Refugiados de Irak, huyendo del miedo

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Análisis GESI, 31/2014

El pasado mes de septiembre durante la Reunión General de las Naciones Unidas en Nueva York, se presentó el Secretario de Estado Vaticano, Mons. Parolin, haciendo una alocución sobre la situación que está viviendo la población que se enfrenta al Estado islámico, con una especial referencia hacia los cristianos.

El conflicto está llevando a una grave crisis a toda la población de Siria e Irak, zonas más afectadas desde que comenzara la actuación del grupo terrorista, y que es observado con cierta pasividad por las potencias Occidentales ante las consecuencias que podría tener una nueva intervención militar en la zona, que haga recordar fantasmas pasados.

Para profundizar en la situación nos remitimos a los datos aportados por la Organización Internacional para las Migraciones, que especifica que a lo largo de este año se ha producido un desplazamiento cercano a los dos millones de personas con motivo de los combates entre el Estado iraquí y las fuerzas del grupo armado del Estado Islámico de Irak. La situación era crítica desde hace tiempo, debido a la fragilidad de las instituciones y las fuerzas de seguridad de Irak, pero el contexto se recrudeció cuando el pasado Junio, las tropas del Estado Islámico tomaron la ciudad de Mosul, a unos 400 kilómetros al norte de la capital, Bagdad.

 

Evolución del conflicto

Las primeras víctimas del conflicto podemos situarlas a finales del año 2013, y comienzos del presente, al iniciarse el conflicto armado en la provincia de Anbar, zona limítrofe con Siria, que desde hace años se encuentra sumida en el caos de una guerra civil, lo que ha conllevado un desplazamiento de aproximadamente 475.000 personas. Con el transcurso del tiempo la situación de conflicto se ha desarrollado y ha continuado expandiéndose por el resto de la provincia de Anbar, y afectando a otras ciudades del país, como Mosul, segunda ciudad en importancia, provocando el movimiento de 463.000 personas a lo largo de los meses de junio y julio.

Durante el mes de Agosto la represión ejercida por el Estado Islámico frente a otras minorías que habitan Irak ha hecho que la cifra de desplazados en ese mes se duplique hasta las 877.000 personas, que huían de los combates. De todo este movimiento de desplazados podemos destacar que cerca de 55.000 personas han traspasado la frontera con Siria, lo que conlleva salir de la persecución que lleva a cabo el Estado Islámico para adentrarse en la Guerra Civil de Siria.

La mayor parte de los refugiados han partido hacia la región kurda en el norte de Irak, mientras que el resto de los desplazados han optado por marcharse a otras zonas del país o rumbo de terceros estados donde poder encontrar algún tipo de refugio.

A lo largo de los últimos meses la situación se ha ido agravando, llegando a puntos críticos en las pequeñas comunidades locales repartidas por todo el país, lo que según la ONG, Comité Internacional de Rescate, impide que gran parte de la población de estas pequeñas localidades le sea difícil la huida, lo cual se reproduce en las cifras en una reducción del número de refugiados, además del rechazo que se produce en las fronteras de los países vecinos.

 

Efectos

Desde Líbano se han tomado medidas como la limitación de la entrada de refugiados, que solamente encontrará la excepción de situaciones humanitarias extremas. Mientras que Turquía solo mantiene abiertos dos pasos fronterizos para la entrada de refugiados a partes de estas estrictas condiciones, medidas que han sido tomadas del mismo modo por la vecina Jordania. Esto se produce por la falta de medios y apoyo con la que cuentan estos países para hacer frente a la situación.

La esperanza sobre una mejora de la situación cada vez es menor, ya que las acciones perpetradas por el frente islámico cada vez son mayores, lanzando diversas advertencias en las redes sociales como: “Lo que viene será más grave y amargo”. Estos hechos junto con la próxima llegada del invierno convierten la situación en desesperada, lo que ha conllevado la actuación de diversas organizaciones con el reparto de material humanitario junto con estufas para lo que puede ser la peor parte del conflicto.

En definitiva la situación de los refugiados se caracteriza por unas pésimas condiciones de vida, tanto de falta de espacio como de saneamiento. Gran parte de ellos se encuentra en la ciudad de Dohuk en el norte de Irak. Pero la difícil situación en la que se encuentra el país hace casi imposible cualquier tipo de intervención para hacer llegar la ayuda humanitaria llegada desde Occidente. Según las estimaciones realizadas por las diferentes organizaciones cerca del 45% de los refugiados, cifra ya cercana a los dos millones de personas necesita ayuda urgente, al encontrarse en una situación de completo desamparo.

Aunque el contexto se agrava si tenemos en consideración los datos aportados por el Alto Comisionado de la ONU para los derechos humanos, donde se indica que la cifra de personas que necesitan asistencia humanitaria se elevaría hasta los 5,2 millones de personas, cálculo de la población amenazada por la situación de crisis.

 

Hacia una solución final

Existe un problema en cuanto a la sensibilización de la opinión internacional de que el problema no está controlado, ni circunscrito a una zona determinada como es Irak. Una falta de respuesta por parte de Occidente ha permitido un reforzamiento de la estructura del Estado Islámico frente a la muy debilitada organización nacional de Irak. Esto contribuirá, sino se actúa en breve, una expansión por la zona, afectando a los países limítrofes, que permitirá el afianzamiento del Estado Islámico y desarrollo de sus estructura, que aumentan cada vez más con la llegada de occidentales radicalizados que se suman a sus filas, y la aparición de los lobos solitarios que comienzan a actuar tanto en Europa como en Norte América.

La solución es difícil y se encuentra alejada; los países del entorno se muestran pasivos por el miedo a romper el equilibrio de la zona, la política exterior de la Unión Europea es débil y resquebrajada para hacer frente a un conflicto de esta índole, y Estados Unidos parece que pretende evitar cualquier tipo de conflicto armado. Luego debemos plantearnos cuál será la nueva potencia que hará frente al conflicto o si el desarrollo de los acontecimientos nos llevará a una reacción desesperada de Occidente.

Antonio Garrido Salcedo es ayudante de investigación del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI).

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Universidad de Granada. Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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