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Indicadores de eficacia en la lucha contra-terrorista. Una aproximación cuantitativa

JUAN RAMÓN SÁBATE

Academia de Logística del Ejército de Tierra, España

 

Resumen: La lucha contra un grupo terrorista suele ser un proceso largo. Durante el mismo, es necesario conocer si se están produciendo progresos en dicha lucha.  Contar con unos indicadores de éxito fiables es de gran importancia para mantener el compromiso de todos los actores implicados, así como para evaluar el acierto de las políticas y medidas contra-terroristas adoptadas y para destinar los limitados recursos disponibles allá donde puedan ser más efectivos.

Este trabajo pretende determinar si el análisis cuantitativo de los atentados perpetrados por un determinado grupo a lo largo de su vida operativa puede proporcionar  indicadores válidos para determinar si se encuentra en una fase de desarrollo o en una fase de declive. La tesis es que un grupo terrorista en fase de declive presenta una menor capacidad operativa, lo que afectaría a parámetros como el número de atentados, el ámbito geográfico de actuación, la efectividad de sus activistas y la complejidad, selectividad y letalidad de los atentados. Un cambio respecto a los parámetros registrados durante su fase de desarrollo podría constituir un indicador de la proximidad de la finalización del grupo terrorista o, al menos, de su actividad violenta. 

Palabras clave: Terrorismo, Contra-terrorismo, Indicadores, Eficacia, Atentados.

Title: Measures of Effectiveness in Counter-terrorism. A Quantitative Approach

Abstract: Fighting against a terrorist group is, frequently, a time-consuming process. During this process, all the actors involved need to know if they are making significant progress in the struggle. It is very important to have reliable indicators for measuring success or failure, in order to maintain the commitment of all stakeholders, as well as to evaluate the success of policies and anti-terrorist measures implemented and to allocate correctly the limited resources available.

This paper aims to determine if the quantitative analysis of the attacks conducted by one group over operational life could provide some valid indicators to determine if the group is in a development phase or in a declining one. The thesis states that a terrorist group in a declining phase has lower operational capacity, and this would affect different parameters such as the number of attacks conducted, the geographical scope of the attacks, the effectiveness of its members and the complexity, discrimination and lethality of the attacks. A change in the parameters recorded during the development phase could be an indicator of the proximity of the end of the terrorist group or, at least, of its violent activity.

Key Terms: Terrorism, Counter-terrorism, Measures of success, Metrics, Terrorist Attacks.

Recibido: 10 de septiembre de 2015.

Aceptado: 24 de noviembre de 2015.

Para citar este artículo/To cite this article: Juan Ramón Sábate, “Indicadores de eficacia en la lucha contra-terrorista. Una aproximación cuantitativa", Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 2, No. 1, (2016), pp. 77-102. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.3.5

 

Introducción

El terrorismo es un fenómeno relativamente reciente, que ha alcanzado su máxima extensión a partir de la Segunda Guerra Mundial y que acapara la atención de los responsables políticos y público en general de un modo especial a partir de los atentados del 11 de Septiembre del 2001.

En este nuevo escenario, una sucesión ininterrumpida de éxitos tácticos no constituye un indicador valido para medir el progreso de cada uno de los bandos hacia la victoria. Lo verdaderamente determinante es la voluntad de los dirigentes y de la sociedad en general mantener el esfuerzo en la contienda, sin importar los sacrificios, hasta alcanzar la victoria.

El terrorismo es consciente de su debilidad en relación a los medios coercitivos de los Estados a los que se enfrenta y plantea una estrategia de desgaste a largo plazo. No trata de buscar el desgaste físico de las fuerzas de seguridad sino de producir un desgaste moral en la sociedad afectada que lleve al convencimiento de sus gobernantes de la necesidad de alcanzar la paz, realizando concesiones a los grupos terroristas.

La lucha contra un grupo terrorista suele ser un proceso largo, a veces de décadas de duración. Durante el mismo, es de suma importancia conocer si se están produciendo progresos en dicha lucha, por varias razones.

Algunos autores plantean dicha necesidad en términos de exigencia legal. Spencer (2006: 182) indica que algunos gobiernos democráticos obligan a evaluar el rendimiento del dinero invertido en políticas antiterroristas.

Esa evaluación también es importante en términos operativos, para determinar si las políticas antiterroristas están siendo eficaces y producen el esperado avance hacia la derrota del grupo terrorista.

Otra razón más relevante está relacionada con el mantenimiento del compromiso de los principales actores involucrados en el conflicto, a lo largo de un periodo muy prolongado. No es infrecuente que la voluntad popular o la de los dirigentes políticos decaiga a medida que pasa el tiempo, especialmente si no se vislumbran progresos. Es necesario contar con los instrumentos necesarios para mantener la resolución de todos los actores implicados en esta lucha.

Por tanto, contar con unos indicadores de éxito fiables es de suma importancia para mantener el compromiso de todos los actores que intervienen en el conflicto, para evaluar el acierto de las políticas y medidas contraterroristas adoptadas y para destinar los limitados recursos, entre ellos los económicos, allá donde puedan ser más efectivos.

 

Antecedentes

Autores como Spencer (2006: 183), Young & Dugan (2014: 2), y Lum, Kennedy & Sherley (2006: 3) afirman que, pese a la relevancia del tema y al interés que despierta en políticos y académicos, existen pocos estudios sistemáticos sobre los indicadores de éxito en la lucha contraterrorista.

Spencer (2006: 186) se muestra escéptico ante los intentos de encontrar unas leyes generales que regulen la violencia terrorista, algo que se caracteriza, en su opinión, por su naturaleza irregular y aleatoria.

Incluso admitiendo que es posible encontrar pautas en la actividad violenta de los terroristas, surgen múltiples dificultades para llevar a buen término una investigación a este respecto. Estas dificultades pueden ser de tipo conceptual o metodológico.

Entre las de tipo conceptual destacan, en primer lugar, la falta de consenso sobre la definición de terrorismo y, por extensión, de acto terrorista (Um & Pisoiu, 2014: 2). Esta ambigüedad se traduce en diversos criterios a la hora de incluir diversos eventos en las bases de datos sobre actividades terroristas, lo que va en detrimento de su fiabilidad a la hora de emplearlas en análisis cuantitativos.

Siguiendo con las limitaciones conceptuales Um & Pisoiu (2014: 2) señalan la ausencia de un consenso sobre el concepto de “eficacia”. Así, algunos autores utilizan palabras alternativas como: “éxito”, “victoria”, “impacto”, “eficiencia” o “progreso”, sin que existan definiciones claras al respecto.

En referencia a las limitaciones metodológicas, Um & Pisoiu (2014: 2)  apuntan una serie de defectos en los pocos estudios publicados sobre las medidas de eficacia contraterrorista: sesgos en la selección de los casos y de los datos, resultados contradictorios respecto a la eficacia de determinadas medidas debido al empleo de diferentes indicadores, la focalización de los estudios en muy pocos países y en muy pocas técnicas antiterroristas, etc… 

Para Sunstein (2003: 132-133), lo relevante es el impacto que los actos terroristas ocasionan sobre los miedos y las percepciones de amenaza de las gentes, reconociendo la dificultad inherente en cuantificar dicho impacto, algo que no ha sido suficientemente abordado por la literatura científica.

En síntesis, existen pocos estudios acerca de la eficacia de la lucha antiterrorista y los pocos existentes adolecen de defectos conceptuales y metodológicos que limitan su capacidad para llegar a resultados concluyentes.

 

Planteamiento de la investigación

Premisas

En ocasiones, responsables políticos, medios de comunicación y la opinión pública en general tachan a los terroristas de “locos” o “irracionales”. Sin embargo, este estudio parte de la premisa de la “racionalidad” de la actuación terrorista, a pesar de su crueldad. Es decir, considero que los grupos terroristas aplican la violencia (por muy cruel y repugnante que esta sea) para el logro de unos objetivos políticos a través de la alteración de percepciones y actitudes en determinadas audiencias objetivo que pueden ser las autoridades políticas, la población, las fuerzas armadas o fuerzas de seguridad o el propio grupo terrorista y sus simpatizantes. El hecho de considerar el empleo de la violencia por parte de un grupo terrorista como algo “racional” no implica, en modo alguno, que se esté justificando o legitimando dicho empleo.

La siguiente premisa sobre la que se basa este trabajo es que el acto terrorista de naturaleza violenta (el atentado) constituye el principal medio de acción del grupo para conseguir su finalidad política. Mediante el atentado, el grupo desgasta a su adversario, obtiene recursos e incrementa la seguridad y la moral del grupo. Pero, además de herramienta, el atentado terrorista puede ser también un lenguaje, un modo en que el grupo terrorista transmite su mensaje y modifica las percepciones y actitudes de las distintas audiencias objetivo.

La selección de objetivos, el medio de ataque, la letalidad del mismo, la frecuencia de realización de los atentados, la sofisticación de los mismos, etc… son elementos que los grupos terroristas pueden emplear para lanzar mensajes sobre su capacidad operativa y sobre la incapacidad del gobierno y de las fuerzas de seguridad para impedir sus acciones. Estos parámetros constituyen, en general, rasgos distintivos de la actuación de dichos grupos, llegando a formar parte de sus señas de identidad. El cambio en dichos parámetros puede constituir un indicador de un cambio estratégico en dicho grupo, motivado bien por cuestiones internas (como un cambio en el liderazgo), o por cuestiones externas (como puede ser la presión policial o militar).

 

Tesis

Considero, por tanto, que el análisis cuantitativo de los atentados perpetrados por un determinado grupo a lo largo de su periodo operativo puede proporcionar una serie de indicadores válidos para determinar si se encuentra en una fase de desarrollo (o ascendente) o en una fase de declive (o descendente).

La tesis de este trabajo es que un grupo terrorista en fase de declive presenta una menor capacidad operativa que puede afectar a parámetros como el número de atentados, el ámbito geográfico de actuación, la efectividad de sus activistas y la complejidad, selectividad y letalidad de los atentados. Un cambio respecto a los parámetros registrados durante su fase ascendente o de desarrollo podría constituir un indicador valido de la proximidad de la finalización del grupo terrorista o, al menos, de su actividad violenta.

 

Hipótesis

Para tratar de validar la tesis expuesta, establezco varias hipótesis operativas que pretendo testar mediante el análisis estadístico de la actividad violenta de una serie de grupos terroristas, todo ellos inactivos, tanto durante la fase de desarrollo como de declive de su vida operativa.

Las hipótesis hacen referencia al número de atentados realizados, a la sofisticación de los mismos, a la selección de blancos, a la letalidad de los ataques y a la competencia de los terroristas. 

Posiblemente un grupo terrorista en su fase de declive posee una menor estructura operativa, con un menor número de células con capacidad de llevar a cabo atentados. Pero también contará con una menor infraestructura informativa y logística que apoye a dichas células operativas. Llevará, por tanto, más tiempo preparar los atentados y los grupos tendrán más dificultades para ocultarse tras la realización de los mismos. Todo ello se traducirá en una disminución del número de atentados realizados a lo largo del año.

H01.La debilidad del grupo implica la realización de un menor número de atentados por año.

Si un grupo cuenta con un menor número de células operativas y una infraestructura de apoyo menos desarrollada, tenderá a concentrar sus ataques en un menor número de países y de localidades ya que los desplazamientos suponen un riesgo adicional (especialmente si implican un cruce de fronteras) y dispone de una infraestructura menos desarrollada para proporcionarle información y apoyo logístico. En consecuencia, su ámbito de actuación tenderá a reducirse.

H02. La debilidad del grupo implica que decrece el número de países en los que ataca.

H03. La debilidad del grupo implica que decrece el número de localidades en los que ataca.

