Las Lecciones Aprendidas por las Fuerzas Armadas Rusas en la Guerra de Georgia (2008): el Origen de la Doctrina “Gerasimov”

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Análisis GESI, 44/2017

Resumen: La Guerra de Georgia representó un hecho decisivo en el deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente.

Las lecciones aprendidas por las Fuerzas Armadas Rusas en el conflicto dieron lugar al inicio de un profundo programa de reformas y transformación de las mismas, tanto en la actualización de su estructura, organización y equipamiento, como en la búsqueda de un renovado arte operacional que les permita hacer frente a las nuevas formas de los conflictos actuales, que ha venido en llamarse Doctrina Gerasimov.

 

Introducción

La guerra que sostuvieron Rusia y Georgia en agosto de 2008, también conocida como Guerra de los Cinco Días, se resolvió con una rápida victoria militar rusa, fue la primera guerra abierta que Rusia mantuvo con otro estado después de la desaparición de la Unión Soviética. Este conflicto representó un paso más en el deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente, que comenzaron a empeorar con la expansión de la OTAN hacia el este de Europa y el Cáucaso. La aproximación de las fronteras de la OTAN, especialmente en la región del Cáucaso, es vista por Rusia como una interferencia en el espacio post-soviético, área donde habitan decenas de millones de ciudadanos de origen ruso y que la Federación Rusa considera una zona de vital importancia para sus intereses. 

Aunque las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa ya habían experimentado reformas desde la desaparición de la Unión Soviética, al inicio del conflicto todavía podían ser consideradas por su organización y material trasnochado, como un legado de los tiempos soviéticos. Durante las operaciones llevadas a cabo en los cinco intensos días del enfrentamiento, se evidenciaron numerosos problemas en la actuación de las mismas. Finalizado el conflicto, del proceso de análisis de las dificultades detectadas se extrajeron numerosas lecciones aprendidas, que fueron utilizadas para tratar de corregir las limitaciones observadas en varias áreas.

El Ministro de Defensa Anatoly Serdyukov y el Jefe del Estado Mayor General Nikolai Makarov fueron los encargados de diseñar y dirigir el programa de reformas hasta noviembre de 2012. Serdyukov fue sustituido por el actual Ministro de Defensa Sergey Shoygu, quien a su vez nombró al General Valery Vasilevich Gerasimov[1] Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, ellos son quienes han continuado y reconducido el proceso de transformación.   

En estas lecciones aprendidas está el punto de partida de un proceso de reformas que ha conducido a la llamada “Doctrina Gerasimov”. Esta nueva doctrina ha sido aplicada por las fuerzas rusas en conflictos recientes, como la ocupación de Crimea, el conflicto en el este de Ucrania y la Guerra de Siria.

Después de la ocupación de Crimea por las fuerzas rusas, todas las miradas de los analistas y expertos en asuntos de defensa se dirigieron a la Doctrina Gerasimov, que se convirtió en objeto de detallados análisis.  Algunos analistas occidentales en seguida interpretaron que Gerasimov estaba planteando la adopción de la versión rusa de la “guerra hibrida”[2] como una nueva herramienta a disposición del estado[3] (McDermott, 2016). Sin embargo, la doctrina Gerasimov va más allá de este concepto, y se adentra en una nueva y más amplia concepción emergente de los conflictos conocida como “Zona Gris” o “Gray Zone”.

Este artículo pretende explicar los antecedentes y lo ocurrido en la Guerra de Georgia, así como, el proceso de transformación y modernización de las Fuerzas Armadas Rusas, que se inició con las lecciones aprendidas en el conflicto, no sólo en lo relacionado con su organización y equipamiento, sino con la adopción de un renovado arte operacional[4] ruso que se ha venido en llamar “Doctrina Gerasimov”, y que se ha puesto de manifiesto en sus últimas intervenciones fuera de sus fronteras.

El artículo está organizado en cuatro secciones. En la primera se examina la importancia geopolítica que representa la región del Cáucaso para Rusia. En la segunda se presenta el origen y el desarrollo de la Guerra de Georgia. En la tercera se analizan los problemas y dificultades que sufrieron las Fuerzas Armadas Rusas en el conflicto, así como las reformas llevadas a cabo para superar las carencias encontradas. En la cuarta sección se estudia como este proceso ha conducido a las autoridades rusas al convencimiento de la necesidad de un nuevo arte operacional.

 

Importancia histórica y geopolítica del Cáucaso para Rusia

El Cáucaso:

El Cáucaso es una región natural de transición; transición entre Europa y Asia, entre el mar Negro y el mar Caspio, entre la Cristiandad y el Islam. La cordillera del Gran Cáucaso, de 1200 Kilómetros de longitud, discurre entre los dos mares, haciendo de barrera y frontera natural, y dividiendo la región en dos subregiones: el Cáucaso Norte y el Cáucaso Sur. Durante siglos Rusia trató de alcanzar, a través de la estepa occidental rusa, una frontera segura en el sur. El Cáucaso Sur fue parte del Imperio Ruso y de la Unión Soviética, y continúa siendo zona de interés primordial para Rusia.

Aunque ya existía influencia rusa en el Cáucaso Norte desde mucho antes, fue en 1763 cuando el imperio ruso, buscando las aguas cálidas del Mar Negro, conquistó los actuales territorios de Krasnodar y Adiguesia. La expansión rusa hacia el centro y este del Cáucaso provocó la llamada Guerra del Cáucaso y la conquista de Chechenia, Ingusetia y Daguestán. Al finalizar la Guerra del Cáucaso en 1864, la región estaba bajo el dominio del Imperio Ruso, incluidas Georgia, Armenia y Azerbaiyán, situadas en el Cáucaso Sur, área que los rusos han llamado tradicionalmente región Transcaucásica.

El Cáucaso es también una región intersección de los mundos cristiano y musulmán. Georgianos y armenios forman parte de las comunidades más antiguas cristiano-ortodoxas, mientras la mayoría de la población de Azerbaiyán, Daguestán, Chechenia e Ingusetia es musulmana.

La historia en común del Cáucaso Sur bajo el gobierno de Rusia ha dejado una profunda huella en la región, desde el sistema ferroviario al sistema educativo, pasando por la gastronomía (De Waal, 2010:5), pero fue la época de la Unión Soviética hasta su desaparición en 1991, la que ha condicionado los conflictos recientes que han tenido lugar en la región.

La desaparición de la Unión Soviética puso en evidencia el mito de un país formado por repúblicas donde reinaba la armonía y la solidaridad. La realidad es que apareció un mosaico de etnias conviviendo dentro de unas fronteras artificiales. El desvanecimiento del poder central, que había controlado la región durante los últimos casi setenta años, produjo la eclosión en el Cáucaso Sur de las nuevas naciones independientes: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Este hecho modificó profundamente el mapa político de la región, revelándose y liberándose energías independentistas que dieron lugar al inicio de luchas y enfrentamientos entre muchos de los grupos étnicos de la región.

El Cáucaso tiene una extraordinaria importancia geopolítica. Los recursos naturales (gas y petróleo) del Asia Central y los países ribereños del Mar Caspio son un factor fundamental para entender la importancia de la región. Actualmente existe una complicada situación política y económica, al coincidir los intereses de Rusia, Irán, Turquía y de varios países occidentales. El Cáucaso se ha convertido en zona de paso de los oleoductos y gaseoductos que transportan estos recursos de las mencionadas áreas a occidente.

Para los países occidentales, la importancia geoestratégica de la región reside en el hecho de que el gas y el petróleo de esta procedencia aminoran la dependencia energética de Europa de productores como Rusia y Oriente Medio. En julio de 2006, fue inaugurado el oleoducto que conecta los campos petrolíferos de Azerbaiyán con el puerto turco de Ceyhan, de 1.768 Km, conocido como oleoducto BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan). El oleoducto evita pasar a través de Armenia, desviándose hacia el norte para hacerlo cruzando Georgia, debido a las malas relaciones entre Bakú y Yereván por el conflicto que mantienen ambos países por la provincia de Nagorno-Karabaj. Este conflicto es uno de los denominados “conflictos congelados”, pero que con cierta periodicidad se reactiva, recordándonos su existencia y la inestabilidad que provoca en la región.

