Submarinos en Irán

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Tras el final de la guerra fría los programas de construcción de submarinos sufrieron una importante ralentización. Lo mismo ocurrió con sus contramedidas. Algunos buques de guerra prescindieron de esas armas y sensores (ASROC, Ikara, Malafon; equipos VDS o SQR) o bien se limitaron a reproducir modelos antiguos, escasamente evolucionados. Tal era la sensación de sosiego alcanzada tras la implosión de la URSS.

Sin embargo, los marinos saben que un solo sumergible puede traer de cabeza a toda una flota. Incluso a una flota dotada con modernos medios de detección. En este sentido, cuando Irán lanza órdagos a la ONU lo hace –entre otras cosas- confiando en diversos programas de construcción de submarinos. Lo cual tiene mucho que ver, otra vez, con la doctrina AD/A2, es decir, con la denegación de área a las potencias rivales que traten de controlar su espacio marítimo o de proyectar su fuerza a tierra desde ese mismo espacio.

Irán cuenta con 3 submarinos de diseño ruso del tipo Kilo (proyecto 877EKM) de 2.300/3.900 toneladas (en superficie/en inmersión) y 72.5 metros de eslora con 11/17 nudos de velocidad (en superficie/en inmersión), dotados con 6 tubos para lanzar (a proa) un total de 18 torpedos o 24 minas (o una combinación de ambos). A los que hay que añadir un número indeterminado (no menos de 18 unidades) del tipo Ghadir. En esta ocasión se trata de submarinos de bolsillo, de unas 120/180 toneladas y 29 metros de eslora, que responden a un diseño norcoreano (clase Yono). El programa iraní no está cerrado. En realidad, estos buques se producen a buen ritmo con un coste reducido, lo cual da a entender que la cifra final puede llegar a ser muy elevada. En el debe apuntarse que sólo pueden transportar dos torpedos en sendos tubos ubicados a proa, que su velocidad es bastante limitada (se habla de 11/8 nudos) y que apenas tienen aptitud para la navegación oceánica. Con todo, pueden cumplir una función de bloqueo de estrechos o de accesos limitados en el litoral si son empleados como una suerte de batería móvil, aún a costa de sufrir importantes pérdidas… lo cual puede que ya esté asumido en el plan.

Hay que tener en cuenta que el programa de rearme naval iraní está en pleno apogeo. No en vano, Irán está construyendo los prototipos de los Fateh y Qaeem de unas 600 y de unas 1.200 toneladas, respectivamente. De modo que estos buques, una vez se produzcan en serie, podrían rellenar el hueco existente entre los “Kilo” y los Ghadir. Asimismo, se viene hablando de un robot submarino de menor tamaño que probablemente se nutra de la experiencia alcanzada en los diversos ROVs en servicio. Aunque esta vez se pretende que alcance una velocidad sustancialmente mayor (del orden de 20 nudos en inmersión). Convenientemente armados con minas, podrían desempeñar buena parte de las misiones de los Ghadir evitando sus inconvenientes.

Pero, más allá de los submarinos existentes en fase de diseño, construcción o ya en servicio, el potencial de AD/A2 iraní se basa en la combinación de estos buques y los torpedos de alta velocidad o de efecto cavitación que ya estarían en disposición de ser lanzados desde sus tubos. Se trata de ingenios de diseño ruso (modelo Shkval) capaces de atacar a los buques enemigos a una velocidad sobresaliente (para tratarse de un arma subacuática, se entiende) del orden de los 200 nudos o algo más. Asimismo, aunque los primeros modelos tenían mucho menor alcance que los torpedos convencionales, ya se habla de que los nuevos desarrollos tienen un alcance de más de 10 km y que esa dinámica es irreversible. Así que la capacidad disuasoria de Irán en lo que respecta a la defensa costera se basará en esta interesante combinación buque(s)+arma.