El suicidio desde el Enfoque Social en perspectiva histórica. El caso de la Armada Japonesa y el nazismo

Versión para impresiónVersión para impresión

Análisis GESI, 40/2017

Resumen: El suicidio no es hasta época reciente, cuando es considerado un hecho que no solo debe de ser explicado por cuestiones individuales, si no que los condicionantes sociales son en la mayoría de los casos el determinante de tal acción. Durkheim en el siglo XVIII realiza un estudio en el que demuestra cómo el suicidio es algo más que una acción individual.

Dentro de los diferentes tipos de suicidio, nos encontramos con el suicidio por honor, propio de fuerzas armadas. Esta forma de acabar con la propia vida, tiene ejemplos paradigmáticos con los Kamikazes de la Armada Japonesa y los que se sucedieron alrededor del nazismo.

 

*****

 

Introducción

Para el análisis aquí expuesto se pretende establecer cómo ha sido la evolución de la idea de suicidio desde el enfoque social, y de cómo esta ha ido explicando el suicidio en Fuerzas Armadas y en Cuerpos de Seguridad del Estado.

No es hasta épocas recientes cuando se comienza a tratar el suicidio como una cuestión que se encuentra más allá de la propia acción individual. Cuando se explica la idea de dirigirse a la muerte de manera voluntaria, por el contexto social en el que se encuentra el individuo. Durkheim realiza un estudio en el que demuestra cómo el suicidio es algo más que una acción individual.

Entre los tipos de suicidios que identifica Durkheim está el tipo de suicidio heroico en actos de guerra o propio de los ejércitos. Dentro de este tipo se exponen los casos referentes la Armada japonesa en la II Guerra Mundial con los Kamikazes de manera especial; y cómo se sirven del suicidio dentro del nazismo, con los casos de los Juicios de Núremberg, la muerte de Rommel, los últimos días de Hitler o la familia Goebles. En ambos casos la idea de muerte con honor, se extralimita incluso del hecho estrictamente militar.

En lo que se refiere al término “suicidio” como tal, es relativamente actual, algunas teorías sitúan su origen en Gran Bretaña siglo XVII, y otras en Francia siglo XVIII. Tradicionalmente se ha defendido que fue retomado el termino por Voltaire y los enciclopedistas (Pelicier, 1985), siendo incluido en la academia francesa de la lengua en 1762, como “El acto del que se mata a sí mismo” (Sarró y de la Cruz, 1991; Miralles, 2009: 189).

Los suicidios son actos con un significado social: los individuos que los realizan lo hacen para comunicar algo tanto a sí mismos como a los demás (Hernández-Juárez, 1987). Una persona cuyo objetivo principal es dejar de existir no se suicida si no puede hacerlo de una manera tal que comunique, tanto a ella misma como a terceros, el significado exacto de su acción (Miralles, 2009: 190).

En el año 2000 se suicidaron casi un millón de personas en el mundo, lo que convirtió al suicidio en la decimotercer causa de muerte. La Organización Mundial de la Salud (2002)[1]  ha estimado que esta cifra podría duplicarse en 20 años. Típicamente, el 25% de quienes intentaron una vez el suicidio, lo intentará nuevamente dentro del siguiente año y el 10% lo logrará en el plazo de diez años. Asimismo, por los motivos que llevan al suicidio, entre 45% y 70% de quienes intentan el suicidio sufren principalmente de depresión, con rasgos de impulsividad y agresividad, y trastornos de la personalidad y alcoholismo, que a menudo van unidos a una pérdida reciente.

En el género masculino, el ahorcamiento es el método más usado para el suicidio, seguido por el suicidio consumado con armas de fuego; en el género femenino lo es el envenenamiento mediante la ingestión de benzodiazepinas, barbitúricos, analgésicos y antibióticos, principalmente. Notablemente, en la mayoría de los países los intentos de suicidio son más frecuentes en las mujeres que en los hombres (Gutiérrez, Contreras & Orozco, 2006:68).

El suicidio sigue siendo entendido hoy, en los términos que ya expuso Durkheim unos siglos atrás, como un hecho con un alto componente social, en líneas generales. Explicar “desde lo social” lleva a entender el suicidio en el contexto, no como un acto individual. Dentro de la Psiquiatría, muchos de los problemas que llevan a un suicido vienen marcados por lo social, este es el caso de la depresión mayor, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el alcoholismo, el abuso de sustancias, la ansiedad, la anorexia nerviosa y los trastornos de la personalidad (Gutiérrez, Contreras & Orozco, 2006:67).

 

El suicidio desde la óptica de Durkheim

Como decía antes, el primero que expuso una investigación de carácter social sobre el suicidio fue Émile Durkheim[2]. Éste es considerado uno de los padres de la Sociología, no tanto por su nivel teórico, si no por las investigaciones en el ámbito social que realiza estructurando y sistematizando la realidad.

La constitución moral de la sociedad y la educación moral son dos asuntos estrechamente relacionados en Durkheim. Su pretensión es hacer presente de nuevo un núcleo de valores y normas sociales que, por su valor integrador, terapéutico y moralizante, puedan convertirse en un soporte fiable de regulación social. Esa será la misión de la Ciencia Moral: reconciliar ciencia y moral; moral y sociedad. El pensamiento de Durkheim une estrechamente los tres aspectos resaltados en este artículo: la moralidad, la Sociología como ciencia reformista con atención a las patologías y la educación moral con orientación laica y a la ciudadanía. (Rodríguez y Aguilera, 2009:319).

