Racionalidad, Irracionalidad y Kim Jong-Un

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La existencia o no de actores irracionales es un tema clásico en cualquier debate sobre estrategia. La opinión habitual es que no existen actores estratégicos completamente irracionales, aunque todos utilizan de vez en cuando elementos irracionales para fundamentar sus decisiones. En general, se acepta que por muy descabellada que parezca la estrategia de un líder siempre hay elementos racionales en su base, aunque a veces resulte difícil interpretar lo que el líder entiende por racional.

Uno de los aspirantes tradicionales a actor irracional es el régimen de Corea del Norte, y con especial intensidad su último dirigente Kim Jong-un. Al líder norcoreano se le consideraba un joven inexperto, caprichoso y extremadamente peligroso, que asentó su poder sobre la gerontocracia del régimen mediante la habitual mano de hierro, y el también habitual derramamiento de sangre.

Sin embargo, en el último año Kim Jong-un se ha mostrado mucho más hábil, inteligente y racional de lo que se le suponía. En pocos meses ha logrado éxitos inéditos entre sus antecesores, entre ellos el llevar a la mesa de negociaciones al presidente surcoreano, al líder chino y a todo un presidente de los Estados Unidos. Todos los que le tachaban de loco cuando se obstinó en llevar adelante el programa nuclear tienen que reconocer ahora las ventajas de su jugada. Corea del Norte tiene hoy armas nucleares y vectores para lanzarlas, lo que eleva al régimen un par de niveles en el gran juego internacional, y convierte a Kim Jong-un en alguien con quién vale la pena negociar.

El programa nuclear norcoreano mantiene muchos interrogantes. Los ensayos nucleares han sido siempre dudosos, con potencias de explosión reducidas, que hacen sospechar de un funcionamiento defectuoso de las armas experimentadas. La potencia estimada de las pruebas nunca ha superado los 25 kilotones, incluso en el presunto ensayo de un arma termonuclear. No obstante, todo el mundo admite que Corea del Norte posee armas nucleares, probablemente primitivas, pero con la capacidad suficiente para causar daños considerables. El programa de misiles intercontinentales para transportar las armas hasta sus objetivos ha estado también plagado de fallos, aunque los últimos ensayos del misil Hwasong-15 a finales de 2017 mostraban una trayectoria que podía corresponder a unos 13.000 km de alcance, más que suficiente para alcanzar el territorio continental de los Estados Unidos.

No está claro hasta qué punto se han podido miniaturizar las cabezas nucleares para instalarlas en los misiles. Tampoco está claro que esos misiles, escasos y poco fiables, puedan superar los sistemas de defensa antimisil norteamericanos. Sin embargo, aunque pequeña, existe una posibilidad de que una cabeza nuclear pueda acabar cayendo sobre Guam, Honolulu o Seattle, y eso es algo a lo que ningún presidente de los Estados Unidos, ni siquiera Donald Trump, se va a arriesgar. Nadie juega a los dados cuando hay armas nucleares sobre la mesa.

Kim Jong-un ha comprendido perfectamente el estatus que le proporcionan sus armas nucleares y sus misiles intercontinentales. Después de una época de tensión prebélica, amenazas norteamericanas, presiones chinas y un aislamiento internacional aún mayor del habitual, ahora que su país ya es una potencia nuclear ha llegado la hora de la flexibilidad, la negociación y las sonrisas. Una muestra más de la tradicional regla estratégica que dice que solo los fuertes pueden mostrarse flexibles. Kim Jong-un ha comprendido que, provisto ya de un palo suficientemente amenazante, ha llegado la hora de ofrecer la zanahoria.

La participación norcoreana en los Juegos Olímpicos de Invierno, con Kim Yo-yong, la hermana de Kim, haciendo un excelente papel de embajadora, o la reciente cumbre con el presidente de Corea del Sur Moon Jaen-in son muestra de una nueva voluntad negociadora. Pero lo más inusual es que Kim ha reconocido ese afán negociador ante su propio pueblo, hasta ahora exclusivamente alimentado con propaganda belicista. Como colofón, ha declarado que está incluso dispuesto a deshacerse de las armas nucleares que tanto trabajo ha costado desarrollar, y ha anunciado el desmantelamiento público de su centro de pruebas nucleares. Un centro subterráneo que algunos expertos consideran que, en realidad, se ha derrumbado parcialmente tras siete ensayos.

El líder norcoreano tiene ahora algo sustancioso con lo que negociar, y evidentemente intentará obtener los máximos beneficios, algo a lo que sin duda se sumará China, que ha comprobado como Kim no estaba tan loco después de todo, y lo ha reconocido recibiéndolo recientemente en Pekín. El desastroso estado de la economía norcoreana probablemente llevará a Kim Jong-un a pedir un significativo levantamiento de las sanciones contra su país, pero es poco probable que se quede ahí. La idea de desmantelar su arsenal a cambio de la retirada de las tropas norteamericanas de Corea del Sur probablemente flotará en el ambiente durante su encuentro con Trump en pocas semanas, aunque quizás sea demasiado pronto para plantearlo tan crudamente.  

El líder norcoreano ha tenido también suerte con sus interlocutores. El presidente Moon es de talante abierto y favorece las negociaciones, mientras que Trump ha conseguido descolocar a la diplomacia norteamericana de tal manera que es difícil que la gestión del asunto sea todo lo prudente y meditada que la ocasión requiere. Puede que al inquilino de la Casa Blanca, después de todo un aislacionista, le parezca magnífico retirar sus tropas de Corea del Sur, ahorrarse el coste del despliegue, presentar todo el asunto como un éxito personal, y desequilibrar significativamente la situación estratégica en la región. El hecho de que, ante la invitación a reunirse de Kim Jong-un, no haya realizado la lógica ronda de prolongados contactos diplomáticos para comprobar que todo el asunto no es una encerrona, no augura nada bueno. Tampoco parece ocurrírsele a Trump que Kim Jong-un ha demostrado los beneficios de poseer armas nucleares a otros países como Irán, que si ve cancelado el acuerdo de desarme actual intentará reanudar su programa nuclear e imitar a Corea del Norte

Kim Jong-un ha resistido las tensiones durante el desarrollo de su programa nuclear y está sabiendo aprovechar muy bien las posibilidades que le brinda su nuevo estatus. De momento, es él quien lleva la iniciativa y llena las portadas de la prensa internacional casi a diario. En definitiva, se ha comportado como un consumado estratega, bastante más racional de lo que muchos pensaban. Es de esperar que esto se traduzca en una nueva época de paz y prosperidad en la Península de Corea, y no en un juego estratégico en el que el astuto Kim y sus aliados chinos terminen por jugarle una mala pasada a la hoy por hoy impredecible y caótica administración norteamericana. De hecho no sería mala cosa que al presidente norteamericano se le contagiase algo del sentido estratégico de quién él mismo calificó como pequeño rocket man.

José Luis Calvo Albero es Coronel del Ejército de Tierra y Profesor en el Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada.