Rhodesia: Guerra sucia, insurgencia y violencia política

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Análisis GESI, 24/2017

Resumen: El conflicto de Rhodesia es uno de los casos de estudio más paradigmáticos a la hora de analizar la violencia política. Se encuentra acotado temporalmente, así como cuenta con un amplio elenco de actores estatales, internos y externos, lo que facilita la determinación de las principales pautas de conducción de la violencia y la extracción de tendencias y patrones presentes en conflictos armados vigentes en la actualidad.

El documento se encuentra estructurado en un primer epígrafe de conceptualización del fenómeno de la violencia política, seguido de un marco análitico para posteriormente explicar cuáles fueron las principales características de este conflicto armado.

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Salisbury, Rhodesia. 1976

Conceptualizando la violencia política

El análisis de la violencia política desde la Ciencia Política requiere de una aproximación multidisciplinar que permita una comprensión en profundidad de los fenómenos que tienen lugar. Es por ello por lo que requerimos de conceptos pertenecientes a la Teoría Política que faciliten la comprensión de la construcción de identidades y significados colectivos que conducen a la articulación de comunidades humanas. Por otro lado, es fundamental una aproximación desde la perspectiva de los Estudios de Seguridad para comprender los actores y los procesos presentes, con el fin de extraer posteriormente tendencias que nos permitan la definición de patrones de conducción de la violencia que posibiliten investigaciones posteriores como estudios de prospectiva o análisis estratégico.

La violencia política constituye un fenómeno por el que un determinado colectivo busca alcanzar o mantener una cuota de poder mediante acciones concretas insertas en el marco de una estrategia general. Esta violencia supone una cristalización de un discurso que justifica y respalda su estrategia mediante el establecimiento de una línea argumental construida sobre motivaciones vinculadas principalmente con la identidad y las dimensiones económicas y políticas que ello implica (Kalyvas, 2003; Polk, 2008).

Es por ello por lo que debemos tener en cuenta la identidad colectiva, establecida sobre parámetros como la etnia, la religión, la lengua o la ideología, permitiendo establecer una clara diferenciación entre quién es el aliado y el enemigo. Esta identidad queda compuesta por los factores anteriores, así como también conlleva una serie de implicaciones de carácter económico, social y geográfico que aportan un sentido político a la misma. Podemos afirmar que el sujeto político violento también se construye como antagonista a su rival, poseedor de una cuota de poder determinada contra la que busca postularse como alternativa (Kalyvas, 2003; 2004; 2010).

En esta conformación de la identidad, debe tenerse en cuenta el empleo del discurso y del lenguaje que sirve para establecer las bases de una violencia simbólica que posteriormente se transmute en una violencia física y material. Estos elementos simbólicos tienen más posibilidades de causar un impacto en la población si son desarrollados por parte de actores institucionalizados y profundamente insertos en la sociedad, no refiriéndonos únicamente a aquellos de carácter estatal sino a grupos u organizaciones con un amplio tejido social sobre el que tengan influencia (Durandin, 1995).

En la configuración de la identidad de los actores, se hace necesario tener en cuenta también los significados colectivos, en los que juega un rol esencial la recuperación de términos pasados y en desuso para la construcción de una identidad colectiva actual (Burgarski, 1997), así como la aglutinación de múltiples elementos en una única categoría que engloba a todos aquellos contrarios a la misma (Calveiro, 2005).

A la hora del análisis de la violencia política, debemos diferenciar en primer lugar aquella desarrollada por parte de actores políticos estatales o aunque no pertenezcan a este, que sí sean afines al Estado. Debemos destacar que ésta puede ser conducida de un modo legítimo, mediante doctrinas como la contraterrorista y la contrainsurgente, así como de un modo no legítimo, como son la Guerra Sucia o el terrorismo de Estado. Éstos no sólo afectan a actores violentos como grupos terroristas o insurgentes, sino que acaban teniendo un impacto indiscriminado en la población civil.

Por otro lado, nos encontramos con aquella violencia  ejercida por actores no estatales y que además son contrarios al sistema político, social o ideológico en el que se encuentran insertos. En este caso, la violencia se materializa en forma de guerrilla, insurgencia o terrorismo de diversa escala e intensidad. La violencia política no estatal puede ser llevada a cabo por diferentes actores, que recurren a unos determinados medios dependiendo del contexto en que se encuentren y de la estrategia que empleen (Kaldor, 2000; Reinares, 2001; Kalyvas, 2003; Polk, 2008; Kalyvas, 2010; Baqués, 2015; De Guindo, 2015).

