Terrorismo 2050

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Análisis GESI, 2/2018

Resumen: Este artículo se basa en el análisis de la información aportada por prestigiosos estudios multidisciplinares en relación al futuro más próximo. No tiene más vocación que entreabrir la puerta a la reflexión ya que, a menudo, la membrana de la inmediatez que nos rodea dificulta realizar una parada sosegada e introspectiva en el camino.

La reflexión ha de permitir contestar a la siguiente pregunta: ¿Existirá el Terrorismo en el año 2050? El planteamiento de seis probables escenarios vinculados a factores tan diversos como los avances en la biomedicina, la automatización, el transhumanismo, las tecnorreligiones, el cambio climático y las drogas quizá permitan especular con la respuesta.

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Introducción

Cuando Roy Batty –el Replicante de la película Blade Runner– salva al agente Rick Deckard de precipitarse al vacío y de una muerte segura, nos obsequia con una interesante reflexión. Consciente que su vida como máquina está llegando a su fin delibera ante el vulnerable Deckard con una de las frases más icónicas del cine de ciencia-ficción: “Yo…he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-c resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser. Todos esos… momentos se perderán… en el tiempo. Como… lágrimas…en la lluvia. Es hora…de morir”.

Fotograma de la película Blade Runner

El soliloquio de Roy Batty es una mezcla de resignación, trascendencia y anhelo vital. El hombre actual, en cierto modo, transita por un instante histórico en el que se plantea reflexiones similares a las del Replicante. Se resigna momentáneamente ante la muerte, pero consciente de su trascendencia vital pretende, mediante la ciencia y la tecnología, vencerla.

Por el momento, si esta vida no es suficiente para poder posturear existen redes sociales que podrían hacerlo tras la muerte.“Cuando tu corazón pare de latir, tú seguirás tuiteando” es el eslogan que saludaba a los visitantes de la página web de LivesOn, un servicio que, mediante el análisis de anteriores tuits, gustos, sintaxis y aficiones, se comprometía a tuitear por el usuario finado añadiendo un “toque” personal. Afortunadamente LivesOn o DeadSpace no parecen haber tenido demasiado éxito en su pretensión de interrumpir el descanso eterno y si, nadie lo remedia, continuaremos sin Wifi en el más allá…

Este documento no tiene como objeto de estudio el anhelo vital del hombre sino que intenta vislumbrar un espejismo borroso, incierto que apenas podemos aventurar al estar vinculado a variables sociopolíticas en un horizonte lejano: la evolución del terrorismo a medio plazo. El punto de partida, además, es precario porque la consulta de fuentes documentales indica que los estudios de terrorismo son eminentemente retrospectivos, descriptivos o prospectivos a corto plazo. La producción académica de investigaciones que aborden el terrorismo a medio plazo es más bien escasa. Las razones, en términos de seguridad, de la escasez de investigaciones a medio plazo son obvias y están relacionadas con la necesidad de respuestas ante la certidumbre de amenazas como la yihadista, el ciberterrorismo o el crimen organizado. El pensamiento práctico, así como la inmediatez y la certeza de dichas amenazas, nos ancla en el presente y requiere de respuestas tangibles para los decisores políticos. Pero los fenómenos dinámicos vinculados al terrorismo mutan con la sociedad y, no siempre, se pueden fundamentar en función de datos o experiencias anteriores.

El horizonte 2050 es tan sólo una propuesta temporal numéricamente bella porque ya hoy experimentamos el preámbulo de lo que nos depara el futuro. El punto de partida propuesto es el análisis de diferentes modelos sobre economía, climatología, demografía, política o tecnología analizados, entre otras, en fuentes documentales como:

  • El Informe“Global Strategic Trends-Out to 2040” del Ministerio de Defensa del Reino Unido.
  • La Estrategia de Seguridad Nacional 2017 elaborada por el Consejo de Seguridad Nacional del Gobierno de España.
  • El Informe “España en el mundo 2033” del PwC; Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE.
  • Informe de RAND “Europe’s Societal Challenges An analysis of global societal trends to 2030 and their impact on the EU”.
  • El Documento “Tendencias que afectarán a las Fuerzas Armadas 2050” del IEEE.
  • La Revista “European Journal of Futures Research”.

La imaginación, la honestidad intelectual y la intuición en la fusión lógica y racional de datos serán los instrumentos de apoyo de este documento. Imaginemos entonces las siguientes preguntas: ¿Existirá el Terrorismo en el año 2050? ¿Existirá como un fenómeno asociado a la violencia política o evolucionará hacia otras dimensiones? ¿Afectará el cambio climático a la seguridad internacional? ¿Cuales serán las nuevas tecnorreligiones? ¿La brecha biológica entre humanos fomentará el surgimiento de nuevas ideologías radicales?

Contestar a estas preguntas sin matices sería un pretencioso ejercicio de imprudencia y arrogancia a partes iguales. ¿Si apenas somos capaces de ponernos de acuerdo para explicar el pasado –o incluso el presente– cómo vamos a ser capaces de proyectarnos tan lejos o tan cerca (según se mire)?

El artículo no pretende ser un ejercicio de tecnolatría o de tecnofobia, pero tampoco es equidistante ya que plantea la necesidad de una reflexión sobre el hipotético momento denominado “explosión de inteligencia”, “aceleración tecnológica” o “singularidad”[1] en el que la humanidad estará –más si cabe– comprometida. Durante los próximos años, los sistemas de Inteligencia Artificial (IA) serán gradualmente más capaces y sus aplicaciones más cotidianas. Se utilizarán para conducir trenes y coches o para mejorar la eficiencia de robots militares, industriales o domésticos. En muchos casos la tecnología cumplirá con creces las expectativas depositadas, pero quizá en algún supuesto puede plantear “giros traicioneros”[2].

Aquellos escenarios en los que alguna IA consiga una ventaja estratégica decisiva deberá ser contemplada, en términos de seguridad, con preocupación. La reflexión propuesta no se fundamenta en el alarmismo o en demonizar los avances tecnológicos, pero tampoco en una postura ingenua ante la enorme responsabilidad que asoma. El artículo no arguye en favor de un “mejor” o de un “peor” mañana, sino que trata de coordinar tendencias dentro de una concepción de mayor alcance, y hacerlo tan objetivamente como pueda. La incertidumbre es recurrente a lo largo de todo el análisis con construcciones adverbiales y verbales como: “probablemente”, “podría” o “quizá”.

