Una aproximación a la contranarrativa yihadista

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Análisis GESI, 12/2016

Resumen: La seducción de la narrativa yihadista exhorta a la búsqueda de instrumentos ad hoc que palien o interrumpan los procesos de radicalización en ciernes de muchos individuos que se sienten atraídos por ella.

Con frecuencia se suele describir a la amenaza yihadista como polimórfica o poliédrica, por lo tanto si se manifiesta con tantas formas y caras no parece lógico contrarrestarla de una sola forma. La contranarrativa puede ser una forma válida para contener, erosionar o revertir la atracción del relato yihadista.

 

Introducción

El Mensajero describió a estos hawarig explicando que no poseen el entendimiento del Islam:“Ellos recitarán el Qur’án, pero este no pasará más allá de sus gargantas. Ellos saldrán de la religión tal como la flecha pasa rápidamente a través de su blanco.”

El anterior fragmento corresponde al contenido de un texto difundido por una página web denominada http://www.islam-puro.com vinculada a la doctrina salafista[1]. El mensaje  pretende deslegitimar, respecto a los preceptos del Islam, las acciones terroristas de los denominados hawarig de DAESH o al Qaeda. Los hawarig o jariyitas[2] se identifican con la corriente más intransigente y radical del Islam. Según dicha web: “La respuesta a esta ideología extremista debe estar bien elaborada, debe ser persistente y apegada a la doctrina islámica.En un nivel ideológico los extremistas deben ser combatidos con las narraciones Quránicas y proféticas, respaldadas por lo dichos y escritos de las primeras generaciones de Sabios musulmanes. Esto tiene un doble efecto:

•    En primer lugar ayuda a silenciar la máquina de propaganda yihadista que proclama estar siguiendo el Qur’án y las enseñanzas del Profeta (lo cual es mentira).

•   En segundo lugar la juventud musulmana, especialmente en Occidente, podrá darse cuenta de los falsos argumentos de los extremistas cuando escuche y lea estas refutaciones”.

El fragmento anterior podría ser un armazón doctrinal sobre el cual articular una narrativa alternativa a la yihadista. Si la erudición islámica estipula que los hawarig o jariyitas se identifican como “los que se salen” del Islam y consideran que DAESH o al Qaeda son jariyitas se podría deducir que los actos de estas dos organizaciones no están amparados por los preceptos del Islam.

Cada vez con mayor frecuencia se utiliza la expresión “articular una contranarrativa” para rebatir el relato yihadista. El enfoque para articular un relato alternativo requiere de una perspectiva amplia, implicación de diversos actores y no puede ser fruto exclusivamente de planteamientos teóricos abstractos. La contranarrativa exige una sectorización del target y una orientación práctica, imaginativa, abierta a diferentes estratos de la población. Para no limitarnos a sobrevivir a la incertidumbre, para no limitarnos a responder post facto ante la perpetración del siguiente atentado terrorista, para no amplificar el mensaje yihadista o para poder detectar, contener o revertir el rastro de un individuo que está realizando el tránsito entre el radicalismo y la acción se requieren instrumentos creíbles, prácticos y persuasivos.

El presente artículo sugiere que la contranarrativa puede ser un instrumento capaz de menoscabar el mensaje yihadista. Por ejemplo: En España el tránsito de una dictadura a la democracia ha sido un argumento muy eficaz en la lucha contra el relato utilizado por ETA para justificar su campaña terrorista (Alonso, 2010).

 

Aproximación a la contranarrativa yihadista

¿Qué es la contranarrativa? Las contranarrativas son relatos que pretenden erosionar la legitimidad de narrativas extremistas de carácter violento trasladando el conflicto al terreno de las ideas. La contranarrativa exige que previamente exista una narrativa violenta que propugne la consecución de un objetivo mediante el uso de la violencia (Miravitllas, 2015)

Ejemplo de narrativa violenta: El relato que difunde el yihadismo propugna la creación de un califato universal, regido por la interpretación salafista yihadista de la sharia y conseguido mediante el uso de la violencia.

La narrativa yihadista utiliza marcos de acción colectivos o “agravios tóxicos” que contribuyen a difundir de forma convincente su mensaje. Estos marcos son dinámicos y evolucionan con la historia para renovarse constantemente aprovechando el momento político internacional y la situación de los conflictos activos en países musulmanes y/o en países Occidentales. Algunos de los principales marcos de acción colectivos de justificación del yihadismo pueden dividirse en religiosos, políticos y morales:

I. Marcos de acción colectivos religiosos: a) Prohibición del velo integral en Francia; b) Manifestaciones artísticas ofensivas para el Islam como las caricaturas de Mahoma y c) Decadencia moral de Occidente.   

II. Marcos de acción colectivos políticos/ideológicos: a) La causa palestina; b) los excesos del régimen contra la población civil en Siria; c) la polarización sectaria ; d) la apostasía y e) la crisis de los refugiados.

III. Marcos de acción colectivos morales: a) La obligación individual de todo musulmán en la defensa del Islam.

La propaganda yihadista, junto a la confluencia de contextos políticos y sociales generadores de agravios, producen estructuras de oportunidad en las que puede desarrollarse el proceso de radicalización violenta.  Por ejemplo: La narrativa de DAESH como reclamo para reclutar adeptos se fundamenta esencialmente en tres argumentos:

1. El primer argumento es estrictamente ideológico y se sustenta en la pretensión de vivir en un territorio regido por la doctrina salafista yihadista, la sharia y liberado de la decadencia occidental (Bunzel, 2015). Según la narrativa yihadista la democracia liberal, la libertad de expresión o la igualdad de género son entelequias de las sociedades occidentales que han favorecido la decadencia moral, el individualismo, la corrupción de la juventud y la sustitución de la sharia por leyes creadas por los hombres. La vida en el califato proporciona el sentimiento de pertenencia a un proyecto vital y es un argumento muy importante para la captación y el reclutamiento.

2. El segundo argumento es moral y responde a la obligación de todo musulmán de defender a los sunitas en Siria frente a los excesos del régimen de Bashar al-Assad que es, probablemente, el argumento más sólido para catalizar procesos de radicalización violenta en Occidente (Malet, 2014). La narrativa apocalíptica también dice que en Siria se producirán los últimos combates entre el Islam y los infieles que darán lugar al fin de los tiempos.

3. El tercer argumento se fundamenta en un discurso materialista en el que integrarse en DAESH sacia muchas expectativas materiales como: una remuneración económica, una vivienda, la sed de aventura o la posibilidad de obtener un prestigio además de otros reclamos más “terrenales”.

Se expone a continuación, para una mejor comprensión del patrón de la metanarrativa yihadista, un esquema del proceso de aceptación de dicha narrativa. Al igual que en el proceso de radicalización violenta el esquema adquiere un patrón piramidal que se divide en diferentes estratos según la vehemencia y convicción con la que cada persona comparte la narrativa violenta (Leuprecht, 2010):

I. La base de la pirámide está formada por el grupo más numeroso receptor de la narrativa violenta. Los individuos que integran la base mantienen una postura de neutralidad y no comparten ninguno de los elementos fundamentales de la narrativa yihadista[3].

II. El estrato inmediatamente superior integra a un menor número de individuos pero que, al contrario que en la base de la pirámide, se identifican con un rasgo estructural de la narrativa yihadista mientras que son neutros respecto a otros rasgos subyacentes. El marco de acción colectivo ideológico con el que se identifica este estrato de la pirámide podría ser el siguiente: “Los musulmanes estamos siendo atacados y Occidente es nuestro enemigo”. El grupo de individuos que aceptan el anterior rasgo se denominan simpatizantes.

III. El siguiente estrato de la pirámide aún integra a un menor número de personas. La principal característica es que sus integrantes, además de aceptar la primera premisa narrativa, legitiman el uso de la violencia ejercida por terceros. El marco de acción colectivo religioso seria el siguiente: “El Estado Islámico defiende a los musulmanes por lo que sus acciones están justificadas”. Los individuos de este estrato se denominan justificadores y su postura implica un apoyo explícito a la violencia que legitima las acciones de los grupos yihadistas.

IV. Por último, en el vértice de la pirámide encontramos a los comprometidos, que asumen los dos niveles narrativos anteriores y adicionalmente consideran una obligación personal apoyar y participar en las acciones violentas. El marco de acción colectivo moral sería el siguiente: “Es un deber personal tomar partido en la defensa del Islam”. El vértice de la pirámide, por tanto, también es la punta del iceberg ya que los comprometidos que acepten la narrativa yihadista son los que probablemente realizarán más pasos para culminar el proceso de radicalización violenta.

                      

El presente artículo propone una sectorización de los receptores de la contranarrativa con el objetivo de socavar el relato yihadista a tres niveles: el desprestigio, la deslegitimación y la desradicalización.

 

El primer nivel de la contranarrativa yihadista: el desprestigio

El primer nivel de la contranarrativa es el más ambicioso porque se dirige al sector más numeroso de población. El desprestigio de la narrativa yihadista no es tarea fácil debido a la falta de credibilidad de Occidente en los países de mayoría musulmana (ARCHETTI 2010). Sin embargo, esta premisa puede ser sustancialmente distinta cuando la contranarrativa se localiza en determinados sectores de población occidentales. Los actores del primer nivel de contranarrativa son: las instituciones públicas y los medios de comunicación.

El objetivo de las instituciones públicas y los medios de comunicación en el primer nivel de acción de la contranarrativa es doble:

I. En primer lugar comunicar las medidas que adoptan para fomentar la pedagogía de la amenaza.

II. El segundo objetivo, ligado al anterior, se fundamenta en que el desprestigio de la narrativa yihadista puede reducir las bases de apoyo o bien aumentar el número de individuos neutrales o asépticos en relación con su influencia.

No es aconsejable, más allá de la colaboración en los anteriores objetivos, que los gobiernos se impliquen en el articulado de una contranarrativa.

 

Pedagogía de la amenaza de las instituciones públicas

La pedagogía de la amenaza es fundamental para mejorar el conocimiento de los ciudadanos respecto a las amenazas que se ciernen sobre la seguridad. La difusión de informaciones tóxicas, rumores y falsas alarmas mediante las redes sociales o el WhatsApp debilita porque el miedo y la confusión se propagan descontroladamente.  A continuación se recogen algunas de las iniciativas institucionales estatales y europeas más importantes que  fomentan la pedagogía de la amenaza entre los ciudadanos:

España cuenta, desde enero de 2015, con un Plan Estratégico Nacional de Lucha contra la Radicalización Violenta (PEN-LCRV) en el que se incluyen medidas, iniciativas y proyectos para hacer frente a la prevención de la radicalización. El objetivo del plan es “constituir un instrumento eficaz de detección temprana y neutralización de los brotes y focos de radicalismo violento, actuando sobre aquellas comunidades, colectivos o individuos en situación de riesgo o vulnerabilidad.” A nivel institucional el Ministerio del Interior, bajo el nombre de Stop-radicalismos [4], ha puesto a disposición de los ciudadanos canales de comunicación para denunciar y alertar a las autoridades de personas y acciones sospechosas de pertenecer a grupos extremistas que se encuentran en su entorno.

La Policía de la Generalitat- Mossos d’Esquadra ha elaborado un instrumento denominado PRODERAI (Protocolo de Detección de Radicalización Islamista) con el objetivo de prevenir y detectar procesos de radicalización violenta. El protocolo se ha sectorizado en tres niveles de acción:

• PRODERAI Ejecución Penal: Los centros penitenciarios pueden constituir un entorno propicio para la radicalización. La prisión es un espacio con dinámicas sociales y psicológicas desvinculadas de las existentes en libertad. La consecuencia es que muchos cambios personales iniciados durante la privación de libertad no tienen continuidad cuando esta se recupera. En algunos supuestos la radicalización religiosa puede ser sincera, pero en otros puede ser adaptativa a la situación de internamiento ya sea para formar parte de un grupo, para hacerse respetar o como medida de evasión psicológica mientras dura el período de reclusión. El discernimiento y evaluación de cada caso es el objetivo de este nivel de acción.

•PRODERAI Proximidad: Está destinado a aquellas unidades, grupos o agentes de los Mossos d'esquadra y de las Policías Locales que tiene un contacto más directo con los ciudadanos y las comunidades. La proximidad con el ciudadano proporciona a estos agentes un fiel conocimiento de la realidad social de su municipio. La proximidad se convierte en una oportunidad para detectar procesos de radicalización violenta.

•PRODERAI Comunidad Educativa: Tiene como objetivos la prevención, la detección y la intervención de los procesos de radicalización islamista violenta en los centros educativos para preservar el crecimiento de los menores en un entorno tolerante. Proporciona orientación y recursos para la identificación de factores de riesgo que puedan propiciar la radicalización de los jóvenes. Tan sólo la culminación del proceso de radicalización violenta de un menor requerirá de la participación de otros actores como: la policía o la fiscalía de menores.

La transversalidad del instrumento implica a otros actores como: profesionales del entorno penitenciario, policía de proximidad, representantes de comunidades, docentes de centros educativos, etcétera. La implantación de estos protocolos ha permitido la obtención de información objetiva sobre un número considerable de procesos de radicalización en diferentes estadios de evolución.

España también colabora en una campaña internacional para contrarrestar el aparato propagandístico de DAESH en redes sociales que se denomina: Sawab. Unidos contra el extremismo. Los materiales y mensajes de la misma son esencialmente viñetas, vídeos e infografías que muestran cómo se vive en los países que son ocupados por el DAESH.

En Europa también se implementa desde hace años el Proyecto CoPPRa (Community Policing Preventing Radicalisation en el que participan diversos países miembros de la Unión Europea con el objetivo de prevenir la radicalización ofreciendo a los agentes de proximidad formación para poder detectar procesos de radicalización. El contacto positivo entre la policía, los ciudadanos y las comunidades promueve la confianza con las instituciones. Una mayor confianza en la policía deriva en el hecho que la comunidad fomente la cooperación y la participación en programas de prevención. CooPPRA elabora manuales con directrices básicas sobre pautas de radicalización.

El Modelo Aarhus es un proyecto institucional danés en el que participan diferentes actores: el Ayuntamiento de la localidad, la East Jutland Police, la Universidad de Aarhus o el PET[5] entre otros. El objetivo principal del Modelo Aarhus es persuadir a los jóvenes que pretenden acudir a escenarios de conflicto y promover la reinserción de los que retornan siempre y cuando no hayan cometido delitos violentos. En el proyecto participa una red de profesionales de diferentes sectores como: trabajadores sociales, maestros, policías, voluntarios y familiares de los jóvenes radicalizados. La asesoría individual se complementa con mentores y talleres de concienciación. La aplicación del modelo, según los promotores, está teniendo cierto tasa de éxito, sobretodo en los estadios más tempranos del proceso de radicalización.

EXIT Deutschland es una organización alemana que proporciona asesoramiento directo e información online para aquellos individuos que pretenden abandonar, en este caso, movimientos neonazis.

 El Centro de Prevención contra las derivas sectarias ligadas al Islam es una asociación francesa creada en el año 2014 que trabaja coordinadamente con el Ministerio del Interior en la prevención y tratamiento de procesos de radicalización. Su objetivo se centra en el asesoramiento pedagógico, mediante un equipo móvil de intervención, a familias que puedan tener en su seno algún individuo radicalizado. Al margen de la institución anterior el gobierno francés tiene previsto la apertura en 2016 de un “Centro de reinserción y de ciudadanía” cuyo objeto será también la desradicalización yihadista. Con capacidad para una treintena de personas desarrollará un programa de diez meses de duración orientado a jóvenes de 18 a 30 años en riesgo de experimentar un proceso de radicalización violenta.

 

Pedagogía de la amenaza de medios de comunicación

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental en la comprensión y pedagogía de la amenaza.  Si la información es rigurosa no se sobredimensiona la amenaza y si el lenguaje es preciso no se fomenta la incertidumbre y el miedo tiene muchas más dificultades para propagarse. La pedagogía de los medios de comunicación en el primer nivel de acción de la contranarrativa es múltiple:

1. La cobertura desmesurada genera conclusiones precipitadas, información no contrastada y largas tertulias ricas en superlativos que, a menudo, provocan efectos perversos. La demanda de información y el afán por aportar datos – no siempre contrastados– en tiempo real pueden favorecer el clima de vulnerabilidad, alarmismo, caos y ansiedad perseguido por los terroristas (BLANCO, 2015).

2. Fomentar el lenguaje preciso de los términos evitando el exceso de eco mediático y la saturación de determinados fenómenos (kamikazes[6], infraestructuras críticas[7], guerra[8], lobo solitario[9], inmolación[10], cerebro[11]...).

3. Evitar proyectar una imagen de supremacía de DAESH o al Qaeda informando de sus derrotas, deserciones o de la mortalidad de sus líderes operativos e ideológicos. La erosión del DAESH evita la proyección de poderío y de éxito que seduce a miles de jóvenes musulmanes vulnerables (REINARES, 2016).

4. Ponderar la difusión de los vídeos propagandísticos yihadistas para evitar la amplificación del mensaje terroristas, la humillación de las víctimas y la percepción de que cada ejecución o el asesinato de personas es banal. Filmar la ejecución de una persona indefensa es un acto de vileza y cobardía ajeno a cualquier halo de creatividad que algunos enfoques parecen sugerir.

5. Potenciar el papel de la víctima y su relato vital frente a la exaltación del verdugo.

6. La difusión reiterada de fotografías de terroristas así como la divulgación pormenorizada de su relato vital puede tener un efecto contraproducente ya que podrían ser ejemplarizados por individuos que experimenten un proceso de radicalización violenta o de aceptación de la narrativa yihadista.

7. Insistir en el hecho objetivo de que la mayoría de víctimas del terrorismo yihadista son musulmanes. 

8. Ponderar el “tertulianismo” y promover la difusión de un mensaje ajeno a estereotipos o generalidades que pueden contaminar la esencia de la amenaza. La colaboración con expertos del mundo académico que trabajan en proyectos de investigación de disciplinas vinculadas, directa o indirectamente, con el fenómeno del terrorismo permiten la difusión de un mensaje objetivo, ponderado y riguroso.

9. La insistencia del argumento de la sinrazón terrorista puede ser percibida como un signo de vulnerabilidad.

 

Target receptor del primer nivel de contranarrativa

La contranarrativa institucional y de los medios de comunicación se orienta a dos sectores receptores de la narrativa yihadista: los neutrales y los simpatizantes.

I.En el caso de los individuos neutrales la contranarrativa refuerza su desvinculación de la narrativa yihadista.

II. En el caso de los individuos simpatizantes que defienden el enunciado “Los musulmanes estamos siendo atacados y Occidente es nuestro enemigo” el primer nivel de contranarrativa erosionará y desprestigiará el relato yihadista yihadista disminuyendo la potencial vulnerabilidad respecto a él.

 

El segundo nivel de la contranarrativa yihadista: la deslegitimación

El recelo a las instituciones occidentales por parte del universo de receptores del segundo nivel insta a que la narrativa alternativa sea articulada por dos actores principales:

I. Las comunidades musulmanas europeas con el objetivo de privar de validez o legitimidad a la narrativa yihadista.

II. Los musulmanes de las diásporas occidentales son, posiblemente, el mejor argumento para contrarrestar la narrativa yihadista.

Los objetivos de la narrativa alternativa del segundo nivel son:

1. Erosionar el marco intelectual de la ideología yihadista cuestionando las asunciones, creencias y significados que se encuentran tras la narrativa yihadista demostrando que el mensaje subyacente "bien es incorrecto, bien descansa sobre un malentendido o bien se apoya sobre un engaño malicioso" (Benard, 2011).

2. Deslegitimar los medios usados por el yihadismo en la persecución de sus objetivos. El argumento principal se fundamenta en el alcance indiscriminado de los medios usados por los grupos yihadistas que provocan miles de víctimas de confesión musulmana. Ejemplo de contranarrativa deslegitimadora: Si DAESH o al Qaeda defienden el Islam y a la umma del ataque de Occidente: ¿Por qué la mayoría de las víctimas que provocan sus acciones son civiles musulmanes?

 

Las comunidades musulmanas

La complicidad e implicación son elementos fundamentales y un activo valioso para proponer una narrativa alternativa a la yihadista. El convencimiento de los referentes sociales y religiosos de la comunidad islámica es un factor clave para que la narrativa alternativa tenga la legitimidad necesaria para socavar el relato yihadista. Las propias comunidades islámicas deben ser corresponsables y han de expulsar los cuerpos extraños de su estructura. 

La repulsa de las comunidades musulmanas ante un atentado yihadista es necesaria e importante pero se requiere un mayor activismo de sus integrantes. La apariencia de omertá reinante en algunas comunidades salafistas es una postura pusilánime que no favorece el establecimiento de puentes de confianza. Como ciudadanos europeos de pleno derecho también tienen el deber y la obligación de informar y denunciar a aquellos individuos radicalizados que realicen labores de captación, adoctrinamiento o colaboración con grupos yihadistas. No es un hecho nuevo, algunas comunidades musulmanas se han implicado activamente en la detección de sujetos radicalizados y han permitido interrumpir procesos de radicalización violentos. Pero estas comunidades no deben ubicarse en la excepcionalidad, ni su denuncia debe ser un esfuerzo sino que deben ser la primera línea de defensa ante el establecimiento permanente de grupos o individuos con capacidad operativa en Occidente.

El articulado de una narrativa alternativa elaborada por la erudición islámica puede reducir la legitimidad del discurso violento fomentando la promoción de un discurso crítico con los postulados yihadistas.   

Un ejemplo del articulado de dicha narrativa alternativa sería el siguiente:

“La posición salafi respecto hacia aquellos que planean o incitan actos terroristas como bombardeos suicidas o asesinatos es que los musulmanes deben informar a las autoridades sin importar si estos actos se realizan en un país musulmán o en un país no musulmán. Las comunidades musulmanas deben ser las primeras en erradicar estos actos anti-islámicos que son realizados falsamente en nombre del Islam. Los padres tienen también una enorme responsabilidad de educar a sus hijos bajo el verdadero y correcto entendimiento salafi del Islam, de modo que no pueden ser engañados por estos impostores”. ISLAM PURO

La ausencia de narrativas alternativas favorece que los espacios vacíos que dejan sean ocupados por narrativas extremistas (SOUFAN, 2013, 13). La narrativa alternativa debe defender y promover los valores religiosos y culturales del Islam promoviendo espacios de encuentro en los que haya voces constructivas y críticas convencidas en solucionar los problemas estructurales que han hecho emerger organizaciones extremistas violentas (SCHMID, 2014, 30). El think tank británico Quilliam Foundation pretende, entre otras muchas actividades, desafiar las narrativas violentas abogando por relatos alternativos plurales y democráticos. Entre sus múltiples propuestas resalta un desafío creativo llamado Openyoureyes mediante el cual anima a grabar cortometrajes sobre temáticas relacionadas con la narrativa violenta y sus alternativas. No obstante su labor ha sido fuertemente discutida por la comunidad islámica británica por los vínculos y el asesoramiento que la fundación mantiene con el gobierno. Parece, por tanto, prudente que los actores del segundo nivel de contranarrativa se circunscriban a comunidades islámicas o entidades civiles sin tutela directa gubernamental para evitar la réplica de la credibilidad e independencia de sus propuestas.

El yihadismo es muy consciente de la influencia que algunos líderes de las comunidades islámicas europeas pueden tener en la legitimidad del relato. El decimocuarto número de la revista Dabiq, difundido el 12 de abril de 2016, ilustra en un artículo titulado “Kill the Imams of Kfar in the West” su beligerancia con los musulmanes tildados de apóstatas que viven en Occidente y que socavan el relato yihadista o muestran cierta predisposición a colaborar con las autoridades.

 

La juventud musulmana

La narrativa yihadista es una propuesta especialmente sugerente para los jóvenes musulmanes que no tienen sentimiento de pertenencia a ningún país concreto (ni el de nacimiento ni el de adopción) y que ven en ella un elemento vertebrador. Los musulmanes modernos en las diásporas occidentales son, posiblemente, el mejor argumento para contrarrestar la narrativa yihadista. Pueden incorporar los mejores elementos de ambos mundos - Islam y Occidente - y crear una narrativa creíble que exprese su visión de lo que significa ser un musulmán en el mundo moderno. Las democracias occidentales les ofrecen más oportunidades de movilidad social ascendente que las jerarquías sociales rígidas de muchos estados musulmanes autoritarios (SCHMID Alex, 50p). Gilles Kepel en este sentido considera que:

"Una prometedora generación de jóvenes musulmanes europeos ahora tienen oportunidades para ejercer los derechos democráticos que están prohibidas o restringidos en los países donde el Islam representa la religión mayoritaria [...] Se requiere una separación de la mezquita y el estado, ya que el Islam se asienta en el entorno europeo. Esta separación del dominio secular y religiosa es el requisito previo para la liberación de las fuerzas de la reforma en el mundo musulmán yendo más allá de las limitaciones ideológicas del yihad y la fitna y, de hecho, más allá de las fronteras geográficas de Europa, estos hombres y mujeres jóvenes presentan una nueva cara del Islam - conciliado con la modernidad “.

Los narradores del relato alternativo del segundo nivel deben ser:

I. Expertos y autoridades religiosas que con su liderazgo, prestigio, notoriedad y discurso menoscaben la legitimidad del relato yihadista y argumenten la instrumentalización del Islam con fines perversos.

II. Musulmanes residentes en Occidente también pueden ser narradores de contranarrativa que deslegitime el relato yihadista.

 

Target receptor del segundo nivel de contranarrativa

La contranarrativa de las comunidades musulmanas se orienta a tres sectores receptores de la narrativa yihadista: los neutrales, simpatizantes y justificadores:

I. En el caso de los individuos neutrales la contranarrativa –al igual que en el primer nivel– refuerza su desvinculación de la narrativa yihadista.

II. En el caso de los individuos simpatizantes que defienden el enunciado “Los musulmanes estamos siendo atacados y Occidente es nuestro enemigo” la narrativa alternativa debe explorar la existencia de otras soluciones a los problemas de los musulmanes en el mundo que no pasan por los postulados de la narrativa yihadista mediante argumentos como: “Si DAESH o al Qaeda defienden el Islam y a la umma del ataque de Occidente: ¿Por qué la mayoría de las víctimas que provocan sus acciones son civiles musulmanes?”.

III. En el caso de los individuos justificadores que defienden el enunciado “El Estado Islámico defiende a los musulmanes por lo que sus acciones están justificadas” la narrativa alternativa del segundo nivel debe promover que: “El Corán y las enseñanzas del Profeta no justifican las acciones del Estado Islámico”.

 

El tercer nivel de la contranarrativa yihadista: la desradicalización

El tercer nivel de contranarrativa se orienta a los tres targets de la pirámide que ya se encuentran inmersos en procesos de radicalización narrativa: simpatizante, justificador o comprometido. Los objetivos del tercer nivel de la contranarrativa yihadista serán:

I. Desmitificar la narrativa yihadista. Ya sea a través de la ideología, de la lógica, de los hechos o del humor, una narrativa de choque tiene por objeto "plantar la semilla de la duda" (BRIGGS y FEVE, 2013: 8)

II. Desradicalizar o, cuanto menos, contener la culminación de la narrativa yihadista.

 

La desmitificación de la narrativa yihadista

Para incidir en el grado de aceptación de la narrativa yihadista de los justificadores y comprometidos se pueden proponer diferentes acciones:

Socavar la credibilidad de los líderes o referentes de la narrativa yihadista. Por ejemplo: el clérigo Anwar al Awlaki –inspirador de muchos yihadistas que han atentado en Occidente– contrataba con asiduidad los servicios de prostitutas (SHANE, 2015). Los hermanos Brahim y Salah Abdeslam –operativos de los atentados de París en noviembre de 2015– aparecen en un vídeo de febrero de 2015, bailando y fumando en una discoteca de Bruselas. De hecho los hermanos Abdeslam era jugadores y traficantes menores de cannabis. Sus conductas inmorales respecto a los preceptos del Islam pueden usarse para minar la credibilidad tanto de líderes extremistas o de terroristas que pueden ser considerados como modelos por individuos que se encuentran en los estadios iniciales del proceso de radicalización.

Otro ejemplo al margen de la legitimidad moral puede ser la incapacidad de algunos referentes. Por ejemplo: En el año 2006 se difundió un vídeo de Abu Musab al-Zarkawi en el que manejaba con poca soltura un arma automática. Tras su muerte Al Zarkawi es considerado aún como uno de los líderes más relevantes del yihadismo e imágenes como las que muestran su poca destreza en el uso del arma erosiona su prestigio como muyahidín.

El ejemplo más reciente de ausencia de legitimidad moral de un líder yihadista es la historia de la cooperante norteamericana Kayla Mueller secuestrada en agosto de 2013 por DAESH. Kayla era una joven de 26 años que dedicó su vida a ayudar a los más necesitados. Había trabajado en misiones humanitarias en la India, Israel y Palestina. En diciembre de 2012 decidió viajar a la frontera entre Turquía y Siria para trabajar en los campamentos de refugiados. El 4 de agosto de 2013 fue capturada en Aleppo por partidarios de DAESH. Tras año y medio de cautiverio Kayla murió durante un bombardeo de la aviación jordana en febrero de 2015. El relato vital de Kayla podría ser equivalente al de otros muchos cooperantes que han sacrificado su vida para ayudar a los más necesitados. Pero el relato de Kayla tiene un rasgo diferencial y execrable: Durante su cautiverio el propio Abu Bakr al Baghdadi, líder de DAESH, la violó en repetidas ocasiones. Algunas fuentes dudan que la muerte de Kayla Mueller se produjese durante un bombardeo y especulan que podría haber muerto por el maltrato padecido durante su cautiverio. 

Erosionar el prestigio social de participar en grupos extremistas violentos. El reconocimiento social que despiertan entre los colectivos más radicalizados quienes toman parte en actos violentos puede verse afectado por la difusión de historias acerca de sus víctimas o sobre quienes abandonan la militancia violenta.

 

La desradicalización

Si el concepto base de radicalización es, en cierto modo, una construcción imprecisa o difusa introducida en el debate público y académico: ¿Que diremos entonces del concepto de desradicalización? ¿Desradicalizarse es simplemente descender de la pirámide que describe el proceso? La respuesta no puede ser categórica ya que, conceptualmente la desradicalización provoca aún más controversia y debate que la radicalización. Podríamos sugerir que, en términos generales, la desradicalización no tiene porque implicar el abandono de la creencia radical. No obstante, para que se pueda hablar stricto sensu de desradicalización violenta sí que se debe abandonar el anhelo de conseguir el fin mediante el uso de la violencia. En términos teóricos la fórmula de la desradicalización es una combinación de diferentes factores como: la influencia de líderes carismáticos, la respuesta reactiva gubernamental para contener la radicalización, la interacción de diferentes actores y, por último, los incentivos (la cobertura de las necesidades básicas o el otorgamiento de relevancia como refuerzo positivo).

El tercer nivel de contranarrativa se circunscribe a una de esta variables: la interacción entre los tres targets de la pirámide que ya se encuentran inmersos en procesos de radicalización narrativa (simpatizante, justificador o comprometido) con otros actores que hayan sufrido las consecuencias de un proceso de radicalización violenta. La aceptación parcial o total del discurso violento, solo puede ser contrarrestada por actores a los que reconozcan una elevada credibilidad, autoridad y autenticidad.  El vehículo de interacción será una narrativa de choque basada en el aprovechamiento y explotación de la experiencia de tres grupos de individuos con la finalidad de favorecer la prevención de procesos de radicalización narrativa y/o violenta:

El relato de los ex-miembros decepcionados de organizaciones terroristas es un reclamo muy convincente ya que gozan de mayor credibilidad que otros outsiders a la hora de desmitificar el relato yihadista e interrumpir procesos de radicalización. La voz de los desertores erosiona y desafía la imagen de unidad y determinación que DAESH desea transmitir además de incidir en sus contradicciones e hipocresías. En el relato de 58 desertores de DAESH –51 hombres y 7 mujeres– se identificaron cuatro narrativas de choque (ICSR, 2015):

1. Narrativa de choque 1: Las luchas internas.- DAESH está más interesado en luchar contra grupos insurgentes sunitas que contra el propio gobierno de Bashar al Assad.Mientras que los líderes de DAESH consideran que el Ejército Libre de Siria o Jabhat al Nusra como enemigos los miembros de base los perciben con menos hostilidad. Varios desertores describieron la lucha interna como fitna[12].

2. Narrativa de choque 2: La brutalidad contra los musulmanes.- DAESH comete atrocidades contra musulmanes sunitas que abarca: la matanza de civiles inocentes, el asesinato de rehenes o la ejecución de combatientes en manos de sus propios comandantes.

3. Narrativa de choque 3: La corrupción y el comportamiento contrario a los preceptos del Islam.- DAESH es una organización corrupta y contraria al Islam. Los desertores sirios se quejaron de los privilegios de los combatientes extranjeros basados en la arbitrariedad de sus líderes.    

4. Narrativa de choque 4: La calidad de vida.- Un número discreto pero significativo de desertores expresó su decepción por las condiciones y la calidad de vida en el califato. La argumentación materialista de reclutamiento se debilita ante el relato de desertores decepcionados que se habían unido al grupo por razones meramente egoístas. Esta circunstancia se acentúa entre los combatientes  extranjeros occidentales, poco acostumbrados a la escasez de electricidad 0 de productos de primera necesidad.