Los hidrocarburos juegan un papel central en la economía rusa. Rusia es el segundo exportador mundial de petróleo y gas, después de Arabia Saudita. La dependencia de Europa occidental del gas y petróleo rusos y la necesidad de Rusia de este mercado, hacen que las dos partes estén interesadas en un entendimiento. La participación en la construcción y explotación del BTC de compañías occidentales, y el deseo de Georgia de pertenecer a la OTAN, son interpretados por Rusia como un intento de reducir su control de estos recursos y su influencia en la región, así como, un intento por parte de occidente de aumentar su influencia en el Asia Central.

Pero sobre todo, existe en el Cáucaso una compleja y difícil situación de seguridad, producida por disputas locales sin resolver, como pusieron de manifiesto los conflictos independentistas en Georgia por Osetia del Sur (1991-1992) y por Abjasia (1992-1993), el conflicto de Nagorno-Karabaj (1992-1994), entre Armenia y Azerbaiyán, las dos guerras internas de Rusia en Chechenia (1994-1996 y 1999-2000) y la guerra entre Rusia y Georgia (2008). Estos conflictos permanecen en un estado latente provocando una gran inestabilidad en la región.

 

Georgia:

Georgia es un país ribereño del Mar Negro, con una superficie de unos 70.000 kilómetros cuadrados, con una población de casi cuatro millones de habitantes, la capital es Tbilisi[5] y su idioma es el georgiano. El país comparte frontera con Rusia, Turquía, Armenia y Azerbaiyán.

Georgia es un país clave en el mosaico racial y cultural que es el Cáucaso, donde la convivencia de la mayoría georgiana y de las minorías osetia, abjasia y abjaria en un mismo territorio ha sido y continua siendo causa de inestabilidad en el país.

La Revolución Rusa de 1917 llevó a Rusia a una violenta guerra civil y al derrumbe de la administración zarista, lo que provocó en el Cáucaso una situación de caos y anarquía, agravada por una serie de enfrentamientos étnicos en la región. Ante esta situación el 14 de noviembre de 1917 Georgia, Armenia y Azerbaiyán, constituyeron el Comisariado Transcaucásico, que actuó como autoridad regional en el Cáucaso Sur, hasta que este organismo declaró la Federación Independiente Transcaucásica el 22 de abril de 1918.

Las consecuencias que tuvo en Georgia la Revolución de Octubre crearon el ambiente que llevó a Georgia a declararse independiente el 26 de mayo de 1918, como la República Democrática de Georgia y el abandono de la Unión Transcaucásica.

En 1921 la República Democrática de Georgia fue invadida por el Ejército Rojo, la política expansionista de los Soviets pretendía ocupar todos los territorios que habían formado parte del Imperio Ruso e instaurar en ellos un régimen bolchevique. La campaña del Ejército Rojo comenzó el 15 de febrero y finalizó el 17 de marzo de 1921 con la total ocupación de Georgia. Previamente el 11º Ejército Soviético había entrado en Azerbaiyán el 27 de abril de 1920 y en Armenia el 4 de diciembre del mismo año.

Una de las mentes organizadoras de la rápida invasión del Cáucaso fue un político nacido en Georgia, que jugó un papel clave durante la revolución soviética y que más tarde alcanzaría la más alta posición en el estado soviético, se trataba de un radical georgiano llamado Iósif Dzhugashvili, más conocido por su apodo de Stalin[6]. Durante su mandato como jefe del estado soviético de 1928 a 1953, Georgia sufrió severas purgas y la represión de toda expresión de nacionalismo.

Tras la victoria de los bolcheviques y la conquista por el Ejército Rojo de los territorios pertenecientes al desaparecido Imperio Ruso, el 30 de diciembre de 1922 se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Los miembros fundadores fueron las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y la República Socialista Federal Soviética Transcaucásica, constituida por Georgia, Azerbaiyán y Armenia. Esta última fue constituida en marzo de 1922 al completar el Ejército Rojo la invasión del Cáucaso Sur, y fue disuelta en 1936, como consecuencia de la nueva Constitución Soviética aprobada el 5 de diciembre de 1936, fue entonces cuando Georgia se convirtió en la República Socialista Soviética de Georgia, al igual que ocurrió con Armenia y Azerbaiyán.

Independencia de la URSS:

A pesar de la política soviética en el Cáucaso, los georgianos siempre conservaron un fuerte espíritu nacionalista. Durante los años ochenta se acrecentó esta tendencia que condujo al Soviet Supremo de Georgia a proclamar la independencia el 9 de abril de 1991. En el texto de la declaración se recoge: “El territorio de la soberana República de Georgia es una unidad indivisible”, en una clara referencia a Abjasia y Osetia.

El 8 de diciembre de 1991 los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaban los acuerdos que ponían fin a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y creaban la Comunidad de Estados Independientes (CIS), siendo Georgia la única ex república soviética que no firmó el citado protocolo.

El movimiento nacionalista e independentista estaba liderado por el político Zviad Gamsakhurdia, quien acuso a los independentistas abjasios y osetios de querer romper la nación, calificó a Moscú de colonialista y de estar detrás de los insurgentes en Abjasia y Osetia del Sur.

 

El conflicto en Osetia del Sur (1991-1992):

Osetia del Sur está situada en el lado sur de la cordillera del Gran Cáucaso. Al norte limita con Osetia del Norte, república perteneciente a la Federación Rusa. Su capital es la ciudad de Tskhinvali, a la que los osetios llaman Tskhinval.

Por Osetia del Sur pasan los caminos que conectan ambos lados del Gran Cáucaso a través de difíciles y nevados pasos de montaña. Estos puertos de montaña son los que tradicionalmente ha utilizado el Ejército Ruso desde el siglo XVIII, y que comunican Vladikavkaz, capital de Osetia del Norte, con Tbilisi. La comunicación entre ambas vertientes mejoró notablemente con la apertura del túnel de Roki en 1985, el túnel que tiene 3.700 metros de longitud comenzó a construirse en 1960, esta construcción evita el puerto de Roki de 3000 metros de altura, puerto que sólo puede ser utilizado en verano.

La historia de las relaciones entre osetios y georgianos es una de las razones fundamentales del conflicto. Entre los osetios tradicionalmente ha existido un sentimiento de independencia y de unión con Osetia del Norte.  Al comienzo del conflicto, según el censo soviético de 1989, la población de Osetia del Sur era de unas 98.000 personas, de las cuales aproximadamente el 66,6%, eran osetios y el 29,4% georgianos, el restante 4% eran rusos, armenios y judíos. Además, otros 100.000 osetios vivían dispersos en el resto de Georgia, normalmente este grupo de población vivía bien integrado con la sociedad georgiana, y hablaba el georgiano mejor que cualquier otra minoría; pero como consecuencia del conflicto muchos de ellos fueron expulsados de sus puestos de trabajo y se vieron obligados a huir a Osetia del Norte.

El 20 de septiembre de 1990, el Oblast[7] Autónomo de Osetia del Sur declaró la creación de la nueva República Socialista Soviética de Osetia del Sur, independiente de Georgia. Al día siguiente el Consejo Supremo de Georgia declaró la citada declaración como ilegal y anticonstitucional.

Los enfrentamientos comenzaron el 5 de enero de 1991, y se prolongaron hasta el 24 de junio de 1992. Para evitar que el conflicto se expandiera y el uso que la oposición a Yeltsin estaba haciendo del mismo en Rusia, Yeltsin y Shevardnadze[8] se reunieron en Dagomys a orillas del Mar Negro, el 24 de junio de 1992, el resultado fue un acuerdo para detener la violencia, en el se establecía la desmilitarización de la región y la retirada de las tropas ex soviéticas que todavía permanecían en Osetia. Se creó una fuerza para el mantenimiento de la paz, reconocida por las siglas JPKF[9], formada inicialmente por 2000 soldados rusos, osetios y georgianos.

Las consecuencias finales del conflicto fueron unas mil personas fallecidas, decenas de miles de desplazados y la separación de facto de Osetia del Sur de Georgia, aunque esta situación no fue reconocida por la comunidad internacional.

 

El conflicto en Abjasia (1992-1993):

Abjasia es un pequeño territorio emplazado a orillas del Mar Negro. Los abjasios siempre han tratado de mantener su propia identidad y lengua, especialmente desde que se creó la República Socialista de Georgia, en la que Abjasia quedo incorporada. Al inicio del conflicto, la población era de medio millón de personas y tenía un elevado carácter multiétnico.

El 23 de julio de 1992, el Soviet Supremo de Abajasia, presidido por Vladislav Ardzinba, proclamó la independencia total de Georgia, anuló la constitución de 1978 y la reemplazó por la de 1925, en la que se reconocía a Abjasia como república independiente.

