La importancia de los encuadres en la política exterior y los nuevos desafíos comunicativos

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Análisis GESI, 33/2017

Resumen: Las teorías de encuadres, conocidas como framing en el mundo académico anglosajón, constituyen la columna vertebral de los principales estudios sobre comunicación política de la actualidad.

Desde la aparición de la comunicación política como disciplina de la Ciencia Política a principios del siglo XX, se ha encasillado a la política exterior, y por ende los conflictos armados, como un sujeto de estudio concreto y acotado. El análisis de encuadres se ha vuelto imprescindible, no solo para conocer a qué tipos de esquemas mentales están siendo expuestas las audiencias, sino detallar otros mecanismos cognitivos a través de la activación neuronal.

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MEDIOS DE COMUNICACIÓN, ENCUADRES Y POLÍTICA EXTERIOR

Desde la aparición de la Comunicación Política como objeto de estudio dentro de la politología en el siglo pasado, los teóricos siempre han resaltado el papel de la política exterior, y por ende los conflictos bélicos, como un sujeto de análisis bien acotado y diferenciado. Dado que las audiencias se encuentran prácticamente obligadas a acudir a  los medios de comunicación para informarse sobre asuntos de la política exterior, (al no existir una experiencia o contacto personal-directo) el papel que toman los encuadres (frames) resulta crucial a la hora de entender las distintas evaluaciones que realizan las audiencias.

El primer concepto de encuadre (frame) tiene su origen en los diferentes estudios sobre psicología cognitiva y fue elaborado por el antropólogo Gregory Bateson en 1972[i].  A través del estudio de lo que Bateson denomina como “circuitos”, el término hace referencia a los esquemas cognitivos por los que una persona ante la exposición del proceso comunicativo selecciona y procesa algunos tópicos y desecha otros (1972).

Aunque los académicos han otorgado multitud de definiciones, algunas muy reseñables como las de Goffman (1974) o Iyengar (1991) sobre qué son realmente los encuadres, existe una unanimidad al afirmar que los encuadres no se centran en tópicos o ideas concretas que son seleccionadas por los medios, sino en la forma particular y concreta en que dichos temas son expuestos ante la opinión pública (García Marín, 2011)[ii]. Si bien es cierto que dentro de los estudios de encuadres existen diferencias notables entre las teorías de la agenda-setting y el priming; la primera se centra en cómo las prioridades de los medios de comunicación acaban configurándose como prioridades del sistema político y los ciudadanos y la segunda hace referencia a los diferentes mecanismos de activación mediante  nodos de información, coinciden en que la exposición a determinados mensajes son cruciales para la elaboración de juicios políticos realizados por los ciudadanos-electores. De ahí que el politólogo Robert M. Entman señalase las cuatro características esenciales que poseen los encuadres (1993)[iii]:

  • Definen problemas
  • Identifican causas
  • Proporcionan soluciones
  • Establecen juicios morales

A pesar de las diferencias metodológicas y conceptuales de los tres acercamientos teóricos, los diferentes estudios han centrado sus esfuerzos en observar cómo reaccionan las audiencias ante la exposición de tópicos (con diferentes posibilidades) seleccionados por los medios de comunicación.  Dicha selección busca conocer cuál es la capacidad que tienen los mensajes de afectar a las evaluaciones que realizan los receptores, pero, sobre todo, qué tipo de pensamiento es activado cuando la audiencia realiza juicios y valoraciones políticas.

Evidentemente, a la hora de la construcción de encuadres, la variable de la experiencia resulta fundamental, aunque las audiencias se encuentren expuestas a un determinado esquema de pensamiento estas lo bloquearán si su experiencia directa resulta contradictoria al encuadre mostrado. Siguiendo las pautas de la profesora María José Canel podemos diferenciar entre dos tipos de temas según la experiencia directa que posee la opinión pública sobre dichas cuestiones (1999)[iv]: temas obstrusive, donde las audiencias crean sus propios encuadres a partir de sus experiencias directas (por ejemplo percepciones sobre el precio de los combustibles, colectivos sociales etc.) y temas unobstrusive, donde el contacto directo con el tema es inexistente (conflictos armados, diplomacia, política exterior).

Por supuesto, cuantos menos vínculos directos posea el público con el tema abordado mayor capacidad de los medios de comunicación de configurar las percepciones de la audiencia. Un ejemplo clásico sobre lo anteriormente mencionado es el caso del precio del combustible: aunque la línea narrativa de los principales medios de comunicación argumenten que el precio del combustible está sufriendo una deflación, si los ciudadanos consideran lo contrario en base a su experiencia, inmediatamente circunvalarán ese encuadre siendo sus efectos inexistentes sobre los receptores.

Siguiendo las principales lecturas académicas, y partiendo de la base de que las audiencias o bien tienen percepciones erróneas de los acontecimientos internacionales (Philo y Berry, 2004)[v] o bien carecen de la sofisticación suficiente para comprenderlos (Paletz y Entman, 1980)[vi], podemos hablar de tres modelos asociativos entre los distintos sujetos que intervienen en el proceso de comunicación política:

  • Modelos de medios dominantes: donde los medios de comunicación ejercen un rol preponderante a la hora de configurar y elaborar las políticas gubernamentales. Dentro de este tipo de modelo el mayor exponente es el denominado “Efecto CNN” o “Curva CNN” , en el cual se establece que el ritmo y los tiempos a la hora de publicar noticias pueden alterar los ritmos de la diplomacia.
  • Modelos de élites dominantes: ubicando a los medios de comunicación como herramientas de las élites políticas, aunque con distintos matices. Por un lado dentro de este modelo encontramos el llamado “modelo de propaganda o fabricación del consenso”, elaborado por Edwards S. Herman y Noam Chomsky, donde los medios son meros instrumentos de las élites y del sistema capitalista. Y por otro, el “modelo de indexado” de Lance Bennett, en el que los “mass media” reproducen el discurso político de las élites dándose únicamente debates muy acotados en casos de disenso político entre ellas.
  • Complejo mediático/político: existiendo una nivelación de la opinión pública al resto de políticas públicas. Dentro de este modelo se engloban los distintos paradigmas surgidos durante el siglo XXI, como el modelo de Kempf, aunque el que más prestigio ha recibido por parte de la comunidad académica es el modelo de “activación en cascada”, de Robert  M. Entman.

El punto de inflexión histórico lo encontramos en los últimos años del siglo XX, en los conflictos de la Guerra del Golfo de 1991, también conocida como la “Operación Tormenta del Desierto” por el Ejército de Estados Unidos. Y también en los sucesivos enfrentamientos que terminaron por desmembrar la antigua República Federal de Yugoslavia en 1995. Por primera vez se dejan atrás los modelos propios de la propaganda (basados en audiencias pasivas y élites/medios dominantes) y la opinión pública se equipara en importancia al resto de sujetos comunicativos, al ser sus percepciones y valoraciones  capaces de modificar la diplomacia, los conflictos y las políticas de seguridad y defensa. Es ahí donde la denominada “guerra” o “competencia” de encuadres entra en escena, ya que como señalan la inmensa mayoría de autores, los medios de comunicación se posicionan en una situación intermedia no siendo ni meros instrumentos propagandísticos del gobierno ni tampoco adversarios abiertos.

Esta “equiparación” de las audiencias, bien desarrollada en el modelo de “activación en cascada”, demuestra que los encuadres “lejos de situarse exclusivamente en el emisor del mensaje, el encuadre está localizado tanto en el emisor como en el receptor, el texto (informativo) y la cultura,” (Ardèvol-Abreu, 2015)[vii]. Lo que posteriormente hará que diferenciemos entre media frames (encuadres de los medios) y audience frames (encuadres de la audiencia). Por lo tanto, la hipótesis básica de las teorías de encuadres es que la presentación y el tratamiento de la información afecta a las conclusiones y enlaces de la misma con otras informaciones.

 

LOS DESAFÍOS COMUNICATIVOS Y PROBLEMÁTICAS EN LOS CONFLICTOS DEL SIGLO XXI

Una vez expuestas de forma sintética las principales características teóricas de los encuadres y desarrollar su importancia dentro de la política exterior, a continuación se detallan algunas reflexiones, de carácter personal, sobre los futuros desafíos comunicativos a los que se enfrentan las democracias occidentales ante los nuevos conflictos en el presente milenio.

En la actualidad, nadie duda sobre la importancia que tienen en el mundo occidental algunos medios de comunicación globales como Al Jazzera, HispanTV o Russia Today ofreciendo constantemente información y con formatos en diferentes idiomas, incluido por supuesto el castellano. Si hacemos un breve análisis histórico sobre estos medios, vemos que existe una fuerte relación entre ellos y diferentes ejecutivos, cuya variable en común es la carestía de democracia.

La cadena televisiva qatarí Al Jazeera fue fundada en 1996 por el emir Hamad Bin Jalifa Al Thani siendo el medio de comunicación más importante del mundo árabe. HispanTV nació en 2011 de la mano del Servicio de Redifusión de la República Islámica de Irán. Mientras que Russia Today, el cual ofrece información 24 horas a través de su canal en Youtube, comenzó sus retransmisiones en el año 2005, como canal oficial del gobierno de la Federación Rusa.

Si atendemos a los principales indicadores, cuya reputación es de sobra reconocida en el mundo académico, como los elaborados por Freedom House[viii] o The Economist[ix], observamos que los gobiernos citados anteriormente se sitúan bastante lejos de los requisitos indispensables que debe tener un sistema político para ser calificado como “democrático”. Las calificaciones de Freedom House se realizan a través de la medición de la libertad de expresión (pieza fundamental en este análisis), los derechos de asociación y organización, el imperio de la ley y demás derechos fundamentales tanto individuales como colectivos. Por su parte, The Economist realiza sus indicadores a partir de 60 variables agrupadas en 5 categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del poder ejecutivo, participación y cultura política. En cuanto a la calificación FH utiliza las categorías de “Libre” (1-2.5), “Parcialmente Libre” (3-5) y “No Libre” (5.5-7), mientras que TE hace una categorización entre “países plenamente democráticos” (8-10), “países con democracia defectuosa” (6-7.9), “regímenes híbridos” (4-5.9) y países con “regímenes autoritarios” (puntuación menor a 4).

 

Tabla 1. Índices de libertades civiles y de democracia en países seleccionados (2016-2017)*

País

Libertades Civiles (FH)**

Índice de Democracia (EIU)

Estados Unidos

1 (libre)

7.98 (democracia defectuosa)

Alemania

1 (libre)

8.63 (democracia plena)

Francia

1.5 (libre)

7.92 (democracia defectuosa)

España

1 (libre)

8.30 (democracia plena)

Irán

6 (no libre)

2.34 (régimen autoritario)

Rusia

6.5 (no libre)

3.24 (régimen autoritario)

Qatar

5.5 (no libre)

3.18 (régimen autoritario)

* Para FH, a mayor puntuación menor libertad. Para EIU, a mayor puntuación mayor libertad.

 ** Las categorías de «libre» «no libre» o «parcialmente libre» se forman conjuntamente con las libertades políticas, no mostradas en la tabla, por lo que el mismo índice de libertades civiles puede mostrar una categoría diferente.

Fuente: Freedom House (FH), 2017; The Economist Intelligence Unit (EIU), 2016.

La fuerte presencia de estos medios de comunicación, dentro de nuestro sistema de información, ha supuesto que las audiencias, principalmente europeas, estén siendo expuestas a diversos encuadres específicos sobre temas complejos como el conflicto palestino-israelí o los conflictos de Afganistán, Siria o Ucrania, otorgando en contadas ocasiones, aunque no siempre, informaciones de dudoso origen y veracidad. Un ejemplo muy sonado fue, en el año 2014, cuando el gobierno de la Federación Rusa negó la presencia de personal militar en Ucrania y ,en julio de ese mismo año, el militar ruso Alexander Sotkin colgó una serie de fotos en la red social Instagram cuya geolocalización se encontraba en la localidad de Voloshinov (nordeste de Ucrania).

Partiendo de la base de que los efectos sobre las audiencias son mucho más acentuados en temas (issues) relativos a la política exterior (Walfgrave y Van Aelts, 2006)[x], el poder manipulador que tienen las élites políticas no radica en su voluntad de transformar la información, sino en que existan las condiciones necesarias para hacerlo.  Estas condiciones, desarrolladas por Lawrence Jacobs, serían:

  • La elaboración de un discurso uniforme por parte de las élites políticas.
  • La existencia de una opinión pública sin fuertes convicciones ideológicas y con un escaso nivel de conocimiento sobre el tema expuesto.

Así que, al incluir los conflictos armados como temas obstrusive, y, por lo tanto, existir un aumento de demanda de información junto con la inexistencia de filtros ideológicos, las élites políticas tenderán a la elaboración de un discurso claramente unificado en asuntos de política exterior (Jacobs, 2001)[xi], dándose, por ende, una mayor probabilidad de manipulación mediática.

Evidentemente, la unificación del discurso se produce en modelos corporativos propios de sistemas políticos autoritarios en los que el debate público se encuentra muy acotado o es inexistente. El refuerzo del modelo liberal de medios de Hallin y Mancini, en el que los medios tienen una lógica empresarial pero tienen la función social de generar debate, es uno de los grandes desafíos que se han planteado en numerosos foros de la comunidad académica ante un entorno más desigual e inestable.

A esta problemática se le ha unido la revolución tecnológica que ha supuesto Internet. El poder de Internet, y por consiguiente las redes sociales, como herramienta movilizadora, quedó patente tras las revueltas de 2011 conocidas como la “Primavera Árabe” que terminaron por derrocar los gobiernos en Túnez, Egipto y Libia y han producido fuertes conflictos que perduran hasta la actualidad como las casos de Siria o Yemen. La Primavera Árabe resultó uno de los fenómenos más increíbles e imprevisibles de los últimos tiempos hasta el punto de que una amplia mayoría de analistas atribuyen la responsabilidad de las revoluciones al aparente uso intensivo de las herramientas sociales de Internet. A pesar del debate y discrepancias dentro de la comunidad científica, existe un consenso prácticamente unánime a la hora de afirmar que desde la aparición de Internet se ha producido una reestructuración de la cobertura de los conflictos armados, al romperse el monopolio ejercido por los medios de comunicación tradicionales.

 

CONCLUSIONES

El excesivo coste que ha supuesto a los medios de comunicación adquirir equipos de filmación, edición, trasmisión, así como el traslado de personal a las zonas de combate, se ha vuelto insostenible durante los últimos años desde la aparición de blogs, redes sociales, portales de noticias etc. Este entorno hipercompetitivo a la hora de cubrir los conflictos armados ha obligado a depender, cada vez más, de diferentes agencias de información y a suavizar los procesos de gatekeeping dándose un entorno mucho más volátil e inseguro. La excesiva expansión de la información a través de Internet ha favorecido la propagación de bulos, “Fake News”, y de noticias de difícil confirmación, fenómeno que ha afectado a los medios de comunicación tradicionales perjudicando su imagen profesional ante las audiencias.

A pesar de esto, no significa que los medios tradicionales se hayan convertido en sujetos irrelevantes. Los medios de comunicación siguen siendo los principales actores a la hora de producir los diferentes encuadres a los que está expuesta la opinión pública, permitiendo a esta “entender, valorar y modelar sus percepciones ante asuntos complejos” (Torres Soriano, 2011: 146)[xii].

En cuanto a la gestión de la información, el nuevo carácter asimétrico de las guerras también ha cambiado la lógica informativa. Al no existir un oponente claro e identificable desde el punto de vista militar, “la falta de correspondencia entre la filosofía y los recursos de los contendientes hacen que la guerra asimétrica tome como escenario el espacio inmaterial de la información” (Torres Soriano y García Marín, 2009)[xiii]. Tomando como referencia el ejemplo estadounidense tanto en Irak como en Afganistán, se puede constatar que la superioridad militar y tecnológica no es un factor determinante a la hora de resultar vencedor contra enemigos de carácter asimétrico. El enfrentamiento contra actores no estatales, que en buena medida realizan una buena gestión de la información pública como arma de guerra, obliga a  desarrollar eficaces estrategias tanto en el ciberespacio como en la cobertura televisiva ya que “si el gobierno llegar a perder su poder para gestionar la cobertura de las noticias en un escenario de guerra, su capacidad para usar la fuerza militar puede perderse” (Cohen, 1994: 10)[xiv]

Referencias bibliográficas


[i] Batenson, G. (1972): Steps to an ecology of mind: Collected essays in anthropology, psychiatry, evolution and epistemology. Nueva York: Ballantine Books.

[ii] García Marín, J. (2011). Encuadres, conflictos y efectos de agenda. Zer-Revista de Estudios de Comunicación, vol. 16, n. º 31, pp. 169-181.

[iii] Entman, R. (1993). Framing: Toward Clarification of a Fractured Paradigm. Journal of Communication, vol. 43, n. º 4, pp. 51-58.

[iv]  Canel, M. J. (1999). Comunicación política. Técnicas y estrategias para la sociedad de la información. Madrid: Tecnos.

[v]  Philo, G. y Berry, M. (2004). Bad News from Israel. Londres: Pluto Press.

[vi] Paletz, D. y Entman, R. (1980). Presidents, Power and Press. Presidential Studies Quarterly, vol. 10, n. º 3, pp. 416-426.

[vii] Ardèvol-Abreu, A. (2015): «Framing o teoría del encuadre en comunicación. Orígenes, desarrollo y panorama actual en España» Revista Latina de Comunicación Social, n. º 70, pp. 423-450.

[viii] Freedom House. (2017). Populist and Autocratics: The Dual Threat to Global Democracy. Disponible en https://freedomhouse.org/sites/default/files/FH_FIW_2017_Report_Final.pdf (último acceso: 27 de agosto de 2017).

[ix] THE ECONOMIST INTELLIGENCE UNIT LIMITED (2016). The Economist Intelligence Unit’s index of democracy. Disponible en https://www.economist.com/media/pdf/DEMOCRACY_INDEX_2007_v3.pdf (último acceso: 27 de agosto de 2017).

[x] Walgrave, S. y Van Aelst, P. (2006). The Contigency of the Mass Media’s Political Agenda Setting Power: Toward a Preliminary Theory.  Journal of Communication, vol. 56, n. º 1, pp. 88-109

[xi] Jacobs, L. (2001). Manipulators and Manipulation: Public Opinion in a Representative Democracy.  Journal of Health Politics, Policy and Law, vol. 26, n. º 6, pp. 1361-1373.

[xii] Torres Soriano, M. (2011): «Guerras Youtube: el impacto de las nuevas tecnologías de la información en el tratamiento mediático de los conflictos armados» Cuadernos de Estrategia, n. º 148, pp. 129-157.

[xiii] Torres soriano, M. y García Marín, J. (2009): «Conflictos bélicos y gestión de la información: Una revisión tras la guerra de Irak y Afganistán» Confines, vol. 5, n. º 10, pp. 11-23.

[xiv] Cohen, B. (1994). A View from the Academy» en Bennett, W.L y Paletz, D.L.  (Eds.), Taken by Storm: The Media Public Opinion, and U.S. Foreign Policy in the Gulf War. Chicago: Chicago University Press, pp. 8-11.

 

José Manuel Moreno es ayudante de investigación de GESI.

 

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

 

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