Fuerzas de operaciones especiales en los conflictos en la 'zona gris'

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Análisis GESI, 8/2019

Resumen: Este documento analiza el rol de las fuerzas de operaciones especiales en los conflictos en la «Zona Gris». Estudia sus ventajas, las actividades que pueden realizar y las capacidades necesarias. Al mismo tiempo, presta atención a ejemplos actuales del empleo de fuerzas de operaciones especiales en esta franja del conflicto.

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El aumento de la actividad en la «Zona Gris» como espacio confuso donde la herramienta de la diplomacia, propia del estado de paz, es inadecuada o no encaja en su sentido tradicional, y las opciones militares convencionales a gran escala se consideran poco apropiadas, representa un hecho que no debemos obviar, ni dejar conceptualmente desatendido.

El recurso al empleo de esta zona por actores estatales en permanente competición nos invita a reflexionar sobre la singularidad de lo militar y, por tanto, sobre las fórmulas más convenientes de uso de la fuerza en un espacio con vocación de permanecer, cuando sea posible, fuera de la atención pública y de la transparencia mediática.

A pesar del reducido papel de lo militar en las estrategias globales empleadas en la «Zona Gris», es de interés profundizar en las opciones de empleo de la fuerza e identificar medios que se adapten y sean de utilidad.

Los modelos vigentes de pensamiento militar occidental no reflejan adecuadamente los desafíos planteados por las amenazas no convencionales derivadas del conflicto en la «Zona Gris». En este entorno, las fuerzas de operaciones especiales constituyen una herramienta muy adecuada para proporcionar respuestas «fuera del umbral de conflicto abierto». No obstante, existe el riesgo de un empleo poco correcto de estas fuerzas si se utilizan como referencia los actuales marcos doctrinales, que no contemplan formas de conflicto aparte de la tradicional dualidad guerra y paz.

En la actualidad, constituye un hecho innegable la lucha de determinadas potencias por sus intereses de seguridad nacional fuera del área habitual del conflicto cinético. Es precisamente en ese lugar donde el empleo de las fuerzas de operaciones especiales, por su naturaleza esencialmente limitada y discreta adquieren mayor valor, constituyendo una alternativa militar de gran utilidad para ser empleadas en un espacio intermedio, ambiguo, de contornos difusos, situado entre los estados de paz y guerra.

La capacidad de estas fuerzas de llevar a cabo operaciones políticamente muy sensibles, de carácter encubierto y secreto, así como de disponer una huella logística reducida, les permite mantenerse con muy poca visibilidad por debajo del conflicto armado. Se trata de capacidades militares que proporcionan opciones estratégicas muy válidas para proteger y lograr el logro de los intereses nacionales sin comprometer fuerzas de combate principales, de carácter convencional, en costosas operaciones de contingencia a largo plazo.

Un análisis sobre la actuación de las fuerzas de operaciones especiales en el conflicto en la «Zona Gris» supone un desafío intelectual abierto a la elaboración de nuevos marcos doctrinales y requiere, al menos en esta aproximación inicial, abordar las siguientes cuestiones:

  • ¿Qué ventajas conlleva el empleo de las Fuerzas de Operaciones Especiales?
  • ¿Cómo, y en qué escenarios geográficos, están empleando actualmente los diferentes actores estatales sus fuerzas de operaciones especiales en la «Zona Gris»?,
  • ¿Qué papel y que actividades de utilidad pueden desarrollar las fuerzas de operaciones especiales en un futuro?
  • ¿Qué nuevas capacidades precisan las fuerzas de operaciones especiales para llevar a cabo su actuación?

 

Ventajas

El empleo de fuerzas de operaciones especiales en la «Zona Gris» constituye una respuesta militar proporcionada y ofrece una serie de ventajas adicionales a los actores estatales en competición involucrados en el conflicto:

  • Pasan más desapercibidas a las opiniones públicas occidentales, menos tolerantes al concepto de guerra en general y a los despliegues de grandes contingentes militares. Son fuerzas que captan en menor medida la atención pública y caso de conocerse su trabajo, reciben mayor aprobación
  • Reducen el rechazo a la guerra que suele experimentar un incremento cuando la percepción de las poblaciones es la de enfrentamiento convencional entre Estados.
  • Existe menos riesgo de falta de apoyo social. Se relaciona a estas fuerzas con acciones muy limitadas, evitar acciones frontales y poco grado de letalidad. La población suele rechazar operaciones relacionadas con combate directo y posibilidad de pérdida de elevado número de vidas humanas
  • El nivel político acoge con interés el empleo de fuerzas de operaciones especiales por ofrecer un perfil muy discreto de empleo de la fuerza. Un perfil que alarma menos, no solo a las opiniones públicas nacionales, sino también a las internacionales y a las locales.
  • Permite el empleo de la fuerza incluso durante escenarios financieros restrictivos, en un momento en el que la mayoría de los países occidentales tienen dificultades para mantener grandes volúmenes de fuerzas terrestres desplegadas.
  • Menores costes en sus despliegues. Facilita la aplicación de criterios limitativos en el empleo de la fuerza mediante el despliegue de las capacidades estrictamente necesarias. Además, las fuerzas de operaciones especiales normalmente no se hallan supeditadas a grandes esfuerzos logísticos de sostenimiento.
  • Permite realizar un empleo indirecto de la fuerza a través del empleo eficaz de «proxies». Las fuerzas de operaciones especiales sirven para evitar los combates directos entre Estados. Se emplean de forma indirecta para apoyar militarmente a gobiernos legalmente constituidos, o a actores no estatales, en contra de rivales estratégicos. El recurso de la vía indirecta, es de utilidad para que terceros («proxies»), sean fuerzas de seguridad locales, poblaciones o fuerzas irregulares, combatan en representación de rivales estatales. La naturaleza del empleo de la fuerza militar desplegada en estos casos es, normalmente, de carácter no cinético. La acción indirecta es un tipo de empleo de la fuerza esencial para el empleo en la «Zona Gris», así como en la lucha contraterrorismo. Es la opción clave de utilidad para reforzar o desarrollar las capacidades militares de los actores estatales y de actores no estales (cuando se enfrentan a un gobierno deslegitimado que produzca estragos a su propia población), de forma que sean capaces de garantizar su propia seguridad y desarrollar operaciones de carácter independiente. Como actividad de seguridad, la acción indirecta se centra en cometidos de asistencia, asesoramiento, apoyo, acompañamiento, etcétera. Se trata de una nueva corriente de empleo alternativo de los medios, cuya clave para generar seguridad no reside necesariamente en las tradicionales fórmulas de prevalecer sobre el adversario, sino en modelos alternativos de soluciones cooperativas y satisfactorias para las partes involucradas. El buen funcionamiento de una cooperación permite proteger simultáneamente intereses propios sin dañar la seguridad de otros actores.
  • Proporcionan utilidad estratégica. La «utilidad estratégica» es el aspecto más significativo de las fuerzas de operaciones especiales desde el punto de vista de la teoría militar y, como se viene señalando, las convierten en una herramienta de gran valía para su empleo en el conflicto en la «Zona Gris».

Las fuerzas operaciones especiales se pueden describir hasta cierto punto como «parapolíticas», además de militares. Su objetivo último es político y los intereses y riesgos en juego son normalmente muy altos. Sus objetivos intermedios, así como los instrumentos elegidos van desde los ámbitos políticos al militar y, en ocasiones, hasta el paramilitar. Estas fuerzas representan la diplomacia realizada por otros medios y como tal, quedan habitualmente sujetas a un estricto control político y militar al más alto nivel. Su valor se debe a su capacidad para aportar economía de fuerzas y ampliar el espectro de las alternativas estratégicas. Ambas son características claves para medir su utilidad estratégica.

En términos sencillos, se puede decir que las fuerzas de operaciones especiales ofrecen la posibilidad de un retorno desproporcionado en relación a una pequeña inversión militar. Además, por su diseño, tipo de adiestramiento y cometidos, las fuerzas de operaciones especiales aportan la alternativa de un espectro de actividades militares realizadas con mayor precisión que el más fiable de los recursos disponibles de fuerzas regulares.

Proporcionar economía de fuerzas significa aplicar uno de los principios fundamentales de la guerra, porque se pueden alcanzar resultados definitivos con recursos muy limitados. Estas fuerzas también pueden actúan como un multiplicador de capacidades en el campo de batalla integradas con elementos convencionales, independientemente de su capacidad de lograr un gran impacto en el campo de batalla por sí solas.

La segunda característica es igualmente importante. Las fuerzas de operaciones especiales amplían el espectro de alternativas disponibles a los líderes militares y políticos para que logren sus respectivos objetivos. Los gobiernos buscan permanentemente alternativas al empleo de la fuerza, por ejemplo, la diplomática, las sanciones, etc. Sin embargo, siempre existirán situaciones imposibles de resolver con éxito sin el recurso de la fuerza. El recurso de la capacidad de operaciones especiales significa que se puede emplear la fuerza militar de manera mínima, flexible, y precisa.

 

Ejemplos de empleo en la actualidad

Estados Unidos ha experimentado un aumento sustancial, cualitativo y cuantitativo, de sus fuerzas de operaciones especiales desde 2001. Actualmente, sus fuerzas se hallan presentes en una media de 80 países al año llevando a cabo distintas actividades, muchas de ellas en la «Zona Gris». Normalmente, realizan labores de asistencia militar a fuerzas locales, una forma de ejercer una importante disuasión psicológica contra potenciales adversarios. Aspecto de utilidad para mantener la iniciativa en la dimensión cognitiva, afectando a las percepciones y al comportamiento humano.

De forma similar, en los últimos años Rusia ha incrementado significativamente el volumen de sus fuerzas de operaciones especiales (Spetsnaz) para impulsar sus capacidades de guerra irregular y su actuación en la «Zona Gris». Mantienen diversos tipos y categorías de estas fuerzas, destacando entre ellas el Mando Conjunto de Operaciones Especiales integrado por unos 1500 militares. Una organización de la que, aunque ya se hallaba operativa en 2009, no se tuvo noticia de su existencia hasta 2013.

Durante los conflictos de Crimea y Donbas en Ucrania, Rusia puso de manifiesto su voluntad de conjugar combatientes paramilitares en la sombra, conocidos mediáticamente como «Little Green Men», con fuerzas de operaciones especiales para actuar en la «Zona Gris». Un modo de introducir ambigüedad e indefinición para sortear barreras legales internacional. Desde entonces, uno de los «modus operandi» de las fuerzas de operaciones especiales rusas en unión de paramilitares ha sido realizar acciones para confundir a líderes militares y políticos, intimidar, distraer, realizar sobornos de autoridades militares y gubernamentales, todo ello con el propósito de que abandonasen sus obligaciones.

Rusia utiliza recetas para no ejercer el monopolio del uso de la fuerza de una manera directa. Lo delega en actores no estatales como la compañía militar privada «Wagner», presente en la actualidad en Siria y en Republica Centro Africana, o paramilitares como el batallón Vostok que desplegó en Abjasia y Osetia de Sur un año antes (octubre 2007) que estallase el conflicto armado de Georgia en 2008.

La actividad de contratistas privados como fuerzas de combate en escenarios como Ucrania y Siria ha sido constante. Las fuerzas de operaciones especiales mantienen contacto permanente con estos grupos paramilitares, tanto en su territorio nacional donde se adiestran en áreas adyacentes[1], como los escenarios de la «Zona Gris», llegando a combatir junto a ellos, como sucedió en la captura de Alepo en 2016 y Palmira en 2017.

Las fuerzas de operaciones especiales rusas, en unión a fuerzas cyber, también están presentes en conflictos que ocupan titulares de prensa, como el de Venezuela, donde velan por sus intereses y tratan de apoyar al régimen chavista, al tiempo que contrarrestan la presencia oculta en áreas rurales de fuerzas de operaciones especiales de EE.UU. No hay duda que el Kremlin se ha dado cuenta, incluso antes de Crimea, del tremendo potencial de estas fuerzas y utiliza a sus militares Spetsnaz para operaciones políticas en el extranjero, un hecho que se está convirtiendo en una pesadilla para Occidente.

Irán lleva empleando un modelo muy particular de fuerzas de operaciones especiales para influir de forma discreta y poco clara en la esfera internacional desde hace decenios. El departamento 400 (unidad Misaq) de los Quds de la Guardia Republicana iraní, con responsabilidad de realizar operaciones especiales en el extranjero ha experimentado una expansión en los últimos años, especialmente a raíz de los conflictos de Siria y Yemen. Lugares donde Irán ejerce un notable dominio. Su trabajo se realiza de manera indirecta mediante milicias, insurgencias y tribus afines. En Siria, los Quds iraníes han apoyado las operaciones de las fuerzas militares locales y los ataques aéreos rusos a través de milicias como el grupo libanés Hezbollah

Además de en Siria, los Quds apoyan grupos de muy distinta naturaleza en países como Iraq, Líbano, Yemen y Afganistán en un intento por establecer un corredor terrestre a través de la región e incrementar su capacidad de mover combatientes, material y equipo de un teatro a otro.

Irán valora la guerra irregular como un elemento crítico en su competición contra Estados Unidos y otros actores estatales en la región. Gracias a la asistencia militar proporcionada por los Quds, muchas milicias e insurgencias de los países orientales han logrado mejorar significativamente sus capacidades militares en áreas de misiles y de drones aéreos. No obstante, la asistencia militar de las fuerzas de operaciones especiales iraníes se extiende también a otras aspectos como la inteligencia, adiestramiento, equipamiento militar en general, apoyo económico a actores estatales y no estatales, ejecución de asesinatos selectivos, llevar a cabo ciberataques y proporcionar ayuda humanitaria.

 

Actividades relevantes

Las fuerzas de operaciones especiales se llevan a cabo en entornos políticos o diplomáticos muy sensibles y están caracterizadas por tener naturaleza encubierta o secreta, baja visibilidad, realizar su trabajo con fuerzas locales (indígenas), estar orientadas regionalmente y disponer de profundo conocimiento cultural del área donde actúan, así como asumir un alto grado de riesgo.

Pueden llevar a cabo las siguientes categorías genéricas de actividades:

  • Operaciones de precisión sobre objetivos seleccionados
  • Respuesta de crisis
  • Trabajo y apoyo con fuerzas locales (estatales y no estatales)
  • Facilitar una valoración precisa y contrastada de la situación (comprensión de la situación)
  • Forjar vínculos y lograr influencia con actores y agentes locales (enlace con actores de distinta naturaleza)

Las dos primeras actividades conllevan un enfoque directo de empleo de las fuerzas de operaciones especiales. Se incluyen en ellas, entre otras, la realización de acciones directas y misiones de contraterrorismo. En estos casos, las fuerzas de operaciones especiales con elevado grado de adiestramiento y capacidad de despliegue instantáneo actuarían con el propósito principal de ganar tiempo y espacio para otras actividades desarrolladas en la «Zona Gris» de mayor recorrido que aporten resultados duraderos en el tiempo.

Las tres actividades siguientes forman parte de la clasificación de actividades que configuran un enfoque indirecto de empleo de estas fuerzas. Sus operaciones se llevarían a cabo en contacto con la población y también, mediante, con y a través de fuerzas locales para lograr efectos de carácter estratégico y operacional.

El trabajo con las fuerzas locales se desarrolla proporcionando distintas categorías y escalas de adiestramiento militar. Ese adiestramiento puede ir dirigido a dos tipos de audiencias diferentes de fuerzas locales.

Por un lado, en beneficio de actores estatales, fuerzas de seguridad, militares o policiales, de un gobierno legalmente constituido. Por otro lado, la asistencia militar puede dirigirse a actores no estatales, movimientos de resistencia indígenas, milicias, partisanos u otras fuerzas de carácter paramilitar, que combaten a regímenes que actúan contra su propia población de forma violenta, vulnerando los derechos humanos e imposibilitando una vida pacífica a su propia ciudadanía.

Las actividades del enfoque indirecto requieren operadores no solo muy capaces en las habilidades del combate tradicional de las fuerzas de operaciones especiales, sino muy especialmente en leguaje local, conocimiento cultural de hábitos, costumbres, psicología y sociología local, formas de comunicación no verbal, etc.

De todas las actividades citadas las que mejor definen la actuación de las fuerzas de operaciones especiales en el conflicto en la «Zona Gris» son las de trabajo y apoyo con fuerzas locales, ya sean fuerzas de seguridad o movimientos de resistencia indígena contra una potencia hostil o contra regímenes que causan sufrimiento y penalidades a sus poblaciones.

Las actividades orientadas al entono de influencia humano en escenarios de difícil acceso, prohibidos o en disputa, son verdaderamente exclusivas de las fuerzas de operaciones especiales y ninguna otra fuerza las puede llevar a cabo. En esos escenarios, solo las de operaciones especiales se hallan específicamente adiestradas y equipadas para realizar los cometidos de asistir, adiestrar, asesorar y emplear combatientes de resistencias locales y otras fuerzas irregulares para actuar en beneficio de los intereses de seguridad nacional.

 

Capacidades

Articular nuevos conceptos y doctrinas de empleo de fuerzas de operaciones especiales en la «Zona Gris» requiere en primer lugar, implantar una cultura de mayor discreción y baja visibilidad en el uso de la fuerza, asumiendo el papel que estas fuerzas pueden desempeñar fuera de la tradicional idea de conflicto armado y apoyando su empleo en un marco legal adaptado a las necesidades, similar al de los ejércitos occidentales de nuestro entorno.

Dicha cultura de mayor confidencialidad y un nuevo enfoque doctrinal deben respaldarse con estructuras que favorezcan el empleo eficaz, rápido y discreto de estas fuerzas de una manera directa. Las soluciones adoptadas por los países de nuestro entorno pasan por evitar cadenas jerárquicas con muchos escalones intermedios que ralentizan un proceso de disponibilidad instantáneo, colapsan administrativamente la toma de decisiones y aumentan el ya de por sí alto riesgo de ruptura del secreto a unas operaciones de gran sensibilidad política y muy peligrosas para la misión y las fuerzas que las ejecutan.

La inteligencia estratégica, en especial la Inteligencia Humana (HUMINT) de fuentes que proporciona un producto de calidad contrastado e indispensable para lograr un entendimiento profundo de la situación, en escenarios prohibitivos para cualquier otra fuerza o elemento militar, por su riesgo y alejamiento de apoyos propios, constituye una capacidad crítica en la «Zona Gris». Algo similar sucede con la contrainteligencia, difícil de llevar a cabo si no es a través de operadores con una alta capacidad de supervivencia y adiestramiento para trabajar en entornos aislados.

Es importante también desarrollar una red de contactos de influencia a través de acciones de seguridad cooperativa, programas de intercambio de oficiales extranjeros, creación de oportunidades académicas de enseñanza, investigación e innovación, así como destinos de especial responsabilidad en áreas regionales de interés.

Se precisa igualmente profundizar en la comprensión de los movimientos de apoyo social, las dinámicas de resistencia civil y como se pueden implementar acciones no convencionales (no cinéticas) en estos entornos.

Las fuerzas de operaciones especiales deben ampliar su educación, adiestramiento incorporando nuevas competencias como por ejemplo: el entendimiento de movimientos sociales; estudios de cultura e historia locales y regionales; dominio de idiomas; adiestramiento en técnicas de guerrillas y contraguerrillas (creación y preparación de redes discretas); disponer de aptitudes en métodos y herramientas CEMA (ciber-electromagnético) en entornos de acciones no convencionales, limitadas y de bajo nivel; entendimiento de las lógicas de las operaciones de influencia; disponer sólidas capacidades de negociación y comunicación; conocimiento de las dinámicas de movilización popular; disponer de adiestramiento en análisis sociocultural y de redes sociales.

Las dinámicas del conflicto en la «Zona Gris» destacan la necesidad de las fuerzas de operaciones especiales de reforzar sus capacidades para penetrar y sobrevivir en áreas denegadas por el adversario, alejadas y aisladas de apoyos propios, así como ser capaces de llevar a cabo sus cometidos principales durante largos periodos en situaciones de muy alto riesgo.

Raimundo Rodríguez Roca es General de Brigada y Jefe del Mando de Operaciones Especiales (MOE) del Ejército de Tierra español. Es Doctor de Ciencia Política con una tesis sobre innovación militar por la Universidad de Granada.


[1] El campo de adiestramiento de la Compañía Militar privada Wagner podría hallarse anexo a la base de la 10º Brigada de Spetsnaz del GRU en Molkino (Krai de Krasnodar), Rusia.

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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