Trump, ¿hacia una política revisionista?

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Blog Mosaico

La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos está haciendo correr ríos de tinta tratando de esclarecer si llevará a cabo sus promesas de campaña y si acometerá una profunda revisión de la estrategia americana en política internacional y defensa.

Hasta que el presidente electo comience su andadura en enero, y podamos al menos observar sus movimientos durante los famosos primeros 100 días de legislatura, poco podemos prever o asegurar sobre esta cuestión. Trump se ha mostrado muchas veces contradictorio en sus declaraciones, cuestionando el reparto de cargas en la OTAN, pero a su vez asegurando que redoblará sus esfuerzos para acabar con los terroristas del Estado Islámico. La incertidumbre rodea el futuro de la proyección exterior de los Estados Unidos desde la elección del millonario.

Si por un momento nos olvidamos de las peculiaridades de Trump como candidato alejado del establishment y de sus propuestas políticas más controvertidas, y nos centramos en su lugar en el cambio en el poder desde los demócratas a los republicanos, podremos quizás elaborar un esbozo sobre el futuro.

En primer lugar, no debemos olvidar que Trump se ha presentado por el Partido Republicano, que la Cámara de Representantes y el Senado están en poder de éstos y que se viene mostrando conciliador con importantes figuras del partido que lo criticaron en campaña. Todo esto puede darnos algunos indicios de que, en las cuestiones de política exterior, puede seguir la línea tradicional.

Al contrario de lo que solemos creer, los republicanos han sido tradicionalmente mucho menos intervencionistas y siempre se han mostrado más cautos y reticentes a hacer movimientos internacionales muy amplios. Podemos citar el caso de Nixon y la retirada de Vietnam o el de Reagan, que a pesar de toda la retórica del final de la Guerra Fría, sólo intervino directamente en la pequeña isla de Granada.

Por otro lado, a los demócratas se debe la escalada en Vietnam con Kennedy y Johnson, o más recientemente con Clinton, las intervenciones sobre la antigua Yugoslavia. En cambio, la asociación es a la inversa, en gran medida debido a la reciente trayectoria de los Bush y a las guerras de Irak y Afganistán. Pero hemos de tener en cuenta que éstos presidentes se encontraron frente a tesituras muy complicadas y especiales que demandaban alguna clase de intervención, como fueron la invasión de Kuwait o los atentados del 11S.

Así, si bien parece probable un cierto repliegue estratégico o un menor intervencionismo por parte de los Estados Unidos, tampoco parece que se vayan a poner en cuestión las grandes cuestiones y la Alianza Atlántica. Sí es de esperar, en cambio, alguna clase de revisión de las condiciones y la financiación de esta alianza así como de los grandes proyectos internacionales de su predecesor, como pueden ser el TTIP y TTP.

En cualquier caso, los países pertenecientes a las alianzas estratégicas con Estados Unidos deben empezar a ser más conscientes de su necesidad de defensa y comenzar a trabajar para ser más asertivos en el mundo y depender menos de unos Estados Unidos que, parece, irán retirándose progresivamente. En Asia, Japón e India, van por ese camino, con políticas de defensa renovadas y liderazgos firmes pero moderados como los de Shinzo Abe y Nerandra Modi. En cambio, en Europa, a pesar de encontrarnos rodeados de amenazas y siendo atacados directamente por el terrorismo yihadista nos vemos en plena situación de crisis existencial, sin liderazgos fuertes y sin unidad. El cambio en los planteamientos americanos puede suponer una oportunidad para asumir el reto y tratar de revertir la actual situación o en cambio un agravante más a la crisis europea. 

Eliseo Fernández Fernández, Politólogo y analista de Seguridad y Defensa