La evolución de Rusia tras la Guerra en Ucrania: tres posibles escenarios

ALBERTO PRIEGO MORENO

Universidad Pontificia Comillas, España

Title: Russia's Post-war Evolution in Ukraine: Three Possible Scenario

Resumen: En febrero de 2022 las tropas rusas entraron en el territorio de Ucrania. Desde entonces Europa en general y Ucrania en particular vive sumida en una situación de gran incertidumbre. Son muchas las previsiones que se han hecho para tratar de encontrar certezas en un mundo que tiene más dudas que certidumbres. Buena parte del futuro de Europa pasa por Ucrania y sobre todo por como acabe la guerra con Rusia. Por ello este trabajo tratará de dibujar tres escenarios del futuro de Rusia partiendo de los siguientes cinco factores: la guerra en Ucrania, la situación de Putin, la economía rusa, las sanciones y la paz social en Rusia. Se utilizará una metodología prospectiva partiendo de un análisis previo de la participación de Rusia en las guerras en las que ha tomado partido. Estos escenarios servirán para ver las consecuencias que puede tener una derrota de Rusia en el frente ucraniano, consecuencias que no solo serían para Rusia y Ucrania sino también para el resto del mundo.

Palabras clave: Rusia; Ucrania; Invasión; Escenarios.

Abstract: In February 2022 Russian troops entered the territory of Ukraine. Since then, Europe in general and Ukraine in particular have been plunged into a situation of great uncertainty. Many forecasts have been made to try to find certainties in a world that has more doubts than certainties. Much of Europe’s future depends on Ukraine and, above all, on how the war with Russia ends. This paper will therefore attempt to draw three scenarios of Russia’s future based on the following five factors: the war in Ukraine, Putin’s situation, the Russian economy, sanctions and social peace in Russia. A prospective methodology will be used based on a previous analysis of Russia’s participation in the wars in which it has taken sides. These scenarios will serve to show the consequences of a Russian defeat on the Ukrainian front, not only for Russia and Ukraine but also for the rest of the world.

Keywords: Russia; Ukraine; Invasion; Scenarios.

Para citar este artículo/to cite this article: Alberto Priego, <<La evolución de Rusia tras la Guerra en Ucrania: tres posibles escenarios>>, Revista de Estudios en Seguridad Internacional, Vol. 10, No. 1, (2023), pp. 163-178. DOI: http://dx.doi.org.10.18847/1.19.10

Introducción

Si hay un elemento que ha alterado la paz en Europa, ese es sin ningún género de dudas la invasión rusa de Ucrania. Desde que las tropas rusas cruzaron la frontera ruso-ucraniana en febrero de 2022, las relaciones Entre Europa y Rusia han sufrido una transformación radical. No solamente Europa se encuentra más unida, sino que Rusia se encuentra cada vez más aislada, lo que hace que de cara al futuro se anticipe una relación entre Europa y Rusia diametralmente diferente a la que hemos vivido en las últimas décadas.

Si bien es cierto que es muy difícil hacer predicciones en Ciencias Sociales -no solo por la existencia de cisnes negros sino también por la naturaleza subjetiva del objeto de estudio- cada vez son más habituales los análisis de prospectiva que tratan de reducir la incertidumbre inherente a las Relaciones Internacionales. Los seres humanos en general y aquellos encargados de la toma de decisiones en particular, buscan certezas que nos permitan anticiparnos a lo que puede ocurrir en el futuro, y, sobre todo, adaptarnos para evitar que las consecuencias sean bruscas.

Resulta evidente que Vladimir Putin no va a vivir para siempre, pero esta afirmación no nos permite plantear que la salida del presidente ruso del Kremlin conlleve un cambio de rumbo en la política de Rusia. La historia nos sugiere, al contrario de lo que dicen muchos analistas, que pueden producirse cambios de régimen cuando nadie los espera. Un ejemplo de ello fue el desmoronamiento de la Unión Soviética en el año 1991 o la caída del muro de Berlín en 1989. Ambos sucesos estuvieron propiciados por una serie de factores estructurales que se activaron por la eclosión de un factor coyuntural que fue la derrota soviética en Afganistán. Así pues, el objetivo de este trabajo es el análisis de la realidad rusa en función de la situación de Ucrania y cómo la evolución de la guerra en territorio ucraniano puede determinar el futuro político social y económico de la Federación Rusa. Para ello, se hará uso del método del análisis prospectivo, y de la técnica de elaboración de escenarios con el fin de intentar reducir la incertidumbre y de anticipar las consecuencias que pueda tener una derrota rusa en territorio ucraniano.

Cuestiones teóricas y metodológicas

Este trabajo se enmarca en la metodología del análisis prospectivo, aunque eso no implica que no se desarrollen aspectos más clásicos de la metodología de las Ciencias Sociales como son la elaboración de un estado de la cuestión, de unas preguntas y objetivos de investigación, de un marco teórico y de un tratamiento de las fuentes. Así pues, en este apartado se procederá a desarrollar estas cuestiones anteriormente mencionadas con la intención de dotar de mayor rigor a las diferentes conclusiones a las que se llegará al final de la investigación

Estado de la cuestión

En los últimos años la literatura de las Ciencias Sociales y de las Ciencias Experimentales han ido propiciando trabajos de naturaleza prospectiva, con la idea de tratar de reducir la incertidumbre existente en el mundo. Son muchas las disciplinas que se han acercado a esta nueva metodología con el objetivo de lograr anticiparse a situaciones que en el futuro pueden resultar complicadas. Desde la medicina (Hur et al., 2023) hasta la educación (Sadeghi et al., 2023) casi todas las disciplinas se han acercado al análisis prospectivo.

En el caso de la Guerra en Ucrania, son muchos los trabajos que se han escrito usando esta metodología. Algunos, como los de Gustav Gressel (2024) tienen o ponen en el centro de su análisis el resultado de las elecciones americanas como variable independiente de la evolución de la guerra. Otros, como los de Jonsson y Norbert (2022), o el publicado por el semanario The Economist, adoptan una perspectiva más amplia e introducen más variables en la ecuación. También tenemos que destacar aquellos, como el de Bruno Tretrais, que hacen analogías con situaciones similares del pasado para hacer predicciones de futuro. Por supuesto que no podemos olvidar aquellos trabajos como el de Ivan Miklos, que reducen su análisis a la mera cuestión de quien será el vencedor de la guerra sin tener en cuenta el resto de factores.

En lo que al número de escenarios se refiere, si bien es cierto que la mayor parte de los trabajos optan por seleccionar tres, algunos como el de Michel Casey (2022), el de Iuliia Osmolovska (2023), el del grupo ABRBN (2022) o el de la red Al Jazeera (2022) optan por abrir los escenarios de futuro hasta cinco. Incluso, hay trabajos -como el coordinado por Frederick Starr (2024) – que plantean un número mucho más elevado encargando cada escenario a un autor diferente.

Normalmente, los trabajos prospectivos juegan con escenarios a corto plazo, aunque algunos como el de Marie Ségur (2023) lo extienden un poco más llegando incluso a hacer predicciones a tres años vista. Además, la autora francesa eleva el número de escenarios a seis, incluyendo incluso uno en el que se plantea la explosión de la Tercera Guerra Mundial. Esta línea apocalíptica también ha sido escogida por el Council of Foreign Relations quien llega a plantear que cualquier escenario de futuro pasa por el uso de armas nucleares.

Algunos trabajos como el Yau (2022) o el de UR Rehman (2022), utilizan la Guerra en Ucrania para trazar escenarios en otros lugares como Taiwán. En una línea similar, Manisha prevé escenarios de futuro en la relación India-Rusia utilizando la Guerra en Ucrania como su variable dependiente. Otros trabajos, como el de Martinho (2022), aplican la Guerra en Ucrania a escenarios sectoriales concretos acotando las consecuencias a aspectos más singulares. En este caso concreto, el autor brasileño se centra en el sector de la agricultura, pero otros trabajos como el de Lomoschitz (2023) se focalizan en la proliferación y el uso masivo de energías renovables como reacción a lo ocurrido en Ucrania. Tampoco podemos olvidarnos de aquellos trabajos, como el encabezado por Vasily Astrov (2022), que centran su análisis en una variable única, en este caso las sanciones. En esta línea tampoco faltan análisis que se centran en la supervivencia, o no, de los líderes ruso y ucraniano (Haley, 2023) como factor determinante de futuro.

Por último, tenemos que decir que en España no son muchos los autores que se han atrevido a lanzarse al análisis prospectivo. De los pocos ejemplos que tenemos está Filiberto Oropeza (2022) cuyo trabajo puede enmarcase en este campo, pero partiendo más de un análisis de las causas que han llevado a Rusia a invadir Ucrania que de un esfuerzo por construir escenarios. Por ello, parece deseable que se lleven a cabo nuevos trabajos en castellano que traten de hacer prospectiva de lo que puede deparar tanto para Rusia como para Ucrania la actual guerra.

Preguntas y objetivos

Una vez realizada la revisión de la literatura, todavía quedan muchas cuestiones a resolver, cuestiones que pasamos a sistematizar en las siguientes preguntas de investigación:

  • ¿Cuál puede ser el futuro de Rusia tras la Guerra de Ucrania?
  • ¿En qué medida la guerra puede condicionar el futuro de Rusia?
  • ¿Qué efecto puede tener la Guerra en Ucrania en la sociedad rusa?
  • ¿Qué situaciones vividas por Rusia pueden repetirse en el futuro?
  • ¿Cómo va a afectar el futuro de Rusia al resto del mundo?

Por otro lado, tenemos que hablar de los objetivos del trabajo. El principal objetivo es la elaboración de una serie de escenarios sobre cómo puede evolucionar el futuro de Rusia en función de la Guerra en Ucrania. Además de este objetivo general hay que destacar algunos secundarios que nos permitirán elaborar opciones de futuro sobre la estabilidad política de Rusia, sobre la evolución interna del país y sobre como estos dos elementos pueden afectar a su relación con Europa.

Metodología

La elección de la metodología tenemos que encuadrarla dentro del Análisis Prospectivo, una metodología que trata de dibujar escenarios de futuro identificando fuerzas directoras y variables clave. Se trata de una metodología usada en muchas disciplinas incluyendo tanto el ámbito de las Ciencias Sociales en general como el de las Relaciones Internacionales en particular. En esta última disciplina, esta metodología es especialmente útil ya que el Análisis Prospectivo busca reducir la incertidumbre propia de la naturaleza de la disciplina, arrojando certezas que puedan ser incorporadas a la toma de decisiones.

Dentro de la metodología del Análisis Prospectivo, se va a utilizar la técnica de la construcción de escenarios con la idea de poder cubrir diferentes opciones. En este sentido, el trabajo tendrá varios apartados necesarios todos para la construcción de los diferentes escenarios. Por ello, en primer lugar, se llevará a cabo la “construcción de la base” que servirá para analizar las condiciones estructurales rusas sobre las que se basarán los escenarios. En este primer apartado se tratará de desmitificar la idea de que Rusia es una potencia invencible al considerarlo un constructo que se ha venido creando artificialmente desde el siglo XIX hasta la actualidad. Para ello, se identificarán las guerras en las que Rusia ha participado y ha salido derrotada señalando por tanto las pérdidas humanas como las consecuencias políticas. En este sentido se planteará un enfoque comparativo con una selección de los casos más diferentes con la idea de encontrar dinámicas que sean comunes a todas las contiendas. Concretamente se analizarán las bajas y las consecuencias políticas para Rusia en la Guerra de Crimea, en la Guerra Ruso Japonesa, en la Primera Guerra Mundial y en la Guerra de Afganistán.

En segundo lugar, pasaremos a lo que el Análisis Prospectivo denomina fase de “Acotación de futuros y Diseño de Escenarios”. En este apartado se identificarán las “fuerzas directoras o factores” que nos permitirán dibujar los posibles escenarios. Estos escenarios, que tendrán una base en situaciones pasadas, nos permitirán plantear opciones de futuro para Rusia, una vez que acabe la guerra en Ucrania. Finalmente, se realizará un apartado de conclusiones donde se usarán los escenarios para analizar posibles consecuencias para Rusia y para Europa.

En cuanto al marco temporal y geográfico, tenemos que decir que ambos serán muy amplios. En el marco temporal partiremos de la Guerra de Crimea (Siglo XIX) y nos proyectaremos hasta hoy. En lo que al geográfico se refiere estaremos centrados en el denominado espacio post-soviético con especial atención al territorio que hoy ocupan la Federación Rusa y Ucrania.  Por último, no debemos olvidarnos de las fuentes. Se hará uso de fuentes primarias y secundarias destacando publicaciones hemerográficas tanto científicas como de divulgación y por las características del método y del objeto de estudio, se usarán muchos documentos técnicos o papers producidos en su mayor parte por think tanks.  

La construcción de la base. La desmitificación del modelo militar ruso

Desde hace ya muchos años, está extendida la idea de que el Ejército ruso -antes soviético- es uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Muchos analistas asumen y difunden la narrativa de que Rusia es inexpugnable y que nadie ha podido lograr vencer a sus fuerzas. Esta narrativa artificialmente construida, ha servido para que Rusia consiga muchos de sus objetivos sin llevar a cabo acciones bélicas. Lejos de ser real, las derrotas militares rusas son más, y más sonadas, que las victorias. Sin entrar en la desastrosa campaña militar iniciada en Ucrania en el año 2022, podemos destacar la humillación que sufrió la Federación rusa en los años 90 en la Primera Guerra de Chechenia. Por este motivo y antes de entrar en el análisis prospectivo, vamos a dedicarle un espacio a algunas de las derrotas militares rusas que han pasado a la historia como victorias militares de Moscú, con la idea de plantear, como posible, la opción de una derrota militar del Kremlin en Ucrania.

En primer lugar, debemos destacar la Guerra de Crimea. Se trata de un acontecimiento que se desarrolló entre los años 1853 y 1856 y cuyas consecuencias siguen notándose hoy. En esta contienda, el entonces Imperio Zarista perdió 1.200.000 soldados, además de una importante disminución de su influencia a nivel político europeo. El Tratado de París (1856) que puso fin a la Guerra de Crimea, arrebató a Rusia la desembocadura del Danubio en favor de Moldavia perdiendo, por tanto, los derechos adquiridos en el tratado de Bucarest de 1812. Esta debilidad provocada por la derrota rusa fue interpretada por los polacos como una oportunidad para el alzamiento (1861 y 1863) y posterior reorientación de Polonia a nivel europeo, quien encontró en Prusia un mejor aliado que Moscú.  Posteriormente la derrota acabó teniendo consecuencias en la propia Rusia con la abolición de la servidumbre. Este caso y los que veremos con posterioridad nos permiten identificar una tendencia que se produce en Rusia tras las derrotas militares: derrota militar (Crimea), revuelta social (Alzamiento Político), y cambio político (Abolición de la Servidumbre).

En segundo lugar, vamos a analizar la guerra ruso-japonesa. Si bien es cierto que el número de bajas rusas no es comparable al de Crimea (4830 soldados) Rusia sufrió una derrota ejemplar con humillaciones como las de Shushima. Al igual que está ocurriendo hoy en Ucrania, Rusia planificó mal la operación con tropas poco preparadas, generales incapaces de establecer una estrategia y el uso del ferrocarril como única línea logística de abastecimiento. Políticamente Rusia salió muy debilitada y por ello, en las negociaciones, perdió la península Liaodong, parte de la isla de Sajalín y la posibilidad de establecer un ferrocarril entre Vladivostok y Kamchatka. Al igual que ocurrió con la Guerra de Crimea, la derrota rusa provocó una revuelta social que se materializó en la Revolución de 1905 y cuya primera consecuencia fue la concesión de elecciones a la Duma además del fin de la rusificación de una Finlandia que, años después, alcanzaría su independencia.

La tercera de las guerras que vamos a analizar aquí es la Primera Guerra mundial, una contienda en la que la intervención rusa ha pasado a la historia no como una derrota sino como una retirada. Sin embargo, la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial (1914-1917) se saldó con 1.790.000 bajas y humillaciones sonadas como la de Przemysl. El Tratado de Brest-Litovsk supuso que Rusia reconocía el camino de la independencia a Ucrania, Georgia, Letonia Lituania, Estonia y Finlandia además de la cesión a Turquía de las ciudades de Kars, Ardahan y Batumi. En total Rusia perdió 2.500.000 kilómetros cuadrados y 55.000.000 de personas. La debilidad mostrada por Rusia provocó la Revolución de Octubre y posteriormente la creación de la Unión Soviética.

