Tujachevski y la Guerra Civil española

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El Mariscal Tujachevski fue, quizá, el más influyente de los pensadores militares soviéticos durante los años 20 y 30. Hubo otros (Triandafillov, por ejemplo) que lo superaron en originalidad y en rigor, pero Tujachevski aventajaba a todos los demás en que, por los importantes mandos que ejerció durante casi veinte años, tenía la posibilidad de hacer que sus ideas se convirtieran en realidad. Durante la fase inicial de la Guerra Civil española, era Primer Vicecomisario del Pueblo para la Defensa y desde este puesto había contribuido de manera decisiva a la configuración de las Fuerzas Armadas soviéticas de la época, así como a la codificación de sus procedimientos de empleo. Por ello, el conocimiento militar que los soviéticos transmiten al Ejército Popular de la República durante sus primeros meses de existencia debía mucho al pensamiento y a la obra de Tujachevski[1].

Solo existe una obra publicada de Tujachevski en la que se discuta la experiencia de la Guerra Civil española. Se trata del artículo titulado “Sobre el nuevo Reglamento de Campaña del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos”, aparecido en el diario militar Krásnaia Zvezdá (Estrella Roja) el 6 de mayo de 1937, cuatro días antes de que fuera destituido de su puesto como número dos de la Comisaría del Pueblo para la Defensa y solo dieciséis antes de que fuera detenido[2]. En la mayor parte del artículo se dedica a glosar los puntos principales del nuevo Reglamento de Campaña (en este sentido, el artículo constituye su verdadero testamento profesional), en un contexto caracterizado por el enfrentamiento entre los renovadores, encabezados por el propio Tujachevski, y los dogmáticos, encabezados por el Comisario del Pueblo Voroshilov. Este último grupo, que acabó inclinando a Stalin de su lado, minusvaloraba la importancia de la técnica militar a causa de la supuesta superioridad del sistema socialista y de la moral más elevada que se atribuía al soldado del Ejército Rojo.

Siguen a continuación unos apuntes sobre las ideas de Tujachevski que pueden resultar de particular interés para los estudiosos de la Guerra Civil española.

 

Las lecturas de Tujachevski

Como muestra en su artículo, Tujachevski estaba perfectamente al corriente de los principales debates de los años 20 y 30 sobre las características de las futuras guerras. Cita, en particular, las obras de Fuller y Liddle Hart (Reino Unido), De Gaulle (Francia) y Douhet (Italia), y señala así mismo que en la práctica el desarrollo militar de estos tres países iba por otros caminos. Para ilustrar el caso de Italia Tujachevski menciona la experiencia de la Guerra Civil española: “en los frentes de la guerra civil española [el ejército italiano] no sigue en nada las recomendaciones de este general [Douhet], sino que intenta buscar la decisión por medio de acciones de grandes unidades de infantería”.

De los autores soviéticos solo cita a Triandafillov (Характер операций современных армий, El carácter de las operaciones de los ejércitos contemporáneos). Como era de esperar, respalda por completo una ideas que, en lo fundamental, coincidían con las suyas propias.

En el artículo no se mencionan autores alemanes. Probablemente, por prudencia. En el proceso contra Tujachevski, su supuesta colaboración clandestina con el ejército alemán sería uno de los puntos principales de la acusación y pocas semanas antes de su arresto es posible que el aún Primer Vicecomisario de Defensa lo sospechara. En cualquier caso, en obras anteriores ya había evidenciado que conocía bien lo que se publicaba en Alemania y seguía con particular interés los trabajos de los teóricos militares más innovadores. En un artículo algo anterior (1935)[3] Tujachevski había citado, entre otras, obras del general Von Seekt, el fundador de la Reichswehr, y del teniente coronel Walther Nehring, un colaborador cercano de Guderian y futuro jefe del Afrika Korps durante la Segunda Guerra Mundial[4].

Llama la atención lo al tanto que estaba Tujachevski (por extensión, el mando militar soviético) de los grandes debates militares de su época y lo bien orientado que estaba en su selección de lecturas. En comparación, los militares españoles de la época se mantuvieron en gran medida al margen de estas discusiones. En efecto: la selección de traducciones extranjeras en la Colección Bibliográfica Militar de Vicente Rojo y Emilio Alemán, el principal esfuerzo por popularizar el pensamiento militar durante aquellos años, tiene importantes lagunas. De los autores que cita Tujachevski, solo Fuller fue editado en la Colección. Y aunque en su mayor parte los autores extranjeros fueran franceses, un nombre fundamental como el de Charles de Gaulle está ausente[5].

 

Tujachevski y la defensiva

El nombre de Tujachevski, como el de Triandafillov, está estrechamente asociado a la “operación en profundidad” (глубокая операция), teoría ofensiva adoptada por el Ejército Rojo en los años treinta. Sin, embargo, por paradójico que pueda parecer, los comentarios de Tujachevski en el artículo que estamos comentando se refieren, sobre todo, a la importancia de la defensiva:

“La fuerza de defensa está creciendo y crea unas condiciones que son, hasta cierto punto, favorables a la aparición de formas de guerra de posición. La probabilidad de que surjan frentes estabilizados es tanto mayor cuanto menos desarrollados estén los principales medios ofensivos terrestres: los carros de combate y la artillería”.

Y es que la experiencia de la Guerra Civil española obligaba a revisar algunas de las conclusiones apresuradas a las que algunos habían llegado tras la Guerra de Abisinia:

“La guerra de los italianos en Abisinia subrayó el fácil triunfo de la artillería y de los carros sobre la defensa. Sin embargo, esto se debió a la pobreza técnica de Abisinia, y en particular al insignificante número de ametralladoras y de piezas contracarro. La guerra en España, por el contrario, enfatiza la importancia y el poder de las armas defensivas. La artillería y los carros apenas tienen tiempo para acumular fuerzas suficientes para imponerse sobre las ametralladoras y las armas contracarro”.

A primera vista, puede haber para ello dos razones importantes:

  • Cuando Tujachevski escribe su artículo el Ejército Popular había librado (desde su formación en octubre de 1936) tres grandes batallas: la de Madrid (noviembre de 1936), la del Jarama (febrero de 1937) y la de Guadalajara (marzo de 1937). En los tres casos, el Ejército Popular había conseguido detener acciones ofensivas de los nacionales. Y como resultado de esta serie de batallas el frente se había estabilizado. Tujachevski podía estar impresionado por los éxitos defensivos del Ejército Popular, obtenidos en parte (al menos, desde su punto de vista) gracias a la asistencia soviética-
  • El grupo militar opuesto a Tujachevski creía dogmáticamente que el Ejército Rojo, por su propia naturaleza, era esencialmente ofensivo. Como Tujachevski comentaba irónicamente, “los partidarios de esta teoría vieron en el nuevo hombre, en el obrero y en el koljoziano soviéticos, todo lo necesario y suficiente para conducir una guerra de maniobra (…). Había compañeros que (…) sostenían que para la preparación de un ataque el Ejército Rojo podía utilizar menos proyectiles de artillería que un ejército capitalista, explicándolo por la superioridad moral del Ejército Rojo”. Por el contrario, Tujachevski entendía que los medios influían de manera decisiva en la posibilidad de utilizar acciones ofensivas o defensivas y que no se podía determinar de antemano cuál de estas formas de acción era más fuerte[6].

En cualquier caso, la postura de Tujachevski es bastante matizada. No está en principio en contra de la ofensiva, sino únicamente del tipo irracional de ofensiva que los dogmáticos del alto mando del Ejército Rojo defendían. Si aceptaba la posibilidad de que pudieran repetirse en el futuro guerras posicionales, como la Primera Guerra Mundial, no es porque ese tipo de guerra fuera inevitable, sino porque podían no se haberse creado las condiciones necesarias para desarrollar acciones ofensivas con efectividad:

“Sería erróneo creer que una guerra posicional es necesaria e inevitable. El periodo posicional de la guerra imperialista se explica no por su inevitabilidad, sino por el hecho de que las partes combatientes no estaban equipadas con los medios de supresión imprescindibles, empezando por la artillería, así como por los enormes errores cometidos durante la preparación para la guerra por parte de todos los participantes. Del mismo modo, en una guerra futura los frentes estáticos son por completo posibles si se subestiman los recursos de las defensas modernas, si no se crean medios ofensivos de entidad suficiente y si las tropas no están suficientemente instruidas en el difícil arte del combate ofensivo moderno”. 

 

La oficialidad anterior y el nuevo ejército

Uno de los problemas con los que tuvo que enfrentarse el Ejército Popular fue el de la escasez de cuadros de mando cualificados. Es cierto que en sus filas quedó un número muy importante de los oficiales (y suboficiales) del Ejército de la República, pero también que por diversos motivos (fundamentalmente, por falta de confianza en su lealtad) una parte sustancial de ellos no llegó a contribuir de manera efectiva al esfuerzo de guerra.

No sabemos con detalle cómo vio Tujachevski el problema de los cuadros del naciente Ejército Popular de la república e incluso parece probable que no llegara a ocuparse en absoluto de este tema. Sí conocemos, en cambio, cómo planteó durante la Guerra Civil rusa el problema de la incorporación al Ejército Rojo de oficiales del antiguo ejército zarista. En un informe escrito en 1919 a petición de Lenin[7] decía:

“Es común entre nosotros creer que los generales y oficiales del antiguo ejército no solo son (…) especialistas, sino también expertos en asuntos militares. Por lo tanto, el deseo de crear el Ejército Rojo como un ejército regular (…) hizo que fuera necesario hacer uso de antiguos oficiales en los principales puestos de mando. Esta postura sería completamente correcta si los antiguos oficiales rusos hubieran estado a la altura de sus obligaciones y fueran de verdad expertos”.

“En realidad, el cuerpo de oficiales del antiguo ejército nunca tuvo ninguna de estas dos cualidades. En su mayor parte, consistía en individuos que recibían una educación militar limitada, completamente obtusos y carentes de cualquier iniciativa (…). Solo en el Estado Mayor General y en los Estados Mayores de las Grandes Unidades los antiguos oficiales son preferibles a los recién incorporados”.

Por lo expuesto, consideraba más oportuno confiar en otro tipo de oficiales, más jóvenes y políticamente más comprometidos (con las ideas de la revolución):

“Nuestros antiguos oficiales, completamente ajenos a los fundamentos del marxismo, no pueden ni quieren comprender la lucha de clases y la necesidad e inevitabilidad de la dictadura del proletariado (…). La promoción de cuadros de mando comunistas es un gran paso adelante (…). Entre los comisarios militares y los mandos subalternos hay muchos oficiales dignos de asumir puestos de responsabilidad. Solo tenemos que crear un amplio espacio para su ascenso y designar a comisarios para puestos de mando, dando a algunos de ellos un corta formación teórica”.

Estas ideas parecen haber sido bastante populares en los cuadros de mando soviéticos a mediados de los años treinta y, en particular, entre aquellos que desde sus puestos de consejeros militares influyeron en la organización del Ejército Popular de la república. Veamos, por ejemplo, qué decía el futuro Almirante Kuznetsov (principal consejero naval en 1936) sobre los mandos de la Armada republicana con los que tuvo que colaborar:

“Los oficiales que permanecieron fieles a la república no eran capaces de resolver de una manera nueva, revolucionaria, los problemas que surgían (…). Por otra parte, los oficiales españoles, habituados a una vida tranquila y ociosa, no deseaban alterar sus costumbres ni siquiera en un momento tan trágico para la república”.

Por el contrario, su impresión sobre los nuevos cuadros era mucho mejor:

“Los jefes promovidos durante la guerra de entre los marineros y suboficiales no se parecían a los antiguos oficiales y jefes. Odiaban sinceramente a los fascistas y estaban plenamente decididos a sostener la república. Estaban por completo a la altura de sus nuevas responsabilidades, ya que eran los que cargaban sobre sus hombros en tiempo de paz con el peso principal del servicio en la flota”[8].

