La evolución de la defensiva (segunda parte): la ofensiva del material

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Tras la importante victoria de Gorlice-Tarnow frente a los rusos en junio de 1915, un cierto número de Divisiones alemanas quedaron disponibles para su empleo en el Oeste. Con ellas, Von Falkenhayn decidió aprovechar la temporal ventaja artillera alemana para plantear una batalla de desgaste, pensada para hacer sufrir a los franceses un número de bajas tan elevado como para forzarles a negociar la paz. El lugar seleccionado fue Verdún, con el inicio de la operación en febrero de 1916.

Las razones para elegir Verdún estaban en consonancia con el carácter artillero de la batalla prevista por Von Falkenhayn: los alemanes contaban con una excelente vía ferroviaria que llegaba hasta la misma línea del frente, al Este de la ciudad, lo que les permitía un municionamiento regular para la masa artillera reunida para la batalla; en cambio, la línea ferroviaria Verdún-París estaba bajo fuego alemán al Norte de la ciudad, impidiendo el tráfico ferroviario. Sin esta vía férrea, los alemanes estimaban que los franceses serían incapaces de suministrar suficiente munición para su Artillería.

La idea de Von Falkenhayn no era la de obtener una ruptura operacional, ni la de ocupar nuevos territorios, sino la de atraer fuerzas francesas a un área donde cayesen víctimas de la superioridad artillera alemana. Para tener éxito, el Ejército alemán debía procurar limitar el número de bajas propias, renunciando a avances inútiles (dado el concepto de la operación, que no se orientaba a ganar terreno, por más que pretendiese hacer creer a los franceses que la ocupación de Verdún era el objetivo del ataque), al tiempo que debía atraer al máximo de tropas francesas, incitándolas a atacar las posiciones alemanas. Como elemento clave de la operación, Von Falkenhayn concentró una masa artillera de 1.612 piezas, de las que dos tercios eran obuses pesados de 150 mm, pero también modernos obuses de sitio de hasta 420 mm.

Para ejecutar el plan, la Artillería alemana precisaba observatorios para poder hacer fuego sobre el valle del Mosa, donde esperaba que se concentrasen las unidades francesas. Para conseguir estos observatorios, era preciso tomar la línea de alturas situadas al Este de la ciudad, defendida por los obsoletos fuertes construidos por Séré de Rivières en la década de 1880. Tras estos fuertes se extendía un terreno elevado de tres o cuatro kilómetros arbolados que llevaba a la cresta militar desde la que se dominaba el valle del Mosa. La única ofensiva ‘real’ que los alemanes precisaban para desarrollar su operación era precisamente la toma de esta línea de alturas, hasta alcanzar la cresta militar desde donde podrían instalar los observatorios imprescindibles para su Artillería. En este sentido, Verdún fue una ‘batalla por los observatorios’ a una escala nunca vista hasta ese momento.

Panorámica de Verdún. Los alemanes no llegaron a alcanzar la cresta militar (línea amarilla) que les hubiera permitido emplear su superior Artillería en el valle del Mosa. Los triángulos representan los observatorios que la Artillería alemana nunca llegó a ocupar.

Pese a que la audacia ofensiva de los alemanes les permitió tomar rápidamente el Fuerte Douamont, y, posteriormente y con muchas dificultades, el Fuerte Vaux, la tenaz resistencia francesa a partir de ese momento hizo que los alemanes no llegasen a alcanzar la cota militar. La batalla se convirtió en una dura pugna centrada en el terreno localizado entre los fuertes Douamont y Vaux (tomados por los alemanes) y la cresta militar sobre el valle del Mosa. Esa franja de terreno estaba sujeta a la observación tanto francesa como alemana, por lo que ambas Artillerías eran capaces de hacer fuego eficazmente en toda ella.

La presunción alemana de que los franceses no serían capaces de municionar a su Artillería sin el concurso del ferrocarril resultó infundada, gracias al uno intensivo que hicieron los franceses de camiones a motor: miles de estos vehículos se emplearon para alimentar logísticamente a los miles de piezas desplegados en el área y a las 24 Divisiones francesas que llegaron a emplearse en la zona. La carretera que empleaban estos vehículos se denominó ‘la vía sagrada’ (Voie Sacrée), y se empleó también para evacuar heridos y para rotar a las unidades (el 75% de las Divisiones francesas estuvieron en un momento u otro en Verdún, lo que contribuyó a que la batalla se convirtiese en una ‘memoria común’ del Ejército francés.

Ante la resistencia francesa, los alemanes intentaron atacar desde el Norte, pero la carencia de ferrocarriles en esta parte impedía mantener los consumos de munición necesarios para los fuegos de destrucción previstos, pues los alemanes no disponían apenas de camiones que pudiesen remplazar al ferrocarril.

Tras casi diez meses de combates, al final (en diciembre de 1916), las bajas alemanas y francesas fueron muy similares (400.000 bajas francesas, por unas 300.000 alemanas), con un consumo de munición Artillería de más de 23 millones de proyectiles por cada lado. Dada la diferencia de recursos entre aliados y alemanes, de mantenerse esa proporción de bajas a lo largo del conflicto, estos números suponían que Alemania perdería inevitablemente la guerra. Verdún reveló también el gran progreso de la Artillería francesa en esos años, complementando a los excelentes Schneider 75/36 mod. 1896, (piezas de gran cadencia de tiro, pero con proyectiles muy ligeros – 6 kg - y alcances limitados – 4000 m.-), con numerosos obuses pesados y, como solución de urgencia, con un amplio (y heterogéneo) surtido de morteros de trinchera.

El fuerte Douamont, antes (imagen superior) y después (imagen inferior) de la batalla de Verdún. Esta batalla acabó siendo una competición entre la Artillería alemana y la francesa, con ambas Infanterías sufriendo un número inusitado de bajas.

Para los alemanes, el resultado de Verdún ponía de relieve la imposibilidad de competir en una batalla de desgaste con los aliados, conclusión que se reforzó aún más tras la ofensiva británica en el Somme, en julio de 1916.

Para los franceses, al contrario, la mejora de su Artillería parecía ofrecerles la posibilidad de alcanzar la victoria mediante el desgaste enemigo.

Carlos Javier Frías es Teniente Coronel del Ejército de Tierra español, destinado actualmente en Cuartel General del Eurocuerpo.