Propuestas en materia de Defensa para la nueva Legislatura

Versión para impresiónVersión para impresión

EstrategiaLab

Estamos al comienzo de una nueva legislatura, con nuevos miembros en las comisiones de Defensa del Congreso de los Diputados y del Senado y, previsiblemente, un nuevo Gobierno en los próximos días.

Desde el Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada, hemos pedido a varios profesores universitarios especializados en política de Defensa una batería de propuestas para quienes vayan a detentar responsabilidades políticas en materia de Defensa.

 

Josep Baqués, Profesor de Ciencia Política en la Universidad de Barcelona y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional, GESI

En los tiempos que corren habrá que hacer de la necesidad virtud. La geometría variable de la geopolítica actual exige una definición desacomplejada de nuestros propios intereses de seguridad, sin perjuicio de nuestra contribución a esfuerzos colectivos.

Sea cual sea el resultado de ese ejercicio, habrá que lidiar con una financiación insuficiente, que debe estimular que lo conjunto esté presente desde la misma fase de planeamiento, plasmándose en las adquisiciones (v. gr. el Buque de Proyección Estratégica L-61 pensado, “no sólo pero también”, para transportar Leopard-2 o CH-47). Similar será el escenario en lo relativo a personal, lo que puede acelerar la apuesta por nuevas tecnologías, incluso robóticas, que mejoren las capacidades ISTAR y la propia supervivencia en escenarios multidominio (la BRIEX 2035 es un buen comienzo). A su vez, los nuevos conflictos (guerras híbridas y zona gris) requieren adaptar la doctrina y adecuar la formación de los recursos humanos disponibles, para responder a retos cada vez más complejos.

 

Alberto Bueno. Investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Granada y miembro Grupo de Estudios en Seguridad Internacional, GESI.

Repensar la política de cultura de defensa. Los actuales planes rectores de la política de promoción de la cultura de defensa datan de los años dos mil, mientras que sus primeras iniciativas de finales de los noventa. Casi tres décadas después, resulta fundamental revisar y replantear este importante eje de la política de defensa, alejándose de propuestas de reforma meramente incrementales. Tres puntos que deberían abordarse de forma prioritaria:

  • Cultura de defensa vs. Cultura de seguridad. Ambas ideas obedecen a realidades, no distantes, pero sí distintas, por lo que su despliegue tendría que abordarse desde distintos niveles competenciales y, así, organismos de la Administración Pública.
  • Distinguir entre la política de comunicación de(l) (Ministerio de) Defensa y la política de cultura de defensa y, en consecuencia, diferenciar espacios para desarrollar distintas políticas. La divulgación de la política de defensa no ha de confundirse con la (legítima) difusión de la política institucional de Defensa.
  • Los programas de investigación y difusión de cuestiones estratégicas, así como de colaboración con las universidades, han de transformarse para apoyar la consolidación de una comunidad estratégica que en efecto investigue y profundice en el debate estratégico sobre política militar y defensa. 

 

Guillem Colom, Profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide y co-director de Thiber – The Cybersecurity Think-Tank

A nivel político: Deberían establecerse unas directrices políticas mínimas para la legislatura y unas líneas de acción básicas en el medio y largo plazo. Los cambios en el orden internacional, en el entorno de amenazas y el potencial disruptivo de las tecnologías tendrán profundos efectos en el ámbito de la defensa. Sin embargo, el planeamiento de la defensa se realiza en el vacío político, datando las últimas Directiva de Defensa Nacional (que establece las líneas básicas de la defensa para la legislatura) y Directiva de Política de Defensa (que enmarca políticamente el planeamiento de la defensa) de 2012. Además, aunque existe la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017, este marco general debería servir para realizar una hipotética Estrategia de Defensa Nacional que definiera las áreas de actuación prioritarias y así orientar la generación de capacidades en línea con los trabajos prospectivos realizados por la estructura militar. Aunque difícilmente lo veremos, lo óptimo sería realizar una nueva Revisión Estratégica de la Defensa que permitiera establecer el marco y líneas básicas de la defensa para el horizonte 2035.

A nivel estratégico: Tras elaborar una estrategia, deberían revisarse los planes de obtención de armamento y material que continúan respondiendo a criterios modernizadores y condicionantes industriales y, quizás, no son los más adecuados para los escenarios de actuación más previsibles. Ello debería combinarse con la inversión en tecnologías avanzadas para apoyar el proceso de transformación militar. Sin embargo, cualquier cambio de estas características requiere un cambio de mentalidad, pudiendo significar la alteración del tradicional ecosistema industrial-militar, cambios generacionales en la concepción de la defensa, la ampliación de estos asuntos más allá de los tradicionales ámbitos militar, industrial y político o el acceso de expertos civiles. En cualquier caso, la revisión de los planes de obtención de armamento y material debería acompañarse de un marco de inversión estable – lo óptimo sería una ley de programación – que garantice su obtención, pago y sostenimiento.

