Elecciones locales y regionales en Túnez. De retraso en retraso

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Análisis GESI, 6/2017

Resumen: Apenas seis años después del inicio de la “Revolución de los Jazmines” y de la caída del dictador El Abidine Ben Ali, Túnez se ha convertido en el país más democrático de todo el mundo árabe.

Las elecciones locales y regionales, las primeras de esta naturaleza y con profunda significación política después de la fragmentación interna de Nidaa Tounes (el partido gobernante), tenían previsto celebrarse en octubre de 2016, sin embargo la fecha ha sido pospuesta ya en dos ocasiones, y actualmente no se encuentra concretada. 

El presente artículo analiza brevemente el escenario político tunecino, los principales debates que se están dando en el ámbito electoral y los posibles motivos del aplazamiento de la convocatoria de elecciones.

 

Introducción

Uno de los aspectos por los que más ha destacado la transición democrática tunecina desde sus inicios en 2011 ha sido la eficiencia y el respeto por parte de los principales partidos políticos a los procedimientos electorales que se han ido desarrollando en el país.

En apenas seis años, la política tunecina ya ha experimentado tanto un gobierno de mayoría islamista de Ennahda (que tras su dimisión dio paso a un gobierno amplio de unidad nacional), como un gobierno de corte secular liderado por Nidaa Tounes. Igual que en el caso de Ennahda, el peso de gobernar pasó factura a la formación liberal, hasta tal punto que actualmente el partido se encuentra totalmente fragmentado tras la dimisión de una treintena de sus Diputados así como por el abandono y posterior creación de otro partido (Massar Iâadat Al Binaâ, "Camino de la Reconstrucción" en castellano) de Mohsen Marzouk, antigua figura clave y colaborador personal de Beji Caid Essebsi, líder de Nidaa Tounes.

La reciente conformación del nuevo gobierno liderado por Youssef Chahed, que cuenta con el apoyo de numerosos independientes y figuras de varios partidos, entre ellas también de Ennahda, es la solución ofrecida por el nonagenario Presidente Essebsi para poner algo de orden en el inestable escenario político tunecino. En tal coyuntura, las próximas elecciones locales y regionales tienen una importancia política vital, además de histórica, ya que serán los primeros de esa naturaleza en llevarse a cabo.

 

La importancia de las elecciones regionales y locales

Teniendo en cuenta que el nuevo gobierno "de emergencia" impulsado por Essebsi y liderado por Chahed es poco más que un parche que por si solo será difícil que llegue a estabilizar al país, la celebración de las primeras elecciones locales y regionales supondrían el inicio de una nueva etapa política que culminaría con la celebración de las parlamentarias nacionales pocos años después. Y todo apunta a que en esa nueva etapa el papel de Nidaa Tounes será mucho menos relevante que el actual.

Quizás ese sea el motivo por el cual la fecha de las elecciones locales y regionales se haya visto prorrogada en dos ocasiones. Primero se estipularon para octubre de 2016 y posteriormente para marzo de 2017, y tras la prorrogación de esta última fecha, su aplazamiento se mantiene indefinido. Desde fuentes institucionales justifican que el retraso no obedece a tacticismos políticos sino a la necesidad de enmendar la actual ley electoral, que tal y como se encuentra redactada en este momento, solo ofrece cobertural legal para celebrar elecciones nacionales, no locales y regionales. Además, el objetivo una vez realizada dicha ley sería proceder a fundir todos los textos legales de materia electoral en un único cuerpo jurídico coherente.

Sin embargo, la excesiva lentitud en su tramitación (el proyecto de ley fue presentado en octubre de 2015 y sigue sin aprobarse) levanta sospechas acerca de un posible interés premeditado en dicha lentitud. Chafik Sarsar, jefe de la comisión electoral, ha argumentado como uno de los motivos del atraso que "una gran mayoría de los políticos no creen que las elecciones locales sean importantes".

 

La cuestión del voto de los militares y las fuerzas de seguridad y los motivos del aplazamiento electoral

En ese sentido, la delegación tunecina del Centro Carter, fundada en 2011, advirtió estas cuestiones y en septiembre de 2016 emitió un comunicado en el cual consideraba de gran importancia la aprobación temprana de la nueva ley electoral para el ámbito local y regional, y que se dejara de prorrogar la fecha de las votaciones. Asimismo argumentaba que era necesario permitir que los militares y miembros de las fuerzas de seguridad pudieran votar libremente, aspecto especialmente delicado y complejo que ha salido a debate en varias ocasiones estos últimos años. Curiosamente, no faltan voces procedentes del ámbito castrense que consideran que permitirles votar sería un error, a la vista de los innumerables Golpes de Estado que han orquestado los militares en el mundo árabe. "Estoy preocupado por aquellos Diputados que no han pasado ni una sola noche en un barracón militar y toman decisiones basadas en pensamientos abstractos sin tener en cuenta todas las complejidades de la realidad sobre el terreno", comenta Mohamed Meddeb, General retirado de 64 años de edad. Considera, como otros compañeros, que dicha prohibición (que se remonta al año mismo de la independencia nacional de Túnez en 1956) debe ser mantenida, aunque también existen opiniones contrarias. El Centro Carter aconsejaba esta medida en base a la propia Constitución tunecina (arts. 21 y 34) así como al Pacto Internacional de las Naciones Unidas sobre Derechos Civiles y Políticos  (art. 25). Este Pacto es bastante conocido por los ciudadanos tunecinos ya que fue la principal base jurídica, en plena fiebre posrevolucionaria, por la que se tomó la decisión de permitir el sufragio activo y pasivo a aquellos dirigentes políticos que hubieran colaborado o formado parte del Antiguo Régimen de Ben Ali.

