267). Por último y como no fueron capaces de superar su visión pastún parroquial de la sociedad, finalmente se granjearon la antipatía de tayikos, uzbecos y hazaras, a los que se le unirían los habitantes de las ciudades que los consideraban unos iletrados (Maley, 2002: 222-225).

 

Consideraciones finales y conclusiones

Si la identificación político-étnica hazara tuvo sus orígenes en 1989, durante la formación del partido Hezb-i Wahdat, con el patrocinio iraní y precisamente ante la falta de representatividad que el resto de partidos islamistas le negaron a esta etnia, no fue hasta la caída de Kandahar en manos talibán, en 1994, cuando se produjo la identificación étnica tayika con Jamiat al perder la mayoría de sus comandantes pastunes de Kandahar que se unieron al movimiento talibán. Este proceso se completó con la caída de Herat en 1995, de manera que podemos afirmar que la guerra civil se libraría mayoritariamente entre pastunes y el resto de etnias, a partir de esa fecha. Sin llegar nunca a olvidar que la etnización del conflicto se produjo de manera involuntaria en los dos partidos de carácter nacional, tanto en los Talibán como en Jamiat.

Aunque a lo largo de la guerra de resistencia contra los soviéticos, se había iniciado un proceso identitario político de las etnias de las tierras altas y del norte, no ocurrió lo mismo con la etnia pastún pues seguía dividida en la permanente rivalidad Durrani-Ghilzai. Esta división de los pastunes provocaría que, por primera vez en la historia afgana, el poder político nacional estuviera en manos de una etnia no pastún desde 1992 a 1996 —no estimamos que los diez meses, que el poder del Estado estuvo en manos del denominado Shah Habibullah Kalakani, puedan ser considerados a estos efectos pues se limitó a imponer el terror en la ciudad de Kabul, asesinando a todo aquel que le desafiaba (Roberts, 2003: 51; Fletcher, n.d.: 218-221) —. Ninguno de los partidos políticos pastunes fue capaz de aglutinar alrededor de sí al resto de las tribus, éstas se encontraban divididas entre los islamistas radicales, islamistas moderados, fundamentalistas y tradicionalistas, de manera que sería la etnia tayika, apoyada por uzbecos y hazaras, la que se haría con el poder en el periodo postcomunista.

Los talibán no sólo no escaparon de este proceso de etnización sino que, a pesar de que en su ideario político se identifican como un movimiento nacional e integrador, basado en el seguimiento estricto de la sharía como base de unión de la nación afgana, contiene un fuerte elemento desintegrador ante el resto de las etnias no pastunes, constituido por la confusión de identificar el pashtunwali como parte de la sharía —esta última, a su vez, interpretada según las influencias deobandis que la hacen, en muchos aspectos, ajena a la tradición rural pastún. Por otro lado, los propios talibán identificaron a la tribu Durrani como la única con derecho a gobernar, posiblemente como otra consecuencia no prevista y debida en este caso a que el qawm más cercano al mulá Omar era todo él de esta tribu. Pero es que tampoco tomaron medidas para paliar este hecho, posiblemente debido al altísimo nivel de desconfianza existente entre el propio mulá Omar y sus líderes subordinados. De manera que la shura de Kandahar prácticamente estaba formada en exclusividad por durranis, lo que provocaría un alto nivel de insatisfacción entre los comandantes ghilzai, y desde luego no incluía a miembro alguno no pastún. Este nivel de desconfianza llegaría al paroxismo cuando decidieron despedir a todos los funcionarios de la administración estatal y los reemplazaron por pastunes lo que llevaría a protestas que fueron intensas en la provincia de Nangarhar, y que tuvieron como consecuencia la matanza de civiles y estudiantes en Jalalabad que eran seguidores del segundo de Omar, el mulá Rabbani (Rashid, 2002: 98-99).

