La conciencia de defensa en España tras las guerras de Irak y Afganistán (2001-2007)

FRANCISCO JOSÉ GALLEGO ARANDA

Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, Madrid

 

Title: Evolution of National Defence Awareness in Spain after the Wars in Iraq and Afghanistan (2001-2007)

Resumen: Los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) vienen dando a las Fuerzas Armadas como una de las instituciones mejor valoradas por los españoles desde hace años. Sin embargo, la denominada conciencia de Defensa Nacional podría no estar demasiado relacionada con esa mejora de imagen de las Fuerzas Armadas. Este artículo analiza cómo evolucionó la conciencia de Defensa, en los años 2001-2007,  y su influencia en el periodo posterior y ponerlo en relación con los acontecimientos del momento, desde el 11S a las guerras de Afganistán e Irak, que constituyen el periodo histórico de mayor notoriedad informativa de los asuntos relativos a la Seguridad y la Defensa en España.

Palabras clave: Afganistán; Conciencia de Defensa; Fuerzas Armadas; Irak; Opinión pública.

Abstract: Sociological Research Center (CIS, for its acronym in English) Barometers are showing the Armed Forces as one of the best rated institutions by the Spaniards for years. However, the so-called “Awareness of National Defense” could not be too much related with that enhancement of the image of the Armed Forces. This article analyzes how the defense awareness has evolved between the years 2001-2007 and its influence on the following period, relate it to that time events, from the 9/11 attacks to the wars in Afghanistan and Iraq, which constitute the most informative notorious historical period relative to matters of security and defense in Spain. 

Keywords: Afghanistan; Armed Forces; Defence awareness; Iraq; Public opinion.

Recibido: 19 de julio de 2017. Aceptado: 24 de septiembre de 2018

Para citar este artículo: Francisco José Gallego Aranda, “La conciencia de defensa en España tras las guerras de Irak y Afganistán (2001-2007)”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 4, No. 2, (2018), pp. 227-251. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.8.12

 

Introducción

Durante los años que transcurrieron desde el 11 de septiembre de 2001 hasta el 31 de diciembre de 2007, la Seguridad y Defensa se convirtió en objeto de atención mediática (Gráfico 1). En ese tiempo, los gobiernos y los grupos políticos configuraron un discurso sobre este asunto, con la guerra de Irak y Afganistán como telón de fondo, y tomaron decisiones que tuvieron importante repercusión en la opinión pública. Desde la instauración de la democracia en España no ha habido otro periodo histórico donde la política exterior y de defensa haya tenido tanto calado en la opinión pública. Desde el ataque terrorista en Nueva York y Washington, a las operaciones militares llevadas a cabo en Afganistán y en Irak, y otros sucesos especialmente relevantes como la crisis del islote de Perejil o el accidente del Yakolev-42 cuando regresaba de Afganistán, han contribuido a mantener este protagonismo[1].

Paralelamente, la desaparición del servicio militar obligatorio en el año 2002 inició un proceso de profesionalización de las Fuerzas Armadas (FAS) que tuvo durante este periodo su desarrollo inicial, en el que la captación y retención de efectivos se convirtió en un problema de Seguridad Nacional y se invirtieron grandes cantidades de dinero en publicidad institucional. Todas estas vicisitudes llevaron la Defensa a la actualidad política y mediática de un modo nunca visto, y fruto de ese protagonismo fueron también las importantes novedades legislativas que dieron respuesta: ley de tropa y marinería (8/2006), ley de Defensa Nacional (5/2005) y ley de carrera militar (39/2007). Todo ello en medio de un debate político, a menudo tenso y apasionado, que ha tenido una enorme influencia en la concepción de la Defensa Nacional que los españoles tienen en el momento actual.

Son muchos los factores que han ido contribuyendo, de algún modo, a formar la opinión pública sobre la conciencia de Defensa. Además del caliente debate político sobre la respuesta militar a situaciones de crisis como las acontecidas en Irak y Afganistán, está el análisis sobre los problemas de captación y retención de efectivos para las FAS y la propia actuación de las FAS en el Exterior. La investigación completa del asunto comprende los siguientes objetos de trabajo: estudio de contenidos de los medios de comunicación referentes al asunto, estudio de los diarios de sesiones de las Cortes Generales referentes a debates parlamentarios de asuntos de Defensa,  estudio de la publicidad institucional y cifras sobre ingresos en las FAS y encuestas de opinión.

Dada la amplitud del trabajo, este artículo se va a centrar solamente en un elemento de conocimiento, no exhaustivo pero, determinante para conocer los resultados. Éste no es otro que las encuestas de opinión realizadas durante ese periodo sobre el asunto y las tendencias observadas en las mismas.

Las fuentes empleadas para este análisis son los datos del SICDEF (Sistema de Indicadores de Conciencia de Defensa) de la Intranet del Ministerio de Defensa, basado sobre todo en las encuestas del CIS; otras encuestas como el BRIE (Barómetro del Real Instituto Elcano) y el INCIPE (Instituto de Cuestiones Internacionales y Política Exterior).

Hay que tener en cuenta las circunstancias para entender la percepción que las FAS producen en la sociedad, y que les diferencia de otras entidades. En primer lugar el conocimiento de las FAS por la mayoría de las personas es escaso, se limita a los propios militares y a su entorno. Por tanto, la percepción por parte de la sociedad depende sobre todo de la publicidad institucional y de la imagen que dé la clase política, tanto con su discurso, como con sus decisiones sobre Seguridad y Defensa; todo ello por supuesto, en el modo en que los medios de comunicación social presenten dichas decisiones y discursos.

La valoración que se hace de un organismo es un concepto amplio y poco definido. Se puede valorar a una institución porque se considera muy necesaria, porque se simpatice con sus profesionales, o porque se reconozcan sus méritos. Es importante saber cuál es la razón por la que se valoran positivamente las FAS, puesto que podría ser que dicho reconocimiento tuviese escasa relevancia si se ha basado exclusivamente en publicidad engañosa.

La razón de ser de las FAS es el uso de la fuerza para la defensa de la nación frente a cualquier tipo de agresión, cuando no pueda ser impedida por otros medios. O como reza la Constitución en su artículo octavo: “defender la soberanía e independencia de España, su integridad territorial y el ordenamiento constitucional” (Constitución Española –CE– 1978, artículo 8.1)[2]. Defender España puede hacerse de muchas maneras, pero la forma en que deben hacerlo las FAS es usando la fuerza, pues por ello se dedican importantes esfuerzos económicos en programas de armamento y material bélico y para ello se adiestran y preparan los militares. Es una obviedad que en España, sin embargo,  parece que debe ser recordada.

Bien es cierto que, gracias al prolongado periodo de paz que ha vivido España, el uso de la fuerza militar se ha convertido en un lejano recuerdo y, por tanto, la posibilidad de tener que emplearlo actualmente se ve remota. Ello ha contribuido a crear una sensación de amenaza muy escasa y cierta percepción de inutilidad de las FAS como instrumento.

No obstante, las misiones de las FAS en el exterior, en escenarios conflictivos o en misiones humanitarias, ha aumentado su presencia mediática y por tanto su contacto con la sociedad. Sin embargo, es dudoso que esa mayor presencia, aunque pueda estar detrás de una mejor valoración de las FAS, haya servido para incrementar la conciencia de Defensa.

Este artículo analiza cómo han evolucionado los elementos que ayudan a entender la conciencia de Defensa en este periodo crítico dividiéndolo en dos partes y después la tendencia desde entonces hasta nuestros días. Para ayudar a comprender la conciencia de Defensa se utiliza una perspectiva comparada y los análisis anteriores para tratar de dar una visión actualizada y razonada.

 

Gráfico 1. Presencia de la Seguridad y Defensa en los medios de comunicación

Fuente: SICDEF

 

Evolución de la conciencia de defensa (2001-2007)

La conciencia de Defensa Nacional podría definirse como la importancia que concede la sociedad al problema o la necesidad de defender la nación. El tema es complejo y difícil de medir, ya que las encuestas sólo aportan datos parciales en los que siempre hay amplias zonas oscuras. En todo caso podemos considerar algunas aproximaciones: un índice alto de conciencia de Defensa Nacional implicaría una disposición alta a participar en la Defensa y a aceptar sus implicaciones, como el presupuesto que se invierte en la misma.

El grado de aceptación de uso de la fuerza para la resolución de conflictos también ayuda a medir la conciencia de Defensa. Si no se acepta el uso de la fuerza, o se hace en muy escasos supuestos, es porque, al no percibir amenazas, se piensa que se puede convivir sin él. En caso de que se perciba una amenaza grave y directa el uso de la fuerza se justifica fácilmente. También el interés generado por los temas de seguridad  y política exterior y su identificación con la política llevada a cabo por los Gobiernos en este sentido, puede ser indicativo de manera indirecta del grado de conciencia de Defensa.

Asimismo, la valoración de las FAS sirve para dar una idea del grado de conciencia nacional, ya que éstas son el instrumento para el empleo de la fuerza. No obstante, hay que ser cuidadoso con este dato. Como se ha dicho antes, la valoración es general y se puede entender desde muchos puntos de vista. Además, la imagen institucional de las FAS vinculada a la ayuda humanitaria puede ayudar a conseguir una valoración que no se relaciona con el uso de la fuerza ni con la Defensa Nacional, aunque ésta sea su principal misión.

El sentimiento de apego a la nación es otro elemento de la conciencia de Defensa. Cuanto más se siente parte de su patria, más disposición tendrá para defenderla. Este elemento está más relacionado con el sentimiento de vinculación a la patria española que con planteamientos relacionados con la Defensa, es decir, no guarda una relación con los acontecimientos del periodo citado sino que está más relacionado con la política territorial y el tratamiento de los distintos gobiernos, partidos políticos y medios de comunicación, al problema de los nacionalismos periféricos y a la problemática de articular un sentimiento de unidad entre todos los españoles. Las tendencias observadas en este elemento de análisis deben encontrarse necesariamente en causas sensiblemente distintas.

La línea argumental básica del estudio es verificar si los hechos o las decisiones tomadas en ese periodo tan relevante mediáticamente, han contribuido a mejorar, empeorar o mantener sin gran variación, la conciencia de Defensa de la sociedad española. Para ello, se toman como indicadores la disposición a la Defensa, la identificación con la política exterior de Defensa, la aceptación del uso de la fuerza, la valoración de las FAS y el sentimiento de apego a la patria, cada una de ellas en una amplia acepción.

En el caso que nos ocupa, con los conflictos armados de Irak y Afganistán al fondo, resulta complicado valorar una consecuencia de cada decisión o declaración, pero sí se puede apreciar de forma global tendencias durante el periodo en el que transcurren estos hechos que pueden explicarse en base a lo sucedido.

 

La conciencia de Defensa en España desde 2001 a 2003. El 11S y la guerra de Afganistán

Una primera etapa, que vamos a considerar desde el 11S del 2001 hasta el estallido de la crisis prebélica de Irak, vendría marcada por los siguientes hechos: el fin del servicio militar obligatorio (1 de enero de 2002), fruto de una elevada presión social, que obligó a la profesionalización de las FAS; el ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono mediante el uso de aviones comerciales “suicidas” (septiembre de 2001), con la reacción estadounidense y mundial que trajo la ocupación de Afganistán; y la ocupación marroquí del islote de Perejil en el verano de 2002, con el posterior desembarco español expulsando a los militares marroquíes.

Los resultados tomados por el CIS en el año 2002 evidenciaban que el interés mostrado por los españoles en los asuntos de Defensa era escaso (el 64,1% de los encuestados tenía poco o ningún interés). No obstante, dicho interés subía respecto a años anteriores. También tenemos una valoración levemente positiva de las FAS (51,4 % tenía una opinión buena o muy buena), observándose una tendencia a subir respecto a los años anteriores pero ralentizándose más en los años más recientes. Asimismo, al 56% de los españoles, las FAS le inspiraban confianza, frente al 33 % que desconfiaba de ellas. Además, de las diez profesiones a elegir por el encuestado, la de militar de carrera y la de soldado/marinero profesional eran las que ocupaban los dos últimos lugares. La disposición de los españoles a arriesgar su vida por la patria era baja y la tendencia era seguir descendiendo (el 43,9% estaba dispuesto a hacerlo). La identificación de los españoles con la patria era baja. La mayoría de los españoles sólo justificaba la intervención militar en caso de invasión del territorio nacional (68,8%). La tendencia era ahora a subir tras varios años de caída. La razón de este repunte podía estar en una mayor percepción de la amenaza seguramente motivada por el 11S o  la crisis con Marruecos.

En todos los demás casos, -invasión de otro país europeo, intereses económicos europeos, intereses económicos españoles, ayuda humanitaria en zonas de conflicto o imposición de la paz- más de la mitad de los españoles no consideraba justificado el uso de la fuerza. Estamos por tanto ante un elemento clave para valorar la conciencia de Defensa: el pacifismo como ideología, muy arraigado en la sociedad española (Diez Nicolás, 2004: 272).

Para casi la mitad de los españoles de entonces, los Ejércitos dejarían de ser necesarios para la Defensa en el futuro (47,9%). Junto a los del punto anterior, reflejan un sentimiento pacifista basado en una idea muy optimista del futuro, que explica, como antes se ha señalado, que la razón para no justificar la fuerza es la sensación de falta de amenazas reales a la paz. De hecho, aunque se percibía un incremento de la amenaza respecto a los años anteriores (Gráfico 2), seguía siendo baja (17,3%).

Estos datos reflejaban el escaso interés por los asuntos de Defensa y una escasa valoración de las FAS por parte de la opinión pública, aunque con tendencia leve a la mejoría. En este periodo se ha observado como el interés por los asuntos de Seguridad y Defensa ha aumentado ligeramente, así como la percepción de la amenaza. Los datos aportados por el Barómetro del Instituto Elcano (BRIE) de noviembre de 2002 confirman esta situación.

Es destacable que el contencioso de Perejil, a pesar de la notable aceptación de la intervención militar por parte de la población española (CIS, 2002a), no se traducía en un aumento sustancial de esa valoración. En parte, porque los medios tampoco fueron conscientes de que el conflicto de Perejil fuese un auténtico conflicto armado (Sapag Muñoz, 2002: 224):

Los medios tuvieron dificultades para calibrar desde el comienzo la importancia y la gravedad de la crisis. Como el resto de la sociedad española, no terminaban de ver clara la amenaza que para los intereses estratégicos y territoriales españoles representaba la disputa. Claro factor endógeno que, sumado a los exógenos, limitaría considerablemente la calidad de la información.

La variable que más parecía influir en la valoración de las FAS, dado que las diferencias eran mayores entre las distintas categorías, era la ideología política. La puntuación dada por quienes se consideraban de izquierda era 4,8, frente al 6,2 de quienes se consideraban de derecha (BRIE, 2002: 18). Este dato ayuda a relacionar las tendencias en algunas preguntas analizando las políticas de Defensa de los gobiernos de izquierda y derecha y su comportamiento cuando están en la oposición.

Gráfico 2. Opinión sobre el presupuesto de Defensa

Fuente: CIS

En el espacio temporal que nos ocupa, desde 2001 a 2003, podemos afirmar que no hubo, a diferencia de otros países, un aumento en la aceptación del incremento del presupuesto de Defensa o una disminución en los partidarios de su disminución muy significativa como consecuencia de los atentados del 11S ni como consecuencia de la crisis del Perejil. Hay un leve incremento cuya tendencia venía arrastrándose desde hace años (Gráfico 2), fruto, seguramente, de la profesionalización y la desaparición del servicio militar obligatorio.

Un hecho que constatan, tanto las encuestas del CIS como las de INCIPE (Campo Urbano, 2003: 162) es el aumento del apoyo a la permanencia en la OTAN[3] en este periodo. Estos datos implican, sin duda, una leve pero clara tendencia a apoyar la que había sido la política de Seguridad y Defensa consensuada por PP y PSOE en torno a la alianza con EEUU y la OTAN.

Había, según BRIE (2002: 38):

…un cambio incontestable en el clima de opinión de las naciones avanzadas como consecuencia del efecto del 11S. España no era una excepción. El terrorismo internacional era, de hecho, el tema que más preocupaba a la opinión pública española. Al preguntar por las posibles amenazas, el 47% de los entrevistados lo consideraba “extremadamente importante”. Si a este porcentaje le sumamos los obtenidos por la categoría de respuesta “importante” obtenemos que casi la totalidad de la población (85%) lo consideraba una amenaza seria.

No obstante, lo anterior, tomando además la opción de respuesta más alarmista (valoración de la amenaza como “extremadamente importante”), los españoles se sentían menos amenazados que los europeos, y mucho menos que los norteamericanos –la diferencia media en porcentajes entre Europa y EEUU era del orden del 20% o 25%-. El 65% de los entrevistados declaraba estar algo o muy preocupado por la posibilidad de que se produjera algún acto de terrorismo islámico en España.

Como vemos, los datos reflejaban una mayor preocupación por el incremento de la amenaza, especialmente por parte del terrorismo islámico. Sin embargo, esto no se tradujo en un refuerzo social y moral claro de las FAS, tampoco en una mayor aceptación del uso de la fuerza ni en una mayor disposición a la defensa y sólo de forma muy leve se aceptó un incremento del presupuesto de Defensa. No se incrementó significativamente la conciencia de Defensa, ni mejoró de forma sustancial la valoración de las FAS. Probablemente no se relacionó una cosa con la otra ya que ni los responsables políticos, ni los medios de comunicación social trataron estos temas como relativos a la Defensa Nacional. De hecho, la misión militar en Afganistán, la más relacionada con la percepción de amenazas para nuestra seguridad, apenas había trascendido, en esas fechas, a la opinión pública. Tampoco la recuperación del islote de Perejil ayudó a mejorar la valoración de las FAS, ni a incrementar la conciencia de Defensa.

Sólo se nota el 11S en una mayor conciencia del fenómeno terrorista como amenaza, pero no parece que se percibiera como una amenaza de carácter militar, y no cambiaba sustancialmente los planteamientos sobre la Defensa. En el año 2002 podemos considerar que los índices de conciencia eran bajos y que la tendencia era a subir de forma muy leve. Incluso la mejor valoración de las FAS, que se incrementó de manera apreciable en los años noventa, se ralentizaba.

Hay un dato que resulta trascendente para comprender a la opinión Pública en materia de Defensa en España y no es otro que el antiamericanismo, entendiendo como tal el rechazo a la política exterior de EEUU. En este sentido todas las encuestas coinciden. Según el BRIE de noviembre de 2002, el liderazgo de los EEUU en las cuestiones internacionales era valorado de forma negativa por el 62% de la población, que los consideraba algo o muy indeseable.

Además, tiene una causa fácilmente visible, según la misma encuesta y no es otra que la propaganda llevada a cabo por los partidos y movimientos de izquierda, ya que en España viene claramente determinada por la opción ideológica del encuestado. Entre quienes se consideraban de derecha el 46% afirmaba que el liderazgo de los EEUU en cuestiones internacionales era algo muy indeseable, mientras que entre quienes se consideraban de izquierda el porcentaje era de casi el doble (78%) (BRIE, 2002: 42)[4].

El 11S, sorprendentemente, incrementó la sensación de EEUU como amenaza (Tabla 1), hasta el punto de que un importante sector de la población temía más la propia reacción norteamericana que a los propios terroristas, muy en la línea de la portada del diario EL PAIS del 12 de septiembre de 2001: “El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. Cuando se realizó esta encuesta, EEUU ya había invadido Afganistán con un apoyo casi unánime de la comunidad internacional y según la mayoría de los analistas, y la propia prensa española, el presidente norteamericano fue bastante comedido en su reacción.[5]El antiamericanismo se presenta como una contradicción permanente en nuestra política de Seguridad y Defensa, y al mismo tiempo como un elemento de distanciamiento entre los decisores de la clase política y la población en general.

Desde los acuerdos hispano-norteamericanos de 1953 para las instalaciones de las bases militares en territorio español, EEUU se ha convertido en el principal aliado y valedor de la Seguridad Nacional. Esta circunstancia ha atravesado diversas etapas, pero desde el final de la Guerra Fría la alianza con EEUU se consolidó y se hizo independiente de una amenaza concreta, como lo era en la etapa anterior. Las más importantes misiones militares de las FAS en el exterior han ido de la mano de EEUU, especialmente aquellas denominadas de imposición de la paz, como fueron las de Kosovo en 1997, Guerra del Golfo en 1991 o Afganistán en 2002. Nuestro principal suministrador de equipo militar y armamento sigue siendo EEUU y también nos servimos de su actividad docente y de su adiestramiento. En el propio Ministerio de Defensa existe un organismo de dedicación exclusiva a las relaciones bilaterales, lo que no ocurre con ningún otro país, y desde luego sigue siendo la única nación del mundo que tiene permanentemente fuerzas militares en nuestro territorio.

Además, la OTAN, marco esencial de la política exterior de Defensa de España, es una organización que basa su fuerza, sobre todo, en el poder militar norteamericano. Todos los gobiernos han consensuado una política de Defensa cuyo pilar fundamental ha sido la alianza con EEUU; esta política ha sido tolerada por la opinión pública, sin gran entusiasmo pero con plena aceptación. De hecho, aunque de forma lenta, se iba consolidando ese apoyo como lo muestra la tendencia a aceptar cada vez más nuestra integración en la OTAN y la presencia de las bases norteamericanas (Campo Urbano, 2003: 107-109):

En los últimos diez años la postura que aboga por la desaparición de las bases ha perdido seis puntos porcentuales. En este contexto, parece abrirse paso una posición más favorable a la presencia de bases norteamericanas en suelo español.

En los últimos años ha aumentado la convicción de que la OTAN incrementa nuestra seguridad y nos proporciona una cobertura defensiva adecuada, al no depender ya de nuestras propias fuerzas para la resolución de los conflictos.

Únicamente se produjeron serias advertencias al poder cuando España participó en un conflicto armado junto a EEUU, como sucedió en la guerra del Golfo de 1991 y en Kosovo en 1997. Sin embargo, pese al rechazo inicial de la opinión pública a estas actuaciones, al final, el consenso político y el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación consiguieron reconducir ese rechazo hasta convertirlo en un tímido apoyo. El problema de fondo sigue ahí, las contradicciones y actitudes erráticas de la opinión pública están motivadas por el comportamiento de los responsables políticos y de los medios, que a menudo son incoherentes en este asunto.

Los datos de 2002 nos permiten conocer que la conciencia de Defensa es baja por motivos eminentemente ideológicos y que los acontecimientos del momento ralentizaron la mejoría en el apoyo de los ciudadanos a la política de Seguridad y Defensa y a sus FAS. El antiamericanismo y el pacifismo aparecen como causas ideológicas estructurales de ese estado de opinión que no parece alterarse en exceso durante este primer periodo.

 

La conciencia de defensa en España desde 2003 a 2007. La guerra de Irak

Cuando la crisis y posterior guerra en Irak irrumpieron en los medios de comunicación los anteriores escenarios quedaron en el olvido, aunque influyeran en los sucesos posteriores. La guerra de Irak vino precedida por una fuerte división de la comunidad internacional, pero, sobre todo, por una crisis en el marco de la OTAN y de la UE. Las relaciones trasatlánticas sufrieron, probablemente, el mayor revés desde el final de la segunda guerra mundial (Baqués y Vilanova, 2008: 29). La invasión del país por fuerzas norteamericanas y británicas fue respondida de manera masiva por la opinión pública de todas las naciones europeas: la publicada, mediante fuertes críticas y la popular, en manifestaciones callejeras. En España el Gobierno de Aznar, uno de los más importantes apoyos europeos de la agresiva política del presidente Bush que culminó con el ataque a Irak, sufrió una pérdida importante de apoyo social que, aunque lo recuperó poco a poco, acabó por causar la derrota electoral del PP tras el atentado del 11 de marzo en Madrid. La llegada de Rodríguez Zapatero al poder supuso la inmediata retirada del contingente español en Irak, pero también un cambio de discurso sobre la política exterior que trató de recomponer la alianza con EEUU e incrementó la presencia militar española en Afganistán.

Según el CIS el apoyo a la pertenencia a la OTAN se resintió desde el 2002 de un 63,2% a un 60,1% en 2005, rompiendo la tendencia sostenida en sentido contrario hasta ese año. La encuesta del INCIPE 2006 dio idénticos datos (Diez Nicolás, 2007: 26). La diferencia no fue muy acusada, pero sí significativa teniendo en cuenta que la tendencia contraria llevaba varios años consolidándose. La OTAN no era la responsable de los ataques a Irak ni tampoco la organización que dirigió las operaciones de paz de la posguerra, pero su identificación como la alianza militar con EEUU era más que evidente, con lo que supone  a efectos de compartir visiones y valores.

En el año 2005 el apoyo a las misiones de paz era del 91,9%, según los mismos datos, el más alto medido desde 1997. En cambio, este apoyo caía en 2007 al 84,5%, cuando la misión de Afganistán empezaba a perder la aprobación popular (BRIE, 2007)[6]. Según la encuesta de INCIPE (Diez Nicolás, 2007: 27) también había disminuido, aunque levemente, el apoyo al envío de tropas al exterior en misiones de paz, que pasaba de un 75% en 2002 a un 71% en 2005, si bien seguía siendo mayoritario. No cabe duda para Díez de Nicolás que dicho apoyo se sustentaba en la coletilla “de paz” ya que cuando existían dudas acerca de la naturaleza de la misión el apoyo disminuía rápidamente (BRIE, 2007: 170).

De hecho, ni la guerra del Golfo del 91, ni los ataques a Serbia por la guerra de Kosovo, ni desde luego la misión en Irak de 2003, contó con el apoyo de la población española por ser misiones cuyo carácter “pacífico” era bastante puesto en evidencia (bis). Lo que parecen indicar las encuestas es que las misiones militares en general perdieron apoyo porque la misión de Irak, y la de Afganistán, no gozaron del apoyo de la mayoría de los ciudadanos.

 

Gráfico 3. Sensación de amenaza según las encuestas del CIS

Fuente: CIS

También parece claro que la crisis de Irak perjudicó el apoyo de la misión en Afganistán (BRIE, nov.2002-feb.2003). Después de 2005 éste se mostró oscilante, dependiendo en gran medida de la percepción cada vez más clara de su peligrosidad y del carácter de la misión. Esta situación, finalmente provocó que los detractores de la misión superaran a los partidarios en varios momentos. Pero el descenso más significativo tuvo lugar precisamente al estallar la crisis de Irak.

También se aprecia en este periodo un incremento de la sensación de amenaza (Gráfico 3): un 31% en 2005 creía que había países que constituían una amenaza para España frente a un 17 % que lo pensaban en 2002. Dicha tendencia se mantenía en aumento, aunque de manera más leve, hasta el 37,5% en 2007. No obstante, la percepción de amenaza seguía siendo baja ya que los que pensaban que no existía ninguna, seguían siendo muchos más: un 54 % en 2005 y un 48,5% en 2007. Dentro de esta sensación, la amenaza más citada para la seguridad eran los conflictos en los que participaba EEUU con un 53,5% en 2005 frente al 35,8% que representaba esa amenaza en 2002, incluso los propios EEUU eran considerados una seria amenaza (Tabla 1). El ataque a Irak, percibido como una muestra de la nueva política hobbesiana[7] e unilateralista de EEUU, estaba claramente detrás de este aumento de la sensación de amenaza.

 

Tabla 1.  Grado de percepción de las amenazas de distintos países desde 1991 a 2005 y de 1997 a 2007

Fuente: INCIPE 2006 y CIS, respectivamente

 

A diferencia de otros datos, la opinión buena o muy buena sobre las FAS sufría una leve mejoría en el segundo periodo (2005-2007), es decir después de la crisis de Irak y la retirada. La tendencia a la mejoría se consolidaba en los años siguientes, pero de manera más lenta: 51,5% (2002) 55,4% (2005), 56,6% (2007), 59,8% (2009), 62% (2011).

Y esto pese a que no aumentaba la confianza en las FAS, más bien lo contrario: la desconfianza en las mismas crecía desde un 33% en 2002 a un 38% en 2005, mientras que los que confiaban bajaban de un 56% a un 55%, valor que se mantuvo hasta 2007. Esta aparente contradicción podría explicarse en la apreciación de su capacitación profesional que mejoraba a un 59,6% de los que creían que eran buenas o muy buenas desde un 54,1%. Probablemente los españoles constataron en Irak y Afganistán la buena preparación de nuestros soldados pero no se sintieron partícipes de sus misiones, que en gran medida no comprendían ni seguramente compartían. Es significativo en este sentido que de las cualidades que debía tener el militar afirmaban que la preparación técnica era la más importante para los españoles (CIS, 2009). El valor ocupaba la tercera posición y nunca ha sido la más importante para más del 15,2% (CIS, 2001-2007).

En otros órdenes, más relacionados con la Seguridad y la Defensa como política, está la valoración de la guerra contra el terrorismo iniciada por EEUU. Se observa una tendencia bastante clara en una encuesta realizada en el 2007, donde el apoyo a EEUU en la lucha contra el terrorismo en España bajaba desde el año 2003 de un 63% al 21% en el 2007 (Tabla 2). La consideración por parte del presidente de EEUU de la invasión de Irak como parte de la lucha contra el terror provoca que ésta pierda credibilidad y apoyo en muchos países, en España especialmente.

 

Tabla 2.  Apoyo a la guerra contra el terrorismo impulsada por EEUU

Fuente: Pew Global Organization (2007)

 

Hemos visto que si bien las diferencias no son abultadas en la mayoría de las preguntas (apoyo OTAN, confianza en las FAS, apoyo misiones…) se observa un cambio de tendencia en varias de ellas. La identificación del ciudadano con la política exterior de Defensa sufre considerablemente en este periodo. Si incluso el 11S incrementó el rechazo a las políticas cercanas a EEUU, la guerra de Irak sólo podía hacerlo aún más. Al final, los años de máxima notoriedad de la Defensa en los medios no contribuyeron a mejorar su aceptación por los ciudadanos ni su comprensión. Objetivamente podemos apreciar un leve descenso en la conciencia de Defensa Nacional desde 2003 a 2007.

La política seguida por los gobiernos del PP y del PSOE desde 2001 hasta 2007 consiguió aumentar la lejanía de la Defensa a los ciudadanos. La actuación de Aznar en la crisis de Irak, de poner a la sociedad ante los hechos consumados, sin aportar argumentos convincentes, es un ejemplo de lo que Everts considera planteamiento tradicional de la política de Defensa (2002: 16-27). También lo es el discurso pacifista de Zapatero cuando a su llegada al Gobierno incrementa la presencia militar en Afganistán argumentando que es una misión de paz de la ONU, a diferencia de Irak.

La política de George Bush de usar fundamentalmente la fuerza militar como argumento en la lucha contra el terrorismo y de llevar la guerra a países, ya de por sí inestables, provocó un rechazo mayoritario en Europa, incrementando el sentimiento de antiamericanismo, ya existente. Pero dicho rechazo era y es visceral en la opinión pública española y no fruto de un verdadero debate sobre la política de Defensa y Seguridad que debe seguir España. Lo prueba el hecho de que cada vez se aceptaba con más normalidad la presencia de las bases militares de uso conjunto en nuestro país y que la mayoría de la población sigua estando a favor de la permanencia en la OTAN. No sorprende esta percepción cuando vemos que los mismos líderes políticos que acusan a EEUU de poner al mundo en peligro, de ejercer un imperialismo atroz con fines económicos, luego en el poder, busquen su complicidad y envíen soldados a misiones militares lideradas por los norteamericanos.

Existen muchos ejemplos a lo largo del periodo 2001-2007 de falta de trasparencia y de coherencia del discurso político: el envío de tropas a Afganistán, siempre vendido a la opinión pública como misión humanitaria, la inconsistencia de los argumentos para apoyar una intervención militar en Irak, el doble rasero pacifista-intervencionista de Zapatero en las misiones militares, la utilización política del caso Couso o la escasa trasparencia en la investigación de accidentes militares, como el caso de las falsas identificaciones en el Yakolev 42 siniestrado en Turquía o el del helicóptero Cougar siniestrado en Afganistán (ambos casos acabaron con los familiares de las víctimas reclamando justicia en los tribunales). Todos estos comportamientos políticos no han contribuido precisamente a acercar la Defensa a los ciudadanos ni a la creación de un debate público sobre sus necesidades reales, así como  la justificación de una política en ese sentido que sea estable y con respaldo popular suficiente.

Otro elemento decisivo que confirma lo errático de las opiniones sobre Defensa, es la valoración de las misiones en el exterior. Hemos visto que es abrumadora la mayoría que aprueba las misiones cuando se le pregunta por ellas con el calificativo “de paz”. Sin embargo ninguna de las misiones realizadas por los soldados españoles, salvo las estrictamente humanitarias, ha gozado de tanto respaldo. Es significativo el caso de Afganistán, misión bien valorada en un principio, antes de que estallara la crisis de Irak, y con gran división de opiniones después. Los discursos del PP y el PSOE se han centrado en defender el carácter pacífico de las misiones cuando están en el Gobierno aunque, sin embargo, lo cuestionan en la oposición.

Esta situación ha creado, acompañado por la propia publicidad institucional, un ambiguo concepto de operaciones de paz, tan manoseado y manipulado, a menudo, de forma interesada desde los medios de comunicación y desde los propios poderes públicos, que ha logrado vender un ejército que no lucha, que no mata y que sólo se dedica a repartir ayuda humanitaria en las zonas más deprimidas del planeta. El problema es que esta campaña, aunque  ha mejorado la imagen de las FAS, ha contribuido a falsearla, lo que es tremendamente perjudicial cuando éstas tienen que comportarse realmente como tales. De hecho, el apoyo a las misiones en Líbano y Afganistán se ha resentido cuando se han producido bajas, especialmente después de la controvertida misión en Irak que ha ayudado a crear en los españoles la idea de que las misiones de guerra son malas e ilegítimas y las de paz buenas y lícitas. El problema es, que casi todas las misiones actuales son de paz pero ninguna de ellas es pacífica, por decirlo de alguna forma. Un Ejército no puede mantenerse en una zona de riesgo sin asumir bajas. La presencia de tropas internacionales en los escenarios donde actúan es demandada precisamente porque existen serios riesgos para la seguridad. Si no fuese así no sería necesario enviar tropas, bastaría con mandar ayuda humanitaria y distribuirla con organizaciones de carácter civil o con las propias instituciones del Estado al que se socorre. El uso de la fuerza, con carácter al menos disuasorio, es imprescindible para asegurar la estabilidad. Si las tropas no pueden asumir bajas carecen totalmente de capacidad de respuesta. Los escenarios son peligrosos, si bien la propia presencia de las tropas internacionales contribuye a apaciguarlos. Pero es necesario tener presente que esta presencia nunca es bien vista por todas las partes en conflicto y que por lo tanto el riesgo de deterioro de la situación está siempre presente.

Así que, aunque la valoración de las FAS no parece haber sufrido en términos generales su percepción resulta distorsionada y no contribuye a mejorar la conciencia de Defensa.

 

Perspectiva comparada

Para ayudar a comprender el nivel de conciencia de Defensa en España, puede ser útil recurrir a la comparación con otros países del mismo entorno. Muchas naciones aliadas de España en distintos escenarios de conflicto tienen la misma necesidad de apoyo y comprensión por parte de su opinión pública.

Comparando con otros países de la OTAN, organización que lidera la misión en Afganistán, la situación era más delicada en materia de apoyo de la opinión pública. La opinión sobre la presencia de las tropas en aquel país, en 2006 (German Marshall Fund., 2006), era la siguiente:

  • Sólo el 48% de los españoles apoyaba la presencia de tropas en aquel país, por debajo del 50% de los británicos, del 55% de los franceses, del 56% de los italianos, el 59% de los alemanes o el 66% de los holandeses. Sólo superaban a Portugal donde la misión recibía un apoyo del 41% de la población, y Polonia donde este apoyo era solo del 24%.

También otros estudios demoscópicos internacionales (European Comission, 2003) ofrecen otra interesante comparativa:

  • España era, probablemente, el país más antiamericano de Europa tras Grecia. En octubre del 2003, los EEUU eran considerados una amenaza para la seguridad mundial por el 61% de los españoles, porcentaje solo superado por Grecia (88%) y Holanda (64%). Con respecto a la intervención de Irak, solo el 15% de los españoles la consideraba justificada, porcentaje inferior a todos los países de la UE excepto nuevamente Grecia (4%), pero por debajo de Francia (18%), Bélgica (20%) y Alemania (25%). Esta misma encuesta revelaba que los españoles eran los europeos más críticos con la política exterior de la UE por considerarla demasiado cercana a los EEUU (35%) junto con Holanda (36%).
  • En 2007 sólo el 21% de los españoles (Tabla 2) apoyaba a EEUU en la lucha contra el terrorismo, porcentaje que era del 38% en Gran Bretaña, del 41% de Italia, 42% de Alemania y 43% de Francia. Sobre la imagen de los EEUU en nuestro país, se señalaba que sólo era favorable para el 34% algo más que el 30% de Alemania, pero inferior al 39% de Francia, 51% de Gran Bretaña o  53% de Italia (Pew Global Project, 2007).
  • El 55,4% de los españoles tenía una valoración buena o muy buena y el 55,4 % tendía a confiar en las FAS. Esta apreciación era de las más bajas dentro de las naciones de nuestro entorno (Tabla 3), por debajo de Francia (58%) y a bastante distancia del Reino Unido (67%) o Italia (73%). El grado de desconfianza de los ciudadanos en las FAS (38%) era uno de los más altos de Europa (sólo superado por Suecia) y el porcentaje de confianza (55%) de los más bajos, sólo superado levemente por este mismo país, además de Holanda y Bélgica.

España era, por lo tanto, uno de los países occidentales que menos compartía la política de Defensa y Seguridad impulsada por sus gobiernos y que menos confiaba en sus FAS. Las manifestaciones de apoyo o rechazo pueden ser coyunturales pero al marcar España un extremo en varias preguntas todo parece indicar que estamos ante diferencias estructurales.

 

Tabla 3. Porcentaje de población que confía en sus FAS (2007)

Fuente: SICDEF

 

Identidad nacional

Con independencia de otras causas que motivaban una baja conciencia de Defensa entre los españoles, la importancia de la identidad nacional reside en que es el factor principal de cuantos motivan la escasa conciencia de Defensa en España. Este hecho lo prueban los siguientes datos extraídos nuevamente del SICDEF que, como ya sea indicado, se nutre de encuestas del CIS:

  • El orgullo de ser español, por ejemplo estaba en un 84,8% en 2005. Pero existían grandes diferencias entre comunidades, por ejemplo, en Madrid el dato era del 83,5%, en Galicia del 93,8% y en Andalucía del 97,2% y; en cambio, en el País Vasco era del 36,1%, en Navarra del 48,6% y en Cataluña del 71,3%.
  • Otro ejemplo es la disposición a la defensa del país, que en Andalucía era del 56,4%, en Madrid del 54,2%, en la Comunidad Valenciana del 55,6% mientras que en Galicia bajaba  al 43,2%, en Cataluña al 38,2%,en Navarra al 25,7% y en el País Vasco marcaba un mínimo del 9,1%.

Estos datos, que son sólo una pequeña muestra, ponen de relieve las grandes diferencias existentes entre la opinión pública sobre estos asuntos según la Comunidad Autónoma (CCAA) donde se preguntara. Se ha tomado como ejemplo el año 2005, pero los resultados no varían en demasía en cualquier otro.

Y como no podía ser de otra manera, las que presentaban índices más bajos de conciencia de Defensa eran aquellas CCAA donde los partidos nacionalistas o separatistas contaban con mayor respaldo. Por motivos políticos que no son tema de esta investigación, el Estado ha renunciado a defender el orgullo de ser español en algunas de esas CCAA, incluso ha tolerado que el castellano sea discriminado por otras lenguas cooficiales.

Llegando ya a nuestros días, la tendencia en el País Vasco y en Cataluña es de claro empeoramiento con respecto a los años anteriores. En el País Vasco el sentimiento de poco o nada orgulloso de ser español ha crecido desde 2009 a 2013 de 48,8% a 59,3%. En Cataluña, el crecimiento es aún más acusado subiendo desde un 26% en 2007 a un 48,6% en 2013 (CIS, 2009-2011). Estos datos demuestran el éxito de las políticas del nacionalismo separatista y el fracaso de la pasividad de las instituciones estatales.

El rechazo a España como ente histórico, cultural y político por parte de los nacionalistas periféricos que han gobernado esas CCAA, casi siempre, desde que se crearon dichas administraciones, ha ido alejando progresivamente a los ciudadanos residentes en esos territorios de España como realidad con la que identificarse. Esa falta de sentimiento de unidad nacional se refleja en la escasa conciencia de Defensa  y  no está, por tanto, relacionada ni con el prestigio de las FAS, ni con sus misiones ni con la mayor o menor aceptación de la política Exterior de Seguridad y Defensa. Para algún analista parte del rechazo que sufren las FAS por parte de la sociedad es simplemente por ser un instrumento del Estado Central (Rafael Calduch apúd Moreno, 2009: 92).

Los fenómenos acontecidos recientemente en Cataluña (celebración de un referéndum obviando la prohibición del Tribunal Constitucional, declaración unilateral de independencia, aplicación del artículo 155 de la Constitución por el Senado y procesamiento y prisión provisional para los impulsores del proceso insurreccional) van a tener una gran repercusión en los sentimientos de identidad nacional en todo el territorio español y especialmente en esa CCAA, pero es todavía incierto su efecto a medio plazo dado que la crisis política en ese territorio dista mucho de haberse cerrado.

 

Tendencia hasta hoy

El CIS tiene cinco encuestas más (CIS, 2009, 2011, 2013, 2015,2017) que nos acercan a nuestros días. Ello permite valorar las tendencias de todo el periodo. Una segunda fase, desde 2008 hasta 2013, coincide con la crisis económica y también política e institucional de España. Durante este segundo periodo, y a diferencia del anterior, los asuntos de Defensa han quedado relegados a un segundo plano en la actualidad informativa.

Gráfico 4. Orgullo de ser español

Fuente: CIS 

El orgullo de ser español, ha descendido constantemente, desde un 86% en 2000 hasta un 76,1 % en 2013 (Gráfico 4). Como puede verse el descenso más significativo tiene lugar en el último bienio, teniendo en Cataluña el descenso más notable como ya se ha visto. Del mismo modo, han disminuido los sentimientos de satisfacción ante los símbolos de la nación como la bandera o el himno.

La subida de la disposición a la defensa del país (Gráfico 5), que había subido levemente de 2002 a 2005 para disminuir nuevamente en 2007, acentúa su caída desde entonces. Como reza el informe de 2013 del Instituto Español de Estudios Estratégicos a cuenta de los datos del CIS: “La predisposición del ciudadano a defender voluntariamente a España de un ataque militar ha disminuido considerablemente (-10,4%) en los últimos tres lustros”. Del mismo modo ha decrecido la disposición a arriesgar la vida.

 

Gráfico 5. Disposición a la defensa

Fuente: CIS

La valoración positiva de la OTAN ha continuado descendiendo desde entonces, estando en 2013 en un 41,5%, el valor más bajo desde 2007. Sin duda la Alianza Atlántica está actualmente en periodo de crisis y ello se tiene que reflejar en el apoyo de la opinión pública, también en España. En gran medida las secuelas de la guerra de Afganistán se siguen reflejando.

La percepción de amenaza, debido a la bajada de notoriedad de los conflictos en los medios de comunicación,  ha experimentado un descenso progresivo: 37,5% (2007), 31,1% (2009), 28,6% (2011) y 23% (2013). También ha cambiado radicalmente es la percepción sobre EEUU como amenaza, que cae a niveles del 4,2 %. Sin duda el cambio de mandatario en la Casa Blanca estaba detrás de esta sensación, al igual que las retiradas norteamericanas de Irak y Afganistán. En 2013, no obstante, hay un repunte.

Entre las diez profesiones que se daban a elegir en las encuestas, la del militar de carrera y la de soldado profesional siempre han sido las dos últimas en valoración y en 2013 seguían con una estimación baja (6,22 y 6,26) y descendiendo respecto a 2011 (6,39 y 6,44).

Pese a una mayor aceptación de la profesión militar y a una valoración más positiva de la institución, los índices de conciencia no han mejorado, sino más bien lo contrario. La disposición a la defensa de España estaba en 2011 en su valor más bajo (40,4%). Asimismo la justificación del uso de la fuerza en caso de defensa del territorio cayó en 2011  a un 66,3%, también el valor más bajo medido desde 1997.

La escasa cobertura y notoriedad de los asuntos de Defensa y Seguridad en los medios se refleja en un menor interés por estos asuntos, así como en una menor percepción de la amenaza. Esta consecuencia era previsible; sin embargo también y de manera acentuada se percibe menor disposición a la defensa y una disminución de valoración de las FAS y de la profesión militar. También disminuye el sentimiento de orgullo nacional. Este fenómeno es más complejo y no necesariamente es una consecuencia exclusiva de la menor notoriedad y presencia de los asuntos de Defensa en los medios de comunicación.

