Mujeres en los procesos de paz en América Latina

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Blog Mosaico

En América Latina se han firmado hasta la fecha tres acuerdos de paz: los Acuerdos de Chapultepec de 1992, que pusieron fin a 12 años de guerra civil en El Salvador; el Acuerdo de Paz Firme y Duradera de 1996, tras 36 años de conflicto armado interno en Guatemala; y el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, entre el Gobierno de Colombia y las FARC - EP de 2016.

El propósito de las siguientes líneas es el de exponer el porcentaje de mujeres[1] que participaron en cada uno de ellos y examinar si una mayor o menor presencia femenina influyó en que el contenido de los mismos incluyese un enfoque de género.

Comenzado por los Acuerdos de Chapultepec, las partes negociadoras fueron el Gobierno del El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). En el proceso de paz que condujo a la firma de los acuerdos, en el equipo negociador hubo un 13% de mujeres, mientras que el mediador sólo estuvo formado por hombres. Entre las personas signatarias del Acuerdo, hubo un 12% de mujeres. No obstante, aunque es un porcentaje bajo, hay que destacar que no dista mucho del que por entonces existía en el Parlamento, ya que sólo un 10% estaba formado por mujeres.

En segundo lugar, las partes negociadoras del Acuerdo de Paz Firme y Duradera fueron el Gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URGN). No obstante, antes de este Acuerdo, ya se venían produciendo otros desde principios de los 90. En estos, las mujeres llegaron a representar un 13% de los equipos de negociación. En cambio, en el Acuerdo del 96 sólo hubo un 2% de mujeres entre los negociadores, aunque representaron el 11% de los firmantes. Al igual que en el caso de El Salvador, tampoco en Guatemala las mujeres llegaron a formar parte del equipo mediador. Sin duda, el porcentaje de mujeres participantes de un modo u otro en el Acuerdo distó del porcentaje de mujeres parlamentarias en el año 1996, momento en el que fue del 12%.

Por último, el reciente Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera quizás es el más ejemplar en lo que se refiere a participación de las mujeres en un proceso de paz en América Latina. Hay que destacar que se trató del primer acuerdo de paz firmado en la región tras la aprobación de la Resolución 1325 de Naciones Unidas. Como señala Carmen Magallón, ello permitió que los reclamos de las organizaciones feministas para estar presentes en las negociaciones de paz en la Habana se plasmasen en la constitución de una Subcomisión de Género. Ésta se encargó de revisar los acuerdos firmados para que se incluyesen la perspectiva de género de una forma trasversal.

Hay que recordar que la Resolución 1325 llama a las autoridades de las Naciones Unidas, a los Gobiernos y al resto de partes a llevar a cabo acciones en cuatro áreas:

  1. Aumentar la participación de las mujeres en la toma de decisiones y en los procesos de paz;
  2. Entrenar, desde una perspectiva de género, para el mantenimiento de la paz;
  3. Proteger a las mujeres durante los conflictos armados y en las situaciones postconflicto; e
  4. Introducir el género de manera trasversal en los sistemas de información y de recogida de datos de Naciones Unidas, así como en la en prácticas de los programas.

No es posible establecer una relación de causalidad entre la aprobación de dicha Resolución y el aumento en el porcentaje de mujeres en el proceso de negociación que precedió al Acuerdo de Paz en Colombia, pero lo que sí es cierto es que tal aumento se produjo. Así, en 2015 había un 20% de mujeres en el equipo negociador del Gobierno y un 43% en el de las FARC (similar al porcentaje de guerrilleras). Ya en 2016, cuando se firmó el Acuerdo, el total de mujeres en los equipos negociadores fue del 33%, del 3% en los mediadores y de tan sólo un 3% de los signatarios[2]. No obstante, si se atiende al porcentaje de mujeres parlamentarias en ese año (21%), éste fue menor que el de negociadoras.

Como se puede observar en los datos anteriormente expuestos, fue en el caso colombiano donde hubo un mayor porcentaje de mujeres participantes en un proceso de paz en América Latina. Además, también fue el único caso en el que se adoptó un enfoque de género trasversal en el Acuerdo final. En este sentido, se puede decir que sí existe relación entre un mayor porcentaje de mujeres involucradas en un proceso de paz y la inclusión en el Acuerdo final del enfoque de género.

Esto último fue un factor clave en el resultado del referéndum en Colombia, ya que los grupos más conservadores utilizaron ese punto para hacer campaña por el “No”. Esto deja una lección para acuerdos de paz futuros: hay que dejar claros los conceptos utilizados en los documentos, pues, en caso contrario, pueden ser sometidos a manipulación.

No obstante, al margen del hecho de que fue en el proceso de paz colombiano en el que hubo un mayor porcentaje de mujeres implicadas, y de que el Acuerdo de paz de Colombia fue el único de los tres que incluyó la perspectiva trasversal de género, lo realmente interesante será ver si su implementación acaba siendo fiel a la letra. Empero, debido al escaso periodo de tiempo que ha trascurrido desde su aprobación definitiva, no es posible tener suficientes elementos de juicio para realizar tal análisis. Sea como fuere, es algo sobre lo que se intentará volver en un futuro que se espera que sea positivo.

José Carlos Hernández es miembro de GESI y alumno del Máster en Estudios Latinoamericanos del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca.


[1] Los porcentajes pueden consultarse en Women’s Participation in Peace Processes.

[2] No obstante, en estos porcentajes no se incluyen las participantes en las Mesas de trabajo regionales y en los Foros Nacionales. Para un estudio más profundo en este sentido véase “100 medidas que incorporan la perspectiva de género en el Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera”.