Las hostilidades se iniciaron abiertamente el 14 de agosto de 1992 y finalizaron el 27 de septiembre de 1993. El conflicto fue especialmente cruento. Durante el mismo, las dos partes se caracterizaron por la falta de respeto a las leyes y usos de la guerra y se faltó gravemente al derecho humanitario. El terrible resultado fue de unas 8.000 personas fallecidas entre combatientes y civiles, 18.000 heridos, y unos 250.000 georgianos se vieron obligados a abandonar Abjasia.

El 3 de septiembre de 1992, Yeltsin reunió en Moscú a Shevarnadze y Arbindza, y consiguió que se firmara un acuerdo para detener la violencia y la creación de una comisión tripartita para restablecer la seguridad en la región.

Sin embargo, finalmente, Yeltsin se doblegó a las presiones del parlamento ruso, como descubrirían los georgianos, cuando el acuerdo dejo de cumplirse por la parte abjasia a partir del 1 de octubre. Ese día, las fuerzas abjasias lanzaron una inesperada ofensiva, con sus unidades reforzadas con voluntarios chechenos y cosacos. Los georgianos se vieron sorprendidos al comprobar que las unidades abjasias disponían de armamento pesado de origen soviético. Después de la caída de la ciudad de Sukhumi, la ofensiva recuperó el resto del territorio, salvo parte del valle de Kodori, situado en el noreste de Abjasia.

Una vez que las fuerzas abjasias habían vencido a las unidades georgianas, Shevarnadze trato de evitar que la derrota militar se convirtiera en la independencia política de Abjasia, por lo que no le quedó otra opción que alcanzar un acuerdo con Rusia para preservar la unidad territorial. El precio a pagar fue el ingreso de Georgia en la Comunidad de Estados Independientes (CIS), la renovación del acuerdo para mantener las bases militares rusas en Georgia, y admitir la creación de una fuerza de mantenimiento de la paz, que se desplegaría en Abjasia, y que estaría formada por las tres partes Abjasia, Georgia y Rusia.

Rusia y Georgia realizaron una petición conjunta a Naciones Unidas para que la fuerza tripartita de mantenimiento de la paz estuviera bajo el auspicio de la ONU. La misión de observación de la ONU se estableció en 1993, por la resolución 858 del Consejo de Seguridad de la ONU, con la misión de supervisar el cumplimiento del acuerdo de alto el fuego.

 

La guerra de los cinco días

Las Fuerzas Armadas de Georgia:

Desde la llegada al poder de Mikhail Saakashvili en 2004, se pusieron en marcha planes para la reforma y modernización de las Fuerzas Armadas de la República de Georgia. Para la puesta en marcha de los programas de modernización, el gasto militar que en 2004 fue de 97m$ (1,8% PIB) pasó a 1.003m$ (8,1% PIB) en 2008 (Tseluiko, 2010:31).

El primer paso para el diseño de los planes de reforma fue identificar las amenazas a la seguridad nacional, y los desafíos que tendrían que afrontar las Fuerzas Armadas. Los planes militares se basaron en considerar como la amenaza más probable la reanudación de las hostilidades con las provincias secesionistas. Las autoridades georgianas adoptaron como estrategia la integración del país en la OTAN, por lo que se adoptó el modelo OTAN para reorganizar las Fuerzas Armadas.

Las Fuerzas Armadas de Georgia estaban familiarizadas con el material de origen soviético que habían heredado de la URSS. Este hecho, unido al menor coste del mismo, al compararlo con el de origen occidental más sofisticado y caro, hizo que las autoridades se decidieran por dotar con este tipo de material, especialmente, a las fuerzas terrestres. Las nuevas compras de material se hicieron a Ucrania y la República Checa, también aunque en menor medida, proporcionaron armamento Israel, Grecia, Turquía y Bulgaria.

A principios de 2008, las Fuerzas Armadas de Georgia contaban con 32.000 soldados, y estaban organizadas en cinco brigadas de infantería, una brigada de artillería y otras unidades independientes tipo batallón. Se hicieron grandes progresos en cuanto a la operatividad y disciplina de sus unidades. Esta notable mejora se basaba en tres aspectos fundamentales: la transición a unas fuerzas profesionales, la reforma del sistema de formación militar y el apoyo y asistencia recibida de otros países.

Estados Unidos financió un programa especial de adiestramiento para el Ejército de Georgia. Este programa conocido como GSSOP (Georgian Sustainment and Stability Operations Program) estaba dirigido a la preparación de los contingentes georgianos que sirvieron en Iraq, por lo que tenía como primer objetivo la formación de las unidades en operaciones de contrainsurgencia.

En el verano de 2008, las Fuerzas Armadas de Georgia habían alcanzado una clara superioridad en personal, armamento, organización y preparación sobre las fuerzas y milicias de Abjasia y Osetia del Sur.

 

Las Unidades Rusas desplegadas en el Cáucaso:

En el Distrito Militar del Cáucaso Norte, cuyo cuartel General se encuentra en la ciudad de Rostov, próxima al Mar de Azov, tenían sus bases las principales unidades que intervinieron en la Guerra de Georgia. El esfuerzo principal recayó en el 58º Ejército Ruso, que tenía su cuartel General en la ciudad de Vladikavkaz. También tuvieron un papel destacado las Fuerzas Aerotransportadas y de Asalto, fuerzas con una dependencia directa del Estado Mayor General en Moscú. El mayor esfuerzo de la Fuerza Aérea lo llevó a cabo el 4º Ejército de la Fuerza y Defensa Aérea, con sus bases localizadas en el Cáucaso. Las fuerzas navales que participaron en las operaciones pertenecían a la Flota del Mar Negro, que tiene su base principal en la ciudad de Sebastopol, en Crimea, entonces Ucrania.

En el Distrito Militar del Cáucaso Norte, era donde se encontraban desplegadas las unidades que contaban con un mayor estado de disponibilidad y con más experiencia en combate; experiencia que estas unidades habían adquirido en las crueles guerras de Chechenia durante los años noventa, especialmente en la lucha contra la insurgencia y el terrorismo. 

Fue en algunas de las unidades del Distrito Militar del Cáucaso Norte, donde se venían  ensayando algunos de los cambios y reformas que se pretendían llevar a cabo. Una de las más importantes era el cambio de la clásica organización del Ejército Soviético basada en las unidades División – Regimiento, a la organización en Brigada – Grupo Táctico utilizada por la OTAN. Cuando comenzó el conflicto, el 58º Ejército contaba con dos unidades con estructura de brigada de montaña, una desplegada en Daguestán y otra en Karachay-Cherquesia. Otra de las reformas que se ensayaban consistía en el cambio del sistema de reclutamiento forzoso a un sistema profesional; en el verano de 2008, las unidades del Distrito del Cáucaso Norte eran las que tenían una mayor proporción de soldados profesionales, la 42ª División de Infantería, estacionada en Chechenia, era la única del Ejército Ruso que contaba con sus plantillas de guerra completadas con soldados profesionales.

Sin embargo, al inicio del conflicto, las unidades desplegadas en el Cáucaso Norte no contaban con armamento y equipamiento moderno, sino al contrario, disponían de material antiguo y en muchos casos obsoleto. Algunas unidades acorazadas contaban con antiguos carros de combate T-62, y otras con T-72, algunos de ellos en versiones modernizadas, todavía no habían llegado los más modernos carros de combate T-80 y T-90. Las unidades mecanizadas disponían de antiguos vehículos de combate de infantería BMP-2 y de transporte de tropas BTR-80, e incluso de los más obsoletos BMP-1 y MT-LB (Lavrov, 2010:40).

La Fuerza Aérea en las misiones de ataque al suelo empleó caza bombarderos SU-25, algunos de ellos actualizados a la versión SU-25SM. Las unidades de helicópteros estaban dotadas de modelos antiguos, únicamente tenían algunos actualizados helicópteros de ataque Mi-24PN. Las bases principales de las que despegaron los aviones estaban localizadas en Rostov, Krasnodar y Budennovsk, también se utilizó la base aérea rusa de Yereván (Armenia).

El gobierno y las autoridades militares rusas confiaban en que las fuerzas desplegadas en el Cáucaso Norte, ejercerían una fuerte disuasión en las autoridades georgianas a la hora de considerar una acción militar sobre las regiones separatistas. Estas fuerzas eran muy superiores a las Fuerzas Armadas de Georgia, no sólo numéricamente sino también en su capacidad de combate.

Desde el año 2006, como parte de las acciones de disuasión y preparación ante un posible conflicto en el Cáucaso, Rusia realizaba anualmente las maniobras militares “Frontera del Cáucaso”. El ejercicio “Frontera del Cáucaso 2008” se realizó en el mes de julio y en él participaron principalmente las unidades del Distrito Militar del Cáucaso Norte.

Este ejercicio era uno de los más importantes que las Fuerzas Armadas Rusas realizaban anualmente, una idea de la entidad del ejercicio lo da la participación de la Flota Rusa del Mar Negro. Por primera vez, el escenario del ejercicio contemplo un desembarco naval, que se realizó en Imereti, cerca de la ciudad de Sochi, a unos pocos kilómetros de la frontera con Abjasia.

El ejercicio finalizó el día 2 de agosto como estaba programado, y la mayoría de las unidades participantes iniciaron el repliegue a sus bases y acuartelamientos. Solamente dos Grupos Tácticos permanecieron desplegados junto a la frontera con Osetia del Sur, ambos pertenecientes a la 19ª División de Infantería del 58º Ejército, y con base en Vladikavkaz. Las unidades quedaron localizadas próximas a los pasos de montaña de Mamisoni y Roki, según fuentes rusas, con la misión de apoyar a las fuerzas de mantenimiento de la paz en Osetia del Sur.

 

Escalada de la Tensión:

Desde que Saakashvili accedió al poder en Georgia en 2004, la restauración de la integridad territorial de Georgia se convirtió en su primera prioridad. Las decisiones y acciones adoptadas por su gobierno, tanto en el plano interno como en el internacional, fueron acrecentando las diferencias y desavenencias con los territorios secesionistas de Abjasia y Osetia del Sur, y también con su vecino ruso del norte. Finalmente, esta escalada de la tensión desembocó en un breve pero cruento conflicto en agosto de 2008, entre la Federación Rusa y Georgia.

Cuando Georgia y Ucrania dieron los primeros pasos formales para convertirse en miembros de la Organización del Tratado Atlántico en 2007, se reavivó la polémica cuestión de la expansión de la OTAN hacia el este de Europa. A pesar de que en ese momento, Georgia tenía un largo camino por delante para cumplir los criterios de entrada en la organización, recibió el apoyo entusiasta de Estados Unidos y de otros países del este de Europa; la reacción de Francia y Alemania fue bastante más fría al creer que era una innecesaria forma de provocar a Rusia, que consideraba la pertenencia de Georgia a la OTAN una amenaza a su seguridad, como ya había manifestado previamente en varias ocasiones.

Otro asunto internacional, que también estaba afectando a la situación interna de Georgia, era el intento de Kosovo de lograr su independencia. Las negociaciones internacionales para determinar el estatus final de la provincia Serbia comenzaron en 2006, y aunque algunos países occidentales manifestaron que sin el consentimiento de Serbia se creaba una situación sin precedentes, finalmente, la Corte Internacional de Justicia avaló este proceso, y la independencia se proclamó oficialmente el 17 de febrero de 2008. El proceso y la proclamación de independencia contaron con el apoyo y el reconocimiento de los Estados Unidos y de la mayoría de los países europeos[10]. El ejemplo de Kosovo empujó a los líderes de Abjasia y Osetia del Sur a apostar más firmemente por su independencia.

Un hecho contribuyó a aumentar aún más la tensión, fue cuando Rusia prohibió la importación de vino y agua mineral de Georgia, alegando que estos productos no cumplían los requerimientos sanitarios requeridos. La respuesta a esta prohibición vino unos meses más tarde, cuando Georgia anunció, con la presencia de periodistas, la captura de cuatro espías rusos, los acusados de espionaje fueron entregados a representantes internacionales para su repatriación a Moscú. La respuesta de Putin fue cerrar todas las vías de comunicación con Georgia y cancelar la autorización de visados a los ciudadanos georgianos.

A principios de marzo, las dos regiones separatistas remitieron una propuesta formal a Rusia para que fuera reconocida su independencia, lo que llevó a que el 21 de marzo de 2008, la “Duma” adoptara una resolución en la que se apelaba al presidente y al gobierno ruso a considerar el reconocimiento oficial de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

Durante la cumbre de la OTAN celebrada en abril de 2008 en Bucarest, el Presidente George W. Bush propuso que se aceptara e iniciara el proceso para que Georgia y Ucrania se convirtieran en miembros de la organización. El Presidente Vladimir Putin que se encontraba presente en la cumbre, al final de la misma dijo: “la expansión de la OTAN hasta las fronteras de Rusia, será considerada como una amenaza directa a la seguridad de nuestro país”.

En abril, Rusia reforzó con más unidades sus fuerzas desplegadas en Abjasia, el Ministerio de Defensa informó que el contingente de sus fuerzas de mantenimiento de la paz en Abjasia se incrementaba hasta 3.000 soldados, que era el techo máximo autorizado por los acuerdos de alto el fuego de 1994.

El 16 de abril de 2008, Rusia estableció servicios consulares en las dos regiones separatistas, para apoyar a los residentes rusos. También, informó que se iban a establecer relaciones comerciales directas con las autoridades separatistas de ambas regiones.

Un hecho significativo tuvo lugar durante los meses de junio y julio, cuando Unidades de Ferrocarriles de las Fuerzas Armadas Rusas entraron en Abjasia para reparar la línea de ferrocarril que conecta Sukhumi con la población de Ochamchira; este tramo es parte de la línea que discurre por la costa del Mar Negro y conecta la región con Rusia. Después de cumplir su misión y poner en servicio la deteriorada línea férrea, abandonaron Abjasia el 31 de julio. Esta línea férrea fue vital para realizar los transportes logísticos de las unidades y material que entró en Abjasia durante el conflicto.

Además, se produjeron una serie de incidentes que incrementaron la tensión entre las partes: hasta en al menos siete ocasiones, fueron derribados aviones no tripulados georgianos (UAV)[11], de fabricación israelí, que realizaban misiones de reconocimiento sobre Abjasia; en la noche del 14 al 15 de junio, se inició un intercambio de fuego de mortero en villas próximas a la capital Tskhinvali; el 5 de julio, las unidades del Distrito Militar del Cáucaso comenzaron las maniobras “Frontera del Cáucaso 2008”; el 8 de julio, cuatro aviones rusos sobrevolaron el territorio de Osetia del Sur; entre el 15 y el 31 de julio, en el marco del programa GSSOP, se desarrolló el ejercicio “Inmediata Respuesta 2008”, en las proximidades de  Tbilisi, en el que participaron unos 1.000 soldados de Estados Unidos y unos 700 soldados georgianos, durante los últimos días de julio y primeros de agosto hubo una gran cantidad de incidentes violentos entre georgianos y osetios.

El 4 de agosto, el Presidente osetio Eduard Kokoity anunció que 300 voluntarios procedentes de Osetia del Norte se habían incorporado a la lucha contra Georgia, y que pronto se incorporarían más voluntarios procedentes del Cáucaso Norte.

Las señales de alarma, que alertaban del inicio del conflicto, se estaban sucediendo a un ritmo muy rápido. La mayoría de los observadores y analistas internacionales apuntaban a que el conflicto probablemente se iniciaría en Abjasia, ya que la mayor parte de los incidentes estaban teniendo lugar en esta provincia separatista.

 

El enfrentamiento:

A las 23:35H del 7 de agosto la artillería georgiana recibió la orden de abrir fuego sobre los puestos de mando y las posiciones defensivas de las fuerzas osetias, muchos de estos objetivos que habían sido previamente identificados, estaban localizados en la propia Tskhinvali y en las poblaciones próximas a la capital.

El desarrollo de los acontecimientos durante las últimas horas del día 7 y las primeras horas del día 8 de agosto permanece confuso. Según fuentes georgianas, el presidente Saakashvili ordenó atacar la capital Tskhinvali, después de las acciones de provocación que habían tenido lugar durante el último mes, y tras conocer que las fuerzas rusas habían comenzado a entrar en Osetia del Sur a través del túnel de Roki. Según fuentes rusas, sus unidades localizadas al otro lado del Gran Cáucaso, en las proximidades de la frontera con Georgia, comenzaron a desplazarse hacia el paso de Roki, una vez que se confirmó el ataque a Tskhinvali. El ataque provocó un millar de muertos, entre los que se encontraban 15 soldados rusos pertenecientes a las fuerzas de mantenimiento de la paz.

A las 23:00H, el despliegue de las unidades georgianas que iban a participar en la campaña se había completado, y un gran número de carros de combate, vehículos de transporte de tropas de infantería y artillería se encontraban en zonas próximas a la frontera, contraviniendo los acuerdos de alto el fuego que se alcanzaron al finalizar el conflicto en 1992.

La preparación de la artillería georgiana, previa al ataque de la fuerzas de infantería, se realizó con piezas de los calibres de 122, 152 y 203 mm, clásicos calibres de la artillería de fabricación soviética, y sistemas lanzacohetes de 160 mm. Los sistemas lanzacohetes tienen una gran potencia de fuego, pero este sistema de armas carece de precisión, por lo que se suele utilizar para batir zonas, no objetivos puntuales. La acción pretendía destruir la lista de objetivos previamente elaborada, pero la falta de precisión hizo que se alcanzaran zonas residenciales y edificios civiles.

El Estado Mayor de las fuerzas georgianas en el ataque a Tskhinvali empleó la 3ª y la 4ª Brigadas en un primer escalón, mientras la 5ª y la 2ª Brigadas permanecían como reserva. La 1ª Brigada se encontraba desplegada en Iraq.

Las unidades rusas localizadas en los campos de adiestramiento próximos a la frontera con Osetia del Sur, recibieron la orden de marchar hacia el túnel de Roki. Los dos grupos tácticos, pertenecientes a los regimientos 693º y 135º, ambos de la 19ª División de Infantería Motorizada con base en Vladikavkaz, se pusieron en movimiento. Los primeros vehículos del 693º regimiento alcanzaron el túnel de Roki a las 02:00H, según fuentes rusas. Estas unidades avanzaron, sin encontrar una resistencia significativa, alcanzando Tskhinvali en la tarde del día 8, tras recorrer los 40 Km por la carretera de montaña que atraviesa el Gran Cáucaso y conecta el paso de Roki con la capital osetia.

Mientras las unidades rusas trataban de alcanzar la capital lo antes posible, las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz y las milicias osetias trataban de impedir la entrada de las unidades georgianas en la capital. 

Las unidades rusas elegidas para participar en la operación en Osetia fueron la 19ª y la 42ª Divisiones de Infantería Mecanizada, estacionadas en Vladikavkaz la primera y en Chechenia la segunda, también participaron otras unidades del Distrito Militar del Cáucaso y el 104º Regimiento de las Fuerzas Aerotransportadas de Asalto de la 76ª División de Pskov.

En la mañana del día 8, la 7ª División Aerotransportada de Asalto, estacionada en Novorossiysk a orillas del Mar Negro, y especializada en combate de montaña, recibió la orden de prepararse para entrar en Abjasia; parte de sus unidades fueron desembarcadas por la Flota del Mar Negro, mientras que el resto lo hizo cruzando la frontera con Georgia.

El día 10 fuerzas rusas entraron en Abjasia desde Rusia abriendo un segundo frente, mientras la Flota del Mar Negro realizaba una operación de desembarco en Ochamchira, en la costa de Abjasia, uniéndose a las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz que se encontraban desplegadas en la provincia.

Los combates que se desarrollaron a lo largo de los días 9 y 10 finalizaron con la toma de Tskhinvali. El día 11 las unidades rusas mantenían  la iniciativa. Los dos movimientos en profundidad de las fuerzas rusas paralizaron completamente Georgia. La columna rusa proveniente de Tskhinvali, desplazándose hacia el sur, alcanzó la estratégica ciudad de Gori, cortando la carretera y la línea de ferrocarril que comunica Tbilisi con el oeste del país y amenazando la capital; la operación ofensiva desde Abjasia alcanzó la ciudad de Senaki y el estratégico puerto de Poti.

La Fuerza Aérea fue decisiva para la rápida victoria rusa, bombardeó a las fuerzas georgianas desplegadas en Osetia del Sur y las bases aéreas localizadas en las proximidades  de Tbilisi. La aviación rusa también realizó ataques sobre las instalaciones del puerto de Poti y sobre la ciudad de Gori, en esta ciudad se produjeron numerosas bajas militares y civiles. En el aire también fue enorme el desequilibrio de fuerzas, Georgia contaba con 8 aviones Su-25, que apenas fueron utilizados, mientras los rusos lograron la superioridad aérea con sus aviones Su-24, Su-25, Su-27 y bombarderos Tu-22.

Durante el conflicto, se llegaron a emplear algunos procedimientos y técnicas híbridas, como el empleo de ataques cibernéticos y operaciones de información. Durante el conflicto las webs corporativas y de correos electrónicos oficiales, así como las redes de comunicaciones militares de Georgia sufrieron ataques cibernéticos, se empleó malware y virus informáticos que afectaron a estas redes; aunque es difícil atribuir con certeza el verdadero origen de este tipo de ataques. Como en cualquier guerra los gobiernos tratan de justificar sus intervenciones recurriendo a campañas de información dirigidas a la comunidad internacional, a la población del adversario y a su propia sociedad. Estas acciones cobran una extraordinaria importancia en la actual sociedad globalizada, donde los medios de comunicación y las redes sociales ejercen una gran influencia en la opinión pública. La campaña de información rusa presentó la acción de sus fuerzas como un acto defensivo ante el ataque de Georgia a las provincias de Abjasia y Osetia del Sur, y como una defensa de la población de origen ruso en ambas regiones. La campaña consiguió un respaldo mayoritario de la sociedad rusa a su gobierno.

En la tarde del día 12, el Presidente Dmitriy Medvedev anunció que la operación militar en Georgia había finalizado. Georgia había sido derrotada, sus fuerzas armadas sufrieron más de 2000 bajas, entre muertos y heridos, gran parte de su armamento y equipo fue destruido, así como sus bases e instalaciones militares.

El presidente de turno de la Unión Europea, Nicolás Sarkozy, propuso un plan de paz que fue firmado por las dos partes, entrando en vigor el 18 de agosto. El día 22 se completó el repliegue de las tropas rusas de Georgia y el día 26 Rusia reconoció oficialmente la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.

La forma en la que se desarrollaron los acontecimientos, hace pensar que el plan de las Fuerzas Armadas de Georgia para ocupar Osetia del Sur, en una primera fase, consistía en lanzar una rápida ofensiva para derrotar a las fuerzas osetias y tomar Tskhinvali, y simultáneamente realizar un avance en profundidad, para llegar lo antes posible a los pasos de montaña para impedir la llegada de voluntarios procedentes de Osetia del Norte, en previsión de que intentaran reforzar las fuerzas y milicias osetias.

Es realmente sorprendente que los planes de las fuerzas de Georgia obviaran la posibilidad de una rápida intervención de las fuerzas rusas en el conflicto, lo que denota la falta de una sólida comprensión de la situación. Parece que no se habían preparado planes de contingencia para una confrontación con las fuerzas rusas, ni las unidades habían recibido información sobre este fundamental aspecto. No está clara la razón por la que el Gobierno de Georgia parecía tan confiado en la no intervención de las fuerzas rusas.

Sin embargo, Rusia había tomado la decisión de proteger y evitar la invasión de las dos regiones independentistas, la confusa acción militar de Georgia en las últimas horas del día 7 y primeras del día 8, proporcionaron a Rusia una excusa para su intervención. 

 Por el modo cómo se desarrollaron los acontecimientos, parece que Rusia disponía de inteligencia y estaba alertada y al corriente de los planes de Georgia de ocupar Osetia del Sur, a falta, probablemente, de conocer la fecha en la que se llevaría a cabo el ataque. Los análisis rusos de la situación daban por hecho que una ofensiva realizada con sorpresa por las fuerzas georgianas, ocuparía Osetia en dos o tres días dado la debilidad de sus milicias, la proximidad de Tskhinvali a la frontera con Georgia y el reducido tamaño de la región, a lo que también ayudaría la existencia de enclaves georgianos dentro del territorio.

Las fuerzas rusas fueron capaces de cruzar la cordillera del Gran Cáucaso en cuestión de horas, y alcanzar las zonas más llanas y más favorables a sus unidades. La rápida reacción rusa tuvo que ver con la experiencia y el conocimiento del terreno adquiridos en los numerosos ejercicios realizados en la zona.