El suicidio. Estudio de sociología” (1897) es una de las obras más importantes, no solo a nivel psicológico sino incluso más a nivel sociológico. Tal obra lo que se encarga es de realizar un análisis comparativo de estadísticas de suicidios y explicarlas desde una óptica que supera al individuo.

Trata sobre el suicidio como fenómeno social. Con ello rompe la tendencia tradicional de considerarlo como un fenómeno estrictamente individual y por ende sólo como objeto de la Psicología o de la moral.

Durkheim para llegar a esta conclusión trabaja con la tasa anual de suicidios que existe en varios países europeos desde la sexta década del siglo XIX. Esto siempre visto, desde un punto de vista social.

Analizando esas tasas, aprecia que suelen mantenerse constantes o con cambios muy leves a lo largo de prolongados períodos de tiempo. También se percata de que la tasa de suicidios es diferente de unos países y de unas comunidades sociales a otras.

Pone el ejemplo de cómo en las sociedades católicas había menos suicidios a nivel comparativo que en las sociedades protestantes, pero entre los judíos las tasas eran todavía menos que entre los católicos. A partir de ello, infiere que el suicidio es ante todo un hecho social y sus causas son antes sociales que individuales o no netamente psicológicas como se explicaba hasta el momento.

Durkheim propone, de este modo, identificar las diferentes causas sociales del suicidio. A partir de ello, distingue entre cuatro tipos de suicidio, según los resultados a los que llega:

  • El suicidio egoísta, este tiene lugar cuando los vínculos sociales son demasiado débiles para comprometer al suicida con su propia vida en la sociedad en la que radica. En ausencia de la integración de la sociedad, el suicida queda libre para llevar a cabo su voluntad de suicidarse. Su excesivo individualismo, producto de la desintegración social, no le permite realizarse en cuanto individuo social que es.
  • El suicidio altruista es el causado por una baja importancia de la individualidad. Es el tipo exactamente opuesto al egoísta o individualista. Durkheim pone el ejemplo de muchos pueblos primitivos, entre quienes llegó a ser moralmente obligatorio el suicidio de los ancianos cuando ya no podían valerse por sí mismos. Esta es la muerte por el grupo, es el suicido también llamado heroico.
  • El suicidio anómico es aquel que se da en sociedades cuyas instituciones y lazos de convivencia se hallan en situación de desintegración o de anomia. En las sociedades donde los límites sociales y naturales son más flexibles, sucede este tipo de suicidios.
  • El suicidio fatalista, que se produce allí donde las reglas a las que están sometidos los individuos son demasiado férreas, de modo que éstos conciben y concretan la posibilidad de abandonar la situación en la que se hallan. Es el tipo exactamente opuesto al anómico.

Estos cuatro tipos de modelos de suicidio, en la realidad, como señala Durkheim se encuentran relacionado entre sí, creando tipos compuestos que explican los diferentes casos (Durkheim, 1965:11).

Los estudios de Durkheim no solo diferencian entre Estados, intenta indagar en las tasas, y hace un análisis viendo no solo la religión, si no también, según matrimonio, hijos, grupos profesionales, género, edad, grupos políticos, tipo de sociedad o de medio social, etc. Así es como llega a las causas sociales verdaderas del suicidio, para la investigación se exponen las motivaciones que determinan este hecho.

Hace un análisis de lo que son muertes por suicidio, que para lo que acontece a esta investigación resulta trascendente. La idea de suicidio, quedaba poco determinada, ya que se podía entender de una manera más o menos restrictiva. Por esto delimita el concepto, entiende así que “se llama suicidio a todo caso de muerte que resulte directa o indirectamente de un acto positivo o negativo, ejecutado por la propia víctima, a sabiendas de que habría de producir este resultado” (Durkheim, 1965:11). Es de destacar aquí la intencionalidad de la acción que busca la causa de la propia muerte.       

Pero la consecución de la propia muerte puede ser por acción u omisión como bien explica.

“Lo mismo se mata uno rehusando alimentarse que destruyéndose por el hierro o por el fuego. Además de por un acto positivo o negativo, la muerte puede resultar directa o indirectamente de ese acto. El acto es directo si es la causa inmediata de la muerte, mientras que es indirecto si es la causa de una cadena de efectos que acabarán en esa muerte. El iconoclasta que para merecer la palma del martirio comete un crimen de lesa majestad que sabe capital, y que muere a manos del verdugo es tan autor de su propio fin como si él mismo se hubiera asestado el golpe mortal”. (Durkheim, 1965:12).

Los actos pueden ser tanto directos como indirectos, a la vez que pueden ser activos como pasivos en la acción.

Para las muertes en actos de guerra o bélicos se podría entender que hay una exposición a la muerte, pero los casos en los que se tiene en cuenta, solo la exposición a la muerte, no se deben de tener en cuenta como suicidios. Queda claro con las apreciaciones que el suicidio requiere, por encima de todo, una motivación a llegar a esa muerte determinada por el propio individuo. La acción debe de llevar aparejada como consecuencia su propia muerte. Pone como ejemplo,

“si un hombre expone a sabiendas su vida por otro, pero sin que sea seguro un desenlace mortal, no es por cierto un suicida, ni aun si llegara a morir, como tampoco lo es el imprudente que juega resueltamente con la muerte, aun tratando de evitarla, o el apático que, por no estar vivamente apegado a nada, no se toma el trabajo de cuidar su salud y la compromete con su negligencia”. (Durkheim, 1965:15).

No es igual arriesgar que exponer la vida. De todos modos, Durkheim expone su visión sobre lo que es el suicidio: “no son otra cosa que la forma exagerada de prácticas usuales” (Durkheim, 1965:14). Normaliza y relativiza el suicidio, ya que lo entiende como un hecho social, que debe de ser explicado por el ambiente en el que se enclava, sin que sea necesario un juicio moral.

 

El suicidio en el ámbito militar

En una clasificación más tradicional de lo que es el acto suicida, existen tres formas de actos suicidas: suicidio consumado (conduce a la muerte), suicidio frustrado (situación en la que el sujeto queda en un estado de gravedad mortal) o intento de suicidio (se sorprende al sujeto cuando se dispone a realizar el hecho). En lo posible, hay que diferenciar estas conductas de aquellas que no buscan el fallecimiento de forma inmediata, sino jugar con la idea de la propia muerte buscando con este comportamiento otros fines: estimación, consideración, chantajes, simulación, etc. (Miralles, 2009: 191).

Para su clasificación clínica y siguiendo los dos sistemas más utilizados en la actualidad, es importante destacar que, en la Clasificación Internacional de las Enfermedades[3] - CIE 10-, el suicidio aparece bajo la clasificación de las causas externas de morbilidad y mortalidad como lesiones autoinfligidas intencionalmente y se registra con los códigos X60 a X84 (OMS, 1992), mientras que en el Manual diagnóstico[4] y estadístico de los trastornos mentales –DSM IV-, el suicidio aparece asociado con ciertas enfermedades, pero no se clasifica como enfermedad en sí mismo (APA, 1995; Miralles, 2009: 191).

Según dispone Miralles (2009) hay distintas clasificaciones de las causas que llevan al suicidio, explicadas incluso desde la propia óptica psicológica. Según diferentes autores (Graiño, 1987; Hernández-Juárez, 1987; Gerona, 1990; Gallastegui, 1996) los principales factores son en general psicopatologías y factores sociales. Las cuestiones psicopatológicas se acentúan en instituciones y centros, por lo que en la institución militar, los que no son detectados, se suelen desarrollar y acentuar.

Se hablan de diferentes factores que llevan al deseo de la muerte, pero se destaca dentro de la institución militar una causa de suicidio menos técnica y tal vez más grave por su característica imprevisible: la constante depresión de aquel que se siente solo en un ambiente que le parece hostil, o por lo menos, diametralmente opuesto al que hasta entonces ha vivido. Una inadecuada integración en el medio militar da lugar a trastornos adaptativos y a otras patologías que pueden llevar al suicidio (Gallastegui, 1996). Pero este tipo de muerte no se relaciona con la heroíca, que es la que nos interesa para esta investigación.

Pero si se puede establecer que el suicidio es una cuestión presente en lo militar, los hechos que se van a destacar son los que se enclavan en el modelo de suicidio altruista, o también llamado heroico.

 

El suicidio en la Armada Japonesa

Al tratar de explicar la participación de los individuos en los ataques suicidas, varios estudiosos han defendido diversos procesos. Entre ellos se encuentran la solidaridad grupal y la identificación exclusiva con los valores del líder del grupo (Wintrobe, 2006); una disposición a intercambiar bienestar personal para apoyar el bienestar de las generaciones futuras (Azam, 2005); el intento de "restauración de la significación" después de los asaltos sobre la propia significación personal (Kruglanski et al., 2009); la presión social y el contagio dentro de un contexto de violencia y apoyo a la violencia (Bloom, 2005; Bloom, 2009; Stern, 2004); las escasas oportunidades estratégicas con que se enfrentan las poblaciones cuando son amenazadas u ocupadas por una fuerza abrumadora (Pape, 2003; Pape, 2005); la socialización de los individuos en una cultura o religión que permite o requiere una voluntad de morir en su defensa (Post, 2007), y así sucesivamente (Orbell, Morikawa, 2011:298).

Son muchos los factores que quedan presentes en un ataque, no se puede explicar que sea resultado de una sola cuestión. Todas las campañas de ataque suicida ocurren dentro de una compleja combinación de circunstancias militares, históricas, estratégicas, culturales y, a veces, religiosas, cualquiera de las cuales podría contribuir a las decisiones de los líderes de iniciar una campaña (Orbell, Morikawa, 2011:300). Este es el caso de lo ocurrido con la Armada Japonesa, no se puede explicar por un solo factor.

Si procedemos a buscar las causas de por qué se suceden estos suicidios, en este caso a partir de un análisis de contenido de los escritos de pilotos que murieron en la campaña Kamikaze japonesa (Cómo el que realizan Orbell, Morikawa, 2011), por ejemplo, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, los resultados combinan diferentes factores. Por supuesto, no se pretende que las circunstancias históricas y culturales de esta campaña en particular fueran las mismas en las que han tenido lugar campañas más contemporáneas; obviamente, eran diferentes en muchos aspectos, pero es posible que circunstancias históricamente y culturalmente muy diferentes puedan invocar las respuestas emocionales y de comportamiento similares entre seres humanos típicos de la especie, en cuyo caso el problema es reconocer los puntos en común a los que los humanos están respondiendo y entender por qué lo hacen así. Al examinar en profundidad las respuestas de los pilotos Kamikaze a las circunstancias en que se encontraron, se pueden proponer sistemas cognitivos típicos de la especie capaces de producir una disposición a participar en ataques suicidas en circunstancias que podrían parecer muy diferentes en términos históricos o culturales, pero que, sin embargo, presentan en los seres humanos estímulos ambientales que cumplen el mismo propósito funcional de incitar a participar en ataques suicidas (Orbell y Morikawa, 2011:302).

Cuando se habla de Armada Japonesa se refiere a la Armada Imperial Japonesa, que fue la Armada propia del Imperio de Japón entre 1869-1947[5]. Fue una Armada que tenía un fuerte poder regional, geoestratégicamente era la potencia en el Pacífico. La Guerra del Pacífico la controló, a la vez que prácticamente controló la Segunda Guerra Mundial.

Dentro de la Armada existía una unidad aérea, y ésta era la más potente del mundo en su momento. Estaba compuesta por los mejores pilotos del resto de unidades. La eficacia de su funcionamiento venía dada por el entrenamiento tan férreo y la formación en valores que recibían. Tenían un poder efectivo altísimo.                            

Los kamikazes nacen dentro de la Armada, cuando en el avance de la Segunda Guerra Mundial, ésta se encuentra en desventaja frente a los Aliados por los avances tecnológicos que se van desarrollando y como no es posible frenar el avance con los medios con los que disponen, deciden en la estrategia estrellar aviones cargados con bombas en posiciones determinadas de la armada Aliada.

Estos ataques buscaban frenar el avance en el Pacífico, evitando la llegada a las costas japonesas del enemigo aliado. Esta unidad se llenó de gloria, reconociéndole el valor a los que de manera voluntaria se presentaban a pilotar, con sentido de ida y no de vuelta, para eliminar al enemigo con el fin de frenar y proteger el imperio.

El ejército japonés siguió avanzando en el Pacífico. En los seis meses siguientes al ataque a Pearl Harbor habían conseguido casi todos sus objetivos navales y su flota permanecía relativamente intacta. Habían hundido o dañado de manera importante todos los acorazados de Estados Unidos en el Pacífico. Las flotas británica y holandesa del Lejano Oriente habían sido destruidas, y la Real Armada Australiana había sido rechazada hacia sus puertos de origen (Keegan, 2011).

Después de la victoria en la batalla de Midway, las fuerzas de Estados Unidos comenzaron un avance implacable en las costas del océano Pacífico. Rápidamente los aviones de combate japoneses se vieron superados tanto en número como en características técnicas de los nuevos aviones estadounidenses, sobre todo con la entrada del F6F Hellcat y el F4U Corsair (Keegan, 2011).

Según Orbell y Morikawa, (2011) hay cuatro factores que son los que explican el surgimiento de este tipo de movimiento estratégico:

  • Primero, el ejército japonés -su ejército y su armada con sus fuerzas aéreas asociadas- estaba en circunstancias desesperadas poco después del inicio de la campaña filipina de los Aliados el 20 de octubre de 1944. Después de la Batalla del Golfo de Leyte (23-26 de octubre de 1944) -que vio los primeros ataques Kamikaze- Japón no tenía esencialmente ningún portaaviones a la izquierda mientras que los aliados tenían cerca de 34. Además, el suministro de combustible de Japón por Indonesia fue cortado casi por completo como resultado de ataques aéreos; y los submarinos y su continente fue expuesto a ataques aéreos sistemáticos contra los que no podían montar defensa.
  • En segundo lugar, aunque algunos líderes japoneses minimizaron la magnitud de la amenaza (quizás en interés de mantener la moral, por autoengaño), la mayoría reconoció la gravedad de la situación. Como lo hacía por ejemplo, el vicealmirante Ohnishi.
  • En tercer lugar, no importa cuán exitosa sea la campaña propuesta en la práctica, nadie dentro de la dirección japonesa podría haber creído que Japón podría ahora ganar la guerra en el sentido de que las fuerzas aliadas se rindieran.
  • Cuarto, los pilotos mismos no podían haber necesitado persuasión sobre lo desesperado de la situación. Durante la Batalla del Mar de Filipinas (19-20 de junio de 1944), el llamado "Marianna Turkey Shoot" hizo perder a los japoneses alrededor de 429 aviones a los y los estadounidenses solo tuvieron 29 bajas. Los japoneses ya tenían problemas con la formación, la escasez de gasolina necesitó de recortes en los vuelos de entrenamiento; los aviones nuevos tardaban en salir de las líneas de montaje; y muchos eran los que habían estado cayendo detrás de los combatientes estadounidenses durante el último año. A pesar de la reacción parcial que recibían a menudo, los pilotos japoneses restantes estaban tan bien posicionados como cualquiera para percibir el desastroso curso actual de la guerra, así como para reconocer la escasa base de esperanza que sus líderes les ofrecían.

Dejando a un lado las motivaciones y entrando en la terminología, se puede decir que el Kamikaze no nace con el sentido (Pineau, 2013) con el que se utiliza hoy en día, como se decía antes, es una interpretación del término que se tomaba de las escuchas, y hoy se aplica a cualquier ataque en el que el atacante entrega su vida en el acto y es medio de este a la vez. El término hoy se encuentra relacionado con los actos terroristas más que con otro tipo de actos, olvidándose la parte de entrega heroica que hicieron los japoneses.

En la batalla, se estaba produciendo suicidios, esto no es la primera vez que ocurría, por lo general, pilotos y combatientes que se encontraban en situaciones sin salida, o en las que era inevitable la muerte, decidían tomar acciones en las que su propia muerte, generara el mayor daño posible al enemigo. De acuerdo a Axell y Kase (2002:34), estos suicidios “eran individuales, decisiones tomadas en el mismo momento de hombres que estaban mentalmente preparados para morir”, no había un plan en el que deliberadamente se estableciera una estrategia de partida.

Para el establecimiento de estas unidades, de manera ordenada, fueron muchas las voces que se levantaron tanto a favor como en contra, pero a la vista de que los pilotos iban cayendo, se determinó que, ya que se daban esas bajas, éstas causaran el mayor daño posible.