Por otro lado, a medida que un grupo terrorista se debilita y cuenta con menos elementos operativos, estos se vuelven más valiosos. La dirección del grupo, presumiblemente, será más cauta a la hora de emplearlos, ya que la pérdida de los mismos, bien por desarticulación de las células o por baja de sus activistas, será cada vez más difícil de reponer. Por lo tanto, el grupo tratará de llevar a cabo ataques más sencillos (evitando los ataques múltiples, más difíciles de coordinar), procurando elegir blancos más desprotegidos y que no cuenten con capacidad de repeler el ataque y, finalmente, tratará de emplear métodos de ataque que no expongan a sus activistas al contacto con los victimas (prefiriendo, por ejemplo, el empleo de bombas antes que armas automáticas). Es decir:

La debilidad del grupo le llevará a disminuir la sofisticación de sus ataques, para minimizar el riesgo para sus activistas, por lo que:

H04: descenderá el número de ataques múltiples.

H08: aumentará la proporción de ataques sobre blancos “blandos” y…

H10: aumentará la proporción de ataques ejecutados sin contacto entre atacante y objetivo.

Además, cuanto más debilitado está un grupo, más problemas tendrá para reclutar nuevos componentes. En aquellos casos en los que el grupo ha recurrido a ataques suicidas durante la fase ascendente de su vida operativa, es previsible que haga un menor uso de los mismos, debido a la escasez de voluntarios. Por lo tanto:

H06. La debilidad del grupo se plasmará en una disminución del número de atentados suicidas, en caso de que el grupo haya recurrido previamente a esta táctica.

Cuando un grupo está en su fase de declive, es de suponer que, además de contar con un menor número de efectivos, éstos estén peor preparados, ya que habrán tenido que incorporarse a las células operativas con una cierta premura, para reponer las bajas sufridas por la acción policial o militar, o bien por las defecciones. En tal caso, esto tendrá su reflejo en la proporción de ataques que se ejecutan con éxito y en la proporción de bajas sufridas (terroristas muertos, heridos o capturados) en relación con el número de ataques realizados. Así:

H05. La debilidad del grupo implica un aumento en la proporción de ataques fallidos.

H13. La debilidad del grupo implica un aumento en el número de terroristas muertos, heridos o capturados durante los ataques.

Según K. Yokota (2007: 132-133), cada grupo terrorista pretende alcanzar unos determinados objetivos mediante el uso de la violencia. A pesar de que las tácticas empleadas en cada momento pueden diferir, Yokota cree que su modus operandi (que él denomina “psychological theme”) no varía y es consecuente con el objetivo a alcanzar. Para el citado autor, cualquier atentado terrorista puede clasificarse en uno de los tres “modus operandi” posibles: (a) ataque como “amenaza”, (b) ataque como “medio” y (c) ataque como “violencia”.

En el primer caso (ataque como amenaza) la finalidad principal del grupo es intimidar a las personas o a la sociedad, más que causar bajas. Según Yokota, este tipo de acciones no suelen implicar un contacto directo con las víctimas. Posibles ejemplos serían: empleo de explosivos, amenazas falsas, sabotajes, ocupación de instalaciones sin toma de rehenes, envío de cartas o paquetes bomba, lanzamiento de artefactos incendiarios, ametrallamiento de edificios, etc…

En el segundo caso (ataque como medio), la victima constituye, para la organización terrorista, una baza de negociación para la consecución de un rescate económico o la concesión una demanda (adopción de alguna medida política, liberación de presos, etc…). Todos los incidentes que impliquen secuestros o toma de rehenes pueden clasificarse dentro de esta categoría.

En el último caso (ataque como violencia), el terrorista busca originar la muerte o heridas a la víctima o grupo de victimas objeto del ataque. Posibles ejemplos serían: ataques armados (con el uso de lanzagranadas, morteros, etc…), asesinatos, atentados con coche bomba, ataques suicidas, etc…

Durante su fase de declive es probable que el grupo sea más sensible a la presión de las fuerzas de seguridad y deba llevar a cabo un mayor número de acciones para defenderse de dicha presión. En tal caso, no es descartable que recurra a un mayor número de atentados que cabría clasificar dentro del perfil “ataque como violencia”, al objeto de lograr la eliminación física de las fuerzas de seguridad, fuerzas armadas, líderes políticos, confidentes, etc…, en detrimento de los ataques correspondientes a otros perfiles (“amenaza” o “medio”). En consecuencia:

H07. La debilidad del grupo le lleva a aumentar el número de atentados incluidos dentro del perfil (o modus operandi) “ataque como violencia”.

Por otro lado, el menor número de atentados motivados por una menor capacidad operativa, puede que lleve a un grupo terrorista en fase de declive a compensar dicha imagen de debilidad recurriendo a atentados más impactantes, bien porque se lleven a cabo de forma indiscriminada contra la población en general o bien porque empleen un mayor grado de violencia, provocando un mayor número de víctimas en cada atentado, aunque el número total de víctimas por año sea menor (debido a la disminución en el número de atentados). Por lo tanto:

H09. La debilidad del grupo le lleva a ser menos selectivo en sus ataques, incrementando el número de ataques indiscriminados.

H11. La debilidad del grupo implica un menor número de víctimas por año.

H12. La debilidad del grupo implica un mayor número de víctimas por ataque.

 

Selección de casos

Para la realización de esta investigación me he decantado por un análisis cuantitativo extensivo, que incluya el mayor número de casos posibles para evitar cualquier sesgo derivado de una incorrecta selección de casos.

Para ello es necesario recurrir a alguna base de datos sobre incidentes terroristas que sea accesible para en público en general.

I.S. Sheehan (2012) ha analizado la calidad de las bases de datos sobre atentados terroristas accesibles en el ámbito académico. Su análisis se centra en las siguientes: (1) Rand Database of Worldwide Terrorism Incidents (RDTWI), (2) International Terrorism: Attributes of Terrorist Events dataset (ITERATE), (3) Global Terrorism Database (GTD), (4) World Incident Tracking System (WITS) y (5) Terrorism in Western Europe: Events Data (TWEED). La Global Terrorism Database (GTD) obtiene una buena valoración en dicho análisis y presenta la ventaja de su accesibilidad, ya que puede accederse de forma gratuita a través de la dirección http://www.start.umd.edu/gtd/, si bien requiere un registro previo de los datos personales del investigador. Por otro lado, su presentación en formato EXCEL facilita el tratamiento de los datos mediante el empleo de fórmulas y filtrados de registros que cumplen una determinada condición, lo que permite la asignación múltiple de valores a las variables que se establezcan a lo largo de la investigación.

Por tanto, para la realización de la investigación se han empleado los datos recogidos en la Global Terrorism Database (GTD). La base de datos incluye información sobre acciones terroristas, locales o internacionales, perpetradas en todo el mundo, durante el periodo comprendido entre 1970 y 2014. El archivo consultado contiene datos sobre 141.966 incidentes. Cada uno de ellos recoge información alfanumérica sobre las características del atentado (tales como lugar, fecha, grupo responsable, tipo de ataque, armas empleadas, víctimas y daños materiales, etc…) recogidas en un total de 134 campos por evento.

Ante la imposibilidad de manejar tal volumen de información, he procedido a realizar una selección de los atentados a analizar a lo largo de esta investigación. Se han analizado todos los actos terroristas perpetrados por aquellos grupos que cumplen unos determinados criterios.

En primer lugar, he adoptado la definición operativa de acto terrorista que emplea la propia base de datos GTD y que viene recogida en el correspondiente libro de códigos.  Dicha definición es la siguiente: “cualquier amenaza o uso ilegal de fuerza o violencia por parte de un actor no estatal para obtener un objetivo político, económico, religioso o social mediante el miedo, la coacción o la intimidación”. 

Los eventos que, según los anteriores criterios, han quedado definidos como acciones terroristas e incluidas en la GTD suponen más de 140.000. Sin embargo, no todas ellas pueden ser atribuidas a un grupo terrorista concreto. Por tanto, se han eliminado todas aquellas que se la propia GTD califica[1] como de autoría desconocida  o bien se has atribuido a colectivos genéricos, tales como “grupo islamista”, “separatistas”, “grupo de extrema izquierda”, “anarquistas”, “grupos antiabortistas”, etc… Tan solo se han contemplado, por tanto, las acciones terroristas atribuidas a un grupo concreto y perfectamente identificable.

Para reducir aún más el número de grupos a emplear en el estudio, se han establecido una serie de criterios adicionales:

(1)  Criterio 1: Que el grupo haya cesado sus actividades terroristas antes de 2013. Es decir, que la última acción registrada en la GTD atribuida a dicho grupo tenga por fecha 2012 o anterior.

(2)  Criterio 2: Que el grupo haya tenido una duración de, al menos 5 años. Es decir, que entra las fechas de su primer y último atentado registrados en la GTD hayan transcurrido un mínimo de 5 años (aunque no es necesario que en todos esos años el grupo haya estado activo, es decir, haya cometido atentados).

(3)  Criterio 3: Que el grupo tenga atribuidos un mínimo de 10 atentados a lo largo de toda su vida operativa. A los efectos de este estudio se entiende por “vida operativa” el número de años transcurridos entre su primer atentado y el ultimo registrado en la GTD.

(4)  Criterio 4: Que el grupo haya llevado a cabo, como mínimo, una media de 5 atentados anuales a lo largo de su vida operativa.

Hay un total de 62 grupos que cumplen dichas condiciones. De ellos, he descartado al Estado Islámico en Iraq (ISI) por considerar que sigue activo, a pesar de que en 2013 cambió su denominación por la de Estado Islámico de Iraq y Levante (ISIS o ISIL) y, en 2014, volvió a cambiar su denominación por la de Estado Islámico (IS o Daesh). También se ha descartado al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) que continua activo bajo la denominación de Al-Qaeda para el Magreb Islámico (AQMI). Quedan, por tanto, 60 grupos que cumplen los criterios establecidos y que son los que se toman como base para realizar este estudio (ver cuadro nº 1).

La selección final de grupos terroristas se caracteriza por su gran variedad, ya que incluye grupos de diversas características, tal y como se aprecia en el cuadro número 2.

 

Definición de variables

Para el estudio se ha tomado como unidad de análisis cada uno de los atentados terroristas llevados a cabo por los grupos seleccionados durante toda su vida operativa y que se encuentran registrados en la  GTD. El total de eventos analizados asciende a 21.806.

Para contrastar las hipótesis formuladas se han establecido las siguientes variables independientes: V01 Atentado, V02 País, V03 Localidad, V04 Ataque múltiple, V05 Blanco “blando”, V06 Ataques “sin contacto”, V07 Atentado suicida, V08 Ataque fallido, V09 Bajas terroristas, V10 Ataque con perfil violento, V11 Ataque indiscriminado, V12 Victimas.

V01. Atentado: es cada uno de los actos realizados por un grupo terrorista que satisface los criterios establecidos en el libro de códigos de la GTD. Tan solo se tiene en cuenta los atentados atribuidos (con certeza o no) a uno de los grupos terroristas incluidos en la lista recogida en el anexo 1.Si un acto realizado por un grupo terrorista satisface los requisitos indicados en el apartado 3.4 y ha sido realizado, o presuntamente realizado, por uno de los grupos listados en el cuadro nº 1, dicha variable toma el valor “1”. En caso contrario, toma el valor “0”.

V02. País: Contiene la denominación del país en el cual se ha llevado a cabo el atentado. Coincide con el valor del campo “country_txt” de la GTD.

V03. Localidad: Contiene la denominación de la localidad o lugar geográfico en el cual se ha llevado a cabo el atentado. Coincide con el valor del campo “city” de la GTD.

V04. Ataque múltiple: cuando un ataque forma parte de un grupo de ataques interconectados, esta variable adquiere el valor “1”, siendo “0” en caso contrario. Coincide con el valor del campo “multiple” de la GTD.

