Brasil: la re-significación de la violencia como resultado del avance de organizaciones criminales

CAROLINA SAMPÓ

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) – Instituto de Relaciones Internacionales (IRI), Universidad Nacional de La Plata (UNLP)

 

Title: Brazil: the Re-signification of Violence as a Result of Criminal Organizations Advance

Resumen: Aunque Brasil siempre ha sido considerado entre los países más violentos de la región, en los últimos años, la violencia ha crecido y se ha complejizado exponencialmente. El presente artículo tiene como objetivo demostrar cómo dicho incremento está relacionado con la disputa entre organizaciones criminales por los mercados ilegales, particularmente en el Norte y Noreste del país desde la ruptura del pacto de no agresión que tenían el Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho. Desde un abordaje cualitativo, combinando análisis documental de fuentes primarias y secundarias, con entrevistas a expertos, el trabajo procura responder los siguientes interrogantes: ¿Cuál es la situación actual de violencia en Brasil y cómo se ha re-significado? Para luego vincular esa mutación a la compleja variedad de organizaciones criminales que actúan en su territorio; y, finalmente, responderemos a cómo se relacionan esas organizaciones entre sí.

El resultado de este trabajo posibilitará el desarrollo de múltiples líneas de investigación, relacionadas especialmente al enfrentamiento entre organizaciones criminales y al mercado ilícito de drogas en Brasil.

Palabras clave: Brasil, Violencia, Crimen Organizado, Narcotráfico, Primeiro Comando da Capital

Abstract: Although Brazil has always been considered one of the most violent countries in the region, in the last years, violence has grown exponentially and has also become more complex. The present paper seeks to show how the increase of violence, especially in the North and Northeast of Brazil, is related to the dispute between different criminal organizations, by the illicit drug market since the end of the non-aggression agreement that the Primeiro Comando da Capital and the Comando Vermelho had. From a qualitative approach, combining documentary analysis of primary and secondary sources, with interviews with experts, our work tries to answer the following questions: What is the current situation of violence in Brazil and how has it been re-signified? After that, we will relate that mutation to the complex variety of criminal organizations that operate in its territory; and, finally, we will answer how these organizations relate to each other.

The result of this work will enable the development of multiple lines of research, especially related to the confrontation between criminal organizations and the illicit drug market in Brazil.

Keywords: Brazil, Violence, Organized Crime, Drug Trafficking, Primeiro Comando da Capital

Recibido: 13 de noviembre de 2017

Aceptado: 6 de febrero de 2018

Carolina Sampó, “Brasil: la re-significación de la violencia como resultado del avance de organizaciones criminales”, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 4, No. 1 (2018), pp. 127-146. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.7.8

 

Introducción

En los últimos años, la violencia en Brasil se ha incrementado exponencialmente. La mayoría de los analistas coinciden en que se trata de un fenómeno estructural (Barón, 2014; Sampó y Troncoso, 2015; Galtung, 2004; Santos, 2015, entre otros) directamente relacionado con la profunda desigualdad socioeconómica que acecha a la sociedad. Sin embargo, el aumento de la tasa de homicidios, así como la concentración geográfica de los episodios – en el Norte y Noreste del país –, hacen pensar que el patrón de la violencia se ha modificado. En paralelo, Brasil ha pasado de ser un país de tránsito de droga, para convertirse en el segundo consumidor mundial en términos absolutos. Aunque el consumo se ha expandido hacia todos los estratos sociales, el tráfico de drogas suele relacionarse con los más bajos, concentrados en las favelas[1] (Rodrigues, 2015). Esas favelas son enclaves territoriales de las organizaciones criminales brasileras, en conjunto con los presidios que han actuado como espacios de reclutamiento de nuevos miembros e incluso han contribuido a su expansión territorial –como resultado de la fallida estrategia gubernamental de alejar geográficamente a los líderes de las organizaciones criminales más poderosas. 

En este sentido, desde una perspectiva cualitativa y haciendo uso del análisis documental, nuestro artículo busca demostrar la siguiente hipótesis: “desde que se resquebrajó el pacto de no agresión existente entre las organizaciones criminales más grandes de Brasil – el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) – la violencia mutó y se resignificó, vinculándose más a la confrontación entre estas organizaciones, que a la brecha socioeconómica que históricamente explicó la violencia en Brasil”. Sin duda, la búsqueda de expansión de la influencia territorial y con ella, del mercado ilícito de las drogas al que apuntan el CV, la Familia do Norte (FDN) y otros actores menores[2] (mencionados en la anteúltima sección), han disparado los más cruentos enfrentamientos en este último año. Es por eso que hemos optado por trabajar el recorte temporal que comienza en el año 2016, ya que explica por qué y cómo ha mutado la violencia.

Desafortunadamente, existen serias dificultades para acceder a información sobre las organizaciones criminales, en general, y sobre el narcotráfico en Brasil, en particular. Como consecuencia de dichas limitaciones, hemos tenido que recurrir a fuentes periodísticas, aunque hemos cotejado la información recabada con entrevistas a expertos en criminalidad y seguridad regional. Asimismo, hemos utilizado documentos publicados por organizaciones no gubernamentales para analizar el alcance de la violencia. Por otra parte, vale decir que prácticamente no existen trabajos académicos que analicen el mercado brasilero de las drogas y la distribución de poder dentro del territorio del gigante sudamericano – fuera y dentro de los presidios – mucho menos si buscamos información sobre cómo se relaciona la violencia con el enfrentamiento de las organizaciones criminales. Por eso, este trabajo nos parece importante como punto de partida para el análisis de un fenómeno por demás complejo que tiene aristas económicas, sociales, criminales y hasta culturales. En este sentido, consideramos que, a partir de las conclusiones de este artículo, se pueden postular hipótesis sobre el alcance de la criminalidad organizada en Brasil, las actividades que desarrollan y cómo se relacionan con los países vecinos y con otros actores internacionales.   

Con este objetivo, el artículo se dividirá en cuatro secciones. La primera, describirá someramente el marco contextual, explicando qué es el crimen organizado, cuáles son sus principales manifestaciones y qué particularidades presenta el caso brasilero. En el segundo apartado, explicaremos cuál es la situación actual de la violencia en Brasil. En la tercera parte, se analizará cómo la violencia ha adquirido un nuevo significado, vinculado a la compleja variedad de organizaciones criminales que actúan en su territorio y cómo se relacionan entre sí. Finalmente, en las reflexiones finales, vincularemos la violencia existente con la criminalidad descrita.

 

Sobre el crimen organizado, sus manifestaciones y la violencia

El crimen organizado, sostiene Bartolomé (2006), tiene como características distintivas la diversificación, transnacionalización e interacción. Es decir que no desarrolla una única actividad ilícita, ni la restringe a las fronteras de los Estados nacionales, sino que actúa en redes globales, vinculando organizaciones provenientes de diversos lugares del planeta, especializadas en actividades de lo más diversas

El crimen organizado “no es un tipo de delito en particular, sino una forma de cometer delitos (en plural) caracterizada por dos condiciones: cierto nivel de planificación, y la participación conjunta y coordinada de varios individuos” (De La Corte Ibáñez y Giménez-Salinas Framis, 2015: 19). Según la Oficina de las Naciones Unidas sobre drogas y crimen (UNODC, 2010: 1), la delincuencia organizada transnacional es: “todo delito transnacional grave cometido por un grupo de tres o más personas que actúe con el propósito de obtener un beneficio de orden material”.

En este sentido, el crimen organizado involucra actividades principalmente relacionadas con el vicio, teniendo en cuenta que los mercados legales no proveen dichos servicios, pero existe una demanda considerable de actores individuales (Lyman & Potter, 2015). “Desafiando reglamentos e impuestos, tratados y leyes, en el actual mercado global se pone en venta prácticamente cualquier cosa” afirma Naim (2006: 16).

El crimen organizado adopta una serie de manifestaciones relacionadas con el lugar en el que se desarrolla, con una única excepción: el lavado de dinero. Considerando que las actividades criminales necesitan empresas que funcionen como fachadas de los negocios ilegales y les permitan reinsertar el dinero en la economía formal, el blanqueo es indispensable; Según De La Corte Ibáñez y Giménez-Salinas Framis (2015: 25) “la necesidad de camuflar los enormes beneficios obtenidos por vía ilegal, es decir, la necesidad de blanquear el dinero sucio” los obliga a inyectar ganancias provenientes de actividades ilícitas en la economía formal, haciéndolo parecer legitimo gracias a las prácticas corruptas que suelen desplegar.

Aunque en América Latina, el crimen organizado parece estar relacionado casi exclusivamente con el narcotráfico, existen en realidad otras manifestaciones que también representan grandes fuentes de enriquecimiento para las organizaciones criminales. Las más importantes de nuestra región parecen ser: el tráfico y la trata de personas, el tráfico de armas pequeñas y livianas, el tráfico de recursos naturales y el contrabando y la falsificación de mercancías (Sampó, 2017). Estas actividades, son facilitadas por la capacidad que poseen las organizaciones criminales de corromper funcionarios que les permitan desarrollar sus negocios, pero también por los niveles de violencia que suelen manejar.

Como el crimen organizado no puede acceder a la legalidad para asegurar su existencia, destaca Alda Mejías (2015), busca establecer relaciones de tipo clientelar con funcionarios del Estado basadas en la capacidad que tienen de corromperlos. Allí donde falla la persuasión, las organizaciones criminales recurren a la coerción ya que, como resalta Serrano (2006), esta es inseparable de las prácticas ilegales. La violencia y la amenaza de su uso, posibilitan el avance del crimen organizado en todos los ámbitos de la sociedad. En consecuencia, como veremos más adelante, la violencia termina penetrando todas las relaciones sociales, incluidas las que se desarrollan entre distintas organizaciones criminales. En este sentido, vale aclarar que no todos los países latinoamericanos sufren la violencia de igual manera. Por el contrario, muchos de ellos –Argentina, Chile, Bolivia y Perú, por ejemplo – tienen tasas de homicidios muy bajas, sin que eso obedezca a la inexistencia del crimen organizado. En realidad, los números relativos a estos indicadores se deben a que no existe una disputa abierta entre las complejas redes criminales que actúan en sus territorios.

Gracias a las características geográficas particulares de Brasil, que cuenta con una porosa frontera hacia el Oeste – en donde se emplaza el Amazonas –, limita con los principales productores de cocaína del mundo – Colombia, Perú y Bolivia – y cuenta con un extenso territorio de litoral – que da al Océano Atlántico –, las organizaciones criminales han podido sacar un destacado provecho del tráfico de drogas, tanto para su exportación como para el consumo local, afirma Duda Fernandes (2016). Como destaca Rodrigues (2016) la situación geográfica de Brasil, que lo posiciona como paso obligado para la cocaína proveniente de la región andina – que tiene como destino el mercado europeo e incluso asiático – hizo surgir un mercado de consumo interno de gran magnitud. En definitiva, como destacan Kohler da Cruz y De Arimateida da Cruz (2013), actualmente no hay duda de que Brasil es una parte integral de la producción y distribución de las drogas ilícitas en el mercado mundial.

