MAO. LA HISTORIA DESCONOCIDA

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“En el 2050, China se impondrá en el mundo” afirmó el presidente chino, Xi Jinping, en el último congreso del Partido Comunista de China (PCCh). Un discurso con un mensaje triunfalista enviado a la comunidad internacional, señalando 2050 como la fecha para lograr que el gigante asiático se convierta en la potencia global. ¿Dónde y por qué comenzó ese impulso, esa ambición? La respuesta hay que encontrarla en quien fue capaz de conquistar y organizar ese inmenso país, de insertarlo en un orden, de ofrecer una narrativa y de marcarle un rumbo: Mao Zedong.

Un ensayo reciente, que pretende abordar la vida y los hechos de este líder chino, ha llamado la atención de la crítica: Mao. La historia desconocida, de la pareja formada por la profesora china Jung Chang y el historiador irlandés Jon Halliday (Editorial Taurus). Lo que aquí se narra es realmente sobrecogedor. Se basa en diez años de investigación y en las entrevistas realizadas a muchas de las figuras que se movieron en los círculos más cercanos a Mao -y que hasta ahora no habían hablado- y con casi todo aquel que, fuera de China, mantuvo alguna relación significativa con el líder chino. El resultado es una biografía seria y acreditada que debería formar parte de la biblioteca de analistas, conferenciantes, alumnos y profesores, para su consulta y estudio.

Después de conquistar China, a partir de 1949 Mao tuvo el deseo de saltar sus fronteras y expandirse geográficamente. Siguiendo la dinámica expansiva de la URSS, desde el punto de vista ideológico, comenzó una ambiciosa agenda de influencia acompañada de todos los medios posibles para hacerla efectiva. Al eficiente método, sistema y organización que ofrecía el partido se le sumó un impulso ideológico, el maoísmo, que llegó a convertirse en ideal político y aspiración de estilo de vida para una generación que hizo del Mayo del 68 una alternativa posible. Cabe recordar que la distancia entre París y Pekín es de 10.695 km. Sin embargo, allí la persecución de esta fantasía causó la muerte de 38 millones de personas, en la mayor hambruna de la historia. En conjunto, bajo el gobierno de Mao perecieron, en tiempos de paz, más de 70 millones de seres humanos, llevando también a la tumba un patrimonio cultural de siglos.

En sus páginas encontramos las sombrías estancias de la corte y nos dejan observar el drama hasta en los rincones más recónditos, saliendo a la luz su personalidad, su relación con sus esposas, hijos y amantes. Lo cierto es que se trataba de un líder indiscutible, entregado de por vida a una causa y que supo imponerse una y otra vez a colaboradores, aliados y enemigos, incluso de naciones vecinas (caso de Rusia y Japón). Pasar de un país hundido, dividido, dominado por señores de la guerra, a ser una nación ordenada y potencia regional y mundial, con un poderoso ejército y arsenal nuclear, convertida en símbolo de progreso, tiene también un mérito indiscutible, y es uno de los motivos del atractivo de Mao, convertido incluso en un mito.

El libro se divide en seis partes que recorren las etapas de su vida, que van desde los inicios de su juventud, la larga marcha, el ascenso en el partido, la consolidación de su poder, la conquista del país, la relación con Moscú y Washington, las incertidumbres y contratiempos, la revolución cultural y los últimos días. Cuenta con mapas, 34 páginas de fotografías y un extenso anexo de notas de 119 páginas (fallo editorial de situarlas al final), abundante y detallada bibliografía, e índice onomástico de temas y personajes.

Sobre los autores, comentar que Jung Chang se hizo miembro de la Guardia Roja con catorce años y después trabajó como campesina, "médica descalza", trabajadora del metal y electricista antes de estudiar inglés y, más tarde, convertirse en profesora de la universidad. Fue la primera ciudadana de la República Popular China en recibir un doctorado de una universidad británica. En 1991 publicó su aclamado libro “Cisnes salvajes”. Por su parte, Jon Halliday, es historiador especializado en Asia moderna.

Estado totalitario, vida de opulencia. Fallecido en septiembre de 1976, en la actualidad, el retrato de Mao y su cadáver siguen presidiendo la plaza de Tiananmen, situada en el centro de Pekín, la capital. El régimen comunista actual se declara su heredero y se esfuerza afanosamente por perpetuar su mito. Llama la atención que, teniendo en cuenta la realidad de los últimos 70 años del país, la opinión pública haya terminado por difuminar los calificativos de totalitarismo o dictadura a la hora de describir a una potencia mundial que, manteniendo la identidad comunista, ha sabido adaptarse a lo más feroz de la economía capitalista bajo un orden político y social que sigue presidiendo sus congresos con la hoz y el martillo, símbolo de uno de los peores capítulos de la humanidad.

El retrato de Mao se ha convertido hoy en un simpático icono que los turistas llevan en sus camisetas. El triunfo de lo mercantil, ser la fábrica del mundo o el haberse convertido en la tierra prometida del lujo occidental en forma de ruta inversa de la seda y las especias, es un buen argumento. Sirva el esfuerzo de estos autores por hacernos ver la realidad de un personaje y de una herencia que debería cuestionar qué modelo de hombre y de sociedad desea imponer China en esa fecha que nos anunció Xi Jinping el pasado mes de octubre.

Gabriel Cortina, diplomado en Altos Estudios de la Defensa Nacional