Europa también avanza hacia el futuro: primer vuelo del Neuron

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El demostrador nEUROn (o Neuron, sin más) ha realizado su primer vuelo en Istres (Francia). Se trata del resultado de un esfuerzo que merece la pena reseñar. Por una parte, porque estamos ante una tentativa de la industria europea de armamento (aunque ése es, en sí mismo, un concepto bastante abstracto) de forzar la marcha para llegar a poner en el mercado, en un futuro ya no tan lejano, un auténtico UCAV. Es decir, un avión de combate no tripulado que no nace como evolución de un UAV destinado a labores de inteligencia. O, dicho de otro modo, un robot aéreo que debería volar con todos los elementos propios de un cazabombardero (concepto también algo etéreo)… salvo el piloto. En este sentido, para empezar, no viene a competir con los célebres drones actualmente empleados por los Estados Unidos en escenarios como Afganistán (con los Predator y Reaper como paradigma), sino con el prototipo X-47B de Northrop-Grumman.

Dicho lo cual, ¿de qué estamos hablando?, ¿dónde radica la importancia del proyecto Neuron?, y ¿hasta qué punto el proyecto es tan novedoso? Estas preguntas deben permitirnos responder a las abstracciones detectadas en el párrafo anterior. Por una parte, el proyecto Neuron ha sido capaz de aglutinar a varias de las más importantes empresas europeas del sector. Siendo muchas de ellas ya, de hecho, resultado de anteriores fusiones. Así, bajo liderazgo de Dassault, la colaboración de EADS, de Alenia-Aermacchi, de Thales o de Saab (entre otras), constituye un aldabonazo a las pretensiones de ese auténtico OVNI llamado industria europea de defensa. Aunque quede fuera, sobre todo, BAeSystems. Empresa que, por lo demás, pronto va a impulsar el primer vuelo de su propia alternativa: el Taranis. Por lo visto, la alianza estratégica entre Francia y el Reino Unido, formalizada a finales del 2010 por Sarkozy y Cameron, no alcanza a unir esfuerzos en este tema. Aun así, el elenco de grupos empresariales reunidos en torno al Neuron es muy significativo.

Por otro lado, cuando se alude a UCAVs todo suena a posmoderno. Pero no nos engañemos. En realidad, si nos centráramos en las prestaciones del demostrador, sin comentar nada de la ausencia de piloto, para luego explicarle esas prestaciones a un piloto de, digamos de la década de 1960 o, quizá, de la de 1970, ese piloto no notaría nada espectacular. A lo sumo diría que, al volar a Mach 0.7 o a Mach 0.8 y al transportar una tonelada y media de armas lanzables… el Neuron podría ser un buen competidor de cualquier aparato de segunda división de su época. Quizá un poco por debajo del A-37. Quizá equiparable al MB-326. De hecho, sus capacidades son casi equivalentes a las de nuestro querido y entrañable “culopollo”, es decir, al C-101 Aviojet. Unos aviones bastante inútiles como cazas (podría eliminarse el adverbio) pero razonablemente capaces de operar como aviones de apoyo táctico, sobre todo en operaciones COIN. Especialmente si los antagonistas están mal dotados (o, simplemente, no dotados) de medios antiaéreos.

El Neuron, sin embargo es, como cabía esperar, un avión transgeneracional. Porque si ese mismo piloto viese una fotografía del demostrador, ya vería que algo (importante) ha cambiado. En este caso se encontraría más cómodo, de todos modos, un piloto de finales de la década de 1980. En efecto, su tecnología stealth, acusada en su forma poco convencional, sin empenaje de cola (ni timón/es de dirección ni de profundidad); por la renovada (en sí muy vieja) apuesta por lanzar armas portadas desde bodegas interiores; o por el empleo de materiales compuestos capaces de absorber, en buena medida, las señales de radar enemigas, le serían familiares. Todo ello redunda en el concepto to see without being seen. Y, unido a las contramedidas oportunas, ya facultaría al Neuron para ser mucho más de lo que jamás pudieron ser esos resultones aviones de entrenamiento y (quizá) ataque del párrafo anterior. Al menos como avión de ataque al suelo. Pero de eso también hace ya veinticinco años (¡cómo pasa el tiempo!).

Al final, el diseño del Neuron se basa en los logros de la primera generación de aviones de combate stealth. Aunque, dicho sea de paso, recuerda mucho más al del B-2 que al del F-117. De hecho, es “casi” una reproducción –en pequeño- de ese bombardero furtivo, con esas dos décadas de diferencia. No lo recuerda con exactitud dado que, pese a su forma en W, el Neuron tiene aproximadamente la misma longitud que envergadura, mientras que en el B-2 la segunda más que dobla a la primera. Por otro lado, con lo comentado hasta ahora ya se deduce que la carga de bombas de uno y otro avión son muy diferentes, en favor del B-2. Claro. Entre otras cosas, porque también lo son esa envergadura y su potencia motor. Todo eso es verdad. Ahora bien, también lo es que una vez desarrollado un demostrador, la historia nos dice que el “salto” hacia su alter-ego (en este caso, un auténtico UCAV, plenamente operativo) que ya cuente con mayor carga alar, más potencia y mayor autonomía suele ser… bastante más fácil. De ahí la importancia del salto cualitativo que se está dando (en gerundio).

Al final todo dependerá, por supuesto, de los presupuestos. Pero también de las presiones ejercidas desde otros lares (me refiero al estadio actual de la historia y de la sociología, en un contexto de revolución socio-militar posmoderna). Por lo tanto, habrá, como casi siempre, presiones en contra. Pero también las habrá a favor de que este proceso desemboque en un avión capaz de engrosar las líneas de vuelo de los escuadrones de las fuerzas aéreas de varios países europeos en las próximas décadas. De lo que no cabe duda es que el Neuron acaba de entrar en la historia. Con sus aspectos más modestos, con otros más modernos y con un último totalmente innovador (posmoderno) cual es la ausencia de un piloto donde antes había una cabina… algo que habría logrado que hasta los aeronautas de la década de 1980 se frotaran los ojos.