Mecanismos de control para la política exterior vaticana

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Blog Mosaico

Hasta ahora la Secretaría de Estado del Vaticano estaba conformada por dos organismos: la primera sección, encargada de los asuntos generales y la segunda sección encargada de las relaciones con los Estados y de la información sensible en materia de política exterior. A partir de ahora a estas dos habrá que sumar una tercera encargada de la supervisión de los miembros del cuerpo diplomático de la Santa Sede.

La idea ha partido del mismo Santo Padre, quién en una misiva al Secretario de Estado, Pietro Parolín, a mediados de octubre de este año, escribía:

“En la convicción, por lo tanto, de tener que asegurar por mi parte una atención más fraternal y un acompañamiento humano, sacerdotal, espiritual y profesional más sensible para todos los que sirven en el llamado ‘rol diplomático’ de la Santa Sede – jefes de misión y colaboradores – y para todos los que ahora están preparándose – alumnos de la Pontificia Academia Eclesiástica”

La motivación profunda de estas líneas seguramente deberá rastrearse no sólo en el afán reformador del Papa, sino también en acontecimientos recientes que pusieron en el primer plano de las noticias a miembros del cuerpo diplomático de la Santa Sede. Tres de ellos fueron especialmente graves:

  • Caso Ricca: Antes del nombramiento se le había presentado a Francisco, como es habitual en estos casos, el fascículo personal sobre Ricca, donde no había visto nada inapropiado. Había escuchado a varias personalidades de la curia y nadie había levantado objeciones. El periodo negro en la historia personal de Ricca es el que transcurrió en Uruguay, en Montevideo, en la orilla norte del Rio de la Plata, frente a Buenos Aires. Ricca llegó a esa nunciatura en 1999, cuando el mandato del nuncio Francesco De Nittis llegaba a su término. En precedencia había prestado servicio en las misiones diplomáticas de  Congo, Argelia, Colombia y, por último, Suiza. En este país, en Berna, había conocido y estrechado amistad con un capitán del ejército suizo, Patrick Haari. Ambos llegaron a Uruguay juntos, y Ricca pidió que también a su amigo se le diese una función y un alojamiento en la nunciatura. El nuncio rechazó la petición, pero pocos meses después se jubiló y Ricca, que se quedó como encargado de negocios "ad interim" mientras llegaba el nuevo nuncio, le asignó un alojamiento en la nunciatura y le dio un empleo regular con sueldo. Pronto el mismo Papa se enteraría de la intimidad entre Ricca y Haari a través de varios informes del servicio de inteligencia vaticana que observaba con preocupación dicha relación.
  • Caso Wesolowsky: Antiguo nuncio de la República Dominicana. Fue el primer caso al que se tuvo que enfrentar el Papa Francisco. El escándalo estalló tras un reportaje emitido en un canal de televisión dominicano en el que se aseguraba que Wesolowski supuestamente pagaba por mantener relaciones sexuales con menores en el país. El 27 de junio de 2014, Wesolowski fue expulsado del sacerdocio tras un proceso canónico y el 22 de septiembre fue arrestado. En un comunicado de agosto de 2015 el Vaticano informaba de que el exnuncio, de 67 años, había sido encontrado sin vida en el apartamento en el que se encontraba vigilado y especificaba que las autoridades vaticanas habían certificado que la muerte se había producido por causas naturales.
  • Caso Washington: Pese a que el Vaticano rechazó identificar al acusado, solo pudo ser uno de los tres consejeros que asesoran al actual Nuncio (el francés Christopher Pierre). Ellos son los únicos que tienen rango de diplomáticos y su correspondiente inmunidad. El Vaticano supo a finales de agosto que Estados Unidos había detectado a un sacerdote que consumía vídeos de pornografía infantil. Estados Unidos pidió que se le levantase la inmunidad diplomática para presentar cargos, pero la Santa Sede (que no tiene tratados de extradición con ningún país), según la misma fuente, prefirió traerlo de vuelta para juzgarlo. Una reacción idéntica, por otro lado, a la de Estados Unidos con sus representantes diplomáticos e incluso militares cuando cometen delitos en el extranjero. Tras recibir la notificación por la posesión de ese material, la Secretaria de Estado vaticana la trasmitió al fiscal, que abrió una investigación y pidió colaboración internacional para recoger elementos relativos al caso.

En esencia, es de prever que la tercera sección actúe, de facto, como un mecanismo de control sobre los nuncios y los delegados diplomáticos. Se encargará de vigilar no sólo su formación sino también sus condiciones de vida y cualquier indicio de su vida personal que pueda afectar al correcto desempeño de sus funciones y que pueda suponer una laguna en la seguridad de la información que recibe y envía el Vaticano. A esto hay que añadir que el delegado para las representaciones pontificias podrá visitar las diferentes sedes de las representaciones pontificias a lo largo y ancho del mundo regularmente o cuando lo desee en momentos concretos sin tener que alegar motivo alguno para ello. Con esto se acentúa la estrecha vigilancia que, a partir de ahora, Santa Sede ejercerá sobre su cuerpo diplomático.

Además, de la lectura de las disposiciones se deduce que el Delegado para las Representaciones Pontificias no dependerá, como hasta ahora, del Sustituto de la Secretaría de Estado para los Asuntos Generales, Giovanni Angelo Becciu, ni tampoco del titular de la segunda sección, el británico Paul Richard Gallagher, sino que estará a un mismo nivel que ellos, dependiendo directamente del Secretario de Estado.

Es reseñable también que esta remodelación se haya realizado con luz y taquígrafos y no en secreto, como era tónica habitual en los asuntos de la Secretaría de Estado, en lo que parece también una clara llamada de atención a terceros actores sobre todo después de las motivaciones políticas profundas de lo acontecido en el caso de Washington.

El hecho de que la Administración Trump hiciera público el caso del diplomático de forma tan notoria y que, al mismo tiempo, exigiera que se cancelase su inmunidad diplomática (conociendo de antemano que no es algo habitual) con la consiguiente negativa de la Santa Sede (el Vaticano actúo de forma correcta a sabiendas que cualquier otro curso de acción crearía malos precedentes en relación con otros delitos y con otros estados soberanos, algunos más hostiles al catolicismo que los Estados Unidos), parece indicar las jugadas de una partida que habría comenzado mucho antes, cuando el presidente americano visitó el Vaticano.

Juan Pablo Somiedo es analista.