Estado Mukhabarat: Inteligencia y violencia política en Siria

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Análisis GESI 13/2017

Resumen: Los servicios de inteligencia en Siria (Mukhabarat) son una pieza esencial para la pervivencia del régimen, ya que desde su creación se han centrado en combatir a los enemigos del régimen y procurar el mantenimiento de los Al Assad en el poder. Este documento establece una contextualización histórica, seguido de un análisis de su importancia en el conflicto sirio y en futuras negociaciones de paz.

 

Introducción

Todo Estado requiere de servicios de inteligencia cuyo cometido fundamental sea la recopilación y análisis de información con el objetivo de salvaguardar la seguridad nacional. En el caso de un régimen de carácter no democrático, su papel se ve incrementado debido a la necesidad de los aparatos de gobierno de mantener un control no sólo acerca de aquello que pueda suponer un peligro para la seguridad del país, sino para la integridad de la propia estructura del régimen.

En Oriente Próximo, los servicios de inteligencia -Mukhabarat- constituyen un actor fundamental en el sistema político a la vez que un instrumento de poder. Esto es debido a que en muchos de ellos cuentan con  una amplia capacidad de actuación y un acceso a información y financiación casi ilimitado.

Fuerzas de seguridad de la Mukhabarat durante las revueltas de la ciudad de Dar'a, Marzo de 2011 (Fuente: Hussein Malla, AP)

En el caso de Siria nos encontramos con que las estructuras de inteligencia constituyen en sí mismas un eficiente y represivo aparato de seguridad. Éstas son tan necesarias para el mantenimiento y pervivencia del régimen, que se puede considerar Siria como un Estado Mukhabarat (Haddad, 2012; Hudson, 1999).

El presente análisis tiene como objetivo estudiar en profundidad el rol y la trascendencia con la que cuentan estos organismos en el régimen sirio, así como su papel en el control de la sociedad, las fuerzas armadas, las estructuras del régimen o en un contexto de guerra como el actual.

 

La inteligencia siria como contrapeso a los militares y al Baaz

El régimen sirio posee unas características propias que lo hacen completamente diferente de cualquier otro tipo de gobierno en Oriente Próximo. En este modelo político, se puede apreciar una preeminencia absoluta de la familia Al Assad sobre todas las estructuras de poder del Estado. Esto es debido al rol jugado durante décadas en Siria, al contribuir a la conformación y consolidación del Estado, dotándolo de una estabilidad política que no había sido posible en el país desde la caída del Imperio Otomano.

En 1963, el Partido Baaz (Partido del renacimiento árabe socialista) lleva a cabo en Siria una revolución que triunfa, trayendo consigo múltiples cambios en todos los niveles. Esto fragmenta por completo las dinámicas existentes hasta el momento en el país, alterando las cuotas de poder de las diversas confesiones religiosas, provocando un desplazamiento de la burguesía urbana de adscripción suní y posicionando en el poder a grupos minoritarios como alawitas, cristianos, drusos y suníes de origen rural, todos ellos articulados mediante el potencial ideológico y político del Baaz (Hinnebusch, 1990).

La revolución del Baaz debe ser considerada como una revolución en el sentido más marxista del término, en la que aquellos que cuentan con los instrumentos de ejercicio del poder como eran los militares, procedentes en su mayoría de estos grupos tradicionalmente marginados, se hicieron con los medios de producción, así como con la hegemonía ideológica y política (Hinnebusch, 1982).

Una de las figuras más relevantes en este proceso, tanto en el desarrollo de la revolución, como en la consolidación del consecuente estado revolucionario fue Hafez Al Assad. Este militar de la Fuerza Aérea, alawita originario de la Latakia rural, logró rápidos ascensos en el escalafón, que le otorgaron una posición privilegiada a la hora de hacer la revolución en 1963, llegando a ser Primer Ministro en 1970 y Presidente en 1971 mediante un golpe de Estado contra una facción rival del Baaz.

El líder sirio contó en su llegada al poder con el apoyo fundamental de unas fuerzas armadas hasta el momento leales, pero de mayoría sunní, así como con un Partido Baaz que recientemente había roto relaciones con el Baaz iraquí por diferencias de proyecto político y que el partido, centrado en la lucha revolucionaria nacional se encontraba profundamente condicionado por la ideología. En el exterior, contaba con el apoyo de los saudíes, que aportaron fondos para la progresión de la economía siria, así como de la URSS, que aportó logística, instrucción y asesoramiento técnico y militar para la conformación de unas fuerzas armadas modernas que respaldasen al régimen de Damasco (Hinnebusch, 2014).