V05. Blanco “blando”: Se han clasificado los blancos de los diversos ataques terroristas en función de su grado de protección y de la posibilidad de que el blanco repela el ataque e infrinja bajas a los atacantes. Los grupos son: blancos “duros”, “semiduros” o “blandos”. Dentro de la primera categoría se han incluido a unidades, instalaciones y convoyes militares o policiales, así como a líderes políticos o personal diplomático de alto nivel (que se supone están protegidos por un servicio de seguridad). El segundo grupo incluye a individuos o vehículos militares o policiales aislados (sin formar unidad o convoy), establecimientos bancarios, organismos gubernamentales, embajadas, aeropuertos (que se supone que cuentan con unas medidas de seguridad). El resto de objetivos se han incluido en la categoría de blancos “blandos”. Si bien se han clasificado todos los ataques en función del tipo de blanco sobre el que se han realizado, a los efectos de este estudio y para contrastar la hipótesis H08, tan solo se consideran los ataques sobre blancos “blandos”. En tal caso, la variable tendrá un valor “1” y, en caso contrario (blancos “duros” o “semiduros”) un valor “0”. La asignación de cada ataque a cada categoría se ha hecho considerando las características de cada blanco recogidas en los campos “targtype1”, “targsubtype1”, “corp1”, “targtype2”, “targsubtype2”, “corp2”, “targtype3”, “targsubtype3” y “corp3” de la GTD.

V06. Ataques “sin contacto”: Se han clasificado los diversos ataques terroristas en función de que el medio empleado para su ejecución implique un contacto con el objetivo o no (aunque el terrorista haya estado presente en el lugar donde se realiza el atentado, no lo está en el momento en que este se lleva a cabo). Aquellos atentados en los que se han empleados bombas accionadas a distancia, o cartas y paquetes bomba, o minas, trampas “caza-bobos”, etc… o cualquier otro artefacto que no requiera la exposición del terrorista para ser accionada, se consideran ataques “sin contacto” y el valor de dicha variable es “1”. Al resto de ataques (que incluyen, obviamente, los atentados suicidas) se les considera “con contacto” y el valor de la variable es “0”. La asignación de cada ataque a cada categoría se ha hecho considerando las características de cada medio de ataque recogidas en los campos “weaptype1”, “weasubtype1”, “weaptype2”, “weasubtype2”, “weaptype3”, “weasubtype3”, “weaptype4”, “weasubtype4”y “weapdetail” de la GTD.

V07. Atentado suicida: Si el ataque ha sido registrado como “suicida” en la GTD, la variable tiene un valor “1”. En caso contrario, el valor es “0”. Coincide con el valor del campo “suicide” de la GTD.

V08. Ataque fallido: Si el ataque ha sido registrado como “con éxito” en la GTD, la variable toma un valor “0”, en caso contrario, se considera un ataque fallido y toma un valor “1”. La GTD considera el éxito de un ataque en función de sus efectos tangibles, sin entrar a valorar si ha alcanzado la finalidad última de los terroristas, algo que, por otra parte, es difícil de determinar. El valor de la variable es el opuesto al valor del campo “success” de la GTD.

V09. Bajas terroristas: Esta variable refleja el número de bajas que los terroristas han sufrido durante la realización de un ataque, bien sea de forma accidental o por acción del objetivo o fuerzas armadas o de seguridad. Incluye tanto los muertos como los heridos y capturados. Los datos se obtienen sumando los resultados de los campos “nperpcap”, “nkillter” y “nwoundte” de la GTD.

V10. Ataque con perfil violento: tomando como base el concepto de Yokota de ataque con perfil violento, se han clasificado como tales a aquellos que cumplen alguna de las siguientes condiciones:

(1)  La GTD los clasifica como “assassination” en alguno de los campos “attacktype1”, “attacktype2” o “attacktype3”.

(2)  La GTD los clasifica como “armedassault” en alguno de los campos “attacktype1”, “attacktype2” o “attacktype3”. Se excluyen aquellos clasificados como “withHostageTaking (Kidnapping)” o “To facilitywitharson, incendiary” en los campos “attacktype2_txt” o “attacktype3_txt

(3)  La GTD los califica como “bombing/explosión” en alguno de los campos “attacktype1”, “attacktype2” o “attacktype3” y, además, han sido perpetrados mediante ataque suicida o coche bomba.

(4)  La GTD los califica como “bombing/explosión” en alguno de los campos “attacktype1”, “attacktype2” o “attacktype3” y, además, han sido perpetrados en un lugar público y ocasionado un mínimo de 10 muertes (excluyendo posibles bajas terroristas).

Aquellos atentados que cumplan alguna de las condiciones anteriores son calificados como “de perfil violento” y la variable toma el valor “1”. En caso contrario, se le asigna el valor “0”.

V11. Ataque indiscriminado: se considera que un ataque es indiscriminado cuando no va dirigido contra un colectivo concreto y el medio de ataque empleado no permite dirigir los efectos del ataque contra una persona concreta. Se han clasificado como tales a aquellos que cumplen, simultáneamente, las siguientes condiciones:

(1)  En cualquiera de los campos “attacktype1”, “attacktype2”, “attacktype3” de la GTD están clasificados como “assassination”, “bombingexplossion”, armedassault” o “unarmedassault”.

(2)  En cualquiera de los campos “targtype1”, targtype2”,targtype3”,de laGTD están clasificados como “PrivateCitizens&Property”.

(3)  Que el ataque ha ocasionado un mínimo de 10 víctimas(entre muertos o heridos).

Aquellos atentados que cumplan las tres condiciones son calificados como “indiscriminados” y la variable toma el valor “1”. En caso contrario, se le asigna el valor “0”.

V12. Víctimas: Esta variable refleja el número de víctimas (muertos o heridos) producidas durante el atentado. No se incluyen los muertos o heridos registrados entre los terroristas. Se calcula añadiendo los valores de los campos “nkill” y “nwound” y sustrayéndoles el valor de los campos “nkillter” y “nwoundte”.

 

Metodología aplicada

La contrastación de las hipótesis se realiza mediante el análisis de las frecuencias obtenidas por las distintas variables definidas en el apartado anterior.

En primer lugar, se ha procedido a agrupar los eventos (atentados) en función de cada uno de los grupos terroristas responsables de su ejecución. Posteriormente, los atentados cometidos por cada grupo se han agrupado por el año en que fueron perpetrados. 

Seguidamente se selecciona el año con mayor número de atentados. Este constituye el punto culminante de la vida operativa del grupo. La fase ascendente está constituida por el periodo que transcurre entre su primer atentado y el punto culminante. La fase descendente o de declive está constituida por el periodo que transcurre entre el año siguiente a dicho punto y el año de su último atentado.

Se calculan las frecuencias medias de cada grupo para cada periodo y se comparan entre sí, lo que determinará si, para cada variable, se confirman o contradicen las hipótesis. Por ejemplo, si un grupo ha perpetrado una media de 15 atentados anuales (variable V01) durante su fase ascendente y tan solo 10 atentados anuales durante su fase de decadencia, el comportamiento de dicho grupo apoya la hipótesis H01, que establece que “la debilidad del grupo implica la realización de un menor número de atentados por año” (se parte de la premisa que un grupo en fase descendente está más debilitado que en fase ascendente).

Puede darse el caso que, para una variable, la media de frecuencias en fase ascendente sea igual a la registrada en fase de declive. En tal caso, se considera que el resultado contradice la hipótesis en cuestión, salvo que durante la fase ascendente la frecuencia registrada sea la menor posible y, por lo tanto, el resultado en la fase descendente tan solo puede igualar dicho valor (en tal caso, no se toma en consideración dicho resultado, es decir, ni apoya ni contradice la hipótesis).

En consecuencia, para que las hipótesis  H01, H02, H03, H04, H06 y H11 se vean confirmadas, es necesario que la media de las frecuencias de la fase descendente sea menor a la de la fase ascendente.

Por el contrario, para que las hipótesis H05, H07, H08, H09, H10, H12 y H13 se vean confirmadas, es necesario que la media de las frecuencias de la fase descendente sea mayor a la de la fase ascendente.

Cuantos más grupos confirmen una determinada hipótesis, mayor es la fiabilidad de la misma.

Como ya se ha dicho anteriormente, este planteamiento asume la premisa de que un grupo es más débil en su fase descendente. Esto puede ser cierto para aquellos grupos que sufren un desgaste por motivo de la presión policial o militar, o a causa de disensiones internas. Sin embargo, no tiene por qué ser válido para aquellos grupos que concluyan su vida operativa tras una victoria o mediante su transformación engrupo político.

En consecuencia, se espera que aquellos grupos que, según la clasificación de  Jones &Libicki, concluyen su actividad violenta a causa de: (1) derrota policial, (2) derrota militar o (3) división en otros grupos, obtengan unos resultados que muestren un apoyo más claro a las hipótesis planteadas en comparación con los resultados obtenidos por los grupos que cesan su actividad violenta por (4) alzarse con la victoria o (5) transformarse en una organización política.

 

Investigación

El cuadro número 3 resume el comportamiento de cada uno de los 60 grupos analizados en relación con cada una de las 13 hipótesis planteadas. Los resultados más relevantes se exponen a continuación.

En líneas generales, los resultados parecen apoyar, en su conjunto, las hipótesis planteadas, cumpliéndose estas en un 46,7% de los casos, incumpliéndose en un 29,9% y obteniendo resultados no concluyentes[2] en el23,5% restante.

Los grupos terroristas que muestran un comportamiento más acorde con el conjunto de las hipótesis planteadas son: (1) MuttahidaQami Movement (MQM), (2) Basque Fatherland and Freedom (ETA), (3) Irish Republican Army (IRA), (4) Armed Islamic Group (GIA), (5) Inkatha Freedom Party (IFP), (6) Janatantrik Terai Mukti Morcha- Jwala Singh (JTMM-J), (7) Liberation Tigers of Tamil Eelam (LTTE), (8) Armenian Secret Army for the Liberation of Armenia, (9) Chicano Liberation Front, (10) Khmer Rouge, (11) Palestine Liberation Organization (PLO), (12) Revolutionary Organization of People in Arms (ORPA) y (13) Revolutionary Patriotic Anti-Fascist Front (FRAP). En todos ellos, la diferencia entre hipótesis apoyadas e hipótesis no apoyadas es favorable a las primeras en valores que varían entre 9 y 6 puntos. En función de las características del grupo, apoyan más a las hipótesis aquellos que llevan a cabo un número elevado de atentados por año (superior a 25), tienen una longevidad superior a 30 años, un tamaño superior al millar de activistas, son de carácter nacionalista o religioso y persiguen objetivos basados en un cambios en políticas concretas  o en cambios territoriales. Además, en contra de lo previsto, se comportan mejor los grupos que acaban alcanzando la victoria o los que abandonan la violencia para adoptar una vía política.

En el lado opuesto del espectro nos encontramos aquellos grupos que muestran unos resultados más desfavorables con las hipótesis planteadas. Entre ellos cabe destacar: (1) al-Gama'at al-Islamiyya (IG), (2) New World Liberation Front (NWLF), (3) Sandinista National Liberation Front (FSLN), (4) Omega-7, (5) Dev Sol, (6) Guatemalan National Revolutionary Unity (URNG), (7) Movement of the Revolutionary Left (MIR) (Chile), (8) Ricardo Franco Front (Dissident FARC) y (9) Simon Bolivar Guerrilla Coordinating Board (CGSB). En todos ellos, la diferencia entre hipótesis apoyadas e hipótesis no apoyadas es favorable a las segundas en valores situados entre 1 y 7 puntos. En función de las características del grupo, apoyan menos a las hipótesis aquellos que llevan a cabo un número pequeño de atentados por año (inferior a 25), tienen una longevidad inferior a 20 años, un tamaño que varía entre las decenas a las centenas de activistas, son de ideología de extrema izquierda, pero también de carácter religioso y persiguen objetivos de carácter “imperial” (establecimiento de un califato o cualquier tipo de gobierno supranacional) o cambios de régimen. Con respecto al modo de finalización del grupo terrorista, son más desfavorables a las hipótesis planteadas los que acaban alzándose con la victoria o los que acaban descomponiéndose en otros grupos.

Con respecto a las hipótesis concretas que reciben un mayor apoyo cabe citar las siguientes:

H01. La debilidad del grupo implica la realización de un menor número de atentados por año (con 49 casos favorables frente a 8 desfavorables).

H03. La debilidad del grupo implica que decrece el número de localidades en los que ataca (con 46 casos favorables frente a 11 desfavorables).