La escasez de documentos académicos sobre la evolución del terrorismo a medio o largo plazo es una dificultad añadida que se sustituye con el planteamiento de seis probables escenarios asociados a la seguridad que pueden interaccionar entre sí. El objetivo de los escenarios sugeridos es presentar posibles visiones alternativas del futuro, desafiar las suposiciones heredadas y fomentar una reflexión abierta sobre los desafíos y oportunidades que se avecinan. Dicho planteamiento se basará en la identificación de drivers[3] que argumentarán la probabilidad de los escenarios propuestos (JORDÁN, 2017);(NAVARRO Y VILLAVERDE, 2014). Podrían plantearse muchos otros como la influencia del ciberterrorismo, de las acciones híbridas o el uso de sistemas robóticos y autónomos con fines terroristas, pero probablemente ya no hablaríamos estrictamente de futuro (MARTÍN IBAÑEZ, 2017,p. 102).

Las seis tendencias[4] que vertebran la evolución del terrorismo y los escenarios planteados son las siguientes:

1. La evolución tecnológica en biomedicina.

2. El surgimiento de nuevas ideologías.

3. El cambio climático.

4. El desempleo estructural asociado a la automatización.

5. La ociosidad de los excluídos.

6. El crecimiento de las ciudades.

En términos de seguridad se proponen tres tendencias asociadas al terrorismo:

I. El terrorismo continuará existiendo durante las próximas décadas como un instrumento de subversión, coacción y de desestabilización sociopolítica.

II. El crecimiento de la influencia sistémica del terrorismo y de otros Grupos Armados no Estatales tendrá una relación directa con el advenimiento de una amplia variedad de tecnologías transformadoras. Actualmente muchos grupos terroristas utilizantecnologías –drones de reconocimiento, comunicaciones encriptadas, dispositivos de visión nocturna, balizas con GPS, etcétera– que aumentan significativamente sus capacidades operativas y que, hace apenas dos décadas, no estaban a su alcance.

III. La simbiosis entre el crimen organizado[5] y el terrorismo será cada vez mayor y la linea que separa los dos fenómenos será cada vez más tenue. De hecho, organizaciones que se consideraban terroristas se han transformado en organizaciones criminales transnacionales con ánimo de lucro y que persiguen determinados objetivos políticos (WANG, 2010).

En el contexto de la seguridad internacional, el nexo de estos tres vectores es preocupante, porque se teme que tanto el terrorismo como el crimen organizado adopten tecnologías emergentes para aumentar la amenaza que representan (ACKERMAN, 2016). La Estrategia de Seguridad Nacional 2017, marco de referencia para la política de seguridad en España, plantea explícitamente como la tecnología y la conectividad acentúan las vulnerabilidades colectivas y pueden operar como plataformas de confrontación, amplificando tensiones existentes en el futuro. Cada vez con más frecuencia se desencadenan crisis de variada naturaleza (sociales, políticas, climáticas o tecnológicas) y se han convertido en casi una constante de esta era (ESN, 2017). Los drivers asociados a las seis tendencias generales propuestas y a la evolución del terrorismo son los siguientes:

Tendencias y drivers asociados al terrorismo. Fuente: Elaboración propia

 

Primer escenario probable: La brecha biológica y la cultura del descarte

Diséñate a ti mismo

La Universidad Politécnica Federal de Zurich acogió en octubre de 2016 las primeras Cybathlon donde competían hombres y mujeres con implantes o prótesis biónicas que mejoraban su capacidad física o sensorial. Este evento, que incluía carreras de exoesqueletos utilizados por personas con lesiones medulares o el control de computadoras con la mente, se puede considerar como las primeras Olimpiadas Cyborg de la historia. De hecho, ya existen asociaciones para cyborgs como la CYBORG FOUNDATION que en su mensaje de bienvenida expone su ideario:“Diséñate a ti mismo”. Algunas personas utilizan estos avances cotidianamente, pero para otras es una ideología y para una minoría una religión. Llegará, por tanto, un tiempo no muy lejano en el que la tecnología aplicada a la medicina mejorará las capacidades del cuerpo humano más allá de la curación. Los avances serán múltiples: nanorobots circulando libremente por nuestro organismo a la búsqueda de lesiones tisulares, brazos biónicos osteointegrados en el nervio, exoesqueletos que favorezcan la estabilidad de personas con lesiones neurológicas, interfaces cerebro-ordenador que potencien la capacidad sensorial, o marcapasos con minihélices integradas alimentadas por el flujo del torrente sanguíneo. Estos avances, entre otros, permitirán aumentar la esperanza y calidad de vida de millones de personas a corto plazo (HARARI, 2016). La población occidental, en términos generales, será vieja y, si bien los avances en la tecnología médica favorecerán vidas más largas y saludables, aumentará el riesgo de que un mayor número de individuos contraigan enfermedades degenerativas. Eventualmente, el cambio demográfico en Europa podría provocar la aparición de conflictos intergeneracionales debido a las cambiantes estructuras de población (RAND, 2013).

                                                                                

Citius, altius, fortius[6]

El futuro acceso a los grandes avances en biomedicina podría también comportar una suerte de “efecto darwiniano” denominado brecha biológica que operaría como un driver de la evolución tecnológica. La brecha biológica podría favorecer la “supervivencia del más apto” y la creación de una casta social mejorada respecto a otros seres humanos. Por un lado, las élites con capacidad económica para acceder a dicha tecnología de mejora biológica y por otro los estratos sociales sin capacidad para acceder a ella. La democratización de dicha medicina mejorativa podría solucionar esta brecha. De hecho, durante el siglo XX muchos adelantos médicos –como el uso de vacunas o antibióticos– empezaron a utilizarse en las clases altas, pero al final beneficiaron a toda la población contribuyendo a reducir y no a ampliar las brechas sociales.

