La doctrina nuclear de Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría

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Análisis GESI, 7/2019

Resumen: Desde el final de la Guerra Fría, Estados Unidos ha reflejado sus posturas nucleares en un documento publicado cada vez que se renovaba un gobierno y que se ha conocido como Nuclear Posture Review (NPR) o Revisión de la Postura Nuclear.

Este artículo analiza las NPR de 1994, 2002, 2010 y 2018, centrándose sobre todo en estas dos últimas para poner de relieve cómo la de la administración Trump ha introducido un nuevo y peligroso elemento que la diferencia de su antecesora: la afirmación de que la disuasión nuclear se podrá utilizar también ante ataques no nucleares.

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Introducción

En enero de 2018, se publicó la NPR de la administración Trump. Hasta el momento y desde el final de la Guerra Fría, las distintas administraciones estadounidenses han venido publicando una NPR (1994, 2002, 2010 y 2018) en la que se revisa la postura nuclear de EE.UU. para adaptarla a las cambiantes circunstancias geopolíticas y geoestratégicas.

En primer lugar se estudiarán las diferentes NPR de EE.UU. En segundo lugar se intentará justificar qué necesidades hay de una mayor inversión y qué intereses hay detrás de la modernización de la tríada nuclear que el presidente Trump quiere llevar a cabo, aunque, como se verá más adelante, la modernización de las fuerzas nucleares ya comenzó durante la era Obama. Es decir, si todo responde a una respuesta a las amenazas representadas por Rusia, China, Corea del Norte e Irán. Sobre todo las dos primeras.

Se utilizará una metodología descriptiva, pero también una comparativa. Con la primera se realizará una exposición narrativa lo más detallada y exhaustiva posible, para después interpretar esa información. Mediante la segunda, se hará una contrastación de las principales líneas de los diversas NPR de los EE.UU. desde el final de la Guerra Fría, para ver las semejanzas y diferencias entre ellas.

Lo que pretendemos demostrar es que después de unas décadas en las que EE.UU. buscó desarrollar armas no nucleares, ahora se pretende incrementar la capacidad de sus Fuerzas Armadas en cuanto a las armas nucleares, lo que está dando lugar a una carrera armamentística entre los dos actores principales de la Guerra Fría, Rusia y EE.UU., a la que se ha sumado China, por lo que el escenario bipolar de la Guerra Fría ha pasado a uno multipolar.

 

La NPR de 1994

Tras la caída de la URSS, y el consecuente cambio político y estratégico que ese hecho acarreó, el gobierno de los EE.UU. bajo el mandato de Bill Clinton cambió su doctrina nuclear con el objetivo de reducir la importancia del arsenal nuclear. Hasta entonces, EE.UU. había basado su estrategia en la disuasión nuclear frente a la URSS. Sin embargo, con el derrumbe del bloque soviético y la posibilidad de nuevos conflictos protagonizados por nuevos actores, tuvieron que hacer una nueva formulación de sus instrumentos de disuasión. El desmantelamiento de la URSS significó un nuevo e importante cambio en la situación geopolítica, pero también el surgimiento de un enorme reto para EE.UU. (Brzezinski, 1998: 95).

En 1993, Les Aspin, secretario de Defensa de EE.UU., presentó en la Academia Nacional de Ciencias la Defense Counterproliferation Initiative, que representaba la nueva doctrina que se encargaría de hacer frente a la más que probable proliferación de armas de destrucción masiva. Este nuevo concepto enfatizaba las “consecuencias que tendría el que Estados Unidos tuviera que enfrentarse a un adversario en posesión de armas de destrucción masiva y de misiles balísticos, en el caso de que las medidas preventivas fallaran” (Lara Fenández, 1999: 53-54).

Mediante esta nueva doctrina se pretendía organizar una disuasión lo suficientemente creíble para evitar que terceros fabricasen o se hiciesen y utilizasen armas de destrucción masiva. Si esto no se podía evitar, se recurriría a medidas diplomáticas tendentes a la renuncia a las armas de destrucción masiva de aquellos países que las habían conseguido. Por otro lado, también se propuso dotar a EE.UU. y sus aliados de los sistemas antimisiles necesarios para estar protegidos en caso de amenaza. Por último, se buscaba también “mantener la capacidad ofensiva necesaria para derrotar a un enemigo que posea armas de destrucción masiva” (Lara Fernández, 1999: 54).

Como señala Lara Fernández, una vez finalizada la guerra del Golfo la prioridad de EE.UU. fue desarrollar defensas contra los misiles balísticos tácticos. Esta autora indica los cuatro objetivos estratégicos y políticos que la contraproliferación perseguía:

  • Reducir el potencial peligro de que las Fuerzas Armadas norteamericanas y aliadas fuesen atacadas por un misil balístico en un conflicto regional, ya portase este munición convencional, química, biológica o nuclear.
  • Incrementar la flexibilidad de respuesta de Estados Unidos cuando tuviese que planificar su estrategia ante una crisis regional.
  • Privar a cualquier potencial adversario de aquellos medios de ataque contra los cuales las Fuerzas Armadas norteamericanas no poseyesen defensas activas.
  • Mantener un confortable margen de superioridad en el campo de las tecnologías militares punta (1999: 58).

