La cuestión del Estado Palestino ante la ONU
Como cada año, el tercer martes de septiembre, este año el día 20, comenzará un nuevo periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. Las autoridades palestinas han reiterado, a lo largo de los últimos meses, que van a plantear el reconocimiento de Palestina como Estado ante la Asamblea General.
Hace dos años, la Autoridad Nacional Palestina puso en marcha un programa dirigido a crear efectivamente las instituciones de gobierno propias de un estado, de modo que Palestina estuviera en condiciones de funcionar, de hecho, como un Estado. El primer ministro del gobierno palestino, Fayad señaló que si no se alcanzaba un acuerdo de paz con Israel transcurrido ese plazo de dos años, procedería a la declaración unilateral del Estado palestino en el año 2011. La diplomacia estadounidense está mediando entre Israel y las autoridades palestinas para que reanuden el proceso de negociaciones de paz interrumpido el año pasado, e intentando convencer a estas últimas de que renuncien a plantear ante Naciones Unidas el reconocimiento de un Estado Palestino declarado unilateralmente, sin previo acuerdo de Israel.
La creación de dos Estados, uno árabe y otro judío, fue el principio propuesto por la Asamblea General de la ONU como medio para poner fin al conflicto entre árabes y judíos en el territorio del Mandato Británico de Palestina. El principio se encuentra recogido en la resolución 181(II) de la Asamblea General adoptada por mayoría el 29 de noviembre de 1947. Los países árabes votaron en contra de la Resolución, por considerarla ilegal y se opusieron a su aplicación práctica con el inicio de la primera guerra árabe-israelí, el 15 de mayo de 1948, fecha de terminación del Mandato británico y de la proclamación del Estado de Israel. El principio se fue desdibujando durante las diferentes fases del conflicto.
Tras la primera guerra árabe israelí, Transjordania se anexionó Cisjordania en 1950, y adoptó el nuevo nombre de Jordania, expresivo de la expansión de su territorio sobre las dos riberas del Jordán. Tras la guerra de 1967, Israel ocupó Cisjordania y Gaza (hasta entonces bajo administración egipcia) junto a otras porciones de territorio pertenecientes a Siria (los Altos del Golán) y Egipto (la península del Sinaí). La ocupación israelí de Gaza y Cisjordania sirvió para impulsar un nacionalismo propiamente palestino, que en principio aspiraba a la creación de un Estado independiente, aunque en las negociaciones diplomáticas se llegara a contemplar en algún momento la denominada opción jordana, es decir, que los territorios palestinos pasaran a formar parte de Jordania en lugar de constituir un Estado independiente.
Tras la Intifada de 1987, el rey Hussein renunció a toda reivindicación sobre Cisjordania. No obstante, el principio de los dos Estados sólo recibió el respaldo formal del Consejo de Seguridad en el año 2003, en la Resolución 1515, mediante la que expresaba su apoyo a denominada “Hoja Ruta” elaborada por el Cuarteto para Oriente Medio. Desde entonces, el proceso de paz ha entrado en punto muerto en diferentes ocasiones.
En Palestina existe una profunda división política entre dos facciones: Fatah, movimiento nacionalista de naturaleza secular, que gobierna Cisjordania por su presencia mayoritaria en la Autoridad Nacional Palestina, y Hamas, un partido islamista que no reconoce el derecho a la existencia del Estado de Israel y que controla la franja de Gaza tras su confrontación armada con los representantes de Autoridad Nacional Palestina en Gaza. En este sentido, el obstáculo para la existencia de “un” Estado palestino no proviene sólo de la intransigente postura política de Israel, sino también de la falta de unidad palestina.
Aunque en mayo de 2011 ambas facciones firmaron un acuerdo de reconciliación en El Cairo, afirmando su compromiso común contra la ocupación israelí, subsisten profundas divergencias entra las visiones políticas de ambos grupos. La Autoridad Nacional Palestina, depende de la financiación internacional, y en este sentido sus principales donantes apuntan hacia direcciones contrapuestas: si los Estados árabes presionan por la unidad entre Hamas y Fatah, Estados Unidos, Israel y algunos países europeos, por el contrario, retirarían su apoyo económico en caso que se procediera a una proclamación unilateral del Estado Palestino y a su solicitud de admisión como nuevo Estado Miembro.
Sobre este particular conviene destacar dos aspectos. Por un lado, que la existencia de un Estado es una cuestión de hecho: es necesario la presencia de un gobierno soberano que controle efectivamente un territorio y su población- Como ya se ha señalado, las divisiones internas entre Fatah y Hamas representan un serio obstáculo para la efectividad del Estado. Por otra parte, según la Carta de las Naciones Unidas, la admisión de nuevos miembros debe ser aprobada por la Asamblea General, a recomendación del Consejo de Seguridad. Esta recomendación no tendrá lugar, pues Estados Unidos ha afirmado claramente su oposición a esta iniciativa. La intención de la Autoridad Nacional Palestina es dirigirse entonces a la Asamblea General, donde resulta previsible que una mayoría de Estados respalde la iniciativa palestina.
La situación resulta todavía más compleja debido al actual contexto de inestabilidad política en numerosos países árabes en la región, entre los que adquiere particular relevancia Egipto, como país fronterizo con Gaza e Israel. Así lo ponen de manifiesto el reciente asedio de la Embajada de Israel en El Cairo, y los atentados realizados el 18 de agosto en Eilat.
Las autoridades de la Autoridad Nacional Palestina se encuentran de este modo en una comprometida situación. Desistir de la iniciativa podría suponer un suicidio político, como ha señalado Mammud Abbas. Al mismo tiempo, un Estado palestino resultaría difícilmente viable sin un previo acuerdo de paz con Israel y sin el apoyo político y financiero de los principales donantes.