Al finalizar los cinco días de enfrentamiento, Rusia logró una situación de ventaja estratégica. La campaña militar le permitió alcanzar sus principales objetivos geopolíticos y estratégicos. El primero de ellos lanzando a occidente un claro mensaje, Rusia estaba decidida a defender sus intereses en el espacio post-soviético, en segundo lugar, consolidar la independencia de facto de las provincias de Osetia del Sur y Abjasia, situación que tenía lugar desde los conflictos de los años noventa,  y en tercer lugar, frenar la incorporación de Georgia a la OTAN y provocar el debilitamiento del régimen de Mikhail Saakashvili.

Además de la victoria militar, Rusia también obtuvo una victoria política y diplomática, al eludir una confrontación directa con occidente y la creación de una coalición contra Rusia (Duguin, 2012:139).

 

Lecciones aprendidas y reforzadas de las fuerzas armadas rusas

La campaña rusa en Georgia se realizó acorde al tradicional arte operacional ruso, múltiples operaciones ofensivas simultáneas en profundidad para alcanzar objetivos estratégicos; si bien se introdujeron algunos aspectos innovadores propios de los procedimientos utilizados en las guerras híbridas.

Al inicio del conflicto, la estructura de las Fuerzas Armadas Rusas todavía se basaba en una organización pensada para la Guerra Fría, no se encontraban actualizadas a la RMA[12] de principios del siglo XXI, caracterizada por nuevos aspectos orgánicos y doctrinales, armamento tecnológicamente avanzado y unidades profesionales.

A pesar del éxito logrado, el conflicto desveló las carencias y debilidades de las Fuerzas Armadas Rusas, poniendo en evidencia la urgente necesidad de llevar a cabo reformas en las mismas.  Unos meses después de la finalización del conflicto, el Ministro de Defensa Anatoliy Serdyukov anunció, el 14 de octubre de 2008, un plan de reformas que tendría como objetivo una profunda revisión y transformación de las Fuerzas Armadas.

La mayor parte de estas deficiencias y carencias estaban relacionadas con una estructura deficiente de mando y control, que no permitió una adecuada coordinación de las operaciones, deficiencias en el armamento, en su gran mayoría obsoleto y proveniente de la época soviética, la ausencia de modernas tecnologías y armamento de precisión, y además, problemas en la instrucción del personal y adiestramiento de sus unidades.  

Las órdenes del Estado Mayor General en Moscú tenían que recorrer una interminable cadena de mando hasta llegar a las unidades desplegadas en el terreno. Las órdenes que partían de Moscú tenían que pasar a través del Cuartel General del Distrito del Cáucaso y por el Cuartel General del 58º Ejército, antes de llegar a las divisiones y los regimientos motorizados y aerotransportados rusos.

Aunque las operaciones eran conjuntas, hubo una clara falta de coordinación e interoperabilidad entre las unidades terrestres y las aéreas, debido a las dificultades con las comunicaciones y la falta de sistemas C4ISR[13].

Aproximadamente un tercio del personal de las unidades que tomaron parte en el conflicto eran soldados procedentes de reclutamiento forzoso, con un bajo nivel de instrucción. Incluso el personal profesional carecía de la preparación adecuada.

La Fuerza Aérea perdió varios aviones por falta del adecuado número de horas de vuelo de instrucción de sus pilotos, bastante por debajo del número de horas de vuelo anuales de los pilotos de la OTAN.

Las fuerzas terrestres contaban con armamento y material antiguo y de poca fiabilidad. Se produjeron incidentes y averías en vehículos, que en ocasiones llegaron a bloquear las estrechas carreteras de la región, dificultando la movilidad de las unidades. La mayor parte de los vehículos acorazados no contaban con protección reactiva para protegerse de las armas contra carro, el equipo de protección individual de los combatientes era inadecuado y las unidades carecían de equipos de visión nocturna.

Las fuerzas aéreas no disponían de armamento inteligente de precisión. En cuanto a guerra electrónica, las aeronaves con misión de suprimir las defensas aéreas no fueron capaces de llevar a cabo su cometido, no contaban con misiles anti-radiación, lo que hacía difícil destruir los radares enemigos.

Las unidades no dispusieron de sistemas de navegación por satélite, ya que el sistema GPS controlado por los Estados Unidos estuvo bloqueado en el área de operaciones, y el sistema ruso GLONASS no se encontraba entonces completamente operativo.

Como resultado de todas estas dificultades la Fuerza Aérea Rusa perdió 8 aviones durante el conflicto, alguno de ellos por fuego amigo, al tener dificultades con el uso de los sistemas IFF[14].

La Armada no disponía de los barcos adecuados para afrontar el transporte de tropas y las operaciones de desembarco anfibias que se realizaron en Abjasia.

La importancia y gravedad de los problemas detectados fue el estímulo necesario para reimpulsar la reforma militar, dirigida por Serdyukov hasta noviembre de 2012, y a partir de entonces por el tándem Shoigu-Gerasimov. Esta reforma ha supuesto uno de los cambios más radicales en las Fuerzas Armadas Rusas desde la Segunda Guerra Mundial, sus consecuencias supusieron una “conmoción sísmica” (Mc Dermontt, 2009).

Las Fuerzas Armadas Rusas que en 2008 mantenían un gran número de unidades con un bajo nivel de cobertura de personal, y que dependían de un lento y masivo sistema de movilización, han pasado a un modelo más profesional, con una mayor cobertura de personal y disponibilidad de sus unidades.

Fue establecido como objetivo alcanzar la cifra de 1.000.000 de soldados en activo. Los problemas demográficos y las mejorables condiciones de vida del personal militar al inicio de las reformas dificultaban alcanzar esa cifra, sin embargo, los avances que han tenido lugar en este último aspecto y las mejores condiciones salariales han aumentado el interés de los jóvenes en servir en las fuerzas armadas, lo que ha permitido alcanzar los 913.000 soldados, de los que 250.000 son oficiales y suboficiales y 656.000 personal de tropa, de ellos 356.000 corresponden a soldados profesionales con contrato y 300.000 soldados procedentes de reclutamiento forzoso (FOI, 2016).

Las reformas han conseguido una cadena de mando más reducida y efectiva. La anterior organización en seis distritos militares ha sido reemplazada por un sistema de cuatro Mandos Regionales Estratégicos Conjuntos, orientados cada uno de ellos a las cuatro direcciones estratégicas: Occidente, Cáucaso, Asia Central y China. En 2015 se añadió un quinto Mando que tiene responsabilidades en la creciente zona de interés del Ártico. La nueva estructura más simplificada y con una cadena de mando más corta, busca la capacidad de desplegar con rapidez las fuerzas convencionales y nucleares en las cuatro direcciones estratégicas.

La actual estructura de las Fuerzas Armadas Rusas está formada por cinco ramas: Las Fuerzas terrestres, las Fuerzas Aeroespaciales (donde están incluida la Fuerza Aérea y las Fuerzas de Defensa Aérea), la Armada, las Fuerzas Aerotransportadas de Asalto y las Fuerzas Estratégicas de Misiles.

Un objetivo fundamental es la modernización del material y del armamento. En 2011 se aprobó el programa de adquisición de armamento SAP 2011-2020[15], que tiene como objetivo conseguir que el 70% del armamento este modernizado en 2020, entendiéndose por modernizado, equipos con menos de diez años. Aunque el programa contempla la compra de algunos sistemas a países occidentales, éste da prioridad a la industria de armamento rusa para el desarrollo y fabricación de nuevos sistemas de armamento.

El orden de batalla de las Fuerzas Terrestres ha sido reestructurado, la brigada de infantería motorizada se ha implantado como unidad básica operativa, en sustitución de la más pesada unidad tipo división heredada del Ejército Soviético, lo que parece una reforma más orientada a afrontar conflictos locales en la periferia rusa, que a una confrontación con la OTAN en Europa. Sin embargo, con la llegada de Shoigu se han vuelto a constituir unidades tipo división mecanizada/acorazada, lo que indica un regreso parcial a este tipo de unidad.

A diferencia de los ejércitos occidentales, las fuerzas terrestres rusas mantienen una fuerza mecanizada considerable, que continúa siendo su núcleo central. Las unidades mecanizadas cuentan con 2.800 carros de combate, y muchos más almacenados como reserva. Tres son los tipos de carros de combate en activo: T-72, T-80 y T-90, todos ellos diseñados según la filosofía soviética de poco peso, para lograr gran movilidad, una baja silueta, un cañón de 125 mm y una tripulación de tres hombres. Sin embargo, esta filosofía ha sido modificada en el nuevo carro de combate T-14 “Armata”, visto por primera vez en el desfile del Día de la Victoria en mayo de 2015, diseñado para superar las debilidades de los viejos carros de combate rusos y la incorporación e integración de nuevas tecnologías. La plataforma “Armata” pretende ser la cabeza de una nueva familia de vehículos blindados, que incluye vehículos de combate de infantería y de transporte de tropas, y que dotará a las unidades de un material más homogéneo.

