General Mattis: Bailando con lobos

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Bailando con Lobos es el título en España de una película, estrenada en 1990, dirigida y protagonizada por Kevin Costner. La película narra la historia de un condecorado oficial que durante la Guerra de Secesión estadounidense es enviado a un puesto avanzado en la frontera del territorio indio. Allí se encuentra con un desconfiado lobo de pradera con el que a medida que avanzan los días traba amistad, consiguiendo que le acompañe en sus patrullas.

La reciente dimisión del General James Mattis como Secretario de Defensa estadounidense, tras las renuncias de los generales Herbert Raymond McMaster como Consejero de Seguridad Nacional y de John Kelly como jefe de Gabinete del presidente Trump, parecen mostrar que no siempre es fácil bailar con lobos.

James Mattis hizo pública su renuncia como Secretario de Defensa en una carta pública el pasado 20 de diciembre. Renuncia que se produce cuando la gestión de Mattis al frente de las fuerzas armadas era vista de forma positiva por más del ochenta por ciento de la población, porcentaje que ascendía a casi el noventa por ciento entre los oficiales.

La carta del General Mattis, hecha pública un día después del anuncio por parte del presidente del repliegue de tropas en Siria, refleja claramente los motivos de su dimisión. En primer lugar, hace referencia a la importancia que las alianzas estratégicas poseen para la Seguridad Nacional estadounidense. En segundo lugar, muestra la necesidad de mantener una postura firme frente aquellos países que socavan los intereses y valores estadounidenses. En tercer lugar, y a modo de resumen expone su principal argumento, la falta de sintonía con el presidente de Estados Unidos.

Esta falta de sintonía no es reciente. Durante la campaña de 2016, el hoy presidente Trump ya expresó claramente que veía las alianzas más como transaccionales que como relaciones estratégicas. En realidad, el candidato hablaba de los aliados y alianzas de Estados Unidos más como una carga que como una ventaja estratégica. Además, al referirse a la lucha contra la organización terrorista Daesh dejó claro que sería el objetivo central de su política exterior, objetivo al que subordinaba otras metas políticas. Una lucha en la que cualquier país que compartiese sus objetivos se convertiría en su aliado sin condiciones.

En relación con China y Rusia, el entonces candidato Trump tampoco mostró ambigüedades. Las referencias a China tenían un contenido relacionado con las supuestas manipulaciones de su moneda o las prácticas dumping y no con las reclamaciones territoriales en el Mar de China Meridional. Por otra parte, con Rusia siempre mostró una extraña afinidad con el modelo de liderazgo ejercido por el presidente Putin y en ningún momento planteó la necesidad de que modificase su conducta en Ucrania, Siria o en el ciberespacio.

En clara oposición, durante las audiencias preliminares a su confirmación como Secretario de Defensa, Mattis dio un respaldo absoluto a las alianzas estadounidenses, diciendo que "las naciones con aliados fuertes son las que prosperan". También fue marcadamente pesimista sobre una posible mejora de las relaciones con Rusia.

La posición de James Mattis no era nueva. Tres meses antes de las elecciones había publicado un documento titulado “Restaurando nuestra seguridad nacional” en el que calificaba los desafíos prioritarios que Estados Unidos debía enfrentar. En primer lugar, la beligerancia de Rusia. En segundo lugar, las actividades chinas en el Mar de China Meridional. En tercer lugar, la amenaza de la organización terrorista Daesh y la agresividad iraní. Y finalmente, la actividad de los cárteles de las drogas en el sur del continente americano.

Estaba claro que las prioridades ante las amenazas a la Seguridad Nacional de Mattis y Trump eran imágenes especulares entre sí. Así, no es de extrañar que el nombramiento como Secretario de Defensa de James Mattis provocase cierta confusión entre muchos analistas internacionales. Diferencias que quedaron claramente confirmadas tras la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense en diciembre de 2017, un documento en el que se pueden contabilizar 151 referencias a la economía, 17 a Rusia, 14 a Europa y 2 a la Alianza Atlántica.

La ruptura entre Trump y Mattis se produce tras una cada vez mayor intromisión del presidente en asuntos de defensa. Una serie de interferencias que se inician el pasado mes de junio con la suspensión de ejercicios bilaterales en Corea del Sur después de la reunión entre los presidentes Trump y Kim Jong Un. Pero que continúa con el envío de soldados a proteger la frontera con México; el anuncio por parte del presidente de la formación de la Space Force parece que sin el acuerdo del Pentágono; la decisión de retirada de Siria declarando una más que cuestionable victoria sobre la organización terrorista Daesh; y el anuncio de una prevista retirada de Afganistán justo cuando se está en negociaciones con los talibanes.

Sin embargo, no todas estas diferencias son exclusivamente achacables a la administración Trump. Uno de los elementos comunes entre las últimas administraciones estadounidenses, incluyendo la de los presidentes Bush y Obama, ha sido la ausencia de una estrategia coherente de política exterior, fundamentalmente en relación con la situación final deseada tras sus intervenciones militares y el momento de finalizarlas.

Trump ha nombrado candidato a Secretario de Defensa a Patrick M. Shanahan, el número dos de Mattis. Shanahan tiene experiencia en el mundo de los negocios y unas buenas relaciones tanto con el presidente Trump como con el vicepresidente Mike Pence.

En clave internacional, esta designación puede ser un indicio de que la administración Trump se centrará en la segunda parte de su mandato en la reducción de los costes económicos y humanos provocados por las intervenciones en el exterior, así como en un fomento de la industria armamentística.

En clave interna, el cese de Mattis parece mostrar que en el seno de la administración Trump la medida fundamental del mérito es la lealtad, definida como una lealtad absoluta a él, por encima de cualquier otra consideración.

Mattis finaliza el documento al que hemos hecho referencia al exponer sus prioridades estratégicas, afirmando que Estados Unidos puede recuperar una firme posición estratégica en el contexto internacional que le permita defender sus valores atendiendo a los mecanismos, sobre todo a las relaciones, que aseguran un orden internacional propicio para los intereses estadounidenses.

Parece claro que los aliados de Estados Unidos, entre los que se encuentra España, deberán mantener el compromiso con la administración estadounidense pero también protegerse manteniendo su independencia estratégica.

Samuel Morales es Teniente Coronel de Infantería de Marina (DEM) de la Armada Española y antiguo alumno del Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional de la Universidad de Granada