Sin embargo, Calderón (2014) afirma que la navegabilidad de los ríos se extiende solo 8 meses al año y, como la infraestructura de la región es muy precaria, es difícil consolidar un sistema que la conecte con el resto del país, encontrándose muy pocas pistas de aterrizaje clandestinas y otros pocos muelles de escasa envergadura. En consecuencia, habría surgido el modelo pulverizado de tráfico ilícito, como veremos.

De igual manera, vale destacar la dificultad del Estado para controlar el territorio por las mencionadas características. Es importante entender que las dimensiones territoriales de Brasil dificultan terriblemente las posibilidades del Estado de controlar, tanto los flujos que traspasan sus fronteras, como los que se mueven de un punto al otro del territorio nacional. Se trata de un país que limita con 9 de los 11 Estados sudamericanos, que cuenta con una geografía de lo más diversa e incluye una gran porción de selva. Abarca 15.710 kilómetros de fronteras terrestres, de los cuales 11.612 están emplazadas en el Amazonas (Duda Fernandes, 2016). Además, a esa superficie hay que sumarle los 7.367 Kilómetros de costa marítima y los 1.632kms de las tres fronteras donde confluyen Brasil, Colombia y Perú (Ver Imagen I).

Imagen 1. Frontera entre Brasil, Colombia y Perú

Fuente: Instituto mayor campesino (2015)

Actualmente, según Duda Fernandes (2016) se observa la evolución de un sistema de redes ilegales con altos niveles de logística y con efectos territoriales incomparables con los sufridos en el pasado, en gran parte gracias al manejo que estas organizaciones tienen del terreno, pero también a la falta de equipamiento y personal por parte de los Estados para asegurar el control efectivo de su soberanía. De hecho, agrega Olinger (2013), la vulnerabilidad de las fronteras y el tamaño del territorio, en conjunto con los altos grados de corrupción observados en funcionarios públicos, permiten que las redes sean sumamente flexibles y puedan modificar rutas constantemente, sin que ello vaya en detrimento de sus estructuras.

 

Brasil: el mapa de la violencia

La situación de Brasil en términos de violencia se ha complejizado en los últimos años. De acuerdo con el Atlas da violência (2017), en 3 semanas de 2017 ha muerto más gente en Brasil a causa de los homicidios dolosos, que victimas globales en atentados terroristas durante los primeros 5 meses del año[3]. Aunque el 2017 se presenta como un año bastante particular debido a una serie de rebeliones en distintos complejos penitenciarios, que no sólo dejaron un saldo de más de 140 muertos, sino que dan cuenta del quiebre de una alianza entre grupos criminales (como veremos en el apartado siguiente), los números dejan de manifiesto un sostenido incremento de la violencia. De acuerdo con los datos presentados por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (2017) – una ONG mexicana – para el año 2016, 20 de las 50 ciudades más violentas del mundo son brasileras y 7, se ubican entre los primeros 20 lugares, considerando los homicidios cada 100 mil habitantes. A modo de ejemplo, Natal, Belem y Aracaju para el año 2016, tienen una tasa de homicidios de entre 69,57 y 62,76 cada 100 mil habitantes (CCSPJP, 2017). Mientras que todo Brasil detenta 26,7 homicidios cada 100 mil para el año 2015, según datos del Banco Mundial (2016) – que toma datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito – y 30,5 para el año 2016 (OMS, 2016), al tiempo que la media mundial es 6,2 (UNODC, 2013).

De hecho, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2016) Latinoamérica tiene las tasas de homicidios más altas del mundo – 18,6 homicidios cada 100 mil habitantes para el 2015 – y la posición de Brasil sigue empeorando. Según el informe anual publicado por el Forum Brasileiro de Segurança Pública (2017), los homicidios dolosos en el país han crecido en un 2,5% entre los años 2015 y 2016.

Es importante destacar la concentración tanto geográfica como etaria de las muertes violentas. En este sentido, los estados del Norte y Noreste de Brasil muestran un marcado ascenso de las tasas de homicidios (ver Gráfico 1), mientras que el centro del país denota números altos que parecen ir en descenso. Por otra parte, en lo que hace a las edades de los individuos involucrados, el 47,8% de los asesinados en 2015 eran hombres de entre 15 y 29 años; y si recortamos aún más la franja etaria, descubrimos que el 53,8% de los homicidios sucedieron sobre jóvenes de entre 15 y 19 años (Atlas da violência, 2017). Estos datos no son menores porque se trata de una porción importante de la población utilizada por el crimen organizado para moverse en el terreno y volverse hegemónicos especialmente en las favelas. Según Carvalho (2017) se trata de jóvenes negros pobres, de la periferia, ejecutados con armas de fuego y vinculados al tráfico de drogas.  

Grafico 1. Tasa de homicidios en Brasil y sus regiones (2005-2015) - cada 100 mil habitantes

Fuente: Atlas da violência (2017: 9)

Los números sobre homicidios dejan en claro que Brasil está enfrentando un serio problema de violencia que se ha venido incrementando en los últimos años, concentrado en el Norte y Noreste del país. Tal como resalta el Forum Brasileiro de Segurança Pública (2017) los Estados con tasas más altas de homicidios cada 100 mil habitantes para los años 2015 y 2016 están todos ubicados en el Noreste y Norte de Brasil y son: Sergipe (53,3-57,6) debido a su privilegiada ubicación geográfica en la salida al océano Atlántico, al igual que Alagoas (49,4-50,6); Pará (41,2-44,1), Estado que se ubica al lado de Amazonas y es paso obligado para que las mercancías salgan al mar; Rio Grande do Norte (40,4-50,2), situado estratégicamente en la salida al Atlántico; y Ceará (44,3-37,2), por el mismo motivo.

