La colección RAN: Programas de lucha contra la radicalización y la prevención del extremismo violento en la UE

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Análisis GESI, 15/2017

Resumen: El estudio de los programas desarrollados en el marco de la Red Europea para la concienciación y la sensibilización de la radicalización conocida como RAN puede inspirar y ayudar en el desarrollo de lo planes de prevención contra la radicalización. Aprender de la experiencia  adquirida en el desarrollo de estos programas es una necesidad a fin de evitar posibles errores.

 

La UE entiende que la prevención de la radicalización es una tarea que recae primariamente en los Estados miembros, y que su gestión ha de realizarse a nivel estatal, regional y local. Así, en la Declaración del Consejo del 25 de marzo de 2004, se incluye un anexo en el que se revisa el Plan de Acción de la UE, respecto a los objetivos estratégicos para combatir el terrorismo, en el que incluye una invitación a identificar aquellos factores que contribuyen al reclutamiento terrorista y los vínculos existentes entre el extremismo, factores socioeconómicos  y el terrorismo.

Esta “primera piedra” dio lugar a la Estrategia Europea Contraterrorista de noviembre de 2005, donde ya se establecen los habituales conceptos de “Prevenir, Proteger, Perseguir y Responder”. El texto reconoce la existencia de toda una variedad de motivos para la radicalización, que varía según el sujeto nace con el objeto de invitar al estudio, identificación y neutralización de métodos, propaganda y condiciones que favorecen la radicalización yihadista. Además, considera como  factores relevantes la globalización de las comunicaciones físicas y de información para la diseminación de ideas radicales, la polarización de las percepciones, y la existencia de estados fallidos.

Teniendo en cuanta estos factores, la EEC establecía como prioridad el desarrollo de aproximaciones comunes para localizar y afrontar conductas problemáticas, sobre todo en Internet, actuar contra la incitación y el reclutamiento en los llamados  entornos vulnerables, desarrollar una estrategia mediática común, desarrollar el diálogo intercultural dentro y fuera de la UE, promover el buen gobierno allá donde hubiere Estados fallidos, y seguir mejorando en la comprensión de la radicalización.

Unos días más tarde, el 30 de noviembre del 2005, el Consejo de la UE adaptó la Estrategia de la UE para combatir la radicalización y el reclutamiento terrorista. El texto se actualizó en 2008, pero, ya que el 19 de mayo del 2014 el Consejo presentó la Estrategia revisada de la UE para luchar contra la radicalización y la captación de terrorista, se hará mención a la última modificación de la Estrategia, y no al texto primario. El texto identifica como reto el “evitar que las personas se radicalicen, sean radicalizadas y sean captadas para el terrorismo, y prevenir que surja una nueva generación de terroristas”. Ya lo dice el propio texto: “Esta estrategia debería ayudar a éstos (los Estados miembros) a desarrollar, llegado el caso, sus propios programas y políticas que tengan en cuenta las necesidades, objetivos y capacidades de cada Estado miembro”. Así, el texto toma como principal respuesta a desarrollar:

  • Garantizar que la voz de la opinión mayoritaria prevalezca sobre el extremismo.
  • Promover la seguridad, la justicia y la igualdad de oportunidades para todos
  • Mejorar las comunicaciones de los gobiernos.
  • Apoyar los mensajes de la lucha contra el terrorismo.
  • Luchar contra la radicalización y la captación de terroristas en Internet.
  • Formar, capacitar e involucrar a profesionales de primera línea en distintos sectores.
  • Ayudar a las personas y a la sociedad civil a mejorar su capacidad de resistencia.
  • Apoyar las iniciativas de desvinculación.
  • Apoyar una investigación más detallada de las tendencias, y los retos de la radicalización y la captación de terroristas.
  • Concertar los trabajos internos y externos contra la radicalización.

Sin embargo, el mayor aporte que los textos de la UE pueden dar a cualquier tipo de plan de prevención  y lucha contra la radicalización, viene de la colección de programas elaborado por la Red Europea para la concienciación y la sensibilización de la radicalización, conocida como RAN y creada en 2011, en el marco de "La prevención de la radicalización del terrorismo y el extremismo violento: el fortalecimiento de la respuesta de la UE". Pretende ser un punto de encuentro entre los profesionales y los actores locales, involucrados en la prevención y la lucha contra la radicalización. Dentro de la RAN, se han creado diferentes redes de trabajo, donde sus integrantes intercambian experiencias, conocimientos y programas pertinentes para hacer frente a la radicalización. Los temas abordados por la anterior estrategia, y los programas impulsados por la red toman como ítems principales:

  • Las estrategias nacionales para prevenir la radicalización.
  • Consolidación de las experiencias de prevención.
  • La alineación de los trabajos de la RAN con las necesidades de los Estados miembros.
  • La formación de los profesionales para prevenir la radicalización.
  • Desarrollo de estrategias de salida y desrradicalización.
  • Cooperación con la sociedad civil.
  • Empoderamiento de las víctimas para prevenir la radicalización.
  • El fomento del pensamiento crítico entre los jóvenes contra la propaganda extremista.
  • Estudio de la evolución y tendencias del extremismo.
  • Aunar esfuerzos entre los Estados miembros.

La RAN[i] publicó el año pasado una recopilación de los programas desarrollados en 2015, que da cuenta de lo aprendido y de los diferentes puntos de vista en el ámbito de la prevención. La recopilación de los diversos programas pretende inspirar otros programas, e incluye, sobre todo de acuerdo con la estrategia de la UE, aquellos programas que tienen como finalidad:

  • La capacitación de los profesionales que trabajan en primera línea.
  • La creación de estructuras y estrategias que permitan la desconexión, la reversión y desrradicalización.
  • La búsqueda de la participación de la sociedad civil y empoderamiento comunitario.
  • La educación de los jóvenes en valores democráticos y pensamiento crítico.
  • El apoyo a la familia de sujetos en vías de radicalización, o ya radicalizados.
  • La creación de narrativas alternativas.
  • El asesoramiento sobre la creación de infraestructuras institucionales contra el extremismo violento.

Programas de formación, la capacitación de los profesionales que trabajan en primera línea

Consiste en sensibilizar a profesionales que trabajen con individuos y grupos vulnerables, o en riesgo de radicalización, con el fin de asegurarse de que están bien equipados para detectar y responder a la radicalización y al extremismo. Colectivos como el de los maestros, trabajadores juveniles/sociales, voluntarios, policías de proximidad o médicos, son actores clave en la lucha contra la radicalización. Las principales líneas de trabajo, en cuanto a programáticas, han tenido por objeto:

  • Aumentar la conciencia y la comprensión sobre el proceso de radicalización, en general y en sus contextos específicos.
  • Ayudar a reconocer algunos de los signos presentados por individuos vulnerables, en situación de riesgo y en vías de radicalización.
  • Capacitar a los trabajadores de primera línea del sector y ámbito público, dotándoles de las herramientas e instrumentos apropiados.
  • Estimular la coordinación.

Las conclusiones sobre las diversas experiencias en la formación y la sensibilización de los profesionales que trabajan en primera línea de combate pasan por estimular la disposición de dichos profesionales, de manera que su acercamiento a dicho fenómeno sea desde la curiosidad, estimulando la pregunta y la reflexión sin juzgar ni moralizar. Motivar la predisposición a la colaboración en pro de una mejor coordinación, utilizar habilidades y capacidades propias realizando una suerte de trasvase, y tolerar la incertidumbre acostumbrándose a un abordaje no dicotómico, es una necesidad. Se considera que, aun cuando el marco teórico es importante de cara a la capacitación, un enfoque empírico e interactivo parece funcionar mejor. Además, el intercambio de experiencias de los participantes parece funcionar como una caja de resonancia hacia al público, y es que el enfoque local es sumamente importante. La radicalización en el entorno inmediato, a través de casos y ejemplos.

Estas experiencias varían si la formación es de carácter sectorial o multisectorial, generando sinergias en el segundo caso y una mayor especialización en el primero. Los programas incluyen desde simulacros de respuesta a ataques terroristas, a el tratamiento del radicalismo desde una perspectiva de género, empoderamiento de educadores, formación incluso para el  desarrollo de programas, formación de actores y líderes locales, formación en identificación de discursos e individuos radicales, médicos, herramientas informáticas de gestión, o material audiovisual para jóvenes y padres.

 

Programas de desrradicalización y desconexión: la creación de estructuras y estrategias que permitan la desconexión, la reversión y desrradicalización

Evidentemente, la prevención no sólo hace referencia a la eliminación de factores sociales, económicos y culturales, que eviten que una persona se radicalice, sino que debe incluir los esfuerzos por revertir el proceso de radicalización que ya haya hecho su aparición en individuos vulnerables y en situación de riesgo. Así, estos esfuerzos pretenden adelantarse a los posibles escenarios contemplados en todo proceso de radicalización. La idea de la desrradicalización se amplía tanto a los internos para su posterior reinserción, como a aquellos sujetos que, por su actitud, podrían acabar necesitando la reinserción tras su ingreso en prisión.

La reversión y la desrradicalización incluyen elementos tantos cognitivos, como de comportamiento. No siempre es necesario el abandono de determinados valores, sino el desapego a determinados cierres cognitivos, pensamientos desiderativos, o la aceptación del uso instrumental de la violencia. Es necesario que los esfuerzos se centren en dos aspectos complementarios: la asistencia de carácter social y el apoyo psicológico. La primera apela a la orientación laboral, el consejo en la práctica vital o ayuda en el empleo, mientras que la segunda apela a la autoafirmación, la introspección, la autocrítica o el manejo de la frustración.

Ningún programa puede garantizar el éxito sin la colaboración del individuo. No obstante, ya que en última instancia el éxito del programa escapa a la capacidad de sus promotores, lo cierto es que existen mayores probabilidades si este es diseñado a conciencia. Así, en lo relativo a programas de desrradicalización, las conclusiones y cuestiones a tener en cuenta, en cuanto al diseño de dichos programas, pasan por:

  • Decidir cuál es el objetivo de este programa y cómo se podría medir el éxito del mismo. Para ello, se ha de decidir en primera instancia si lo que se pretende es la desconexión, que incluye la disuasión en cuanto al uso de la violencia, o la desrradicalización, que incluye cambios en el sistema de creencias.
  • El tiempo de aplicación del programa deberá ir en consonancia con el objetivo, con un tiempo estimado no inferior a los seis meses, y con un plazo efectivo que puede variar entre los dos y los tres años.
  • Es posible sólo aquello que es presupuestable, pues afecta de manera indisoluble al objetivo del programa.
  • Además, el personal implicado puede no estar dispuesto a embarcarse en proyectos de tan larga duración. Respecto a esta cuestión, se debe tener en cuenta la importancia de las relaciones personales, la confianza y la empatía. Es fundamental que el personal esté debidamente capacitado, tenga un compromiso duradero y posea la competencia suficiente.
  • El uso de sujetos desrradicalizados y, en algunos casos, especialmente en el trabajo con los jóvenes, el uso de sujetos que se presenten como modelos de ejemplaridad y conducta, o el apoyo de líderes de carácter local, han demostrado un éxito notable.

El trabajo de desrradicalización y desconexión es de carácter individual, aun cuando pueda trabajarse de manera grupal, por ello debe tenerse una comprensión profunda de la persona o el colectivo  involucrado, de sus antecedentes biográficos, del marco ideológico y del entorno social. Suele ser habitual que muchos de estos programas, en su fase inicial, incluyan conversaciones con el individuo sobre el marco de relación que vaya a establecerse, las normas de conducta, de expresión y respeto. La idea de establecer un marco de relación tiene por objeto crear confianza, compromiso, construir la relación, y compartir las expectativas generando cierta ilusión. Dado que parte del trabajo apela a la llamada inteligencia emocional y las habilidades sociales, el trabajo en grupo, tanto con pares iguales como con otros actores de diversa naturaleza,  puede ser útil. Dado que el compromiso personal y la voluntariedad son esenciales, es fundamental la creación de un espacio seguro, que es lo que dota al individuo de la confianza suficiente para emprender ese camino de desrradicalización o desconexión.

Tal y como se ha mencionado con anterioridad, además del apoyo psicológico, es necesario el establecimiento de la orientación social. Muchos de estos sujetos, tanto jóvenes como adultos, son lo que Hans Magnus Enzensberger denominó perdedores radicales. Es decir, carecen de los mecanismos vitales de afrontamiento necesarios. De hecho, la identificación de ciertos problemas y la ausencia de esos mecanismos de afrontamiento son lo que pueden facilitar el desenganche del individuo, habida cuenta del escaso recorrido del pensamiento radical de cara a la satisfacción de las necesidades vitales, o de su ineficacia en el desarrollo de esos mecanismos de afrontamiento.