El comunciado no sentó nada bien a varias organizaciones locales de la sociedad civil (entre las que se encontraban el Instituto Tunecino para las Relaciones Internacionales o la Organización 23_10), para probable sorpresa del think tank norteamericano. Ambas organizaciones se sintieron profundamente ofendidas y argumentaron que dicho comunicado suponía un ataque a la soberanía y capacidad decisoria del pueblo tunecino, así como un ejemplo del desconocimiento de la realidad política del país, en referencia principalmente a la cuestión de permitir el voto a los militares y miembros de las fuerzas de seguridad. Dichas organizaciones aducían, con gran lógica debido a su reciente historia, aunque denotando el carácter bisoño de la democracia tunecina, que en su país las fuerzas de seguridad y los militares tienen un deber hacia los valores de disciplina, neutralidad y no intervención en los asuntos políticos (de hecho ese fue uno de los motivos por los que triunfó tan rápidamente la Revolucíon de los Jazmines), que está jerárquicamente por encima del derecho al sufragio.

Con respecto al retraso de las elecciones locales y regionales, el Instituto Tunecino para las Relaciones Internacionales argumentaba que celebrar este tipo de comicios cuando aún no están claramente definidos los límites fronterizos entre los distintos municipios o cuando el país se encuentra aún en una frágil transición política con muchos problemas de los cuales no debe descentrarse, podría ser una imprudencia con negativos efectos para Túnez. Como vemos,  algunos argumentos son más convincentes que otros.

Hasta tal punto llegó la irritación, que Ahmed Mannai, principal representante del citado Instituto, pusó en duda el papel de las ONG's extranjeras que realizan su labor en el país y abrió el debate acerca de si estas organizaciones persiguen el interés nacional de Túnez o bien de aquellos países que las financian. Las declaraciones de Ben Salama, portavoz de 23_10, fueron incluso más allá, señalando al propio Centro Carter y tachando de superficial y equivocado el análisis que hizo sobre las elecciones tunecinas de 2014.

Si bien el debate es profundo e interesante, resulta difícil argumentar la prórroga indefinida de unas elecciones de vital importancia en el país, tanto por ser las primeras de su naturaleza, como por el papel solidificador de la democracia que genera desarrollar pacífica y respetuosamente los comicios electorales con la regularidad legalmente establecida, más allá de las circunstancias coyunturales en las que pueda encontrarse el país.

 

Conclusiones

A todo esto, Rashid Gannouchi, líder del partido islamista Ennahda, que actualmente ostenta mayoría parlamentaria tras la dimisión de numerosos diputados de Nidaa Tounes, está mostrando un perfil bajo intentando no atraer el protagonismo, sin obstaculizar la labor del actual Ejecutivo y dando su apoyo a la mayoría de decisiones de la formación secular. Gannouchi es sabedor de que si no comete errores de calado, a buen seguro los islamistas obtendrán la mayoría en las elecciones locales y regionales, lo que les abrirá las puertas a recuperar el gobierno en las próximas elecciones parlamentarias nacionales. La gran capacidad estratégica del líder islamista es una característica que no debería pasar desapercibida a la hora de intentar comprender los acontecimientos políticos más importantes que suceden en Túnez. El nuevo giro doctrinal del partido aprobado en el último Congreso nahdaui de evolucionar del concepto de "Islam político" hacia el de "Democracia musulmana" es un ejemplo de ello.

De igual modo que una simple roca no altera el cauce de un río, un retraso en la fecha de los comicios no altera de manera profunda el sendero democrático por el que discurre el país. Sin embargo, si la elección de una determinada fecha para las elecciones locales y regionales sigue prorrogándose indefinidamente, puede sentar un peligroso precedente que sin duda debilitaría la ya debilitada confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas de Túnez, que, recordemos, es la única flor de la Primavera Árabe que no se ha marchitado.

 

Pablo Gómez Godoy es licenciado en Derecho por la Universidad CEU San Pablo. Máster en Paz, Seguridad y Defensa por el IUGM/UNED. Doctorando en Seguridad Internacional por el IUGM/UNED. Colaborador de Esglobal, IEEE e Historia del Presente.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

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