José-Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencias Políticas


[1] Cuando empieza la Guerra Civil española había ya en el alto mando militar soviético dos grupos irreconciliablemente enfrentados y ambos buscaban el apoyo de Stalin. Uno de ellos, el encabezado por Tujachevski, reunía a un buen número de jefes brillantes e innovadores. El segundo, en torno a Voroshilov, era más politizado y dogmático, aunque contaba también con algunos militares profesionales prestigiosos, como Shaposhnikov o Egorov. Esta dualidad de enfoques, así como la ambigüedad de Stalin (que se mantiene hasta la primavera de 1937), pueden haber influido en la forma esquizofrénica en que la URSS estructuró su apoyo militar al gobierno de la República española. Cuestión ya abordada en un post anterior: PALACIOS, José-Miguel (2018). Participación militar soviética en la Guerra Civil española. GESI (Grupo de Estudios en Seguridad Internacional), Blog de José-Miguel Palacios, 29 mayo 2018. http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/print/1423 (acceso: 29.05.2018).

[2] TUJACHEVSKI, Mijaíl Nikoláievich (1937). “О новом Полевом уставе РККА” (Sobre el nuevo Reglamento de Campaña del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos). Krásnaia Zvezdá, 06.05.1937. Según la versión publicada en las Obras Escogidas (Избранные произведения) de Tujachevski por la editorial Voienizdat (Moscú) en 1964. Tomo II, pp. 245 y ss. http://militera.lib.ru/science/tuhachevsky/43.html (acceso: 30.06.2018).

[3] TUJACHEVSKI, Mijaíl Nikoláievich (1935). “Военные планы Гитлера” (Los planes militares de Hitler). Izvestia CK KPSS, 1990, n.º 1. Pp. 160-169. http://militera.lib.ru/science/tuhachevsky1/index.html (acceso: 01.07.2018).

[4] El libro citado es Heere von morgen. Ein Beitrag zur Frage der Heeresmotorisierung des Auslandes (El ejército del mañana. Una contribución a la cuestión de la motorización de los ejércitos extranjeros), que se publicó el mismo año 1935 en que Tujachevski escribía su artículo.

[5] GUERRERO MARTÍN, A. (2015). Análisis y trascendencia de la Colección Bibliográfica Militar (1928-1936). Tesis doctoral defendida en la Facultad de Geografía e Historia de la UNED. Pg. 179.

[6]     Esta preferencia apriorística por la ofensiva, fundada sobre una supuesta “superioridad moral” del bando propio, es algo que puede encontrarse también en otros ejércitos, como el francés antes de la I Guerra Mundial. Como señala Carlos Javier Frías, “los éxitos de Napoleón se atribuyen en gran parte a la superioridad de valores morales del soldado francés, que estaría naturalmente dotado para la ofensiva. Según este razonamiento, la renuncia de los franceses a la ofensiva en 1870 habría sido la principal causa de la derrota francesa, al desperdiciar los ‘dones naturales’ del soldado francés”. Ver FRÍAS, Carlos Javier (2018). La ofensiva y la defensiva antes de la Primera Guerra Mundial (primera parte). GESI (Grupo de Estudios en Seguridad Internacional), Blog de Carlos Javier Frías, 24 mayo 2018. http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/print/1407 (acceso: 01.07.2018).

[7] TUJACHEVSKI, Mijaíl Nikoláievich (1919). “Доклад, написанный по поручению В. И. Ленина, об использовании военных специалистов и выдвижении коммунистического командного состава (по опыту 5-й армии)” (Informe escrito a petición de V.I. Lenin sobre la utilización de especialistas militares y la promoción de cuadros de mando comunistas – según la experiencia del 5º Ejército-). Según la versión publicada en las Obras Escogidas (Избранные произведения) de Tujachevski por la editorial Voienizdat (Moscú) en 1964. Tomo I, pp. 27-30. http://militera.lib.ru/science/tuhachevsky/01.html (acceso: 01.07.2018).

[8] KUZNETSOV, Nikolai Gerasimovich (1989). Накануне (En vísperas). Moscú: Voienizdat. Pp. 144-145.