Evolución de la doctrina militar: España y la Guerra Civil (V)

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La Guerra Civil introduce una novedad organizativa destinada a perdurar: la organización en ‘Brigadas Mixtas’. Como se ha citado, esta organización se propuso casi desde el momento en que se definió la ‘División orgánica’ en 1925, y se fue adoptando en las Brigadas de Montaña (creadas en mayo de 1931, y compuestas de dos ‘Medias Brigadas’ de Infantería a dos Batallones cada una, un Regimiento de Artillería - con dos Grupos de obuses -, una Compañía de Zapadores, un Grupo de Transmisiones y un elemento de apoyo logístico).

Cuando el gobierno republicano decide crear un ‘nuevo Ejército’, opta por organizarlo sobre la base de ‘Brigadas Mixtas’, compuestas, en su estructura inicial del 18 de octubre de 1936, de un Cuartel General, cuatro Batallones de Infantería, un Escuadrón de Caballería, un Grupo de Artillería de campaña, un Grupo mixto de Zapadores y Trasmisiones, y unidades de servicios. La organización en Brigadas Mixtas permitía un más rápido despliegue de unidades, puesto que las comparativamente pequeñas Brigadas (unos 3.800 efectivos) podían organizarse y equiparse sin tener que esperar a disponer de la totalidad de los más de 20.000 efectivos de la ‘División orgánica’ para poder iniciar sus operaciones.

Este factor era fundamental en un momento en que el avance del Ejército nacional amenazaba con ocupar la capital, mientras que las apresuradamente organizadas, poco disciplinadas e inexpertas milicias se mostraban incapaces de frenar el avance del Ejército nacional. Las Brigadas Mixtas, en su concepción teórica, desplegaban nada menos que 108 ametralladoras ligeras y 36 pesadas. Sin embargo, la continua expansión numérica del Ejército republicano, el reducido control del Gobierno republicano sobre los recursos disponibles (en manos en muchos casos de partidos y sindicatos) y las pérdidas en combate fueron reduciendo paulatinamente el equipamiento de estas Brigadas: en 1937, las ametralladoras se redujeron a 98 ligeras y 32 pesadas y en 1938 el Grupo de Artillería quedó reducido a una sola Batería, y se redujeron de nuevo las ametralladoras a 24 de cada tipo.

Estructura teórica de la Brigada Mixta del Ejercito Popular (octubre de 1936)

En el Ejército republicano, la División era una Unidad de composición variable, que, bajo un Cuartel General, solía agrupar tres Brigadas Mixtas y algunas unidades menores (un Grupo de Artillería, un Batallón de Ametralladoras…). La función de la División era coordinar la acción de sus Brigadas, cada una de ellas capaz de ejecutar una acción independiente, lo que daba, en teoría, una enorme flexibilidad al conjunto.

Las aparentes ventajas de esta organización no se tradujeron en una mayor eficacia en combate. Las razones para ello nacen, más que del propio concepto de la Brigada Mixta, de las condiciones particulares del Ejército republicano:

  • Cada Brigada requería un Cuartel General capaz de planear y ejecutar operaciones interarmas independientes, mientras que la disponibilidad de mandos preparados para esas labores en el bando republicano era muy limitada. En consecuencia, la organización en Brigadas dispersó al ya escaso número de Oficiales capaces de ejercer estas funciones, lo que hizo bajar la calidad general de todos los Cuarteles Generales y la eficacia de cada una de las Brigadas.
  • La falta de mandos artilleros hizo que técnicas de tiro complejas (como el tiro indirecto) no fuesen posibles, lo que llevó a un empleo fraccionado de la Artillería, que nunca llegó a organizar las grandes masas de fuegos centralizados de la Gran Guerra, ni siquiera a menor escala. En consecuencia, la Infantería republicana nunca llegó a recibir un apoyo de fuego eficaz, lo que se tradujo en grandes pérdidas. Además de ello, la Artillería disponible era escasa y heterogénea, y muchas veces se componía de piezas incapaces de ejecutar otra técnica que la del tiro en puntería directa.
  • El fraccionamiento político del Ejército republicano hizo también que los apoyos entre Brigadas organizadas sobre milicias de distinto signo político fuesen complejos. De la misma forma, cuando el desgaste de los Batallones de infantería obligaba a retirar del frente a la Brigada, sus todavía eficaces apoyos (los Zapadores o el Grupo de Artillería) tendían a permanecer en retaguardia, ‘reconstituyéndose’ junto con su Infantería, antes que apoyar a otra Brigada de distinta filiación política.
  • El Ejército republicano siempre careció de mandos intermedios, por lo que estuvo permanentemente aquejado de problemas de disciplina. Las unidades republicanas carecían de iniciativa en ausencia de órdenes y tendían a derrumbarse ante la presión enemiga. Los osados e imaginativos planes del Estado Mayor Central del General Vicente Rojo siempre estuvieron fuera de la capacidad de ejecutarlos de las unidades de la República.
  • Los carros soviéticos – los medios más poderosos de toda la guerra – quedaron centralizados bajo mando soviético. Su intervención en combate rara vez se coordinaba con los mandos republicanos españoles, lo que hacía imposible planear operaciones que combinasen la acción del resto de las Armas con los carros. En estas condiciones, no es sorprendente que su rendimiento fuese muy pobre.

En su conjunto, pese a la leyenda popular, la Guerra Civil nunca se concibió como un ‘laboratorio’ para experimentar nuevas armas o ideas tácticas. Sin embargo, por razones obvias, los diferentes Ejércitos que apoyaron a cada uno de los dos bandos (soviéticos a la República y alemanes e italianos a Franco), intentaron poner en ejecución sus propias ideas doctrinales, desarrolladas esencialmente en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Y el resto de naciones avanzadas recogieron e interpretaron - con mejor o peor fortuna – las experiencias de los combates en España. No obstante, las especialísimas condiciones del conflicto español y los desarrollos internacionales (como las citadas ‘purgas’ de Stalin) afectaron de forma decisiva al desarrollo de los combates, distorsionando los efectos de las doctrinas y de las armas empleadas, llevando a interpretaciones erróneas de lo ocurrido en España. No es sorprendente que las lecciones extraídas – incluso por observadores muy competentes – fueran poco concluyentes.

Como ejemplo, la vulnerabilidad de los carros soviéticos T-26 – nacida de su escaso blindaje – fue considerada por los franceses como una validación de su propio concepto de carro pesado de apoyo a la Infantería (materializado en la producción del Char de Bataille B-1) y como una confirmación de sus ideas de que los carros eran excesivamente vulnerables para ejecutar operaciones profundas sin el apoyo de su Infantería y su Artillería.

Por su parte, los soviéticos consideraron que los fracasos de sus tímidos intentos de aplicación de las ideas doctrinales del PU-36 confirmaban la necesidad de retornar a los métodos ‘ortodoxos’ que el ‘traidor’ Tukhaschevski había suprimido. Sin embargo, las lecciones sobre la vulnerabilidad de sus carros supusieron un importante acicate para potenciar la producción de los exitosos T-34 y KV-1.

Quizá los que extrajeron las mejores lecciones del conflicto español fueron los alemanes. Por un lado, porque el pobre papel jugado por sus Panzer I confirmaba la necesidad de dotarse de carros más pesados y provistos de cañón; por otro, porque consideraron acertadamente que los repetidos fracasos de los  intentos de penetración en profundidad de los carros soviéticos en la retaguardia de las tropas nacionales, se debía a la falta de cooperación y de movilidad de la Infantería y la Artillería republicanas, más que a una doctrina equivocada; que una emboscada contracarro en la zona donde el enemigo había roto el frente era sumamente eficaz contra los ataques de carros sin apoyo de Infantería; y – quizá la lección más importante -, que la Aviación era extraordinariamente eficaz contra tropas motorizadas, al estar limitado su movimiento a las carreteras. Todos estos elementos fueron piezas fundamentales en el concepto alemán de la blitzkrieg.

Para el Ejército español, la Guerra Civil apenas supuso una pequeña modernización de doctrina, llevándolo al nivel alcanzado en Europa en 1918. En realidad, el Ejército de Franco había vencido con cierta holgura en todos sus enfrentamientos con los republicanos, incluso frente a materiales muy modernos, como los carros T-26 y BT-5. Como consecuencia, las lecciones extraídas fueron escasas. El impacto doctrinal fue tan limitado como para seguir manteniendo la estructura ‘cuaternaria’ de la División, cuando toda Europa había adoptado ya alguna versión de la estructura ‘triangular’. Los carros disponibles (esencialmente, T-26 capturados) se asignaron al Arma de Infantería y no se preveía otra función para ellos que el apoyo a los infantes a pie en la ruptura del frente (a semejanza de los franceses y en coherencia con el uso que hicieron de ellos alemanes y soviéticos durante el conflicto). La Caballería siguió manteniendo esencialmente unidades a lomo…

Carlos Javier Frías es Coronel Jefe del Regimiento de Artillería Antiaérea 73, con sede en Cartagena, España.