Este trabajo debe de completarse con el seguimiento posterior de los individuos. Determinadas parcelas vitales antes cubiertas, como pueden ser la de las relaciones sociales o su economía individual, han de ser sustituidas; se ha de estimular su compromiso, incidir en sus mecanismos de afrontamiento. Aun cuando el gobierno esté involucrado, esto no significa que sea el mejor actor para proporcionar estos servicios por sí mismo, debido a razones de legitimidad. Las prácticas presentadas muestran que la transparencia sobre el papel del gobierno puede ayudar en el establecimiento de una relación basada en la confianza. Cada caso es particular, como lo es también cada contexto político y social.

Los programas incluyen desde talleres educativos para jóvenes propensos a la violencia, a la formación de jóvenes para el liderazgo social en un entorno de diversidad cultural, formación de trabajadores sociales, formación de trabajadores sociales en contacto directo con reclusos, programas de capacitación y mecanismos de afrontamientos para reclusos y ex presidiarios, el trabajo con antiguos combatientes extranjeros, desintoxicación ideológica, el abandono de grupos radicales, la formación en habilidades comunicativas de los sujetos involucrados, programas de acompañamiento, etc.

 

Programas que busquen la participación de la sociedad civil y el empoderamiento comunitario

Todos los planes de prevención impulsados desde los gobiernos hacen mención a la necesidad de incluir las diferentes comunidades en la lucha contra la radicalización violenta. Los procesos de radicalización suelen progresar sin excesiva dificultad si la propia comunidad de referencia carece de los mecanismos para hacerle frente, no oponiendo ninguna resistencia.  En algunas comunidades, en particular en las comunidades minoritarias, además de no existir ninguna resistencia, la desconfianza hacia las autoridades públicas y el hermetismo pueden agravar la situación. De ahí, la necesidad de revertir esos escenarios que facilitan la expansión del extremismo, empoderando comunidades y estimulando su participación.

Las comunidades pueden jugar un papel esencial en la prevención de la radicalización y la prestación de apoyo a los miembros de la comunidad afectados. Pueden ser también una fuente de conocimiento y de información, de cara a la identificación y el tratamiento, tanto de sujetos de riesgo como de posibles focos de radicalización. Los programas de empoderamiento comunitario se encuentran indisolublemente unidos con los de asesoramiento de entornos inmediatos, como la familia.  La mayoría de los programas pasan por:

  • El aumento de la concienciación de la amenaza del extremismo ideológico y violento.
  • La búsqueda de la creación de confianza entre los miembros de la comunidad y el ente público.
  • Construir comunidades resilientes.
  • Herramientas narrativas de respuesta.
  • Promoción del liderazgo.
  • Organizar debates, foros de discusión y plataformas democráticas.
  • Formación de figuras religiosas clave.
  • Formación en cuanto a la identificación de sujetos vulnerables o en situación de riesgo.

Es necesario que haya un consenso sobre cuáles son los objetivos, y qué enfoque estratégico se debe tomar. Debe crearse un marco de confianza basado en la empatía; ser realistas en lo que puede lograrse a través de la participación comunitaria; saber diferenciar entre líderes comunitarios y representantes autoproclamados; hacer un uso adecuado del lenguaje, recomendándose que el mismo deba ser claro y conciso, entre la empatía y la comprensión; y abordar otros problemas, como la discriminación o  la polarización.

Los programas deben tender a generar canales de comunicación con las autoridades, a la creación de estructuras comunitarias, y a la educación, en cuanto a poder combinar la propia identidad individual y comunitaria con la integración en el cuerpo social. Entre otros programas impulsados, está la creación de redes de liderazgo, alianzas e información, asesoramiento en la identificación de sujetos vulnerables, tutorías, redes de madres musulmanas, intervenciones en redes sociales comunitarias, nombramiento de oficiales de policías de enlace con la comunidad, y apoyo a las víctimas para su reintegración en la comunidad.

 

Programas en la educación de  jóvenes en valores democráticos y pensamiento crítico

Estos programas tienen por objeto educar a los jóvenes en valores cívicos, estereotipos, discriminación, prejuicios, responsabilidad, valores democráticos y diversidad cultural. También tiene como objetivo abordar temas sensibles, como la radicalización y el extremismo violento dentro de un entorno educativo, al resultar llamativa la conversión en radicales de inmigrantes de segunda y tercera generación. A este hecho, debe sumársele que dentro de la juventud no musulmana, se está generando un creciente rechazo e intolerancia hacia la diversidad. El ámbito de la educación se convierte así en un escenario de lucha contra la radicalización. Los programas de educación tienen por objeto la prevención de dolarización, promover el pensamiento crítico, la porción del universalismo digital; para ello, se han creado foros de debate, visitas guiadas a campos de concentración o conferencias impartidas por antiguos extremistas. Al trabajo de las escuelas puede sumársele el de otras instituciones sociales de jóvenes, como el “tiempo libre”, gimnasios, asociaciones de barrio o talleres extraescolares.

Los responsables de las instituciones educativas han de entender que el problema del extremismo es tan preocupante como la delincuencia juvenil, el alcoholismo, la drogadicción, el acoso escolar o el absentismo. Las escuelas han de ser espacios seguros, siendo necesarios:

  • La reforma de los planes de estudios, incluyendo como materia la formación en cuanto a pensamiento crítico, valores democráticos o resolución de conflictos.
  • Deben darse ejemplos prácticos e interactivos en escenarios propios de juventud, como son las redes sociales o el grupo de amigos.
  • Creación, en los propios espacios de jóvenes, de contra narrativas y alternativas narrativas.
  • Deben estimularse las actividades extraescolares para los jóvenes vulnerables o en riesgo de radicalización.
  • La primacía de la negociación sobre la imposición.
  • Formación de educadores, en cuanto a la identificación de signos, y estimular la coordinación multisectorial.
  • Involucrar a los jóvenes en las iniciativas de prevención.
  • Los padres y familiares de los estudiantes deben ser vistos como socios valiosos.
  • Ser conscientes de que los padres quieren lo mejor para sus hijos, y deben ser informados acerca de los programas en las escuelas para educar a los jóvenes en relación con la radicalización.

No hay duda de que los educadores y el personal docente juegan un papel clave en la lucha contra la radicalización. En no pocas ocasiones han de enfrentarse con las ideas y comportamientos de jóvenes radicalizados, vulnerables, en riesgo o simplemente frustrados. Han de ser formados y ellos tener la vocación de formarse, aun cuando sea de manera autodidacta, en:

  • Adquirir habilidades sociales, de manera que pueda iniciar debates y conversaciones con sus estudiantes sobre temas sensibles y difíciles, relacionados con los sentimientos personales, principios y creencias. Ignorar el ámbito de lo íntimo del estudiante nada aporta en los esfuerzos de prevención.
  • Debe poseer un conocimiento suficiente para, además de contrarrestar el discurso radical, poder dar alternativas no sólo narrativas, sino alternativas ocupacionales, haciendo referencia a distintos organismos, ONGs y asociaciones, que ofrecen una alternativa adecuada a los estudiantes que quieran contribuir a una causa, y canalizar sus sentimientos de injusticia.
  • Los educadores deben contar con sus propias redes de intercambio de experiencias, dentro y fuera de su centro educativo.
  • Los educadores, tutores y docentes, han de tener unos mínimos conocimientos sobre los espacios sociales de la juventud, tanto físicos como virtuales.

Cuanto mayor sea la capacidad de los jóvenes de contrarrestar la propaganda y los intentos de expansión del extremismo, mayor será el éxito de los programas basados en la juventud. Para ello, debe primar el diálogo y el intercambio. Ha de primar la mayéutica por encima de la predicación, la moralina, la dirección o la superioridad generacional. De hecho, los elementos vinculados a la autoridad pueden llegar a ser contraproducentes, y afianzar aún más sus puntos de vista. El simplismo, el pensamiento dicotómico y el pensamiento bicolor han de responderse, desde la complejidad y la variedad de percepciones.

Para influir en estos procesos cognitivos, los programas no deben centrarse en el contenido de la ideología o creencias particulares, sino en la estructura del pensamiento, y hacerla más compleja, rica en matices, sólida y solvente. El aumento de la complejidad con la que piensan los jóvenes, acerca de los problemas que el extremismo pretende radicalizar, reduce su vulnerabilidad. Queda demostrado que el aprendizaje, fruto de la experiencia o la práctica, resulta más eficaz entre los jóvenes que aquel que es apoyado únicamente por la teoría. Habitualmente, los programas incluyen elementos interactivos, juegos de rol, e-learning, terapia en teatro, diálogos con víctimas, representantes del colectivo, antiguos extremistas o voluntariado.

 

Programas de apoyo  a la familia  de sujetos vulnerables o ya radicalizados

El objetivo pasa por hacer de las familias y del entorno más cercano de la víctima, si no aliados, sí colaboradores. A menudo los amigos, pero sobre todo la familia, son quienes identifican los signos de radicalización del pariente sin saber qué hacer, y es que las familias pueden ser actores clave en la prevención de la radicalización. Las familias y el entorno más cercano  pueden actuar como factores del cambio, y pueden proporcionar enormes estructuras de apoyo para los individuos radicalizados, que pueden estar teniendo dudas o estén  en camino de reversión.

El apoyo familiar puede tener lugar en diferentes etapas, según los diversos estadios de radicalización donde esté situado el sujeto en cuestión. Una vez más, esta situación puede variar desde la situación de riesgo, a la de inmersión, sus primeros encontronazos con la ley, su ingreso en prisión, libertad condicional, e incluso cuando haya viajado ya al extranjero. En este sentido, los programas  han pretendido:

  • Apoyo y orientación familiar.
  • Sensibilización respecto a la problemática.
  • Capacitación en el entorno familiar y mecanismos de afrontamiento.
  • Apoyo en la reintegración de las familias de sujetos condenados que vayan a salir del presidio.
  • Construcción de la resiliencia contra el extremismo violento.

Respecto al apoyo familiar, es habitual que la sociedad civil disponga de recursos sociales suficientes. Este conjunto de intervenciones está dirigido a apoyar a los padres en la crianza de sus hijos en una sociedad que, en el caso de los migrantes, difiere en gran medida de la sociedad de origen.

Además, deben añadirse diversos factores, como la brecha generacional, la discriminación real o imaginada, y las dificultades económicas. El rol de las madres parece recobrar un papel esencial, tomando a estas como actores esenciales en sus respectivas comunidades. En este sentido, la formación de madres, al tiempo que ciudadanas, como actores esenciales en la prevención, ha de incluir temas como el desarrollo psicosocial, fomento de la confianza o  la comunicación familiar.

En los diversos planes de prevención expuestos, se hace mención a la necesidad de disponer una suerte de “teléfono de la esperanza” sobre la cuestión de la radicalización. Este servicio de contacto/socorro/denuncia, que se articula a modo de programa, habrá de ir acompañado de otra serie de medidas, que deban dejar claro que:

  • El objetivo del programa de ayuda es apoyar y dar consejos, no denunciar (aun cuando la propia necesidad de ayuda implique de facto una información).
  • Aclarar que es transparente, y que la policía será notificada en los casos de peligro inmediato.
  • Escuchar, hacer preguntas y tomarse el  tiempo suficiente para la interpretación de la situación, y antes de dar la orientación debida.
  • Quienes atendieren el teléfono, el email o el WhatsApp, deben tener la competencia profesional suficiente, habilidades sociales, empatía, etc. 
  • Involucrar a las comunidades y, si es posible, tener la colaboración de miembros de la comunidad.
  • La asistencia y la orientación han de tener un enfoque multisectorial, la radicalización va más allá del extremismo ideológico.
  • Permitir un contacto anónimo y confidencial.
  • Tener un marco de cooperación multisectorial para discutir los casos, y establecer buenos vínculos con otros actores que puedan proporcionar apoyo y  asesoramiento adicional.
  • El teléfono debe tener una disponibilidad continua.
  • El servicio debe tener la suficiente visibilidad y publicidad, recomendándose que esta visibilidad se realice a través de la propia sociedad civil.

Es necesario circunscribir el desarrollo de los programas al objetivo del mismo. Para ello, debe dejarse claro cuál es el objetivo programático del trabajo que vaya a realizarse con los entornos inmediatos de los individuos vulnerables, en situación de riesgo o inmersos en un proceso de radicalización. La colaboración familiar sólo puede darse en un entorno de confianza, y obviamente la intervención policial debe ser discreta.

Dado que este tipo de programas tienen un enfoque multisectorial, quienes colaborasen en ellos deben tener presente que, en última instancia, el problema de la radicalización no puede entenderse sin el concepto de seguridad, luego no deben esconder cuál es su nivel de relación y compromiso con los servicios de seguridad. Claro que, precisamente su intervención, tiene por objeto la reversión del proceso de radicalización, siempre y cuando la situación lo posibilite,  y no existan razones operativas o de oportunidad. Los consejos respecto al uso del lenguaje son similares a los de otros programas con una primacía de lenguaje positivo y esperanzador.

No obstante, quienes articulasen este programa deben ser conscientes de que el papel de las familias no siempre puede ser positivo, llegando a ser contraproducente o directamente nocivo. El mismo entorno familiar puede ser un colectivo vulnerable, en situación de riesgo, o directamente facilitador del proceso de radicalización a través de la empatía hacia los postulados extremistas. Es esencial ser conscientes de que, cuando un sujeto da el paso de ponerse en contacto para este tipo de cuestiones, la búsqueda de ayuda y orientación ha de dispensarse sin demora.

Han pasado ya algo más de cuatro años desde la aplicación de programas de esta naturaleza y, según algunas experiencias, lo habitual suele ser que los familiares de los afectados que denuncian estos casos busquen ayuda, orientación. La confianza es esencial, de ahí que estos programas deban publicitarse como parte integrante de otros programas, planes y estrategias, dispuestos a una mejor integración, inclusión y convivencia en la diversidad.

El apoyo directo a los miembros de la familia puede incluir desde la visita domiciliaria, al recibimiento en un centro de apoyo, con conversaciones y orientación colectiva o individual, según se diera el caso. Claro que, cuando la radicalización se da en un entorno pequeño o endogámico, se recomienda el tratamiento individual. Además, resulta mucho más eficaz, primándose el hecho colectivo a cuestiones más genéricas.

El apoyo indirecto, como ya se ha especificado en otro epígrafe, puede pasar por la facilitación de profesionales, o por el apoyo práctico de diversas instituciones en el ámbito laboral, de la vivienda, y en las nuevas vías de socialización, lo cual incluye la sustitución del entorno de socialización.

El trato con la familia y el entorno inmediato nunca debe ser un foro para el reproche o la admisión de la propia culpa; el perfil debe ser positivo, y motivado por la esperanza de cambio. Dado que, en muchos casos, el proceso de radicalización puede incurrir en actuaciones que bordean la legalidad, y que lo que se pretende es evitar la intervención policial, se recomienda el abstenerse de realizar apuntes o notas. No obstante, se ha de tener presente que detrás de  la problemática existe una necesidad vinculada a la seguridad, y la ausencia de la toma de notas o apuntes no exime de la responsabilidad de realizar el aporte informativo necesario, a fin de aumentar la experiencia para otros casos, como monitorizar el caso en cuestión por parte de la autoridad competente, habitualmente la policía.

Es necesario informar a los padres y  familiares sobre la realidad de su caso. Al cuadro general debe seguirle la situación legal en que el caso podría encontrarse. Para ello, debe proporcionarse un análisis de caso transparente, veraz y responsable, incidiendo en que un sujeto en vías de radicalización no es un terrorista o criminal, a no ser que haya cometido actos criminales o terroristas. Familiares y padres de un sujeto radicalizado, o en vías de radicalización, suelen necesitar orientaciones respecto al uso de la autoridad con fines educativos. Este uso de la autoridad debe mantener un equilibrio entre la sensibilidad y la exigencia. Para un uso efectivo de la autoridad, debe trabajarse en que los padres y familiares de sujetos radicalizados, o en vías de radicalización, alejen cualquier atisbo de culpa, ira o frustración, pues la implicación emocional, si bien es ineludible debe mantenerse al margen de la actuación, incentivando una relación positiva y racional entre padres e hijos. El mantenimiento de una postura racional de carácter emocional, basada en la tolerancia ante la frustración, la compresión y la constancia, puede ser un buen antídoto ante el menor o el hijo radicalizado, o en vías de radicalización, ya que es habitual que muchos de ellos tiendan a extremar o forzar la situación, a fin de “romper la baraja”. En este sentido, al ya mencionado programa alemán, pueden añadirse redes de apoyo de pares iguales, talleres para madres o centros de estudios sobre el extremismo.

 

La creación de  narrativas alternativas

La idea de los programas basados en los ejes de narrativas alternativas y contra narrativas pretende desafiar al extremismo violento. La propaganda radical se ha expandido a una velocidad vertiginosa; los reclutadores cada vez poseen mayor capacidad, y la calidad audiovisual ha mejorado sustancialmente desde los inicios de la yihad global. La eliminación del contenido radical en Internet parece resultar una tarea imposible, de ahí que sea necesario el establecer narrativas que combatan al extremismo en el mismo campo. Además, existen otra serie de canales que buscan llegar a la audiencia esperada. El tipo de narrativas puede variar, pues pueden ser:

  • Las elaboradas por el gobierno y centradas en la lucha contra la idea de nosotros y ellos.
  • Las de carácter moral, por parte de miembros clave de la sociedad civil, grupos de representación (incluidas las víctimas), familias o trabajadores sociales.
  • Narrativas alternativas religiosas, por parte de líderes religiosos, instituciones y comunidades, que básicamente subrayan el mismo problema que las narrativas alternativas morales, al tiempo que incluyen elementos religiosos.
  • Las realizadas por parte de antiguos extremistas violentos para promover el mensaje de que no hay nada de heroico en el extremismo violento.

Deben especificarse las narrativas según el público. Parte de las narrativas, aun cuando cuenten con el respaldo oficial, pueden ser asumidas por agencias de publicidad, ONGs, la sociedad civil, u otra serie de actores, como maestros, líderes, o sujetos ejemplares. Pese a la variedad de fórmulas, en cuanto a su exposición el objeto habrá de ser el mismo: disuadir a un individuo, o grupo, del atractivo que pueda poseer el  extremismo violento, generando dudas, rechazo o decepción anticipada.

Debe tenerse en cuenta: a quién se dirige, si es puntual, si toma como referencia un determinado incidente o si es duradera en el tiempo, qué es lo que se pretende, cuál es la mejor estrategia para lograr el fin, el canal más adecuado etc. Claro que el éxito del mismo resulta muy difícil de medir, pudiendo únicamente medirse el impacto, las visualizaciones, las descargas o el público de la misma.

  • Las ideas reflejadas y las personas que intervienen habrán de tener legitimidad y credibilidad.
  • El canal de difusión debe elegirse cuidadosamente, y depende exclusivamente de la audiencia objetivo. Pese a que es habitual el uso de redes sociales para su difusión, no deben rechazarse otras formas tradicionales de comunicación.
  • El momento del inicio del programa es extremadamente importante, y estará relacionado en gran medida con el alcance del proyecto. Si se trata de una campaña reaccionaria en respuesta a un incidente, debe comenzar con la máxima inmediatez.
  • Si se trata de una campaña de duración media en respuesta a un evento prolongado, los tiempos de entrega son importantes de cara a su actualización.
  • Es habitual que la narrativa alternativa o la contra narrativa sean respondidas desde los aparatos de propaganda extremista, con ideas conspirativas, acusaciones y otras modalidades de contrapropaganda (en este caso seria de contra-contrapropaganda).
  • Es conveniente primar el diseño audiovisual por encima del contenido, el cual debe entenderse con facilidad. El contenido no habrá de ser innovador, al ya haber narrativas alternativas existentes. El carácter emocional y el uso del humor han demostrado una notable eficacia.

La evaluación de las narrativas alternativas es notoriamente difícil; no obstante, la evaluación del impacto del programa se relaciona directamente con los objetivos establecidos, los cuales pueden ser la difusión o el impacto, dejándose la eficacia del mismo a los cuestionarios prelanzamiento.

 

El asesoramiento en la creación de infraestructuras institucionales contra el extremismo violento

Este tipo de programas tienen por objeto la creación de infraestructuras contra el extremismo violento, que son las que garantizan la prevención y la detección temprana. Evidentemente, es necesaria una estructura donde la horizontalidad se mezcla con la verticalidad, y donde la coordinación no obvia la autoridad. Es por eso por lo que deben identificarse de manera exhaustiva quienes deben participar en el desarrollo del plan, la ejecución de los programas y la articulación del sistema. Ya en la introducción, se ha dejado claro cuál debe ser el objetivo de todo plan que, independientemente de su denominación, tenga la prevención como principio inspirador.

Deben identificarse los distintos tipos de amenaza, escalándolos según el riesgo asociado al tiempo presente, y de manera prospectiva según los distintos vectores. La actuación en materia de prevención debe ser multisectorial en todas y cada unas de las etapas, pues además de necesario, ha demostrado ser tan útil como enriquecedor. Pese a la necesidad de mantener relaciones horizontales que puedan generar sinergias, el intercambio de información o mayor fluidez, el plan, su estructuración y el sistema de relación han de tener un responsable. El número de organizaciones y el grado en el que están involucrados difieren mucho de un país a otro, pero nunca ha de olvidarse que detrás de todo plan existe el deber de todo gobierno a garantizar el derecho a la seguridad física y al libre ejercicio de las libertades. No sólo el de sus ciudadanos, sino el de todo ser humano, al ser la seguridad física y el ejercicio de las libertades, derechos humanos.


[i] RAN Collection Preventing Radicalisation to Terrorism and Violent Extremism.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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