La evolución de la doctrina militar norteamericana en el periodo de entreguerras (II)

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Como una notable excepción en la escasa producción doctrinal norteamericana de este periodo, entre 1929 y 1941, la Escuela de Artillería del U.S. Army desarrolló el procedimiento que todavía se aplica hoy para concentrar el fuego de múltiples Baterías o Grupos de Artillería sobre objetivos de oportunidad. Hasta ese momento, las grandes concentraciones artilleras sólo eran posibles sobre objetivos previamente identificados y cartografiados.

Cuando un aparecía un objetivo imprevisto, si no se disponía de sus coordenadas exactas sobre el plano, el Observador Avanzado de Artillería (OAV) podía dirigir el fuego de su Batería sobre él, corrigiendo el tiro desde su posición, pero no existían medios para que unidades de Artillería adicionales pudieran hacer fuego sobre ese objetivo, a menos que se obtuviesen sus coordenadas topográficas, o se empleasen como referencia puntos destacados – y cartografiados - del terreno. Incluso entonces, la corrección del tiro era muy compleja, por la falta de conocimiento de la posición relativa entre el observador y las piezas de las unidades artilleras. Adicionalmente, era necesario que el OAV se mantuviese enlazado con su Batería (vía telefónica, o, más raramente, empleando los escasos medios radio disponibles) mientras acompañaba el avance de las unidades de combate. En las condiciones de la PGM (avances muy cortos a través de la ‘tierra de nadie’), esto era difícil, pero realizable. En movimientos en la profundidad del despliegue enemigo, lo normal es que el OAV perdiese el enlace con la unidad apoyada o con su Batería, impidiendo la prestación del apoyo.

Entre 1929 y 1941, la Escuela de Artillería del U.S. Army creó y perfeccionó el sistema del F.D.C. (Fire Direction Center – Centro de Dirección de Fuegos), que permitía, mediante una serie de artificios de cálculo, concentrar el fuego de múltiples Baterías o Grupos de Artillería sobre un solo objetivo del que no se disponía de coordenadas cartográficas precisas, pero designado por un OAV. Esta capacidad no fue alcanzada por la Artillería de las potencias del eje durante toda la SGM. Para conseguirlo, además de los desarrollos técnicos, se dotó de equipos radio portátiles a todos los elementos artilleros necesarios, incluyendo a los OAVs, permitiendo el mantenimiento permanente del enlace entre los OAVs y los medios de fuego.

En Europa no se prestó atención a este desarrollo doctrinal, al considerar irrelevante el pensamiento militar norteamericano (en 1939, el U.S. Army era el decimoséptimo Ejército del mundo, muy cerca del decimosexto, el rumano), y su producción doctrinal era deliberadamente ignorada en Europa. Sin embargo, estos nuevos procedimientos daban a la Artillería norteamericana una capacidad inigualada de proporcionar potentes fuegos de apoyo a sus unidades de combate con oportunidad y casi en cualquier modo de combate (estático o en movimiento). El efecto de esta capacidad se reflejó en un refuerzo de la tendencia norteamericana a confiar en los fuegos como forma esencial del combate (ya muy acusada por la herencia de la PGM) y a mantener muchas unidades de Artillería centralizadas, para emplearlas donde fuese necesario según el desarrollo del combate, en lugar de confiar en planes preestablecidos. Al inicio de la SGM, la Artillería norteamericana, aun sin experiencia en combate, era probablemente la mejor preparada para el conflicto, y se convirtió desde los primeros momentos de la intervención norteamericana en la guerra en el elemento clave del éxito norteamericano.

Los ecos del interés europeo (especialmente británico) en la mecanización de los Ejércitos se hicieron sentir también al otro lado del Atlántico y hacia 1936 los norteamericanos iniciaron un vigoroso programa de motorización de su Ejército. Sin embargo, a diferencia de la tendencia general europea (que buscaba evitar la parálisis de la Gran Guerra), la motorización de los norteamericanos perseguía simplemente mejorar la movilidad de sus Divisiones, especialmente la de su Artillería de Campaña. Frente al enconado debate europeo acerca del papel del carro de combate en el campo de batalla moderno, en los años 30 los norteamericanos apenas diseñaron y construyeron dos modelos de carros, el ligero M-1 y el medio M-2, inspirados (como casi todos sus coetáneos) en los modelos británicos del Carden-Lloyd y del Vickers 6-Ton, y solo en 1940 – tras la derrota de Francia – se plantearon la creación de unidades acorazadas. Hasta entonces, los intentos del General Chaffee en 1928 y 1929 por constituir una Brigada Acorazada (basada en la Experimental Armored Force británica, compuesta por dos Batallones de carros M-2, una Compañía de autoametralladoras, un Grupo de Artillería remolcada y unidades menores) se frustraron por la crónica falta de fondos del Ejército norteamericano de los años veinte.

La doctrina norteamericana de empleo de los medios acorazados se debe casi en exclusiva a las ideas del General Leslie McNair, que, en su condición de director del Army War College, modernizó la doctrina norteamericana en 1939, publicando una nueva versión del Field Service Manual, el principal texto doctrinal del Army, dividido en tres partes o Field Manuals (FMs): FM 100-5, Operations, FM 100-10, Administration y FM 100-15, Large Units. Estos manuales fueron apresuradamente actualizados en 1941 con la experiencia de la batalla de Francia en 1940, y constituyeron la base de la doctrina terrestre norteamericana en la SGM. Para McNair, los carros de combate debían mantenerse en reserva mientras la Infantería abría una brecha en el frente enemigo, tras lo cual se infiltrarían por ella para realizar un avance en profundidad, al estilo de los raids de la Caballería norteamericana durante la Guerra Civil, o perseguirían a un enemigo batido. Tanto en la retaguardia enemiga como en la persecución, los carros se enfrentarían a blancos ‘blandos’ (instalaciones logísticas, de comunicaciones, de mando y control, unidades enemigas desorganizadas…), por lo que los carros norteamericanos (que no habían sido diseñados todavía) necesitarían gran autonomía y velocidad, pero no un armamento potente ni un blindaje pesado.

En caso de encontrarse con otros carros, McNair defendía que era necesario un tipo especial de vehículo, el cazacarros, esencialmente un cañón contracarro montado sobre cadenas. Puesto que los blindajes (excepto los más pesados) se habían revelado poco eficaces frente a los cañones contracarro, McNair consideraba que ningún blindaje sería suficiente sin comprometer la movilidad del vehículo, por lo que decidió suprimirlo: los cazacarros tenían un blindaje muy escaso y ni siquiera tenían techo en su torre, para ahorrar peso. A cambio, eran más baratos y más ágiles que un carro, siendo su potente cañón y su movilidad sus principales bazas en combate. Las unidades de cazacarros debían mantenerse en reserva para intervenir en caso de que apareciesen carros enemigos. Sobre esta base doctrinal se desarrollaron a partir de julio de 1940 los carros M-3 Lee, M-4 Sherman y los cazacarros M-3 Gun Motor Carriage (semioruga) y M-10. Ya entrada la SGM, estos cazacarros fueron complementados con modelos más avanzados.

A partir de 1936, cuando las posibilidades económicas lo permitieron, el U.S. Army agrupó sus escasos y obsoletos medios acorazados en dos Brigadas, una formada sobre la base de la VII Brigada de Caballería, y otra, denominada Provisional Tank Brigade, procedente de las unidades de carros de Infantería de la escuela de Fort Benning. Estas Brigadas eran unidades de un solo Arma, con muy escasa contribución del resto. La invasión alemana de Francia en 1940 proporcionó el necesario aliciente para que estas dos Brigadas constituyeran el núcleo de las dos Divisiones Acorazadas que organizó el Army antes de la SGM. Estas dos Divisiones – como ocurrió frecuentemente en la Europa de entreguerras -  fueron organizaciones poco equilibradas, muy preponderantes en carros (seis batallones, cuatro de carros ligeros y dos de carros medios, totalizando casi cuatrocientos carros), con solo dos Batallones de Infantería Mecanizada y tres Grupos de Artillería. La preponderancia en carros ligeros y la escasez de Infantería era coherente con la idea de emplear estas Divisiones en los papeles tradicionales de la Caballería (explotación del éxito y persecución), pero limitaba mucho su capacidad para vencer resistencias incluso pequeñas.

Mientras que la estructura descrita de la División de Infantería fue el resultado de múltiples estudios y experimentos, las ideas doctrinales sobre el uso de los carros de combate nunca se experimentaron (por falta de tiempo, pero también por la casi total ausencia de medios acorazados en el U.S. Army antes de la SGM). En consecuencia, el U.S. Army inició la SGM con una doctrina de empleo de medios acorazados sin experimentar, producto de la intuición del General McNair.

En realidad, la escasa evolución doctrinal norteamericana en el periodo de entreguerras se justifica, por un lado, por la falta de una idea clara de empleo del conjunto de sus Fuerzas Armadas y, por otro (estrechamente ligado al anterior), por su miseria presupuestaria: mientras que la Aviación y la Armada se centraron en un posible conflicto con Japón en el Pacífico, el Ejército carecía de una función creíble. Como consecuencia, sus presupuestos apenas fueron los suficientes para mantener un mínimo de personal en filas. La lucha por conseguir mantener sus magros presupuestos consumía mucho del tiempo de los Estados Mayores, a todos los niveles, mientras que la falta de una misión y de unos posibles escenarios de empleo claros desincentivaba los estudios doctrinales. Así, hasta el aldabonazo que supuso la caída de Francia en 1940, el Ejército norteamericano se mantenía, en lo concerniente a doctrina de combate de alta intensidad, prácticamente en 1918, y aun así, solo a medias, dado el peso de su larga tradición de combate frente a bandas irregulares en grandes espacios abiertos.

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Ejército de Tierra.