Pero lo que parece indicar, sobre todo, es que cuando surge la crisis política e institucional a partir de 2008, la defensa del país es un principio poco consolidado por lo que resulta vulnerable. Las tendencias poco favorables en la fase anterior, se acentúan. En otros países del entorno, la crisis ha traído como consecuencia movimientos sociales anticapitalistas o antieuropeos, pero no necesariamente ha repercutido en menor sentimiento nacional. De hecho en Francia, el gran beneficiado políticamente, el Frente Nacional, es un partido nacionalista, mientras que en el Reino Unido el sentimiento de rechazo a Europa se ha incrementado desde una perspectiva de apego nacional, muy arraigado en aquel país, por otra parte. Lo mismo ha sucedido en Grecia, donde el partido autodefinido como de izquierda radical (SYRIZA) ha aglutinado el descontento popular por los recortes en las políticas sociales y asistenciales exigidas por la UE, con tintes de reafirmación nacional y rechazo a las “intromisiones” de las instituciones europeas.

No obstante, las encuestas del CIS del 2015 y 2017  marca un pequeño cambio de tendencia que frena la caída en todos los índices excepto en  la disposición a la defensa que sigue descendiendo respecto a 2013. Parece que la mejora en la situación económica de España podría recuperar los valores de 2007 pero difícilmente ir más allá porque la Seguridad y la Defensa no ha vuelto a ser noticia y por tanto no hay hechos o circunstancias que permitan fundamentar un cambio de opinión notable en estos asuntos. En todo caso los índices de conciencia de Defensa no tienen el mismo valor en un periodo de alta cobertura informativa que en uno donde estos asuntos permanecen apartados de la opinión pública.

 

Análisis anteriores

Las encuestas del CIS sobre conciencia de Defensa han sido analizadas antes por varios expertos; todos han coincidido en señalar que los españoles con disposición a defender España son pocos, que el pacifismo está mucho más arraigado que en otros países y todo pese a que la imagen de las FAS ha mejorado. No es difícil llegar a esas conclusiones con los únicos datos de que disponemos. Aunque eso no indica realmente cuántos correrían a defender España si una amenaza se hiciese efectiva, puesto que las encuestas solo son opiniones en un momento dado, un momento de paz donde dicha posibilidad se ve remota. Pues como advierte Díez Nicolás (2004: 274-275), “tenemos que medir a través de las opiniones, de lo que decimos, pero eso no son las actitudes y luego están los comportamientos que pueden ser también muy distintos de nuestras opiniones y de nuestras actitudes”. Igualmente, esta aproximación es defendida por otros autores como Michavila (2000: 14), quien defiende que “no es posible deducir la opinión –menos aún la actitud- de los ciudadanos ante situaciones concretas en función de sus opiniones ante supuestos hipotéticos, abstractos e inexistentes en el momento de la pregunta”.

De hecho, gran parte de esta falta de conciencia se debe a la escasa o nula sensación de amenaza.

No obstante el apoyo a las FAS en momentos de crisis se refuerza en los de distensión, y para ello es crucial alcanzar una sinergia adecuada entre la FAS y la sociedad. Todos los ministros de Defensa desde la transición han tenido como objetivo robustecer la conciencia de Defensa Nacional pero los hechos demuestran que ese objetivo no se ha alcanzado (Marrero, 2007: 23-25):

Los factores tanto históricos como coyunturales que impiden alcanzar los niveles deseados de cultura y conciencia de la defensa entre la ciudadanía española no han sido objeto de un tratamiento contundente mediante una política eficaz de promoción de la cultura de la defensa bien planificada, coordinada, ejecutada y evaluada, y que sea capaz de transmitir a la población los cambios que han sufrido las Fuerzas Armadas, a nivel individual y como institución.

La escasa conciencia de Defensa se ha argumentado por razones históricas:

  • Las FAS de la democracia son las herederas del Ejército franquista, del Ejército vencedor de la guerra civil (Aguilar, 2008: 111-121; Ramos, 2002: 207-209).
  • Durante los años de la transición los militares fueron vistos como una amenaza al proceso democrático por las manifestaciones de varios mandos así como alguna intentona golpista (Marrero, 2007: 18; Moreno, 2009: 90; Ramos, 2002: 208).
  • España no participó en la Segunda y Primera Guerra Mundial y “la experiencia exterior quedo reducida a el mantenimiento del protectorado español en el Norte de África” (Marrero, 2007: 19).
  • El propio régimen franquista vendió como un logro histórico los años de paz, en un periodo en el que España tuvo un grado de aislamiento importante sobre todo respecto a Europa (Moreno, 2009: 90).

Sin embargo, han pasado ya más de cuatro décadas desde el final del franquismo, y no pueden bastar ya sucesos tan antiguos para justificar la falta de conciencia de Defensa Nacional. Existe, a lo largo de estos años de vigencia de la Constitución, suficiente experiencia para explicar la situación actual.

Como se ha sabido, el rechazo de gran parte de la sociedad a las FAS estaba motivado por razones axiológicas, (Bernete, 2003: 90) explica las razones que predominan entre los jóvenes para no desear formar parte de las FAS son aquellas de carácter axiológico. Los entrevistados indican que sus propios valores no coinciden con los de las FAS, o no serían compatibles con las actividades que se desarrollan y las conductas que se exigen en la institución.

Es decir, por estar arraigada la idea de que los Ejércitos son la causa de las guerras y su existencia es una amenaza en sí misma. El elemento axiológico es el pacifismo que entiende que la inacción es el camino para evitar la guerra.

Este elemento de oposición a las FAS se ha tratado de compensar, evitando el debate, vistiéndolas de un traje nuevo, tan elegante como fatuo, que no ha solventado el problema de fondo. La publicidad institucional se ha centrado en dar una imagen excesivamente idílica, que pese a mejorar la valoración de las FAS, no ha servido para reforzar sus cometidos. Ya desde el CESEDEN se advirtió, hace años, de la necesidad de centrar la publicidad en los cometidos reales de la institución  y “no en agradar a determinados interlocutores, forjadores de parte de la opinión pública” (Pérez Moreno y Aspizua, 1997: 202). Es decir, recordar que la misión verdadera de las FAS es la defensa militar de la nación y no el reparto de ayuda humanitaria.

Por otro lado, la falta de formación a la población sobre las nuevas amenazas, la necesidad de las FAS y los objetivos de la Defensa y Seguridad Nacional siguen pendientes, pues siguiendo a Marrero (2007: 23-25) se advierte que los cambios en la estrategia de Seguridad y Defensa de España, que han obligado a las FAS a afrontar nuevas tareas, no se han simultaneado con una política de información y formación para la ciudadanía.

En un sentido similar (Roca, 2001: 121-126): “Sigue pendiente un debate sobre la Defensa que queremos”, o sea que la clase política toma decisiones en la materia sin informar o explicar adecuadamente a la ciudadanía.

Pizarroso (2007: 17) coincide con Marrero en que España necesita cambiar de rumbo en este sentido: “Es necesaria una campaña auténtica para fomentar una conciencia de Defensa real para poder afrontar una crisis”.

 

Conclusiones

Durante los años 2001-2007 pese a la presencia mediática de la Defensa y al incremento de la sensación de amenaza, la conciencia de Defensa no aumentó.

Las tendencias observadas en las encuestas sí que manifiestan un mayor alejamiento de los planteamientos políticos de los partidos que han gobernado en materia de Seguridad y Defensa: rechazo mayor a la alianza con EEUU, rechazo mayor a la OTAN, rechazo a la misión en Afganistán, y alejamiento en general de políticas que impliquen uso de la fuerza. En conclusión en lugar de acercar la política a los ciudadanos ésta se ha alejado más.

La disposición a defender España ha caído de manera continua durante el periodo citado persistiendo la tendencia en el periodo posterior, mientras la valoración de las Fuerzas Armadas se ha mantenido más o menos estable; pero la aceptación de su uso para una misión diferente de la meramente humanitaria es escasamente aceptada. Por otro lado comparando el apoyo social a las Fuerzas Armadas con el de otros países y la apreciación de la profesión militar en relación con otras, encontramos valores bastantes bajos.