Pero: ¿Y si en el año 2050 no fuese así? En el siglo XXI, además de la empresa humanitaria inherente a la medicina, algunos sectores de la investigación médica también aspiran a mejorar a los sanos. Disfrutar de una inteligencia superior, de capacidades físicas exuberantes, de una memoria prodigiosa, percibir infrarrojos o la telepatía pueden ser un anhelo para determinados sectores de la sociedad. La brecha biológica plantearía un escenario en el que millones de personas reclamarían el acceso a la tecnología para sanar a sus seres queridos y gozar de un mayor bienestar físico y psicológico. La reivindicación podría ser estrictamente socio-política, pero también podría derivar en opciones radicales que, mediante el uso de la disidencia o la subversión, coaccionasen a los gobiernos, corporaciones internacionales y a la opinión pública para evitar la brecha biológica y defender la universalidad de los avances médicos. La inaccesibilidad de una gran parte de la sociedad a dichos avances podría favorecer la aparición de una nueva criminalidad ligada a la brecha biológica como por ejemplo: la aparición de mercados negros, la cirugía clandestina, el tráfico de implantes biológicos y/o de órganos o la existencia de biohackers que podrían piratear dispositivos biónicos.

 

Terrorismo vigilante

Pero el status quo descrito en este escenario debería preservarse. Un Estado totalitario, en sinergía con las corporaciones multinacionales receptoras de los rendimientos económicos provenientes de las elites biológicas, podría utilizar métodos de selección de la motivación para consolidar el poder y asegurarse de que sus policías, servicios de inteligencia y militares fuesen leales de manera uniforme:

“Los perfiles guardados de una emulación cerebral[7] verificada se podrían copiar miles de millones de veces para conformar ideológicamente de manera uniforme a una fuerza militar, burocrática y policial […] Esto podría ser utilizado para imponer una constitución democrática liberal, o para crear un atroz y permanente totalitarismo.”(SHULMAN, 2010)

La brecha biológica podría favorecer políticas discriminatorias en favor de determinadas élites sociales o corporaciones empresariales o, en el peor de los escenarios, de regulación de excedente y de lo que el Papa Francisco denomina la “cultura del descarte”[8]. El terrorismo vigilante podría incentivar la aparición de una insurgencia por la supervivencia en zonas social y económicamente deprimidas.

 

Segundo escenario probable: El nuevo opio del pueblo

La brecha biológica descrita en el primero de los escenarios favorecería la consolidación de ideologías socio-políticas vinculadas al transhumanismo y al bioconservadurismo que podrían confrontarse en el futuro y gestar violencia política.

  • El transhumanismo es una ideología que exacerba el progreso tecnológico y pretende que la especie humana mejore, aumentando su capacidad física y cognitiva, pero no de una forma natural, como lo hace la evolución biológica, sino integrando –entre otras tecnologías emergentes–la nanotecnología, robótica, biotecnología o laIA. La finalidad del transhumanismo es eliminar los aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana como: el padecimiento, la enfermedad, el envejecimiento e, incluso, la muerte (CORTINA Y SERRA, 2015).La normalización de la tecnología cyborg en el 2050 podría favorecer la creación de un sentimiento de pertenencia a una subcultura en todas sus dimensiones. 
  • El bioconservadurismo, sin embargo, equivaldría a una opción ideológica beligerante e incluso hostil con el optimismo tecnológico y el transhumanismo. El descontento por las instituciones políticas y las élites, y el aumento de la población inmigrante en algunos países, generará un terreno fértil para el discurso populista y el auge de partidos de extrema izquierda y extrema derecha (NATIONAL INTELLIGENCE COUNCIL,  2017).

 

Los discípulos de Unabomber

Actualmente los partidos transhumanistas son marginales, pero en un futuro la dualidad clásica entre la derecha y la izquierda puede transformarse progresivamente en una oposición política e ideológica entre los bioconservadores (derecha) y los transhumanistas (izquierda) (ALEXANDRE, 2011).

El umbral del año 2050 podría comportar controversia política, un mayor activismo y polarización social pero también la aparición de ideologías radicales en ambos espectros políticos que podrían optar por la violencia para imponer su ideario. Ted Kaczynsky, alias “Unabomber” envió entre los años 1978 a 1995 dieciséis bombas a diferentes objetivos asesinando a tres personas e hiriendo a veintitrés para protestar contra el desarrollo tecnológico de la humanidad. En su manifiesto neoludita[9] titulado “La sociedad industrial y su futuro”, difundido en el año 1995, Kaczynsky realiza la siguiente reflexión: “si piensas que un gran gobierno interfiere ahora demasiado en tu vida, simplemente espera hasta que empiece a regular la constitución genética de tus hijos”.

Actualmente, un movimiento anarco-insurreccionalista primitivista denominado “Individualidades tendiendo a lo salvaje” (ITS) ha perpetrado diferentes acciones violentas mediante la utilización de explosivos contra empresas y el asesinato de expertos en nanotecnología, química o biotecnología. El 29 de junio de 2016, ITS-México reivindicó el asesinato de un trabajador de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México. El comunicado describe la beligerancia contra el concepto de un “mejor mañana” asociado al progreso y a la tecnología:

¨Nosotros NO creemos en un “mejor mañana”, no somos “revolucionarios” ni nos identificamos con sus ideologías recicladas, somos individualistas-terroristas con objetivos egóicos[10], políticamente incorrectos, amorales e indiscriminados […]  Ejecutamos a este hombre para demostrar que NO sentimos respeto por la vida de los híper-civilizados universitarios ni de ningún otro, que DESPRECIAMOS sus rutinas, sus normas y su moral, que RECHAZAMOS la igualdad, el progreso humano, la tolerancia, la ciencia, el colectivismo, el cristianismo, el pacifismo, la modernidad y demás cagadas que huelan a domesticación civilizada.” Comunicado de las ITS 2016

La aparición de individuos o grupos terroristas vinculados al bioconservadurismo o el resurgimiento de neoluditas podría comportar la identificación como potenciales objetivos de científicos, mecenas filantrópicos, líderes transhumanistas o corporaciones tecnológicas. El otro extremo del espectro terrorista lo integrarían grupos o movimientos violentos vinculados a una ideología radical escindida del transhumanismo que podrían establecer como objetivos a líderes bioconservadores mediante la perpetración de sofisticados atentados con armas letales autónomas como: nanorobots, microdrones o killer robots a modo de firma táctica.

 

Diógenes y los datos

La evolución biológica del ser humano favorecerá el surgimiento de una nueva espiritualidad que cuestione el planteamiento doctrinal de las “religiones clásicas” como: el judaísmo, el cristianismo o el islam. Es improbable que las nuevas religiones surjan en las cuevas de Afganistán o en las madrasas de Oriente Medio. Es mucho más probable que surjan en un laboratorio de investigación de alguna corporación empresarial con la promesa, en la Tierra y con el advenimiento de la tecnología, de antiguas recompensas de felicidad, paz, prosperidad y vida eterna (HARARI, 2016).