Hay que tener presente el contexto cultural en el que estas se inscribían como diría Durkheim. Tras la revolución Meiji, Japón se ve muy influenciado por el sintoísmo a nivel estatal a la vez que se desarrolla un fuerte sentimiento nacionalista. Se extiende la idea de morir por el país y por el imperio, como uno de los mayores honores a los que llegar.

Tenemos que tener presente la campaña publicitaria que nace aparejada al nacimiento de los pilotos suicidas. Todos ellos eran retratados y llevados a la categoría de héroes, eran individuos que daban deliberadamente la vida por el honor del imperio (Axell, 2002:38). El despegue y todo lo relacionado con esos pilotos se llenó de ceremonias que encumbraban su valor y su sacrificio, y en éstas recibían el apoyo de la población, invistiendo el acto de valores religiosos.

El 15 de agosto de 1945 tuvo lugar el último ataque de la unidad, unas horas antes de firmar la rendición por parte de Japón. Ese mismo día el Vicealmirante Ōnishi, creador de la unidad aérea, frente a la firma de la derrota, llevó a cabo un suicidio ritual, el harakiri conocido de forma vulgar. El suicidio consistió en un corte abdominal y otro en la garganta, no bien ejecutado, que le hizo pasar 16 horas de sufrimiento antes de morir. No permitió que nadie le ayudara para morir ni para salvarse, se encontraba dentro de su credo el haber fallado en una misión y por el deshonor debía de llevar a cabo el suicidio (Pineau, 2013:214).

 

El nazismo en relación con el suicidio

El régimen nazi tiene tanto misticismo y ha encandilado a tantos, que es mucho lo que ya se ha dicho (Overy, 2001). El suicidio es una de esas cuestiones que se ha trabajado con interés y, sin duda, también se encuentra rodeada de un velo mágico que lleva a encontrar realidad y ficción en todo el campo de análisis.

El caso de Erwin Rommel[6] es de los paradigmáticos en lo referente a suicidios. Este es uno de los militares más reconocidos, no solo dentro del nazismo sino a nivel internacional. Se puede decir que fue el más famoso mariscal de campo alemán, apodado el “Zorro del desierto”, por las campañas que desarrolló en África (Mitcham, 2009).

Rommel[7] contaba con reconocimiento y admiración no solo por parte de los mandos enemigos, también contaba con el apoyo de muchos altos mandos nazis. Dentro del régimen, frente a la deriva de las ideas de Hitler, se veía por parte de muchos a Rommel como uno de los que podía liderar el futuro Estado (Overy, 2001).

Tras el atentado del 20 de julio de 1944 organizado por Claus von Stauffenberg contra Hitler, dentro de la Operación Valquiria, el futuro de Rommel quedó truncado. Fue acusado de participar en el atentado, y por esto se le obligó a suicidarse para evitar castigos mayores.

La implicación de Rommel en el atentado no queda clara, no hay certeza de que estuviera al tanto del atentado o que fuera organizador, lo que sí resulto ser una buena oportunidad para eliminar a competidores, ya que por muchos altos mandos se le tachó de conspirador y, al igual que había algunos que lo veían como un líder, otros tantos lo entendían como alguien que minaría su posición (Rommel, 1982).

La cuestión es que la figura debía de ser eliminada, y el someterlo a un juicio que le llevaría a la muerte no contaba con todo el apoyo necesario, así que se le sugiere el suicidio[8], donde se conserva el honor y cumple con los principios que se le suponen. Por esto extender la idea de un suicidio, cuando para otros había sido un asesinato, suponía crear por medio del concepto de suicidio por honor que se tenía, un mito y un culpable, en un mismo acto. Era más honroso que aplicarle la justicia, e interesaba a los que lo entendían como un competidor.

Otro de los suicidios destacados es el de la propia muerte de Hitler. Esta muerte está llena de cuestiones sin resolver alrededor, pero sí parece certero que Hitler se suicidó el día 30 de abril de 1945 (Overy, 2001). Este suicidio se llevó a cabo en el bunker en el que se encontraba bajo la Chancillería desde el día 22 del mismo mes.

Se habla del detonante que fue la muerte que sufrió Benito Mussolini el 28 de abril. Cuando llegaron las noticias al bunker, se habla de cómo sufrió Hitler una crisis al conocer como fue la muerte del Duce italiano. Expuso cómo el no sería ajusticiado por la masa, y que su cuerpo quedara expuesto como pasó en el caso italiano. De ahí se entiende que esa situación fuera algo posible, y lo viera como algo cercano, de modo que tomara las medidas necesarias para no llegar a esa situación.

Fue un suicidio ceremonial y planificado, por lo que se deduce de testimonios. Antes del suicidio se tiene certeza de que se produjo el matrimonio con Eva Braun, y se llevaron a cabo despedidas y se dejaron órdenes de cómo se debía de proceder desde el momento en que el mismo Hitler no estuviera presente (Mitcham, 2012). No se tiene claro si hubo un suicidio con cianuro y con un disparo, o ambos.

El cianuro es algo que dentro de todo el ejército estaba extendido, todos los altos mandos y en distintas unidades contaban con él. Al llevar capsulas de cianuro para en momentos en lo que no hubiera salida, recurrir a este tipo de remedio era bastante habitual. Se tenía constancia de que este tipo de píldoras estaban en el bunker.