La actuación de los partidos políticos y medios de comunicación perjudica a la conciencia de Defensa ya que cuanto mayor es la presencia política y mediática menor es el apoyo social.

La incoherencia en las decisiones políticas tomadas en torno a la Defensa y Seguridad, con el pacifismo y el antiamericanismo como fondo, dificultan la comprensión y el apoyo de los ciudadanos.

Existen, además, aún muchas causas estructurales históricamente arraigadas que deberían haberse superado pero la falta de formación e información a la ciudadanía en materia de Defensa hace que persistan.

El teórico consenso político en materia de Defensa no ha evitado hacer uso partidista y electoralista de la política de Defensa y Seguridad. Por ello, ha resultado que pese a que es considerada una política de Estado no ha sido tratada como tal, lo que hubiera permitido ser más fácilmente aceptada por los ciudadanos y podría ayudar a crear una cultura de Defensa (Muñoz Alonso, 2008, 28). Expertos en Defensa tanto del PSOE (Marsal, 2008: 10) como del PP (Muñoz Alonso, 2008: 28) han considerado esencial para una cultura de Defensa evitar estas prácticas políticas que, sin embargo, no han dejado de llevarse a cabo por sus propios partidos.

La no comprensión de la alianza con EEUU y, sobre todo, el desconocimiento de las verdaderas implicaciones de la misma, imposibilitan su aceptación por los ciudadanos. Las fuertes críticas de políticos y medios a la política Exterior de EEUU se van alternando con medidas de apoyo a este país, incluyendo apoyo logístico y militar.

La idea de que la paz es en un camino en sí mismo y el uso de la fuerza es siempre innecesario es algo que se ha apoyado en ocasiones desde grupos políticos aunque después se hayan tomado decisiones que desmienten la sinceridad de esta afirmación. Por tanto no se ha combatido institucionalmente el pacifismo ideológico, verdadero oponente axiológico de la conciencia de Defensa. Al contrario, se ha intentado presentar a las FAS como un instrumento estrictamente pacífico.

Por este motivo no se ha abierto en la sociedad un debate público y sincero sobre la política de Seguridad y Defensa que a España conviene. Se ha preferido vender ocasionalmente utopías a los ciudadanos y después tomar decisiones en sentido contrario disfrazándolas o escondiéndolas. Estas incoherencias han sido apoyadas también por los medios de comunicación, contribuyendo a crear un clima en el que la conciencia de Defensa no resulta creíble.

Por otro lado, sin atajar la falta de identidad nacional parece misión imposible defender la conciencia de Defensa. Desde el CESEDEN se han dado algunas propuestas para su solución (Planells, Fernández Juste y Jiménez Martínez, 1990: 13-14), pero por razones políticas nunca se han llevado a la práctica. Sobre este asunto, el de la falta de una reforzada identidad nacional, podríamos estar, en un “Estado nirvana” como lo define Martín López y que vendría definido como:

Nos permitiremos llamarlas situaciones “Nirvana”, ya que son situaciones en las que el Estado, vanamente seguro de su buena salud, se confía y se duerme en los laureles. … Esto engendra en el Estado la convicción de que los logros técnicos legitiman por sí solos su existencia, y que no es necesario mantener la socialización política de los súbditos en orden a la formación y mantenimiento del espíritu de defensa. … se relativizan los valores y se quita importancia a las amenazas tradicionales a la comunidad nacional, tildando de extremistas o de “desestabilizadores” a quienes pretendan llamar la atención sobre las mismas. La distensión del control coactivo y del control punitivo da paso a la permisividad y al trato condescendiente de las conductas desviadas. (Martín López, 2007: 137).

El reciente caso de Cataluña podría ser un ejemplo del Estado Nirvana al que se refiere Martín López. La anunciada convocatoria de un referéndum ilegal y la determinación de hacer una declaración unilateral de independencia no fue, durante largo tiempo, considerada nada más que como una declaración política, sin atreverse a catalogarla de lo que realmente era, una rebelión contra los poderes constitucionales y la unidad de la nación. Solamente, ante los hechos prácticamente consumados, el Estado tuvo una reacción defensiva tardía y de mínimos. Y efectivamente aquellos que pidieron una mayor contundencia fueron considerados extremistas.

Por tanto, a pesar de que las FAS han ganado reconocimiento entre la sociedad, la conciencia de Defensa sigue siendo baja, seguramente porque dicho reconocimiento se ha logrado ofreciendo una imagen que altera su verdadera naturaleza, que se ha basado en valores que no son específicos de la institución y que no se corresponden del todo con sus verdaderos fines.  Las misiones humanitarias, por ejemplo, se han convertido en su principal valor, así como la condición pacífica de todos sus cometidos. Sobre este último aspecto resulta interesante la afirmación de Antonio Polica: “la opinión pública todavía no ha asimilado completamente los principios básicos de las misiones de paz, y continúa a juzgarlas según una dicotomía paz-guerra claramente obsoleta” (2004: 6).

Si los dirigentes políticos españoles están realmente interesados en fomentar la cultura de Defensa, es preceptivo abrir un debate en el que se explique a los ciudadanos por qué España necesita tener unas Fuerzas Armadas, por qué se necesita el gasto de Defensa, cuáles son las razones de nuestra alianza militar con EEUU y por qué el uso de la fuerza es necesario, a veces, incluso en escenarios muy lejos de nuestras fronteras para asegurar la paz y la libertad de los ciudadanos.

 

Nota sobre el autor:

Francisco José Gallego Aranda es doctorando del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, licenciado en Derecho por la UNED y Capitán de Corbeta de la Armada Española. Actualmente interagency officer del NATO Shipping Centre en el Cuartel General del Mando Marítimo de la OTAN en Northwood (Reino Unido).

 

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[1] Como ejemplo de la relevancia mediática del período valga el dato de que el diario EL PAIS publicó entre artículos, crónicas, entrevistas y viñetas un total de 41 contenidos relativos a la Seguridad y Defensa en los últimos cuatro meses de 2001 incluyendo 18 portadas, 59 en 2002 con 3 portadas, 321 en 2003 con 64 portadas, 261 en 2004 con 46 portadas, 110 en 2005 con 17 portadas, 71 en 2006 con 10 portadas y 76

en 2007 que incluyeron 7 portadas.

[2] Constitución Española, art. 8.1: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

[3] Según la encuesta de INCIPE (Fig.4): del 45% en 1995 se pasó a 52,6% en 1997 y en 2002 subió al 63,2%. El apoyo aumentó desde 1991 con el final de la Guerra Fría, si bien en los cinco primeros años, hasta 2002, el aumento fue mayor. La tendencia era similar en los datos del CIS: desde 1997 hasta 2002 el apoyo subía de un 52,6% a un 63,2%.

[4] La encuesta de INCIPE reflejaba también esta información (p. 97), considerando, además, en la línea con la encuesta del CIS, que se había producido un aumento de la sensación de amenaza que producía EEUU desde el 11S (Tabla II).

[5] En el capítulo correspondiente de la investigación se analiza este comportamiento.

[6] Según la encuesta de INCIPE desde 2002 a 2005 el apoyo a la misión en Afganistán se resintió del 60 al 47% (p. 173).

[7] Aquella en la que la seguridad se convierte en la máxima prioridad de la política por encima de otras consideraciones, en sintonía con el pensamiento del filósofo Thomas Hobbes (1588-1679) expresado en su obra “Leviatán”, donde fundamentaba la existencia del Estado precisamente en la necesidad de un poder superior que vele por la seguridad colectiva.

 

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