En cuanto al Nuclear Posture Review (NPR), el Secretario de Defensa Les Aspin anunció el 29 de octubre de 1993 el comienzo de una revisión de la doctrina nuclear. La NPR fue definida como el “primer estudio del Departamento de Defensa en incorporar revisiones de política, doctrina, estructura de las fuerzas armadas, operaciones, seguridad, protección y control de armas de una sola vez”. Fue organizado en seis áreas desarrolladas por un equipo de expertos militares y civiles del Departamento de Defensa:

  • El papel de las armas nucleares en la estrategia de seguridad de EE.UU.
  • Estructura de la fuerza nuclear de EE.UU.
  • Operaciones de la fuerza nuclear de EE.UU.
  • Seguridad y protección nuclear.
  • Relación entre la postura nuclear de EE.UU. y la política de contraproliferación.
  • Relación entre la postura nuclear de EE.UU. y la política de reducción de amenazas con la antigua Unión Soviética[1].

De esta NPR surgieron cinco puntos básicos, ocupando el primer lugar el hecho de que las armas nucleares jugaban por vez primera un papel menor en la política de seguridad de los EE.UU. desde el comienzo de la era nuclear. De ello se derivaba la necesidad de contar con un arsenal nuclear menor debido a las circunstancias del momento. En tercer lugar, y debido a la desaparición de la URSS, la situación internacional había cambiado, por lo que había una gran incertidumbre sobre el porvenir, sobre todo en cuanto a la situación de los nuevos estados independientes surgidos tras la caída de la URSS, puesto que el proceso de desnuclearización, aunque en marcha, no se había finalizado. En cuarto lugar estaba el hecho de que la postura nuclear de los EE.UU. no era puramente nacional, sino que se extendía a sus aliados en Europa y en el Pacífico. Por último, los EE.UU. continuaban manteniendo unos estándares de control nuclear muy altos[2].

El objetivo principal era una importante reducción del arsenal nuclear, eliminando casi todo el armamento estratégico, pero dejando el suficiente número de armas nucleares para mantener la disuasión ante cualquier amenaza hacia los EE.UU. o sus aliados (Piñero, 2018: 3). Así, desde 1988 y hasta 2003 la reducción del arsenal nuclear en base a los Tratados de Reducción de Armas Estratégicas, conocidos por sus siglas en inglés como START, fue  más que significativa, ya que las ojivas activas habían sufrido una reducción del 73 por ciento en 2003. Las ojivas estratégicas desplegadas se habían reducido en un 71 por ciento en 2003 tras los acuerdos START I y II[3].

 

La NPR de la Administración Bush

En poco menos de un año, diciembre de 2002, la nueva administración Bush completó una nueva NPR encargada de guiar la planificación de la fuerza nuclear de los EE.UU. durante la primera década del siglo xxi. En la misma se reiteraba que las armas nucleares jugaban un papel de primera mano para “mejorar las capacidades de proyección de fuerza de EE.UU.”[4]. Se buscaba “iniciar un cambio importante en el enfoque del papel de las fuerzas ofensivas nucleares en la estrategia de disuasión y presentar un proyecto para la transformación de la postura estratégica” (Coma, 2002). Como señalaba el secretario de Defensa Rumsfeld, esta nuevo NPR establecía una tríada compuesta por:

  • Sistemas de ataque ofensivo (tanto nucleares como no nucleares).
  • Defensas (activas y pasivas).
  • Una infraestructura de defensa revitalizada que proporcionase nuevas capacidades de manera oportuna para enfrentar las amenazas[5].

La nueva NPR continuaba considerando a Rusia como su principal rival, debido a su importante arsenal nuclear y a pesar de que este país había pasado a ocupar un segundo plano en el concierto internacional. Además, en aquellos momentos existían otros enemigos de los EE.UU., que también se recogían en el documento: Siria, China, Corea del Norte, Irak e Irán. Por otro lado, se rechazaba el Tratado Antimisiles Balístico (ABM) y se planteaba un sistema nacional de defensa antimisiles (Piñero, 2018: 4-5). Pero no solo en esto difería esta NPR de la anterior, ya que también rechazaba el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares[6].

Sin dejar a un lado las amenazas de los países de la lista, la NPR analizaba los planes de EE.UU. de reducción del armamento nuclear a un ritmo de 3.800 ojivas para 2007 y de entre 1.700 y 2.200 para 2012, según los planes de la anterior administración bajo el Protocolo de Helsinki de 1997, que planteaba un futuro START III, según señala Charles D. Ferguson. Este autor también indicaba que, no obstante, “el desmantelamiento de ojivas no se incluyó en el tratado Bush-Putin firmado en la Cumbre Presidencial de 2002”[7].

Esta NPR continuaba otorgando un papel fundamental al armamento nuclear, que seguía organizándose en la tríada tradicional de misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados por submarinos y los bombarderos pesados con capacidad nuclear. No obstante, también se señalaban nuevas armas, convencionales en algunos casos, que completarían a la tríada nuclear, y que serían capaces de neutralizar profundos búnkeres destinados a albergar armas de destrucción masiva. Como es lógico, y como señalaba Charles D. Ferguson, muchos lo criticaron por el temor a que la investigación de este tipo de armamento pudiese llevar a nuevas pruebas nucleares. Sin embargo, también indicaba este autor que durante los años 90 se realizaron investigaciones sobre este tipo de armas para destruir búnkeres sin llegar a desarrollarse ninguna prueba nuclear[8].

