Participación militar soviética en la Guerra Civil española

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Defendía hace unas semanas en este blog que quizá tenga sentido dedicar un poco más de atención al estudio de la Guerra Civil desde el punto de vista estrictamente militar. Que quedan cuestiones en las que aún se puede profundizar, o que pueden ser examinadas desde puntos de vista novedosos. Quizá una de ellas sea la participación (militar) de la Unión Soviética. Evidentemente, un conflicto tan antiguo (ochenta años) puede ofrecernos ya pocas lecciones técnicas referidas a los medios de combate y a su empleo, pero sí bastantes sobre la huella que ha podido dejar en la cultura militar de los participantes, una cultura militar que ha ido transmitiéndose de generación en generación y ha llegado (modificada por aportaciones posteriores) hasta nuestros días.

Casi siempre podemos encontrar elementos de continuidad y elementos de renovación en la vida de países y organizaciones, así que, hasta cierto punto, fijar nuestra atención sobre unos o sobre otros depende del enfoque que adoptemos. En líneas generales, creo que no sería arriesgado decir que en el tránsito del ejército imperial ruso al nuevo Ejército Rojo en los años que siguieron a la Revolución de Octubre predominaron los elementos de ruptura, mientras que en las sucesivas transformaciones/evoluciones que han se han sucedido después (de Ejército Rojo a Ejército Soviético, y de Ejército Soviético a las actuales Fuerzas Armadas de la Federación Rusa) han sido más importantes los elementos de continuidad. Porque parece claro que el ejército ruso de nuestros días desciende biográficamente del Ejército Rojo de los años veinte y treinta, época fundacional en la que surge una cultura profesional propia. La importancia que tuvo la guerra civil española en la formación de esa cultura militar soviética (por extensión, de la cultura profesional de una de las principales fuerzas armadas de nuestros días) es, precisamente, lo que hace que la participación militar de la URSS en aquel conflicto siga siendo de interés actual desde el punto de vista técnico.

La gran ventaja que tenemos en este caso es que el trabajo de base ya está hecho. Tanto en España como en Rusia se trata de un tema que ha atraído durante décadas la atención de los investigadores, así que resulta muy probable que la mayor parte de los hechos hayan sido ya claramente establecidos. Que no quede nada especialmente interesante por descubrir. Lo que sí se puede hacer es examinar la evidencia desde puntos de vista diferentes de los tradicionales. Para los investigadores españoles, el principal problema parece haber sido apoyar o desmentir la idea de que la URSS tuvo una influencia decisiva en la evolución de la República española y de su Ejército Popular. Para los rusos, en cambio, el tema más interesante parece ser la actitud de Stalin[1] y sus motivos. Qué buscaba mediante su participación en la guerra civil española y hasta qué punto sus acciones fueron las más adecuadas dada la situación. Ambas son cuestiones interesantes desde el punto de vista histórico, y ninguna de ellas tiene carácter propiamente militar, lo que deja espacio para ensayar nuevos enfoques, para intentar dar respuesta a nuevas cuestiones. Algunas de las que someto a la consideración del paciente lector son las siguientes: 

Valoración actual de los líderes soviéticos y rusos del siglo XX

Fuente: Según “Михаил Горбачев признан худшим правителем России XX века” (Mijail Gorbachev, reconocido como peor gobernante de Rusia en el siglo XX). RT televisión, 23.05.2013. https://russian.rt.com/inotv/2013-05-23/Mihail-Gorbachev-priznan-hudshim... (acceso: 23.10.2017).

1) ¿Qué idea tenía Stalin del carácter, significado y posible evolución de la guerra civil española? Y es que según la Doctrina Militar soviética, formulada inicialmente por Mijaíl Frunze en los años veinte, la Doctrina consistía en “el sistema de enfoques sobre la esencia, finalidades y carácter de una posible guerra futura, sobre la preparación para ella del país y sobre las formas de conducirla”. La guerra civil española era el primer gran conflicto armado al que se tenía que enfrentar Stalin como líder supremo de la URSS y su percepción de lo que en ella ocurría estaba condicionada por su idea sobre las características que habrían de tener las guerras futuras.