El tecnohumanismo[11] –el evangelio de la innovación– y el dataísmo[12] –la religión de los datos– son las dos corrientes pseudorreligiosas que alimentarán el alma de millones de acólitos durante las próximas décadas (DUBRAVAC, 2015). Posiblemente el siglo XX ha sido el de la propiedad y el siglo XXI será el siglo del uso. Pero: ¿Del uso de qué? Pues del uso de los datos para acumular y procesar más información. Google, Facebook y sus followers de Silicon Valley operan con la premisa de que no hay límites para el número de datos que pueden producirse, recopilarse, comercializarse y compartirse. De hecho, la conectividad no solo es un medio de explotación de datos, es también de dominación (MOZOROV, 2017). La sociedad líquida de Zygmunt Bauman puede convertirse en una sociedad gaseosa en la que prime la explosión de datos (LAPUENTE, 2016).

El dataísta, por ejemplo, deberá cumplir con las exigencias de su tecnorreligión maximizando el flujo de datos mediante la conexión al mayor número de dispositivos, plataformas o recursos. Pero además deberá realizar proselitismo y conectar todo el flujo de nuevos datos al sistema incluyendo a los herejes que rechacen ser conectados. El bloqueo en el flujo de datos será el mayor de los pecados capitales del dataísmo. Internet de Todas las Cosas será el credo del dataísta y la privacidad, autonomía o individualidad son tentaciones que les alejan del objetivo final: el acceso y acumulación de más datos cual Diógenes.

En el pasado la censura implicaba el bloqueo a la información. En el futuro, la verdad quizá sea una anécdota.  Existirá una abundancia de información que, si no va acompañada de las habilidades necesarias para convertirla en conocimiento, aumentará el riesgo de trivializar debates importantes y será un terreno fértil para la manipulación[13]. En el año 2050, la censura quizá funcione con la difusión de cantidades ingentes de datos irrelevantes que diversifiquen la atención, a modo de “nuevo opio del pueblo”, hacia la nimiedad.

El auge de estas tecnorreligiones frente al estancamiento de las religiones tradicionales puede ser un driver de riesgo atendiendo a la oposición existente entre las religiones “oficiales” y la nueva dimensión humana. Las creencias más radicales se enfrentarían frontalmente contra esta nueva dimensión espiritual que cuestionaría el dogma de las religiones milenarias que propugnan el límite del hombre y la omnipotencia de Dios. Al igual que muchos musulmanes y judíos rechazan la comida preparada de maneras prohibidas que clasifican como haram o taref, por las mismas convicciones podría haber grupos que evitaran los productos cuya fabricación hubiera implicado el uso no autorizado de IA (BOSTROM, 2016).

El extremismo ultracatólico o la evolución del yihadismo podrían establecer como objetivos potenciales a personas, corporaciones y asociaciones representantes de dichas tecnorreligiones por identificarlos con infieles o herejes que cuestionan la voluntad de Dios.

 

Tercer escenario probable: Clima de violencia

El tercer escenario que plantea “Terrorismo 2050” se relaciona con el cambio climático y la escasez de recursos básicos que favorecerá el conflicto y la fragilidad socio-política. El cambio climático influirá, según los expertos, de diferentes formas:

  • La fragilidad de los ecosistemas dificultará la seguridad alimentaria y el acceso de millones de personas al agua: La escasez del agua –por el control de los recursos hídricos y la calidad de la misma– hará crecer la demanda y la competencia probablemente aumentará la presión sobre las estructuras de gobierno existentes aumentando la inestabilidad política.
  • Precios y provisión de alimentos volátiles: a menos agua, menos cultivos y a menos cultivos, precios más elevados. Es muy probable que el cambio climático interrumpa la producción de alimentos en muchas regiones, aumente los precios y la volatilidad del mercado, y aumente el riesgo de protestas, disturbios y conflictos sociales (JORDÁN, 2017).
  • El nivel del mar aumentará: se producirán inundaciones severas en zonas densamente pobladas que provocarán la degradación costera amenazando la viabilidad de las zonas bajas incluso antes de que estén sumergidas, lo que provocará desplazamientos y migraciones.
  • El clima será más extremo: la temperatura media en la Tierra seguirá ascendiendo y se  incrementarán la olas de calor, sequías, incendios, huracanes y tornados. La ausencia de precipitaciones disminuirá la calidad del aire y en las grandes ciudades las boinas de contaminación se perpetuarán favoreciendo las afecciones respiratorias.
  • El deterioro general de la calidad del medio ambiente, a través de la contaminación del aire, la pérdida de la biodiversidad y la degradación de los hábitats naturales afectarán la calidad de vida de las personas y provocará movimientos migratorios de gran calado en busca de una mayor seguridad ambiental.

 

De Nigeria a Guatemala

Y nos podemos preguntar: ¿Qué vinculación puede existir entre el cambio climático y el terrorismo en el 2050? Quizá con dos ejemplos se visualice de una forma más clara:

La cuenca del Lago Chad en África es actualmente el ecosistema vital de aproximadamente 38 millones de personas de diversos orígenes étnicos. Los índices de desarrollo humano de esta región africana se encuentran entre los más bajos del mundo y la estructura de edad juvenil –casi el 50% de los nigerianos tienen menos de 15 años– intensifican las presiones demográficas (CIA 2015). El Sahel es la región del mundo con el descenso más sustancial y sostenido de las precipitaciones registradas y se espera que las condiciones climáticas se deterioren aún más en el futuro (IPCC 2014). El cambio climático alrededor del lago Chad contribuye a la escasez de recursos que aumenta la competencia local por la tierra y el agua. A medida que el cambio climático degrade los rendimientos de la agricultura, la cría de ganado y las pesquerías, muchas personas quedarán desempleadas. Millones de personas serán extremadamente vulnerables no solo al impacto climático negativo sino también al reclutamiento de grupos terroristas como ha aprovechado Boko Haram durante los últimos años (DARBY 2015).Si la reducción del Lago Chad continúa al ritmo actual podría desaparecer por completo en los próximos 20 años con las consecuencias sociopolíticas que dicho evento provocaría (VON DROSTE zu HÜLSHOFF y BRETIN 2015).