La cuarta y última contienda que vamos a analizar es la invasión rusa de Afganistán y la posterior guerra que se desarrolló entre 1979 y 1989. Durante los años en los que las fuerzas soviéticas ocuparon Afganistán, éstas sufrieron un total de 15000 bajas además de una humillante derrota a manos de un ejército irregular como era el de los Talibán. El elevado número de bajas, la proporción de no rusos luchando en Afganistán, unido al esfuerzo económico que supusieron los 10 años de ocupación, acabaron haciendo aflorar los problemas estructurales de la Unión Soviética y, Mijaíl Gorbachov no tuvo más remedio que aprobar una Perestroika, que pocos años después cristalizó en el fin de la Unión Soviética.

Estos cuatro casos que hemos elegido nos permiten generalizar una tendencia que se ha producido en la historia de Rusia a lo largo de los últimos 200 años. Cuando Rusia no consigue alcanzar sus objetivos militares, no solo sufre derrotas humillantes, sino que acaban aflorando problemas estructurales que posteriormente son la base de determinados cambios sociales que cristalizan bien en revueltas, bien en revoluciones. En este sentido podemos aplicar este esquema a la actual guerra en Ucrania, planteando que si Rusia sufre una derrota ya sea en el medio o en el largo plazo, las consecuencias pueden ser similares a las de los casos seleccionados.

Acotación de futuros y diseños de los escenarios

Elaborado el modelo de evolución ruso en los conflictos armados, nos queda plantear cuáles pueden ser los escenarios en los que Rusia se puede mover en el medio en el corto y en el largo plazo. Lo primero que tenemos que hacer es la identificación de los factores que pueden influir en el desarrollo de estos escenarios, o lo que es lo mismo, lo que dentro del Análisis Prospectivo se llama fuerzas directoras. Esencialmente lo que vamos a tratar son los siguientes cinco elementos:

a) La evolución de la guerra en Ucrania. La guerra en Ucrania es quizás el factor que más va a influir en el futuro de Rusia y de la propia Ucrania sea cual sea el resultado de la misma. Son muchos los elementos que pueden influir en este factor, pero sobre todo podemos destacar dos. En primer lugar, tenemos que hablar del apoyo exterior y en segundo lugar de la capacidad de aguante de Rusia.

El apoyo exterior va a estar condicionado por las personas que se encuentren en los lugares donde se tomen las decisiones, esencialmente de quien sea el futuro presidente de los Estados Unidos, el presidente o presidenta de la Comisión Europea y en menor medida, de quien sea el secretario general de la OTAN. Si las elecciones de los Estados Unidos propician un cambio, es de suponer que el apoyo político, económico y militar se reduzca. El candidato republicano Donald Trump (Lukiv, 2024) ha expresado en múltiples ocasiones su deseo de reducir el sostén norteamericano a Ucrania, mientras que el candidato demócrata se ha expresado en términos contrarios (Clark, 2023).

Las elecciones al Parlamento Europeo también van a ser relevantes para el futuro de Ucrania. Si bien es cierto que la capacidad para asistir a Kyiv es más limitada que la de los Estados Unidos, no es menos cierto que el trío Von de Layen-Borrell-Metsola han sido determinantes para doblegar voluntades en los gobiernos de los estados miembros. Además, el camino que adopte la Unión Europea en asuntos tales como la integración de Ucrania o la Política Europea de Seguridad y Defensa, estará condicionado por cual sea la composición del Parlamento Europeo en junio.

La tercera pata que va a condicionar el futuro militar de Ucrania es su relación con la OTAN. Aunque la Alianza Atlántica no ha suministrado directamente ayuda letal, sí que ha aportado material no letal y, sobre todo, ha servido de coordinador de la ayuda militar que prestan los estados miembros. Si bien es cierto que los dos candidatos con más probabilidades de convertirse en Secretario General -Kaja Kallas y Mark Rutte- son defensores de Ucrania, la sensibilidad de cada uno puede diferir y, por tanto, condicionar el apoyo de la alianza.

b) La evolución de las sanciones puede resultar clave para el futuro de la guerra. Desde el primer momento, tanto la UE como Estados Unidos, han ido imponiendo sanciones a empresas rusas y personas vinculadas al clan del Kremlin. Aunque la invasión de Ucrania ha incrementado la cantidad y la calidad de sancionados, no es menos cierto que desde que se produjera la anexión de Crimea se han venido imponiendo sanciones a personas físicas y jurídicas con base en Rusia. La efectividad de las sanciones ha sido elevada tal y como muestra que el Banco Central Ruso tenga 300.000 millones de euros bloqueados y que el 70% de los activos financieros rusos en banca privada estén congelados.

Sin embargo, Yale Chief Executive Leadership Institute ha elaborado un índice en el que se identifican hasta 400 multinacionales, algunas españolas, que siguen operando libremente en Rusia. Según el autor del estudio, Sonnenfeld, estas empresas estarían reportando hasta 200 millones de euros al año a las arcas rusas, un dinero que es fundamental para seguir financiando la guerra.

