Evolución de la doctrina militar: La blitzkrieg (II)

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El caso británico fue diferente. Como se ha comentado, el Ejército británico mantuvo un importante debate interno entre los defensores y los detractores del carro de combate. Los defensores del carro de combate partían de la base de que los problemas detectados en el carro de combate eran puramente circunstanciales y que el desarrollo tecnológico sería capaz de superarlos. Sus detractores creían que el carro de combate sólo era útil en un tipo de guerra que creían que no se repetiría.

En este debate se mezclaron elementos ajenos a los puramente tácticos: los oficiales jóvenes, que habían sufrido en primera persona los horrores de la guerra de trincheras, se negaban - como Liddell-Hart o Fuller - a aceptar sin más esa forma de combate como la única posible, sin intentar buscar alternativas mejores. Además de ello, tras la guerra, el generalato británico fue muy criticado en el seno de la sociedad británica por su conducción del combate, haciendo responsables a los jefes británicos de las enormes bajas sufridas. Aparece entonces el mito de los ‘leones dirigidos por burros’, subrayando el valor de las tropas frente a la percibida incompetencia de sus jefes, mito que nace entre las filas del propio Ejército británico (la expresión Lions Led by Donkeys fue el título de un popular libro publicado en 1927 por el Capitán P.A. Thompson).

En ese ambiente, cualquier novedad que prometiese erradicar esas costosísimas tácticas era bienvenida entre la parte más joven de la oficialidad, más aún cuando, como en el caso del carro de combate, había voces (como la de Fuller) que culpaba a los generales británicos (singularmente a Douglas Haig) de no haber explotado durante la guerra las posibilidades de estos ingenios. En consecuencia, el debate sobre el uso del carro de combate tenía connotaciones políticas y generacionales que excedían con mucho los razonamientos tácticos. Por ello el debate se radicalizó hasta el extremo (a Liddell-Hart le costó el retiro obligatorio; Fuller defendía la abolición de las Armas tradicionales y la creación de otras nuevas, concebidas alrededor del carro de combate), y por ello también el triunfo de los defensores de los carros (parcial y debido en gran medida al relevo generacional en la jefatura del Ejército británico) fue necesariamente incompleto, y no siempre bien comprendido incluso por sus defensores.

A estas tensiones internas se sumó la permanente crisis presupuestaria del Ejército británico en el periodo de entreguerras, que le llevó a la pérdida de la vanguardia tecnológica en el desarrollo de carros de combate, que había ostentado hasta entonces (como se ha comentado, prácticamente todos los modelos de carros de combate diseñados en el periodo de entreguerras en todo el mundo eran copia o imitación de modelos británicos).

Como se ha citado, la tendencia a la motorización se vio impulsada por la independencia de Irlanda, principal fuente de caballos para el Ejército británico, enmarcada en una reducción generalizada del número de caballos a nivel mundial, principalmente debida a la urbanización y al desarrollo de los transportes a motor. Sin embargo, pese a esta reducción, Estados Unidos, Alemania o la Unión Soviética seguían teniendo suficientes caballos para sus Fuerzas Armadas, por lo que la presión hacia la motorización no fue tan grande como en el caso británico.

Como consecuencia de esa política de motorización y del hecho de disponer de una gran experiencia en el diseño y uso de medios acorazados, en 1939, el Ejército británico disponía de medios acorazados muy modernos. Sin embargo, carecía de ideas claras sobre su empleo. Esta falta de claridad de ideas se manifestó, entre otras cosas, en el fracaso del Ejército para conseguir implicar a la RAF en este desarrollo doctrinal, mientras que la Aviación tenía un papel clave en el concepto de la blitzkrieg alemana. El ejército británico (el único completamente motorizado en 1939) no supo aplicar una doctrina coherente de guerra móvil al iniciarse la Segunda Guerra Mundial (y hasta bien entrado el conflicto).

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.