El cambio climático contribuirá a una mayor inestabilidad política y a la génesis de nuevos conflictos respecto a los recursos naturales y a la inseguridad de los medios de subsistencia. Los Grupos Armados no Estatales, aunque no son un fenómeno nuevo y no siempre están asociados al terrorismo, tendrán progresivamente un papel más importante (GARTENSTEIN-ROSS & ZENN, 2017). En el futuro evolucionarán como una hidra en forma de: milicias, grupos insurgentes, señores de la guerra, mercenarios, grupos paramilitares, cárteles, pandillas callejeras, organizaciones criminales y grupos terroristas profesionalizados vinculados a nuevas ideologías influenciadas por la fragilidad estatal, la escasez de recursos y el cambio climático. En algunas entornos frágiles con escasez de recursos los Grupos Armados no Estatales operarán “llenando el vacío” dejado por el estado al proporcionar servicios básicos para asegurar la confianza y el apoyo entre la población local.

Nuevos problemas = Nuevas agendas = Nuevos patrones de violencia

El segundo ejemplo describe la evolución de la amenaza híbrida entre el crimen organizado y el terrorismo que comportará el cambio climático:

Guatemala ya está bajo la influencia de variables como: la inseguridad alimentaria, el rápido crecimiento de la población, la alta exposición a desastres naturales, los altos niveles de violencia y las maras. La deforestación, la degradación de la tierra y la sobreexplotación del agua provocará que la población rural –acuciada por la pobreza– busque medios de vida ilícitos alternativos o coopere con las redes de tráfico de drogas (INSIGHT THE CRIME GUATEMALA 2015). Se espera el desplazamiento de miles de personas en el futuro, ejerciendo presión sobre las áreas urbanas aumentando la vulnerabilidad y exposición de los jóvenes al reclutamiento de las maras y el crimen organizado.

Los grupos de población afectados serán más vulnerables no solo a los impactos climáticos negativos sino también al reclutamiento por los Grupos Armados no Estatales que ofrecerán medios de vida alternativos e incentivos económicos. Los desafíos de seguridad que resulten de los conflictos por los recursos locales, la violencia a gran escala y la migración masiva serán particularmente fuertes donde la autoridad y la legitimidad del estado sean débiles, alimentando un círculo vicioso de fragilidad y violencia armada. Las tensiones sociales causadas por las migraciones y la percepción de una cultura global intrusiva serán más agudas entre aquellos que busquen mantener sus costumbres y creencias indígenas y tradicionales, y se sientan amenazados por los cambios. La marginación, como hoy, seguirá siendo uno de los vectores de la radicalización.

Por último, el clima de violencia estará influenciado por la variable más importante: la proyección demográfica del aumento de la población mundial hasta los más de 9.000 millones de personas en el año 2050…

 

Cuarto escenario probable: La máquina de clips

Imaginemos que construimos una máquina cuyo objetivo sea fabricar tantas piezas de alambre con forma de clip como pueda. Sabemos que la automatización de los procesos permite aumentar la eficiencia productiva con el objetivo de producir más gastando menos. Podríamos programar a nuestra máquina para que solo fabricara un millón de clips, pero quizá una vez alcanzada la cifra –recordar el concepto de giro traicionero– podría dedicarse obsesiva e implacablemente a mejorar su eficiencia productiva, consumiendo cada vez más y más recursos.En términos de eficiencia tecnológica su objetivo siempre estaría destinado a mejorar el último decimal de la medida de producción. La máquina fabricaría millones de clips las 24 horas del día, sin fatiga, sin enfermar y, por supuesto, sin reclamar la revisión del convenio laboral. Cuando nuestra máquina hubiese agotado la materia prima necesaria para realizar su tarea encontraría la forma más eficiente de transformar cualquier material sobre la faz de la Tierra –quién sabe si incluso carne humana– para continuar fabricando sus preciados clips (BOSTROM, 2016).

Este inquietante relato sirve para introducir que los temores sobre la automatización y la pérdida del empleo han sido recurrentes a lo largo de la historia. La preocupación por el desempleo tecnológico ha surgido periódicamente desde la Revolución Industrial en la que tejedores y artesanos ingleses se quedaron por el camino tras la introducción de los telares mecánicos. En los ochenta, Pittsburgh, denominada antaño “la ciudad del acero”, sufrió una enorme crisis económica que derivó, a su vez, en una crisis demográfica. La competencia extranjera, la automatización de la industria y la recesión nacional, la sumió en una profunda crisis que impactó contra toda una generación de trabajadores. Cuarenta años después, Pittsburgh ha resurgido y su fuente económica proviene de los servicios de salud, educación, tecnología y robótica. El renacimiento de Pittsburgh es un argumento histórico para constatar que la automatización de la industria, aunque a priori puede tener un impacto económico y demográfico negativo, es un estadio previo para el crecimiento de muchas ciudades. No obstante, los expertos también vaticinan que la implantación de nuevas tecnologías en la industria implicará la destrucción de millones de puestos de trabajo (PwC, 2014).

 

La arqueología: una profesión con futuro

Los beneficios, probablemente en el futuro también, no repercutan en la sociedad sino en los propietarios de los medios de producción: corporaciones multinacionales, fondos de inversión, élites que acumulen un alto porcentaje del capital y de los beneficios. A priori, se puede sugerir un escenario en el año 2050 de mayor polarización de la riqueza porque a medida que los algoritmos expulsen a los humanos del mercado laboral, la riqueza económica y tecnológica podría quedar concentrada en manos de una élite generando una desigualdad social y política sin precedentes. No obstante, la desaparición de cientos de profesiones también supondrá la creación de otras nuevas e inéditas como: el diseño de mundos virtuales, la evaluación de riesgos de Inteligencia Artificial, la agricultura vertical, la gestión de aeropuertos de drones, la recuperación de implantes biónicos o el litigio robótico…Ironías del destino: ¿Todas las profesiones estarán en riesgo? No, todas no. En el año 2050 un arqueólogo tendrá su ventana de mercado intacta porque la probabilidad de que los algoritmos informáticos desplacen su pericia para interpretar la historia es sólo del 0,7 por ciento (FREY y OSBORNE, 2016).