Marco de análisis de la violencia política

A partir de los conceptos expuestos con anterioridad, expondremos la elaboración de un marco analítico en el que combinamos las variables empleadas principalmente por Durán y Bados (2015) en su análisis de las características de las nuevas guerras, por De la Corte (2010) al estudiar las estructuras del crimen organizado, aplicables a éstos, así como a otro tipo de actores violentos. Por último, tomaremos también variables de Gabaldón (2017) en su propuesta metodológica para el análisis de actores violentos no estatales.

Se trata de una herramienta de apoyo que facilita la tarea investigadora, pero a la que no debemos ceñirnos de forma rígida a fin de evitar incurrir en sesgos y vicios analíticos y manteniendo la apertura mental que los estudios de seguridad requieren. Este marco se puede emplear combinado con metodología comparada, así como con técnicas analíticas estructuradas u otros métodos de análisis histórico.

Mediante el empleo de este marco, tratamos a los actores políticos violentos como entidades posicionadas en contra o a favor del Estado, así como las especificidades con las que cuenta cada uno de ellos. Además de ello, se tienen en cuenta los diversos medios que pueden emplear para llevar a cabo el ejercicio de la violencia, señalándose también diferencias entre aquellos contra objetivos concretos o acciones indiscriminadas contra la población civil. 

Se atiende también a la cuestión de la financiación, los diversos modos en que los actores sostienen su actividad, la estructura que poseen, el tipo de organización en función de los pilares sobre los que se articula (Militar, política o de asistencia social) y lo objetivos que la guían.

Debemos señalar que en la tabla que presentamos a continuación, los objetivos operativos y tácticos, así como los fines últimos de la organización no se encuentran desglosados en la misma. Esto es debido a la necesidad de contar con un apartado más amplio, por lo que se irán exponiendo en los epígrafes de análisis posteriores.

Fuente: Elaboración propia a partir de Durán y Bados (2015), De la Corte (2010) y Gabaldón (2017)

A continuación, a partir de la información que figura en la tabla, nos centraremos en investigar la actividad violenta desarrollada por parte del Gobierno de Rhodesia (1964-1980), así como aquella llevada a cabo por parte de los diversos actores políticos que a partir de 1976 la plataforma opositora del Frente patriota (Los partidos ZANU y ZAPU, así como sus respectivas ramas militares, ZANLA y ZIPRA)

Analizando la violencia política en Rhodesia

Una introducción: Ruptura y anticipación en el nuevo paradigma mundial

Los procesos de descolonización constituyen una de las principales tendencias de la segunda mitad del siglo XX, acentuados sustancialmente por la Guerra Fría. Esto se debió a la injerencia de EEUU y la URSS en los países en vías de descolonización, apoyando a determinadas facciones nacionales con el objetivo de ampliar su esfera de influencia a nivel global en detrimento de su antagonista, así como con respecto a las potencias tradicionalmente hegemónicas, quienes se vieron sustancialmente debilitadas en un corto periodo de tiempo.

La década de los sesenta fue una de las más activas en cuanto a la cristalización de los procesos de independencia en el continente africano. La mayoría de ellos fueron liderados por movimientos revolucionarios de orientación marxista, grupos de corte nacionalista o golpes militares contra gobiernos de transición pactados con la metrópoli. Todos ellos, sin importar la orientación ideológica, coincidieron en que fueron liderados por colectivos de origen étnicamente africano.

Rhodesia constituye una excepción, ya que su independencia fue conducida por una minoría blanca de origen europeo, lo que en 1964, llevó a una Declaración Unilateral de Independencia, firmada por el líder de la comunidad euro-africana, Ian Smith. El objetivo principal era el de establecerse como una república independiente de Londres, considerándose a sí mismos como uno de los últimos bastiones de la hegemonía blanca en el continente africano frente a los procesos descolonizadores que estaban teniendo lugar. Existía entre la población blanca la percepción de haber sido durante décadas tratados de forma humillante y desigual por parte de los británicos, lo que se sumaba al temor de la posibilidad, bastante probable, de que la población colonial fuese abandonada por la corona británica en manos de movimientos revolucionarios similares al Mau Mau, sufriendo el mismo destino que sus homólogos en Kenia. Ambos factores, contribuían a la creación de una conciencia y una identidad propia entre la población blanca de una gran profundidad y solidez, que garantizaba su unidad (Melson, 2005; Evans, 2007; Mills y Wilson, 2007; Hankin, 2013).

Su estrategia ocultaba también profundas motivaciones económicas. Esto era debido a la concentración de la explotación del suelo, tanto minería como agricultura y ganadería, en manos de la población blanca minoritaria. El triunfo en Rhodesia de cualquier movimiento revolucionario de orientación marxista suponía para ellos ser víctimas, en el mejor de los escenarios, de las nacionalizaciones e incautaciones de sus bienes, así como sufrir persecuciones y una violencia sistemática (Cilliers, 1985).

La combinación de los factores identitarios con las necesidades económicas indujo a la comunidad blanca a tomar el control de la situación, gozar de la iniciativa y anticiparse a los acontecimientos que preveían que llegarían en algún momento. En esta decisión, contaron con el respaldo de países vecinos como Sudáfrica o Mozambique, en aquel momento colonia portuguesa, con quienes mantuvieron unas fluidas relaciones de cooperación política y militar que serían fundamentales para la pervivencia del régimen de Rhodesia.

En el plano internacional, una Rhodesia independiente se postulaba como un socio fiable para los EEUU frente a la URSS en un continente rico en minerales y materias primas, en el que el marxismo revolucionario y los movimientos de liberación iban ganando terreno. De este modo, el gobierno de Rhodesia contó con el apoyo logístico, de instrucción y financiero de los EEUU, así como los grupos guerrilleros contrarios al gobierno fueron respaldados por diversos países de la órbita soviética.

Debido a las circunstancias contextuales en las que se produjo la Declaración Unilateral de Independencia, se trataba del gobierno de una minoría sumamente reducida (Cercana al 5% de la población) sobre una mayoría con determinados sectores hostiles y violentos. Al tratarse de un sistema excluyente y autoritario, requerían de políticas impositivas y del uso de la violencia para consolidarse y mantener un modelo social y político que pretendía emular el imperante en la Sudáfrica del Apartheid.

No entraremos en profundidad en el análisis comparativo entre ambos países para determinar la imposibilidad de que su situación fuese a ser igual, pero sí que señalaremos la falta de una autosuficiencia económica como la que gozaba Sudáfrica, una posición geográfica más compleja con mayor porosidad fronteriza que posibilitaban una mayor actividad insurgente, y por supuesto, Rhodesia contaba con un porcentaje de población blanca y mixta mucho más reducido que en el país vecino.

Se constituyó de esta forma un estado pretoriano, sustentado por un aparato de seguridad que había heredado estructuras, técnicas y material del ejército británico, así como un aparato de inteligencia de eficiencia, instruido en cuestiones de contrainsurgencia. Este hecho, sumado a la una sólida financiación por las exportaciones ilegales y el comercio en el mercado negro, y el dinero procedente de socios privados tanto en Rhodesia como en el extranjero, contribuyó notablemente a un cierre de filas en el país. Un Estado gobernado por una minoría amenazada y cuyo objetivo primordial era el de garantizar su supervivencia no sólo política, sino personal, a cualquier precio.

Contra Mundum: Guerra sucia y terrorismo de Estado

La violencia política desarrollada por parte de aquellos actores favorables al sostenimiento del régimen y de una sociedad regida por unos valores ultraconservadores, de carácter segregacionista y autoritario, se encontró motivada principalmente por un profundo sentimiento de estar siendo siendo víctimas de una conspiración internacional urdida por fuerzas exógenas que buscaban destruirlos. Esto dio lugar a una reacción política y social que condujo a una situación en la que Rhodesia se enfrentaba tanto a las potencias democráticas europeas como al bloque socialista.

La ideología que guió a la población al establecimiento de una Declaración Unilateral de Independencia había sido construida sobre una doctrina basada en la Anglofobia y estar en contra del comunismo, el internacionalismo y el liberalismo, principalmente. Esto, sumado a la presencia de un líder carismático como Ian Smithta que hacía frente a los enemigos del país, permitió el triunfo y la perpetuación en el poder del Frente Rhodesiano, el principal partido político (Evans, 2007) .

