F-22, ¿la última revolución?

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El Raptor ya está en servicio y sus vuelos están demostrando que se cumplen las expectativas creadas. El nuevo caza de superioridad aérea estadounidense combina varias novedades que lo hacen un aparato prácticamente imbatible.

Esas novedades no se refieren al armamento, que es para muchos lo más espectacular de los aviones de combate. En realidad, el F-22 posee el cañón del F-18 y emplea armamento estandarizado (AMRAAM, Sidewinders, GBUs y JDAMs, fundamentalmente). Sin embargo, la combinación de una serie de características lo hacen único.

Entre ellas destacan a) su diseño stealth, basado más en los materiales compuestos anti-radar con los que está fabricado que en el diseño en sí mismo; b) la capacidad para llevar a cabo vuelos supersónicos sin emplear la post-combustión, con el lógico ahorro de combustible y el menor desgaste del aparato motor que eso conlleva. Según fuentes, esa velocidad, denominada de "supercrucero" en el argot, podría cifrarse entre Mach 1.6 y Mach 1.8. y c) el empuje vectorial, proporcionado por la inclinación de hasta 20º de sus toberas, lo cual favorece una gran maniobrabilidad, especialmente útil para el combate cercano.

La combinación de esos tres factores hacen del Raptor un avión muy difícil de detectar y destruir, tanto desde tierra como desde el aire. En este sentido, es un aparato que está con el signo de los tiempos. Y una excelente transición hacia los futuros cazas no tripulados. Eso sí, al "módico" precio de unos 120 millones de euros (20.000 millones de las antiguas pesetas) cada unidad. Hoy en día es posible construir un LPD similar a nuestros Galicia y Castilla por el precio de dos F-22.