 

De robots y hombres

Algunas reflexiones más: ¿Qué producirán los robots y demás automatismos si la clase obrera sustituida y potencial consumidora no puede pagar sus productos al haber sido excluida? ¿La jornada laboral de un trabajador deberá reducirse drásticamente a una o dos horas? El dilema económico y social más importante del siglo XXI bien podría ser qué hacer con los millones de personas expulsadas del mercado laboral (RAND, 2013). Si a este escenario añadimos que los demógrafos proyectan que la población mundial se elevará a nueve mil millones aproximadamente en el año 2050 la clase media trabajadora tendrá el mayor excedente de la historia de la humanidad.

Fotograma de la película “Yo robot”

No parece difícil vaticinar como millones de personas podrían configurar una masa crítica, descontenta, frustrada y vulnerable de ser radicalizada por ideologías contrarias a la exclusión laboral y la sustitución de las personas frente a las maquinas. Un reciente estudio académico predice que en aquellos países en los que el riesgo de la automatización sea más alto el riesgo de agitación política también será más elevado[14]. El estudio concluye que en aquellas zonas en las que el proceso de automatización de empresas suponía un riesgo para el lugar de trabajo de miles de personas el voto fue capitalizado por la opción más populista (FREY, BERGER y CHINCHIH, 2017). No obstante, también podemos argumentar que dicha exclusión –aunque en menor escala– ya se experimentó en el siglo XVIII durante la Primera Revolución Industrial. Un período de transformaciones económicas y tecnológicas que cambiaron la sociedad a modo de una singularidad de la máquina del vapor. La transformación de una sociedad rural y agrícola en una sociedad urbana e industrial fue la mayor transformación de la humanidad desde el Neolítico.

El enunciado que “a mayor automatización mayor destrucción de puestos de trabajo y vulneración de derechos de la clase obrera” es un argumento que, revestido de cierta pátina revolucionaria, incentivaría la génesis de grupos vinculados a la extrema izquierda hostiles al capitalismo digital y defensores de la clase trabajadora a modo de revival de la tercera oleada terrorista de David C. Rapoport. La subversión o la disidencia socio-política serían las herramientas clásicas contra la automatización del trabajo y las empresas, corporaciones o líderes que favoreciesen la exclusión de la clase trabajadora.

Desde la perspectiva de la seguridad, el conflicto social que provocó la Primera Revolución Industrial fue eminentemente local y reprimido por el Estado. ¿Cual es la gran diferencia con el conflicto que podría generarse con la eliminación de millones de puestos de trabajo durante el siglo XXI? La diferencia será que la propia tecnología y el acceso a los datos amplificará globalmente el conflicto social. Las tecnologías asociadas con la sociabilidad virtual continuarán facilitando la organización y la difusión de protestas sociales que trasciendan las fronteras y desencadenen otras protestas con una velocidad cada vez mayor. El conocimiento de los eventos en el extranjero será constante y en tiempo real, brindando la oportunidad de que las respuestas violentas se orquesten a través de nuevas redes de comunicación difíciles de rastrear. El despido de miles de trabajadores en Atenas o el inicio de una campaña de disturbios en Sao Paulo podría tener su complicidad en Madrid, Seattle o París.

Las opciones más beligerantes y revolucionarias contra la automatización podrían tener sinergias con individuos o grupos terroristas vinculados al bioconservadurismo, neoludismo o anarco-primitivismo que podría comportar connivencia de objetivos propagandísticos y tácticos.

 

Quinto escenario probable:  Placebo para las masas

¿La prosperidad tecnológica podrá sostener social y económicamente a la masa “excluida”? ¿Cómo se mantendrán las masas dóciles en un entorno de desempleo estructural? La mayoría de los seres humanos en un entorno de exclusión laboral no tendrán capacidad de ahorro y, en muchos casos, sus ingresos se basarán en los subsidios estatales. A pesar de un entorno tecnológico avanzado y de la medicina mejorativa será difícil que tengan acceso a él miles de millones de personas. Una solución propuesta por algunos expertos sería el uso de drogas y de entretenimientos virtuales. Las personas “excluidas” se sumergirán en mundos virtuales que les proporcionarán la dosis de placebo necesaria para sobrevivir a la gris cotidianidad. El consumo de drogas de metabolismo lento –depresoras– sería más habitual que el consumo de drogas estimulantes (BOSTROM, 2016). Los opiáceos y las drogas sintéticas alucinógenas serian el placebo para atemperar a los “descartados”. Esta masa, potencialmente adicta a nuevas drogas y mundos virtuales, sería un target idóneo para el crimen organizado y una variable muy importante en términos de seguridad.

El repunte actual del consumo de heroína puede ser un indicador a corto y medio plazo de este escenario probable. Actualmente, en los Estados Unidos mueren cada día más de 140 personas por sobredosis de opiáceos en una emergencia sanitaria que ha asolado amplias zonas de antiguas cuencas mineras y zonas industriales deprimidas de la costa Este. De hecho, durante los últimos años las muertes por el consumo y sobredosis de opiáceos ha superado a los fallecidos por accidentes de tráfico o armas de fuego (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2016). Durante la década de los ochenta el consumo de heroína ya hizo estragos en muchas zonas social y económicamente deprimidas y, desafortunadamente, “la historia no se repite, pero rima”[15].

El narcotráfico y el terrorismo siempre han sido permeables. Muestra de ello es la vinculación de los Talibanes con la producción de heroína o las relaciones, durante los ochenta, de Hezbolá con el narcotráfico de Sudamérica (TOBOSO, 2016). Algunas organizaciones terroristas establecerán alianzas estratégicas con organizaciones criminales y el narcotráfico seguirá siendo una de las fuentes de financiación de la actividad terrorista. África se convertirá en el destino más sugerente para las organizaciones de crimen transnacional debido a un abaratamiento de los costos en detrimento de México y Centroamérica. El nuevo mapa del narcotráfico será un desafío para los cuerpos de seguridad, especialmente en Europa y África Occidental, donde proliferarán nuevos circuitos del crimen organizado (SÁNCHEZ; YUBERO, 2017).

 

Sexto escenario probable: Polis del futuro

En el año 2050, alrededor del 70% de la población mundial vivirá en áreas urbanas, atraída por el acceso a empleos, recursos y seguridad. Los mayores aumentos en la urbanización ocurrirán en África y Asia.