Estas píldoras producen una serie de consecuencias propias de la clínica provocada por los compuestos cianurados como el ácido cianhídrico (CNH) o ácido prúsico, cianuros y cianógeno [(CN)2][9]. El ácido cianhídrico y los cianuros son tóxicos anoxiantes. El mecanismo patogénico se basa en que son capaces de inhibir enzimas que contienen metales (hierro, cobre y cobalto) por formación de un complejo entre el metal de estas enzimas y el radical CN.

La más importante de las enzimas inhibidas es la citocromooxidasa, eslabón final de la cadena respiratoria, responsable de la transferencia de electrones al oxígeno molecular y, en definitiva, de la obtención de energía. Por lo tanto, provocan anoxia citotóxica, es decir, el oxígeno llega libremente a la célula, pero no puede utilizarlo. El aporte energético en la célula queda exclusivamente en manos de la respiración anaerobia, al precio de una acidosis láctica.

El cianuro también puede inhibir otras enzimas y componentes que contienen hierro como, por ejemplo, la hidroxicobalamina.

Respecto a su toxicidad local, los vapores de ácido cianhídrico son irritantes de la mucosa ocular y vías respiratorias superiores. Las sales cianuradas actúan como cáusticos alcalinos sobre la mucosa del esófago y del estómago.

En general, la anoxia celular produce alteraciones en todos los tejidos y especialmente en el SNC y, sobre todo, en la región cortical (de ahí que en las intoxicaciones fulminantes se manifiesten con un primer período de excitación y convulsiones, seguido de depresión y muerte por parada cardiorrespiratoria).

En el cuadro clínico general suelen distinguirse dos formas de presentación:

  1. Sobreaguda o fulminante, que se caracteriza por una pérdida de conciencia, rigidez, exoftalmos, midriasis, respiración superficial e irregular, y muerte por parálisis respiratoria en aproximadamente dos o tres minutos.
  2. Aguda, que cursa con cefaleas, sensación nauseosa acompañada a veces de vómitos, constricción de garganta, dolor precordial, palpitaciones y disnea; con posterioridad aparecen convulsiones, coma flácido con respiración lenta y superficial, que puede conducir a la muerte por parada cardiorrespiratoria en un plazo de 30-45 minutos desde el inicio. En los casos de supervivencia generalmente quedan secuelas de tipo neurológico.

Tras la muerte autoinfligida de Hitler, parece ser que pidió que fueran incinerados ambos cuerpos, tanto el de él mismo como el de Eva Braun, pero, al no poder llevar a cabo esto por los bombardeos, se enterraron de manera apresurada. Por parte de la URSS, que fue la responsable de encontrar los cuerpos, nunca se dejó claro si se había producido esta muerte, ni dónde se encontraban los cuerpos. En época reciente, sí se deja constancia, según informes de la KGB, de que sí se encontraron (Trevor, 1978).

La muerte de Hitler, su suicidio, fue establecido como un ritual heroico, de muerte de entrega, donde el suicidio era considerado un acto de honor y respeto a los principios con los que habían trabajado.

No hay certeza de cuales fueron los pasos de cómo se procedió, incluso se mantiene dentro de otras teorías que el suicidio como tal no sucediera y fuera una tapadera para encubrir el escape. Shirer (1991:1428-1444) recopila todas las teorías en torno a la muerte de Hitler y de Eva Braun. Son muchas y muy variadas, pero a los efectos de esta investigación se ha tenido presente la teoría más extendida del envenenamiento y disparo como suicidio.

Magda y Joseph Goebbels también compartieron las últimas horas en el bunker con Hitler. Ellos eran el máximo exponente de familia del nazismo (Mitcham, 2012). En especial, Magda era el estereotipo de mujer, se la tenía como la mujer modelo del régimen, teniendo presente que su marido era el Ministro de propaganda, lo cual explicaba un tanto del por qué. Se llevó el título a la mejor madre del Tercer Reich. Tuvo la familia seis hijos, donde todos tenían nombres con H, para honrar así a Hitler. Parece ser que el matrimonio en sí no tenía una buena relación, pero se cuidaba mucho la imagen (Overy, 2001).

La tipología compleja de las mujeres que evolucionó a partir de líneas divergentes de la ideología nacionalsocialista ha sido en gran medida ignorada por los historiadores. El papel simple y limitado de las mujeres que Hitler y otros líderes masculinos del partido conceptualizaron ha sido aceptado con demasiada frecuencia como la visión nacionalsocialista definitiva de las mujeres. Hitler basó su conocida oposición a la participación política de las mujeres y su baja estimación de las capacidades de éstas sobre el concepto de polaridad sexual, la existencia de esferas separadas para los dos sexos. Explicó este concepto en su discurso de 1934 a la Frauenschaft[10], la organización de mujeres nazis: el mundo del hombre era el estado, el hogar de la mujer y los dos mundos se complementaban entre sí. Las mujeres no deben intentar penetrar en el mundo de los hombres (Ruup, 1977:364).

Los líderes nazis instaron a las mujeres, dentro de su esfera separada del hogar, a tener muchos hijos en respuesta a la llamada a una población "aria" creciente. El tema del parto como análogo a la batalla era popular en la ideología nazi: "Cada niño que la mujer trae al mundo es una batalla, una batalla librada por la existencia de su pueblo"[11] (Ruup, 1977:366). Pero los dirigentes nazis eran conscientes de que la función exclusiva de la maternidad humillaba a las mujeres ante los ojos de algunos críticos, aunque todo era maquillado para llenarlo de gloria y resplandor.

En lo que se refiere al suicidio, en el Führerbunker el 30 de abril de 1945 se produce la muerte de toda la familia, tras el suicidio de Hitler (Cayuela, 2015). Era el final de la guerra, estaban en las últimas horas y frente a la derrota, el matrimonio se suicida. Se dice que se dispararon mutuamente o que tomaron cianuro, pero antes de esto Magda Goebles, asesinó a sus seis hijos, estos sí con cianuro, tras haberles suministrado un somnífero.

Este tipo de muerte, aunque no es autoinfligida, se puede catalogar dentro del suicidio desde la perspectiva materna. Según diferentes fuentes, Magda no quería que sus hijos viviesen en el sistema que venía, eran glorias que más bien merecían morir antes que vivir como ciudadanos de tercera en el mundo que venía, eran hijos del régimen.

Se pueden ver estas muertes como el miedo a caer en manos del enemigo, miedo a las torturas y al trato a recibir por parte de los soviéticos. Hay que tener en cuenta que los que se encontraban en el bunker, a priori, ya no deberían de ser objeto de torturas, pero la fama del ejército soviético en el trato al enemigo era cruel y conocida[12].

No todos los altos mandos del nazismo, se suicidaron, pues muchos llegaron a los Juicios de Núremberg[13]. Este es un proceso largo en que son muchos los acusados, pero es de destacar el juicio sobre los responsables de la estructura del Estado, entre los que estaban: Karl Dönitz, Rudolf Hess, Hermann Goering, Alfred Jodl, Wilhelm Keitel, Alfred Rosenberg, Joachim von Ribbentrop, Albert Speer y Franz von Papen. La mayor parte de todos ellos estaban en el bunker, pero no se decidieron al suicidio (Mitcham, 2012).

En los juicios se probó que con ellos estaban Hitler, Goebles y Himmler de los que no se tenía constancia de su paradero, y de Adolf Eichmann, Martin Bormann y Josef Mengele en situación de huidos (Cayuela, 2015).

Durante los juicios, se les dio un trato privilegiado en el que conservaban una vestimenta acorde con su rango, y se encontraban en condiciones mucho más dignas que el resto de presos. Por esto conservaban sus enseres, cosa que hizo que entre ellos escondieran píldoras de cianuro de potasio, como la que tomó Goering el 15 de octubre de 1946, horas antes de ejecutarse la pena de muerte por horca a la que había sido condenado (Overy, 2012).

Este fue el primer condenado, por esto, al resto de acusados, se les desmontó el plan de suicidio. En la mayoría de los casos se argumentaba que eran dueños de su propio destino y cómo no respetaban lo que emanaba del tribunal.

La muerte por el cianuro es algo que dentro del nazismo estaba bastante extendido. En las SS era parte de la dotación y se les daba un entrenamiento de cómo afrontar la muerte y su utilización. El suicidio, lejos de ser entendido como un acto denigrante, se veía como algo propio de aquel que entregaba su vida por el régimen.

Esta píldora se la llamó la píldora del suicidio, la cual tiene mucho valor psicológico para la persona que lleva a cabo misiones con riesgo de ser capturado e interrogado, le impide al que la toma revelar información o sufrir torturas. Los efectos que tienen tras romper la píldora en la boca es la muerte cerebral que ocurre en minutos, y el corazón cesa poco después de funcionar, como se exponía en líneas más arriba. Este era un método que funciona y que incluso hoy se sigue utilizando.

 

Conclusión

De los cuatro tipos de suicidio que describe Durkheim, el suicidio altruista se explica como el más cercano que se puede encontrar en lo que son el ejército o los Cuerpos de Seguridad del Estado. Este suicidio ha sido también denominado como heroico, ya que se encuentra rodeado en la mayoría de los casos de un velo de heroísmo.

Los actos heroicos se encuentran estrechamente relacionados con situaciones extremas, donde se encuentran los límites de la persona. Esto suele encontrarse asociado a conflictos y actos de guerra en muchos casos. En este artículo se exponen ejemplos notables y de los más conocidos, como son los de la Armada Japonesa y los que sucedieron en el nazismo.

Entre los casos analizados, se puede observar cómo todos son actos en los que el individuo se dispone de manera propia en busca de la propia muerte, de manera que se llegue al honor por este medio. Se podría determinar que los suicidios que categorizó Durkheim como altruistas podrían ser catalogados más bien como heroicos.

Los actos de suicidio en este ámbito se han determinado como actos de valor. En los ejecutados por la Armada Japonesa es, en la mayoría de los casos, la entrega por el imperio, y algo así ocurre dentro del nazismo, ya que muchos se sucedían en pro del Reich, y en estos casos se producía en el momento en el que ya todo estaba perdido. Así, aunque la situación no podía volverse, al menos se causase el mayor daño al enemigo.

Por otro lado, en la última época del nazismo, los suicidios cometidos en la mayoría de los casos buscaban no caer en manos del enemigo, de la URSS en este caso, ya que el sufrimiento era mucho mayor. En los casos de suicidio del bunker era más bien el no dejar restos que dar para una exposición y gloria del enemigo que les vencía, o al menos esa es la imagen proyectada.

El suicidio en ambos casos constituye uno de los puntos contemplados dentro de la formación que los efectivos reciben. En el caso del nazismo, la utilización de las píldoras de cianuro o el no dejarse capturar por el enemigo estaba dentro de la formación recibida de los oficiales de las SS, pero se fue extendiendo al resto de los efectivos. Para la Armada Japonesa, el entregar la vida por el imperio, darlo todo, estaba entre los principios básicos de la educación.

El suicidio es un tema complejo que involucra numerosos factores y no debe atribuirse a una sola causa. No todas las personas que mueren por suicidio han sido diagnosticadas con una enfermedad mental y no todas las personas con una enfermedad mental intentan terminar sus vidas por suicidio como es el caso que aquí hemos visto.