En el marco de los actores favorables al sistema de Rhodesia, debemos destacar que contamos con el partido político Frente Rhodesiano, las Fuerzas Armadas (Tierra, Aire y Fuerzas Especiales), los diversos cuerpos de policía, así como los servicios de inteligencia (Interior y exterior). Por otro lado, fuera del marco de las estructuras estatales, nos encontramos con milicias paramilitares, unidades de autodefensa, así como empresas privadas de seguridad subcontratadas tanto por el gobierno como por particulares para suplir las necesidades de seguridad en determinadas zonas periféricas.

Se puede apreciar la complejidad de actores presentes en el conflicto, que actualmente constituye el elenco habitual en los conflictos armados, pero que en la época en que se desarrolla podemos considerarlo como un antecedente a los actuales. Es importante destacar la diversidad de métodos y actuaciones a la hora de ejercer la violencia política, a pesar de contar todos con un apoyo más o menos explícito por parte de las autoridades públicas.

Dentro de los actores estatales, debemos destacar principalmente las operaciones desarrolladas por el SAS rhodesiano y por los Sealous Scouts. Ambos grupos de fuerzas especiales estaban diseñados para hacer frente a la insurgencia, tanto en el interior de las fronteras de Rhodesia como en países vecinos como Mozambique, Zambia o Botswana.

Debemos señalar que el SAS rhodesiano poseía la misma estructura y diseño del SAS británico. El régimen contaba con unas fuerzas especiales racialmente excluyentes, ya entrenadas y preparadas para llevar a cabo intervenciones en cualquier contexto, contando con un duro proceso de entrenamiento en el que primaba la calidad frente al número de efectivos. Debe señalarse que la mayoría de miembros del SAS habían participado en misiones en el exterior bajo mandato británico en antiguas colonias como Malasia y Kenia, por lo que tenían experiencia en combate contra fuerzas insurgentes y terroristas en entornos social y climáticamente hostiles. Esto otorgaba al gobierno una ventaja sustancial frente a las fuerzas rebeldes (Melson, 2005; Evans, 2007).

Ambos actores condujeron operaciones en materia de contrainsurgencia, desarrollando las mismas con tácticas de Guerra Sucia, Terrorismo de Estado y Pseudo-operaciones. Las actividades eran desarrolladas en un entorno de alto secreto, actuando no sólo contra centros de actividad guerrillera, sino también campañas de asesinatos selectivos contra líderes rebeldes refugiados tanto en el exterior como en el interior, secuestros y desapariciones de opositores. Una de las operaciones más relevantes fue la ejecución mediante coche bomba de Herbet Chitepo en Zambia, uno de los principales líderes de la revolución contra el gobierno (Evans, 2007; Melson, 2005; Cilliers, 1985).

Además de la conducción de una campaña de acciones violentas encubiertas, basadas en el empleo sistemático de la violencia estatal contra el enemigo político y militar, se llevaron a cabo las denominadas como Pseudo-Operaciones, consistentes en el uso de camuflaje por miembros de las fuerzas especiales con el fin de parecer terroristas y poder operar tras las líneas enemigas. Debido a una elevada presencia de blancos en las fuerzas armadas, el color de piel suponía una dificultad añadida a la hora de desenvolverse en un entorno nativo, por lo que se aplicaban betún sobre el rostro y las manos para confundirse con el enemigo (Cline, 2005).

El desarrollo de este tipo de operaciones de carácter clandestino tenía por objetivo tanto la generación de inestabilidad en el seno de columnas guerrilleras opositoras, la eliminación de líderes, la desarticulación de campamentos, así como la obtención de inteligencia para facilitar operaciones militares de contrainsurgencia llevadas a cabo por el ejército regular o la aviación contra núcleos más amplios de fuerzas rebeldes.

El empleo de la secuencia represiva “secuestro, tortura, ejecución y desaparición” fue una tónica constante a lo largo de los quince años que duró el régimen de Rhodesia. El uso de la tortura en este contexto, al igual que en otros, no iba enfocado a la obtención de información, sino a causar el caos en los grupos terroristas y rebeldes, tanto al abatir agentes desestabilizadores como al torturar miembros y devolverlos a los grupos de los que formaban parte para generar desconfianza en el seno de los mismos.

En el caso de Rhodesia, la Guerra Sucia y las acciones de terrorismo de Estado, paradójicamente permitieron el sostenimiento del régimen, al mismo tiempo que condujeron a su colapso. Para el gobierno, la falta de aliados exteriores supuso un debilitamiento de sus posiciones, así como la alta dependencia de un aliado en el este como era la Colonia Portuguesa de Mozambique, Sudáfrica y de EEUU. Con la caída del régimen salazarista en 1974 y la independencia de Mozambique se produjo un aumento de la actividad contrainsurgente en el exterior. Las fuerzas rhodesianas no se limitaron únicamente a operaciones transfronterizas, sino también a armar a grupos mozambiqueños contrarrevolucionarios como la Resistencia Nacional de Mozambique (Melson, 2005).

Cabe también destacar la implementación de programas de armas no convencionales en la guerra, ya que durante la segunda etapa, en la década de los setenta, se llevó a cabo un extenso desarrollo de armamento biológico que actualmente siguen empleándose por diversos grupos armados. Destacamos, entre otros agentes, el ántrax y una versión del cólera, modificada genéticamente para evitar su expansión por vía aérea fuera de determinadas zonas geográficas.

El empleo de armamento biológico en la guerra de Rhodesia supuso un adelanto tecnológico con respecto a otros gobiernos en aquellos momentos. Se llevó a cabo especialmente contra poblaciones sobre las que se tenía certeza de su colaboración con los grupos terroristas. Se envenenaron pozos, campos de cultivo, ganado, alimentos enlatados e incluso prendas de ropa cuyo contacto con la piel provocaba el contagio de las toxinas desarrolladas en los laboratorios del gobierno. Debe destacarse también el papel con el que contaron posteriormente los rhodesianos en el desarrollo del Proyecto Costa en Sudáfrica, ya que en este programa de carácter genocida mediante el que no sólo se ejecutaba de forma masiva a los disidentes políticos, sino a determinados sectores de la población africana, se utilizaron elementos del programa de guerra biológica rhodesiano, así como a un elevado número de agentes y científicos que lo desarrollaron (Martínez, 2002; Melson, 2005; Singh, 2008).

Al mismo tiempo que se llevaba a cabo un desarrollo de programas de armas biológicas, también se emplearon armas químicas por parte de la aviación rhodesiana contra posiciones rebeldes en determinadas áreas elevadas de difícil acceso durante la guerra. Destacaríamos el uso de gases como el sarín y el mostaza, así como napalm, entre otros, los cuales provocaron decenas de víctimas mortales y de heridos tanto entre las fuerzas rebeldes como en población civil (Martínez, 2002; Melson, 2005; Singh, 2008).

Como hemos expuesto con anterioridad, la guerra de Rhodesia por parte del gobierno implicó un proceso de violencia política especialmente cruento en el que no sólo se emplearon métodos de represión organizada característicos de la guerra sucia que implican ejecuciones sumarias, torturas y desapariciones, sino que también se desarrollaron de forma paralela programas de producción de armas biológicas y químicas con las que hacer frente al enemigo. Una guerra en la que se emplearon todos los medios al alcance del Estado para aniquilar al enemigo.

Se puede apreciar en este análisis de las actividades gubernamentales en cuestiones de violencia política, que a pesar de contar con un elevado nivel técnico y de profesionalización de las fuerzas armadas, no se puede hacer frente a fuerzas insurgentes al carecer del apoyo de la población, así como si el enemigo cuenta con el apoyo exterior de otros actores. En el caso del gobierno de Rhodesia, destacaríamos que sufrió una derrota debido a cuestiones políticas, demográficas y diplomáticas, así como a una falta de recursos económicos que imposibilitaban una victoria y obligaron a pactar una transición que pusiera fin a la guerra.

La comparativa con Sudáfrica resulta de especial interés, ya que el régimen del Apartheid se sostuvo en el país vecino hasta 1994, posibilitado principalmente por una demografía más favorable a los blancos, así como a una situación geográfica que facilitaba mayores recursos naturales, así como energéticos (Uranio, Hidrocarburos) una diversificación económica en materias de pesca, agricultura, lo que contribuyó a que se constituyesen como un Estado Autárquico que no requería del exterior para desarrollarse, así como un mayor control interno de la seguridad del que poseía Rhodesia debido a que el sistema político se encontraba institucionalizado desde principios del siglo XX.

La segunda Chimurega: Insurgencia clásica para la guerra de liberación

Para los actores contrarios al gobierno, la Guerra de Rhodesia supuso un auténtico conflicto por la liberación, así como un proceso de construcción nacional frente a un gobierno autoritario que combatiría contra ellos hasta el último momento. La declaración unilateral de independencia no supuso para la población negra más que el aplazamiento de la construcción de un estado nación propio, así como la guerra contra el gobierno también fue el escenario en el que se desarrolló un conflicto entre las diversas facciones de grupos rebeldes.