Ciudades-estado y santuarios del crimen

La dicotomía urbana que puede surgir, en términos de seguridad, se puede explicar con los ejemplos de Singapur y Lagos:

I. Se consolidarán diversas ciudades-estado[16] como Singapur, Chicago o Tokyo que se convertirán en nodos del comercio global y polos de innovación tecnológica. Gran parte de estas ciudades acogerán las elites biológicas y serán la sede de grandes corporaciones empresariales. Singapur es un buen ejemplo de como el crecimiento económico y poblacional bien gestionado crea ciudades que no solo son económicamente grandes, sino también tecnológicamente avanzadas y culturalmente vibrantes, y donde es placentero vivir.

II. La ciudad nigeriana de Lagos, en cambio,a pesar de tener las mismas características que Singapur –ciudad costera y portuaria construida en una isla, en otro tiempo colonia británica y desde hace siglos uno de los principales puertos comerciales de África occidental– no ha manejado bien su crecimiento. Es una distopía demasiado poblada, con atascos de tráfico, deterioro, corrupción, enfermedad y muerte. La urbe ha colmado la isla desbordándose por sus congestionados puentes y llegando hasta veinticinco kilómetros tierra adentro. Millones de personas viven en embarcaciones sin electricidad, ni servicios higiénicos porque el alcantarillado y el drenaje son tan deficientes que cuando llueve las heces flotan hasta las casas. La policía no tiene efectivos suficientes, es ineficaz e impredeciblemente peligrosa. El crimen violento se ha convertido en un rasgo cotidiano y muchos símbolos de la cultura cívica, como las bibliotecas y los cines, han desaparecido (GANDY, 2006, p 371-396). Los ciudadanos, defraudados por la policía y los jueces, crean patrullas vecinales, con nombres del estilo de «los Bakassi Boys», que se enfrentan con machetes y escopetas a los criminales. Se prevé que para 2025 Lagos habrá crecido otro 50 por ciento, hasta los 16 millones de habitantes, con lo que será la duodécima mayor ciudad del mundo.

En el año 2050, por tanto, en la periferia de algunas ciudades de más de 10 millones de habitantes como Lagos (Nigeria), Dhaka (Bangladés) o Karachi (Pakistán) crecerán megasuburbios en los que aproximadamente 2000 millones de personas sobrevivirán en condiciones muy duras, excluidas del mercado laboral y víctimas de la brecha biológica incubando resentimiento, ira y frustración. Dicho coágulo urbano, degradado, hacinado y peligroso será idóneo para el surgimiento de “santuarios del crimen”, de focos de ideologías radicales y para la presencia de la hidra de Grupos Armados no estatales. Lugares perfectos para la producción y el transporte de drogas, personas, residuos nucleares, armas y también para ejecutar la extorsión y el secuestro con intereses políticos o lucrativos.

En estos santuarios las organizaciones criminales prestarán su apoyo a estructuras terroristas por motivos de afinidad ideológica, religiosa o por meros intereses prácticos que conlleven algún intercambio material o transacción económica (DE LA CORTE, 2013). La rápida urbanización conducirá a una mayor probabilidad de insurgencia urbana, en lugar de rural. Los combates entre insurgentes y el ejército en ciudades como Aleppo o Mosul demuestran las dificultades que se presentan en un ambiente tridimensional con limitados campos de visión debido a la propia orografía urbana que facilitan la utilización de explosivos o francotiradores (ARMUGOSA, 2017). El conflicto armado contra la hidra de Grupos Armados no Estatales se trasladará, en muchos casos, a las áreas urbanas en las que el combate es muy diferente a nivel operacional y táctico.

 

Conclusiones

Pensar a largo plazo e imaginar el futuro es el primer paso para su construcción (BLANCO, 2015). Obligando a nuestras mentes a mirar lejos podremos dar con factores que a corto plazo podrían parecer benéficos pero que, a la larga, conducen a consecuencias malévolas. La evolución es sinónimo, casi siempre, de progreso y refleja una imagen acrítica de fuerza del bien. La complejidad de nuestra sociedad y el conocimiento han promovido las mayores cuotas de bienestar y los menores indices de violencia de nuestra historia. A pesar de ello, la percepción general –inducida quizá– es que el riesgo nos acecha en cada esquina y que nuevos cisnes negros nadan ocultos entre los juncos de nuestro estanque. De hecho: ¿Si no fuimos capaces de predecir el 11-S o la Primavera Árabe como vamos a ser capaces de predecir acontecimientos como la singularidad? No obstante, la pausa en el camino que propone el documento permite las siguientes conclusiones: 

  • El futuro multipolar permitirá que renazcan viejas rivalidades y que se gesten nuevas (JORDÁN, 2017). La desigualdad agravada por la brecha biológica, el desempleo estructural, el cambio climático, el auge de las ciudades-estado y la aparición de nuevas ideologías combinarán sus efectos para aumentar la inestabilidad sociopolítica y será el mejor caldo de cultivo para fomentar los radicalismos.
  • El terrorismo continuará existiendo durante las próximas décadas como un instrumento de coacción, subversión y desestabilización sociopolítica incentivado por ideologías radicales ya existentes o por desarrollar. La simbiosis entre el crimen organizado y el terrorismo será cada vez productiva y la consecuencia será que los objetivos maximalistas e ideológicos del terrorismo, en algunos casos, quedarán supeditados a intereses meramente criminales.
  • Las diferencias entre los adversarios estatales y los Grupos Armandos no Estatales se reducirá y la consecuencia es que la gama de amenazas se diversificará. El efecto de la  tecnología y la innovación “democratizará” el uso de la violencia favoreciendo nuevas tácticas en aquellos grupos que aprovechen las oportunidades. Es probable que se produzcan ataques con armas químicas, biológicas y radiológicas, al igual que ataques masivos con métodos novedosos por la proliferación de conocimiento técnico y expertise terrorista.
  • La escasez de recursos y la proliferación de megasuburbios promoverá también que grupos terroristas y el crimen organizado puedan nutrirse del caladero de cientos de millones de jóvenes. Enel año 2050, los países más jóvenes serán aquellos donde las tasas de fertilidad son hoy mayores: los países menos modernizados y en vías de desarrollo. Somalia, Afganistán, Yemen, Nigeria, Cisjordania y Gaza, Etiopía y buena parte del África subsahariana ofrecerán juventud al mundo en 2050. Actualmente estos países albergan desde hace años organizaciones terroristas con bases permanentes en el territorio como Al Shabbaab, Al Qaeda, Daesh o Boko Haram. La relación entre juventud y radicalización violenta es relevante a causa de la apertura cognitiva que experimentan muchos jóvenes.
  • La tecnología puede ser una tremenda fuerza para el bien, pero también será utilizada por el crimen organizado y el terrorismo. Esta tendencia seguramente se acelerará a medida que sus funciones mejoren y los precios bajen. Por ejemplo: en el futuro quizá se planifiquen atentados terroristas con automóviles sin conductor cargados con explosivos y guiados no solo por GPS sino por un enjambre de drones en un escenario urbano. Aunque los ejércitos mejor equipados aún disfrutarán de ventajas tecnológicas, esto tenderá a disminuir en términos relativos si no se adaptan a la flexibilidad y la innovación organizativa, estratégica y táctica de la hidra de Grupos Armados no Estatales.

 

Los escenarios probables que se han esbozado en este artículo son tan sólo eso, una mera probabilidad. El objeto del documento radica en el hecho de que nos incentiva a observar tendencias, incertidumbres y los escenarios planteados con una mente más abierta y con mayor sensibilidad. La armonía entre el futuro de la humanidad y la defensa de los valores universales debe ser el reto durante las próximas décadas quizá hablando menos de tecnología y más de personas. El futuro es un revólver con tres balas en un tambor que gira. El azar es un factor relevante en esta ruleta rusa, pero la variable con más incidencia es, sin duda, no colocarse el frío cañón en la sien.

La reducción del riesgo existencial y el uso prudente del conocimiento es un buen comienzo…

 

Mario Toboso Buezo es Doctor en Seguridad Internacional y Profesor Asociado de Terrorismo en la Universidad de Barcelona.

 

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[1] La idea de una singularidad tecnológica se ha popularizado recientemente con la obra de Ray Kurzweil que predice que durante este siglo la Inteligencia Artificial superará a la inteligencia humana provocando una explosión de conocimiento.

[2] El giro traicionero, aplicado a la IA, implica un instante en el que una tecnología excelente comienza a ser contraproducente. Mientras es débil, una IA se comporta de forma cooperativa pero cuando consigue ser lo suficientemente fuerte ataca y directamente comienza a optimizar el mundo de acuerdo con los criterios implícitos en sus valores finales.

[3] Un driver es un agente o factor que impulsa un cambio hacia adelante y los indicadores son las diferentes variables que lo explican.

[4] Una tendencia es un conjunto de procesos que no se pueden cambiar fácilmente.

[5] Las características del crimen organizado es la búsqueda del beneficio económico como objetivo primordial; poseer una estructura fuertemente jerarquizada; actuar continuadamente en el tiempo; utilizar la fuerza; crear restrictivos canales de selección; proveer de bienes ilegales; recurrir a la corrupción frente a los poderes públicos; funcionar a través de códigos de honor y secretismo que se respetan escrupulosamente.

[6] El lema olímpico en latín “Citius, altius, fortius” nació en los Juegos Olímpicos de Paris de 1900 y significa “más rápido, más alto, más fuerte”.

[7] En la emulación de cerebro completo (también conocida como “subida a la nube”) software inteligente sería producido escaneando y modelando minuciosamente la estructura computacional de un cerebro biológico. Alcanzar la emulación de un cerebro completo requiere seguir varios pasos:

•  Primero, crear un escaneado del cerebro detallado. Esto puede implicar estabilizar el cerebro post-mortem a través de la vitrificación (un proceso que transforma el tejido en una especie de vidrio).

•  Los datos obtenidos se pasarían a un ordenador que reconstruiría la red neuronal en tres dimensiones.

•  En la tercera etapa la estructura neurocomputacional se instalaría en un ordenador y si es exitoso sería una reproducción digital del intelecto original, con la memoria y la personalidad intacta.

La mente humana emulada ahora existiría como software en un ordenador. La mente podría habitar una realidad virtual o interactuar con el mundo exterior mediante apéndices robóticos. ¿Cuando se podrán realizar emulaciones cerebrales? La tecnología requerida es alcanzable, pero no en un futuro próximo.

[8] El Papa Francisco, tras visitar los campos de exterminio de Auschwitz y Birkenau, dijo que “nuestra sociedad está contaminada por la cultura del descarte que afecta a la personas más débiles y más frágiles. Una cultura de la exclusión a todo aquel que no esté en capacidad de producir según los términos que el liberalismo económico exagerado ha instaurado y que excluye desde los animales a los seres humanos, e incluso al mismo Dios”. El Papa Francisco, en diversas ocasiones, define como inadmisible esa práctica de descartar productos e incluso la vida humana: los pobres, los inmigrantes, los ancianos, los niños no nacidos, las personas económicamente vulnerables o los que no tienen voz.

[9] El ludismo fue un movimiento social que se caracterizó por la oposición a la introducción de maquinaria moderna en el proceso productivo. Se desarrolló durante las primeras etapas del proceso de industrialización y dio lugar a violentas acciones de destrucción de máquinas. El neoludismo o nuevo ludismo es una corriente filosófica que se opone al desarrollo tecnológico y científico de la sociedad moderna.

[10] Pensamiento en el que prevalece uno mismo.

[11] El tecnohumanismo busca la trascendencia espiritual y postula que para que el ser humano evolucione se requiere un organismo biológico híbrido con la IA.

[12] El dataísmo sostiene que el universo consiste en flujos de datos, y que el valor de cualquier fenómeno o entidad está determinado por su contribución al procesamiento de datos.

[13] En el año 2022 más del 50% de la noticias difundidas serán falsas.

[14] El análisis reveló que durante las elecciones norteamericanas del 2016 los distritos electorales donde la automatización era más frecuente eran significativamente más propensos a votar por Donald Trump que Hillary Clinton. Según los autores de dicho estudio el ascenso de las opciones populistas en América, Europa y otros lugares, tiene muchas causas, pero la pérdida de lugares de trabajo por la tecnología es aparentemente la razón principal.

[15] Mark Twain

[16] De las ocho megaciudades nuevas –con más de diez millones de habitantes–que se prevé que habrá en los próximos quince años, cinco están en Asia, dos en África y solo una en Europa. No se espera ninguna nueva en América.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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