Stalin no dejó escrito nada que nos sirva para esclarecer este punto y, evidentemente, ya no podemos pedirle aclaraciones[2]. Es probable, sin embargo, que viera la situación española a la luz de la experiencia rusa de veinte años antes. Es decir, que interpretara que la situación creada por el levantamiento del 18 de julio había creado unas condiciones muy favorables para una revolución socialista. Y que la guerra civil, de llegarse a ella, no sería similar a una guerra convencional de la época, como no lo había sido la guerra civil rusa. Que la menor competencia técnica de los militares propios se vería compensada por su ardor revolucionario y por el apoyo de las masas populares, tanto a un lado como al otro del frente que en cada momento existiera. Si examinamos a esta luz las decisiones que Stalin tomó durante el primer año de la guerra civil española, parece que tienen sentido.

2) ¿Por qué Stalin acudió en auxilio de la República con dos instrumentos militares diferentes (y no siempre bien coordinados): las Brigadas Internacionales, movilizadas por la Komintern, y la asistencia militar directa al Ejército Popular (en forma de armamento, de instrucción, de asesoramiento y, en algún caso, de mandos especializados)? ¿Por qué, en general, las Brigadas no fueron encuadradas por oficiales profesionales? ¿Por qué, al menos, no se puso al frente de ellas a militares profesionales suficientemente cualificados?

Y es que, en efecto, nada en la biografía profesional de la mayor parte de los jefes de las Brigadas sugiere que tuvieran las competencias necesarias para mandar una gran unidad en una guerra convencional. Manfred Stern (Brigada XI) era un oficial de inteligencia soviético, asignado a la Komintern, y tenía alguna experiencia en guerra de guerrillas. Su sucesor, Hans Kahle, había sido teniente del ejército alemán en la fase final de la Primera Guerra Mundial (1917-1918), pero a esto se reducía su experiencia de mando de unidades. El húngaro Máté Zalka (Brigada XII) era escritor y, aunque había participado en la guerra civil rusa (en parte, en unidades de guerrillas), no había tenido más puestos de carácter militar tras ser desmovilizado en 1923. El alemán Wilheml Zaisser, uno de los jefes de la Brigada XIII, había sido teniente durante la Primera Guerra Mundial. Tras recibir formación militar complementaria en Moscú, durante los años siguientes alternó puestos en el aparato clandestino del Partido Comunista Alemán y en la inteligencia militar soviética. El polaco Karol Świerczewski sí era militar profesional del Ejército Rojo y entre 1931 y 1934 fue director de la Escuela Político-Militar, dependiente de la Komintern, en la que recibían instrucción militar activistas de Partidos Comunistas extranjeros[3]. Finalmente, de los jefes de la Brigada XV el húngaro János Gálicz era oficial profesional del Ejército Rojo (carrera bastante oscura), mientras que el yugoslavo Vladimir Ćopić era funcionario de la Komintern.

La situación fue completamente distinta con los “consejeros” (entre comillas porque bastantes de ellos tuvieron funciones ejecutivas), entre los que abundaron los oficiales profesionales altamente cualificados. Algunos ejemplos tan solo: Nikolai Kuznetsov, consejero naval, sería nombrado muy pronto Comisario del Pueblo (ministro) para la Marina de Guerra y llegaría a ser Almirante de la Flota de la Unión Soviética; Yákov Smushkevich, consejero aéreo, fue entre 1939 y 1940 jefe de las Fuerzas Aéreas del Ejército Rojo, y entre 1940 y 1941 adjunto al Jefe del Estado Mayor General para cuestiones de aviación; Dmitri Pavlov, jefe de la Brigada de Tanques del Ejército Popular, fue a partir de 1937 jefe de la Dirección de Tropas Motorizadas y Acorazadas del Ejército Rojo y al comienzo de la Segunda Guerra Mundial era el Comandante en Jefe del Frente Occidental.

3) Un tercer punto interesante es el enorme peso de la inteligencia (sobre todo, en su modalidad de “acciones encubiertas”) en el apoyo militar soviético a la República. En este sentido, resulta significativo que cuando a mediados de septiembre de 1936 Stalin decide acudir en ayuda del gobierno de Madrid, encarga del desarrollo del plan de acción a la Dirección de Inteligencia del Ejército Rojo[4] y al Departamento Extranjero del NKVD[5]. Ya desde el principio, la intervención en España se concibió como una operación de inteligencia.

