La logística antes de la Primera Guerra Mundial (primera parte)

Versión para impresiónVersión para impresión

Pese a la mejora experimentada a lo largo del siglo XIX, la logística era pobre. Las limitaciones de los medios logísticos se pusieron especialmente de manifiesto cuando la realidad del combate de 1914 demostró los defectos de los cálculos logísticos de tiempo de paz.

En esencia, el modelo de apoyo logístico de todos los contendientes se organizaba sobre el modelo empleado por los prusianos en 1870, con pequeñas variaciones locales. Este modelo se articulaba en tres escalones: junto con los Batallones avanzaba un tren logístico, encargado de proporcionar el abastecimiento inmediato a las unidades. Estos trenes eran reabastecidos diariamente por el segundo escalón logístico, que transportaba los suministros desde la cabecera de ferrocarril que abastecía a cada Cuerpo de Ejército. El transporte por medio del ferrocarril entre la base logística del Ejército y la estación que servía de cabecera logística a cada Cuerpo era la responsabilidad del tercer escalón logístico. En realidad, este sistema no llegó a funcionar satisfactoriamente nunca, por motivos diversos. Los problemas logísticos de los prusianos en 1870-71, explicados a continuación, ponen de relieve los defectos de esta organización, que no fueron solventados antes de la Gran Guerra.

En primer lugar, la inmensa mayoría de las estaciones de ferrocarril no disponían de instalaciones de descarga o almacenaje suficientes para las necesidades de un Cuerpo de Ejército. Este problema se hacía más agudo puesto que no había previstas unidades específicas para la carga y descarga de los trenes, confiándose en la utilización de mano de obra local (previsión que falló estrepitosamente en la realidad). En consecuencia, los abastecimientos se acumulaban en las cabeceras, sin poder ser descargados, bien por falta de instalaciones, bien por falta de personal de estiba, o bien por falta de lugares para almacenarlos. El efecto conjunto de estas carencias era que los vagones cargados se quedaban inmovilizados en las cabeceras, haciendo de almacenes fijos. Por ello, el número de vagones disponibles para el transporte se reducía continuamente, hasta llegar a colapsar el sistema.

Por su parte, el segundo escalón logístico debía cubrir diariamente la distancia de ida y vuelta entre la cabecera de ferrocarril y las unidades a las que debía abastecer. En ofensiva, esta distancia aumentaba continuamente, con el avance de las tropas. Para el elemento logístico, el aumento de distancia a recorrer cada jornada era el doble de la distancia de avance de las tropas, dada la necesidad de realizar el viaje de ida y vuelta. Este incremento iba creciendo hasta exceder la distancia que podía cubrir el elemento logístico en una jornada. Este efecto debía compensarse avanzando en la misma medida la cabecera de ferrocarril.

Sin embargo, las destrucciones que el enemigo en retirada hacía en su sistema ferroviario excedía generalmente la capacidad de reparación de las unidades de zapadores, lo que impedía a las cabeceras de ferrocarril mantener la velocidad de avance requerida. Además, las principales rutas ferroviarias estaban guarnecidas por fortalezas que era preciso tomar antes de poder utilizar la vía. Finalmente, no siempre era posible encontrar a la distancia deseada estaciones de ferrocarril con una capacidad mínima para servir como cabeceras logísticas. En consecuencia, el segundo escalón de abastecimientos era progresivamente incapaz de seguir el avance de las unidades a las que debía suministrar, y se iba quedando cada vez más más rezagado conforme aumentaba el avance.

Finalmente, el primer escalón logístico, una vez había perdido contacto con el segundo carecía de utilidad cuando agotaba los suministros que transportaba. Por ello, su personal y sus medios acababan realizando otras funciones.

A grandes rasgos, los problemas descritos habían caracterizado la actuación del sistema logístico prusiano en la guerra de 1870, que, sin embargo, era el mejor organizado de su tiempo y el modelo para los demás. Sólo la ejecución de la operación en una época favorable del año (la cosecha) y el relativamente reducido consumo de municiones permitió el éxito prusiano, enmascarando las deficiencias de su sistema logístico.

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Eurocuerpo