Debido a que Hafez Al Assad había dado un golpe de Estado con el apoyo de ambos sectores, conocía el riesgo que corría en el poder al estar condicionado por los designios e intenciones de éstos. En una maniobra reflexiva y propia de su personalidad cauta y habilidosa, decidió crear una Mukhabarat fuerte, sólidamente cohesionada y dirigida por miembros de la confesión alawita pertenecientes a su clan familiar, quienes sabía que no iban a volverse en su contra al respetar la lealtad familiar que les unía.

Así estableció el tercer pilar del régimen. Mientras que el apoyo de los militares le garantizaba un control amplio sobre el partido Baaz, la Mukhabarat le permitía controlar a los militares. Con un servicio de inteligencia cohesionado, compuesto por personas de su máxima confianza y unidos a él por vínculos sectarios y familiares, consolidó su poder durante treinta años y posibilitó la sucesión de su hijo en el cargo en el año 2000.

Por otro lado, con respecto a los repartos de responsabilidad, debe destacarse que estableció un rol de seguridad exterior para las fuerzas armadas, así como concentró las labores de seguridad interior en la Mukhabarat y los cuerpos de seguridad. Por otro lado, su reforma de las fuerzas armadas implicó una profesionalización y especialización de los cuerpos militares, con el fin de no poseer unidades de gran tamaño y capacidades polivalentes que pudieran suponer una amenaza (Gaub, 2014).

Con respecto a la dirección de los mismos, haciendo uso de su habilidad política y de su visión de futuro, llevó a cabo rotaciones periódicas de los altos cargos, con el fin de evitar que alguno de los cuadros de la Mukhabarat se mantuviese largos lapsos de tiempo en el poder y pudiese acumular un poder y una influencia sobre el servicio superior a la ejercida por él mismo.

La llegada del nuevo siglo coincidió con la aparición de un nuevo presidente tras la muerte de Hafez, sucediéndole en el poder su hijo, Bashar Al Assad. Éste, consciente de la importancia de las estructuras de seguridad en el país, continuó manteniéndolas y apoyándose en ellas (Wieland, 2010).

Se puede apreciar cómo el rol de la Mukhabarat ha sido desde sus inicios el de garantizar la pervivencia del régimen de los Assad, vigilando enemigos dentro y fuera de las estructuras del mismo. Por otro lado, debe destacarse su intensa actividad represiva sobre la población, debilitando y silenciando tanto voces disidentes como amenazas terroristas (Álvarez-Ossorio, 2016).

 

La Mukhabarat en el conflicto sirio

Las revueltas de 2011 enmarcadas en el contexto de La Primavera Árabe afectaron a Siria de un modo algo tardío en comparación con países de su entorno, pero tras el inicio de las protestas en Dar'a en Marzo, se produjo una rápida escalada de violencia que provocó una mutación de las protestas ciudadanas en un conflicto militar dada la solución armada a la que recurrió el gobierno para disolver manifestaciones (Álvarez-Ossorio, 2016; Ismail, 2013).

Debe destacarse que sus actuaciones previas a 2011, así como los abusos de poder cometidos por parte de miembros de los servicios de seguridad son uno de los condicionantes que animaron a la población a levantarse contra el gobierno. Corrupción política, económica y social, sumada a la violencia, las múltiples torturas, secuestros y desapariciones conllevaron indudablemente a la militarización de la revuelta.

Paradójicamente, a pesar de que los crímenes perpetrados por aquellos organismos que conforman la Mukhabarat fuesen los que llevaron a la población a levantarse en armas contra el gobierno, constituyen desde el inicio del conflicto armado uno de los elementos que sostienen a éste.

El elevado grado de adhesión al régimen por parte de las fuerzas armadas fue determinante para evitar el desplome del mismo en 2011 y en los años posteriores. Esto se había logrado al hacer que éstas fuesen leales a éste y no a la República, como sucedió en Túnez o Egipto cuando los militares se negaron a abrir fuego contra los manifestantes (Albrecht y Ohl, 2016; Gaub, 2014).

Igualmente, debe destacarse que las deserciones entre las filas del ejército, al contrario que en Libia, donde tuvieron lugar de forma masiva y por unidades militares, en Siria tuvieron lugar de forma gradual y a título individual, lo que posibilitó el sostenimiento militar del régimen y redujo el alistamiento a las filas del Ejército Libre de Siria (Albrecht y Ohl, 2016; Gaub, 2014).

Ambos hechos pueden ser explicados en parte debido a la labor represiva de la Mukhabarat, siendo el miedo a ser capturados por éstos un aliciente para el mantenimiento de su posición proclive al régimen. Igualmente, también se puede apreciar cómo los altos cargos de las fuerzas armadas pertenecen al mismo grupo población que los líderes de la Mukhabarat, compartiendo incluso lazos de sangre con los cuadros del régimen.