H11. La debilidad del grupo implica un menor número de víctimas por año (con 46 casos favorables frente a 10 desfavorables).

Y, en menor medida, las siguientes:

H02. La debilidad del grupo implica que decrece el número de países en los que ataca (con 20 casos favorables frente a 13 desfavorables).

H04. La debilidad del grupo le llevará a disminuir la sofisticación de sus ataques, para minimizar el riesgo para sus activistas, por lo que descenderá el número de ataques múltiples (con 24 casos favorables frente a 19 desfavorables).

H12. La debilidad del grupo implica un mayor número de víctimas por ataque (con 31 casos favorables frente a 25 desfavorables).

Por el contrario, las hipótesis que reciben menor apoyo son las siguientes:

H08. La debilidad del grupo le llevará a disminuir la sofisticación de sus ataques, para minimizar el riesgo para sus activistas, por lo que  aumentará la proporción de ataques sobre blancos “blandos” (con 31 casos favorables frente a 26 desfavorables).

H13. La debilidad del grupo implica un aumento en el número de terroristas muertos, heridos o capturados durante los ataques (con 22 casos favorables frente a 17 desfavorables).

Con respecto al resto de las hipótesis planteadas (H05, H06, H07, H09 y H10) los casos favorables son aproximadamente iguales a los desfavorables, por lo que no pueden extraerse resultados concluyentes.

Si tenemos en cuenta las características de los grupos, los que mejor responden a las hipótesis planteadas son los que tienen el siguiente perfil:

  • Grupos con un alto número de atentados, tanto en términos absolutos (más de 500), como relativos (más de 25 atentados por año).
  • Grupos longevos, con más de 30 años de vida.
  • Grupos numerosos (con más de un millar de componentes).
  • Grupos que actúan en países con una renta per cápita medio-alta o alta con regímenes políticos sin libertades.
  • Grupos con ideología nacionalista que buscan lograr cambios de carácter territorial.
  • Grupos que han finalizado su actividad violenta tras conseguir sus objetivos o bien debido a la presión policial.

 

Análisis de los resultados obtenidos

Los resultados obtenidos del análisis del comportamiento de los 60 grupos terroristas tanto en sus fases ascendentes como descendentes no arrojan unos resultados claros que permitan apoyar las hipótesis formuladas.

Reciben resultados favorables las hipótesis que hacen referencia a la disminución del número de ataques por año, a la concentración de los mismos en un menor número de localidades (y, en menor grado, de países), la mayor letalidad de sus ataques (con mayor número de bajas por ataque), aunque con un menor número de víctimas por año y, por último, la menor complejidad en sus ataques, evitando los ataques múltiples.

El resto de hipótesis deben ser descartadas. El número de grupos que han recurrido a ataques suicidas es muy limitado en proporción al total de grupos estudiados, arrojando además resultados contradictorios. En el caso de un grupo en fase descendente, un menor número de reclutas podría implicar una menor disponibilidad de voluntarios para actuar en atentados suicidas. Sin embargo, por otro lado, la cúpula del grupo terrorista puede alentar este tipo de atentado para intentar mantener una atención que va disminuyendo a medida que desciende el número de ataques. Se trataría de suplir el menor número de ataques por una mayor notoriedad y espectacularidad de los mismos.

Parecería lógico pensar que, en su fase descendente, un grupo terrorista tendrá mayores dificultades para reponer a sus activistas experimentados que hayan causado baja o que hayan abandonado el grupo. Es plausible que los nuevos reclutas tengan una menor formación operativa que los terroristas a los que sustituyen, ya sea porque sus periodos de formación sean cortos o inexistentes y porque haya poco personal preparado para adiestrarles. Todo ello se traduciría en un mayor número de atentados fallidos. Sin embargo, los datos parecen indicar lo contrario: se produce una disminución del número de fracasos. Ello puede ser debido a que, faltos de personal, el grupo se vuelva más cauto, evitando cometer atentados que no presenten claras probabilidades de éxito y que, por otro lado, se aborten misiones ante cualquier imprevisto que pueda comprometer la vida de sus activistas. En tal caso, no queda constancia de tal hecho ya que la GTD tan solo recoge los ataques fracasado, pero no aquellos que se han abortado antes de iniciarse.

Tampoco parece encontrar apoyo la hipótesis que predice un incremento de los atentados indiscriminados, en un intento de “socializar” el sufrimiento. Los ataques indiscriminados pretenden, además de aterrorizar a un colectivo mayor de población, transmitir el mensaje de la incapacidad del gobierno para proteger la vida de sus ciudadanos, lo que constituye una de las funciones básicas de cualquier gobierno. Sin embargo, es posible que los terroristas no quieran arriesgarse a poner en su contra a la sociedad, lo que contribuiría a su aislamiento y, por tanto, decidan no recurrir a este tipo de ataques indiscriminados.

Tampoco los grupos analizados sienten una especial inclinación por recurrir al ataque contra blancos “débiles”, a evitar el contacto directo con sus objetivos o a recurrir a perfiles de actuación del tipo “violento”, como se había anticipado al formular las hipótesis de esta investigación.

Hay que tener en cuenta que si los resultados del análisis hubiesen sido totalmente distintos, apoyando con mayor claridad las hipótesis planteadas con respecto a la actuación de los grupos terroristas en fase de declive, no podría concluirse sin más que las variables definidas a lo largo del presente estudio pudiesen constituir indicadores válidos para predecir si un grupo se encuentra en dicha fase de declive. Este hecho tan solo pondría de manifiesto que la mayor parte de los grupos terroristas que cumplen con las condiciones definidas en las hipótesis se encuentran en fase de declive, pero nada hace suponer que aquellos grupos que no se encuentran en una fase de declive pudiesen también cumplir las hipótesis antes definidas.

