Argumentos para atacar a los líderes terroristas

Existe cierto consenso dentro de la comunidad académica a la hora de considerar que las operaciones de decapitación contra las organizaciones terroristas suelen ser inefectivas, y en ocasiones hasta contraproducentes. Según esto, en política contraterrorista no existe la “bala de plata”, y por tanto, resulta ineficiente situar como centro de estas estrategias la neutralización de los líderes.
Recientemente, la prestigiosa revista académica estadounidense International Security ha publicado un interesante artículo que desafía esta visión. A través del análisis de 207 grupos terroristas que sufrieron la decapitación de su liderazgo entre 1970 y 2008, el autor llega a la conclusión radicalmente distinta. Según Bryan C. Price, los estudios anteriores cometieron el error de centrar su atención en los efectos inmediatos tras la muerte o detención de sus líderes. Sin embargo, el análisis de la evolución de estas organizaciones en el medio plazo muestra que la desaparición de sus líderes supone golpe letal del que pocos grupos consiguen recobrarse.
Algunas de sus principales conclusiones del estudio titulado: “Targeting Top Terrorists. How Leadership Decapitation Contributes to Counterterrorism” son claramente contra-intuitivas:
La decapitación de liderazgo incrementa el la probabilidad de desaparición del grupo en los siguientes dos años.
Si la decapitación ocurre en los inicios de la actividad terrorista, su efecto es mucho mayor. La eficacia va disminuyendo a medida que aumenta la longevidad de la organización. Si el grupo rebasa los veinte años de existencia, estas operaciones dejan de tener eficacia.
El efecto de la decapitación es el mismo con independencia del método utilizado: asesinato, detención, o detención y después ejecución.
El tamaño no influye en la duración del grupo terrorista.
Los grupos de inspiración religiosa son menos resistentes a la desaparición de sus líderes que los grupos de inspiración política.
Se trata, en definitiva, de un trabajo con una sólida base empírica, y cuyas conclusiones deben ser tenidas en consideración.
Posiblemente, su principal vulnerabilidad es la cercanía profesional del autor a las conclusiones de su estudio. El doctor Pryce, además de Comandante del Ejército estadounidense, ha sido piloto de los helicópteros de combate Apache AH-64D. En este sentido, es lógico pensar que profesionalmente se haya entrenado o incluso participado en la ejecución de algunas de las operaciones de decapitación, cuya efectividad defiende como investigador. Aunque esta doble condición de ejecutor de una política y estudioso de la misma no supone a priori una incompatibilidad (y mucho menos en Estados Unidos), siempre es una limitación para alcanzar la pretendida objetividad científica. Si pensáis que exagero, os animo a que visitéis la fotografía de presentación de su página web personal: toda una declaración de intenciones.











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