Como puede verse en el gráfico 1, los Estados que más han sufrido el incremento de los homicidios entre los años 2005 y 2015 (de un 100 a un 238 %) son efectivamente del Norte y Noreste, a saber: Amazonas, Maranhão, Goiás, Ceará, Rio Grande do Norte. En segundo término, los que incrementaron las tasas entre un 50 y un 100% son: Roraima, Pará, Piauí, Bahía y Mato Grosso do Sul (Atlas da violência, 2017). Si se mira con detalle el mapa a continuación, es fácil trazar la ruta de la droga desde los lugares de cultivo y producción (Bolivia, Perú y Colombia) hacia los centros urbanos brasileros, convertidos en grandes lugares de consumo y hacia el litoral, por el que se exportan los cargamentos con destino a países africanos, previo envío a Europa, cuya puerta de entrada suele ser España (UNODC, 2017). Amazonas, Rondônia, Matto Grosso y Matto Grosso do Sul, son Estados que lindan con Colombia, Perú y Bolivia, respectivamente. Del mismo modo, Ceará, Rio Grande do Norte, Alagoas y Sergipe, posibilitan la fácil salida al Océano Atlántico.

En este contexto, el Atlas de la violencia (2017) destaca cómo el estado de Pernambuco logró hacer descender el número de homicidios y Espírito Santo dejó de estar entre los 5 estados más violentos del país, para pasar a ocupar el puesto número 15 gracias al programa “Estado Presente”[4]. Por el contrario, el informe señala con preocupación la situación de Sergipe, donde los homicidios se incrementaron en un 77,7%, Rio Grande do Norte (75,5%), Piauí (54%) y Maranhão (52,8%).

Mapa 1. Variación porcentual de la tasa de homicidios por Estados, en Brasil (2005-2015)

Fuente: Atlas da violência (2017: 10)

Cabe resaltar, como lo hace el Atlas de la violencia (2017) que, en los últimos años, el patrón de los homicidios se modificó: los asesinatos dejaron de estar nucleados en grandes regiones metropolitanas para estar concentrados en los municipios del interior del país. Esta modificación en el patrón de violencia, sostenemos, está íntimamente relacionada con la intención de las organizaciones criminales de expandir su negocio territorialmente, rompiendo los acuerdos que habían mantenido la violencia vinculada a cuestiones estructurales.

De hecho, como destaca Luis Flavio Sapori (en Carvalho, 2017): los datos empíricos presentados hasta el momento confirman que la principal motivación de los homicidios en las capitales estaduales deriva de conflictos en el mercado de drogas ilícitas. El profesor Sapori sostiene que los traficantes y el negocio de las drogas ilícitas han generado una difusión de la violencia. De acuerdo con esta idea, tanto en las relaciones afectivas, familiares, entre vecinos como en la socialización cotidiana, los comerciantes de drogas tienden a usar el mismo patrón violento de resolución de conflictos, que el utilizado en relaciones estrictamente económicas con socios, competidores, proveedores y clientes (Carvalho, 2017)[5].

En este sentido, como veremos en el próximo apartado, el rol del Primeiro Comando da Capital (PCC) y su relación con otras organizaciones criminales, es central para entender la espiral de violencia desatada.

 

La re-significación de la violencia: fragmentación y competencia de las organizaciones criminales que actúan en territorio brasilero

A diferencia de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, en Brasil, afirma Olinger (2013), no se puede identificar a un gran capo o a un cartel que controle o al menos coordine a las organizaciones criminales más importantes del país. Por el contrario, se trata de un escenario sumamente fragmentado, pulverizado, según Valverde (2013).  

Brasil, que hasta hace dos décadas era un mero lugar de tránsito, se ha convertido en productor, vendedor y consumidor de drogas (Olinger, 2013). De hecho, de acuerdo con UNODC (2017), es uno de los principales consumidores de cocaína del mundo – de acuerdo con la cantidad de consumidores –. Pero, además, hoy es uno de los principales exportadores de la droga proveniente de Perú y Bolivia. De acuerdo con el último reporte de UNODC (2017), tanto los países africanos – principalmente Nigeria – como los asiáticos, afirman que el principal puerto de salida o punto de tráfico del que reciben cocaína es Brasil; en el primer caso, denuncian un 58% de los cargamentos y en el segundo, un 37%. En este sentido, destaca Valverde (2013), los distribuidores ganan mayor poder de negociación como resultado de la valorización de las rutas; se vuelven más importantes tanto para el mercado interno como para el mercado externo, influyendo en la cadena productiva, tanto en lo que hace a las condiciones de producción, como a los precios.

Esta realidad, da cuenta de las dimensiones de un mercado millonario, que ninguna de las organizaciones criminales que maneja el negocio de la droga quiere dejar pasar. Es por eso que en este apartado nos parece importante hacer un breve racconto de las organizaciones para luego explicar el porqué de su enfrentamiento.

Siguiendo a Troncoso (2014), desde los años ochenta es posible rastrear en Brasil una serie de organizaciones empresariales estables, que existen con el único fin de cometer hechos ilícitos y lucrativos. Sin duda, los más conocidos tanto por historia como por la magnitud de los negocios manejados, son las dos organizaciones criminales que manejaban la distribución de la droga en las dos grandes ciudades brasileras: El Primeiro Comando da Capital (PCC) en Saỡ Paulo y el Comando Vermelho (CV) en Rio de Janeiro (Vide Infra). En este sentido, afirma Valverde (2013) el nivel de territorialización de estas organizaciones ha sido muy grande, de allí que frente a la existencia de lo que él denomina “modelos territoriales para el ejercicio del tráfico de drogas”, en Brasil se hablaba de un modelo pulverizado y no cartelizado, como en el caso de Colombia durante los años ochenta y noventa, o en México de forma más reciente.

En el modelo que Valverde (2013) denomina pulverizado, lo que se ve es un conjunto de pequeños dominios fluctuantes, unidos por el flujo de los productos. Es un patrón de territorialidad discontinua. En este sistema, tanto en las relaciones internas como externas se observan tensiones permanentes por el control de los principales puntos de ventas; esto implica un esfuerzo constante para garantizar el mercado de consumo de drogas. Este sistema, se apoya en la informalidad y en el conocimiento del espacio y del orden de los espacios en los que se despliega. Esos espacios, en Brasil suelen ser las favelas (Valverde, 2013).

Como menciona Denyer Willis (2017) el crimen organizado establece reglas en prisiones, ciudades e incluso regiones. Sin embargo, cuando las organizaciones criminales pelean por el control del territorio o de un producto, la violencia se dispara. En esos casos, las reglas son puestas en jaque y la ley del más fuerte es la que prevalece. Hasta que una de las organizaciones consigue la hegemonía y vuelve la paz. Una paz inestable y no necesariamente duradera, ya que dependerá de la aparición de una organización que la desafíe. Este es el escenario que enfrenta hoy Brasil. Actualmente, si bien el PCC aparece como la organización más extendida, está claro que no ha logrado la hegemonía. Por el contrario, su competencia con el CV ha disparado los indicadores de violencia.

Analizando el escenario desatado en el año 2016, Sampaio (2017) habla de un reordenamiento profundo de las organizaciones criminales, especialmente a partir de alianzas generadas Ad Hoc con el fin de detener el creciente poder a nivel nacional del PCC.

 

Las organizaciones criminales en Brasil: fragmentación, violencia y competencia

En los años 80, durante la última dictadura militar, en los presidios cariocas se materializó el crimen organizado a partir de la conformación del Comando Vermelho (CV) que, si bien en un principio reclamaba mejoras en el cumplimiento de las penas, se estructuró de forma tal que terminó organizando el tráfico de drogas tanto dentro como fuera del presidio (Oliveira, 2016). Según uno de sus fundadores, William Da Silva Lima (2001), el CV surgió de la reunión de presos políticos, en respuesta a un sistema carcelario brutal y, desde el principio, buscó imponer sus propias reglas sobre los reclusos. Gracias a las mejoras conseguidas en la cárcel de Ilha Grande, a partir de las normas de convivencia impuestas por esos presos – que se encontraban recluidos junto con presos comunes –, las reglas y mejorías comenzaron a extenderse a otras cárceles del estado de Rio de Janeiro. Durante esa década, el CV estableció una serie de células dentro de las favelas cariocas desde las cuales manejaba sus negocios (Rodrigues, 2015).

Para 1990, de acuerdo con algunas estimaciones, el 90% de las favelas de Rio de Janeiro estaban en manos del CV, mientras que el 10% restante era manejada por dos facciones que habían surgido de sus entrañas y que conformaron pequeñas organizaciones delictivas: Amigos dos Amigos y Tercer Comando Puro. Como relata Rodrigues (2015), la cantidad de dinero producida por las actividades ilícitas del CV, en conjunto con las internas dentro del comando, llevaron a su fragmentación y consecuente surgimiento de organizaciones menores como el Tercer Comando. Lo cierto es que la fama del CV se expandió entre reclusos de otras cárceles, e incluso trascendió los estados, a punto tal que puede pensarse que sirvió de inspiración para su actual rival, el PCC (Oliveira, 2016). 

En los años 90, sostiene Oliveira (2016), a fin de detener las constantes palizas y abusos físicos, los detenidos del anexo de la brutalmente conocida “Casa de custodia de Taubaté” hicieron un pacto fundacional en el que establecieron reglas de convivencia que debían ser respetadas a raja tabla, creando así el Primeiro Comando da Capital (PCC), conocido en sus comienzos también como Partido del Crimen. Sin embargo, aunque su fundación se sitúa a principios de los años noventa – no existen certezas y hay distintas versiones de cuándo y cómo surgió el PCC – dentro del presidio mencionado, recién en 1999 se conoció la primera acción de la organización fuera de la cárcel durante el rescate de un grupo de detenidos en una comisaria. Antes de eso, en 1997 el por entonces secretario de administración penitenciaria, João Benedito de Azevedo Marques, había declarado que el PCC era una ficción, una tontería, una organización de la que no había visto ninguna manifestación en los dos años que llevaba en el puesto[6]. De acuerdo con estimaciones oficiales, el PCC hoy tiene unos 10 mil afiliados (Cavalcanti Junior y Lima Soares, 2016).  

El PCC y el CV son las organizaciones criminales más violentas de Brasil, según Cavalcanti Junior y Lima Soares (2016) y los incidentes de principios de 2017 lo demuestran; no tienen reparos en decapitar a sus enemigos a fin de ganar terreno en el mercado de las drogas ilícitas, por ejemplo. En este sentido, vale recordar que a comienzos de 2017 se produjeron sangrientos asesinatos al interior de más de un penal, con un saldo de más de 145 muertos (Sampaio, 2017), miembros de estas organizaciones criminales y de la Familia do Norte (Vide Infra).

Hasta hace pocos meses, el CV y el PCC eran aliados que compartían ideales y objetivos, pero especialmente porque tenían un enemigo en común – el Estado – y ninguno de los dos ponían en jaque la existencia del otro. Ambas organizaciones manejaban sus negocios principalmente en el eje territorial en el que estaban emplazadas; esto es, el PCC en Saō Paulo y el CV en Rio de Janeiro. Sin embargo, las empresas criminales comenzaron a extender su liderazgo más allá de las fronteras de las cárceles, mostrando organización, disciplina, poder y capacidad para regentar un negocio como el de las drogas, tanto a nivel micro como macro. El PCC se expandió mucho más rápido que el CV y, a 20 años de su creación tenía presencia en 22 Estados de Brasil; hoy, tras la estrategia de expansión desarrollada entre los años 2011 y 2016, opera en los 26 Estados existentes (Sampaio, 2017). Según datos extraoficiales, en la actualidad el PCC factura alrededor de 200 millones de reales anuales, es decir, algo más de 63 millones de dólares y busca seguir creciendo tanto en términos geográficos como monetarios (Alessi, 2017). De allí que no llame la atención la ruptura del pacto de no agresión con el CV.

De acuerdo con algunos reportes, el quiebre del frágil acuerdo de no incidencia entre el PCC y el CV comenzó a mediados del año 2015. Sampaio (2017) considera que este tuvo lugar en septiembre de 2016, cuando ambas organizaciones prepararon comandos para enfrentar a sus contendientes. La emergencia de esta rivalidad dio lugar a la desestabilización del mundo criminal, ya que, a partir de la ruptura, muchas organizaciones menores optaron por desafiar abiertamente al PCC (Sampaio, 2017). Como resultado, sostiene Sampaio (2017) esas organizaciones que antes cooperaban con el PCC en sus operaciones de exportación de cocaína hacia Europa, empezaron a trabajar solas dejando atrás el escenario pacifico de cooperación que la hegemonía del PCC había logrado construir.

Mapa 2. Posicionamiento de organizaciones criminales y rivalidades en Brasil

Fuente: Sampaio (2017: 45)

Más allá de las dos organizaciones criminales más poderosas de Brasil, el CV y el PCC, existen empresas menores, muy concentradas territorialmente que han ido ganando poder paulatinamente y que hoy manejan parte del tráfico de drogas que abastece principalmente al mercado local. De acuerdo con algunas estimaciones, existirían alrededor de 27 organizaciones criminales que se disputan el control territorial a lo largo y a lo ancho de Brasil (Hisayasu, 2017). En el mapa 2 se puede ver esa distribución territorial. Pero, además, en rojo, los Estados donde existe un conflicto abierto entre bandas; en amarrillo, los Estados en los que existe un alto riesgo de enfrentamiento directo entre bandas; y, en azul, disturbios en prisiones y sus resultados – cantidad de muertos –(Ver Mapa 2).

Entre estas organizaciones están[7]: 1. La Familia do Norte, que es la organización criminal más grande del Amazonas y cuenta con unos 2000 miembros (Cavalcanti Junior y Lima Soares, 2016). Creada aproximadamente en el año 2007 con el objetivo de manejar el tráfico de drogas en el Norte de Brasil, se posiciona como la 3er organización criminal más poderosa del país y para muchos es la causante de la ruptura de relaciones entre el PCC y el CV[8]. Tiene el monopolio del tráfico de drogas en el Amazonas, controla el sistema carcelario y se encarga de exportar a Europa la cocaína proveniente de Perú y Colombia[9]. 2. Amigos dos Amigos, organización que surgió de una facción escindida del CV en 1998 y se unió al Tercer Comando, que también se había conformado con ex miembros del CV a fines de los años 80 (hoy extinto). Emplazada en Rio de Janeiro, logró disputarle gran parte del control territorial al CV y se afianzó en la Rocinha, la favela más grande de la ciudad carioca (Kohler da Cruz & De Arimateida da Cruz, 2013). Es poderosa en ese Estado y bastante numerosa. 3. Tercer Comando Puro, conformado en el año 2002 por quienes no apoyaban la unión del Tercer Comando con el CV, también emplazado en Rio de Janeiro. 4. Primeiro Grupo Catarinense (PGC) es la organización criminal más grande del Estado de Santa Catarina, concentra sus esfuerzos en el tráfico de drogas proveniente especialmente de Paraguay (marihuana), Bolivia y Perú, de allí que se ramifica en otros Estados – como Matto Grosso do Sur – y teje alianzas con otras organizaciones. 5. Guardiões do Estado, es la organización más importante del Estado de Ceará, surgió en el año 2012 y está emplazada en la ciudad de Fortaleza. Si bien tiene una estructura bastante reducida, controla la mayor parte del tráfico que pasa por su Estado.  6. Sindicato do Crime do Rio Grande do Norte, surgió en el año 2013 en respuesta a la hegemonía que el PCC ejercía sobre el tráfico de drogas y se unió al CV para resistir el avance del PCC sobre su Estado. 7. Bonde dos 40, es una organización criminal que surgió de la rivalidad de detenidos en presidios del interior de Maranhăo en el año 2007 y se ha convertido en una de las 5 facciones más poderosas de Brasil según la revista Veja, gracias a su actuación en la capital del Estado, Saō Luis[10]. Opuesta al Primeiro Comando do Maranhăo (PCM) domina violentamente tanto las prisiones como las calles del territorio.

De lo antes expuesto se deriva que, aunque el PCC se expandió ampliamente, la magnitud del negocio del tráfico de drogas es tal que el pacto de no agresión que existía con el CV, quedó destruido. A partir de allí, organizaciones criminales menores pero importantes en la ruta de la droga, comenzaron a rebelarse contra el PCC disparando una espiral de violencia brutal, pocas veces visto.    

Como podemos observar en la tabla I, aunque existe casi una decena de organizaciones de importancia como para entender la dinámica del tráfico de drogas en Brasil, realmente son el PCC y el CV los que explotan los mercados ilegales en forma más intensiva y extensa. De un tiempo a esta parte, la Familia do Norte ha ganado autonomía y se ha fortalecido, pero aún sigue haciendo uso de su alianza con el CV para enfrentarse al PCC.