Si observamos la distribución de frecuencias de atentados terroristas por año, observaremos que la mayor parte de los grupos presenta diversas oscilaciones en dichos valores, con un determinado número de puntos de inflexión ascendente o descendente. A la hora de abordar este trabajo he utilizado el concepto de punto culminante, es decir el año en que se registra el máximo número de atentados de los registrados a lo largo de toda la vida operativa útil. Dicho punto culminante es el que determina la extensión de las dos etapas (ascendente y descendente) que han servido de base para comparar el resultado de las distintas variables de cara a confirmar o desechar las hipótesis planteadas. Esto ha sido posible debido a que la vida operativa de los grupos terroristas había finalizado en el momento de llevar a  cabo este trabajo. Sin embargo, cuando intentamos valorar la eficacia de la lucha antiterrorista, el grupo permanece activo y no podemos determinar si ha alcanzado su punto culminante o si, por el contrario, estamos asistiendo a una de las múltiples oscilaciones posibles que se producen a lo largo de su vida operativa.

Durante la etapa ascendente se producen también periodos descendentes de mayor o menor duración. ¿Cómo saber si nos encontramos ante el verdadero punto culminante o si simplemente se trata de un punto de inflexión descendente de segundo orden?

Esta investigación debería haber continuado tratando de identificar tramos descendentes dentro de las fases ascendentes en la vida operativa de cada uno de los grupos analizados para tratar de determinar si el comportamiento de las variables durante dichos tramos coincidía con el comportamiento de dichas variables en las fases de declive de los grupos. Si el comportamiento de las variables era idéntico en ambos casos, éstas deberían descartarse como indicadores válidos de que un grupo ha entrado en su fase de declive. Sin embargo, en el caso de que el comportamiento de las variables fuese distinto, estas podrían constituir un indicador válido de que un grupo se encuentra en dicha fase de declive.

Sin embargo, dado que el análisis del comportamiento de las variables en esta primera parte de la investigación no arroja resultados que permitan validar las hipótesis planteadas, no considero pertinente continuar con la segunda parte de la misma, en la que, como ya he dicho, trataría de identificar diferencias en los comportamientos en las variables durante los tramos descendentes de las fases de desarrollo de los grupos terroristas y los comportamientos durante las fases de declive de dichos grupos.

 

Conclusiones

Partiendo de la premisa de la “racionalidad” de las acciones terroristas y el empleo por parte de los grupos terroristas de los atentados como una forma de lenguaje he tratado de identificar cambios en el comportamiento de un amplio conjunto de grupos terroristas entre su fase de desarrollo y su fase decadente, al objeto de tratar de determinar una  serie de variables que pudiesen constituir indicadores válidos para afirmar que un grupo había entrado en su etapa decadente.

La tesis de este trabajo trataba de probar es que un grupo terrorista en fase de declive presenta una menor capacidad operativa, lo que afecta a parámetros como el número de atentados, el ámbito geográfico de actuación, la efectividad de sus activistas y la complejidad, selectividad y letalidad de los atentados. Un cambio respecto a los parámetros registrados durante su fase ascendente o de desarrollo puede constituir un indicador valido de la proximidad de la finalización del grupo terrorista o, al menos, de su actividad violenta.

Para testar dicha tesis se has formulado 13 hipótesis acerca del comportamiento operativo de dichos grupos y se han definido 12 variables.

Para ello se ha llevado a cabo un análisis estadístico cualitativo de las acciones desarrolladas por 60 grupos terroristas de característica variadas que habían concluido su actividad terrorista antes del año 2014. Dichas organizaciones terroristas se han agrupado en dos conjuntos diferentes en función de su modo de finalización de su actividad violenta. El primer grupo, constituido por aquellos que habían cesado sus atentados como consecuencia de la presión militar, policial o de divisiones internas, era el que se esperaba que apoyase de un modo más claro las hipótesis planteadas. Mientras que el segundo grupo, constituido por aquellos que habían finalizado los atentados tras alcanzar la victoria o tras transformarse en organizaciones políticas, renunciando previamente a la vía violenta, se esperaba que mostrasen un comportamiento menos acorde con las mencionadas hipótesis.

Se ha definido el concepto de punto culminante como el año en que el grupo analizado lleva a cabo el mayor número de atentados. A partir de dicho punto culminante se ha dividido la vida operativa de cada grupo en dos fases: una ascendente o de desarrollo y otra descendente o de declive. Posteriormente, se ha observado el comportamiento de cada una de las 12 variables, para cada uno de los 60 grupos terroristas seleccionados, tratando de identificar variaciones en las mismas entre la fase de desarrollo y  la fase de declive.

Los resultados de la investigación han apoyado de manera limitada la validez de determinadas hipótesis, especialmente las que hacen referencia a la disminución del número de ataques por año, a la concentración de los mismos en un menor número de localidades (y, en menor grado, de países), la mayor letalidad de sus ataques (con mayor número de bajas por ataque), aunque con un menor número de víctimas por año y, por último, la menor complejidad en sus ataques, evitando los ataques múltiples. El resto de hipótesis deben ser rechazada por no haberse visto apoyadas por el comportamiento de un número significativo de grupos.

En conclusión, los resultados de la investigación no permiten afirmar que las variaciones en los comportamientos operativos de los grupos terroristas a lo largo de su vida operativa constituyan indicadores claros y fiables que permitan determinar cuando un grupo se encuentra en su fase de desarrollo y cuando ha entrado en su fase de declive.

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor:

Juan Ramón Sabaté Aragonés es Oficial del Ejército de Tierra español. Diplomado en Estado Mayor del Ejército de Tierra español y del US Army. Licenciado en Ciencias Políticas por la UNED. Especialista en Seguridad en el Mediterráneo, Próximo Oriente y Oriente Medio por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. Master universitario en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional por la Universidad de Granada.

 

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[1] En el campo denominado “gname”.

[2] Cuando no se registra variación entre la media de los registros anteriores y posteriores al punto culminante y, en ambos casos, el valor arrojado por dicha media es el mínimo posible, se considera que el resultado en inconcluso. En el resto de los casos, cuando no se produce variación en dichas medias pero estas presentan un valor superior al mínimo posible, se considera dicho caso como no favorable a la confirmación de la hipótesis, ya que las hipótesis siempre se han planteado de modo que se predice una variación (bien un incremento o un decremento) en el comportamiento de una variable, por lo que la ausencia de dicha variación es contraria a lo establecido en la hipótesis.

 

 
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