Al igual que en otro tipo de conflictos internos, podemos apreciar que en el de Rhodesia nos encontramos ante una multiplicidad de actores contrarios al gobierno. Cuando se producen estallidos de violencia, existe una tendencia a que cada formación política ponga en marcha acciones violentas sin importar el número de miembros o de recursos materiales con los que cuente, para que con el paso del tiempo, estos actores menores vayan siendo absorbidos por otros de mayor tamaño. Esto ha sucedido recientemente en Mali con los actores yihadistas, así como en Libia o Siria.

En este caso contamos con una mayoría de facciones rebeldes de orientación marxista apoyados por diversos Estados de la esfera soviética, como fueron la RDA, URSS, Cuba y China, no sólo para hacer frente al bloque occidental sino también para posicionarse entre ellos. Además de las facciones marxistas, había también algunos grupos muy minoritarios que apostaban por una alternativa intermedia al régimen segregacionista de Ian Smith y las diversas fuerzas comunistas, leales al gobierno británico y que contaron con un protagonismo especialmente reducido.

En cuanto a la conformación de los actores, contamos con dos partidos políticos principales, ZAPU y ZANU (Y sus respectivos brazos militares, ZIPRA y ZANLA), unidos en el Frente Patriota en 1976 con el objetivo de aunar esfuerzos para hacer frente al gobierno. Estos partidos de carácter local contaron en múltiples ocasiones con actores regionales y de países vecinos, como el Congreso Nacional Africano y el Frente de Liberación de Mozambique (Melson, 2005; Mills y Wilson, 2007).

En relación con la creación de significados que rigieron el ejercicio de la violencia política en Rhodesia, se puede apreciar cómo llevaron a cabo una recuperación de términos del pasado, denominando el proceso de construcción nacional y de guerra civil como la Segunda Chimurenga, en relación con la guerra librada durante el siglo XIX contra la colonización británica por parte de los nativos africanos, la Chimurenga. (David, 1981; Bugarski, 1997).

Las diversas agrupaciones guerrilleras llevaron a cabo múltiples ataques contra la población blanca, en ocasiones en áreas urbanas, empleando tácticas de guerrilla urbana utilizadas previamente tanto en otros países del continente como en América Latina, de donde tomaron diversas tácticas contemporáneas con las que hacer frente a las fuerzas progubernamentales, como las recopiladas por Maghriella o Che Guevara, que eran facilitadas por agentes comunistas durante la instrucción. En entornos urbanos, también llevaron a cabo atentados puntuales, como el llevado a cabo por el ZANLA contra los Grandes Almacenes Woolworth en el centro de la capital en 1977 (Cilliers, 1985; Abbott y Botham, 1986; Chung, 2006).

A pesar la importancia con la que contaron las acciones en entornos urbanos, la mayoría de las actividades se desarrollaron en áreas rurales, siendo los episodios de violencia más comunes los saqueos de granjas y plantaciones, así como las masacres indiscriminadas contra población blanca o contra agricultores, siendo llevadas a cabo atrocidades como el asesinato de niños e incluso de recién nacidos (Cilliers, 1985; Henkin, 2013).

Debido a una falta de financiación, así como de conocimientos tecnológicos, no les fue posible llevar a cabo acciones violentas de gran envergadura, careciendo de apoyo aéreo, así como de armamento químico o biológico y carros de combate más allá de vehículos de transporte. Además de los factores económicos y de instrucción, debe ser añadido el entorno geográfico en que se desarrollaba la actividad insurgente, regiones escarpadas, bosques y selvas. En todas ellas, el empleo de vehículos a motor suponía un problema operativo y de logística, por lo que poseían un reducido alcance geográfico, pero una amplia movilidad en las zonas, lo que les permitía también establecer bases en países vecinos como Mozambique desde los que lanzar ofensivas en Rhodesia para regresar posteriormente a sus santuarios.

Se puede apreciar que la estructura organizativa de las fuerzas rebeldes estaba compuesta en su mayoría por un brazo político, organizado tanto en el interior como en el exilio, así como por ramas militares desplegadas sobre el terreno. Estos dos cuerpos, el militar y el político, estaban relacionados también estrechamente con el apoyo en la asistencia caritativa a comunidades locales contrarias al gobierno, a las que entregaban los botines obtenidos en operaciones contra plantaciones y granjas propiedad de blancos. 

Victoria militar, derrota final

Como comentamos inicialmente, el conflicto se saldó con una capitulación del gobierno de Ian Smith ante presiones de miembros de su propio gobierno, las fuerzas armadas y de la comunidad internacional. De este modo se pactó una transición en la que se reservó un número de escaños en el parlamento para la minoría blanca y en el que triunfó el Frente Patriota.

Se puede apreciar cómo se trató de una victoria política por parte de los grupos rebeldes, quienes lograron vencer finalmente a un régimen que durante quince años no había hecho más que superarles en el plano militar, tanto a nivel operativo como táctico. Es fundamental destacar la importancia con la que cuentan los apoyos en los conflictos internos, tanto a nivel interno como externo. En este caso, se puede apreciar como uno de los dos bandos cuenta con un amplio respaldo interno a nivel de apoyo popular debido a cuestiones de identidades comunes, así como un rechazo hacia el gobierno que permite superar las divisiones entre las facciones. El bando rebelde se enfrentó a un régimen rechazado por la comunidad internacional, que abusaba de su propia población y que contaba con un apoyo activo interno muy reducido.

El régimen fue derrotado por una combinación de múltiples factores. Uno de ellos fue el contexto regional, en el que la Revolución de los Claveles de 1974 en Portugal no sólo dio la independencia a la colonia de Mozambique, perdiéndose así un apoyo fundamental en el este del país. Propició también la aparición de un régimen con simpatías hacia los rebeldes en Rhodesia, así como el establecimiento de bases guerrilleras al otro lado de la frontera, lo que dificultaba y encarecía especialmente las actividades de contrainsurgencia.

Por otro lado, se aprecia cómo la cuestión económica es de crucial importancia, ya que es insostenible un sistema económico basado principalmente en la agricultura, la ganadería y la explotación minera, careciendo de un sólido tejido industrial y de un autoabastecimiento de energía. Debido a los embargos y bloqueos comerciales a los que se sometió a Rhodesia tras la Declaración Unilateral de Independencia, toda importación se hacía a través de traficantes en el mercado negro, lo que debilitaba de forma continuada las arcas estatales, que además debían afrontar una guerra que iba desangrando la sociedad y la economía.

Para concluir, debe tenerse en cuenta también la dimensión cultural para obtener una amplia comprensión de las razones que guiaron la caída del régimen es el carácter anacrónico del mismo. Se puede apreciar cómo Rhodesia se enfrenta a la totalidad de la comunidad internacional, suponiendo una excepción al contexto histórico y cultural en el que se desarrolla como entidad política. La base ideológica del régimen y de la sociedad se encontraba posicionada en un pasado y se enfrentaba al futuro, teniendo como enemigos no sólo al bloque comunista, sino también a países democráticos del bloque occidental y también a la antigua metrópoli. Este proyecto cultural, sumado a cuestiones como la economía, la demografía y el contexto regional, estaba destinado a desplomarse.

Conclusiones

El estudio de caso ha posibilitado el establecimiento de un marco que ha demostrado ser válido para este primer estudio y que posibilitará la continuación de esta línea de investigación en otras áreas geográficas y ámbitos temporales. Por otro lado, comprobamos cómo las claves de la violencia política en Rhodesia han sido expuestas con concisión y claridad, sin entrar en profundidad en operaciones militares o actores políticos pero prestando especial atención a las dinámicas y factores de mayor influencia en el desarrollo del conflicto.

Podemos comprobar cómo tras haber estudiado previamente casos de violencia política vigentes en la actualidad y en áreas geográficas diferentes como África y Levante Mediterráneo, el análisis del conflicto de Rhodesia entre 1964-1980, nos permite descubrir parámetros similares para medir el ejercicio de la violencia. Esto nos ofrece la posibilidad de utilizarlo en posteriores ocasiones, así como genera también una incertidumbre ante las características que vaya a poseer un episodio o una secuencia de violencia política en la que este marco analítico no se pueda emplear para su estudio.

De cara a futuras investigaciones, más ligadas a la prospectiva, podría ser de interés intentar diseñar escenarios futuros vinculados con la violencia política, en los que no aparezcan las características con las que han contado los conflictos internos. Esto permitiría plantear soluciones a problemas futuros, así como enriquecer los análisis de conflictos vigentes en la actualidad.

Guillermo López es Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Granada e Investigador en GESI.

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Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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