La carrera entre el cañón y la coraza… suma y sigue

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Cuando las cinturas acorazadas de los leviatanes de los océanos fueron engordando a fin de poder frenar la cada vez mayor energía cinética de los nuevos proyectiles, los acorazados llegaron a disponer operativamente de cañones de 460mm (Yamato), normalizando los de 406mm (Nagato, Rodney, Missouri, etc) y 381mm (Bayern-Bismarck, Hood-Repulse-Resolution-QE, Richelieu, Littorio, etc). Cada nuevo paso en un sentido obligaba a dar cumplida respuesta en el otro: más cañón, más coraza, más cañón.

Para evitar el efecto de armas más insidiosas, como los torpedos, esos acorazados (algunos de ellos) fueron dotados de bulges que serían, en nuestra metáfora, el equivalente a las jaulas (slat-armour) que podemos apreciar en fotografías de muchos VCIs y de algunos carros de combate. “Afean” el vehículo, pero absorben un primer impacto provocando el estallido de la carga explosiva enemiga (o de una parte de ella) antes de que alcance el objetivo principal. Pues bien, lo mismo sucede en la actualidad, ya sea en esos mares azules, o en los de arena, o en los de escombros. Lo mismo, sí, pero con el aditivo de las tecnologías de defensa activa que evitan la tentación de engordar (en peso y en superficie de impacto) hasta la saciedad al vehículo de que se trate ya que eso es poco útil, por varias razones. Sobre todo (aunque no solo) porque afecta negativamente a su aerotransportabilidad (movilidad estratégica) y exige grupos de propulsión más potentes, con mayor consumo, pese a lo cual muchas veces se reduce su velocidad y/o su maniobrabilidad (movilidad táctica). Además de que se disparan los costes de producción. En teoría es factible disponer de carros de combate de 100 toneladas, pero…

A su vez, la protección de las tropas propias ha adquirido nuevos tintes. Una vida siempre es importante. Es lo importante, en última instancia. Sin embargo, en la época actual, en plena vigencia de la doctrina de las 0 bajas (sobre todo en el mundo desarrollado), eso tiene un efecto redoblado. Así que la empresa israelí Rafael desarrolló el sistema Trophy después de que en el conflicto del verano de 2006 las fuerzas de Hezbollah se hicieran con algunos lanzacohetes RPG-29, con doble carga en tándem, para causar daños en sus vehículos blindados, incluyendo los carros de combate Merkava. Entonces, ante la debilidad del blindaje reactivo, la mejor opción pasaba por el activo. Las características del Trophy ya han sido expuestas en un post anterior. Ahora podemos señalar algunos de sus efectos colaterales. Efectos que tienen que ver con la metáfora (con fundamento histórico) con la que abría este nuevo post.

Porque los fabricantes de sistemas anti-carro no se han quedado de brazos cruzados. El modelo RPG-30 ha sido presentado como un anti-Trophy. Ello se basa en un principio muy simple: lanzar primero un señuelo (en realidad es también una granada, pero de menor calibre) y seguidamente el cohete principal que incorpora la doble cabeza de guerra en tándem (de 105mm), que es la que debe perforar la coraza enemiga. En este caso, el señuelo tiene por función la activación prematura del sistema de defensa activo, pues será enganchado por el radar y provocará la explosión del MEFP. De esta manera el cohete principal tendría vía libre para hacer su trabajo, inhabilitando el blindaje reactivo. Aun así cabría preguntar… ¿pero acaso el Trophy no está preparado para responder a varias amenazas a la vez? ¿No podría, por lo tanto, destruir ambas granadas? La respuesta es que se habría comprobado que el tiempo de reacción del sistema Trophy entre cada enganche es de entre 0.2 y 0.4 segundos. Por lo tanto, si el décalage entre los dos proyectiles se mueve dentro de esos parámetros, es posible que el sistema de protección activo sea incapaz de responder con eficacia al impacto.

Claro que la carrera sigue. Como casi siempre ha ocurrido. Por eso, Rafael ya está pensando en el “anti-RPG-30” que, lógicamente, sería un Trophy-plus (se barajan otros nombres), capaz de dar respuesta a la primera pregunta, esto es, capaz de rechazar un ataque múltiple con lanzagranadas y/o lanzamisiles anticarro antes de que el impacto se produzca. A lo cual pueden añadirse, para terminar, dos reflexiones adicionales. A saber, que la carrera no terminará ahí. Y, en segundo lugar, que mientras las cuatro o cinco principales marinas de guerra del mundo poseían acorazados dotados de cañones de 381-406mm con cinturas blindadas de otros tantos nuestra marina de guerra veía cómo desaparecían de las listas de la Armada los últimos de los tres España, dotados con piezas de 305mm y cinturas acorazadas más mediocres. Siempre nos quedaría el entonces recién nacido Canarias (su gemelo fue hundido en plena guerra civil) con piezas de 203mm y apenas blindaje digno de mención.

¿Moraleja? Estos sistemas de armas, de defensa activa, constituyen en sí mismos un enorme avance pero, incluso con sus lagunas, están en servicio en muy pocos Estados del mundo. Los rusos y los israelíes son punteros en este terreno. Según mis noticias, el ejército de la India podría ver como sus carros de combate Arjun son dotados con el sistema Trophy muy pronto. Mientras tanto, muchas fuerzas armadas ni se plantean su adquisición, por cara y/o por innecesaria (en función de sus políticas de defensa actuales o potenciales). Sea como fuere, el futuro fue ayer. El potencial del I+D+I de la industria militar ha logrado que escenas de combate dignas de películas de ciencia ficción ya sean una realidad.