Cabe señalar que, si durante la guerra civil muyahidín habíamos identificado una quiebra de la jerarquía étnica, durante el proceso de expansión y establecimiento del régimen talibán fue madurando un proceso de etnización del conflicto que era ajeno a los conflictos y guerras precedentes (Dorronsoro, 2005: 265; Rashid, 2002: 83) ya que hasta ese momento las guerras civiles habían sido entre tribus pastunes o sus confederaciones, y que normalmente se libraban contra el rey por considerar que estaba violando determinados derechos o privilegios —imposición de nuevos impuestos, expropiación de tierras de cultivo,…—, pero ahora comenzó a librarse entre las diferentes etnias. Además, este proceso adquirió tintes religiosos como resultado de la violencia sectaria que los talibán aplicaron en su proceso de expansión, en particular contra los chiíes ismailíes por parte de los combatientes procedentes de las madrazas pakistaníes[34], haciendo del islam un elemento de división en la historia del país —suníes radicales contra chiíes— e identificando etnia y religión como elementos segregadores, cosa que nunca antes había ocurrido ya que en Afganistán encontramos tribus pastunes que son chiíes y hazaras que son suníes.

Es en este escenario de conflicto étnico y religioso donde entraría en juego la comunidad internacional, liderada por los EE.UU. y con la legitimidad aportada por las Naciones Unidas. El hecho de que la superposición de conflictos internos —entre las diferentes facciones islamistas y comunistas, y entre los pastunes talibán con el resto— no provocase la supresión del anterior sino el añadido de un nuevo elemento, aportaría una mayor complejidad al conjunto social y político afgano, lo que  hizo que el escenario encontrado en diciembre de 2001 fuera terriblemente intrincado y difuso, pues aunque los líderes políticos y militares talibanes fueron perseguidos y expulsados, no así sus bases que se reintegraron en la vida civil como excombatientes.

Si tal y como los años avanzaban en la primera década del siglo XXI y la comunidad internacional realizaba ímprobos esfuerzos en la reconstrucción nacional del país, la situación sociopolítica afgana no hizo sino empeorar, probablemente ha sido porque no se ha sabido abordar la división política y social existente, con medidas de integración más allá de los clásicos programas de desmovilización, desarme y reintegración, pero en ningún caso con programas de integración social dirigido a las élites políticas que estaban y continúan divididas. Son pues necesarios proyectos políticos que propugnen la integración de las diferentes facciones islamistas existentes, proyectos que definan una línea de trabajo más allá del enfrentamiento en el campo de batalla al talibán.

Sin dejar de lado la necesaria lucha contra la insurgencia para evitar el colapso del Estado, es necesario que la comunidad internacional se implique en un proceso de apoyo a iniciativas políticas autóctonas y diversas, que discurran dentro de la confrontación dialéctica, integrando a islamistas y comunistas. En la actualidad la sociedad rural y la urbana están enfrentadas ante modelos políticos contrapuestos y es necesario encontrar los puntos que les unen para poder trabajar sobre ellos, de manera que se pueda definir un concepto de nación que es imprescindible desarrollar, para que el nuevo proyecto de Estado sea en primer lugar legítimo ante los ojos afganos, y en segundo lugar aceptable para la comunidad internacional.

 

Nota sobre el autor:

Francisco Berenguer López es doctorando en paz y seguridad internacional en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, Madrid.

 

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[1] Al inicio de los sesenta, sólo unos 200.000 niños asistían a clases, de un total estimado de 2,5 millones en edad escolar, lo que representaba el 8% de la población infantil. Con respecto a la población universitaria, era de sólo unos 2000 estudiantes que en los noventa alcanzó su pico, unos 25.000 (Samady, 2001: 20-65).

[2] El islamismo afgano tiene sus orígenes ideológicos en los Hermanos Musulmanes y está ligado con el sufismo. A diferencia del wahabismo y el movimiento deobandi, no repudia la cultura occidental y no está interesado en el asunto pastún.

[3] Nacido en 1940 en Faizabad (Badakshan, Afganistán) y muerto el 20 de septiembre 2011 en Kabul. Erudito islámico afgano y líder político que instituyó las estrictas leyes islámicas cuando fue presidente de Afganistán (1992-1996), pero que fue empujado al exilio después que los talibán se hicieran con el poder, aunque conservó el reconocimiento internacional. Regresó a su país, a raíz de los ataques liderados por Estados Unidos en 2001. Desde 2010, Rabbani fue jefe del Alto Consejo de Paz con el cometido de llevar adelante las conversaciones y reintegración de los talibán. Fue asesinado por un terrorista suicida que decía ser un emisario talibán (2011).

[4] Massoud Khalili, jefe de la oficina de asuntos políticos de Jamiat-i Islami durante la resistencia contra los soviéticos. Comunicación personal, Kabul, 11 de julio de 2015.

[5] Antiguo estudiante de la facultad de ingeniería que fue encarcelado por el asesinato de un compañero durante unos enfrentamientos estudiantiles entre los seguidores de partidos políticos opuestos.

[6] Político afgano que fue presidente y primer ministro de Afganistán 1978-1979. Nacido en una familia rural pastún, Taraki asistió a la escuela nocturna mientras trabajaba como empleado en Bombay, donde aprendió inglés. A finales de la década de los cuarenta, trabajó en el departamento de prensa del gobierno afgano y en 1953 fue destinado como funcionario a la embajada afgana en Washington. En 1963, entró en política y ayudó a fundar el PDPA.

[7] Político afgano que, apoyado por la URSS, fue presidente de Afganistán 1979-1986. Hijo de un general del ejército con muy buenas amistades, se involucró en actividades políticas marxistas mientras estudiaba en la universidad de Kabul. En la década de los cincuenta fue encarcelado durante cinco años por sus actividades políticas. En 1965 fue miembro fundador del PDPA.

[8] Primo hermano del rey y general en la reserva que había sido ministro de defensa y primer ministro. Fue cesado por el rey en 1963 tras el enfrentamiento político y diplomático que provocó con Pakistán por su declarado apoyo a los pastunes situados al sur de la Línea Durand.

[9] Asesinado en la puerta de su casa en Kabul, el 17 de abril de 1978.

[10] Inqilab se corresponde en dari con la palabra revolución, y Saur para el nombre Taurus ya que el calendario afgano se rige por el zodiaco.

[11] Los dos héroes del golpe Saur fueron el comandante Muhammad Aslam Watanjar y el Coronel Abdul Qader Khan —éste fue nombrado a continuación ministro de defensa—. Ambos contaban con experiencia previa pues habían participado en el golpe de estado de 1973.

[12] Fue precisamente este relevo étnico lo que provocaría las dificultades que tendrían los sucesivos regímenes comunistas en implantarse en la región de Kandahar, zona de predominio Durrani.

[13] Todo ello ocurrido a raíz del congreso interno del PDPA (junio de 1978), en el que se desplazaron de los puestos de poder a los líderes del Parcham (Karmal, AnahitaRatebzab y el Dr. Najibullah) y fueron enviados al exterior con puestos diplomáticos gracias a la intervención de la URSS (Maley, 2002: 28).

[14] En la sociedad afgana, la principal identificación del individuo ha sido y sigue siendo el qawm al que pertenece. Ayuda a distinguir los miembros de un gran grupo de solidaridad de otro, dentro de las diversas comunidades (Allchin et al., 2016).

[15] Tuvo que abandonar Afganistán en 1973, al mismo tiempo que los líderes de Jamiat-i Islami, perseguido por el régimen de Daud. Fundamentalista de la escuela deobandi, no fue capaz de llegar a acuerdos con Jamiat tras la retirada de las tropas soviéticas. Su partido acogió a gran cantidad de desertores khalqis del ejército y en él militaron un gran número de importantes figuras talibán —mulá Omar, mulá Jalaluddin Haqqani, mulá Abdul Qader y mulá Abdul Haq, entre otros—. Con especial influencia en las provincias de Nangarhar, Kunar, Kabul, Logar y Wardak.

[16] Abdul Rasul Sayyaf era profesor en la universidad islámica La Sharía en Kabul hasta 1973, cuando conspiró con Burhanuddin Rabbani y Gulbuddin Hekmatyar para derrocar al presidente Daud Khan desde el valle de Panjshir (1975). El golpe fracasó y se vio obligado a huir a Pakistán (Afghan Biographies, 2015).

[17] Los más sobresalientes eran: la Shura-i- Ettefaq liderada por el ayatolá Behesti, el Sazman-i Nasir de Abdul Ali Mazari, el Sepah-i Pasdarn, y el Harakat-i Islami de Asif Mohseni. Este último era el más sobresaliente y el que combatió con mayor intensidad a los soviéticos; estaba formado por hazaras, qizilbashs y pastunes chiíes.

[18] Nombrado ministro de defensa del primer gobierno instaurado tras la caída del régimen comunista de Najibullah, se convertiría en el líder de la Alianza del Norte que lucharía contra el movimiento Talibán. Murió asesinado en atentado terrorista perpetrado por Al Qaeda el 9 de septiembre de 2001.

[19] También se ha de tener presente que, en agosto de 1990, los EE.UU. comenzaban su primera invasión de Irak.

[20] Mohammad Najibullah Ahmadzai, hijo de una prominente familia pastún, se doctoró en medicina en la universidad de Kabul, pero pronto se implicó en la política. Fue nombrado embajador en Irán en 1978, a raíz de la revolución de Saur. A resultas de la limpieza de miembros parchamis que Hafizullah Amin realizó en el PDPA, Najibullah fue perseguido, pero consiguió escapar por estar destinado en el extranjero (Tesch, 2016).

[21] Milicias que bajo el mando del general Dostum adquirieron protagonismo, incluso por encima de las unidades del ejército regular, cubriendo el hueco dejado por el 40º ejército soviético tras su repliegue —respondían directamente ante el ministro de defensa y comprendían de 20.000 a 40.000 combatientes—.

[22] Literalmente círculo, con significado similar a la palabra árabe shura que significa consejo. Se adopta esta forma para evitar la preeminencia de cualquiera de sus miembros, históricamente constituye la manera de adoptar decisiones que impliquen la subordinación temporal a un líder para un asunto acordado.

[23] Los meses siguientes bajo la autoridad legal del primer ministro Hekmatyar se establecieron multitud de normas sobre conducta pública y privada de los ciudadanos que se asemejaron a lo que más tarde se viviría con la llegada de los talibán —obligación de portar el burka, prohibición de trabajos de las mujeres en lugares públicos…—.

[24] Fundador del partido Nasr que luchó contra la invasión soviética, ocupó el liderazgo indiscutible de Hezb-i Wahdat cuando se éste se creó en 1989 por la fusión de nueve partidos hazaras (Afghanistan Online, 1997).

[25] Massoud había sido completamente descartado como posible solución de futuro en el gobierno afgano por parte del gobierno pakistaní ya que al liderar un partido de mayoría tayika era percibido como un obstáculo para los intereses pakistaníes de neutralizar a sus movimientos independentistas pastunes con un gobierno afgano amigo.

[26] Hija de Zulfikar Ali Bhutto, fue primera ministra paquistaní de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996.Lideró el Partido Popular de Pakistán a la muerte de su padre y fue asesinada en 2007, cuando giraba su campaña política para las elecciones nacionales que se celebrarían dos semanas más tarde.  

[27] Shakila Wagemaker, expatriada afgana y licenciada en políticas por la Universidad de Ámsterdam, actualmente sirviendo en la misión diplomática de los Países Bajos en India. Comunicación personal, Kabul, 9 de octubre de 2015.

[28] Se produjo un distanciamiento de los combatientes ante la clase popular, la guerra dejaba ser una yihad para convertirse en jang-i dakheli (guerra civil).

[29] Y que no contaron con el apoyo que los servicios de inteligencia pakistaníes habían prestado a los partidos islamistas.

[30] Ziaul-Haq derrocó al PM Zulfikar Ali Bhutto, el 5 de julio de 1977, en un incruento golpe de estado. Se convirtió entonces en el comandante y administrador del país mediante la ley marcial. Zia ordenó ejecutar a Zulfikar A. Bhutto (1979) bajo los cargos de intento de asesinato, suspendió todos los partidos políticos y las huelgas, estableció una estricta censura de prensa, y mantuvo la ley marcial en el país hasta 1985. Ante la invasión soviética de Afganistán, se embarcó en una escalada militar de apoyo a grupos islamistas. También trató de ampliar su base de apoyo popular mediante la islamización de la vida política y cultural de Pakistán. Murió en un accidente aéreo (1988).

[31] El poderoso partido pakistaní deobandi.

[32] Los deobandi no dejan de ser una escisión del wahabismo —escuela Hanbali— y por lo tanto opuestos al islam tradicional afgano de la escuela Hanafi.

[33] Sus bases estaban formadas, además de por los jóvenes de las madrazas afganas y posteriormente pakistaníes, por antiguos khalqis que se habían integrado en Hezb-i Islami Hekmatyar y posteriormente desertaron, y por pastunes tradicionalistas que se les irían sumando por sus lazos étnicos, al ir obteniendo victorias.

[34]Donde se había producido la mixtura entre las influencias wahabíes, importada por sus patrocinadores árabes, y las deobandis propias de estas madrazas desde el mismo momento de su establecimiento en las áreas pastunes pakistaníes.

 

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