 

Marién Durán, Profesora Titular de Ciencia Política en la Universidad de Granada y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional, GESI.

Creación de posiciones de personal civil experto en Estudios de Seguridad en el Ministerio de Defensa, constituyendo grupos de asesores civiles permanentes contratados.

Los beneficios que conllevaría esta acción podrían ser los siguientes:

  • Promover, fortalecer e incentivar los estudios de Seguridad en el área de las Ciencias Sociales en el Ministerio de Defensa, con el objetivo de que España se homologue con la forma de trabajar en este aspecto, de países como Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Holanda, países nórdicos, etc.
  • Creación de posiciones fijas con asesores que sean capaces de moverse cómodamente en conocimientos en Estudios de Seguridad, estudios regionales y construcciones de carácter estratégico y que trabajen en plena colaboración con el personal militar.
  • Producción de sinergias civiles-militares tanto en el Ministerio de Defensa, como efecto spillover hacia el mundo académico y viceversa. La creación de redes de conocimiento y confianza, podrían constituir un importante capital social en este ámbito.

Motivación de la propuesta. Desde hace casi dos décadas, diferentes Departamentos y grupos de investigación en España, han dado un salto cualitativo y cuantitativo en los Estudios de Seguridad y en los Estudios de Área, vinculados principalmente a la Ciencia Política y otras disciplinas de las Ciencias Sociales. Esta situación debería ser aprovechada por las instituciones españolas, de tal forma que se produzca captación de talento que sirva para fortalecer el pensamiento estratégico y dar el merecido reconocimiento a las Ciencias Sociales. En consecuencia, también se puede ganar en perspectiva y en aprendizaje de toma de decisiones.

 

Antonio Fonfría, Profesor Titular del Departamento de Economía Aplicada, Estructura e Historia de la Universidad Complutense de Madrid.

En el ámbito económico: Los cambios que está introduciendo la PESCO y el EDF a nivel europeo exigen de los países un mayor compromiso en términos presupuestarios y de gestión. La cofinanciación exigida para participar en ciertos proyectos de colaboración entre países requiere un cierto aumento del presupuesto si se desea participar en ellos. Igualmente, y ya en clave nacional, es necesario redistribuir el esfuerzo de inversiones en nuevas tecnologías que respondan a las amenazas y a los riesgo más actuales y futuros, del tipo ciber, satélites y tecnologías disruptivas, lo cual implica una reasignación de recursos –sin dejar de lado los sistemas más tradicionales que soportan la disuasión-. Estas modificaciones demandan una reconfiguración importante de las estructuras de gestión, hasta tal punto que el propio sistema de planeamiento ha de cambiar y adecuarse al nuevo escenario europeo.

En el ámbito industrial: Hasta ahora la política industrial de defensa se basaba en una estrategia que no posee presupuesto ni ámbito temporal de aplicación y que, en el nuevo escenario europeo, no es válida. La política industrial de defensa ha de basarse a partir de ahora en dos grandes pilares. El primero es el apoyo a la industria nacional, condición necesaria –aunque no suficiente-, para mantener cierto grado de soberanía y autonomía estratégicas y ser capaces de desarrollar tecnologías propias. El segundo, es jugar en el terreno de la colaboración europea de manera muy intensa, de forma que las empresas españolas han de poseer un estándar elevado, tanto para participar en los consorcios y liderarlos, como para poder competir internacionalmente. Por último, sería imprescindible cambiar el modo de financiación de los grandes programas, ya que conduce a una importante acumulación de deuda que recae sobre Defensa, lo cual podría evitarse.

 

Javier Jordán, Profesor Titular de Ciencia Política de la Universidad de Granada y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional, GESI.

Transmitir mejor la siguiente idea: la Política de Defensa es parte esencial de la Acción Exterior del Estado. De esta propuesta se derivan varias líneas de actuación.

  • Primero: la política de Defensa y la política Exterior deben actuar de manera sincronizada en el marco del sistema de seguridad nacional. En los últimos años se ha avanzado en ese sentido pero lograr una coordinación efectiva entre las administraciones es siempre una meta por alcanzar.
  • Segundo: comunicar los beneficios concretos de esa sinergia a la ciudadanía. Por ejemplo, nuestro país participa en numerosas misiones militares de la UE, ¿cómo mejora esto la influencia España sobre decisiones relevantes en el seno de la Unión? ¿qué resultados tangibles se derivan de ello? Si la ciudadanía no percibe retornos derivados de la política de Defensa, será muy difícil justificar los gastos necesarios para que la Fuerza 2035 llegue a ser una realidad o la Armada pueda sustituir los Harrier II por F-35B, por citar solo dos casos.
  • Tercero: dar mayor visibilidad a la contribución militar de España en misiones de ONU, OTAN y UE en los medios de comunicación internacionales y en los think-tanks de otros países, sobre todo anglosajones. Esto reforzaría la imagen y reputación de nuestro país, en línea con el trabajo que realiza España Global. Entre otras medidas pasaría por algo tan sencillo como que el sitio web del Ministerio de Defensa tenga versión en inglés. La habitual infografía con el despliegue militar español en el exterior escapa ahora mismo a la comprensión de quienes no hablan nuestro idioma.
 