Por último, tenemos que hablar de los mecanismos para esquivar las sanciones. A pesar de los esfuerzos llevados a cabo desde Bruselas y desde el señalamiento que se ha hecho desde Kyiv, son muchas las empresas que siguen operando en Rusia. Algunas se han mantenido sin ningún camuflaje, mientras que otras han optado por cambiar el nombre para evitar ser señaladas o que su presencia en Rusia pueda traer consecuencias negativas en el consumidor occidental. El hecho de que los ciudadanos rusos sufran desabastecimiento se antoja como un elemento fundamental para incrementar la presión sobre el régimen. Además de las empresas occidentales que bien no han abandonado Rusia o que bien han camuflado su presencia, hay que mencionar el incremento de la presencia comercial china en Rusia. El hueco que han dejado los occidentales parece estar siendo ocupado por empresas chinas lo que, lamentablemente, reduce la efectividad de las sanciones.

c) El descontento de la población rusa es uno de los secretos mejor guardados por el Kremlin. Resulta complicado conocer hasta qué punto la población está descontenta y, sobre todo, cual es la capacidad que la oposición tiene de movilización. El régimen de Putin puede ser calificado como sultanístico aunque es claro que involuciona hacia el totalitarismo. En este segundo supuesto hay algunos elementos que hacen más complicada la contestación. En concreto me estoy refiriendo a la ausencia de límites o mejor dicho a la discrecionalidad del régimen para saltárselos. El hecho de que la población no tenga patrones claros de lo que puede o no hacer, en principio, podría beneficiar al propio régimen porque debería llevar a la desmovilización. Sin embargo, también es cierto que esta realidad puede -siguiendo el análisis de la curva de J Davies invertida- provocar un cambio en su actitud al verse truncadas de forma drástica sus expectativas.       

En esta ecuación, el caso Navalny puede ser un antes y un después. El asesinato del líder opositor ha provocado una reacción en la población solo comparable a las protestas de 2011. A sabiendas que podían ser represaliados, miles de ciudadanos rusos han optado por acudir al funeral del opositor ruso. Siguiendo los casos de Mohamed Bouazizi en Túnez o el de Khaled Mohamed Saïd en Egipto supusieron un antes y un después en lo que a las protestas de la población se refiere. Tendremos que ver cómo evolucionan las protestas y que ocurre ante casos similares en el futuro.

Hay un elemento que, a día de hoy, podría favorecer la revuelta de la población: el reclutamiento. No se sabe a ciencia cierta cuantos rusos han sido movilizados y cuantos han muerto en el frente. Ya en la Guerra de Afganistán Moscú comenzó a tener problemas cuando comenzaron a reclutar -y a morir- jóvenes étnicamente rusos procedentes de grandes ciudades. Si en un momento dado, Rusia tiene la necesidad de reclutar masivamente jóvenes de San Petersburgo y de Moscú el nivel de descontento puede ser mayor y afectar a la estabilidad del régimen. Veremos si el anunciado reclutamiento de 150.000 jóvenes puede ser la espita que prenda la mecha del cambio.

d) La economía rusa parece estar sufriendo un duro revés con la invasión de Ucrania. El mismo día de la invasión la bolsa cayó un 33 % (Thompson & Liakos, 2023) y el rublo se desplomó a mínimos históricos. Si bien es cierto que no existen datos actualizados, lo que sí sabemos es que en el año de la invasión -el 2022- la economía rusa decreció un 2,1% y tuvo una inflación del 12%. Respecto de 2023 solo tenemos previsiones, desde las más pesimistas que planteaban un decrecimiento del PIB del 2,7% (OCDE) hasta las más optimistas que consideran que crecería un 0,7% (Consejo de la UE, 2023).

Si bien es cierto que estas sanciones están haciendo mella en la economía rusa, no es menos cierto que, como hemos dicho antes, muchas empresas han logrado esquivar las trabas comerciales que están poniendo la UE, Estados Unidos, Japón y Australia entre otros. Este subterfugio está permitiendo a Rusia sobrevivir y mantener activa la maquinaria de guerra, por lo que, a medio plazo, el mantenimiento de la presión económica sobre Rusia puede resultar decisivo para que Ucrania gane la guerra.

e) El futuro de Vladimir Putin está estrechamente ligado al futuro de la guerra, aunque no debemos atribuir la decisión de invadir solamente al líder ruso. Dentro del Kremlin hay muchos defensores de “la operación especial” y por tanto, una salida de Putin -ya sea por motivos judiciales o de salud- del ejecutivo no conllevaría necesariamente un cambio de rumbo en Rusia. Patrushev, Dyumin, Gerashimov o incluso Lavrov son defensores de ese mesianismo euroasiático que ha llevado a Rusia a invadir Georgia y Ucrania.

No obstante, partiendo de ese carácter sultanístico del régimen ruso y, sobre todo, al acercarse al totalitarismo, la figura del líder se hace cada vez más necesaria para su supervivencia. Al igual que ocurrió en la Alemania Nazi y en el régimen soviético, no es posible pensar en un “Nazismo” sin Hitler o en un “Estalinismo” sin Stalin

Escenario Breznev o de estancamiento (corto plazo)

El primero de los escenarios que vamos a analizar, es el denominado Breznev u escenario de estancamiento. En cierto sentido, podemos decir que este es un escenario que en la actualidad se está dando ya que reproduce con cierta fidelidad las condiciones que hay en Ucrania y en Rusia. En este escenario hay dos elementos que son favorables para Moscú, el primero de ellos es la situación de Vladimir Putin y el segundo la evolución de la guerra en Ucrania.

En primer lugar, se plantea que Putin se mantenga en el poder, y que esa situación no se ve afectada ni por sus problemas de salud, ni por sus problemas con la justicia internacional. Respecto del primer elemento, el de la salud del presidente ruso, poco podemos decir porque hay mucho hermetismo y, a pesar de la gran cantidad de rumores que se han vertido sobre su salud, hoy nada hace pensar que Putin pueda estar afectado por un problema de salud que le incapacite para el desarrollo de la función de gobierno.

En segundo lugar, tenemos que plantear la situación de la guerra en Ucrania. A pesar de las expectativas que se levantaron con la contraofensiva ucraniana, los avances del ejército de Kyiv han sido muy exiguos e incluso en algunas plazas como Bakhmut Avdinka se han producido retrocesos significativos. También es verdad, que los cambios producidos al más alto nivel de la cúpula militar ucraniana pueden hacer revertir esta situación. La salida de la jefatura del estado mayor del General Valerii Zaluzhnyi en favor del General Oleksandr Sirski puede hacer cambiar las cosas, sobre todo, porque este último fue el responsable de la contraofensiva de septiembre de 2022, lo que nos hace pensar que su pensamiento militar sea menos conservador.

En lo que se refiere al resto de los factores -la movilización, la economía rusa y las sanciones- en este escenario se no plantean situaciones benignas para Rusia. Si bien es cierto que las sanciones no parece que estén perjudicando mucho a Moscú, tanto en la economía cómo el descontento de la población sí que son factores que están pasando factura al Kremlin. En lo que a la economía se refiere, Rusia está aguantando, pero en ningún caso está mejorando su situación económica y los costes de la guerra son cada vez mayores. Por lo tanto, en el escenario en el que estamos actualmente, este factor solo puede perjudicar a Rusia. Algo similar ocurre con el estado de ánimo de la población, aunque como hemos dicho anteriormente resulta muy complicado poder saber cuál es el grado de descontento real de la población rusa. No obstante, el asesinato de Navalny (López, 2024) parece haber activado a una población rusa que parecía adormilada. En todo caso, el nivel de represión ejercido por el Kremlin sigue siendo lo suficientemente elevado para evitar que, al menos en este escenario, se puedan producir cambios sociales que deriven en cambios políticos.

La situación de este escenario no es buena para la estabilidad de Europa. El hecho de que el régimen ruso se mantenga tal y como está, unido al estancamiento de la guerra en Ucrania, provoca que Europa perpetúe la situación que vive desde febrero de 2022. Además, este año se celebran numerosas elecciones en distintos países de la Unión Europea, lo que unido a la capacidad y a la voluntad de Moscú de interferir en los procesos electorales en favor de opciones que le son más favorables, hagan de este escenario una de las peores situaciones para Europa.

Por último, el escenario Breznev no es una situación que pueda mantenerse durante mucho tiempo, ya que los dos factores sobre los que se sustenta -la situación bélica en Ucrania y la situación personal de Vladimir Putin- son altamente volátiles. Un cambio en la guerra en Ucrania o en la salud de Putin podría propiciar un nuevo escenario que previsiblemente sería alguno de los que van a ver a continuación.

Escenario Stalin/Milosevic o desorden controlado (escenario a medio plazo)

El segundo de los escenarios que vamos a analizar, el que se daría a medio plazo, tiene dos versiones. Esta dualidad tiene que ver con el futuro de Vladimir Putin. La primera de estas versiones es la que hemos denominado Stalin, ya que su salida del poder vendría provocada por la muerte del presidente ruso. La segunda de las versiones que vamos a analizar es la que hemos denominado Slobodan Milosevic ya que al igual que le ocurrió al presidente de Yugoslavia, la salida del poder de Putin estaría causada por su extradición a los tribunales internacionales que han emitido una orden contra él por crímenes de lesa humanidad.

Además de esas situaciones en las que se produciría un vacío de poder en la cúpula del Kremlin, se hace necesario un empeoramiento significativo de la situación de las tropas rusas en el frente. Este segundo elemento solo se podría llevar a cabo si los aliados occidentales de Ucrania deciden apostar abiertamente por apoyar a Kyiv en su guerra contra Rusia. A tenor de las declaraciones de líderes europeos Macron, Scholz o Tusk, no parece que este factor esté muy lejos ya que incluso se ha planteado el envío de tropas occidentales a Ucrania. En todo caso y tal y como hemos dicho anteriormente, estaríamos hablando de un escenario a medio plazo ya que a corto plazo esa derrota militar rusa parece aún lejana (Priego, 2024a).

En lo que se refiere al resto de los factores, la situación no es sustancialmente distinta a la del escenario anterior. Se plantea el descontento de la población por los reclutamientos de civiles para luchar en Ucrania, la caída de la economía rusa y un mantenimiento de las sanciones, asumiendo que estas no son cien por cien efectivas. Tal y como hemos dicho antes, Putin ha iniciado el proceso de llamada a filas de unos 150.000 jóvenes muchos de ellos con tan solo 18 años. Tampoco podemos olvidar el atentado cometido por el ISIS-K en Moscú (Priego, 2024b), que dejando a un lado las teorías conspiratorias, supone un elemento de debilidad del régimen ya que resulta llamativo que un estado en guerra como es Rusia pueda sufrir un tipo de atentado como el ocurrido en Moscú.

En este segundo escenario, tanto en la versión en la que Putin sale del Kremlin por motivos de salud, como en la versión en la que Putin sale del Kremlin por sus problemas con la justicia internacional, se plantea una reforma controlada del régimen ruso. En la versión que hemos denominado Milosevic, Occidente tendría incluso la opción de plantear incentivos económicos y/o levantamiento de sanciones a cambio de la entrega del presidente ruso a los tribunales internacionales que le buscan. Sí que es cierto que para que se dé este escenario se hace necesario que haya importantes revueltas en las calles, además de un cambio de posición de una parte de la élite política de Rusia. Respecto del primer factor, aunque está lejos de materializarse por la represión ejercida por el Kremlin, de nuevo tenemos que mencionar la muerte de Navalny como vector de movilización de la población rusa. Sin embargo, debemos ser más cautos respecto a la opción de que una parte de la élite política rusa puede revelarse contra Putin, sobre todo, después de la muerte de Prigodzin en extrañas circunstancias. La caída de quien fuera el hombre de confianza de Putin resulta complicado que actores vinculados al régimen puedan revelarse contra el presidente ruso.