Tabla 1. Organizaciones, emplazamiento territorial, aliados y enemigos

Fuente: Elaboración propia en base a Sampaio (2017) y Hisayasu (2017)

La tabla 1 logra reflejar la ruptura entre el PCC y el CV más allá de las organizaciones menores con las que se alían para administrar un territorio y enfrentar a su competidor. En la tabla 2, por otra parte, se pueden ver los Estados de Brasil en los que el conflicto entre el PCC y el CV – más allá de los grupos locales - ha estallado o está muy cerca de estallar.

Tabla 2. Estados en disputa por hegemonía del PCC, tipo de conflicto

Fuente: Elaboración propia en base a Sampaio (2017) y Hisayasu (2017)

Tal como hemos explicado en este apartado, el quiebre del pacto de no agresión entre el PCC y el CV generó una mutación de la violencia en Brasil. Mientras que, antes de ese acontecimiento la violencia se relacionaba directamente con la gran desigualdad socioeconómica que afecta al gigante sudamericano, desde el año 2016 la competencia entre organizaciones criminales ha tenido un claro correlato en su mutación. En este sentido, es importante destacar que el PCC ya no es un actor hegemónico ni siquiera en los Estados – como Saō Paulo – donde controla los negocios ilícitos. El CV, la FDN y sus aliados menores en todo el interior de Brasil, han logrado quebrar la hegemonía que el PCC detentaba gracias a su presencia en todos los Estados del país. Como consecuencia, se ha desatado una contienda entre organizaciones que ha implicado la modificación de los patrones de violencia y que amenaza con complejizarse aún más, si se tienen en cuenta los datos de las Tablas 1 y 2.

En resumen, el escenario es sumamente complejo, en especial porque la violencia no sólo ha sido re-significada, sino que ha calado profundo en la sociedad brasilera. Aunque las organizaciones criminales se han comprometido a mantener al margen de sus enfrentamientos a la sociedad civil – cosa que podría estar siendo cumplida si se tienen en cuenta las masacres dentro de los presidios – es difícil pensar que no habrá “efectos colaterales”, ya que el combate por los mercados ilícitos suele tener lugar en las grandes urbes.

 

Reflexiones finales

No cabe duda, la violencia en Brasil ha mutado. La concentración de los homicidios no sólo en términos geográficos – Norte y Nordeste del país – sino también etarios y socioeconómicos – jóvenes de entre 15 y 29 años, provenientes de las favelas –, dan cuenta de cómo el crimen organizado ha avanzado y resuelve sus controversias valiéndose de la violencia.

En este sentido, nos parece importante destacar, por un lado, la magnitud que tiene el negocio de la droga en Brasil – ya que se trata de uno de los principales consumidores de cocaína del mundo – pero también, la relevancia que tiene su territorio para trasportar y comercializar sustancias ilícitas en lugares tan remotos como Asia, África o incluso Europa. Sin duda, han sido las proporciones del negocio las que han generado la ruptura entre el PCC – que manejaba la mayor parte del territorio brasilero – y el resto de las organizaciones criminales, cansadas de trabajar para que el mayor redito se lo llevara otro. En este contexto, es importante destacar que el fin último de las organizaciones criminales es generar ganancias de orden material, principalmente económico. De allí que entidades más pequeñas se vieran tentadas para enfrentar al PCC, espacialmente contando con el apoyo de su eterno enemigo, el CV.

Sin duda, la capacidad de articular coaliciones del CV ha sido un elemento central para que organizaciones de corto alcance, como los Guardiões do Estado o el Sindicato do Crime, hayan decidido cortar sus vínculos con el PCC e incluso enfrentarse a ellos abiertamente. Por otro lado, el emplazamiento estratégico territorial de la Familia do Norte, su magnitud y su acuerdo con el CV, le han permitido liberarse de las órdenes del PCC, pudiendo empezar a construir un imperio propio. Lo mismo ha acontecido con el Primeiro Grupo Catarinense que maneja la venta y el transporte de la marihuana y la cocaína para prácticamente de todo el sur de Brasil, aunque en menor medida.   

Las masacres en las penitenciarías, que operan como demostraciones de poder de las organizaciones criminales y como formas de demarcar el territorio que les es propio, dan cuenta de cómo se ha disparado la violencia vinculada a la criminalidad. Como pudo verse en el mapa 2, los últimos meses del 2016 y los primeros de 2017 dejan de manifiesto lo que venimos sosteniendo: la violencia en Brasil mutó y hoy está íntimamente vinculada con las disputas entre organizaciones criminales. El PCC, a pesar de retener gran parte del mercado interno y de las rutas de las drogas, está siendo puesto en jaque por organizaciones que antes colaboraban con ellos y que hoy, cuentan con el apoyo del CV pero desarrollan negocios propios.    

En este escenario, es importante destacar que la frontera con Colombia puede adquirir un rol más importante que el actual, debido al papel que han adoptado los frentes disidentes de las FARC (el 1 y el 16) y los Grupos Armados Organizados en el tráfico de cocaína. Asimismo, es necesario reforzar la cooperación con los países vecinos para romper con las cadenas de producción montadas en torno al negocio de la droga. Vale decir que es indispensable atacar el problema del consumo de drogas en el hemisferio y con él, el de la producción. En este sentido, todos los países sudamericanos deberían desarrollar una estrategia de combate al narcotráfico conjunta para evitar la relocalización de las organizaciones criminales en otros espacios territoriales. Por otra parte, en el ámbito doméstico, es necesario mejorar la comunicación inter-agencial considerando que Brasil cuenta con un gran número de Fuerzas de Seguridad, que no necesariamente comparten la información con la que cuentan o colaboran entre sí de forma sistemática. Teniendo en cuenta las dimensiones territoriales del país e incluso las dificultades geográficas, es necesario que esta coordinación inter-agencial posibilite que los mecanismos de cooperación existentes sistematicen la información para “cercar” al crimen organizado.

Por otro lado, es importante destacar que la existencia de estas organizaciones criminales, implican el desvío de fondos del Estado. Es decir que dinero que podría ser utilizado para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, es utilizado para contener el avance de la criminalidad. De acuerdo con estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los Estados latinoamericanos gastan cerca del 3,5% de su Producto Bruto Interno (PBI) para paliar los efectos del crimen, contener su expansión y combatir su existencia (Jaitman, 2017).  

En la actualidad, no caben dudas de que las amenazas a la seguridad tanto regionales como nacionales provienen principalmente del accionar del crimen organizado y, en algunos casos, de la convergencia – ya que necesitan recaudar dinero – surgida de su relación con organizaciones terroristas. El tráfico de drogas es sin duda el gran tema a resolver para los países de la región, aunque no se puede desestimar el papel del lavado de dinero, de la trata de personas e incluso de la minería ilegal, que existen y se desarrollan al mismo tiempo y hasta complementariamente con el narcotráfico.

Es necesario trazar estrategias para combatir al narcotráfico tanto a nivel micro como a nivel macro. Para ello, deben analizarse las organizaciones y atacarse los puntos más débiles tanto en las penitenciarías – que son espacios centrales para su accionar – como fuera de ellos. La ruta del dinero, parece ser uno de los caminos más certeros para debilitar e incluso desarticular a las organizaciones criminales, siempre teniendo en cuenta que el enriquecimiento es el fin último de su existencia. Queda mucho camino por recorrer, pero está claro que la violencia ha llegado para quedarse como método de resolución de controversias entre organizaciones que se encuentran al margen de la ley y dependen de su capacidad de coerción y seducción para legitimar su accionar frente a sus miembros y quienes los rodean.

 

Nota sobre la autora:

Carolina Sampó es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI), de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Doctora en Ciencias Sociales y Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Magister en Estudios Internacionales por la Universidad Torcuato Di Tella. Profesora Adjunta. Mail: carosampo@gmail.com

El presente artículo forma parte de los avances de investigación del trabajo titulado “El alcance de la criminalidad y el uso de la violencia por parte del Estado en Argentina, Brasil y México (2005-2015)” aprobado y financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet, Argentina).

La autora agradece los comentarios de los revisores que contribuyeron a perfeccionar y esclarecer los objetivos del trabajo y especialmente la ayuda desinteresada de Marcus Reis, quien proveyó información relevante para esta investigación y generó sugerencias que posibilitaron una mejora sustantiva del artículo.

 

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[1] Las favelas son barrios marginales que se sitúan en las laderas de los morros de las grandes urbes brasileras.

[2] Existen alrededor de 30 organizaciones criminales que actúan en todo el territorio brasilero. Sin embargo, las alianzas instrumentadas por las organizaciones más grandes – el Primeiro Comando da Capital, el Comando Vermelho y la Familia Do Norte – dan cuenta de que los negocios ilícitos son administrados por estas 3 grandes empresas criminales a nivel nacional e incluso regional o internacional, pero a nivel local, necesitan de organizaciones más pequeñas para mantener su dominio.

[3] Según los últimos datos disponibles, durante el primer semestre de 2017 hubo 28.200 homicidios, lo que equivale a 155 muertes diarias, 6 por hora, empeorando aún más la situación de violencia que enfrenta Brasil con un 6,79% más de homicidios que el primer semestre de 2016 Carvalho (2017).

[4] El programa tenía como objetivo reducir los índices de homicidios en las áreas de más vulnerabilidad social, con el fin de consolidar una gobernanza democrática y participativa, orientada a resultados. Se llevó adelante en territorios que concentraban el 50% de los crímenes letales intencionales, donde buena parte de la población se encontraba en graves condiciones de desigualdad social. Los ejes de trabajo eran la protección policial, que implicaba la gestión a nivel territorial de la policía con el fin de monitorear y reducir los indicadores de seguridad pública, y protección social, que hace referencia a las acciones del gobierno tendientes a mejorar los niveles de inclusión social y ciudadanía (Duboc Farjado, Nunes Barreto y Oliveira de Figueiredo, 2014).

[5] Traducción propia, de las declaraciones de Sapori citadas en Carvalho (2017).

[6] Las palabras textuales del ex funcionario se encuentran plasmadas en 17 Biondi, Karina. Junto e Misturado: Iminência e Transcendência no PCC,2009, p.50 (Oliveira, 2016).

[7] Este listado no es exhaustivo, pero da cuenta de los actores más importantes dentro del mercado de la droga, pero también en el sangriento conflicto entre el PCC y el CV.

[8] Familia do Norte é a terceira maior facção do país (2017, 3 de enero) revista veja. https://veja.abril.com.br/brasil/familia-do-norte-e-a-terceira-maior-faccao-do-pais/

[9] Familia do Norte, a facção que fez a guerra entre o PCC e o Comando Vermelho (2016, 1 de noviembre) El País. https://brasil.elpais.com/brasil/2016/10/25/politica/1477406310_192891.html

[10] Bonde dos 40 está entre as cinco maiores faccōes do Brasil (2017, 16 de enero) O Imparcial. https://oimparcial.com.br/noticias/2017/01/bonde-dos-40-esta-entre-as-cinco-maiores-faccoes-do-brasil/

[11] Okaida o Alkaida es una organización criminal a la que se relaciona con Al-Qaeda, gracias al tipo de acciones que lleva adelante. Creada en el año 2006, está presente en Alagoas, Pernambuco y Paraíba (Hisayasu, 2017).

 

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