El yihadismo online encuentra un nuevo refugio en telegram

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Los graves atentados en París en la noche del 13 de noviembre suponen, por muchas razones, un punto de inflexión en la amenaza yihadista. Entre las varias novedades que aporta este cruel ataque terrorista se halla el hecho de que, por primera vez, una joven red social de Internet llamada Telegram se ha convertido en el instrumento elegido por parte de Estado Islámico (o DAESH) para hacer pública su reivindicación oficial del atentado. El uso de esta plataforma, lejos de ser accidental, supone una valiosa constatación de como se está produciendo una continua “emigración” de la presencia yihadista de Internet desde las redes sociales más populares hasta esta nueva plataforma.

Las organizaciones terroristas, y especialmente sus partidarios, había encontrado en Twitter uno de sus instrumentos predilectos a la hora de distribuir el mensaje radical.  La popular red de microblogging tiene una serie de ventajas funcionales frente a otras alternativas en el ámbito de las redes sociales, así, por ejemplo, su interfaz simple le permite funcionar correctamente incluso en situaciones donde existían una mala conexión a Internet, ofreciendo incluso la posibilidad de leer y enviar tweets a través del servicio SMS de cualquier teléfono móvil. Sin embargo, para el terrorismo el aspecto más atractivo de este servicio, había sido la resistencia que inicialmente había mostrado esta empresa a suspender cuentas que divulgasen contenido radical. Esto dotaba a los perfiles yihadistas de Twitter de una mayor durabilidad que los creados en cualquier otra red social.  Sin embargo, los responsables de la empresa, presionados probablemente por la acción gubernamental y la mala imagen que para la empresa estaba generando esta relativa impunidad terrorista, se han visto forzados a tomar una actitud más enérgica y ágil a la hora de expulsar estos contenidos de su servicio.

El efecto de este cambio de enfoque no se ha hecho esperar. Los perfiles “oficiales” de las principales organizaciones yihadistas han sido eliminados, y cuando estas crean nuevas cuentas, son rápidamente suspendidas, en ocasiones en cuestiones de unas pocas horas. La consecuencia, ha sido que su propaganda debe distribuirse indirectamente a través de su red de simpatizantes en Twitter. Sin embargo, esta estrategia ha tenido efectos contraproducentes, ya que los “fanboys” del yihadismo han pasado a convertirse en objetivos de este hostigamiento, el cual ha dado como resultado la eliminación irreversible de cuentas que habían estado operativas sin ningún tipo de contratiempo durante años. Una tranquilidad que les había permitido acumular miles de seguidores, muchos de los cuales han quedado desenganchados de estas redes radicales.

La distribución indirecta tampoco era óptima para los objetivos de los grupos terroristas, debido a las continuas dudas, bulos y malentendidos generados por la necesidad de que tienen sus seguidores (y también los medios de comunicación) de evaluar la credibilidad de los mensajes de determinados perfiles de Twitter de los cuales se ignora si están realmente conectados o no con los líderes de las organizaciones yihadistas.

Incluso una funcionalidad de Twitter por las que el terrorismo había mostrado predilección, como por ejemplo, la creación o “colonización” de Hashtag ha perdido parte de su efectividad.  Así, por ejemplo, en pleno desarrollo de la crisis terrorista en París, los ciber-yihadistas trataron de jalear estos ataques promoviendo varias expresiones en árabe cuya traducción sería “París en llamas”.  Sin embargo, la mayoría de los usuarios de Twitter reaccionaron rápidamente y utilizaran dicho Hashtag para difundir un mensaje de hostilidad contra el terrorismo yihadista.

Es en este contexto de creciente dificultad para mantener la presencia yihadista en Twitter, es donde ha hecho su aparición una nueva herramienta mucho más amigable para los objetivos del yihadismo. Telegram es una aplicación de mensajería gratuita creada en 2013 por dos hermanos rusos. A diferencia de su principal rival Whatsapp,   nace como un proyecto sin ánimo de lucro basado en la filosofía del código abierto, y está administrado por un grupo de voluntarios. A pesar de establecer su sede legal en Alemania, se considera un proyecto “apátrida” que no desea supeditarse a la jurisdicción de ningún Estado.

Entre sus ventajas comparativas destaca el hecho de que esta aplicación introduce por defectos la encriptación de los datos, y abre la posibilidad de mantener conversaciones “secretas” entre usuarios cuyo contenido se borra automáticamente, sin que este quede registrado en los servidores de la empresa. De igual modo, puede utilizarse en teléfonos móviles, o dentro de navegador de cualquier ordenador.

El 22 de septiembre de 2015, Telegram anunció la creación de una nueva funcionalidad que tiene una utilidad evidente para la distribución de propaganda yihadista, se trata de los “canales”: listas de distribución de contenido que son administradas por su creador. Estos canales pueden ser visitados y su contenido descargado libremente por cualquier usuario, si además decide suscribirse al mismo, es notificado cada vez que se publica una actualización. El funcionamiento de este servicio ha sido descrito por algunos observadores como “Twitter con esteroides”, ya que a la funcionalidades de Twitter, se añade la ausencia de limites no sólo en la extensión del texto publicado, sino también en el formato y el peso de los archivos colgados. A eso se añade el compromiso de los responsables del servicio de no suspender ninguna de las cuentas creadas. 

El atractivo de este servicio para una organización como Estado Islámico es evidente, como lo demuestra el hecho de que poco tiempo después de la puesta en marcha de esta funcionalidad, hubiese creado hasta doce canales distintos en múltiples idiomas, en los cuales almacenar y distribuir sus nuevos productos propagandísticos.

En definitiva, Telegram no sólo tiene todos los ingredientes necesarios para convertirse en nuevo refugio donde se congregue con impunidad las organizaciones yihadistas y su vasta red de seguidores en Internet. A pesar de su reticencia a la “colaboración” con los Estados, si el objetivo de este servicio es convertirse en el reemplazo de Whatsapp, la llegada masiva de esta clientela “indeseable” probablemente produzca en los responsables de la empresa un replanteamiento de su política de “no suspensiones”. Sin embargo, hasta que esto se produzca, el yihadismo gozará temporalmente de una ventana de oportunidad que sin duda sabrá aprovechar.