Mission Command: Dile al rey que tras la batalla mi cabeza estará a su disposición, pero que mientras tanto espero que me permita emplearla en su servicio

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El título de este comentario recoge la respuesta del general de caballería prusiano Federico Guillermo von Seydlitz al ser corregido en su desempeño por el rey Federico II. En su respuesta se encontraba la génesis del concepto de Auftragstaktik o Mission Command, como es comúnmente conocido. Un concepto para conducir las operaciones en el que el jefe supremo diseña una misión, pero deja el método y los medios para alcanzarla al criterio y decisión del oficial sobre el terreno.

Al hablar del proceso de transformación del Ejército prusiano en mi anterior comentario, afirmaba que uno de los elementos que le llevó a convertirse en un adversario temible fue la instauración de los Estados Mayores, una innovación que vino a atemperar la agresividad e independencia que mostraban los comandantes de unidad prusianos en sus acciones. Una formula, intelecto y agresividad, que representó un punto de inflexión para las armas prusianas.

La aplicación del Mission Command supone un auténtico cambio de filosofía que no solo representa la forma más alta de profesionalidad militar, sino también una verdadera transformación en la organización de las fuerzas armadas. Hoy en día sigue siendo un concepto en muchos casos nebuloso, significando tantas cosas que se corre el riesgo de que al final no signifique nada.

No debe ser entendido como una aproximación doctrinal al liderazgo de las organizaciones, ni como una forma de mando y control, tampoco como una aproximación a la gestión de la revolución tecnológica a la que se enfrenta la sociedad, ni como una carta blanca para actuar libremente. Antes bien, debe serlo como una filosofía cultural de toda la organización y de aplicación en todas las actividades que desarrolla. La cultura organizacional es mucho más importante para llevar a cabo de forma eficaz un proceso de transformación, que las personas involucradas en su desarrollo.

Sin embargo, a pesar de los años transcurridos desde su formulación, solo se ha implantado de forma incompleta en otros ejércitos, posiblemente debido a la dificultad de afrontar un cambio cultural de tanta profundidad y alcance.

El éxito alemán en su aplicación también se fundamentó en la selección de líderes, en todos los niveles de la organización, que poseían tres características comunes: un sólido conocimiento doctrinal, un carácter independiente y una tendencia a asumir responsabilidades en la toma de decisiones. Una cultura organizativa que era ejecutada por hombres de acción y que fomentaba la toma de una buena decisión de forma oportuna frente a una decisión mejor pero extemporánea.

Sin embargo, a pesar de lo atractivo del concepto, su aplicación no está exenta de dificultades. El historiador estadounidense Robert M. Citino afirma que la Wehrmacht acabó con el viejo estilo de mando porque había dejado de corresponderse con las realidades modernas. Un grupo de ejércitos es un activo nacional demasiado valioso para confiarlo a los caprichos de un solo hombre.

Por tanto, continúa Citino, se hace muy problemático para un ejército moderno reivindicar el concepto de Mission Command como base para su sistema de mando. Es evidente que la configuración contemporánea de los ejércitos occidentales, con su interacción de sistemas de armas y de tecnología de comunicaciones altamente complejos, ofrecen poca oportunidad para la independencia de los comandantes. ¿Cuánto espacio conceptual para un mando verdaderamente independiente puede haber en operaciones conjuntas?, se pregunta el antedicho autor.

La guerra es un arte y no existe una forma única de enfrentarla. Cada situación concreta requiere de una aproximación estratégica específica, que incluye la compresión del entorno político-estratégico y de las cambiantes dinámicas entre los diferentes actores concernidos, alejada de pensamientos encapsulados o aprioristas.

El concepto de Mission Command ha sido alabado por muchos ejércitos después de la Segunda Guerra Mundial y representa un modo de planear y conducir las operaciones que permite ir adaptándose a los cambios del entorno. Sin embargo, su implementación ha sido incompleta. Quizás la causa principal sea el riesgo que corren los comandantes si sus organizaciones fallan en alcanzar un cometido asignado.

El liderazgo, a nivel militar, ha sido identificado innumerables veces con el orgullo de los oficiales militares al decir que los líderes son responsables de todo lo que sucede y no sucede en su unidad. No obstante, esa responsabilidad tiene un efecto definitivo en la aplicación de este concepto que se debería reconocer.

Para su puesta en práctica de forma efectiva se requieren tres reflexiones por parte de los comandantes: debe entenderse que el valor, la tenacidad y la acometividad imprescindibles en el combate pueden transformarse fácilmente en temeridad; por otra parte, la falta de control puede llegar a provocar una percepción de caos; y, finalmente, es necesario interiorizar que ceder la iniciativa a los mandos subordinados siempre supone un riesgo.

Además, al comparar el grado de aplicación en diferentes países y unidades, se aprecia que esa implementación está influida por aspectos como los valores nacionales, las tradiciones y la cultura; elementos nucleares en la cultura de las organizaciones.

La dificultad que entraña el cambio en la cultura de las organizaciones, nos proporcionan un argumento que permitiría explicar por qué un concepto tan revolucionario ha sido más nombrado que aplicado. Una consideración que nos recuerda la necesidad de adaptar determinados conceptos, de éxito en otros países con culturas nacionales diferentes, a la identidad cultural propia.

Samuel Morales es Teniente Coronel de Infantería de Marina (DEM) de la Armada Española y antiguo alumno del Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada