Pensando en la Desintegración de la Unión Europea

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Varias semanas atrás, el semanario Der Spiegel desvelaba que el Ejército alemán estudia el fin de la actual Unión Europea como escenario de trabajo. La información provenía de un documento todavía confidencial, "Perspectiva Estratégica 2040", con el que el Bundeswehr trata de incorporar el análisis prospectivo a su planeamiento estratégico. Ésa es una de las realidades con las que se trabaja para el horizonte temporal del año 2040. La filtración levantó cierto revuelo entre comentaristas y analistas, alarmados porque el ejército contemple dicho panorama. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de los ejércitos occidentales trabajan con escenarios similares. Hay motivos para ello.

Cuando el analista desarrolla la técnica de construcción de escenarios tiene que identificar todas aquellas tendencias que afectarán al escenario en cuestión y, sobre ellas, levantar ese hipotético mundo futuro. En el caso europeo hay elementos negativos que conforman tendencias con una variable negativa plausible. Sin ánimo de exhaustividad y sin que su orden de exposición implique aquí nivel de importancia, se observan fenómenos preocupantes. En primer lugar, el Brexit ha conseguido lo que la crisis del euro o de Grecia no pudieron: demostrar que el proceso de desunión también es perfectamente posible (y un terrible dolor de cabeza para todos). En segundo, se aprecian serias tensiones internas en los Estados miembros, con pulsiones y movimientos políticos nacional-populistas que sobrecalientan las ya dañadas resistencias del sistema. Aprovechando tal tesitura, la Unión Europea sufre presiones externas de quienes buscan ahondar en la debilidad estratégica comunitaria. En cuarto lugar, e igualmente de forma relacionada, el auge de partidos "euroescépticos", cuando no abiertamente contrarios a la Unión, desde ambos extremos del espectro ideológico y desde España a Finlandia. También se han de sopesar los intentos de países como Polonia y Hungría (tan sólo los ejemplos más claros) por impulsar proyectos reaccionarios en Europa. En sexto, el proceso de globalización, que fuerza los resortes de los estados del bienestar y empuja hacia la reflexión misma sobre el futuro de las sociedades democráticas. Por otra parte, la crisis social y económica, luego institucional, sigue sin resolverse, apuntalando el crecimiento de la desigualdad; un desafío social de primer orden y que está en el fondo de muchos de estos problemas políticos. Por último, un clima general de pesimismo entre las sociedades europeas, lo que no es baladí: las emociones también juegan un papel fundamental en cómo los ciudadanos se relacionan con la política y el sistema político, y en cómo éste responde.

Estas razones, por tanto, obligan a considerar tantos los escenarios de progreso, sean con geometría variable, a varias velocidades o de integración, como los que describen la desaparición de la Unión. Bien es cierto que un escenario como éste último no aparecía en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa, posiblemente reflejando una preferencia política. Problemático, pero ésa es justamente la clave.

Idealmente, la construcción de escenarios es sólo un paso más en el proceso de análisis estratégico, la cual debe ser seguida por el establecimiento de indicadores que sustenten un sistema de vigilancia prospectivo, entre otros. Tales indicadores, bien formulados, contribuyen a señalar hacia dónde se avanza, es decir, cómo están evolucionando esas tendencias y, por ende, qué escenario estaría conformándose (asumiendo a su vez que, entre otras limitaciones, es imposible anticipar todos los escenarios posibles). La clave está, en efecto, en saber qué futuro se prefiere. No se trata de predecirlo, algo inútil, sino de influir en las decisiones presentes para tratar de condicionar dicho horizonte temporal. Por ello la construcción y análisis de escenarios puede contribuir al planeamiento estratégico. Así, se podría entender el impulso de la PESCO como un paso en la dirección que la Comisión Europea quiere favorecer, pues el Reflection Paper on the Future of European Defence dibuja un escenario de mayor cooperación e integración de capacidades en Defensa.

Éste es el equilibrio a conseguir entre los analistas, quienes tienen la obligación de pensar y prepararse para todos las realidades posibles que las tendencias relevantes para la seguridad y la defensa induzcan a pensar, y el nivel político, donde se fijan orientaciones de las políticas y objetivos. Por tanto, decidir qué futuro sería deseable y cuál se quiere evitar es una determinación absolutamente política. Los analistas tienen que seguir pensando, también en lo imposible.  

Alberto Bueno es investigador del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada.