La región del mar Báltico, escenario de tensión entre la OTAN y Rusia

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Análisis GESI, 3/2018

Resumen: El segundo semestre de 2017 se generó una suma importante de noticias en relación a la conocida como región del mar Báltico (BSR en sus siglas en inglés), zona de alta actividad militar por parte de distintos actores debido a la gran cantidad de países a los que baña este interesante mar.

Desde el colapso de la URSS en 1991, todos sus países ribereños han optado por ingresar en la Unión Europea y/u OTAN, observando Rusia cómo iba perdiendo poder en una región donde históricamente había sido la potencia dominante. Ante este hecho Rusia no se ha mantenido pasiva y frente a esa progresiva dinámica intenta presionar para evitar seguir perdiendo influencia y consecuentemente poder. Mientras, la Alianza Atlántica también está llevando a cabo movimientos para incorporar a los dos únicos países que se mantiene ajenos a ambos sistemas, Finlandia y Suecia. El presente análisis busca analizar el flanco oriental de Europa, poniendo el foco en los dos citados países y los tres estados bálticos, y explorar los posibles escenarios a los que nos dirigimos en el corto plazo.

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Concienciados sobre su seguridad

En 2004 Estonia, Letonia y Lituania realizaron un doble ingreso voluntario en la Unión Europea y la OTAN. Una vez dentro de la estructura OTAN dos acciones rusas (Georgia, 2008, y Crimea, 2014) les sirvieron para presionar y modificar la agenda de la OTAN e incluir una operación que sirviera para garantizar la seguridad de la zona. En la cumbre de Varsovia de julio de 2016 los estados miembro consensuaron llevar a cabo la misión Presencia Avanzada Reforzada (Enhanced Forward Presence, EFP en sus siglas en inglés), fruto de la cual se desplegaron cuatro batallones multinacionales en cada una de las tres repúblicas más Polonia, país incluido en el grupo de los que presentaban riesgos ante la amenaza rusa. La misión, iniciada en junio del presente año y sin fecha de conclusión, ha favorecido el desarrollo de las instalaciones defensivas de los países anfitriones, ayudando también a actualizar su equipamiento militar y beneficiándose al mismo tiempo de la presencia rotativa de tropas extranjeras en sus bases.

Este despliegue ha permitido prestar más atención a estos tres países con poco peso si tenemos en cuenta el factor población: Lituania cuenta 2.870.000 habitantes, Estonia, con 1.3 millones y Letonia, con 1.96 millones. Con demasiada frecuencia son vistos como una unidad, iguales y homogéneos, y sin embargo mantienen similitudes a la vez que marcadas diferencias. De entre las semejanzas destacan la sólida apuesta por priorizar el aumento en gasto en defensa; los tres le dedicarán el 2% de su PIB a partir del año 2018 (exigencia OTAN y que pocos de sus estados miembro cumplen). La medida cuenta con el unánime apoyo de la clase política y viene respaldada por una población consciente de la necesidad de invertir en seguridad, aunque probablemente se mantendrá con dificultad en el largo plazo ya que se pueden crear tensiones al descuidarse otras áreas esenciales, como la sanidad o educación. Esos recursos económicos han ido principalmente a reforzar las unidas mecanizadas, mejorar los sistemas de defensa aérea y aumentar el número de efectivos en la tropa.  Asimismo se han beneficiado de programas dirigidos a dinamizar la región, como el llevado a cabo por los Estados Unidos (European Reassurance Initiative) y la OTAN (NATO Support and Procurement Agency), ambas iniciativas intensificadas a partir de 2014.

Todo ello parece dejar claro que sus prioridades pasan por convertir sus amenazas de locales a globales. Uno de los mayores desafíos es la práctica de la desinformación como elemento desestabilizador de estas democracias y que cuyo principal destinatario es la población ruso étnica de la región, la cual no está dispuesta a regresar a Rusia y renunciar al nivel de vida que le ofrece la Unión Europea; pero tampoco apoyaría medidas que constituyan un enfrentamiento con Moscú. El descontento que puedan mostrar hacia sus gobiernos nacionales, situación análoga en otros estados democráticos, no será motivo de rebelión. Ni en regiones como Narva (Estonia) y Daugavplis (Letonia), con una presencia de rusos étnicos que supera ampliamente el 50 %, se llegaría a un escenario como el que está sucediendo en el Donbás.

 

Tres estados, tres realidades

Cada uno ha desarrollado modelos distintos, acordes con sus capacidades. Estonia aloja el Centro de Excelencia Cooperativa de Ciberdefensa, organismo para la defensa cibernética y mejora de la capacidad de cooperación e intercambio de información entre la OTAN y sus estados miembros. Se trata de un país muy avanzando en cuestiones digitales (su proyecto de E-Residency es un ejemplo estudiado en todo el mundo) debido, en gran medida, al brutal ciberataque que recibió en 2007 proveniente, a todas luces, desde Rusia.

Letonia ha sufrido fuertemente la reciente crisis económica, lo que supuso consecuencias directas en el ámbito de la defensa, con recortes del 10 % en personal y de casi un 50 % del presupuesto. Dentro de este escenario, el país busca la posibilidad de alojar fuerzas del ejército de una nación aliada y así poder beneficiarse de las lógicas sinergias con él. En 2016, y debido a la creciente importancia y necesidad de que la OTAN informe de modo adecuado, preciso y sensible sobre sus cambiantes funciones, objetivos y misiones, se creó en Letonia el Centro de Excelencia de Comunicaciones Estratégicas de la OTAN (NATO StratCom CoE).

Lituania representa una tercera vía, optando por un modelo mixto de ejército que incluye soldados profesionales y el refuerzo que supone los efectivos del servicio militar, reinstaurado en 2015. Ha establecido dos prioridades para el período 2017-2022: crear una nueva estructura para las Fuerzas Armadas (que incluya unidades de reservistas y mecanismo de movilización), y aumentar el número de soldados profesionales. Para facilitar una operabilidad en distintas direcciones está construyendo dos cuarteles generales, en Vilna y Klaipeda (ciudad portuaria). Uno de los principales desafíos para su seguridad es la nueva central nuclear que Rusia está financiando y construyendo en Astravets, Bielorrusia, a tan solo 50 kilómetros de Vilna. Por el momento, sigue su curso sin que las denuncias la hayan detenido.

 

Las dos codiciadas piezas

Los recientes ejercicios militares rusos en el mar Báltico han puesto en alerta a Suecia y Finlandia. Con estas acciones, Rusia busca el doble objetivo de probar su capacidad de reacción en el supuesto caso de ser agredidas y enviar un mensaje disuasorio a estos dos países que, aunque en la actualidad no estén dispuestos a poner en marcha mecanismos de consulta para ingresar en la Alianza Atlántica, sí que han intensificado su colaboración con la organización. Por el momento la clase política prefiere no introducir un debate con poco apoyo social, máxime viendo que una agresión por parte de Rusia resulta actualmente improbable. También es cierto que mantienen presente que el ingreso en la Alianza supondría asumir una serie de responsabilidades para con los demás socios ya que gran parte de la tensión se desarrolla en las proximidades de sus fronteras. Si la actual escalada de tensión deriva en un conflicto tendrían que acudir en auxilio de estados vecinos, trasladando la acción a sus propios países. En teoría, conservar ese estatus de “no alineado” beneficia a Rusia, ya que tiene asumido que es inviable que se puedan acercar a las tesis del Kremlin, por lo que mantenerlos alejados de la OTAN se podría entender como una victoria para Moscú. Ambos están aumentando su gasto en defensa y estrechando lazos con la Alianza. Finlandia y Suecia estuvieron el pasado 13 de noviembre en la firma de la declaración por la que se comprometen a incrementar su colaboración en defensa a través de la iniciativa Cooperación Estructurada Permanente de la U.E. (PESCO en sus siglas en inglés) que, en palabras de la ministra española de Defensa, María Dolores de Cospedal, es “un hito para el proceso de integración europea en materia de seguridad y defensa”.

 

Intensa colaboración militar

Dentro de esa estrecha colaboración destaca el ejercicio militar Aurora 17, que tuvo lugar el pasado mes de septiembre, y supuso que la mayor práctica militar realizada por Suecia en los últimos 23 años. Ideado para comprobar la capacidad sueca para defender su propio territorio de una agresión proveniente del exterior, tuvo como uno de los puntos clave el simulacro de ataque a la isla de Gotland, en el mar Báltico, en un ejercicio que incluyó un despliegue aéreo, terrestre y marítimo. Aurora 17 reunió a 19.000 efectivos propios más 2.000 de ejércitos de países aliados. Esta política de acercamiento, casi costando diferenciar entre aliado y estado miembro por la cantidad de sinergias que realizan, ha tenido una dura respuesta desde el Kremlin. "La adhesión de Suecia a la OTAN afectará negativamente a nuestras relaciones porque consideraremos que ésta estructura militar se acerca a nosotros desde el lado sueco", dijo Putin este pasado mes de junio. "Interpretaremos eso como una amenaza adicional para Rusia y pensaremos en cómo eliminar esta amenaza", agregó.

Por su lado, Finlandia tiene elecciones presidenciales (la primera vuelta el próximo 28 de enero, la segunda, en caso de ser necesario, el 11 de febrero), las primeras desde que Rusia se anexionara Crimea. Ninguno de los principales partidos aboga por la entrada en la estructura OTAN, entre ellos el del actual presidente, Sauli Niinistö, principal candidato a la jefatura del Estado finés. Y es que las encuestas demuestran que la población no es favorable a introducir este debate (actualmente el 60 % de los finlandeses se oponen al ingreso, por un el 22 % que sí lo apoyaría). Dicho lo cual, también se están llevando a cabo movimientos de acercamiento, como fue la visita oficial a Helsinki el pasado noviembre del Secretario de Estado de Estados Unidos, James Mattis, quien aprovechó para reconocer el esfuerzo que se ha hecho para poner en marcha el Centro Europeo de Excelencia para la Lucha contra las Amenazas Híbridas, operativo desde octubre de este año, y centrada en detener posibles actos desestabilizadores provenientes de Rusia. Niinistö, político veterano, guarda una cordial relación con su homólogo ruso, siendo públicas sus conversaciones, dos en el último semestre.

 

El poder de seducción

Con el objetivo de contar con un análisis a propósito de lo que aquí se expone, trasladé al coronel Pardo de Santayana, analista principal del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), las dudas acerca de si un aislamiento ruso sería un momento propicio para establecer un diálogo, por el momento nada fluido. “A pesar de las apariencias, Rusia se relaciona con la OTAN desde una posición de debilidad y es esta debilidad relativa la que produce una estrategia agresiva y soterrada por parte del Kremlin, una mayor debilidad no se traduciría necesariamente en una mejor relación”, responde el coronel, gran conocedor de la región. Desde su punto de vista, “el interés global de Occidente es buscar fórmulas consensuadas para distender las relaciones recíprocas con el Kremlin y apostar por la estabilidad. Ciertamente es una cuestión muy compleja y que llevará tiempo, quizás toda una década. La confianza recíproca está pasando por los peores momentos”. Esta confianza que menciona se vio más debilitada aun debido a los ejercicios militares rusos Zapad 17, realizado el pasado mes de septiembre. La incertidumbre viene por las cifras de efectivos desplegados tanto por Rusia como por Bielorrusia (socio en estos ejercicios y que prestó sus instalaciones para llevar a cabo las prácticas) ya que presentaron unos números que estaban por debajo de los requisitos del Documento de Viena para permitir el libre acceso a observadores internacionales. Con los números que ofrecieron (por debajo de los 13.000 soldados) solo estuvieron obligados a habilitar un día de acceso a los observadores, pudiendo mostrar una actividad “a la carta”. Ese día sirvió para cumplir con las exigencias de la OSCE y para poner de manifiesto las tiranteces en la relación entre Putin y Lukashenko, presidente bielorruso, dentro de que nunca es sencillo interpretar los afectos del presidente ruso.

La dependencia económica rusa de la exportación de hidrocarburos y gas marca su progreso económico, político y militar. En épocas de inestabilidad en el precio del petróleo Rusia sufre, aunque no conviene adentrarse en juicios que la den por desahuciada. “Ciertamente la economía es un gran talón de Aquiles para el futuro de la Federación Rusa como potencia. No obstante, a corto plazo hay que decir que con la devaluación del rublo Moscú ha conseguido estabilizar la economía y empezar a crecer, aunque muy moderadamente”, aclara el coronel Pardo de Santayana, quien vaticina que las sanciones en el ámbito energético acabarán haciendo mella en el devenir de la economía rusa. ¿Qué se puede esperar de Rusia para los siguientes años? ¿Estos signos de fatiga vendrán seguidos de una época de irrelevancia o el país logrará mantener este esplendor militar? “En la actualidad, la fuerte posición estratégica del Kremlin se ve muy favorecida por el liderazgo de Putin. De ese modo, cuando Putin deje el poder y la economía empiece a languidecer, si es que ambas circunstancias se producen, el perfil de la Federación Rusa como gran potencia irá disminuyendo”, razona el coronel. De las dos premisas, la primera parece claro que no producirá hasta 2024 ya que Putin avanza firme y sin adversarios relevantes hacia la reelección en las elecciones previstas para el próximo mes de marzo.

 

Sin visos de cambio

Ni Suecia ni Finlandia solicitarán a corto plazo el ingreso en la OTAN, lo cual es compatible con un notable aumento de su presupuesto en materia de defensa debido a la amenaza que para ellos supone Rusia. Las palabras de Putin respecto a Suecia no deben tomarse de forma literal, mas no conviene descuidar terrenos como el tecnológico, donde se ha visto la capacidad de injerencia y desestabilización rusa. Mientras, el futuro de los estados bálticos en la OTAN está asegurado, aunque sigan recibiendo agresiones de distinto voltaje desde su vecino oriental. Esto no significa que Rusia haya quedado descartada como potencia líder en la región; los siguientes seis años de Putin serán la prolongación de una política expansiva que quizá incluya actores hasta el momento ajenos al flanco oriental europeo, caso de China. Esas posibles alianzas y el devenir de los ingresos provenientes de la venta de sus recursos energéticos marcarán el destino ruso en el marco de la BSR. Rusia despierta mucha inquietud, principalmente por la falta de transparencia, y por eso es preciso un análisis desapasionado y ecuánime sobre su realidad ya que “nunca está tan mal como podría parecer cuando está mal, ni tampoco es tan fuerte como podría parecer en las situaciones contrarias”, como precisa el coronel Pardo de Santayana. Por si acaso, Suecia ya ha tomado la primera medida este 2018 con el anuncio de que enviará a millones de hogares un folleto sobre cómo actuar ante un eventual ataque militar proveniente del exterior. "Toda la sociedad necesita estar preparada para el conflicto, no solo los militares", ha afirmado la responsable de la campaña informativa. 

 

Ricardo Lenoir-Grand Pons es analista de cuestiones de Seguridad y Defensa relacionadas con el espacio post-soviéticos y los Estados bálticos, así como editor del blog Claves Geopolíticas.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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