La artillería rusa también es potenciada por lo programas de modernización, e incorporará en los próximos años nuevos sistemas de armas lanzacohetes y el nuevo obús autopropulsado 2S35 Koalitsiya-SV de 152mm. Además las unidades de artillería ya usan una gran cantidad de UAV, muchos de ellos de fabricación rusa y el Bird Eye-400 comprado a Israel.

La capacidad que proporciona esta considerable fuerza mecanizada/acorazada, indica que Rusia también quiere mantener vigente el concepto soviético de operación en profundidad del destacado pensador militar ruso Tukachevsky, más propio de un conflicto de alta intensidad, teoría que pretende utilizar una rápida y contundente acción en profundidad para cortar las vías de comunicación e interrumpir el abastecimiento logístico del adversario (Glantz, 1991:25).

El renovado arte operacional ruso que contempla la realización de acciones propias de la guerra asimétrica, reserva un papel importante en este tipo de acciones, en las que es necesario asegurar la iniciativa y la sorpresa, a las Fuerza Aerotransportadas de Asalto (DVD)[16], consideradas una fuerza de élite y que han sido potenciadas para jugar el papel de una fuerza de reacción rápida. Esta fuerza tiene una dependencia directa del Estado Mayor General en Moscú, cuenta con 35.000 soldados y una estructura formada por cuatro divisiones y una brigada independiente.

Una de las lecciones extraídas de la Guerra de Georgia, fue como la rápida concentración de fuerzas y la utilización de la sorpresa estratégica ayudó a contrarrestar los reveses tácticos que encontraron las fuerzas rusas en el conflicto. En los últimos años, para mejorar el adiestramiento de las unidades y comprobar su estado de disponibilidad las fuerzas armadas rusas recurren a la realización de grandes ejercicios estratégicos, algunos sin previo conocimiento de las unidades, snap exercises. El ejercicio de este tipo que se realizó entre el 26 de febrero y el 7 de marzo de 2014, en las proximidades de la frontera con Ucrania, sirvió para desviar la atención de la acción en Crimea y disuadir de cualquier tipo de reacción. Desde 2014, se han incrementado el número de ejercicios estratégicos y el de snap exercises en los que han participado todas las ramas y servicios, incluido en algunos la triada nuclear.

El programa de adquisición de armamento SAP-2020 también contempla la modernización del material de la Fuerza Aérea. Los proyectos más significativos son el cazabombardero Sukhoi T-50, que es la primera aeronave de 5ª generación rusa, y el avión de transporte Ilyushin Il-112, que sustituirá a los Antonov An-24 y An-26.

La Armada Rusa es la gran beneficiada del programa de modernización en curso, de los diversos programas en desarrollo el más importante y avanzado es el de los submarinos nucleares clase Borey y clase Yasen, el primero armado con el misil Bulava (SLBM)[17] portador de cabezas nucleares y con un alcance superior a los 8.000 Km.

Las Fuerzas de Misiles Estratégicos, que representan el núcleo de la disuasión nuclear basado en tierra, se encuentra en una fase de sustitución de los misiles Topol por la incorporación del misil RS-24 Yars, con mayor potencia nuclear y 11.000 Km de alcance.

Estos son los programas de adquisición y modernización de armamentos en curso más importantes, pero existen otros relacionados con el equipo individual del combatiente, con la guerra electrónica, comunicaciones y defensa antiaérea, que mejoraran las capacidades de las Fuerzas Armadas Rusas.

Las reformas y mejoras llevadas a cabo han sido posibles por dos razones: en primer lugar por la firme intención de Vladimir Putin de colocar a Rusia en la posición que considera que le corresponde en la escena internacional, y en segundo lugar, por la coyuntura económica favorable gracias a los elevados precios del gas y el petróleo hasta finales de 2014. El presupuesto de defensa que en 2008 representaba el 3,3% del PIB pasó al 5,4% en 2015. El presupuesto de 2015 supuso un gasto de 91.081 millones de US $ de 2014 (SIPRI, 2015), sin embargo, este gasto militar está en un orden de magnitud similar al gasto de Reino Unido y Francia, y representa sólo un 15,3% de presupuesto de defensa de Estados Unidos en ese año.

La actual organización y estructura de defensa, la adquisición y modernización de nuevos sistemas de armamento, la incorporación de nuevas tecnologías y munición de alta precisión, el aumento del número de ejercicios de adiestramiento, todos ellos son claros indicadores de una mejora en la capacidad de combate de las Fuerzas Armadas Rusas lograda en los últimos años, como lo demuestra el uso que hace Rusia de la fuerza militar fuera de sus fronteras. Sin embargo, aparecen algunas incertidumbres en el horizonte que podrían afectar a la actual tendencia, como son dificultades en el crecimiento económico, que podrían condicionar el gasto militar, la influencia de las sanciones por su intervención en Ucrania, una evolución negativa en el desarrollo demográfico, o la prioridad que los líderes políticos den a los asuntos de defensa, todos ellos son factores que podrían afectar a la actual evolución.

 

La doctrina Gerasimov

Pero la consecuencia más significativa del proceso de transformación de las Fuerzas Armadas Rusas, iniciado a partir de las consecuencias de la Guerra de Georgia, es un renovado arte operacional, que ha sido puesto de manifiesto y observado en la anexión de Crimea, en las acciones encubiertas en el este de Ucrania y en la actual participación abierta en la Guerra de Siria. Esta nueva línea de pensamiento militar, que introduce modificaciones en su tradicional modo de operar, es lo que varios expertos analistas occidentales han denominado “Doctrina Gerasimov”.

Las líneas maestras de la doctrina aparecieron trazadas en el artículo escrito por el General Gerasimov en la prensa militar rusa el 27 de febrero de 2013, artículo titulado “The Value of Science is in Foresight”. En este artículo se manifiesta la necesidad de estudiar la forma que adoptarán las guerras en el futuro y la  naturaleza de sus implicaciones para la ciencia militar. Gerasimov resalta el hecho de que el patrón de las guerras ha cambiado en el siglo XXI, las guerras ya no son declaradas y la diferencia entre el estado de guerra y paz queda desdibujado, pero las consecuencias de este nuevo tipo de conflictos pueden llegar a ser tan catastróficas como una guerra real (Gerasimov, 2013).

Esta nueva doctrina supone una clara evolución del clásico concepto del arte operacional propio de la doctrina militar soviética. Concepto que fue planteado por pensadores militares rusos durante los años 20 y 30 del siglo pasado, a la luz de la experiencia de la I Guerra Mundial, de la Guerra Civil Rusa y de la influencia de las nuevas tecnologías que jugaron un papel decisivo en estos conflictos, como el ferrocarril, la aviación y los primeros carros de combate. Existe una tradición consolidada en el Estado Mayor General Ruso en la realización de profundos estudios del entorno operacional y del análisis detallado de los conflictos históricos, con la finalidad de extraer enseñanzas, así como del estudio y preocupación por las formas y modos en que se desarrollarán los conflictos en el futuro, todo ello en línea con los prominentes pensadores militares rusos Tukhachevsky, Kamenev, Svechin, Isserson, o Nikolai Ogarkov.

La nueva doctrina contempla la participación de grupos y medios no militares realizando acciones, incluso antes de la aparición clara del conflicto, que buscarían conseguir efectos sociales, económicos, humanitarios y políticos dirigidos a crear en un área determinada las condiciones favorables, una preparación previa, para la consecución de los objetivos políticos y estratégicos deseados, como un cambio de gobierno o régimen, es decir, un nuevo statu quo. No se trataría de conseguir los objetivos de una forma inmediata, sino de una forma gradual, a veces a largo plazo. 

Simultáneamente a estas acciones, o en una fase posterior, se realizarían presiones diplomáticas, operaciones de información y desinformación, acciones de guerra cibernética  “cyber warfare”, infiltración de agentes de inteligencia, propaganda política, agitación social, bloqueo comercial, sanciones económicas, explotación de vulnerabilidades, uso de fuerzas paramilitares, atentados terroristas, e incluso despliegues estratégicos de fuerzas militares y la utilización de acciones de fuerzas de operaciones especiales, creando un estado de incertidumbre y “fricción” en términos  de Clausewitz.

Todas las acciones anteriores están encaminadas a constituir una situación o ambiente denominado la “Zona Gris” o “Gray Zone”. Estamos ante una forma nueva de conflicto, donde los esquemas y el uso de las técnicas analíticas tradicionales no son aplicables para entender los procesos en la “Zona Gris” (Baluev, 2013). Tres aspectos definen este concepto: medidas revisionistas, gradualismo estratégico y el uso de herramientas y técnicas no convencionales (Mazarr, 2015:51).

La “Gray Zone” es un recurso especialmente útil para los estados (moderadamente) revisionistas del statu quo vigente. El éxito de la “Gray Zone” depende de disponer de buenas capacidades militares que permitan mantener la iniciativa (disuasión para reforzar los desincentivos a la intervención de terceros). En ocasiones esos Estados se apoyarán en actores no estatales que operen como sus proxies. (Baqués, 2017:26).

Este concepto, aunque sin nombrarlo explícitamente, planea sobre la mente del General Gerasimov a la hora de elaborar su doctrina. La doctrina contempla que la situación puede evolucionar desde una situación de paz hasta una guerra híbrida, o incluso a una guerra abierta o convencional, donde el uso masivo de armas de largo alcance y de alta precisión se utilizaría para destruir los objetivos enemigos, de forma que las diferencias entre los niveles estratégico, operacional y táctico quedarían difuminadas.

También es de destacar en la nueva doctrina un renovado interés por la defensa territorial, ya que el uso de las amenazas híbridas mencionadas requiere la protección de potenciales objetivos como las infraestructuras de abastecimiento, transporte, telecomunicaciones, energéticas, etc.

Esta nueva forma que adoptan los conflictos sería un proceso que se inicia desde una situación de paz y que podría acabar en una guerra abierta, pero es un camino que no necesariamente tiene que recorrerse al completo, sino que cada conflicto tendría su itinerario y velocidad de proceso propios, en palabras de Gerasimov “cada situación tiene su lógica propia” (Thomas, 2016:2).

 En su artículo Gerasimov plantea los siguientes interrogantes: ¿Cómo es la guerra moderna? ¿Cómo deben ser las fuerzas militares que afrontan este nuevo tipo de conflicto y con qué tipo armamento deben de estar dotadas? ¿Cómo debe un ejército prepararse para afrontarla? Las respuestas a estas preguntas determinarán el modelo y la organización de las fuerzas armadas, y la forma del uso de la fuerza.

Gerasimov piensa que Rusia no debe limitarse a aprender y copiar de las experiencias extranjeras. Por el contrario, exhorta a la Academia de Ciencias Militares Rusa, donde se concentran los especialistas más autorizados, a desarrollar el pensamiento militar para afrontar este desafío. En su artículo, Gerasimov recuerda al destacado erudito militar soviético Aleksandr Svechin: “Es extraordinariamente difícil predecir las condiciones de una guerra. Cada guerra es un caso único, que exige aplicar una lógica particular y no un patrón o modelo fijo”.

 

Conclusiones

La decidida actuación de Rusia en la Guerra de Georgia, fue un claro mensaje a Occidente y a los países pertenecientes al espacio post-soviético, de su disposición a recurrir al empleo de la fuerza para defender lo que Rusia considera sus intereses en esa área y de evitar el avance de la Alianza Atlántica hacia sus fronteras. Esto último, es considerado como una amenaza directa a la seguridad de Rusia, como queda recogido en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la Federación Rusa aprobada por Vladimir Putin en diciembre de 2015.

La “Doctrina Gerasimov” con la que Rusia está empleando sus Fuerzas Armadas, así como el proceso de transformación y modernización experimentado por las mismas, tienen su origen y punto de partida común en las lecciones aprendidas en la Guerra de Georgia.

La modernización de las Fuerzas Armadas Rusas ha supuesto una actualización en su estructura y organización, con el objetivo de proporcionarles la disponibilidad y maniobrabilidad para actuar con rapidez en conflictos regionales en su periferia. Las reformas persiguen el uso de las nuevas tecnologías para contar con armamento de precisión, aspecto destacado por Gerasimov en su artículo, con la finalidad de minimizar los daños colaterales, ya que en esta nueva forma de guerra la legalidad y legitimidad ante la opinión pública es más crucial que nunca.  

La preparación de la “Zona Gris”, que se contempla implícitamente en la “Doctrina Gerasimov”, se comenzó a experimentar en el conflicto de Georgia. Rusia realizó una serie de acciones, unas convencionales y otras asimétricas, que pueden ser consideradas como una preparación previa de la zona; acciones tales como sanciones económicas, la más importante fue la prohibición de la importación de vino y agua mineral procedente de Georgia, acciones diplomáticas, como fue el establecimiento de relaciones consulares con las regiones separatistas y la cancelación de visados a ciudadanos georgianos, despliegue de unidades de ingenieros en Abjasia para la preparación de las vías de comunicación, despliegue de fuerzas para la realización del ejercicio “Frontera del Cáucaso 2008” con fines disuasorios y de distracción, apoyo a fuerzas paramilitares, infiltración de agentes, acciones de guerra cibernética, o las operaciones informativas que se llevaron a cabo en los medios de comunicación y redes sociales, para deslegitimar al oponente e influir a las opiniones públicas.  

Las Fuerzas Armadas Rusas todavía no pueden considerarse al mismo nivel de las fuerzas armadas de los países más desarrollados de la OTAN, sin embargo, existen claros indicadores de su modernización y mejora de su capacidad de combate, como lo demuestra su actuación en las recientes misiones realizadas fuera de sus fronteras. Estas actuaciones indican la decisión de Rusia de jugar el papel de gran potencia internacional y de usar sus fuerzas armadas para este fin.

 

Miguel Campos Robles es Teniente Coronel del Ejército de Tierra - Artillería 

 

Referencias:

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[1] El General Gerasimov se graduó en las Academias Militares de Fuerzas Acorazadas de Kazan y Malinovsky y en la Academia de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Rusas; entre los destinos que ha ocupado se encuentra el de Jefe del 58º Ejército en el Distrito Militar del Cáucaso Norte durante la segunda Guerra de Chechenia.

[2] Guerra híbrida es aquella en la que al menos uno de los adversarios recurre a una combinación de operaciones convencionales y guerra irregular, mezclada esta última con acciones terroristas y conexiones con el crimen organizado (Calvo, 2009).

[3] Este aspecto genera controversia entre expertos y analistas, pues para algunos se percibe como un desarrollo de la tradicional doctrina soviética de intervención en países de su área de influencia, desarrollada durante la Guerra Fría, para otros se trata de una interpretación o versión del concepto de guerra híbrida que ha tratado de desarrollar el Estado Mayor General Ruso.

[4] El nivel Operacional es el escalón de transición entre la Estrategia y la Táctica. El Arte Operacional es el proceso que traduce la estrategia en acción mediante el planeamiento de una campaña. Su esencia se concreta en la definición de unos objetivos operacionales que contribuyan a la consecución del objetivo estratégico, y a la determinación de las operaciones necesarias para alcanzarlos y, de esta forma, conseguir la situación final deseada. Doctrina para la Acción Conjunta de las Fuerzas Armadas Españolas PDC-01 del EMAD. (EMAD, 2009:35).

[5]  Tbilisi en georgiano, Tiflis es su nombre de origen persa.

[6]  Del ruso стал, que significa acero.

[7]  Provincia.

[8] Eduard Shevardnadze fue Ministro de Exteriores de la URSS desde 1985 a 1991. En marzo de 1992 aceptó la Presidencia de Georgia para intentar detener el conflicto en Osetia del Sur.

[9] Joint Peacekeeping Forces.

[10] España no se sumó a este reconocimiento, al considerar que la declaración unilateral de independencia de Kosovo contraviene el derecho internacional.

[11] UAV Unmanned Aerial Vehicle.

[12] Revolution in Military Affairs.

[13] Command, Control, Communications, Computers, Intelligence, Surveillance and Reconnaissance.

[14] Identificación Amigo o Enemigo (Identification Friend or Foe).

[15] State Armaments Program (2011-2020).

[16] DVD – Vozdushno-Desantnye Voyska.

[17] Submarine Launched Ballistic Missile.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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