Debido a que los actores nunca son homogéneos y siempre están compuestos por individuos, también se produjeron deserciones de entre las filas de la Mukhabarat como las de Mustafa al-Shaij o Awad Ahmad Al-Ali, así como de líderes militares que posteriormente conformarían el Ejército Libre de Siria.

Por otro lado, es importante destacar el atentado contra la Dirección de Inteligencia Militar en Damasco en Julio de 2012. Éste provocó la muerte de altos cargos de la Mukhabarat como el General Asef Shawkat (Cuñado de Bashar Al Assad y Viceministro de Defensa) el General Dawoud Rajiha (Ministro de Defensa) o Hisham Ikhitiyar (Director de la Oficina de Seguridad), así como resultaron heridos otros jefes de la Mukhabarat como Hafez Makhlouf (Primo de Bashar Al Assad y Jefe de Investigaciones en la Dirección General de Seguridad) (Álvarez-Ossorio, 2016).

Este atentado contra la cúpula del aparato de seguridad ha supuesto el golpe más contundente contra el régimen sirio desde el inicio de la contienda. Remarcarlo y analizar las víctimas del mismo nos permite apreciar la concentración de poder y cargos de responsabilidad entre el círculo más cercano de Bashar Al Assad, así como la importancia que poseen para el régimen, al confiar únicamente en gente de la más absoluta confianza para desempeñarlos.

Conclusiones

Podemos señalar que la Mukhabarat constituye uno de los elementos más importantes para el régimen sirio, tanto en el pasado, bajo el mandato de Hafez Al Assad, durante el gobierno de Bashar o en la actualidad, en el sostenimiento de las estructuras del Estado en un contexto de conflicto armado.

Debe entenderse que su papel ha sido tanto el de recabar información como desarrollar operaciones represivas contra los opositores al régimen, así como estas actividades contribuyeron a que la revuelta se militarizase como protesta frente a los abusos de poder cometidos por parte de la Mukhabarat hacia la población.

Se puede apreciar también una elevada concentración de poder en manos de los miembros de las estructuras de seguridad, así como la titularidad de éstas corresponde a gente de la más estrecha confianza del presidente, miembros de su familia, su clan o su grupo sectario. De este modo, vemos la importancia con la que cuenta la Mukhabarat para la pervivencia del régimen.

En el caso de la elaboración de un acuerdo de paz entre las partes implicadas en el conflicto sirio, resultaría de especial interés analizar los procesos de exigencia de responsabilidad que tendrían lugar en el caso de llevarse a cabo una transición. Esto se debe al elevado volumen de agentes de la Mukhabarat, así como de confidentes y colaboradores con los que han contado, al igual que dado su papel de espina dorsal del régimen, en caso de producirse una eliminación de la figura política de Bashar Al Assad seguirían contando con un poder ineludible que ha de ser tenido en cuenta en futuras negociaciones.

Guillermo López es ayudante de investigación del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional de la Universidad de Granada

 

Bibliografía

Albrecht, H., & Ohl, D. (2016). Exit, Resistance, Loyalty: Military Behavior during Unrest in Authoritarian Regimes. Perspectives on Politics14(01), 38-52.

Álvarez-Ossorio, I. (2008) El movimiento islamista en Siria. Política exterior. Nº 124. 83-94.

Álvarez-Ossorio, I. (2016) Siria: Revolución, sectarismo y yihad. Madrid: Los libros de la Catarata.

Gaub, F. (2014). Arab Armies: Agents of Change?: Before and After 2011. Chaillot Papers. Marzo 2014, nº131.

Haddad, B. (2012). Syria's State Bourgeoisie: An Organic Backbone for the Regime. Middle East Critique21(3), 231-257.

Hinnebusch, R. A. (1980). Political recruitment and socialization in Syria: The case of the Revolutionary Youth Federation. International Journal of Middle East Studies11(02), 143-174.

Hinnebusch, R. A. (1982). Syria Under the Ba'th: State Formation in a Fragmented Society. Arab Studies Quarterly, 177-199.

Hinnebusch, R. A. (1990). Authoritarian Power and State Formation in Baʻthist Syria: Army, Party, and Peasant. Westview Press.

Hinnebusch, R. (2014) Syria. En E. Lust,  The Middle East (13 Ed., pp.764-788) Londres: SAGE Publishing.

Hudson, M. C. (1999) Middle East Dilemma: The Politics and Economics of Arab Integration. Nueva York: Columbia University Press.

Ismail, S. (2013). Urban subalterns in the Arab revolutions: Cairo and Damascus in comparative perspective. Comparative Studies in Society and History55(04), 865-894.

Wieland, C. (2010) Los pilares de la legitimidad del régimen sirio. Culturas. Revista de análisis y debate sobre Oriente Próximo y el Mediterráneo. Nº8. 10-27.