La credibilidad del relato de estos individuos es un valor a tener en cuenta por los gobiernos, por lo que en determinados supuestos sería conveniente la asistencia y connivencia estatal para su reinserción y la garantía de su seguridad. El número de deserciones es probable que aumente a medida que el conflicto en Siria o Irak se prolongue. La reubicación de combatientes extranjeros en otros escenarios es una estrategia calculada por el yihadismo por lo que el fenómeno de los desertores es una variable interesante en la consolidación de un relato alternativo. La casuística de cada desertor deberá ser evaluada con precisión ya que no todos ellos pueden ser transmisores válidos del relato alternativo. Además, el lenguaje de nuevo nos puede proponer retos conceptuales porque un “desertor” también puede ser un “retornado” y precisamente la carga semántica del segundo termino conlleva implícita la idea de potencial riesgo para la seguridad.

La experiencia de individuos que hayan sufrido procesos de radicalización violentos [13] puede ser un mecanismo inhibidor de otros procesos de radicalización y su contribución en programas de desradicalización orientados a jóvenes puede ser un testimonio creíble y potente. Por ejemplo: La asociación Moms for Life formada por madres que han vivido los procesos de radicalización violenta de sus hijos relatan historias dotadas de una enorme carga sentimental y de credibilidad. Otro caso es el de la madre de Andrew Isa Ibrahim[14] integrada en el grupo Mothers Move! y que participa a menudo en conferencias relatando el proceso de radicalización de su hijo. El número de mujeres radicalizadas durante los últimos años se ha incrementado de forma sustancial. En este sentido el relato de una mujer que haya experimentado un proceso de radicalización o de una madre que haya protegido a sus hijos frente a la narrativa violenta son testimonios verosímiles y de una gran carga emocional.

El testimonio de las víctimas de acciones violentas actúan en la misma dirección, al presentar las consecuencias humanas del extremismo. Sus vivencias tienen el efecto de restar prestigio a la vida del combatiente, al destacar el aspecto más inaceptable que la narrativa violenta pretende ocultar.Los supervivientes representan las consecuencias humanas de los actos extremistas violentos, despojando de heroísmo a quienes los cometen.(OIET 2016).

 

Target receptor del tercer nivel de contranarrativa

El tercer nivel de contranarrativa se orienta a los tres targets de la pirámide que ya se encuentran inmersos en procesos de radicalización narrativa: simpatizante, justificador o comprometido. Quienes ya han asumido de forma parcial o total un discurso violento, solamente escucharán a un tipo determinado de actores a los que reconozcan una elevada credibilidad, autoridad y autenticidad. La narrativa de choque debe incidir en aquellos individuos más susceptibles de culminar el proceso de radicalización violenta. La acción de las instituciones públicas debe circunscribirse a asesorar a los actores del tercer nivel de contranarrativa pero sin tutelar o interferir en el relato de los decepcionados y de las víctimas.

 

Conclusiones

Cualquier estrategia antiterrorista requiere de dos enfoques bien diferenciados:  prevención y respuesta. Además del necesario enfoque reactivo se requieren nuevas herramientas proactivas –la contranarrativa es una de ellas– que socaven la versatilidad de la retórica yihadista y prevengan nuevos procesos de radicalización violenta. El camino no parece precisamente corto y necesita compañeros de viaje que, a medio plazo, erosionen el relato yihadista y lo presenten como mezquino y contrario a los preceptos del Islam. La respuesta frente a esta amenaza debe ser corresponsabilidad de múltiples actores: Instituciones públicas, comunidades islámicas, medios de comunicación, víctimas o arrepentidos son algunos de ellos.

El uso de la contranarrativa, no obstante, también genera debate y algunos sectores dudan sobre su utilidad, validez y eficacia. Esta corriente crítica propone que la contranarrativa fomenta la polarización de los argumentos. La red europea RAN (Radicalisation Awareness Network) creada por la Comisión Europea trabaja desde diferentes ámbitos para prevenir la radicalización violenta. La contranarrativa, según algunos expertos de RAN, no debe fomentar la polarización argumental ni enfocarse en términos de “ellos” y “nosotros”, ni de ”vencer” o “ganar” el relato sino que debe apelar a la manipulación de los argumentos y de las emociones por parte de la narrativa violenta.

Otra crítica bien fundamentada es la complejidad metodológica en la medición del impacto de la contranarrativa. A pesar de ser un objeto de estudio actual requiere de herramientas empíricas que puedan calibrar cuantitativa y cualitativamente su impacto. En este sentido, más allá de las visualizaciones o checkings de algunos instrumentos en la red desde el empirismo académico se vislumbra la necesidad de evaluar científicamente su verdadero impacto. No obstante, la pedagogía de la amenaza del primer nivel de acción sí que reduce objetivamente la incertidumbre de la amenaza.

Los tres niveles de acción de la contranarrativa – desprestigio, deslegitimación y  desradicalización– no tienen porque implicar el abandono explícito de la creencia radical. De hecho, en las sociedades democráticas la creencia radical está aceptada excepto si vulnera la ley o implica violencia. Desafiar al extremismo ideológicamente en el debate de las narrativas puede ser más productivo que la prohibición, persecución o clandestinidad de las creencias radicales, siempre y cuando no deriven en problemas de convivencia o de seguridad pública.

La contranarrativa, por tanto, no es una “varita mágica” que neutraliza el proceso de radicalización, pero sí que puede favorecer un período de ambivalencia o duda frente a la seducción del relato violento. Además la radicalización no siempre evoluciona necesariamente hacia la violencia y es precisamente en este estado de ambivalencia e indecisión donde la contranarrativa encuentra su espacio y puede ser determinante para contener o revertir el proceso.

 

Mario Toboso Buezo es Doctor en Paz y Seguridad Internacional por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, y Experto Universitario en Análisis en Violencia Política y Terrorismo por la Universidad de Granada. Advisory Board for the Countering Lone Actor Terrorism (CLAT) project. Autor del libro sobre terrorismo individual Lobos de Occidente.

 

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[1] La palabra salafismo proviene del término árabe al-salaf al salih que evoca a las tres primeras generaciones de creyentes del Islam. Mahoma consideraba a estas generaciones como antepasados puros según se recogen en varios hadices. El salafismo refuerza la tendencia a sumergirse en la doctrina original del Islam y en la lectura del Corán y la Sunna como únicas fuentes válidas para regular las conductas individuales y sociales.

[2] El surgimiento de DAESH o al Qaeda es considerado por la doctrina islámica como un movimiento rebelde definido como Hawarig, Jawarich o Jariyitas. Según esta web salafista los hawarig nunca han reconocido legitimidad alguna excepto la de ellos mismos. En el año 2014 el muftí Abdul-Aziz ibn Abdullah Al ash-Sheikh llamaba despectivamente jariyitas a DAESH y al Qaeda.

[3] Una macroencuesta elaborada por el Instituto Asdaa Burson-Marsteller durante los meses de enero y febrero de 2016 concluye que más de tres cuartas partes de los jóvenes árabes condenan las acciones de DAESH y sólo un 13% se muestran dispuestos a apoyar a los yihadistas, incluso si reducen el nivel de su violencia. El estudio elaborado entre hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años se ha realizado en 16 países árabes del Norte de África y de Oriente Medio: http://www.arabyouthsurvey.com/en/findings

[4] Los ciudadanos disponen de tres vías de comunicación en Stop Radicalismos: La web www.stop-radicalismos.es, la aplicación móvil Alertcops y el teléfono 900 822 066. Todas ellas gratuitas, seguras y anónimas. Francia, Reino Unido y EEUU ya han desarrollado campañas similares. Todas ellas, incluidas la española, se enmarcan dentro de las acciones de la Coalición Global Anti-DAESH formada por 63 países.

[5] Servicio de Seguridad e Inteligencia danés.

[6] El término “kamikaze”, de origen japonés, se refiere a los ataques suicidas efectuados por pilotos de la Armada Imperial Japonesa contra embarcaciones de la flota de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Los yihadistas que atentan con cinturones de explosivos son “terroristas suicidas” y no es necesario atribuir más carga semántica ni vincularlos al término japonés.

[7] La Infraestructuras Críticas son aquellas que el Centro Nacional para la Protección de las Infraestructuras Críticas (CNPIC) y la Secretaría de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior consideran como estratégicas, las que prestan servicios esenciales a nuestra sociedad, pero cuya sustitución o reemplazo no presenta alternativa posible. Existe un Catálogo Nacional de Infraestructuras Estratégicas que comprende a más de 3.500 instalaciones de diferentes áreas estratégicas (energía, industria nuclear, transportes, suministro de agua, salud, etcétera). Por tanto, no se puede abusar del término para describir instalaciones que no estén descritas como tales. Por ejemplo: las zonas de ocio o instalaciones deportivas no son infraestructuras críticas.

[8] El uso del término “guerra” legitima las acciones de los grupos yihadistas por lo que debe restringirse.

[9] La contaminación del concepto y la mitificación mediática de la figura del "Lobo Solitario", corre el riesgo de alentar de manera indirecta la repetición de incidentes vinculados al terrorismo individual y de fomentar la aparición de falsos positivos. la alternativa más aséptica es el uso de los términos “terrorista individual” o “actor solitario”.

[10] El verbo “inmolar” se desaconseja para aludir a la acción suicida de un terrorista que busca una matanza.

En los medios de comunicación se ven en ocasiones frases como «Al menos 29 muertos tras inmolarse un hombre en una mezquita en Yemen». Los principales diccionarios de español (el Diccionario del español actual o el Diccionario de la lengua española entre otros) definen el verbo inmolar como ‘dar la vida, la hacienda, el reposo, etc., en provecho u honor de alguien o algo’, ‘sacrificarse o dar la vida, generalmente por una causa o por una persona’ o ‘dar la vida o sacrificarse por un ideal, por una causa o por el bien de otras personas’.Todas estas definiciones reflejan una acción individual que no conlleva provocar daño o dolor a terceros, por lo que no resulta apropiado usar el verbo inmolarse para referirse a las actuaciones de los terroristas suicidas que, con su acción de quitarse la vida, persiguen la muerte de otras personas y atemorizar a la población. Por tanto, se recomienda que cuando se informe de los atentados de terroristas suicidas se empleen alternativas como suicidarse, acción suicida, acción terrorista o atentado suicida.

[11] Las referencias continuas al término “cerebros” para referirse a los terroristas implica connotaciones positivas porque evoca explícitamente inteligencia y planificación. Se sugiere el uso de los términos “líderes” o “cabecillas”.

[12] Término del Corán que define períodos de división interna en el Islam.

[13] En el ámbito de la extrema derecha existen programas de apoyo a la desradicalización de individuos. Son acciones que promueven el abandono de la violencia de personas que forman parte de grupos de extrema derecha o derecha radical. Por ejemplo: EXIT Deutschland ofrece apoyo online y offline a individuos que deseen dejar movimientos neo-nazis. Dispone de un servicio de asesoría y orientación para acompañar el proceso de desvinculación.

[14] Andrew Ibrahim, converso al Islam, fue detenido el 17 de abril de 2008 por posesión de explosivos y preparación de actos de terrorismo tras aprender en internet como fabricar un chaleco suicida. El objetivo de Andrew Isa Ibrahim era detonar el chaleco en una zona comercial de Bristol (Inglaterra).

 

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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