 

Rafael Martínez, Catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona y director del Group of Research & Analysis on Public Administration.

Estudio investigación sobre perfiles sociodemográfico, político y profesional del militar español: desde los inicios de la transición las Fuerzas Armadas han pasado de ser la institución peor valorada de los españoles a situarse como una de las tres primeras. Ese cambio de percepción ha sido fruto de un prolongado y exitoso proceso de modernización y cambio vehiculado por los ministerios de la defensa. Sin embargo, en estas últimas elecciones, han sido bastantes los cabeza de lista de Vox que proviene de las FAS. Ello puede impactar negativamente en el conjunto de la sociedad y empeorar la imagen y la confianza y echar por tierra el trabajo de décadas.

Hace ahora ya casi veinte años la DIGENPOL, a través del IEEE y del Instituto Universitario ‘Gutiérrez Mellado’, nos encargó a un grupo de investigación de la Universidad de Barcelona un estudio socio-político y profesional que realizamos en los, entonces, 32 centros de formación militar –oficiales y suboficiales y los tres ejércitos-. Con ello ofrecimos al decisor político información crucial que sirvió para incrementar el rol de las mujeres en la institución, para acometer el ingreso de latinoamericanos, para hablar de cultura de defensa y no de conciencia y para focalizar esfuerzos en las misiones internacionales –principal responsable de la mejora de la percepción ciudadana.

Creemos que es el momento de hacer un nuevo estudio que aporte datos que sirvan al decisor político para su toma de decisiones. Entendemos que la realización por un grupo de investigación garantiza el sigilo de los datos y facilita el anonimato y la libertad del encuestado y entendemos que debería hacerse una foto amplia y encuestar en academias, y en los cursos de comandantes y de generales)

Generar un grado en Ciencias Sociales para militares y abrir los estudios de Grado de los Centros Universitarios de la Defensa a civiles: La creación de los Centros universitarios de la Defensa fueron un gran acierto de la ministra Chacón y, hasta la fecha, su funcionamiento puede considerarse satisfactorio; pero hay algunas cuestiones que mejorar:

 Sería interesante pensar en generar un grado en seguridad y defensa articulado desde las ciencias sociales. Las ingenierías que ahora se estudian son, con toda seguridad, muy útiles para muchos; pero hay un futuro profesional que les obliga a saber de relaciones internacionales, de gestión de recursos humanos, de resolución de conflictos, de clásicos del pensamiento militar, de geoestrategia, de política comparada, etc. Eso desde una ingeniería no se aborda.

Sería conveniente aceptar que civiles cursasen los grados impartidos en los CUD sin que ello comportase, claro está, realizar carrera militar, con el fin de incrementar el prestigio de los centros universitarios, de afianzar las relaciones civiles-militares y de colaborar en la generación de una comunidad epistémica civil sobre seguridad.

Los CUD deberían encabezar el I+D+i en los retos de la Seguridad que competen a la Defensa; en cambio hoy son más centros docentes que centros universitarios (estos últimos con docencia e investigación).

 

Carlos Navajas, Profesor Titular de Historia Contemporánea e investigador responsable del Grupo de Investigación de Historia de Nuestro Tiempo de la Universidad de La Rioja.

Desde mi punto de vista, los retos que afronta la política de seguridad y defensa en España en estos momentos son muy importantes, aunque por razones de espacio sólo me voy a referir a un par de ellos.

Así, el gasto de defensa y, dentro de él, el gasto en programas de armamento, debería ser absolutamente transparente. Ésta es con claridad una de las asignaturas pendientes de la democracia española desde prácticamente sus inicios. No puede ser que desde principios de los años ochenta las diferencias en el cálculo del gasto en defensa según fuentes oficiales y con arreglo a las opiniones de diferentes autores o centros pacifistas hayan rondado sistemáticamente el 1% del PIB.

En segundo lugar, debería realizarse una profunda reflexión acerca del objeto real de las misiones internacionales que en estos últimos años se han convertido en un fin en sí mismo y no en un medio para alcanzar otros objetivos. O, en todo caso, que éstos no tengan mucho que ver con la política de seguridad y defensa. A título de ejemplo, durante el breve mandato de María Dolores de Cospedal al frente del departamento de Defensa, se dijo desde fuentes oficiales que las misiones internacionales eran “un verdadero activo de la marca España”, que tenían un valor “fundamental” en la acción exterior de España y que servían para incrementar el “prestigio” de nuestro país y sus Fuerzas Armadas. Como dijo lapidariamente el presidente Rajoy en una ocasión, “Muchas gracias por estar ahí”.