En muchos casos, el suicidio también está vinculado a sentimientos de desesperanza y falta de valor. En los casos analizados sucede todo lo contrario, ya que, por medio del suicidio heroico, una muerte que no tenía valor o era menospreciada se llena de éxito, determinación y admiración, y con eso se ha jugado.

 

María Vílchez es Licenciada en Sociología, Licenciada en Ciencia Política y de la Administración y miembro del Grupo de Investigación “Los Problemas Sociales en Andalucía”.

 

Referencias:

Asociación de Psiquiatras Americanos. APA. (1995). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. DSM-IV. Barcelona: Masson.

Burleigh, M. (2013). El Tercer Reich: una nueva historia. Taurus.

Cayuela Fernández, J. G. (2015). Los Juicios de Nürenberg.

Del Vado, S. F. (2001). “Se acaba la mili”. Revista española de defensa, 157, 6-11

Diekstra, RFW. (1989). “Suicide and the attempted suicide: An international perpective”. Acta Psychiatr Scand, 80, 1-24.

Durkheim, É. (1965). El suicidio (1897), trad. por Lucila Gibaja, Buenos Aires, ed. Schapire.

Fedden, H. R. (1972). Suicide. A social and historical study. New York: Benjamin Blom.

Gerona, J. L. (1990). “Acontecimientos vitales estresantes en el Servicio Militar como factores de riesgo en conductas suicidas”. Comunicación en el XXVIII Congreso Internacional de Medicina y Farmacia Militares. Madrid, España.

González-Duro, E. (1990). De la agresión al suicidio. Diario El Mundo (Madrid). 12 de noviembre.

Gutiérrez García, A. G., Contreras, C. M., & Orozco Rodríguez, R. C. (2006). “El suicidio, conceptos actuals”. Salud Mental, 29(5).

Hernández-Juárez, E. (1987). Accidentes y suicidios durante el Servicio Militar. En Fundación Universidad Empresa (Ed.), Debate sobre el Servicio Militar. Madrid: Fundación Universidad Empresa.

Miralles Muñoz, F., & Cano Vindel, A. (2009). “Suicidios en soldados de las fuerzas armadas de España en la última década del servicio militar obligatorio (1991-2001)”. Clínica y salud, 20(2), 189-196.

Mitcham Jr, S. W. (2009). Triumphant Fox: Erwin Rommel and the Rise of the Afrika Korps. Stackpole Books.

Orbell, J., & Morikawa, T. (2011). “An evolutionary account of suicide attacks: The kamikaze case”. Political Psychology, 32(2), 297-322.

ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD: Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud. OMS, Ginebra, 2002

Overy, R. (2001). Interrogations: the Nazi elite in Allied hands, 1945 (pp. 6-7). London.

Overy, R., & Overy, R. J. (2012). Goering: Hitler's Iron Knight. IB Tauris.

Pelicier, Y. (1985). “En torno a la historia del suicidio”. Psicopatología, 5, 85-99.

Rodríguez, A., & Aguilera, J. C. (2009). De la constitución moral de la sociedad a la educación moral según Durkheim. Revista española de pedagogía, 319-335.

Rommel, E. (1982). The Rommel Papers. Da Capo Press.

Sarró, B. y de la Cruz, C. (1991). Los suicidios. Barcelona: Martínez-Roca.

Trevor-Roper, H. (1978). The last days of Hitler. Springer.

Trevor-Roper, H. (1995). “The Death of Hitler” en The Last Days of Hitler (pp. 174-203). Palgrave Macmillan UK.

Shirer, W. L. (1991). The rise and fall of the Third Reich: A history of Nazi Germany. Random House.

 


[1] Estudios de años posteriores no son completos a nivel de datos, el estudio de este año es referencia.

[2] Épinal, Francia, 15 de abril de 1858 – París, 15 de noviembre de 1917.

[3] Consultar Jiménez Buñuales, M., González Diego, P., & Martín Moreno, J. M. (2002). La clasificación internacional del funcionamiento de la discapacidad y de la salud (CIF) 2001. Revista española de salud pública76(4), 271-279.

[4] Ver American Psychiatric Association. (1994). Diagnostic criteria from DSM-IV (No. 616.89 A43). American Psychiatric Association [Washington].

[5] El 1947 firma su rendición, y renuncia a utilizar la violencia como medio para dirimir sus problemas de modo que la armada pasó a llamarse de autodefensa. Véase art. 9 de la Constitución de Japón.

[6] Heidenheim an der Brenz, 15 de noviembre de 1891-Ulm, 14 de octubre de 1944.

[7] Información ofrecida por Manfred Rommel, hijo de Erwin Rommel.

[8] Esta información es revelada por su hijo Manfred.

[9] La información referente a la toxicología de la toma de este tipo de compuestos, ha sido la aportada por el profesor Fernando Gil Hernández Catedrático de Universidad, del Departamento de Medicina Legal, Toxicología y Antropología Física de la Universidad de Granada.

[10] Fue la rama femenina del partido nazi, ya que en este las mujeres no podían participar.

[11] Hitler, en Semmelroth, ed., p. 11; Véase también Gregor Strasser, "Gedanken uber Aufgabender Zukunft", NS-Briefe (15 de junio de 1926).

[12] Opiniones vertidas en las crónicas de los combatientes.

[13] 20 de noviembre de 1945 al 1 de octubre de 1946.

 

Editado por: Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI). Lugar de edición: Granada (España). ISSN: 2340-8421.

Licencia Creative Commons
Bajo Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported