Evolución de la doctrina militar: La blitzkrieg (I)

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Quizá la principal innovación de la Segunda Guerra Mundial fue el nacimiento del concepto moderno de guerra acorazada, conocido popularmente por el término propagandístico blitzkrieg (‘guerra relámpago’), si bien nunca se denominó oficialmente así (el término doctrinal alemán equivalente sería el de Bewegungskrieg o ‘guerra de movimiento’). 

Las circunstancias concretas del nacimiento de la blitzkrieg son un tema controvertido. En cualquier caso, el carro de combate nace para solucionar el problema táctico de la vulnerabilidad de la Infantería y su escasa movilidad táctica en un campo de batalla dominado por la potencia de fuego y el movimiento de las reservas mediante camiones o por ferrocarril.

La experiencia aliada de empleo de los carros había sido común a británicos y franceses: los carros de combate se habían revelado lentos, poco fiables mecánicamente, con tendencia a quedarse atrapados en fosos y cráteres y muy vulnerables al fuego artillero. Cuando habían intentado operar sin apoyo de fuegos, su potencia de fuego se había revelado insuficiente para enfrentarse a una Infantería bien atrincherada y apoyada por Artillería.

Por su parte, los alemanes apenas tenían experiencia propia sobre el uso de los carros, pero habían quedado muy impresionados por su utilidad potencial. Al no disponer apenas de carros propios (excepto la veintena de pesados, lentos y vulnerables A7V y las pocas docenas tomadas al enemigo), muchos de sus inconvenientes les habían pasado desapercibidos.

Ya en enero de 1918, el General Ludendorff publicó una primera doctrina acorazada (denominada Anleitung für die Verwendung von Sturm-Panzerkraftwagen-Abteilungen o Guía para el empleo de las Secciones de Carros de Asalto, publicada el 18 de enero de 1918), que, en líneas generales, mantenía las ideas aliadas sobre el empleo de estos medios, dando al carro el papel de auxiliar de la Infantería. El Ejército alemán consiguió desplegar hasta nueve compañías de cinco carros cada una (en su inmensa mayoría, carros británicos capturados), agrupadas en Abteilungen de tres Compañías. Dada su escasez, solían actuar por Compañías aisladas, y solo en abril de 1918, en Villiers-Bretonneux, consiguieron desplegar un Abteilung con trece carros, su mayor concentración por parte alemana durante la guerra. Sin embargo, habiendo sufrido en carne propia su acción, sus posibilidades no les eran ajenas. Los alemanes creían que los carros de combate podían alcanzar la ansiada ruptura en profundidad que habían estado buscando desde 1914.

En el campo aliado, pese a esa experiencia común, franceses y británicos tomaron caminos opuestos. Los franceses consideraron que los problemas del carro de combate eran inherentes al propio concepto, por lo que su utilidad no podría ser otra que la que había tenido en la Gran Guerra. En el modelo francés, la finalidad del carro de combate era la de abrir paso a su Infantería, abriendo brechas en las alambradas, y proteger a los infantes durante el combate en el interior de la posición defensiva enemiga, destruyendo los puntos de resistencia (nidos de ametralladoras, pequeñas fortificaciones) que pudieran quedar después del bombardeo artillero... Para ello, los carros se distribuían equitativamente entre las Divisiones de Infantería atacantes, asignando un cierto número de carros a cada División, que, a su vez, los distribuía equilibradamente entre sus Regimientos de Infantería. El carro era para los franceses un arma de apoyo a la Infantería, y, como la propia Infantería, subordinaba su ritmo de avance al desplazamiento de la barrera móvil creada por la Artillería. Los diseños franceses de la posguerra reflejaban esas características.

Char de Bataille B-1 bis, preservado en Stonne (Francia). El B-1 era, en teoría, superior a los Panzer alemanes, pero la doctrina de empleo francesa era completamente inadecuada, lo que llevó a un diseño con importantes desventajas técnicas. El 16 de mayo de 1940, el carro de la foto destruyó en solitario en una emboscada trece carros Pz-III y Pz-IV, recibiendo hasta 140 impactos, que resistió su pesado blindaje.

Como ejemplo, el principal carro francés en 1940 era el Char de Bataille B-1 bis. Era un carro lento (no es necesaria la velocidad para ir al paso de la Infantería), pesadamente acorazado (para resistir los impactos de la Artillería enemiga), armado con un cañón de 75 mm situado en la parte frontal del casco (los objetivos posibles aparecerían siempre a vanguardia, pues el avance se haría en líneas y a los flancos sólo habría Infantería y carros propios), junto con otro cañón de 47 mm en una torreta giratoria, como arma secundaria pensada para destruir objetivos móviles (otros carros enemigos) o inesperados y un par de ametralladoras (para batir a la Infantería enemiga).

Su torre sólo tenía espacio para un hombre, que debía ejercer de Jefe de Carro y de cargador y apuntador del cañón de 47 mm; si, además, era el Jefe de la Unidad de carros, también debía mandar su Unidad. El B-1 bis fue equipado inicialmente con equipos de radio ER-52 y 53, que empleaban señales tipo Morse, aunque posteriormente comenzaron a recibir equipos ER-51, de voz, pero el ruido del motor hacía casi imposible su empleo en marcha. Los carros de los Jefes de Compañía y de Batallón disponían de un equipo ER-55, también de señales morse en lugar de voz, pero más potente, para enlazar con los escalones superiores. El tiempo necesario para codificar y decodificar los mensajes hacía que los equipos de radio tuvieran una utilidad muy limitada una vez la unidad entraba en combate. En el momento de su concepción, no se concebía el empleo de los carros de forma separada de la Infantería. La larga vida operativa del gran número de carros Renault FT-17 (modelo concebido para ese papel de apoyo a la Infantería y escasamente adecuado para ninguna otra función) disponibles después de la Primera Guerra Mundial y su adscripción al Arma de Infantería al final de ese conflicto no hizo más que reforzar esta forma de concebir el empleo de los carros de combate.

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.