El primer Consejero Militar Principal, el letón Jānis Bērziņš, era un oficial de inteligencia y estuvo al frente de la inteligencia militar soviética entre 1924 y 1935. Como ya hemos indicado, varios jefes destacados de las Brigadas internacionales eran en realidad oficiales de inteligencia militar. Y, por no citar más que otro nombre muy conocido, el osetio Mamsurov, uno de los personajes clave en el XIV Cuerpo de Ejército (de guerrilleros), era también un oficial de inteligencia militar y a su regreso de España fue nombrado jefe del departamento A (medidaas activas, es decir, de guerrillas) en la Dirección de Inteligencia del Ejército Rojo.

No quedó solo en los hombres. También los nombres fueron importantes. En la mejor tradición de la inteligencia clandestina, los consejeros soviéticos (y los principales jefes de las Brigadas internacionales) en lugar de actuar en España con sus verdaderos nombres, lo hicieron bajo seudónimos. En algunos casos, también la nacionalidad era fingida (el mencionado Mamsurov, por ejemplo, entró en España como macedonio)[6].

Y hay más. Si se puede destacar una acción de la que los soviéticos se sintieran particularmente orgullosos, es probablemente el suministro de grandes cantidades de material de guerra al Ejército Popular a pesar de que los cargueros tenían que pasar muy cerca de las costas de un país hostil (Italia) y burlar el bloqueo naval al que estaban sometidos los principales puertos republicanos. El que durante dos años y medio consiguieran mantener abiertas las vías de comunicación entre la URSS y la España republicana fue visto por los soviéticos como un gran éxito. Un éxito del que con justicia se enorgullecieron los marinos soviéticos, pero en el que tuvieron un papel clave los servicios de inteligencia.

4) Un cuarto problema es el de la asimilación por parte soviética de las enseñanzas militares de la guerra civil española. Y aquí el principal problema parece haber sido el mal momento en que la guerra tiene lugar. En 1936 los profesionales renovadores, encabezados por el mariscal Tujachevski, habían conseguido que la teoría de las operaciones en profundidad (desarrollada pocos años antes por Triandafillov) se convirtiera en la base del Reglamento de Campaña aprobado en aquel año[7]. En este contexto, la guerra civil española podría haber sido un excelente campo de experimentación para estas ideas, pero no lo fue. Ya en agosto de 1936 empezaba la gran purga de las Fuerzas Armadas y el propio Tujachevski era arrestado en mayo del año siguiente. Los hombres de confianza de Tujachevski y muchos de los mandos soviéticos/internacionales en España cayeron víctima de las purgas. En estas circunstancias, cualquier referencia directa o indirecta a las ideas de los purgados pudo parecer a los oficiales soviéticos que permanecían en nuestro país sumamente arriesgada. Por eso, prefirieron “volar bajo”, de forma que las lecciones que los soviéticos extrajeron del conflicto se refieren, sobre todo, a la calidad del material y, en alguna medida, también a su uso táctico, mientras que dejan completamente de lado los aspectos más generales de conducción del conflicto.

Hay que esperar a 1940, ya después de la campaña de Polonia, para que Isserson, en su libro Las nuevas formas de la guerra[8], se atreviera con una interpretación más ambiciosa de la guerra civil española. De todas formas, Isserson sería arrestado en junio de 1941, y pasaría diez años en prisiones y campos de concentración. No sería rehabilitado hasta 1955.

5) Un último aspecto que merece tenerse en cuenta es el de la superación del choque cultural, algo que resulta enormemente importante en nuestros días, cuando la mayor parte de las operaciones militares están a cargo de contingentes internacionales y, en general, se desarrollan en países terceros. Y aquí los militares soviéticos no hicieron un trabajo demasiado bueno. La mayor parte de los que vinieron ignoraban el idioma y tenían, si acaso, una idea vagamente romántica del país, con letra de Pushkin y música de Glinka. Por lo demás, en las memorias que han dejado se advierte lo poco que se integraron (quizá influyera el tufillo “de inteligencia” que tuvo la operación desde el principio) y la bajísima opinión que tenían de la mayor parte de los profesionales españoles. Este desconocimiento del país y este escaso interés por remediar su ignorancia tuvo una influencia bastante negativa sobre la eficacia del apoyo que prestaron al Ejército Popular. Las acciones guerrilleras, en las que habían depositado grandes esperanzas, no tuvieron apenas ningún efecto y ello obedece, probablemente, a que los oficiales soviéticos que las inspiraban no comprendían bien la situación real del país y los motivos por los que sus habitantes actuaban (o dejaban de actuar).

En décadas sucesivas, los soviéticos (más tarde, los rusos) han seguido teniendo problemas para superar las barreras culturales que los separan de las poblaciones de los países con los que cooperan.

José-Miguel Palacios es Coronel de Infantería y Doctor en Ciencias Políticas


[1]  Los rusos de nuestros días tienen una imagen bastante positiva de Stalin, del que se ha olvidado la crueldad represiva, pero se recuerda su contribución a la victoria sobre el nazismo y su éxito al convertir a la URSS en una gran potencia mundial (ver gráfico). Según “Михаил Горбачев признан худшим правителем России XX века” (Mijail Gorbachev, reconocido como peor gobernante de Rusia en el siglo XX). RT televisión, 23.05.2013. https://russian.rt.com/inotv/2013-05-23/Mihail-Gorbachev-priznan-hudshim-pravitelem (acceso: 23.10.2017). También las autoridades parecen prestar atención sobre todo a los aspectos positivos de la trayectoria de Stalin: en enero de 2018 se prohibió la difusión de la película satírica La muerte de Stalin (Armando Ianucci) por “aventar el odio y la hostilidad, (...) humillar la dignidad de la persona rusa (soviética), (...) hacer propaganda de la inferioridad de la persona, en función de su pertenencia social y nacional...”. Ver BONET, Pilar (24 Enero 2018). Prohibido reírse de Stalin. En El País. https://elpais.com/internacional/2018/01/24/actualidad/1516814605_224442.html (acceso: 26.05.2018).

[2] Tampoco en los años treinta resultaba fácil. En aquella época se construyó en pleno centro de Moscú (junto al Kremlin y en frente del Picadero -Манеж-, obra del gran ingeniero tinerfeño Agustín de Betancourt) el hotel Moskva, que se caracterizaba por tener una fachada principal asimétrica. Cuenta una leyenda urbana (ver https://en.wikipedia.org/wiki/Four_Seasons_Hotel_Moscow) que el arquitecto, dudando entre dos posibles soluciones para la fachada, hizo un dibujo con ambas y lo presentó a Stalin, que lo aprobó. Según la leyenda, el arquitecto, temeroso de pedir al líder soviético aclaraciones sobre cuál de las dos versiones le había gustado más, decidió construir ambas, reproduciendo de esta manera el dibujo que había mostrado. La leyenda es probablemente falsa, pero ilustra bastante bien la opinión que los moscovitas tenían sobre Stalin y su forma de ejercer el poder una vez que consiguió consolidarse en el primer puesto de la jerarquía soviética.

[3] No parece haber sido un oficial muy valorado en el Ejército Rojo, a la luz de la escasa importancia de los mandos que tuvo durante la Segunda Guerra Mundial. Su alcoholismo era, probablemente, bien conocido de sus superiores. Ver https://en.wikipedia.org/wiki/Karol_Świerczewski.

[4] En 1942, la Dirección de Inteligencia pasó a denominarse Dirección General de Inteligencia (Главное Разведывательное Управление) y es conocida desde entonces por sus siglas rusas, GRU.

[5]  Siglas en ruso del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos. En 1941 se dividió en dos Comisariados diferentes: Asuntos Internos y Seguridad del Estado. Desde 1954 este último pasó a denominarse Comité para la Seguridad del Estado (KGB).

[6] La propia España recibió un nombre clave. En los documentos soviéticos de la época aparece como “país X”.

[7]  Las ideas de los militares renovadores soviéticos apenas eran conocidas en España antes de 1936 y no habían tenido ninguna influencia sobre el desarrollo del pensamiento militar español. La importante Colección Bibliográfica Militar no llegó a publicar ninguna obra de autores soviéticos. Ver GUERRERO MARTÍN, A. (2015). Análisis y trascendencia de la Colección Bibliográfica Militar (1928-1936). Tesis doctoral defendida en la Facultad de Geografía e Historia de la UNED.

[8] ISSERSON, G.S. (1940). Новые формы войны (Las nuevas formas de la guerra). Moscú: Voienizdat. http://militera.lib.ru/science/isserson/index.html.