Asumiendo que este improbable escenario pueda hacerse efectivo, aún quedaría por ver quién sería el sucesor de Putin. Ante esta pregunta son más las sombras que las luces y aunque ya se han barajado nombres como el de Dimitri Medvedev o el de Sergey Sobianiun parece que son tres los que tienen más posibilidades: a) Nikolái Patrushev, b) Alexei Dyumin y c) Mikail Mishutin. Cada una de estas opciones conllevaría destinos muy distintos para el futuro de Rusia. Veamos cuales son estas opciones y que consecuencias podrían tener.

a) Nikolai Patrushev es uno de los hombres de mayor confianza de Putin. Se conocen desde 1970 cuando ambos realizaron los cursos de entrada en el KGB (Sechin, 2007). Por ello, Patrushev además estar vinculado a los servicios secretos también forma parte de los hombres fuertes o silovikis. Junto a estas dos características que le unen a Putin tiene una estupenda relación con oligarcas, lo que le hace merecedor del calificativo “silovarca” (Treisman, 2007). Esta condición le pone en una posición óptima para ser considerado como el sucesor de Putin. Quizás por eso, Patrushev ha formado parte del grupo selecto que participó en la toma de decisiones que llevó a Rusia a invadir Crimea en 2014 (Treisman, 2016) y el resto de Ucrania en 2022 (Galleotti, 2023). Por otro lado, su compromiso “eurasianista” está fuera de toda duda y, a menudo, lanza declaraciones contra occidente, declaraciones que le han valido estar en la lista de sancionados por el gobierno norteamericano desde 2018 (US Treasury, 2018).

Estos “méritos” que si bien pueden valerle para situarle en una posición privilegiada en la sucesión si ésta la realizara Putin, le lastran enormemente para ser considerado como el elegido en el escenario en el que estamos planteando. En esta situación hipotética en la que Putin dejaría el Kremlin por motivos de salud o por ser extraditado, le complican ser elegido para una sucesión monitorizada desde Occidente. Además, Patrushev es cuatro años más mayor que Putin, lo que es otro elemento más que juega en su contra en la carrera de la sucesión.

b) Alexei Dyumin es un hombre vinculado personalmente a Putin desde que este fuera nombrado primer ministro en 1999. Además de ser su guardaespaldas personal, Dyumin ha sido vicepresidente del GRU, la inteligencia en el exterior un cuerpo que ha ejecutado asesinatos de personalidades como Litvinenko, o que ha gestionado operaciones como la evacuación de Yanukovich (2014) o la anexión de Crimea. El 24 de febrero de 2022 Dyumin fue uno de los máximos defensores de la invasión de Ucrania (Kiyan, 2024) y por ello, una derrota en el campo de batalla también le arrastraría al lado de los perdedores.

Al igual que le ocurre a Patrushev, Dyumin ha sido sancionado por Estados Unidos en 2018 y por el Reino Unido en 2023. Dyumin era un buen amigo de Prigodzin y por ello, cuando este traicionó a Putin tuvo que probar su lealtad al líder ruso. Este capítulo oscuro podría hacer que no fuera uno de los elegidos por Putin, aunque le haría ganar enteros si Occidente participara en la elección del sucesor.  

c) Otro de los candidatos es el primer ministro Mikail Mishutin. Si Putin muriera o renunciara, sería Mishutin quien asumiría el cargo de forma interina. Al igual que ocurrió con Putin en 1999, poco se sabe de él, más allá de la información relativa al cargo anterior, el de jefe del Servicio Federal de Impuestos. Cuando en enero de 2020 fue nombrado primer ministro, fue toda una sorpresa (Khurshusyan, 2020) para el exterior, aunque en Rusia todo el mundo sabía quién era. Quizás por eso ningún diputado de la Duma se atrevió a votar en contra, lo que demuestra el grado de continuidad y complicidad que tiene con Putin. Su perfil técnico y poco ideológico unido a su responsabilidad institucional podrían convertirle en un buen candidato a suceder a Putin en este segundo escenario. En otras palabras, su perfil técnico, unido a su estrecha relación con Putin podrían hacer de Mishutin un “Adolfo Suárez ruso” en una hipotética transición.

Escenario Gorbachov o desorden absoluto (escenario a medio/largo plazo)

El tercero de los escenarios que se plantea en este trabajo es el que hemos denominado Escenario Gorbachov. Aquí se proyecta una situación de desórdenes provocados por un empeoramiento de todos los factores. Así, se apuesta por la salida de Putin del poder -ya sea por motivos médicos, políticos o judiciales- por una derrota de las fuerzas rusas en Ucrania y por evoluciones negativas del resto de factores (protesta social, economía y sanciones)  

En este escenario, la salida del poder de Putin conllevaría un cambio político abrupto acompañado o precedido de graves desórdenes público y lo que es más importante, la ruptura total con el régimen anterior. Este escenario puede provocar una situación complicada para Rusia ya que al tratarse en buena medida de un régimen sultanístico (Linz, 1990: 13), parece poco probable que fuerzas opositoras puedan sobrevivir a Putin y por ende éstas no podrían ser usadas para un cambio de régimen. Este hecho, nos puede arrastrar a una situación similar a la ocurrida en Libia tras la caída de Gadafi. El problema es que una Rusia post Putin similar a la Libia post Gadafi tendría consecuencias no solo para el Mediterráneo sino para todo el planeta.

Por ello, para evitar un escenario como el que se está describiendo, lo que se debe hacer es ir buscando opciones de gobierno de futuro incluso fuera de Rusia. Quizás está fue una de las motivaciones del Kremlin cuando se asesinó a Navalny, es decir, se planteó que sin Putin no podría haber alternativa. De producirse este escenario, no solo habría que pensar en un grupo de personas que se encargaran de gobernar el país, sino también habría que contar con los cuadros medios evitando estrategias de “des-putinización” similares a las que se llevaron a cabo en Irak con la “desbazificación”.

También deben evitarse errores como los cometidos en Rusia tras la caída de la URSS. Entre 1991 y 1994 se aplicaron recetas económicas muy drásticas en Rusia, lo que hizo que la población perdiera su poder adquisitivo y su nivel de vida. Pasados unos años de la extinción de la URSS, muchos rusos añoraban los tiempos soviéticos ya que las condiciones materiales eran mejores entonces. En un escenario como el que estamos planteando, habría que ser generoso con Rusia para que el cambio político no fuera identificado por los ciudadanos como algo negativo que afecta a su vida diaria. El ejemplo lo tenemos en la creación de la República Federal Alemana, un momento en el que no solo se mantuvo a muchos de los funcionarios que venían del régimen anterior, sino que se fue generoso con los alemanes para que tuvieran actitud positiva con el nuevo régimen. Además, se optó por contar con líderes como Adenauer o Willy Brandt[1] que no solo había rechazado al nazismo, sino que habían vivido en el extranjero. Por lo tanto, para evitar un escenario de caos habría que evitar políticas de “des-putinización”, preparar un Plan Marshall para Rusia y contar con los líderes rusos que viven en Occidente.

Conclusiones

A modo de conclusión tenemos que decir que, tras dos años de guerra, los escenarios que se plantean están muy condicionados por la evolución de la contienda. Si bien es cierto que hay otros factores, el transcurso de la guerra es quizás el que más puede condicionar la evolución de lo que ocurra con y en Rusia. La salida de Putin del poder es solo una cuestión de tiempo, pero esa opción no significa que la situación pueda cambiar ya que, como ha ocurrido en lugares como Venezuela o Irán la muerte de un líder fuerte no supone, necesariamente, un cambio de rumbo. Además, la sucesión de Putin tampoco es un tema que esté claro y las consecuencias de esta no están ni mucho menos previstas. A pesar de la fraudulenta victoria electoral en las presidenciales de marzo de 2024, nadie ve a Putin en un escenario a largo plazo.

De los tres escenarios propuestos, ninguno parece que sea más plausible que los otros. Si que es cierto que el que hemos denominado Breznev o estancamiento, se está cumpliendo casi en su totalidad en la actualidad. Probablemente la evolución de los factores seleccionados condicionará la aparición de uno u otro escenario. El ritmo en el que podemos llegar a los diferentes escenarios estará condicionado por cómo evolucionen el resto de los factores, sobre todo el económico y el social. Un deterioro aun mayor de la economía podría traducirse en una menor capacidad bélica y por tanto, en un incremento sustancial del descontento, algo que también se puede ver alimentado por una guerra larga. Rusia confía en un ejército numeroso y sin cualificación, lo que implica mayores reclutamientos y más bajas. A corto plazo, el descontento de la población puede limitarse con la represión, pero a medio plazo, como ocurrió en los 80, las protestas pueden hacer tambalearse al propio régimen.

Si bien es cierto que no debe ser tratado como un síntoma del descontento, no podemos dejar de mencionar el atentado cometido por el ISIS-K en Moscú (Priego, 2024b). Los terroristas entraron en el país, se hicieron con armas y cometieron el atentado con total impunidad, lo que nos hace pensar que el control del régimen es más que limitado.

La caída del régimen tampoco es un escenario que lleve a la estabilidad. El tipo de transición condicionará mucho la estabilidad de Rusia, de Ucrania y por tanto del resto de Europa. Rusia es un país de 17.000.000 kilómetros cuadrados, con voz propia en el Consejo de Seguridad y con 3000 cabezas nucleares. Un escenario como el de la Libia post-Gadafi tendría consecuencias nefastas para todo el mundo. Si queremos que la caída de Putin sea la puerta a una Rusia estable, tendremos que poner las condiciones para ello y no dejarlo a azar.

Debido a la opacidad que se ha apoderado de Rusia, resulta muy complicado testar la temperatura social. Si bien es cierto que habitualmente se hacen juicios sobre la cultura política de los rusos atribuyendo actitudes poco críticas o incluso de complicidad, el hecho de que el régimen decidiera asesinar a Navalny justo antes de las elecciones, da algunas pistas de cuál puede ser la capacidad de la oposición. Como dijo el propio líder opositor en su último video en libertad, “si me matan es que estamos muy fuertes”. Si aceptamos esta argumentación y añadimos la cantidad de personas que acudieron a su funeral a sabiendas que iban a ser detenidos, podemos intuir que Putin no tiene el mismo apoyo social que tenía hace algunos años. De hecho, las elecciones presidenciales en Rusia no han servido para disipar las críticas a Putin y por el contrario los ciudadanos se han hecho cada vez más explícitos en sus críticas al régimen. No obstante, después de años de purgas políticas, el mayor problema al que se enfrenta la oposición es a la falta de organización interna y, por lo tanto, resulta difícil ofrecer una alternativa viable incluso si Putin desaparece.

Nota sobre el autor:

Alberto Priego Moreno es Doctor en Relaciones Internacionales, Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración -Especialidad en Relaciones Internacionales, con Mención en Estudios Europeos (UCM). Ha sido visiting scholar en think tanks como East West y universidades extranjeras como, University of Reading, Coimbra o en la School of Oriental and African Studies Postdoctoral Felllow). Se incorporó a la Universidad Pontificia Comillas en 2010. Colabora con asiduidad con diferentes medios de comunicación (El Mundo, El Confidencial, El País, RNE, la Cope etc.…). Correo electrónico: apriego@comillas.edu 

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[1] En 1938 el gobierno alemán le revocó la nacionalidad y vivió hasta 1945 entre Noruega y Suecia.