Antes de la publicación de la NPR el presidente Bush había emitido una directiva de seguridad nacional para revisar la “postura nuclear ofensiva y defensiva norteamericana”. Posteriormente, el 11 de diciembre de 2002, se publicó una estrategia nacional contra las armas de destrucción masiva, que reconocía  el “uso de ataques anticipados” contra este tipo de objetivos (García, 2008: 214).

Además de esa directiva de seguridad nacional, la Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Bush venía a poner fin “definitivamente a las concepciones de la Guerra Fría”. Así, su capítulo V desaconsejaba la disuasión como medida para enfrentarse a las nuevas amenazas y, sobre todo, a las armas de destrucción masiva (García, 2008: 214). En 2006, siguiendo la tradición de presentar una estrategia de seguridad por mandato, se presentó una nueva.

 

La NPR de 2010

En mayo de 2010, la administración Obama publicó su estrategia de seguridad nacional (Nacional Security Strategy). En el documento se reconocían “los límites que tiene el poder militar” de EE.UU. para resolver los distintos desafíos a los que el país se enfrentaba entonces, como, por ejemplo, la guerra de Irak y la de Afganistán o las actividades nucleares de Irán y Corea del Norte. Lo más importante es que reconocía el “fracaso de las estrategias unilaterales”, usuales en la política exterior de EE.UU., y la necesidad del multilateralismo (Yopo, 2010: 2).

En cuanto a las armas nucleares, la estrategia de seguridad contemplaba la proliferación de armas de destrucción masiva y nucleares como su principal preocupación (Yopo, 2010, 3).

En 2015, se publicó una segunda estrategia de seguridad nacional, que, según García Sánchez, se centraba en “tratar de introducir en el debate geopolítico sobre el liderazgo de los EE.UU., la visión del legado iniciado con la primera estrategia de la presidencia Obama, que tan buenos resultados dio en sus objetivos de índole interno” (García, Sánchez, 2015: 1). La nueva estrategia de seguridad nacional mantenía los principios fundamentales de las de 2010, que eran los siguientes:

  • La seguridad de los Estados Unidos, sus ciudadanos y aliados y socios de los EE.UU.
  • Una economía de los EE.UU. fuerte, innovadora y en crecimiento en un sistema económico internacional abierto que promoviese la oportunidad y la prosperidad.
  • Respeto de los valores universales en el hogar y en todo el mundo; y un orden internacional basado en reglas promovidas por el liderazgo de EE.UU. que promueve la paz, la seguridad y la oportunidad a través de una cooperación más sólida para enfrentar los desafíos globales (García Sánchez, 2015: 7).

La estrategia de seguridad establecía dos amenazas fundamentales: el terrorismo y las armas de destrucción masiva, en especial las nucleares. Así, reconocía que “el peligro mayor para la población norteamericana y la seguridad global aún provenía de  las armas de destrucción masiva, especialmente las nucleares” (Cervell, 2010: 181).

  • Los objetivos que establecía la estrategia de seguridad nacional en lo referente a la cuestión nuclear eran los siguientes:
  • La consecución de un mundo sin armas nucleares.
  • Reforzar el tratado de no proliferación nuclear.
  • Ofrecer opciones a Irán y Corea del Norte: en concreto, Estados Unidos declaraba que pretendía la desnuclearización de la península de Corea y evitar que Irán desarrollase un arma nuclear. Si se mostraban dispuestas a ello, podrían disfrutar de una integración política y económica en la comunidad internacional, si no, aumentaría su aislamiento.
  • Evitar la vulnerabilidad del material y las armas nucleares. para hacerlo posible se contaba con la cumbre de Seguridad Global Nuclear de 2010 y se ponía como fecha tope 2013. Se mencionaba también la iniciativa de seguridad en proliferación y la iniciativa Global para combatir el terrorismo nuclear. 
  • Apoyar la energía nuclear pacífica.
  • Hacer frente a las amenazas biológicas (desaparecía cualquier mención a las químicas, sí presentes en estrategias anteriores) (Cervell, 2010: 195).

En cuanto a la NPR de 2010, publicada en abril, mostraba una nueva visión de Obama en cuanto a la doctrina nuclear e incluía en su “lista negra”, como era lógico, a Irán y Corea del Norte. Pero lo más llamativo de esta nueva NPR, que sustituyó a la elaborada durante el gobierno Bush en 2002, es que era en “realidad el compromiso formal y público” por el que se cumplía la promesa que Obama realizó el mayo de 2009 en Praga en el marco de una cumbre con la UE: “garantizar un mundo libre de armas nucleares y empezar a limitar drásticamente su empleo” (Cervell, 2010: 195). Es decir, se planteaba una reducción del número de cabezas nucleares, que se haría efectiva en los acuerdos Nuevo START, firmados un mes más tarde en Praga (Piñero, 2018: 5).

Sus cinco principales objetivos eran:

  • Prevención de la proliferación nuclear y el terrorismo nuclear.
  • Reducción del papel de las armas nucleares de Estados Unidos en la estrategia nacional de seguridad nuclear.
  • Mantenimiento de la disuasión y la estabilidad estratégica “en niveles reducidos de fuerza nuclear”.
  • Ampliación de la disuasión regional y esforzarse por inspirar confianza en los socios y aliados de EE.UU.
  • Mantenimiento de un arsenal nuclear protegido, seguro y efectivo[9].

Respecto al mencionado acuerdo Nuevo START, hay que señalar que básicamente existen dos tipos de tratados sobre limitación de armamento nuclear: los destinados a la reducción de armamento estratégico y los de alcance intermedio (de 500 a 5.500 km). En cuanto a los primeros, está el Nuevo START o START III, en vigor hasta 2021, con posibilidades de ser prorrogado hasta cinco años más, y que se limita a Rusia y EE. UU. (Gómez Casal, 2018: 6).

Como indicaba Robert Gates, Secretario de Defensa, esta nueva NPR proporcionaba la “hoja de ruta” del presidente Obama en cuanto a las armas nucleares. El objetivo buscado era el de la reducción de los riesgos nucleares no solo para EE.UU., sino también para sus aliados y la comunidad internacional, tal como había indicado el presidente Obama en 2009, cuando afirmó que aunque no se lograría rápidamente era necesario empezar a trabajar en la consecución de ese objetivo[10].

Los elementos clave de la NPR de 2010 giraban principalmente en torno al Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas con Rusia y a la Cumbre de Seguridad Nuclear, además de dar prioridad absoluta a la prevención del terrorismo y a la proliferación nuclear.

Dado que el arsenal nuclear comenzaba a estar obsoleto, también se preveían inversiones para modernizar la infraestructura nuclear estadounidense. Así, el Secretario de Defensa apuntaba cómo había solicitado la transferencia de cinco mil millones de dólares del Departamento de Defensa al de Energía. En su opinión, esta inversión proporcionaría una “mayor reducción de armas al permitir protegernos de amenazas en el futuro sin requerir de grandes arsenales no desplegados”[11].

Lo interesante es destacar que la administración Obama era consciente de que desde la caída de la URSS el peligro de una confrontación nuclear se había reducido hasta hacerlo prácticamente improbable. Sin embargo, no pasaba lo mismo con el peligro de un ataque nuclear, que sí podía ser más probable. Es decir, el terrorismo nuclear se había convertido en el principal peligro y no era descabellado pensar que, debido a la gran cantidad de material nuclear por todo el mundo, cualquier grupo terrorista, caso de Al Qaeda, llegase a construir un arma nuclear y la hiciese explotar en suelo estadounidense o de sus aliados. A ello había que sumar la proliferación nuclear, con países como Corea del Norte o Irán que habían violado los acuerdos de no proliferación. Por otro lado, los EE.UU. tenían que seguir asegurando la estabilidad con las principales potencias nucleares, Rusia y China, sobre todo con la primera, en posesión de un arsenal nuclear capaz de medirse con el estadounidense[12].

A tener en cuenta también era la renuncia expresa de EE.UU. a usar sus armas nucleares contra los Estados no poseedores de armamento nuclear miembros del Tratado de Proliferación Nuclear (TPN) y que cumplan sus obligaciones en este sentido[13].

Obama se posicionó, y fue el primer presidente de los EE.UU. en hacerlo desde que aparecieron las armas nucleares, en contra de estas, defendiendo un mundo libre de este tipo de armas, lo que, en parte, motivó ese prematuro premio Nobel de la Paz que obtuvo, tal como indica Andrés Ortega. No obstante, también este experto advierte que no va a ser durante el mandato de Trump cuando empiece a modernizarse el obsoleto arsenal nuclear de EE.UU., sino que esta modernización empezó ya durante la era Obama, en su segundo mandato, aunque es verdad que con una importante “reducción en los totales”[14]. De ahí esa transferencia anteriormente citada de 5.000 millones de dólares del Departamento de Defensa al Departamento de Energía.

En ese proceso de reducción de fuerza nuclear a la vez que se mantenía la disuasión estratégica fue importante la sustitución del Tratado START I de 1991 por uno nuevo, donde los EE.UU. acordaron con Rusia los límites de este en 700 misiles balísticos intercontinentales (ICBM) desplegados, misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) y bombarderos pesados equipados para armamento nuclear; 1.550 ojivas nucleares en ICBM desplegados, SLBM desplegados y bombarderos pesados equipados para armamento nuclear, y 800 lanzadores ICBM desplegados y no desplegados, lanzadores SLBM y bombarderos pesados equipados para armamento nuclear[15]. Además, se mantendría la tríada nuclear estadounidense. Por último, otras de las conclusiones a las que se llegó fue la de la retirada de los misiles de crucero nuclear lanzados desde el mar[16].

 

La polémica NPR de la administración Trump

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca se publicó, en febrero de 2018, una nueva NPR que buscaba renovar el arsenal nuclear, sobre todo, según Andrés Ortega, con “cargas más ligeras”, lo que podía hacerlas, y ahí estaba el peligro, “más utilizables o, cuando menos, más pensables”[17]. Y es que lo más polémico de esta NPR, como bien indica Piñero, la decisión de dotarse de armas nucleares “de bajo rendimiento”, lo que no viene a ser más que una respuesta al tipo de armas de las que disfruta Rusia, “y que a ojos de EE.UU., hace creer a Moscú que dispone de la posibilidad de utilizar armamento nuclear de forma limitada en un conflicto, utilizando cabezas atómicas de tipo táctico que no merecerían una respuesta con armamento estratégico” (Piñero, 2018: 7).

El objetivo de Trump con esta nueva NPR era proteger a los EE.UU. y a sus aliados, mientras que a largo plazo se buscaba eliminar las armas nucleares. No obstante, hasta conseguir ese objetivo pretendía que “la capacidad nuclear norteamericana fuese moderna y flexible hasta que las armas nucleares pudiesen ser eliminadas en el mundo[18]. Según Trump, Estados Unidos debía “fortalecer enormemente y ampliar sus capacidades nucleares hasta que el mundo entre en razón sobre las armas atómicas”[19].

En suma, el arma nuclear sigue siendo el principal elemento de disuasión, por lo que está en consonancia con las anteriores NPR. También, al igual que la de 2010, se mantiene el compromiso de no lanzar un ataque nuclear contra aquellos estados que   cumplen el TNP.

La NPR de 2018 generó muchas discusiones entre los analistas, ya que muchos consideraron el inicio de una nueva carrera armamentística. Sin embargo, la actual aptitud de Corea del Norte y la reciente entrevista entre su líder y Trump deberían matizar en parte esa visión pesimista, aunque también es verdad que el principal competidor de EE.UU. no es Corea del Norte, sino, como se verá más adelante, Rusia y después China. No obstante, no podemos olvidar que merced a esta NPR Estados Unidos contempla la posibilidad del uso de armamento nuclear para contrarrestar un “ataque estratégico no nuclear”. Esto podría poner en riesgo todos los avances logrados hasta la fecha en la materia de no proliferación nuclear, ya que se contemplan incluso posibles ciberataques contra objetivos claves de Estados Unidos (Piñero, 2018: 1-2). Y esta es la principal diferencia con la NPR de 2010, pues si en esta no se definían con claridad que circunstancias obligarían a utilizar armamento nuclear, en la de 2018, como hemos visto, sí quedan suficientemente definidas (Gómez Casal, 2018: 9).

En el prefacio a la misma de Jim Mattis, Secretario de Defensa, indicaba que EE.UU. se enfrentaba a una situación de seguridad nacional “compleja y exigente” y que durante décadas había liderado los esfuerzos por reducir el número de armas nucleares en el mundo. Citaba como ejemplo las reducciones efectuadas desde el Tratado START de 1991, que había fijado un límite de 6.000 ojivas nucleares estratégicas hasta el Nuevo START de 2010, que redujo aún más el número de ojivas, hasta dejarlas en 1.550, como se señaló con anterioridad. En suma, desde sus niveles máximos durante la Guerra Fría, el número de armas nucleares se había reducido en un 85 por ciento.

Por otro lado, Jim Mattis también indicaba cómo Rusia inicialmente había seguido los pasos de EE. UU, reduciendo significativamente sus fuerzas nucleares estratégicas. Sin embargo, siguió manteniendo un elevado número de armas nucleares no estratégicas. Pero lo más preocupante para el Secretario de Defensa era la adopción rusa de una serie de estrategias y capacidades militares que para tener éxito dependían de una escalada nuclear. A ello había que sumar la toma de Crimea y las amenazas nucleares contra los aliados de EE.UU.

En cuanto a China, Jim Mattis apuntaba cómo seguía modernizando y aumentando sus ya importantes fuerzas nucleares, no obstante estar a gran distancia de las rusas o estadounidenses. Pero no solo está modernizando sus fuerzas nucleares, ya que está haciendo lo mismo con sus fuerzas convencionales con el objetivo de alcanzar la superioridad militar en el Pacífico Occidental. A esta amenaza se sumaba la de Corea del Norte, cuyas provocaciones amenazaban la paz en la región, pero también a nivel mundial. En lo relativo a Irán ocurría algo similar, ya que sus ambiciones nucleares eran motivo de preocupación para EE.UU. Por último, se consideraba un verdadero peligro al terrorismo nuclear[20].

Lo que se desprende de estas palabras del Secretario de Defensa es que es Rusia el principal competidor de EE.UU. debido a su importante arsenal nuclear y a la modernización de este, seguido de China, y en menor medida de Corea del Norte e Irán, de ahí que esa modernización del armamento nuclear de la era Trump –ya comenzada durante el mandato de Obama, tal como se indicó– sea una respuesta a las modernizaciones armamentísticas emprendidas por Rusia y China, esta última su principal desafío en Asia. Estados Unidos se defiende diciendo en la NPR que mientras ellos han continuado reduciendo el número y prominencia de sus armas nucleares, otros países, entre los que incluye a Rusia y China, han seguido un camino opuesto[21].

Se puede considerar que se está ante una nueva carrera armamentística en el ámbito nuclear, y es que el propio Trump en 2016 habló, poco antes de ocupar su cargo como presidente, a favor de que esta se produjese, lo que asustó a todos los actores internacionales, que vieron el regreso de la proliferación nuclear[22].

Gómez Casal afirma que todo parece indicar que estamos ante una nueva competición como la que se dio durante la Guerra Fría con el objetivo de lograr ser una gran potencia. Y en esta competición entre Rusia y EEUU, que va a estar acompañada de un rearme de estos dos países, ha aparecido un tercer actor, que no es otro que China, que gracias a su potente crecimiento económico tiene cada vez más peso internacional (2018: 8). Parece que las predicciones de Brzezinski a finales del siglo pasado acerca de que la economía China y sus altas tasas de crecimiento harían que China entrase en la categoría de potencia mundial desde el punto de vista militar se han cumplido, puesto que sus fuerzas armadas han llevado a cabo importantes modernizaciones y se ha producido un aumento de su arsenal nuclear estratégico (1998: 165). También Piñero es de esta opinión, pues afirma que esta NPR supone “una vuelta a la competición entre superpotencias, en un escenario multipolar” con dos rivales muy importantes: Rusia y China (Piñero, 2018: 15).

La carrera armamentística es más que evidente, como lo demostró el discurso del estado de la nación pronunciado por Putin el 1 de marzo de 2018, en el que habló de la superioridad militar rusa e informó al mundo de una nueva panoplia de armas, capaces de portar cabezas nucleares, con unas capacidades “invulnerables”, y mostró una serie de vídeos, seis en total, sobre ellas. Se trataba, por ejemplo, de misiles de crucero capaces de alcanzar “cualquier lugar del mundo”, misiles de largo alcance lanzados desde submarinos, misiles hipersónicos y de precisión, o misiles intercontinentales. Putin enfatizó en este discurso que se había trabajado con “intensidad”, lo que había posibilitado dar “un gran paso para crear nuevos modelos de armas estratégicas”. Y señaló que “es sorprendente que a pesar de todos los problemas con los que nos encontramos (…) Rusia sigue siendo una gran potencia nuclear y nadie quería hablar con nosotros y nadie quería escucharnos. Escúchennos ahora”[23]. Puede que se trate de un farol del presidente Putin, puesto que es difícil de verificar si sus afirmaciones eran verdaderas o no.

Evidentemente, la amenaza de la Destrucción Mutua Asegurada[24] tiene que estar presente en los cálculos rusos y estadounidenses, y durante la Guerra Fría fue fundamental para evitar cualquier confrontación nuclear, por lo que se antoja improbable un conflicto de este tipo. No obstante, los desafíos de Corea del Norte o de Irán bien podrían alterar la paz en sus regiones. En el caso de Corea del Norte con un hipotético ataque nuclear limitado contra su vecina Corea del Sur o Japón. En cuanto a Irán, si llegase a desarrollar armas nucleares las consecuencias para la región también serían impredecibles. Para conjurar esas posibles amenazas —si bien las negociaciones entre EE.UU y Corea del Norte pueden llevar a esta última a renunciar a su programa de investigación nuclear— EE.UU. podría recurrir a “respuesta a medida, no limitada a las armas nucleares estratégicas” (Piñero, 2018: 15).

En definitiva, la NPR 2018, que el gobierno de Trump dio a conocer en febrero de ese año supone un cambio radical con las anteriores, no obstante tener también elementos comunes, y en el juego de la diplomacia internacional. Donde más se van a ver las diferencias es, como señala Gómez Casal, “en el tono”, así, si la de 2010 buscaba el “objetivo final de un mundo sin armas nucleares y, mientras tanto, mantener un arsenal nuclear seguro y efectivo”. La de 2018 se centra básicamente en el segundo elemento (Gómez Casal, 2018, 9-10).

Tal como ha escrito Andrés Ortega, quien también advierte de una carrera armamentística en el campo nuclear, Rusia tiene desplegados en el enclave de Kaliningrado misiles Iskander[25], capaces de portar armas nucleares. Sin embargo, no se sabe si realmente han sido equipados con cabezas nucleares. Ha sido la respuesta rusa al despliegue de tropas de la OTAN en los países bálticos y en Polonia. De portar armas nucleares, el peligro para Europa es manifiesto[26]. Una capital tan importante como Berlín se encuentra muy cerca de este enclave ruso, ya que estos misiles pueden alcanzar los 700 kilómetros de distancia. Simar Gabriel, ministro de Exteriores de Alemania, rechazó el argumento ruso de que este despliegue era la respuesta al envío de más de 4.000 soldados de la OTAN, de los que 400 son alemanes, a Polonia y a los países del Báltico. En su opinión, “Alemania y la OTAN no fueron los primeros en ir a la zona”[27].

Además, el presidente Trump criticó el START III en una conversación telefónica con Vladimir Putin, quien le planteó la posibilidad de ampliar este tratado. Trump manifestó a Putin que este tratado fue uno de los muchos malos acuerdos negociados por la anterior administración y que el Nuevo START favorecía a Rusia. Ya durante un debate en 2016 para las elecciones presidenciales, el hoy presidente Trump dijo que Rusia había “burlado” a EE.UU. con este tratado, al que llamó “START-Up”. Afirmó además incorrectamente que había permitido a Rusia seguir produciendo ojivas nucleares mientras que EE.UU no podía[28].

Lo que venía a reafirmar esta NPR eran, tal como se apuntaba en su prefacio, los programas de modernización comenzados durante el mandato del presidente Obama tendentes a reemplazar los submarinos con misiles balísticos nucleares, los bombarderos estratégicos y los misiles de crucero, pero también una modernización de la estructura de mando y control. Además, defendía la necesidad de trabajar en la próxima generación de aviones de combate F-35, ya que mantendrá la fuerza de disuasión de la OTAN y la capacidad de desplegar armas nucleares, si los acontecimientos lo exigían. Como es lógico, estas modernizaciones tendrán un coste, pero se indicaba que el mantenimiento de una fuerza disuasoria sería menos costoso que acabaren un conflicto bélico. En ese sentido, se ha calculado un financiamiento adicional de un tres o cuatro por ciento durante más de una década para reemplazar el armamento obsoleto[29].

Lo que está fuera de toda duda es que el arsenal estadounidense (la tríada nuclear) está ya vetusto, pues cuenta con sistemas de armas con más de 30 años de servicios, caso de los bombarderos B-52. Por tanto, su renovación y modernización se antojan necesarias. Hay que señalar a favor que esta renovación causaría unos gastos de en torno al 6,4 % del presupuesto de Defensa, unos 48.000 millones de dólares en 2018, una cifra pequeña si se compara con los gastos de los años 60, que llegaron al 17 %. Cifras que a primera vista parecen viables (Piñero, 2018: 7).

La Oficina de Presupuesto del Congreso estima un gasto de 1,2 billones de dólares entre 2017 y 2046, lo que supone un aumento del 50 por ciento del gasto actual. El desglose de esos costos sería el siguiente: 313 mil millones de dólares para modernizar los misiles balísticos lanzados desde submarinos; 149 mil millones de dólares para los misiles balísticos intercontinentales; 266 mil millones para la modernización de los bombarderos; 44 mil millones para actividades de investigación y apoyo relacionadas con la energía nuclear; 25 mil millones para sistemas tácticos de entrega nuclear y armas; 261 mil millones para laboratorios de armas nucleares y actividades de apoyo, y, finalmente, 184 mil millones de dólares para comando, control, comunicaciones y sistemas de alerta temprana[30].

Los programas de modernización, como se ha podido comprobar, eran variados. En lo que concierne a la renovación de la tríada nuclear hay que destacar la sustitución de los submarinos clase Ohio por una nueva clase de submarinos de misiles balísticos (SSBN) denominada Columbia. Por otro lado, estaría el nuevo bombardero furtivo de largo alcance B-21, destinado sobre todo a relevar a los B-52, pero también a los B-2. Por último, la sustitución de los misiles balísticos intercontinentales Minuteman III por un nuevo misil balístico intercontinental a través del programa denominado Ground Based Strategic Deterrance (GBSD)[31].

También se estudian otros proyectos complementarios, como un nuevo misil de crucero nuclear lanzado desde el aire, el denominado Long-Range Standoff (LRSO)[32] o un programa de extensión de vida para la bomba nuclear B61, que combinaría varias variedades diferentes de esa bomba en un solo tipo, el B61-12; y otro programa de extensión de vida para la bomba B61-12 cuando llegue al final de su vida útil, denominado Next B61[33].

Los costes ya mencionados de estos programas tratarán de reducirse, por lo que la Oficina Presupuestaria del Congreso estudió tres enfoques en ese sentido. El primero retrasaría algunos de estos programas de modernización. El segundo establece cinco opciones que reducirían la estructura de fuerza, pero mantendrían el número de ojivas en los límites del tratado START. El tercer enfoque ofrece a su vez tres opciones que reducirían el tamaño de las fuerzas y el número de ojivas por debajo de los límites establecidos en el tratado START. En suma, los dos últimos enfoques sí que permitirían reducir el costo, pero a cambio de reducir las capacidades de las fuerzas modernizadas[34].

 

Conclusiones

A lo largo de este trabajo se han podido ver las características principales de las distintas NPR de EE.UU. desde 1994, una vez desaparecida la Unión Soviética. Principalmente se han analizado la de 2010 y 2018, para ver sus similitudes y diferencias. En cuanto a la de 2018, ha supuesto un importante cambio respecto a la de 2010, sobre todo en que por primera vez se contempla el uso de armamento nuclear para responder a un ataque estratégico no nuclear.

Respecto a la modernización de la obsoleta, en muchos casos con más de 30 años de vida útil, tríada nuclear existen motivos suficientes para creer que es necesaria. El principal, el ya mencionado de la elevada edad de los componentes de la misma, siendo el caso más clamoroso el de los bombarderos B-52. Pero también, como bien ha apuntado Piñero, por la aparición de nuevos actores nucleares, como es el caso de Corea del Norte (Piñero, 2018: 15).

El peligro de Corea del Norte parecía que se había limitado bastante gracias a la cumbre del 12 de junio en Singapur entre el líder de Corea del Norte y Trump. En ella se abrió un proceso de negociación entre técnicos y diplomáticos de ambos países para la completa desnuclearización de Corea del Norte, aunque no se estableció ninguna medida ni calendario para ello[35]. Sin embargo, las primeras medidas no se han hecho esperar, y el 24 de julio aparecían imágenes de satélite en las que se podía comprobar cómo Corea del Norte había iniciado el desmantelamiento de su mayor base de desarrollo de misiles, cumpliendo así uno de los compromisos del líder coreano en la cumbre de Singapur. Además, en mayo había destruido también un centro de pruebas nucleares en Punggye-ri. Sin embargo, este proceso fue solo verificado por periodistas extranjeros y no por expertos en temas nucleares[36].

Sin embargo, el 27 y 28 de febrero de 2019 se celebró una nueva cumbre entre Corea del Norte y EE.UU. en Vietnam que resultó fallida, abandonando Donald Trump apresuradamente la reunión, lo que fue un signo de  empeoramiento de las relaciones bilaterales. Por si fuera poco, en marzo se conoció que Corea del Norte estaba reconstruyendo una de sus principales bases de lanzamientos de cohetes, la de Sohae, base que había empezado a desmantelar el año pasado. Aunque Puongyang ha defendido el carácter civil de esta base, vinculado con su programa espacial, desde Washington se ha recordado que en esa misma base se realizaron ensayos de los motores de misiles de largo alcance capaces de llegar a EE.UU[37].

Por otro lado, todo parece indicar que se está ante una nueva carrera armamentística –Piñero indica que la nueva NPR podría favorecerla (2018:16)– y que se ha vuelto a la competición entre potencias típica de la Guerra Fría, pero con un nuevo actor, China, que se erige en el principal rival de EE.UU en Asia y en el Pacífico, zonas de vital importancia para los intereses de EE.UU.

Sin embargo, es evidente que el principal competidor de EE. UU. es Rusia, debido a su todavía enorme arsenal nuclear. Y como ejemplo de que  estamos o se va hacia una carrera armamentística habría que señalar el discurso del estado de la nación de Putin el día 1 de marzo. En el mismo avisó de la superioridad militar de Rusia, informó de la construcción de armas “invulnerables” y anunció un nuevo misil intercontinental que podía eludir los escudos antimisiles. Según Putin, este rearme era una respuesta al abandono estadounidense en 2002 del tratado ABM sobre misiles balísticos de 1972. Para Putin la defensa global antimiles “era una amenaza para su país”, que sumada al Nuevo START de 2010 –perjudicial para EE.UU., según Trump–, “devalúa el potencial nuclear de Rusia”. Entre las nuevas armas rusas, Putin se refirió, entre otros, a un misil de largo alcance disparado desde submarinos y capaz de llevar cabezas nucleares o un nuevo misil intercontinental de nombre SARMART, de un “alcance ilimitado”[38]. No obstante, estas afirmaciones no se han verificado. Días después, el 20 de marzo, Trump telefoneó a Putin para felicitarle por su reelección y para planear una futura reunión en la que tratarían el tema de la carrera armamentística entre las dos potencias para intentar limitarla[39].

El futuro dirá si las dos potencias nucleares se disponen a limitar esa carrera armamentística mediante una ampliación de los tratados de control de armamento. Pero si por el contrario una de las dos viola el Nuevo START y aumentan la construcción de ojivas nucleares a la vez que, tal como indica Piñero, el “umbral para el uso de cabezas atómicas se reduce”, se podría llegar al tan temido enfrentamiento nuclear (2018:16-17).

Todo parece indicar que la carrera armamentística no se limitará, sino que no hará más que crecer. Sobre todo, tras la salida de Moscú y Washington del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, conocido por sus siglas en inglés como INF[40]. Y es que, mientras los líderes de los dos países se acusan de “incumplir el pacto y poner en riesgo la estabilidad mundial, ambas potencias observan a China, que, sin las cortapisas del acuerdo nuclear, desarrolla una poderosa industria nuclear”[41].

Alberto Guerrero es Doctor en Historia Contemporánea por la UNED y actualmente cursa el Máster en Paz, Seguridad y Defensa del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (IUGM). También es miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI).

 

Referencias

Brzezinski, Z. (1998), El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Barcelona: Paidós.

Cervell, M. J. (2010), “Las nuevas estrategias, nuclear y de seguridad de Estados Unidos”, Anuario Español de Derecho Internacional, v. 26, pp. 177-209.

Coma, M. (2002), La revisión de la postura nuclear americana: http://www.realinstitutoelcano.org.

Departamento de Defensa de Estados Unidos. “Nuclear Posture Review Report”. Abril 2010 https://www.defense.gov/Portals/1/features/defenseReviews/NPR/2010_Nuclear_Posture_Review_Report.pdf

-“Nuclear Posture Review”. Febrero de 2018 https://media.defense.gov/2018/Feb/02/2001872886/-1/-1/1/2018-NUCLEAR-POSTURE-REVIEW-FINAL-REPORT.PDF

Ferguson, Charles D. (2002), “2002 Nuclear Posture Review”. Nuclear Threat Initiative: http://www.nti.org/analysis/articles/nuclear-posture-review/

García, D. (2008), EE.UU. y el debate del sistema de defensa estratégica BDM: https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-72512/UNISCI%20DP%2017%20-%20Garcia.pdf

García Sánchez, I. J. (2015), La estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos de América de 2015: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2015/DIEEEA09-2015_NSS2015_IJGS.pdf

Gómez Casal, M. (2018), Revisión de la postura nuclear norteamericana del 2018: un devenir en la historia del arma nuclear: http://www.ieee.es/contenido/noticias/2018/04/DIEEEO45-2018.html

Lara Fernández, B. (1999), “Contraproliferación y sistemas defensivos antimisiles”. Un estudio sobre el estudio de la no-proliferación. Madrid: Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, pp. 51-79.

Piñero, J. M. (2018), Revisión de la postura nuclear de Estados Unidos. ¿Hacia una nueva carrera armamentística?: http://www.ieee.es/contenido/noticias/2018/04/DIEEEO45-2018.html


[24] Terminó surgido durante la Guerra Fría que consistía en que si el bloque occidental o el comunista iniciaba un ataque nuclear, el resultado final sería “la destrucción tanto de quién inició la agresión, como el que responde a dicho ataque! (Gómez Casal, 2018: 4).

[25] La terminología de la OTAN para este tipo de misiles es de SS-26.

[32] Se trata de un misil de largo alcance que permite a la aeronave permanecer fuera del alcance de las defensas enemigas (Piñero, 2018: 7).

[38] En línea < https://elpais.com/internacional/2018/03/01/actualidad/1519896648_517443.html > (consultado el 27 de marzo de 2019).

[40] Firmado por Ronald Reagan y Mijaíl Gorvachov en 1987. Estas dos potencias acordaron por primera vez  reducir su arsenal nuclear y destruir los misiles balísticos y de crucero de tierra con un alcance entre 500 y 5.000 kilómetros.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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